Disclaimer: si leen algo y les parece familiar, no es mío.


El pequeño nudo de inesperado nerviosismo que había aparecido repentinamente en lo profundo de las tripas de Charlie cuando vio a la mujer semi desnuda huir como si la persiguiera Voldemort (o McGonagall) hacia la seguridad del baño, había desaparecido tan rápido como había llegado.

A decir verdad, Charlie había esperado que el día anterior terminara de muchas formas, pero definitivamente no había barajado la opción de despertar desnudo en la cama de Ignatia Fenwick, con la mismísima Ignatia en gloriosa desnudez, a su lado. La noche anterior había sido...

Carajo, había sido increíble.

La forma en que él se había comportado con ella, la manera en que ella reaccionaba a cada caricia, a cada movimiento, a cada palabra, a cada mirada. Había sido sexo y del bueno. Del más bueno de todos. Pero también había sido algo más...

Y Charlie debía decir que estaba gratamente sorprendido. Ni él mismo sabía que podía...rendir a ese nivel, hablando con toda modestia de por medio. No había sido así con ninguna mujer antes. Al parecer, era algo que sólo Iggy podía provocar en él.

Maldición, Charlie tenía puestas sus oraciones en que Iggy siguiera provocando aquel efecto en él.

O al menos en su cuerpo.

Con el efecto que la mujer tenía en su cabeza aún no se sentía tan cómodo. Pensaba en ella más de lo que pensaba en escamas y llamas...y la palabra "malditamentehermosa" que era una palabra nueva que Charlie iba a patentar como propia, cruzaba su mente al menos ocho veces por minuto.

Las mujeres nunca habían sido un gran tema para él. Claro, salía los fines de semanas con sus amigos en Rumania y sí, había alcohol y mujeres de por medio, especialmente con Andrei, que parecía cambiar de mujer a diario; pero para Charlie nunca había sido más que eso. Más que una buena jodida de una noche.

Ahora Charlie distaba mucho de desear que fuera sólo una jodida de una noche. Quería a Ignatia con él a todas malditas horas, Merlín.

Ahora estaba sentado en la pequeña mesa de comedor, en la cocina del departamento de Ignatia y Charlie no estaba seguro si era efecto residual del increíble episodio que había vivido en la ducha hace cerca de treinta minutos, o la mujer lo había puesto bajo algún hechizo aturdidor, porque se sentía como el idiota más grande del mundo, con el mentón apoyado en una mano, mirando embobado a la mujer rubia moverse de allá para acá, sacando pequeños bol de vidrio e ingredientes para lo que sería el desayuno de ambos.

Charlie se había ofrecido, pero Ignatia, que por lo visto había superado su pequeño momento de pánico, había quitado la idea de su cabeza con un beso que lo había dejado sin aliento, incluso después de besarla tanto en las últimas horas, y se había dispuesto a preparar algo entre canciones tarareadas y pequeños bailecitos.

Y Charlie sólo miraba, más contento que Ron en navidad.

Qué escena debían estar presentando los dos. Ella, con las piernas desnudas (aunque sí con ropa interior, Charlie se había asegurado cuando la había visto entrar a la cocina) y con una sudadera negra, con capucha y todo, y que le quedaba lo suficientemente grande como para cubrir parcialmente sus (exquisitamente formados) muslos. Pies descalzos y cabello en un moño desordenado, cantando en voz baja canciones que él desconocía y bailando despreocupadamente mientras preparaba algo de desayuno. Él, con el cabello aún húmedo, pegado al cuero cabelludo, la misma camiseta negra del día anterior y apoyado en la mesa, sintiéndose (y probablemente viéndose) malditamente feliz con la vida.

Vida cotidiana, matutina y muy doméstica a la vista.

No era costumbre en Charlie sentarse a esa hora de la mañana, con la radio sonando en el fondo como ruido blanco, a esperar el desayuno. En Rumania se levantaba cerca del alba, le caía encima al primer tazón de café que se le cruzara y luego, en algún momento cuando lograba desocuparse iba a un pequeño local en el pueblo donde tenía su casa, a comprar el sándwich más grande que hubiese en vitrina y se lo comía camino a casa, donde hacía una breve pausa para una ducha y luego de vuelta al trabajo.

Antes nunca le había molestado, pero debía admitirlo, no le molestaría en nada tener aquella rutina matutina en vez de la propia.

Los dragones serían un constante en su vida hasta el maldito día de su muerte, pero debía ser el primero en aceptar que proyectarse con mañanas como la que estaba teniendo en ese momento estaba sonando como el paraíso en su cabeza. Mañanas con una mujer en la cama, a su lado. Ducha compartida, sexo espectacular, desayuno con una pequeña mujer bailando a su alrededor...El problema principal, y era en el que Charlie intentaba centrarse sin éxito, era que no era sólo el despertar acompañado, el sexo y los desayunos...sino que, infiernos, era ella. De alguna manera, sin que él siquiera lo notara, se había descentrado la esencia misma de su vida. Iggy no era nada de lo que hace un mes él hubiese considerado como una constante en su vida. Para empezar, no tenía escamas, no escupía fuego, ni volaba...pero tenía una piel tersa, que le ponía a él la piel de dragón con sólo tocarla; encendía en él un fuego arrasador que ninguna otra mujer había logrado siquiera iniciar...y maldición si no se sentía volar el estar con ella...dentro de ella.

Era un tremendo cambio. Y, para su sorpresa, quería el cambio. Lo quería y al parecer lo aceptaba, porque ahora que se daba cuenta, incluso con todas esas conclusiones recorriendo su cabeza de lado a lado, seguía con la sonrisa de idiota-feliz pegada en la cara.

¿Era eso lo que él quería para la vida? Siempre se había sentido muy joven para pensar en ese tipo de asuntos tan resolutivos. Para qué pensar cómo quiero pasar los treinta y cuarenta años, si tengo aún veintitantos, solía ser su línea de pensamiento.

Sentar cabeza le llamaba su madre...¿estaba ya pensando en un futuro, sentado ahí en esa mesa en una pequeña cocina, con una rubia enana que parecía ocupar su cabeza en 95 por ciento del tiempo?

¿Y aquello, que incluía tan grande cambio, era lo que él esperaba de su vida? ¿O era una idiotez pasajera? No quería que lo fuera, pero era una opción que tenía que considerar. Le había pasado un poco con las dos novias que había tenido, aunque a un nivel muy inferior a lo que sentía con Ignatia.

Pero diablos, en ese momento, el cambio que Iggy ofrecía en su vida...era lo que quería. Y al parecer lo que esperaba.

Cambiar un poco el ajetreo diario, por días más sencillos, más tranquilos...aunque quizá "tranquilo" no era la definición de un día con Ignatia Fenwick. No...con ella todo era explosivo, una sorpresa tras otra. Sorpresas envueltas en un precioso envoltorio de piel pecosa, cabello rubio y caderas anchas.

Y Charlie quería esperar las malditas sorpresas con los brazos abiertos.


Ignatia detuvo aquello que había estado haciendo, lo intencional y lo que hacía sin pensar, cuando se sintió observada. Es decir, dejó de rellenar el pequeño azucarero,que era lo que estaba haciendo intencionalmente, y dejó de bailar descalza que, para su vergüenza, era lo que había estado haciendo sin notarlo.

Mirando sobre su hombro, descubrió a Charlie mirándola con una sonrisa perezosa en la cara. Por Dios, Ignatia todavía no lograba entender cómo diablos era que ese hombre, recién salido de su ducha, estaba en su casa con ella, esperando compartir desayuno después de haber compartido bastante más que una comida la noche anterior. Y un poquito antes también, en la ducha.

–¿Qué? –preguntó alzando una ceja, ahora girándose en su lugar y apoyándose en el mesón de la cocina, sonriendo incluso cuando intentó mantenerse seria. Estaba teniendo una mañana endiabladamente buena.

–Nada...sólo pensaba en que de verdad tienes las reacciones más extrañas cuando estás bajo estrés.

Y ahí va la buena mañana. Ignatia sintió como se acumulaba la sangre en sus mejillas y se giró otra vez, escuchando como Charlie se reía con ganas.

–Oh, vamos Iggy, sólo te estoy tomando el pelo. No era para nada una queja –Ignatia, incluso si aún estaba colorada como tomate y quería enfadarse con él por molestarla, se apoyó en su pecho, apenas sintió que Charlie la abrazaba por la espalda –. Tranquila, no voy a pagarle a nadie para que te asuste más seguido. No te asustas con tanta facilidad y me importa más tu seguridad, de lo que disfruto tus reacciones post-ataques.

Charlie pareció envolverla con todo el cuerpo e Ignatia se sintió rodeada por él desde todos los flancos. Con un beso siendo depositado en su cabello, Charlie se alejó de ella y la ayudó a trasladar los tazones blancos, el chocolate caliente recién hecho, las tostadas y la fruta hasta la pequeña mesa.

Pequeñísima mesa. Sobre todo con Charlie ocupando tanto espacio.

Ignatia no pudo evitar pensar que Charlie debía estar acostumbrado a desayunos muy diferentes al que estaba teniendo en ese momento. No con música cursi sonando en la radio, no con mesas minúsculas y no con desayuno con frutas. Seguramente a esa hora de la mañana, en Rumania, Charlie ya se habría desayunado una buena cantidad de huevos y tocino y unas cuantas tazas de café. Ya estaría adentrándose en las montañas, entre los bosques, donde había escuchado ella que residían la mayoría de los dragones en custodia de cuidadores. Para evitar ojos indiscretos y para mantener a las bestias cerca de la naturaleza.

Nada muy cercano a lo que ella tenía para ofrecer aquella mañana. O nunguna otra mañana, ya que estaban con cosas.

Quince minutos después, que pasaron hablando de pequeñas cositas sin importancia, Ignatia vio como Charlie bajaba de un trago lo que quedaba de chocolate en su taza. Hasta la estúpida taza se veía pequeña en su mano.

Ignatia tomó su propia taza y utilizó el rico sabor del chocolate para tranquilizar los nervios, no queriendo asumir realmente que quería usar la pequeña pieza de cerámica para otro motivo también. Ocultarse parcialmente de la vista.

Estaba siendo tonta y lo sabía. Se trataba de un desayuno post-noche-del-más-espectacular-sexo. No una promesa de vida futura, por Dios. Aún así se imaginó compartiendo un desayuno al estilo Charlie, quizá entre árboles, con el aire frío en la cara y los gritos bestiales de los dragones a un par de kilómetros de ellos, de fondo. Cambiaría su cocina pequeña por la amplitud de un bosque salvaje cualquier día, en cualquier momento.

Ignatia se encontró abriendo la boca, antes de poder controlarse.

–Lamento no tener nada más...no he ido de compras –mentira, eso era lo que habitualmente había en su cocina –y no esperaba visitas realmente.

–¿A qué te refieres? –Charlie se detuvo a mirarla, después de apoyar la tacita sobre la mesa. Parecía realmente confundido.

–Eh...–carajo,demasiado temprano para inventar algo poco vergonzoso –, que me da la impresión de que no es un desayuno habitual para ti, pero no tengo nada m...

–Hey, Iggy, para ahí. –Charlie ahora la miraba a los ojos y ni la taza más grande podría haberla ocultado de aquella intensa mirada –¿Qué es lo que te molesta?

Ignatia hizo lo que le pareció que era lo correcto de hacer en una situación como esa. Escapar. Se levantó de la mesa, llevando con ella su taza aún a medio vaciar hasta el fregadero.

– Iggy, ¿Qué es lo que te molesta?

Mirando por sobre su hombro, de reojo, Ignatia notó que Charlie no se había levantado de la mesa, pero su voz sonaba tan seria y exigente que habría sido lo mismo que se lo hubiese dicho al oído.

Suspirando, Ignatia se giró sobre sus talones para enfrentar la mirada atenta de Charlie. Se había metido ella solita en esa conversación, bien podía hacerle frente.

– Nada...sólo estoy siendo tonta, olvídalo. Pensé por un momento en lo que sería para ti algo habitual, un desayuno normal y lo que querrías para comer y me imaginé que sería...distinto. Con café y algo más contundente. Y yo tengo chocolate caliente y fruta.

–Bueno, tienes razón –comenzó Charlie e Ignatia sintió como la fruta se acumulaba en un bloque pesado en la parte baja de su estómago –, con eso de que estás siendo tonta, quiero decir. Picaste suficiente fruta como para seis personas, Iggy, si eso no es contundencia, no sé qué será Y me gusta la fruta. Las fresas combinan bien con el chocolate. Y tú combinas bien con absolutamente todo.

El hombre debía tener oculto bajo la ropa un libro con llamado "frases para dejar sin habla a las mujeres rubias y, al parecer, impresionables". ¿Cómo lograba decir siempre lo correcto, incluso cuando ella no sabía que aquello era lo correcto, por Merlín?

Ignatia sintió como que un peso había sido levantado de sus hombros y se acercó a la mesa, acomodando la silla que ella había estado utilizando, para sentarse frente a Charlie, que casi a la vez, movió su cuerpo para enfrentarla a ella también.

Sin dejar de mirarlo a los ojos, Ignatia respiró el momento que estaba viviendo. Las sensaciones. La música de fondo. El aroma a chocolate en el aire. La mano de Charlie, tibia sobre una de sus rodillas.

–Es una tontería, pero compláceme, por favor. ¿No te molesta, de verdad, el desayuno de niña que acabamos de tener?

Eso de "desayuno de niña" era algo que habitualmente le decía Eva, que no comprendía cómo podía empezar el día sin café y tocino.

Una sonrisa se abrió paso en el rostro de Charlie, antes de que le arrebatara la taza de las manos y se tomara lo que le quedaba de chocolate caliente.

–Ignatia Fenwick –le dijo entonces, acercándola a él utilizando los pies para correr su silla, con ella encima y todo, devolviéndole además la taza vacía –, complacerte está resultando ser todo un placer. Me gusta la fruta, me gusta tu música cursi, me gusta el chocolate y apuesto que me va a gustar más como sabe ese chocolate en tu boca. Estoy teniendo una mañana malditamente buena, y el mejor desayuno en años. No puedo esperar a ver cómo va el almuerzo y la cena, cariño.

Riendo y sintiéndose especialmente afortunada, Ignatia se inclinó para besarlo en los labios, antes de profundizar el beso y disfrutar el sabor a Charlie y a chocolate caliente, con la sensación de que, de alguna forma u otra, su vida estaba iniciando el cambio que ella tanto había esperado.

¿Almuerzo y cena, había dicho?


Mil disculpas. Mi computador explotó otra vez, llevo semanas odiando al mundo entero y escribiendo en documentos en mi celular. Espero poder avanzar algo cuando el estúpido computador vuelva a la vida. Gracias por la paciencia. Se supone que los siguientes capítulos incluirán efectivamente el almuerzo, la cena y quizá algún postrecito ajajaja Besos y abrazos y disculpas otra vez u_u