Disclaimer: Si leen algo y les parece familiar, no es mío (y).
Ignatia percibió luz a través de sus párpados cerrados, pero decidió que la mejor idea era dejar sus párpados tal como estaban. Abrirlos significaba confirmar lo que ya era obvio, que era de día y debía despertar, y se encontraba particularmente cómoda y calientita esa mañana. O tarde. No tenía ni idea de qué hora sería, pero ya se enteraría más tarde.
Por el momento, quería quedarse tal como estaba, de costado, acurrucada cómodamente contra el pecho firme, pero suave de Charlie y...
En la mitad de un largo y agudo grito, Ignatia abrió los ojos y saltó hacia atrás simultáneamente, el sueño abandonándola de un solo golpe. Lamentablemente, saltar hacia atrás la llevó directamente al borde de la cama y, mientras caía aparatosamente de espaldas contra el frío suelo de su habitación, alcanzó a ver a Charlie, con el cabello rojo revuelto, pero con ojos atentos y despiertos, apuntando su varita en busca del peligro.
Era bueno saber que el pelirrojo mantenía sus buenos reflejos incluso mientras dormía. Incluso si no debían quedarle energías después de tantas y tantas rondas del sexo más salvaje y alucinante que Ignatia hubiese tenido en su vida entera.
En el momento en que la palabra "sexo" cruzó la mente de Ignatia, reparó en el detalle de que, como era de esperar, estaba desnuda y que lo único que la cubría era parte de la sábana blanca que había caído al suelo con ella. Como era sólo "parte" de la sábana lo que tenía encima, sólo "parte" de su desnudez estaba oculta. Y aquella "parte" no oculta fue lo primero que visualizó Charlie cuando se asomó por el borde de la cama.
Sus ojos azules brillaron con intensidad cuando la recorrieron de pies a cabeza, literalmente. A lo largo de su pierna izquierda, que estaba al descubierto por completo, deteniéndose un momento en la curva de su cadera y luego en su pecho izquierdo, que era la otra parte importante que la estúpida sábana había dejado libre a la vista de pelirrojos sensuales en camas ajenas.
Sólo cuando Charlie pareció haber memorizado la forma de su pecho (como si no lo hubiese hecho ya durante la noche anterior, ja...) su vista subió por encima del cuello de Ignatia, hasta encontrar sus propios ojos.
–¿Estás bien, Iggy?
Sólo cuando Charlie alzó una ceja en señal de interrogación, Ignatia notó que no sólo no había respondido nada, sino que se había quedado mirándolo como idiota, sin reaccionar en lo más mínimo. Entonces reaccionó en nombre de todos los minutos en que su cerebro estuvo en off.
Antes de que ni ella entendiera qué estaba haciendo, Ignatia le dio un fuerte tirón a la sábana, se envolvió en ella y corrió a encerrarse en el baño, como si el mismísimo Voldemort hubiese despertado desnudo a su lado.
Desnudo, santísimo Merlín. Charlie desnudo...
–Iggy, Pequeña, ¿estás segura? Porque si no puedo irm...
–Cállate, Charlie.
Charlie no tuvo más reparos una vez Ignatia lo lanzó contra la estantería más cercana, trepando por su cuerpo hasta tener las piernas enganchadas en su cintura y los brazos alrededor de su cuello y hombros.
A la vez que asaltaba la boca de Charlie con su propios labios y lengua, sin pensarlo ni detenerse por un segundo, Ignatia apagó las velas de la lámpara colgante y cerró con llave la puerta principal de Iggy Books con un solo movimiento de su varita.
La camiseta verde de Ignatia estuvo en el suelo antes de que ella registrara siquiera haber pensado en sacársela. Las manos de Charlie amasaban la piel y carne de su trasero, sus manos ya habiendo encontrado el camino por debajo de sus pantalones de bombacha. Sí que había sido una buena decisión ponerse aquellos pantalones esa mañana. Hacían mucho más fácil que Charlie hiciera lo suyo.
Cuando las manos de Charlie avanzaron más allá de su trasero y encontraron el espacio entre sus piernas, Ignatia pensó que iba a entrar en combustión espontánea. De la nada, le faltaba el aire, pero a la vez...no quería aire, quería a Charlie.
En algún momento en los minutos que siguieron, con las manos de Charlie masajeando su sexo ya húmedo por encima de su molesta ropa interior y con su barba provocándole escalofríos con cada beso y con cada recorrido húmedo que dejaba su lengua entre sus pechos aún cubiertos de encaje, Ignatia logró dar las coordenadas de la ubicación de su habitación y, más importante aún, su cama.
Ignatia tuvo un segundo para preguntarse cómo era que habían logrado llegar hasta dicha cama sin romperse el cuello, pero entonces Charlie la había dejado sobre las mantas para desnudarse justo frente a sus ojos. Las luces estaban apagadas, pero el Callejón Diagon aún estaba con vida afuera y les ofrecía la suficiente luminosidad a través de la ventana para poder verse al uno al otro.
Aunque "ver" no era la palabra que Ignatia habría usado, al menos no en su caso. Admirar, era una palabra más adecuada. Charlie tiró por encima de su cabeza la camisa que traía puesta hasta ese entonces, y su pecho desnudo y cubierto por la más suave capa de vello rojizo quedó a total disposición de los hambrientos ojos de Ignatia.
Ignatia siguió con los ojos la fina línea de cabello que bajaba por el exquisitamente formado abdomen de Charlie, hasta perderse por el borde de sus pantalones. Pantalones que ahora Charlie se retiraba lentamente.
Demasiado lentamente.
Ignatia buscó sus ojos y con sorpresa notó que Charlie le sonreía. No era una sonrisa cualquiera. Era una sonrisa de depredador. De depredador que está disfrutando su cacería. Claramente Charlie había notado que se había quedado como estatua mirándolo y babeando y ahora sólo le faltaba golpearse el pecho lleno de orgullo masculino.
A Ignatia le importaba un carajo lo que hiciera con su orgullo masculino, mientras siguiera desnudando su muy masculino y bronceado cuerpo. Pero aún así no le gustaba que se riera de ella.
Ignatia estiró los brazos por detrás de su espalda hasta encontrar los broches de su sujetador, antes de lanzarlo hacia el otro lado de la cama. Charlie se quedó congelado en su lugar, las manos aún en la cinturilla de sus pantalones e Ignatia decidió presentarle sus pechos de manera...adecuada.
Ignatia se empujó hasta quedar acostada y levantó los brazos por encima de su cabeza, arqueando la espalda y ofreciéndose directa y descaradamente.
Ignatia se rio cuando vio a Charlie casi tropezarse con sus propios pies en su apuro por sacarse de una maldita vez la ropa que tenía encima, sin quitarle los ojos de encima a sus pechos, que Ignatia ya sabía mostraban signos tanto del frío de la habitación y de su propia excitación.
Cuando Charlie se deshizo de su última prenda, Ignatia casi se atragantó son su propia saliva. Santa Patrona de los Hombres Bien Dotados...
Charlie no le dio mucho más tiempo para pensar en nada más, porque entonces buscó con sus ásperos dedos la cintura elástica de sus bragas y las retiró con experticia, antes de acomodarse sobre ella.
El calor del cuerpo de Charlie hacía perfecto juego con el calor que crecía en Ignatia a pasos agigantados. El "eres malditamente hermosa" que le susurró al oído provocó una explosión en su pecho, que pareció ir a la par con la explosión que provocó en cada una de sus células el sentir que era penetrada en una sola y firme estocada...
Ignatia abrió los ojos, antes de darle un cabezazo al muro enlozado de su ducha. Dios, no importaba lo que intentara, no podía borrarse la imagen de Charlie sobre ella, la imagen de su piel perlada por el sudor, su cara de expresión seria y salvaje, sus ojos brillosos de éxtasis, la sensación de sus ásperas manos en todas malditas partes. La sensación de tenerlo profundamente enterrado en ella. El recuerdo de sus propios gritos desesperados.
¿En qué carajo había estado pensando cuándo le saltó encima y trepó por él como un simio enloquecido?
Locura momentánea. No veía más explicación.
La locura más maravillosa de todas.
Santa Rowena, Ignatia no recordaba haber tenido tantos orgasmos juntos en toda su vida. Ni separados. El infeliz parecía saber exactamente qué velocidad tomar, cuándo hacerlo, con qué ángulo. Incluso había descubierto su punto débil. Y lo había utilizado para lanzarla por sobre sus límites una y otra vez.
Le había hecho descubrir algo de ella misma, además. Resultaba ser que era toda una gritona en la cama. Antes, en las ocasiones anteriores, el sexo había sido...bueno. Tranquilo, satisfactorio y bueno.
Charlie traía consigo toda una nueva definición para la palabra "sexo", Alucinante, descontrolado...y adictivo.
Ignatia había puesto el agua de la ducha en modo hirviendo, no sólo porque así era como le gustaba tomar sus duchas, sino porque esperaba que el calor del agua relajara un poco sus músculos adoloridos. Le dolían músculos que ni siquiera sabía que tenía.
Y aun así, su cuerpo rogaba por otro round con Charlie. El sólo rememorar parte de la noche anterior hacía que se le acelerara la respiración y aumentara la presión que ahora parecía ser permanente en la parte baja de su abdomen y entre sus piernas.
Una opresión que sabía que sólo Charlie podía deshacer. Pero que, también, el mismísimo Charlie iba a construir una y otra vez.
Estaba jodida.
–¿Iggy?
Ignatia casi termina con el culo estampado en la cerámica de la tina y, aunque patinó muy poco decorosamente, logró afirmarse del muro y mantener la posición vertical. La voz de Charlie no parecía venir desde el otro lado de la puerta sino que de...
–Hey, ¿te molesta si te acompaño?
Un muy desnudo Charlie apareció detrás de la cortina de ducha e Ignatia no supo si reír, llorar o correr.
Al final, pese a lo extraño de la situación, terminó riendo y se encontró sintiéndose relajada y tranquila, incluso desnuda frente a un hombre que no habría esperado encontrar sin ropa en su ducha, ni en sus mejores sueños. Se encontró riendo, porque un momento estaba Charlie dedicándole su mejor y más arrebatadora sonrisa...para luego verlo (y escucharlo) gritar como niña.
–¡Santa mierda, Iggy! ¡¿Qué carajo?! ¡¿Quieres quedarte sin piel?!
Charlie la tomó por los hombros y se puso detrás de ella con la rapidez que sólo un buscador de quidditch podría tener, usándola como escudo contra el agua caliente.
Ignatia esperó recuperar el aire post-carcajadas, antes de responder, esquivando sólo a medias el chorro de agua caliente que, gracias a Charlie y su eterna valentía, ahora le llegaba directo a la cara.
–¿Tiene la piel sensible, Señor Gryffindor, Amo del Fuego y los Dragones? –le dijo Ignatia, mirándolo por sobre su hombro.
Charlie se acercó a ella y la abrazó contra su cuerpo, pegando por completo su espalda a su firme pecho. La nueva cercanía le dijo a Ignatia que Charlie estaba listo y dispuesto para el round siete. O quizá ocho.
–No... –la voz de Charlie llegó en un susurro hasta su oído, sus labios y barba acariciando la sensible piel de su nuca, provocando que Ignatia se erizara por completo. Los escalofríos no hicieron sino aumentar, al avanzar la mano de Charlie por su estómago, bajando lentamente, centímetro a centímetro, hasta perderse entre los rizos de su sexo – ¿tienes tú la piel...sensible, Iggy?
Oh, Dios...
–N-no...–la palabra abandonó a tropezones la boca de Ignatia. El hombre la iba a matar.
–¿No? –repitió Charlie, a la vez que arrancaba un pequeño grito de la boca de Ignatia, al hundir en ella uno de sus dedos –Entones esto no se siente mal, ¿no?
Charle unió otro dedo a su íntimo asalto e Ignatia pensó que se iba a desmayar. No se lo perdonaría a sí misma nunca, si lo hiciera. ¿Desmayarse en la mitad del mejor momento de su maldita vida?
–No...se siente muy, muy bien, de hecho...
–Excelente.
Sin aviso, Charlie reemplazó sus dedos por la erección que Ignatia sabía (y ahora sentía...) había alcanzado su máxima expresión. Charlie soltó un siseo ahogado y se quedó quieto unos segundos, dándole tiempo a ambos para acostumbrarse a la sensación desarmadora que provocaba tanto en él como en ella esa clase de unión. Ignatia podía dar fe de lo que sentía ella, desnuda no sólo físicamente, sino en todos los otros aspectos posibles. Expuesta.
Libre.
Sin control.
De Charlie no podía estar cien por ciento segura, pero el brillo enloquecido que había visto en sus ojos la noche anterior le daba una buena pista.
Ignatia sintió que iba a derrumbarse en cualquier momento y buscó apoyo en lo único que tenía a mano. Charlie.
Bendito Charlie.
Con la espalda apoyada contra el pecho de Charlie, una mano alzada por sobre su cabeza, en un firme agarre contra su musculoso cuello y su otra mano asida con fuerza al brazo que Charlie estaba usando para sujetarla por la cintura, Ignatia recibió la primera de las muchas arremetidas de Charlie, sus gritos perdiéndose entre el sonido del agua corriendo contra ellos y el resonar de su corazón desbocado.
La vida era buena...tan malditamente buena.
Ufff...bueno, iba a suceder tarde o temprano ajaja
No suelo escribir en esta línea, así que agradecería comentarios, opiniones, quejas y reclamos al respecto ajajaja En el capítulo que viene: desayuno con Charlie. Un vistazo tanto de la vida doméstica que Charlie quiere como de la vida salvaje que Ignatia ansía ;D
Besos y abrazos señores!
PD: Por cierto...conociendo lo dispersa que soy (sé que saben que soy un caos...) y que, incluso cuando tengo historias en proceso de escribirse (¡y que sí terminaré de escribir, lo juro!), aparecen nuevas ideas en mi mente...Acabo de publicar un fic llamado Vida en colores. Percy/Audrey. O más bien Percy/OC porque en realidad esta Audrey es completamente mía, más allá del nombre ;D A ver cómo nos va con esa historia ajajaa
