Disclaimer: Si leen algo y les parece familiar, no es mío (y).


Ignatia abrió los ojos, pestañeando para acostumbrarse a la luminosidad que la rodeaba. Algo desorientada, se quedó mirando el techo blanco de su habitación por unos segundos, antes de girarse hacia la derecha para mirar el pequeño reloj que había sobre la mesita de noche, junto a su cama.

Las 12:35, marcaba el reloj.

Ignatia se quedó ahí mirando las manecillas de su reloj, su cerebro digiriendo lentamente esa información, hasta que finalmente comprendió algo. Era muy, muy tarde.

–¡Mierda! –dijo llevando las manos para esconder su cara. Esconderse de la triste verdad: se había quedado dormida. Pero no un poco dormida, sino que cinco horas dormida. ¡Cinco horas! ¿Cómo era eso posible?

–¿Mierda qué, Iggy?

La voz vino de su izquierda e Ignatia soltó un grito de niña que habría hecho sentir orgullosa a cualquier actriz de cine de terror, sobre todo a la rubia tonta que muere de las primeras. Saltó de la cama cayendo dolorosamente sobre su culo, con las piernas desnudas enredadas en las sábanas.

–¿Qué carajo, Eva? ¡¿Qué haces acá?! –gritó Ignatia sentándose en el piso y llevando una de sus manos al pecho. Si no obligaba a su corazón a latir más lento, se iba a desmayar antes de que pudiera golpear a Eva por asustarla y obligarla a desmayarse.

–¿Es así como reaccionas siempre, cuando encuentras a alguien inesperado y semi desnudo en tu cama? –le preguntó Eva, sentándose en la cama y retirando el enmarañado cabello rubio de su cara –Tienes que practicar el arte de disimular, Iggy, con suma urgencia. Reemplazar el "qué carajo" por un "oh, mira, un desconocido en mi cama, hola, cómo estás. Iba a preguntarte qué haces acá, pero ahora que te veo desnudo, entiendo perfectamente. ¿Quieres quedarte hasta mañana?" –Iggy se dejó caer de espaldas en el suelo, mientras soltaba un gemido exasperado –Uno pensaría que después de tantas fiestas y tanto recoger hombres en bares, habrías aprendido, Iggy.

–No me he pasado la vida recogiendo hombres en bares y olvidando a la mañana siguiente que los invité a quedarse, Eva, por Dios.

–¿No? Pues deberías. O al menos deberías considerarlo, después del pelirrojo grandote ese de anoche. ¿Viste cómo te defendió? ¿Cómo sus ojos brillaban con furia cuando el imbécil ese del Ministerio te maltrató? ¿No te parece extremadamente sexy?

Ignatia se quedó en el piso, mirando nuevamente el techo blanco de su habitación, pero ya no sintiéndose desorientada. Ahora todo había vuelto a su mente, la boda, el caos, las maldiciones, Charlie. Y claro que lo encontraba condenadamente sexy.

Habían vuelto con Eva cerca de las dos de la madrugada al Callejón Diagon, cansadas y más que algo sacudidas. Cuando ya se habían alejado de todo, cuando se distanciaron lo suficiente como para que sus cabezas lograran asimilar todo, notaron lo cerca que habían estado de salir seriamente lastimadas. Incluso de morir.

Aún tomadas del brazo se habían dirigido, sin compartir una sola palabra, hasta la librería de Ignatia, habían subido al segundo piso, entrado en la habitación, arrancado los vestidos de sus maltrechos cuerpos, Iggy había hecho una parada extra en su armario, para ponerse una camiseta vieja pues no llevaba sujetado bajo el vestido y se habían metido en la cama, bien ocultas bajo las sábanas.

Casi habían muerto la noche anterior. Había recibido una Maldición Imperdonable. La guerra, de pronto, se sintió mucho, mucho más real.

Ignatia se puso de pie y subió a la cama nuevamente. Eva había vuelto a recostarse sobre los almohadones e Ignatia se arrastró hasta quedar a su lado, antes de abrazarla.

Eva se quedó un minuto en silencio, antes de hablar nuevamente, su voz libre de todo tono de broma.

–¿Estás bien, Iggy? –susurró.

–Sí…–respondió Ignatia luego de una breve pausa –es sólo que…la guerra nos encontró, ¿sabes? Y casi nos matan. Y por un terrible minuto, en la mitad de ese caos, pensé que algo te había pasado. Asustaste la mierda fuera de mí, estúpida. Gracias a Merlín eres malditamente buena usando tu varita.

–Iggy…por supuesto que soy una maldita genia usando mi varita, nunca lo dudes. Todo estará bien. Y si te sirve de consuelo, casi me cago en mi vestido rosa. Cuando vi que el pelirrojo te traía en brazos pensé "bien hecho, Iggy, ¡bien hecho!", pero luego te vi bien y venías toda llena de cortes y pálida como la muerte y bueno, el miedo es una reacción normal, mi querida Iggy, sobre todo entre nosotras, que compartimos un amor tan eterno y magnífico como el que aparece en esas novelas viejas y aburridas que te gusta leer.

Ignatia sonrió y abrazó con más fuerza a su mejor amiga, la mejor persona que existía en el mundo entero y agradeció al…destino, por haberlas reunido. Merlín sabía que la vida sería mucho, mucho más aburrida sin ella.

–Muy bien –dijo entonces Ignatia, sentándose en la cama –¿qué tal si nos metemos a la ducha, desayunamos algo bien grasiento, traemos la televisión hasta la cama y vemos algún programa hasta que vuelva a ser hora de dormir? Hoy no pienso abrir la librería.

Ignatia, cuando había conocido a Eva, le había presentado "el aparato muggle",como la misma Eva solía decirle y desde entonces eran adictas a los programas de comedia.

–Suena hermoso, enviaré un patronus a mi madre, para que sepa que estoy viva. Pero tú cocinas.

–Por supuesto que yo cocino, Eva. Si lo hicieras tú no alcanzaríamos a llegar a la parte del plan donde vemos televisión, porque habríamos muerto envenenadas en mi cocina.

–Ja…hilarante, Iggy, hilarante –dijo Eva levantándose y sacando una gruesa toalla blanca de uno de los escaparates en el armario de Iggy antes de dirigirse a la puerta del baño.

Ignatia no se molestó en darle más instrucciones, no hacía falta. Sus años de amistad hacían posible que se movieran en los espacios de la otra sin problema. Ya encontraría ella misma ropa cómoda para ponerse después de la ducha.


30 minutos después, Ignatia estaba sirviendo en dos platos huevo revuelto con tocino y un omelette de queso y champiñones para cada una, mientras Eva servía jugo de naranja y café para las dos.

Comieron en silencio los primeros minutos, cada una perdida en sus propios pensamientos. Ignatia tenía una pregunta en la punta de la lengua, que llevaba mucho tiempo queriendo hacerle a su amiga. Mientras cocinaba la pregunta se había aparecido en su mente y no se había querido mover de ahí.

–Oye, Eva.

–¿Uhm? –dijo a modo de pregunta su amiga, mientras se llevaba un buen trozo de omelette a la boca.

–¿Qué piensas de Charlie?

Eva se quedó mirándola seria, mientras masticaba su desayuno con tranquilidad. Ignatia la dejó pensar, pues no era cualquier pregunta. Era LA pregunta. La pregunta institucional. La que se hacían mutuamente cuando había algún hombre que realmente les interesaba y que consideraban para…algo. Algo más que un coqueteo.

–Bueno…–dijo Eva cuando finalmente tragó, luego de un pequeño sorbo de su taza de café –me agrada. No sólo por lo típico, es decir, cara bonita, espalda ancha, buen culo y brazos fuertes. Tú, que lo toqueteaste un poco, ¿es tan bueno como parece de lejos? –Ignatia no pudo evitar sonrojarse como loca, pero se quedó callada. –¡Oh, vamos Iggy!

–Eh…tranquila. Por lo visto sí ha pasado mucho desde mi última…relación si me pongo roja por algo como eso, pero sí, lo era.

–Excelente. Y más importante aún, ha pasado mucho desde la última vez que tuviste a un hombre entre las piernas, pero sí, el punto es el mismo, mucho tiempo.

Ignatia se puso como tomate otra vez.

–Bueno, responde a la maldita pregunta, Evadine.

–Ya va, por Merlín, Ignatia. Bueno, como decía, el tipo está más bueno que comer manjar con los dedos. Y si eso no fuera suficiente, parece ser buena persona. Lo vi proteger fieramente a su hermana chiquita, sabe usar su varita. Te defendió cuando lo necesitaste. Se puso hasta un poco macho protector, lo que siempre es algo digno de apreciar, mientras no se pase a "macho troglodita". Tiene sentido del humor.

–Sabe bailar y se ve muy bien con ropa de gala. –agregó Ignatia sonriendo.

Eva se llevó las manos a la boca y abrió mucho los ojos, exhibiendo su mejor cara de falsa sorpresa e incredulidad.

–Santa mierda, el hombre es perfecto. –dijo Eva tras sus manos, logrando que Ignatia se echara a reír.

–¿Lo apruebas, entonces? –le preguntó Ignatia, secándose una lágrima de risa de los ojos.

–Lo apruebo totalmente, querida. Totalmente. Por supuesto, he de hacerle la advertencia de "¿ves a esa mujer rubia, la bonita esa con cuerpo espectacular y ojos verdes? Pues es el amor de mi vida. Hazla llorar y te castraré con mis propias manos y una cuchara", luego es todo tuyo.

–Maravilloso.

–Entonces, ¿ya tienes pensado cuál es el siguiente paso en el plan? –preguntó Eva, terminando su café.

–¿El plan "llevar al pelirrojo a la cama", dices tú?

–Precisamente a ese plan me refería. Luego vemos la parte de llevarlo de la cama al altar.

Ignatia volvió a reírse con ganas, todo en la vida de Eva consistía en llegar de alguna forma al altar con algún hombre.

–¿Por qué todo plan debe incluir un matrimonio, Eva?

–Porque los matrimonios significan cosas lindas. Significa avanzar. Significa tener algo que es únicamente tuyo y de tu marido...o esposa, si prefieres. Alguien que te ama, alguien a quien amas. Alguien que te dará todo. Aceptación, familia, protección y tú le darás lo mismo a él. Tú que eres una romántica empedernida deberías entenderlo bien.

–Pero no necesitas estar casada para conseguir eso. –intervino Ignatia.

–Uhm…es cierto. Pero lo hace más real, creo. Tampoco se trata de llevar a todos al altar vestidos de frac, ni de usar rápido el vestido de novia. Es sólo que es…lindo pensar que allá afuera hay alguien perfecto para ti, esperando para ofrecerte un anillo y una vida, ¿no?

–Woah…y era yo la romántica sin remedio. Pero sí, entiendo perfectamente lo que dices.

Eva le sonrió y se puso de pie, reuniendo los platos vacíos para llevarlos al fregadero.

–Ve a meterte a la ducha, que yo termino de ordenar acá.

Ignatia se levantó, se acercó a su amiga silenciosamente y la golpeó con fuerza en el trasero antes de salir corriendo a toda velocidad hacia su habitación.

Casi no lo logró cuando reventó en carcajadas al escuchar a Eva, su agudo el grito lleno de promesas de venganza.


Hola! Lamento mucho la eterna espera, pero acá hay otro capítulo! Ha sido complicado escribir y aprobar exámenes a la vez, pero ya ven...estoy lográndolo! ajajajaa Tal como había prometido, este capítulo fue algo tranquilo, sólo nuestras dos rubias. ¿No aman la eterna amistad que tienen? Yo tengo mi propia Eva y lo recomiendo 1000% :') Para el próximo capítulo: Charlie + Iggy = BUM ;D

Gracias por leer, por la paciencia y el apoyo! Espero que les haya gustado! Besos y amor para ustedes! (: