Disclaimer: Si leen algo y les parece familiar, no es mío.
-No puedo creer que hayas sido tan grosero.
Ignatia no esperó a Charlie cuando volvieron a aparecerse en Londres, a las afueras del Callejón Diagon. Aunque quizá si debió, porque la aparición en conjunto definitivamente no era de sus cosas favoritas y quizá vomitara por moverse tan rápido y tan pronto. Pero Merlín, estaba llevando a cabo una escena y no iba a retirarse ahora. De verdad le había molestado que se comportara así con Audrey.
No la conocía ni la quería ni un octavo de lo que conocía y quería a Charlie Weasley, pero la mujer no había hecho nada y él había sido injusto. Y muy grosero. Y levemente violento.
Y, si debía admitir algo, aquello le daba un poco de desconfianza. Porque ella conocía a un Charlie lleno de simpatía, justo, caballeroso y atento. Y Audrey había conocido, sin pedirlo ni merecerlo en opinión de Ignatia, un Charlie completamente distinto.
¿Iba a comportarse así con ella, en algún momento?
Cuando ya estaba a un par de metros de su librería, Ignatia miró sobre su hombro para confirmar que Charlie aún la seguía.
Y sí, aún la seguía. Tenía el ceño fruncido, las manos profundamente enterradas en los bolsillos de su chaqueta y parecía estar pensando algo con mucha fuerza.
Parecía perdido.
Ignatia se quedó quieta y esperó a que avanzara hasta ella. Sabía que no estaba tan perdido en sus pensamientos como para no notar que ahora estaba parada quieta, esperándolo. Pero Charlie mantuvo la mirada fija en el piso, incluso cuando se detuvo frente a ella.
A la luz de los focos en las calles y de las tiendas que aún no cerraban, Ignatia miró la cara de Charlie Weasley. Su piel bronceada era evidente incluso con la poca luz. Su barba enmarcando su mandíbula firme. Sus labios, dibujados entre las líneas perfectas de barba rojiza.
Maldición, estaba enamorada.
Hasta el cuello.
-Lamento haberle hablado así.
-Creo que deberías disculparte con ella.
-Lo haré. Es sólo que...bueno, Percy y todo lo que sucedió con él ha sido siempre un tema que logra enojarme sin mucho esfuerzo. Llevo demasiado tiempo odiándolo. Nos trató como basura, ¿sabes? Dijo que le dábamos vergüenza. Creo que si hubiese podido, se habría cambiado el nombre. Hizo llorar a mamá muchas veces.
-Casi la hiciste llorar hoy, también.
Ignatia vio que Charlie volvía a mirar el piso, el gesto esta vez acompañado también por hombros caídos y postura derrotada. Ignatia decidió que ya estaba poniéndoselo demasiado difícil.
-Hey –le dijo enganchando los brazos tras su cuello, intentando llamar su atención de vuelta a sus ojos -, mírame. No te castigues. Es tu familia, es tuya para defender. Entiendo eso, incluso si yo no tengo una. Pero es verdad lo que decía Audrey, cada uno es responsable de sus acciones y todos cometemos errores. ¿Has cometido errores y luego te has arrepentido? Yo sí, un montón de veces y la clave está no sólo en notarlo, sino en hacer algo al respecto. Y no hablo sólo de ti, pidiendo disculpas a la mujer a la que asustaste sin motivo...sino también de Percy. Está en las manos de Percy notar sus errores, no en las tuyas. Y en las de él, hacer algo al respecto.
Charlie, movió sus manos desde su cintura hasta rodearla en un abrazo, obligándola a dejar de mirarlo a los ojos.
-Si no nota que fue un error hacer lo que hizo, decir lo que dijo...o si no hace nada al respecto, será problema de él, Charlie. Él pierde. Y eso es triste. No digas que lo odias, porque es tu hermano pequeño.
El Callejón estaba ya comenzando a caer en su habitual silencio nocturno a esa hora, por lo que su silencio sólo pareció sumarse al ambiente. Ignatia sólo se permitió a sí misma disfrutar de los brazos de Charlie por un par de segundos más.
-¿Siempre fuiste así de inteligente?
La risa de Ignatia rompió con el silencio que los había rodeado. El muy idiota.
-Siempre –dijo alejándose de su abrazo y sonriéndole -, y tú no lo habías notado. ¿Qué dice eso de ti, Charlie?
-Que claramente soy algo idiota –respondió sonriendo de vuelta, arrancándole a Ignatia otra risa -, ¿vas a invitarme a pasar? Me estoy congelando el trasero.
Por supuesto que lo iba a invitar a pasar. Ignatia no iba a permitir que le pasara nada a ese trasero perfecto. Y no existía buena velada, si no terminaba con un buen postre.
-¿Recuerdas algo de la guerra anterior?
La pregunta había surgido de la nada en la mente de Ignatia y sin que pudiera pensarlo mucho, la había hecho en voz alta.
Charlie no respondió de inmediato, pero Ignatia sabía que estaba despierto. Llevaban un rato en silencio, desnudos en su cama. Ignatia literalmente sobre Charlie, su cabeza descansando sobre el pecho del hombre y una pierna a cada lado de su cadera; mientras Charlie, que parecía no importarle tener su peso encima, acariciaba sus piernas, espalda y trasero bajo la sábana.
Las caricias se habían detenido al hacer la pregunta. Y Charlie seguía sin responder.
Ignatia se alzó un poco, usando de apoyo el pecho de Charlie para mirarlo a los ojos.
-Disculpa –le respondió Charlie de inmediato, acomodándola sobre él para que quedaran sus caras más cerca -, estaba pensando. Recuerdo a Bill preguntando siempre por papá y a mamá siempre dando las mismas dos respuestas. Una era "está trabajando" y la otra era "está peleando con la gente mala". Y luego nos cerraba el ojo y nos decía que eso era un secreto entre los cuatro. No siempre vivimos en La Madriguera, ¿sabes? Cuando éramos muy pequeños Bill y yo, crecimos entre árboles y tierra ahí, pero cuando yo tenía como cuatro años, nos mudamos a un pueblito al sur de Londres, un pequeño pueblito de magos. No sé si existe todavía, tampoco recuerdo haber pasado por ahí, es lo que me contó mamá.
-¿Por qué se mudaron?
-Porque La Madriguera dejó de ser segura. Creo que fue cuando mamá y papá comenzaron a participar de la Orden. Alguien debe haberlos marcado como un blanco así que buscaron residencia más segura. Luego nos volvimos a mover, siempre en pequeños pueblos de gente mágica.
-¿Por qué no ocultarse entre muggles?
Si estuviera en manos de Ignatia ocultarse, lo haría intentando pasar desapercibida entre muggles, nadie le daría mucha importancia a una mujer cualquiera paseando por la avenida principal.
-Era más seguro. Por ejemplo –continuó Charlie cuando notó la cara de "no entiendo" que tenía puesta Ignatia -, si fuéramos atacados, uno esperaría que alguien, que sabe lo que está ocurriendo, prestara ayuda, ¿no? En un pueblo muggle, si hubiese fuego consumiendo una casa, quizá intentarían apagarlo si fuera uno pequeño o ver si aún pueden sacar a alguien si el fuego recién inicia; pero si no fuera el caso, si fuera fuego iniciado por magia y se expandiera en segundos, un muggle no intentaría apagarlo, no tendría como. Llamaría a...¿cómo es que se llaman los muggles que apagan fuegos?
-Bomberos.
-Eso, llamarían a los bomberos. Si fuese un ataque de parte de varias personas y hubiese gritos y explosiones dentro de la casa, no se arriesgarían de inmediato a meterse a la casa, sería exponerse mucho. Llamaría a la policía muggle.
-A menos que la persona que quiere ayudar tuviese un arma, y creo que eso hace más peligrosa la situación...
-Exacto. Mamá y papá esperaban que si llegábamos a ser atacados, alguien que estuviera en el bando contrario a los Mortífagos supiera qué era lo que pasaba, tuviese una varita en mano y al menos sacara de peligro a los dos niños pequeños.
Eso tenía mucho sentido.
-Eso tiene mucho sentido –le dijo Ignatia, verbalizando su primer pensamiento -, la verdad es que si tuviera que ocultarme, lo haría entre muggles, pero ahora que lo pienso...
-Claro, tú y yo podríamos escondernos bien en cualquier ciudad muggle, podríamos simular estar casados, haber adquirido recientemente una casa en el sector. Vivir tranquilos, pero atentos. Pero no todos podrían disimular bien. Desde la ropa a la forma de hacer las cosas...podría ser todo un desafío para alguien que no ha estudiado o que no ha vivido entre muggles.
Totalmente cierto, también.
Ignatia, cuando había despertado de la pequeña siesta que había tomado entre los brazos de su maravilloso amante, se había quedado pensando que le gustaría que su vida fuese así de sencilla para siempre. Verse, compartir sus distintas partes del día, hacer el amor de forma deliciosa. Despedirse entre sonrisas a la mañana siguiente, porque había que trabajar y reencontrarse a media tarde sólo para seguir viéndose.
Estaba enamorada, sí. No era tanto pedir que las cosas se mantuvieran así, no. Al menos no en un mundo normal.
El problema es que el mundo no era aburrido y normal. El mundo tenía una guerra desarrollándose y a Ignatia le costaba imaginarse una vida buena y tranquila con Charlie, en la mitad de una guerra. Gente moría todos los días. Gente estaba siendo cazada como animales. Pero...¿había sido la guerra anterior, como esta?
En ese tiempo existía gente enamorada y habían sobrevivido. Seguramente había un montón de parejas que seguían juntas incluso después de haber atravesado una guerra.
¿Podría ser así para ella y Charlie?
-¿Qué más recuerdas?
-Mmm...recuerdo que una noche nos quedamos solos, Bill y yo. Mamá nos había acostado, debíamos tener como ocho y seis años, más o menos. Papá y mamá iba a iban a ir a una boda y nos iba a cuidar la señora que vivía al lado. Era una bruja que trabajaba en El Profeta. Fred y George tenían pocos meses de nacidos y, aunque no lo creas, eran los bebés más tranquilos de la historia. Así que los llevaron a la boda. Así aprovecharon de presentarlos en sociedad, porque no era cualquier boda, se casaban Lily y James Potter.
-Oh, wow.
-Wow, sí. La cosa es que la señora Cuffe n-
-Espera, ¿Betsabé Cuffe? ¿Gran notera y escritora de los mejores años de El Profeta y hermana de Barnabas Cuffe, editor en jefe de El Profeta en esos mismos años?
Charlie la miró un poco sorprendido e Ignatia no lo iba a culpar. Le había gritado un poco en la cara, pero de verdad había sido sorpresa. Los hermanos Cuffe eran reconocidos dentro del mundo del periodismo. De verdad habían llevado a El Profeta a ser un ejemplo para el periodismo mundial. Y ella había sido seguidora. Cuffe había renunciado años después de la muerte de su hermana, que se decía había sido asesinada por defender su postura anti Voldemort.
-Eh...¿sí?
-Lo siento, eso sólo que...bueno, me pasé parte de mi infancia leyéndolos y admirándolos. Espera –se interrumpió a sí misma Ignatia, sintiendo en las tripas que ya sabía la respuesta a su siguiente pregunta -. ¿Vas a contarme como murió Betsabé Cuffe, verdad?
Charlie suspiró algo nostálgico antes de responderle.
-Parece que sí, amor, lo lamento –Charlie le besó la punta de la nariz, antes de continuar -. Esa noche ella tenía que cuidarnos, a Bill y a mí. Nos dejó acostados, estábamos dormidos. Y, aparentemente, decidió ir a su casa por algo. O quizá algo le llamó la atención y fue a su casa a investigar, no lo sé. Bill y yo despertamos asustados por el ruido de explosiones y gritos. Sabíamos que no debíamos, pero nos asomamos a la ventana del segundo piso a mirar. Había gente tirada en la calle, gente gritando. Explosiones y fuego. La Marca Tenebrosa en el cielo. Fue bastante impactante para dos niños, la verdad. Entonces salió más gente a la calle, a apoyar o a defender a los mortífagos, era difícil decirlo, pero todo se salió un poco de control. La ventana estalló de pronto. Bill dice que fui yo quien lo tiró al suelo antes de que nos estallara el vidrio en la cara, yo la verdad no me acuerdo.
-Dios. Creo que me estoy imaginando perfecto a tu madre llegando a la escena.
-Y yo creo que no. Mi madre tiene carácter dulce, pero es un demonio de duelista.
-Lo sé –le sonrió Ignatia, podía imaginarla perfectamente, cabello alborotado, piel enrojecida de furia, varita en mano... -, por eso digo que la imagino perfectamente.
-Y yo por eso digo que no te la imaginas bien –le respondió Charlie mirando lejos, con una sonrisa triste -. Mi padre nos contó más adelante que habían decidido volver temprano porque los gemelos eran muy pequeños, no porque alguien dio aviso del ataque. Así que puedes imaginar la sorpresa que se llevaron cuando se aparecieron en la avenida principal y se encontraron con una pequeña batalla. Y con las luces de nuestra casa apagadas. Y una ventana hecha añicos. Y con la señora Cuffe muerta en su antejardín.
Carajo.
-Papá dice que mamá no se desmayó sólo porque cargaba a George y podía aplastarlo si lo hacía. Y tú, ¿recuerdas algo?
-La verdad es que no mucho –respondió con sinceridad luego de una pequeña pausa -...recuerdo a mi papá, supongo. Enseñándome la postura adecuada para enfrentarme en un duelo a alguien, cuando tenía como cinco años o algo así. Y que un día llegó la señorita McKinnon con-
-¿Marlene McKinnon?
Ignatia se apoyó en los hombros de Charlie para mirarlo mejor a la cara, sorprendida.
-¿La conocías?
-Eh, no. Pero mis padres la han mencionado muchas veces. Fue Auror y parte de la antigua Orden. Fue asesinada en esa Guerra con su familia.
-Ah, sí –Ignatia se volvió a apoyar en el pecho de Charlie, suspirando -, yo solía decirle tía Marlene. Era muy amiga de mi padre. Ahora que lo pienso, puede que hayan estado juntos en esa época, como pareja. Mi padre llevaba y años viudo y parecían ser cercanos. Ella me dio la noticia de que mi padre había sido asesinado. Luego me llevó donde mi tía Carol, la hermana de mi padre...de verdad no tengo muchos recuerdos de ese tiempo, era muy pequeña.
-Yo recuerdo algo más –retomó Charlie después de un minuto de silencio-. Recuerdo a mamá embarazada, tratando de hacerme dormir. A mí y a Bill. No te imaginas el tamaño de su panza cuando estuvo embarazada de Fred y George. Era enorme, aunque quizá era que yo era bien bajito y pequeño en ese tiempo y todo se veía grande.
Ignatia se incorporó para sonreírle y se acercó a besarlo.
-Ahora no eres nada pequeño – susurró Ignatia contra sus labios.
-Ya sé –le respondió Charlie entre risas después de devolverle el beso brevemente -. Lo has mencionado un par de veces.
Ignatia se sonrojó al escucharlo decir eso y su color tomate volvió a escalar varios tonos cuando sintió las manos de Charlie encontrar camino hasta su trasero.
-¿Cómo estuvo nuestro día? –le dijo Charlie, girándolos a ambos y acomodándose entre las piernas de Ignatia -. El desayuno estuvo buenísimo, pero debo admitir que el postre...el postre fue mi favorito.
Ignatia ni siquiera intentó reprimir el escalofrío que la recorrió de arriba abajo y envolvió las caderas de Charlie con sus piernas, su pulso acelerándose de un segundo a otro al sentir que él volvía a endurecerse.
-¿Qué dices de repetirlo? –le dijo Charlie, moviéndose lentamente entre sus piernas, volviendo a besarla. Un beso profundo y lento.
¿Qué decía ella? Carajo, sí. Eso tenía para decir.
Hola, hooola! Volví a actualizar y avanzar con un par de capítulos, espero que les guste y puedan contarme qué les pareció! Besos!
