Disciaimer: Si leen algo y les parece familiar, no es mío (y).
–Respira profundo, Iggy. Sólo respira.
–Lo...estoy intentando, pero...
–Vamos, sé que es difícil, pero tienes que hacerlo, ¿sí? Yo estoy aquí para ti. Ahora respira...eso es, ¿ves? Sí se puede...adentro y afuera. Eso es, lo tienes. Ahora, vuelve a contarme todo, porque sólo capté las palabras "Charlie", "lengua" y "trauma" de todo lo que me dijiste, y no entiendo nada, pero suena prometedor.
Ignatia se enderezó un poco de la posición en que estaba, para mirar a Eva. Después de que Charlie hubiese cerrado la puerta tras él, Ignatia se había quedado congelada en su lugar por lo que pareció una eternidad, antes de retroceder, sentarse en una de las sillas junto a la mesa de madera y lograr conjurar con manos temblorosas un patronus.
Había visto desaparecer a través de la puerta a su pingüino plateado y un minuto después, Eva había aparecido corriendo, aporreando la puerta contra la pared en su intento de llegar a ella lo más rápido posible.
Ahora Ignatia estaba aún sentada en la silla de madera, pero con la cabeza cerca de las rodillas y Eva estaba sentada en el suelo, justo en frente.
–Estaba colocando los libros que acaban de llegar –comenzó Ignatia, su voz sonando todavía un poco ahogada y temblorosa –y no le oí entrar. Lo siguiente que supe era que estaba cayendo de la escalera, sobre mi cara al suelo, pero no toqué el piso porque caí en sus brazos…
–Magnífico. Perdón, continúa.
Ignatia casi no notó la interrupción.
–Y me puso de vuelta al piso y...y, no sé qué diablos, Eva. Le salté encima como si fueran las seis de la mañana y el pobre fuera el último café caliente del mundo. Y entonces me tiró contra los estantes y tenía sus manos por todas partes y mi lengua estaba en alguna parte entre su paladar y sus pulmones y...Dios, ¡estoy tan avergonzada! Y…y entonces apareció Ann Marie de la nada y me encontró colgada de la cintura de Charlie, con sus manos sobre mi culo. –Ignatia hizo una pausa para tragar saliva –Ah, Eva...creo que fui poseída por algún demonio por tres largos minutos.
–Poseída por una estrella porno, más bien.
–¡No estas ayudando, Eva! –le gritó Ignatia enderezándose en la silla.
–Está bien, está bien –Eva alzó rápidamente las manos en seña de rendición –Lo lamento. Vamos a lo importante entonces. Lo rodeaste con las piernas, por la cintura, por tres largos minutos….
–Eva...
–¿...estaba listo? –la pregunta fue acompañada de un para nada sutil movimiento de cejas.
–Oh, Dios... –gimió Ignatia ocultando su enrojecida cara con las manos. Respondió de todas formas –Sí, estaba muy listo. Listo para cosas grandes. Y yo estaba lista para recibirlo con los brazos abiertos, sobre esta misma mesa, ¡justo junto a mi copia de Babbitty Rabbitty!
–Woah...querida, estoy tan orgullosa…–dijo Eva, limpiándose de los ojos lágrimas imaginarias – Orgullosa como abuelita viendo a su primer nieto robarle dinero a sus padres para poder comprar condones.
–¡Y me invitó a salir! –soltó de pronto Ignatia recordando ese pequeño enorme detalle.
Eva hizo un doble chequeo a la cara de Ignatia antes de soltar un agudo chillido digno de una ardilla adolescente ebria en la mitad de una fiesta de fraternidad de ardillas.
–Por Merlín, Eva, ¿quieres dejarme sorda?
–¡No! ¡Quiero que dejes de ser virgen! ¡¿Por qué no me dijiste que tienes una cita con bombón-Weasley?!
–¡Te lo estoy contando ahora! ¡Y no soy virgen!
–Pues déjame discrepar en eso. Y estoy bastante segura de que en eso tengo el apoyo de tu pobre, aburrida y solitaria vag...
Ignatia soltó lo único que sabía que funcionaría para detener en seco a Eva.
–¡Mi cita es mañana!
Medio minuto después, Ignatia estaba considerando seriamente la idea de que su audición no volvería a ella nunca más. No después de los gritos que su antes llamada mejor amiga y ahora llamada demonio-rubio-y-gritón había soltado mientras prácticamente corría en círculos a su alrededor.
–¿Y qué diablos vas a ponerte? ¿Es un almuerzo? ¿Una cena? ¿Un bar? ¿Qué? ¡¿Qué?!
–Oh, cálmate, Damisela estresada…es una invitación a su casa, a tomar chocolate caliente. Estará su madre presente y probablemente su hermana chiquita. No es una cita-cita. Sólo…una cita.
–No hay citas que no sean cita-cita, Iggy. Da lo mismo que te invite a jugar canasta con la abuela, no deja de ser importante qué te pongas. Mañana estará fresco, así que deberías intentar un vestido de mangas largas y unos zapatos de…
–Ni siquiera lo pronuncies, Eva. No me pienso poner zapatos altos, lo digo en serio, ¡va a pensar que estoy desesperada! ¿Quieres que me ponga una diana y un colgante de rubíes también?
–No sabía que tuvieras un colgante de rub…
–Eva…
–Está bien, está bien. Al menos ponte algún accesorio…algo que sea. ¡Oh, Ya sé! Lleva el cabello tomado en un moño y ponte unos aretes largos. Se pasará la noche entera mirándote el cuello y deseando hundir la cara en él, para luego bajar y bajar y perderse entre tus…
–Entendido. Y gracias por venir a toda velocidad. –le dijo Ignatia sonriendo, ya mucho más calmada, mientras se ponía de pie y le ofrecía una mano para que hiciera lo mismo –Manejo mucho mejor las crisis cuando tú entras en crisis.
Eva le devolvió la sonrisa y se puso de pie con toda la gracia que siempre parecía tener, sin importar la circunstancia.
–Cuando quieras, querida, estoy a un pingüino de distancia. Ahora volveré a la tienda antes de que mi madre me asesine. Abandoné a una vieja bruja media desnuda en un probador.
A Ignatia no le quedaba la más mínima duda de que así había sido.
Pese a todo, cómo amaba a su antes llamada demonio-rubio-y-gritón, ahora llamada mejor amiga.
A las 7 de la tarde del día siguiente, Ignatia se miraba en el espejo de cuerpo completo que tenía en su habitación, junto a la puerta, sintiéndose satisfecha con la imagen que tenía en frente.
Se había decidido por unos jeans de color vino y una camiseta blanca sin mangas y que se acomodaba perfectamente sobre sus pechos, mostrando el más leve de los escotes.
"No muestres todo de inmediato, Iggy…la imaginación puede hacer mucho más que la vista"
Su amiga era tan endemoniadamente sabia.
Botines negros y chaqueta negra terminaban su vestimenta y, tal como le había sugerido Eva, se había amarrado el cabello en lo alto de la cabeza, en un moño firme, pero de aspecto despreocupado, que se veía muy bien. Y aros largos.
Eran de un material desconocido para ella, pero tenían forma de hojas, en distintos tonos de rojo-café. Le quedaban bien y enmarcaban su cuello de forma elegante.
Ja…que no era una cita-cita. A quién estaba intentando engañar. Estaba nerviosa como si Charlie la hubiese invitado a ver un concierto de ópera y no a tomar chocolate a la casa de sus padres. ¡Ni siquiera la iba a pasar a buscar, sino que tenía que ella legar a la cita!
¿Por qué diantres estaba tan nerviosa, entonces?
Porque ella era muy tonta y él era muy sexy. Por eso.
Media hora más tarde, con uñas pintadas de rojo muy oscuro y con una suave y sutil capa de maquillaje bajo los anteojos, Ignatia estaba lista para salir por la puerta delantera de su tienda intentando, sin éxito alguno, controlar sus nervios.
Lo conocía hace tiempo, pensó mientras cerraba con llave y con un hechizo su tienda. Lo conocía hace años. Conocía a sus padres hace años. Conocía La Madriguera como la palma de su mano.
¿Por qué sudaba como cerdo, entonces?
Quizá tenía que ver con el hecho de que el día anterior casi lo había asaltado a plena luz del día, en la mitad de su tienda. Y no "asaltado" en el sentido de "entrégame todo lo que tengas".
O bueno sí…precisamente en ese sentido.
Mientras caminaba por el Callejón Diagon, Ignatia saludó con la mano y repartió sonrisas a las personas que la reconocían al pasar. Era una de las cosas que le encantaban de su trabajo. Los comerciantes y vendedores de todo tipo del Callejón Diagon eran como una enorme, dispar y algo disfuncional familia.
Conocía a cada vendedor y a sus familias. A algunos más que otros, claramente, dejando de lado a aquellos que trabajaban en el Callejón Knockturn. A aquellos los conocía lo suficiente para no querer conocerlos más.
Por "motivos de seguridad", como había pronunciado el nuevo Ministro de Magia, Pius Thicknesse, nadie podía aparecer ni desaparecer en ninguna parte del Callejón, aunque aquello no eran tanto cambio comparado con los viejos tiempos, después de todo, pocos lugares permitían a una persona desaparecer. Generalmente sólo se podía en la parte trasera de las tiendas o los espacios cercanos a las salidas del Callejón.
Ahora no se podía en ninguna parte, así que Ignatia se encontró caminando con paso tranquilo hacia el Caldero Chorreante y se esforzó en mantener el paso tranquilo cuando se cruzó con un grupo de magos, enfundados en túnicas negras.
Ignatia los miró sólo por medio segundo, antes de mirar al frente y concentrarse en pensar en cosas lindas, para no echarse a correr lejos. Las miradas descaradas, asquerosamente apreciativas y llenas de lujuria que le devolvieron los hombres lograron que se le revolviera el estómago. ¡Uno de los imbéciles incluso se había relamido los labios! ¿Qué demonios les pasaba, por Dios?
Como odiaba a esos Patrulleros, como se habían designado a sí mismos. Eva le había dicho que se estaban dejando caer por todas las tiendas, para presentarse y pedirles que, ante cualquier cosa que vieran que pusiera "en riesgo la seguridad de la población mágica", los contactaran.
Es decir, "si ven a algún traidor de sangre, nos avisan y los tomamos prisioneros, mientras ustedes se ganan una merecida palmadita en la espalda".
Según Eva, uno de los imbéciles se había ofrecido a darle una palmadita en otra parte y luego, el muy idiota accidentalmente se había enredado en unas cintas de medir que accidentalmente alguien había dejado en el piso, junto a sus pies.
Ah, que informara ese riesgo a la seguridad de la población mágica a sus superiores.
Imbécil.
No se habían aparecido por Iggy Books aún, pero Ignatia sabía que eso sería en cualquier momento. Sinceramente esperaba que la tienda no estuviera vacía cuando decidieran hacerlo.
Sabía que, si intentaban pasarse de listos, podría defenderse sin mucho problema, pero el pensar en un grupo de trogloditas con sensación de falso poder, rodeándola y superándola en un número de al menos ocho es a uno…la idea ponía más que un poco nerviosa.
Sus pensamientos se vieron interrumpidos por el animado ambiente en el que se encontró al abrir la puerta del Caldero Chorreante. Era la hora en que comenzaba a llegar el mayor número de clientes y el lugar estaba atiborrado hasta arriba.
–¡Iggy, buenas tardes! ¿Vas a servirte algo?
La frente arrugada de Tom se despejó al verla, al igual que sus pequeños ojos. A Ignatia le agradaba Tom, aunque fuera un poco extraño.
–¡Buenas tardes, Tom! No, voy de paso, pero quizá para la próxima, ¿sí?
Tom asintió con la cabeza y le dedicó una desdentada sonrisa antes de volver a concentrarse en sus muchos clientes.
Ignatia salió a la calle de Charing Cross y respiró profundo. El cambio en el aire había sido casi dramático, después de pasar por un lugar tan repleto de gente. Gente que, además, estaba bebiendo.
La tarde, como había prometido Eva, era fresca y ya comenzaba a desaparecer la luz del día. Era, por lo demás, su momento preferido del día. El cambio de luces, la sutil baja de temperatura. El viento, trayendo consigo aromas frescos.
O bueno, traería consigo aromas frescos en el ambiente ideal en la mente de Ignatia, es decir, la cima de un pequeño monte, rodeado de altos árboles y de pura naturaleza. No la esquina de un asqueroso callejón abandonado.
Arrugando la nariz ante el olor dulzón de la basura en descomposición, Ignatia se adentró en ese mismo asqueroso callejón, buscando un espacio libre de espectadores para desaparecer y llegar pronto hasta Charlie. Y a sus brazos deliciosamente musculosos.
Sí…qué importaba meterse entre la basura, si era necesario para luego terminar entre esos brazos.
Pensando en que la vida era buena pese a todo, Ignatia sacó rápidamente su varita del bolsito delantero de sus pantalones y cerró los ojos, visualizando aquel pequeño monte rodeado de altos árboles y de pura naturaleza, que quedaba justo al lado de La Madriguera.
¡Mis disculpas por la larga espera! Poco tiempo, mucho trabajo, la vida es mala a veces ajajaja Espero que les haya gustado, si pueden cuéntenme qué les parecio. Gracias por el apoyo y por la buena onda. Gracias por leer, gracias por todo (: Son los mejores del mundo mundial! Besos!
