Disclaimer: si leen algo y les parece familiar, no es mío.


-¿Necesitas ayuda con eso?

Con "eso", Charlie se refería a los botones en la espalda de la blusa que Ignatia, después de unos buenos 10 minutos, había decidido que usaría para la cena, en La Madriguera.

-No gracias -le respondió Iggy haciendo una pausa en su misión de abotonar la parte alta de la camisa, girándose levemente para enviarle una mirada desconfiada por encima del hombro -. Si te acercas medio metro a mí antes de que logre tener toda la ropa encima, terminaremos desnudos, otra vez, y realmente tengo ganas de tomar del chocolate caliente que prepara tu madre.

Charlie no dijo nada a eso, después de todo estaba de acuerdo con ella en aquel asuntito de terminar desnudos. Otra vez. Simplemente se contentó con quedarse sentado en la cama, mirando atento cada movimiento de la mujer.

Aquella camisa le quedaba maravillosamente. Era alta en la parte delantera, casi a nivel del cuello, pero caía de forma perfecta a su alrededor. Y, por detrás, dejaba ver un trocito de la parte baja de su espalda. Mmh...

Ignatia se dirigió con paso apresurado al baño, llevándose con ella ese maravilloso trocito de piel, donde se concentró en hacer algunas reparaciones en su maquillaje. Reparaciones sin sentido, a los ojos de Charlie. A él le parecía que estaba hermosa.

Aún sentado cómodamente en su cama, Charlie meditó sobre la cena que tendrían ambos en la casa de sus padres.

La verdad era que Charlie no era muy adepto a invitar a sus citas a la casa de sus padres, y no porque le preocupara lo que dicha cita pensara de ellos, no. Aquello era lo último en su mente. Él estaba realmente orgulloso de todo lo que involucrara de alguna forma a sus padres y hermanos. Con la excepción del imbécil de Percy. En realidad, no invitaba a sus citas (de hecho, nunca había llevado a una chica a La Madriguera en su vida), porque era...muy celoso de su familia. No se sentía bien compartirlos, a ellos que podían llegar a ser tan sensibles en algunas ocasiones y con algunos temas, compartirlos con cualquier persona no parecía ser una buena idea.

Pero Iggy no era cualquier persona. Y debía admitir que tenía muy poco que ver con que Ignatia ya había estado cien veces en La Madriguera, cuando eran más jóvenes. Era...ella. Le daba confianza. Ella no haría nada para perjudicar a la Familia Weasley, algo muy profundo en él se lo decía con toda claridad.

Compartir una cena con ella y con sus padres parecía ser algo de lo más natural, extrañamente. O quizá no tan extrañamente.

-Iggy, ¿Qué tanto haces allá adentro?
-¡Ya voy!

Sonriendo, Charlie se volvió a acomodar en la cama.

Lo que no le había comentado a Ignatia era que aquella noche no serían sólo ellos y sus padres cenando en La Madriguera. Kingsley y Williamson estarían ahí también. Probablemente Remus también lo estaría. Es decir, no llegaban tarde sólo a una cena, sino a una reunión de La Orden.

Las cosas en el Ministerio, luego de la caída de Scrimgeour en agosto ya se habían...calmado un poco. Sólo un poco.

Pero la vigilancia ya no era tan estricta, al menos en La Madriguera. Los habían interrogado, habían revisado y revisado una y otra vez la casa y los sectores aledaños y, por supuesto, no habían encontrado nada con lo que inculparlos o detenerlos. Sí, aún debían moverse con cuidado, pero al menos podían tener una cena y hablar con la tranquilidad de que no había nadie escuchando.

Su padre y él, además, se habían preocupado de fortalecer la privacidad y la seguridad de La Madriguera, aprovechando el minuto de gracia que al parecer, y por aparente olvido, le estaban otorgando desde el Ministerio.

Iggy le habia dicho que quería ayudar en La Orden y a él le parecía una excelente idea. Se le erizaba el cabello de la nuca al pensar en ella enfrentándose a mortífagos, pero qué diablos...eso ya había sucedido. E Ignatia había defendido su posición como una experta.

Odiaba la idea de que le pasara algo, pero sabía que ella era capaz de cuidar su propia espalda. Y si sucedía que su preciosa espalda quedaba parcialmente desprotegida, él se aseguraría de que nadie le pusiera un dedo encima.

-Iggy, -¿ya estás lis- ?

-¡QUE YA VOY!

Merlín le diera paciencia.


Ignatia tomó con fuerza el brazo de Charlie cuando se aparecieron en La Madriguera, intentando recobrar el equilibrio. La aparición en conjunto no era de sus actividades preferidas, pero Charlie había insistido.

Ignatia abrió un ojo primero y buscó la mirada de Charlie, que la miraba sonriente desde la ventaja que ofrecía su casi metro y noventa centímetros.

-¿Estás bien?

-Perfectamente, Charlie. Perfectamente. Sólo...necesito un segundo.

Charlie sólo le sonrió y se quedó quieto, permitiéndole (bendito fuera su corazón amable) el segundo que ella había solicitado.

Mientras su estómago lograba acomodarse en su sitio habitual, Ignatia se dedicó a respirar profundo y a mirar a su alrededor. Se habían aparecido entre los árboles que estaban a unos quinientos metros del patio trasero. Un poco lejos para su gusto, pero...no tan lejos tampoco.

-Ya, creo que ya se me acomodaron todos los órganos en sus sitios normales.

-Perfecto -respondió con voz alegre Charlie, girándola en sus brazos y rondándola por la cintura -. ¿Te molesta si reviso si efectivamente quedó todo en su sitio?

Ignatia se echó a reír cuando las manos de Charlie encontraron camino hasta su trasero.

-Cariño, puedo asegurarte que todo está en su lugar. Si haces inspección detallada no llegaremos a cenar. Más bien llegaremos hasta esos arbustos detrás tuyo.

Charlie se rió en la mitad del beso que comenzó a darle cuando Ignatia terminaba su última frase.

-Merlín, para variar tienes razón. Vamos, el chocolate caliente te espera.

-¡Yei!


Ignatia tenía que admitir que tuvo que disimular su sorpresa, cuando se encontró con Molly Weasley en la cocina. Totalmente esperable encontrarla ahí, era después de todo su casa. Y su cocina.

Pero la mujer, habitualmente de un buen ánimo imbatible, se veía pálida y triste, sus ojos suavemente enrojecidos. Quizá para alguien más, habría sido imperceptible, pero Ignatia solía tener buen ojo para esas cosas. Eso, y que llevaba sus gafas puestas.

La señora Weasley la saludó con una sonrisa afectada, tomándola de las manos e Ignatia, intentando no estremecerse ante el contacto de sus manos extremadamente frías, se giró suavemente, lo suficiente para mirar a Charlie con una mirada que ella esperaba que entendiera por lo que era: "¿Vinimos en un mal momento?"

Si Charlie le entendió, decidió no hacer comentario al respecto y luego de besar en la mejilla a su madre, la empujó más allá de la cocina, hacia la sala.

-¿Pasó algo? –le preguntó en un susurro Ignatia, cuando calculó estar a una distancia segura de los oídos de la señora Weasley.

-No estoy seguro.

En sala, iluminada con tonos anaranjados que, como siempre, lograba darle al lugar un toque reconfortante, los esperaba Arthur Weasley, sonrojado y de apariencia feliz.

Lo que hacía aún más extraño la evidente tristeza de su esposa.

-¡Charlie! ¡Iggy! –los saludó entusiasmado, poniéndose de pie, para luego abrazarlos –Que bueno que lo lograron. Vengan, vengan.

Era un poco difícil no contagiarse de su buen ánimo, por lo que Ignatia se encontró sonriendo sin siquiera esforzarse, siguiendo al Señor Weasley hasta el resto de la gente que esa tarde visitaba La Madriguera.

-Ignatia, este es Williamson…

El Señor Arthur comenzó a presentarle a la gente de derecha a izquierda, partiendo por quien alcanzó a escuchar que se llamaba Williamson, pero por Merlín que no pudo seguir el hilo de aquella primera presentación.

Porque sus ojos estaban fijos en la persona por la izquierda. Porque esa persona tenía cabello azul brillante.

-Wow, amo tu cabello.

Sus palabras fueron seguidas por un silencio que hizo que Ignatia se sonrojara avergonzada.

-Si no fuera una persona tan segura de mí misma, me habría ofendido que el cabello de alguien fuera suficiente para pasarme por alto.

Williamson sonreía mientras decía eso, pero de todas formas Ignatia sintió que sus mejillas se acaloraban aún más.

-Oh, lo siento de verdad. Soy Ignatia Fenwick y creo que sufro de déficit atencional, mis disculpas.

Williamson, que se había puesto de pie durante el primer intento de introducción del Señor Weasley, aceptó rápidamente la mano que Ignatia le ofreció en medio de sus disculpas, aún sonriendo.

-No soy rencoroso, tranquila. Marcus Williamson a su servicio –le respondió el hombre, besando el dorso de su mano.

-Amarra tus caballos, Williamson, la señorita ya tiene quien le bese la mano.

Ofendida, Ignatia se giró rápidamente para acertar con fuerza y precisión un codazo en las costillas de su mal hablado novio.

El "ugh" poco elegante de Charlie se mezcló con la risa de Williamson y de la mujer de cabello azul.

-Te merecías eso, Charlie –dijo Williamson, dándole la mano al pelirrojo.

-Y bueno, Iggy -el señor Weasley aprovechó la instancia para seguir con las instroducciones-, Kingsley Shacklebolt aquí, segundo al mando de la Oficina de Aurores y gran amigo de la familia. Kingsley, Ignatia Fenwick, también amiga de la familia.

-Compartes los ojos con tu padre, Ignatia –le dijo entonces Kingsley, también estrechándole la mano -. Compartí con él uno que otra copa de brandy –agregó, cuando Ignatia lo miró sonriente, pero interrogante.

-Un gusto.

-Y yo soy Audrey Collingwood, trabajo para él –interrumpió la restante de los casi ya no desconocidos, apuntando con el pulgar a Kingsley –y tengo el cabello azul.

Para algunas personas (personas aburridas y anticuadas, en opinión e Ignatia), podría ser de mala educación presentarse a sí mismo, pero definitivamente no era el caso con Ignatia. Hablaba mucho de su personalidad, y ella siempre estaba a favor de una mujer segura e independiente. Que en parte Ignatia sentía que contrastaba un poco con su apariencia casi frágil. Parecía ser buena gente. Tenía ojos oscuros, pero acompañados de una expresión amable

-Fue lo primero que noté –le respondió Ignatia riendo, sentándose en el sofá que estaba vació –,de verdad un color lindo. ¿Qué te parece Charlie, debería intentar un color así?

-Puedes intentar el color que quieras, amor, aunque me gusta tu rubio natural.

Eso de llamarla "amor" en público, era nuevo. Estaban frente a su padre, por Dios.


Ignatia tomó un sorbo de su taza de chocolate caliente, su cerebro funcionando a la velocidad de la luz.

Ya llevaban un buen rato sentados en la gran mesa de la cocina de La Madriguera. El chocolate caliente servido en la sala, había sido la antesala de una deliciosa cena, preparada por la Señora Weaslye, que a pesar de haberse visto tan decaída en un comienzo, se había mostrado de mucho mejor humor y de semblante menos pálido cuando se les había unido en la pequeña reunión que habían iniciado.

Una reunión de La Orden del Fénix, nada menos.

Maldito fuera Charlie, que no le había hecho advertencias al respecto. Kingsley Shacklebolt no era sólo el segundo al mando de la Oficina de Aurores, sino uno de los principales miembros y colaboradores de La Orden, y aprovechaba su buena ubicación dentro del Ministerio para ayudar a la causa.

Marcus Williamson era su mano derecha dentro de la Oficina y también un reciente colaborador de la Orden. Protegía la espalda de Kingsley en el Ministerio.

Y la estaban invitando a participar. Ignatia no sabía muy bien qué creían ellos que podía hacer ella para ayudar a la causa, pero de todas formas Ignatia aceptó la oferta. Era buena con su varita, su padre le había enseñado desde pequeña. Antes de morir, claro. Y su padre había sido parte de la primera Orden, en los tiempos de la Primera Guerra Mágica. No podía sentirse sino honrada por la invitación. Y profundamente orgullosa, si debía ser sincera.

La invitación le había caído un poco de sorpresa, pero se alegraba.

Y no era la única a la que le habían caído invitaciones sorpresa. Audrey tampoco había sido informada de que la velada no era sólo una deliciosa cena, sino una reunión de una asociación ilegal.

Audrey había mirado a Kingsley con ojos enormes y la boca parcialmente abierta por unos segundos antes de soltar un "me tienes que estar jodiendo", que hizo que el Señor Weasley se ahogara con su jugo de calabaza.

Kingsley le había explicado que había visto una "fuerza prometedora" en ella cuando se había defendido de su anterior jefe. Ignatia había preguntado qué había sucedido aquella vez y ante la respuesta de Audrey, esperaba que "fuerza prometedora" hubiese incluido una patada en los huevos.

Ignatia volvía a tomar un pequeño sorbo de su chocolate, con el que estaba acompañando el delicioso guiso de gallina que había en su plato, cuando Kingsley la alejó de sus pensamientos.

-Audrey, sabes que has hecho un buen trabajo como mi asistente estas semanas…

-No irás a despedirme, ¿cierto? –lo interrumpió Audrey mirándolo con ojos cargados de desconfianza.

-No, no. Estoy ofreciendo, o más bien pidiendo por favor, que aceptes un nuevo trabajo –Audrey, y todos los que estaban en la mesa, guardaron silencio, por lo que Kingsley continuó – Necesito que retomes tu trabajo en el Departamento de Correo.

-Ay no…

-Por favor –la interrumpió Kingsley alzando una mano -, primero escucha lo que tengo que decir.

Ignatia vio como Audrey cerraba la boca y lo miraba fijamente por un par de segundos, antes de apoyarse contra la silla y cruzar los brazos, en clara muestra de enfado.

Ignatia no tenía ganas de culparla. Apenas había escuchado un par de palabras sobre su anterior jefe y le daban pocas ganas de conocerlo.

-Has debido notar que intentan mantenerme, mantenernos, en la oscuridad con varios asuntos en el Ministerio. Desconfían, e intentan disimularlo. Pero la información que no llega a mis manos, tanto la que iba dirigida a mí y la que no, pasan por esa oficina. Y tú conoces como funciona. Y puedes hacerlo funcionar a nuestro favor.

-¿Quieres que sea espía?

La pregunta iba cargada de desdén, pero a Ignatia le pareció que era una pregunta justa.

-Sí.

Y esa una respuesta sincera.

Audrey compartió una mirada con Charlie, que miraba el intercambio en silencio, como todo el resto.

-Anderson no me va a aceptar de vuelta, lo sabes. Y no sé si mi eh, fuerza prometedora, aguante que me ponga la mano encima, otra vez.

-De Anderson me ocupo yo, tranquila.

La voz de Kingsley seguía siendo amable, pero sus ojos no lo eran. Anderson las iba a ver negras, e Ignatia se alegraba por eso.

-Agh, tú ganas. Espera, ¿esto significa que ahora tendré dos empleos a la ves? Espero que me sigas pagando, tengo un gato que alimentar y una renta que pagar.

La risa ronca de Kingsley llenó la habitación, aliviando de forma significativa la tensión que se había formado en los últimos minutos.

-Por supuesto. Y seguirás trabajando bajo el techo del Ministerio. Lo que significa que podrás seguir almorzando con tu amigo Weasley.

-Oh, cállate.

Ignatia tenía en la punta de la lengua una pregunta respecto a eso último, pero Charlie le ganó. Y no de la mejor manera.

-¿Weasley? ¿Eres amiga de Percy?

Audrey miró de reojo a Kingsley, ante el tono muy poco amistoso de Charlie, antes de responder.

-Eh, sí…algo así. Trabajé con él un tiempo, ahora somos…sí, amigos.

-Amigos.

-Eh, sí.

-Charlie –dijo el Señor Weasley, en tono de advertencia.

-¿Te dijo el buen Percy cómo fue que traicionó a toda su familia?

-¡Charlie!

Esta vez el nombre salió de la boca tanto del Señor Weasley como de Ignatia, que sorprendida, miraba como Charlie, tenso como lo había visto pocas veces, adquiría una actitud y un aire casi violento. Había observado esa postura y esa mirada enfadada y decidida durante el ataque en la boda y después, cuando la defendió del tarado del ministerio que la quiso maltratar, y había sido algo impresionante de observar. Pero ahora no parecía serle nada impresionante.

Estaba siendo grosero. Y violento. Y esa violencia estaba dirigida a la pequeña mujer de cabello azul, que intentaba hacer como que no le afectaba nada. Pero, pese a que estaba haciendo un intento digno de medallas, Ignatia pudo ver un brillo de miedo en sus ojos oscuros. Y había lágrimas en los ojos de la Señora Weasley, otra vez.

-No te dijo nada, ¿no es cierto? Sino no estarías tan cómoda siendo su…amiga.

Ignatia estaba lista para enterrarle entre las costillas un codazo del que no se olvidaría en toda la semana, cuando Audrey decidió responder.

-La verdad es que sí, sí me contó lo que sucedió. Pero, ¿sabes qué, Charlie Weasley? No soy gente de importancia, no tengo gran futuro y no soy mucha cosa en comparación con cosas realmente importantes que ocurren a mi alrededor. Pero si hay algo de lo que estoy segura, es que sea cual sea mi misión en este mundo, no incluye la tremenda responsabilidad de juzgar gente, sólo de juzgar mis propias decisiones, que por lo demás, dejan mucho que desear la mayoría de las veces. Y, ¿sabes de qué decisión me siento realmente orgullosa? Hace aproximadamente un año decidí que no iba a permitir que ningún hombre volviera a intentar intimidarme de ninguna forma existente. Ya tuve mucho de eso, así que te pido amablemente que no vuelvas a hablarme así.

Ignatia tenía ganas de abrazarla y besar su cabeza azul. Y de darle una par de patadas en el culo a Charlie, el muy idiota. El silencio que se hizo después de sus palabras fue interrumpido por la misma Audrey, zanjando por completo la discusión, si es que alcanzó a existir una.

-Molly, esto está realmente delicioso. Si no es un secreto ancestral o algo así, me gustaría conocer la receta. No soy capaz de cocinar ni cereal con leche de forma decente, pero mi amigo Ric es un muy buen cocinero. Tiene delantal floreado y todo. Y su novio cocina pastas como si hubiese nacido para hacerlo.

-Oh…sí, por supuesto.

La Señora Weasley le sonrió agradecida. E Ignatia sabía que no era sólo porque había alabado su comida.

Charlie había cerrado el pico y la señora Weasley volvía a sonreír. La chica del cabello azul acababa de ganarse el derecho a tener un Fan-Club y, maldición, ella iba a ser la fundadora.


¡Hola! Puedo sentir desde acá sus intenciones asesinas...lamento la larga ausencia! ¡Perdón! Si hay alguien que aún lea esto, después de tanto tiempo...bueno, este capítulo está dedicado a ti.

En el siguiente capítulo, Charlie se lleva el susto de su vida. Quizá se lo merece, luego de cómo se comportó en este capítulo...

¡Besos y abrazos!