Stage 52: Nervios de Sakuradite
Genbu P.O.V.
Estaba de Nuevo aquí, parado como idiota. Observando la nieve que resbalaba por el cristal, imaginando que estaba en mi oficina con la chimenea prendida y quizás un vaso de whisky en mi mano.
Si, era un iluso.
-Cierra bien eso y compórtate-
-¿Desde cuándo tú…?-
-Solo compórtate, Lelouch-
Me giré con un gesto pensativo y resignado. Este tipo de eventos podía volverse usual y desde hoy nuestras vidas darían un drástico giro. No sabía si en buen o mal sentido, solo apostaba porque sería diferente en el momento y forma que las únicas personas con las que alguna vez consulté mis decisiones fueron ms hijos, y quizás Todou. Pero mis hijos eran lo que más importaban entonces, hoy también, pero el futuro del mundo era más grande ahora que un pleito entre Japón y Britannia.
Sin embargo no quería adelantar conclusiones, esto me ponía tenso.
Suzaku abrochaba los últimos botones de la capa de Lelouch y levantaba una capucha sobre su cabeza. Revisaba que todo estuviera en orden, los documentos, los planes de contingencia, nuestra salida de emergencia. Pero Lelouch no parecía verse muy contento por estar siendo reprimido en tantos diferentes sentidos que no hacía nada por su cuenta.
Pero Suzaku había sido muy serio al respecto.
-¿Vienes a Rusia con nosotros? Te sujetarás a mis reglas-
Entonces me quedé callado esperando la contra-respuesta de Lelouch, pero después de largos tres segundos en los que no llegó, comencé a temerme lo peor. Como que Lelouch se había quedado sordo y no escuchaba a su hermano. Cuando asintió de manera leve no supe qué decir o cómo reaccionar ante su pasividad, pero supongo que entre ambos había un motivo que yo desconocía y lo respetaría mientras fuese prudente. No tuve a Gensai sermoneándome cuatro horas respecto a este viaje en vano.
El hombre sabía cómo hacerme sentir culpable con solo ver a mis hijos.
Pero estábamos aquí, no había marcha atrás y el resultado de esta cumbre determinaría un cambio de rumbo en mis planes. Porque no me importaba en lo absoluto que el mundo no apoyara a Japón aún si salieran beneficiados de la destrucción del Imperio. Solo no quería alianzas que pidieran de mi país algo a cambio, o prestado, que yo no estuviese dispuesto a compartir.
-Es hora- les informé a ambos.
Presentí que esto no sería tan fácil como debería ser.
Suzaku P.O.V.
La idea en sí fue de Lelouch.
Quien contactó a todos también fue Lelouch.
Quien logró armar por debajo de la mesa una gran cumbre de áreas y países rebeldes, era especialidad de Lelouch.
Pero vi en su rostro cuando había sido suficiente de enormes planes como para decidir ahora el lugar, la fecha y el protocolo a seguir que solo me arrodillé frente a él y le quité los proyectos de las manos. Al principio estaba renuente, pero no necesité explicarle mis motivos para que obedeciera y descansara.
Así que esta segunda parte de locuras era mía. desde tener que viajar al lugar más frío e inhóspito de la tierra después de los polos. Un lugar donde no podría ser nadie rastreado a menos de que un idiota no cubriera bien sus huellas.
San Petersburgo, Rusia.
Más preciso, el palacio Imperial de la vieja dinastía Romanov.
Diferentes tipos de aeronaves aparcaban de manera precisa por el ancho patio del palacio. Su procedencia no era clara por fuera, pero una vez que bajaban sus ocupantes, parecía que ahora sí todos querían defender su cultura. Al bajar nosotros tres por la rampa, Lelouch suspiró previendo el circo en que esto se convertiría.
Había ya cincuenta países –por lo que podía contar- de los que habían respondido a la convocatoria con su activa participación. Todos bajando de sus medios de transporte con una mirada insegura pero muerta de la curiosidad.
Y no había marcha atrás.
Mi padre nos miró a ambos esperando la última confirmación y yo solo puse una mano en la espalda de Lelouch para que avanzara, saliendo completamente de la protección de nuestra aeronave. Sentí de inmediato cómo mis botas se hundían en la nieve haciendo complicado todo el proceso, pero supongo que lo entretenido fue la maldición de Lelouch.
-Inglés no, Lelouch-nii- reprimí con media sonrisa. Pero al tropezar un poco en la nieve, Lelouch tintineaba. Entonces esa parte se la podría agradecer a mi madre.
Pensé por varias noches en los contras de traer a Lelouch a Rusia a una cumbre anti-Britannia cuando él era un Britannian. Claro que yo no tenía problema con eso, pero seguro los demás no pensaban igual. Y creí que había llegado a un callejón sin salida cuando mi madre ofreció un punto de vista que no había considerado. Por mucho que quisiera defender la idea de que Lelouch era mi hermano y un japonés por adopción, me sería difícil concentrarme en ese tema y en la cumbre al mismo tiempo, por lo cual había que disfrazar su presencia con otro motivo que no fuese el de familia.
Teníamos entonces un carta que a todos les causaba curiosidad y que era una poderosa razón para estar aquí. Diethard Ried había llamado a Lelouch el vidente japonés. Una sensación que le estaba dando la vuelta al mundo como un estratega sin fallos que tenía toda la confianza del país. Ni su rostro ni su procedencia era pública, pero todo el mundo lo quería conocer.
Entonces eso se aunó a las recomendaciones de Gensai sobre mantener a Lelouch cubierto y lo menos expuesto a las temperaturas bajar de ser posible. Mi madre se las arregló en un par de días para conseguir algo que alguna vez creí que solo Milly podía lograr y era cambiar la apariencia superficial de Lelouch.
En sí, botas negras, pantalón y camisa obscura no eran impresionantes. Pero la capa negra, gruesa y larga que había conseguido era de admirarse. Podía seguir siendo simple de no agregarle accesorios, como el cinturón con dijes que colgaba de lado en la cadera Lelouch. O la multitud de brazaletes con kanjis y protecciones los cuales seguro había conseguido en las tiendas de brujería. También le había colgado un medallón en el cuello grande y llamativo con una piedra violeta, al igual que delgadas cadenas con pequeños cristales de un lado de la cabeza de Lelouch.
Nada desentonaba, todo era color plata, pero Lelouch se veía incómodo por el espectáculo que se haría creer a todos cuando sus estrategias no tenían nada que ver con la magia.
Por último yo había usado una de mis bufandas para cubrir su rostro hasta la nariz mientras que la capucha sobre su cabeza se encargaba de obscurecer su cara. A simple vista, nada podía gritar que no era japonés. Excepto quizás el inglés que había estado practicando de vuelta debido a la necesidad de comunicación con todos en esta cumbre. Sus ojos solo demostraban curiosidad y algo de cansancio por la última desvelada que habíamos tenido.
Pero podíamos avanzar con seguridad.
Metí un brazo en su camino cuando estuvo a punto de caerse al tropezar con un banco demasiado grande de nieve, en mi opinión se encontraba muy disperso. Mi padre también observaba el asunto de reojo pero se ahorraba sus comentarios.
-Gracias- musitó Lelouch volviendo a equilibrarse, aunque casi de inmediato comenzó a frotar sus manos entre sí. –Hace demasiado frío- se quejó, pero era divertido que solo sus ojos pudieran expresar el reclamo y dadas las circunstancias, parecía más una súplica que un reclamo.
Con media sonrisa de disculpa pasé una mano sobre sus hombros para seguir avanzando, no estaba seguro que el clima dentro del palacio fuese cálido.
-Si te es insoportable, puedes volver a la nave- sugerí, aunque sabía que eso haría que negara y se volviera a enfocar a lo que veníamos.
Mi sorpresa vino cuando no hubo comentario sarcástico o gruñido, solo una mirada que pesaba en las opciones de mis palabras pero que al final se resignaba a que si ya estaba aquí, al menos debía terminar todo esto. Lo cual no me cuadraba en lo absoluto.
Me detuve en seco, jalando a Lelouch conmigo y mi padre hasta dos pasos después se dio cuenta de que no seguíamos avanzando.
-¿Te molesta algo, Lelouch?- y quizás no había pensado en todas las opciones respecto a su persona. Pero todavía no llegábamos a la entrada así que tenía todo el derecho de abortar la misión si lo creía conveniente -¿O acaso te sientes mal?- la segunda opción de inmediato encendió la preocupación en nuestro padre que se acercó y puso una mano en su hombro.
Pero Lelouch se callaba tanta cosas.
-Es solo el frío-
Comenzó a avanzar de nuevo sin derecho a réplica.
Apostaba porque era algo más grande.
Lelouch P.O.V.
Quizás ellos estaban buscando los pretextos en mi para dar marcha atrás a esto, y quizás yo se los estaba dando. Pero la incomodidad que sentía en la boca del estómago era la certeza del enfrentamiento que se vendría. No solo por estar armando una defensa mundial contra el Imperio, sino la sola idea de tratar de unir culturas tan diferentes en algo que funcionara ya me daba dolores de cabeza.
Veía venir los comentarios.
Veía venir las contradicciones.
No estaba seguro de que esto lograra hacerse una alianza.
Pero había que darle una oportunidad a la idea o continuar el camino lento pero seguro de Japón.
-Tarjetas de identificación-
Había hombres de gruesos sacos negros y armados en la entrada del palacio. Su pose y manera de hablar aunque ruda era necesaria, nadie que no estuviera plenamente identificado podía infiltrarse a la convocatoria y en esto había participado Rakshata.
Mi padre sacó de su saco tres tarjetas sin ningún nombre o marca aparente, pero ese era su cometido. Objetos no identificables que pudieran comprobarse como auténticas identidades sin poner en riesgo a nadie. Rakshata las había desarrollado en un par de días y se repartieron alrededor del mundo por correspondencia, pero con motivos aparentemente inofensivos.
Los escáner que tenían estos hombres les dirían el nombre y la identidad, así como la procedencia y si la persona era o no participante de la reunión. Un requisito único pero importante.
Después de varios segundos, los hombres hicieron una leve reverencia devolviendo las tarjetas y haciéndose a un lado.
-Un placer que haya arribado a salvo, Primer Ministro Kururugi- dijo uno de ellos.
Sentí dos manos en la espalda que me empujaron al mismo tiempo dentro del edificio, y el cambio de ambiente aunque instantáneo, era impresionante.
Caminar sobre un prístino piso de mármol de inmediato aligeró mis pesares en la nieve. Pero la iluminación dentro del elegante recibidor hizo que mis pupilas se dilataran por un par de segundos. Enormes candelabros aparentemente muy viejos colgaban varios metros sobre nuestras cabezas y decenas de lámparas de piso marcaban el camino por los pasillos a los costados. Las paredes estaban repletas de retratos familiares, supongo, ornamentadas en las orillas con detalles dorados.
Justo como el salón de Villa Aeries.
-Wow- Suzaku de inmediato estaba en mi espalda, pero había que bajar de las nubes rápido. Escuché pasos acercarse de frente y mi piel se erizó sin motivo alguno, me maldije a mí mismo por estar reaccionando de esta forma.
Supongo que mis niveles de estrés no resistirían mucho.
Mi padre salió de inmediato entre Suzaku y yo para hacer las debidas presentaciones, aspiré profundamente enderezando mi postura.
El hombre que venía en nuestra dirección era el anfitrión de la cumbre.
-Primer Ministro Kururugi- saludó con una gran sonrisa. El hombre era de complexión gruesa y bastante imponente, recordándome un poco a Yamagata-san. Pero vestía un traje azul marino, hombreras doradas y una cinta que atravesaba desde su hombro derecho a su costado izquierdo de un color azul claro. Cabello aunque poco, era color castaño claro pero también gozaba de bigote y barba perfectamente cuidados.
Su posición era perfecta, relajada pero confiado de estar en su territorio. Llevando con toda naturalidad una plática de conspiración mundial.
-Soy el Zar, Nícolas II pero puede dejarlo solo en Nícolas-
Ambos estrecharon manos de manera fuerte, ¿Por qué demonios me estaba fijando en todos los detalles? Pero antes de que nuestro padre pudiera seguir hablando, la mirada del zar se desvió de inmediato hacia Suzaku con un brillo de reconocimiento.
-Tú debes ser Kururugi Suzaku, el muchacho que facilitó gran parte de esto- celebró el hombre con una mirada sorprendida en todo el sentido de la palabra –Sabía que eras joven pero ahora que puedo verte eres solo un muchacho, de la edad de mis hijos- en ningún momento dijo algo en mal sentido –Maravilloso-
Suzaku hizo una leve reverencia aceptando el halago y estrechando manos con el hombre, pero la atención del Zar no duró mucho tampoco en su encuentro. De inmediato se giró hacia mí con un semblante distinto en sus ojos, que no sabía cómo interpretar.
-Él es…- mi padre quiso intervenir pero con una mano en el aire, el Zar completó la oración por su cuenta.
-El famoso Vidente Japonés-
Decir que odiaba la manera en que atribuían mi lógica y tácticas a cosas sobrenaturales ya era algo molesto. Pero el hecho de expresarlo con tanta parsimonia y asombro solo me recordaba a la corte Imperial y su falsedad. No creía que esta fachada durara por mucho tiempo.
-Perdona mi éxtasis, pero he sabido grandes cosas de ti. De hecho todo el mundo las sabe- aclaró el Zar de manera enérgica mientras se acercaba de manera lenta. –Mi familia siempre ha tratado de rodearse de gente que pueda guiarlos en el camino espiritual, pero desde su último consejero las cosas no salieron tan bien-
La historia de los Romanov tenía un evento trágico.
Con todo el respeto del mundo debía hacer una reverencia al igual que Suzaku, pero no se en qué momento la capa pesaba tanto e inclinarse hacía que el mundo se moviera de manera violenta. Sentí el golpe en mis rodillas conectando con el suelo, pero maldecía al mismo tiempo el momento en que el teatro se acababa.
Sentí a Suzaku de inmediato frente a mí con ambas manos en mis hombros.
-Lo sabía- gruñó haciendo que lo mirara, se veía bastante enojado pero tampoco era momento de pelear. Su bufanda me asfixiaba así que de un tirón la desenredé de mi nariz y la dejé en el suelo. Me llevé una mano a la frente sosteniéndome la cabeza.
-Sígueme colgando tantas prendas- le reprendí a como podía. Pero no era algo que se arreglara tan fácil.
-No estás en condiciones de estar aquí-
-¿Quién decide eso?-
-Muchachos- nuestra conversación a nivel suelo fue interrumpida por nuestro padre que a pesar de mirarse contrariado, el tinte de preocupación que le carcomía internamente era palpable. El Zar parpadeaba confundido a su lado antes de levantar una mano para que alguien de su servidumbre se acercara.
-Trae al doctor, de inmediato- ordenó.
-No- traté de ponerme de pie de inmediato pero fallé, aún así Suzaku se levantó del suelo y con uno de mis brazos alrededor de su cuello logró lo que yo quería. –No es necesario-
La sirvienta se detuvo de manera incierta, pero el contrariado fue el Zar. Mi padre se llevo una mano al rostro para destensar sus músculos, pero me temía que estuviera siendo un estorbo en este caso, así que no sabía si defenderme era lo correcto.
Además las personas estaban llegando, no era momento de dar un espectáculo.
Pero si no sabía de primera mano lo que pasaría el día de hoy, difícilmente podía discernir entre lo rescatable de la cumbre.
Sin embargo los riesgos de ser juzgado solo por ser un Britannian estaban latentes-
¿Quién apagó las luces?
Genbu P.O.V.
Veía venir este problema incluso antes de que alguien me lo advirtiera, porque Lelouch se estaba exigiendo demasiadas cosas contrarias entre si. Cuando se inclinó y perdió el balance fue la confirmación de todo, pero sabía lo que pasaba por su mente al negarse a la atención médica, como era llamar la atención y causar un problema antes de que todo empezara.
Aún así yo no opinaba que esta cumbre valiera tanto como para lastimarlo de esa manera, así que mi decisión estaba tomada y si Lelouch no quería retirarse por cuenta propia, entonces lo haríamos los tres.
Entonces Suzaku lo levantó del suelo con una mano alrededor de su cuello, pero me era visible como Lelouch temblaba. Suzaku también miró en mi dirección con el mismo pensamiento y preocupación en su rostro. Pero esta era mi negativa desde el principio, yo no estaba dispuesto a entregar la integridad de cualquiera de mis hijos por una alianza, así alegara el mismo Lelouch que no pasaría nada.
El Zar me miró de manera confundida pero antes de poder dar mi resolución, Suzaku maldijo alto y claro.
Estaba sosteniendo todo el peso de Lelouch plenamente inconsciente y en un rápido movimiento lo tomó con ambos brazos. Era mi acabose.
-¿Seguro que está todo bien?- por la voz del Zar, por supuesto que dudaba de todo viendo la actual situación. Pero así fuera mi decisión el irnos de inmediato de un lugar tan alejado de casa, tenía que dar una explicación razonable y diplomática.
-Padre, está respirando de manera muy agitada- llamó Suzaku dejando que la preocupación lo carcomiera.
Detuve el tiempo del mundo a mi alrededor ordenando las prioridades a seguir. Bloqueando sonidos, opiniones y lo que se supone tenía que hacer.
Me giré al Zar con una mirada decidida.
-¿Puede traer al médico?-
Prioridades.
Había dicho una vez que de nada servía una guerra, un mundo al cual intentar cambiar si no tenía hijos a los cuales darles esa paz. Así como tampoco me serviría tratar de aliviar el sufrimiento mundial sino podía hacerlo primero con Lelouch.
El Zar asintió de inmediato, pero con todo el respeto que le debía al hombre, también debía darle una buena explicación.
Entonces estábamos en el gran despacho del Zar. Tenía que hablar ciertas cosas con el hombre además de tener a mis hijos cerca y no quería que los mandara tan lejos como a una habitación de huéspedes. Así que el mismo hombre había ordenado que el médico fuese enviado a su despacho en cuanto llegara, pero mientras tanto podíamos intentar solucionar las cosas por nuestra cuenta.
Suzaku puso a Lelouch en uno de los sofá, pero de inmediato comenzó a deshacer las ataduras de su ropa. La capa en primera instancia fue lo que desabrochó con más rapidez, pero aunque para nosotros sería algo más cotidiano, al Zar se lo comían los nervios.
-¿Acaso fueron víctimas de un atentado en su camino aquí? ¿O ha sido envenenado? ¿Quizás es el cambio de altura respecto a Japón? SI, eso puede ser…-
Caminaba de un lado a otro tratando de encontrar una explicación a lo que yo tranquilamente calificaba como el estrés de Lelouch, pero eso no lo podía hacer notar tan fácil. Además habían sido ya varias semanas desde Narita y no hubo descanso en ellas. Si acaso lo que pasó con Asahina ya era bastante malo, Lelouch trató de ignorar el tema lo mejor que pudo centrándose en la cumbre, aplicándole la ley del hielo a Todou.
Me crucé de brazos esperando que Suzaku se deshiciera de la capa, preparándome para la contingencia. Porque a pesar de la preocupación del Zar, era evidente su curiosidad respecto a la identidad de mi afamado vidente. Dudaba que el problema fuese que Lelouch era joven, si no-
-¿Un Britannian?- la sorpresa salió de su boca sin poder contenerse. Suzaku se tensó y miró de reojo en mi dirección mientras doblaba la capa sobre el sillón, pero estaba haciendo su mejor esfuerzo por ignorarlo.
Era mi turno de dialogar.
-Mi hijo tuvo unos recientes problemas de salud- recalqué un poco la palabra girándome por completo para quedar frente al Zar. El hombre reparaba en las facciones de Lelouch todavía algo desconcertado y la efusividad del inicio se veía opacada.
-¿Su hijo?- susurró caminando hacia su escritorio para tomar asiento y yo le seguí, con gran hospitalidad todavía me ofreció tomar asiento frente a él –Perdone, Ministro Kururugi pero no entiendo cómo-
Suzaku y Lelouch eran tan diferentes.
-Adopté a Lelouch cuando tenía diez años, ya que fue abandonado en mi hogar- precisé sin entrar en muchos detalles, pero entonces las puertas del despacho fueron abiertas y un hombre con maletín entró buscando el problema con la sola mirada.
El Zar señaló con la palma abierta en dirección a mis hijos y con una mirada delegué la responsabilidad en Suzaku, seguro podía hacerse cargo.
Entonces volvíamos a nuestra plática.
-Para un hombre que tiene tantos años resistiendo la invasión con tan maravillosas maniobras, Primer Ministro, lo último que podría pensar de usted es que tenga un Britannian viviendo bajo su techo-
-No es la primera vez que escucho eso- le aseguré, aunque su tono estaba muy lejos de las veces anteriores, sin duda la idea no le cuadraba en lo absoluto, pero se veía al menos un poco comprensible. –Pero un niño de diez años no entiende de esas cosas y tampoco tiene por qué cargar la culpa de un Imperio- alegué de inmediato.
Aunque en esa oración ya había dicho una mentira, Lelouch entonces comprendía perfectamente la situación de su pequeño mundo.
El Zar se veía pensativo desviando su mirada cada tanto a donde estaban mis hijos, seguro observando también el comportamiento natural y protector de Suzaku.
-¿Cómo es que eso le ha funcionado?- la pregunta del Zar lo tenía tan confundido que no pude evitar sonreír un poco. Al mismo tiempo que me quedaba pensando en la respuesta.
-Buena pregunta- admití rascándome la base de la cabeza –Admito que al inicio, Lelouch no estaba en mi lista de actos de caridad o familia, de hecho él era el mejor amigo de mi hijo antes de que yo notara su existencia.- El Zar me prestaba completa atención –No fue hasta que Japón resistió el primer intento de invasión que noté que solo era un niño, en medio de un campo de guerra en el cual a nadie le importaba su procedencia, le harían daño por igual-
Remontarme siempre a los momentos en que ignoré la presencia de Lelouch y Nunnally siempre me traía un mal sabor de boca.
-Le di mi nombre, le di un techo, atención. Cuando menos lo noté él estaba en el mismo nivel que Suzaku porque se lo ganó, porque es un buen niño a pesar de ser tan rebelde y sus intenciones siempre son las mejores- siempre por el bienestar de los demás –Tiene una habilidad increíble para desarrollar estrategias y siempre ha buscado utilizarlo en pro de Japón, he ahí su sobrenombre-
Lelouch era muy difícil de explicar a un extraño, sobre todo con su linaje escondido de fondo. Pero tampoco distaba de la realidad mi corta explicación de los hechos y el Zar al menos parecía entenderlo.
-¿Por qué venía tan cubierto?- expresé la incógnita yo mismo –Es mi hijo, pero no es algo que muchos vayan a comprender. Incluso si Lelouch fuese el de la idea de esta cumbre y se haya apoyado de Suzaku para ejecutar todo. Yo no estoy tan dispuesto a formar una alianza con personas que no pueden discernir entre un país y una persona. Yo estaba bien peleando por mi territorio, pero Lelouch quería lograr algo más grande-
El médico carraspeó despertándome de mis pensamientos, pero incluso el Zar brincó levemente sorprendido. Me levanté primero aunque pronto fui seguido, Suzaku seguía montando guardia junto a Lelouch.
-El joven hombre está bien- expresó el médico tomando su maletín –Falto de sueño, de descanso y elevados niveles de estrés, sugiero reposo completo por un par de días-
El diagnóstico lo conocía, nada que no tuviera en mente.
Asentí agradecido de todas formas por una opinión profesional y el Zar despidió al médico diciendo que le pagarían a la salida. Entonces era mi turno de intervenir de nuevo.
-No hay de que preocuparse, Primer Ministro- dijo el Zar una vez que la puerta se había cerrado –De hecho y gracias a lo acontecido, que no es que me alegre- se defendió de inmediato –Pero me hizo despejar ciertas dudas con todo este circo. Rusia es un país duro, cerrado, con sus propios problemas y realmente estaba reticente a cooperar con países que solo quieren ser defendidos por otros-
Eso hubiera sido un problema.
-Pero Japón sacó la casta cuando armó todo esto, y sobre todas las cosas me puede usted demostrar que está comprometido al bienestar de su país y su familia al mismo tiempo. Porque tiene sus objetivos muy bien definidos, así como los límites que no va a cruzar. Eso es un valor que yo buscaba para poder decidirme, y no me importa si tiene un chino de hijo, puede contar con Rusia como un aliado a pesar de lo que resulte de esta cumbre-
Un gran peso se quitó de mis hombros para cuando el hombre había terminado, sobre todo porque el Zar efusivamente nervioso y maravillado había vuelto a su estado anterior y esta vez conociendo mi condición. Suzaku también suspiró de manera audible, un problema menos por sortear pero había otros ya en puerta.
Me acerqué a mis hijos debatiéndome en lo siguiente. No había forma en la que Lelouch pudiera estar presente en su condición, pero no quería dejarlo solo.
-Los políticos apenas llegan, eso todavía nos da una hora para comenzar todo. Hasta entonces puedo mandar a uno de mis sirvientes por usted si lo que necesita es tiempo- sugirió el Zar encaminándose a la salida y me vi agradecido por la oferta –También puedo ofrecerle una habitación y eso es más cómodo- sonrió.
Asentí a todo sin saber qué decir.
Quizás esta vez solo estábamos teniendo suerte.
Sin embargo retrasar el problema no servía de nada. Lo inevitable de esto era que la hora llegaría y debía decidir lo que tenía que hacer, viéndome tentado a mandar a Lelouch con Rakshata. Después de todo había insistido en traer el Guren y el Lancelot a Rusia en caso de contingencia. Siempre cubriendo todos los ángulos, pero la científica India estaba en un hotel a las afueras del Palacio Imperial.
-Está bien, no es nada grave pero quisiera evitarle la tentación de participar- hablé con ella poniéndola al tanto de todo.
-Primer Ministro, si usted cree que puedo retener ese demonio entonces iré por él. Pero no creo que Luciano quiera perderse el evento que él mismo armó-
-Yo tampoco lo creo, pero debió haber seguido mis reglas para poder estar presente- argumenté.
-Entonces solo ordene-
-Te llamaré en quince minutos- colgué, pero ese era el problema. Temía que Lelouch hiciera hasta lo imposible por volver y las opciones se quedaban cortas. Además no me perdonaría alejarlo de esto ya estando en San Petersburgo.
-No decidiste nada- apuntó Suzaku con media sonrisa burlándose de mi situación, estreché los ojos semi-molesto, pero es que estábamos hablando de Lelouch.
Ni siquiera daba indicios de despertar, pero estando sentado en la orilla de la cama, inevitablemente se había acercado todo lo virtualmente posible y terminé tomando una de sus manos. Estaba infinitamente más helado que un invierno normal en Japón y la cantidad de cobijas que tenía encima solo lo mantenían en la inconsciencia.
-Pienso que deberías quedarte tú con él- le comenté a Suzaku que no se vio tan sorprendido porque seguro pensaba igual, solo que la idea no le gustaba mucho –He lidiado con políticos antes, no hay nada que me pueda sorprender-
Suzaku se rió con el fondo de su garganta.
-Solo con los políticos del país- argumentó.
-Y Schneizel- comenté de inmediato, eso debía darle confianza.
Pero como si hubiese invocado al mismo demonio o al menos algo que se le parecía, Lelouch despertó de un salto levantándose de manera inestable, mirando en todas direcciones entre dormido y confundido. Parpadeó todavía un par de segundos tratando de quitarse el sueño de encima, pero su cerebro no ordenaba prioridades.
-¿Alguien dijo Schneizel?- se quejó tomándose la cabeza con una mano, entonces se dio cuenta de dónde estaba su otra mano y trató de soltarse de inmediato, me aferré a la punta de sus dedos y me miró feo.
-Tu subconsciente te traiciona, Lelouch- comenté con media sonrisa y se puso rojo, pero de inmediato desvió la mirada.
-Esos chistes en medio de una reunión como esta no son…- detuvo sus palabras pensando en lo mismo que decía y miró a su alrededor, sin duda no estaba pensando en tiempo y forma, pero sabía cómo habíamos llegado a esto. –Oh no- gruñó.
-Oh si- comentó Suzaku cubriendo su entretenimiento, parecía disfrutar el sufrimiento ajeno –Lelouch, rompiste una de las primeras reglas de Gensai y créeme que yo no estoy dispuesto a ser regañado por tu culpa- comentó Suzaku poniéndose de pie y ajustando su traje. –Así que tus actividades quedan canceladas-
Lelouch protestó de inmediato.
-¡No he hecho nada!-
-Claro que no lo has hecho, ni siquiera has estado consciente-
-¡Estás siendo injusto, Suzaku!-
-¡No vamos a volver a pasar por esto, Lelouch!-
-Silencio los dos- solté la mano de Lelouch y me paré entre ambos. Creo que ahora encontraba la explicación al sarcasmo y la risa de Suzaku, era la manera en que sus nervios estaban actuando pero tampoco podía ser posible que se tratara de equiparar con Lelouch. Con un hijo sarcástico tenía suficiente.
Le ordené silencio a Suzaku con una seña y solo se giró apuñando sus manos. Lelouch por otro lado se giró a la ventana sin decir más, oh ahora tenía que lidiar con esto.
-Váyanse- Lelouch ordenó.
No era momento para esto.
-Qué estoy diciendo- recapacitó de inmediato, pero entonces comenzó a tirar las cobijas y a ponerse de pié –No llegué hasta aquí para esperar un informe de resultados ¡Para eso solo me hubiera quedado en Tokyo!-
Esta tampoco era mi idea de solución.
Lelouch solo se metió los zapatos y comenzó a caminar a la salida con la capa en su brazo, pero Suzaku entonces se giró y de un movimiento subió a Lelouch sobre su hombro.
-Claro que no vas a ningún lado- se giró mi otro hijo con Lelouch pateando y golpeando, al menos hasta que llegó a la cama y lo tiró sobre el colchón de nuevo.
-¡Suzaku!- Lelouch estaba rojo y no tenía aire, tratando de procesar lo que había pasado. Aún así intentó levantarse de nuevo y Suzaku lo sentó con las dos manos en sus hombros. -¡Déjame ir!-
-No-
-¡Fue suficiente!- intervine separándolos por completo.
Suzaku aún así no parecía querer hacerse cargo de nada o escuchar lo que tenía que decir ya que salió de la habitación sin mirar atrás una sola vez. El golpe de la puerta solo indicaba el nivel de enojo que se cargaba y sin duda dejarlo andar en ese modo cuando cualquier persona podía hacer un comentario mal intencionado sobre Japón, haría que la guerra explotara aquí en Rusia y no contra Britannia.
Pero Lelouch también-
Escuché el movimiento de las sábanas y Lelouch se había recostado de nuevo, cubriendo su cabeza y girándose hacia la ventana. Quería arrancarme el cabello en frustración, estas cosas no habían pasado tan seguido cuando los dos eran niños. No entendía por qué tenía que lidiar con esto yo solo y en un país extraño.
-Hijo, vuelvo en unos minutos por favor tranquilízate-
No sabía que más decir o hacer para arreglar esto, tampoco sabía lo que haría con Suzaku cuando lo encontrara, pero debía comenzar a actuar ya.
Salí de la habitación sin recibir respuesta o un solo sonido que me dijera que Lelouch aceptaba mi condición.
Necesitaba ya una pastilla para el dolor de cabeza.
Lelouch P.O.V.
Creo que Suzaku se estaba tomando en serio su papel y eso no cuadraba con mis deseos. La idea de retroceder solo porque él lo consideraba de esa manera no estaba en mis planes para Rusia y lo sabía muy bien. Aceptar sus condiciones de viaje y otras cosas solo fue para dejarlo callado y contento con todo.
Sin duda me atrasó y me dejó parado en la incertidumbre el no planear personalmente todo esto, pero confiaba en que Suzaku hiciera un buen trabajo, y así lo hizo. El problema era ahora que me dejara actuar.
Me sentía de vuelta como cuando empezó toda la rebelión en Japón. Nadie confiaba en mi palabra, me veían como un adorno en todos lados y quien me llegase a escuchar solo me ignoraría. Aunque jamás pensé que Suzaku entrara en esa lista de personas, ahora no era el mejor momento para también cuidarme de él. Yo carecía de fuerza y él la usaba de manera bruta.
Cosa que también podría brincarme.
Tan solo mi padre salió de la habitación, me levanté de nuevo y me puse los zapatos con premura. Según mi reloj, la reunión no tardaba en comenzar y si me quedaba fuera no se los perdonaría en largo tiempo. Tenía muchas cuentas con cobrar con ellos después de todo, pero esto sería la gota que derramó el vaso.
El mayor problema quizás era encontrar el camino correcto a… donde sea.
Al salir de la habitación miré largos pasillos hacia ambos lados. Pero estos a su vez tenían otros pasillos y puertas enormes que podrían ser o no una falta de respeto de abrir la equivocada.
Me mordí el labio inferior, la temperatura volvía a descender.
Entonces decidí que caminar era mejor a quedare parado pensando y comencé a recorrer los pasillos en busca de una sola persona de la servidumbre. Supongo que su ausencia debía decirme que donde estaban siendo más de ayuda era en un área ajena a la que yo recorría y por eso seguía lejos del lugar de la reunión.
Al menos hasta que escuché voces haciendo leves ecos, pero llamándome en una dirección concreta. Pronto se hicieron más claras y supuse que estaba llegando al centro del palacio ya que podía ver unas escaleras al final del pasillo. Apremié el paso un poco más, pero fui detenido en seco por algo.
Un jalón de mi capa que me hizo trastabillar hacia atrás, pero una mano que me detuvo de inmediato tomándome del cuello, golpeando mi espalda contra la pared. Cerré los ojos ante el impacto, pero al abrirlos no entendía el motivo del ataque.
Un hombre de basto cabello negro peinado de manera perfecta hacia atrás, uniforme militar, cicatrices en el rostro y una medalla con la bandera alemana me miraba de manera asqueada.
-Cayó el primer espía- susurró de manera peligrosa apretando más sin darme espacio para respirar o responder. Con ambas manos traté de quitármelo de encima pero era imposible. –Maldito Britannian…-
Si su idea era asesinarme, lo lograría muy pronto.
O ya lo había logrado.
Genbu P.O.V.
Suzaku no era difícil de encontrar, la gente simplemente susurraba y comunicaba muy bien la presencia de todos y en qué lugar estaban. Japón como país presidente de la cumbre era más que resaltante entre todos, sobre todo viejos políticos, militares y demás celebridades mundiales. Así que la gente trataba de establecer una plática con Suzaku, cosa que no lograrían en su estado de enojo profundo.
Que al final solo era preocupación excesiva.
-Estás espantando a todos- mencioné al acercarme a él, estaba parado junto uno de los ventanales que daban hacia el patio con un ceño fruncido de manera tan profunda que podría romper el cristal con la mente.
-No soy una compañía sociable en este momento- mencionó sin relajar su postura o mirarme directamente. Suspiré de manera cansada, tenía que arreglar la mentalidad de mis hijos en un tiempo record.
Me paré a su altura mirando nada en especial a través del ventanal, pero debía tocar le nervio correcto de manera limpia y con Suzaku no era muy difícil averiguar el motivo.
-Sabes, estar enojado con Lelouch no le ayudará en nada. De hecho creo que contrariarlo solo le da más armas para actuar a espaldas tuyas- y las mías, eso lo había aprendido muy bien.
Suzaku trató de enojarse aún más apretando sus brazos pero no podía seguir fingiendo una emoción por otra, mucho menos por lo que le había dicho.
-¡El simplemente no me va escuchar!- se quejó en un susurro rompiendo su posición.
-Lo sé- asentí.
-¡Y tampoco le importa lo que le pase!-
-Eso es obvio-
-¡¿Cómo demonios puedo ayudarlo si no me deja?!-
-Cuando encuentres la respuesta, podría comunicármela- sonreí de manera leve, haciendo que el enojo de Suzaku se esfumara por completo.
-Tu lidias con Lelouch de manera perfecta, padre. Obviamente tu sabes cómo- se quejó levemente poniendo uno de sus brazos en el cristal y pegando su frente para enfriar sus ideas.
Me encogí de hombros bastante contrariado.
-Lelouch no es una persona en la que puedas aplicar una estrategia- admití de manera pensativa –Porque sabes tan bien como yo, que no le podemos hablar de estrategias al que las aplica todas y sabe sus fallas, así como sus soluciones y escapes-
Suzaku torció la boca confundido y procedí a dar mi punto de vista.
-Si voy a tratar un problema con Lelouch, me guío en la manera en que vea su condición del momento, y como él trate de responder o protegerse de lo mismo. De manera espontánea, directa y sin tratar de evitar lo más obvio, que es expresarle una preocupación por su persona o sus problemas-
Me sentía merecedor de un nobel por mi gran descubrimiento en una persona tan complicada. Suzaku se rio pegando por completo su rostro al cristal, sin duda comprendiendo mi punto de vista, pero al mismo tiempo un poco miserable por hacer las cosas de manera un poco ruda y nada ortodoxa.
-Ahora, si comprendes tan bien como yo el problema que tenemos entre manos, debes hablar con Lelouch- sugería y tenía que ser de inmediato, el salón en el que hablábamos se llenaba de personas.
Suzaku asintió pasándose una mano por el rostro y yo le di un leve apretón de hombros, pero cuando nos girábamos, las personas se hacían a un lado dejando pasar a alguien que parecía tener prisa. Entre murmullos y exclamaciones de sorpresa no nos dejaban ver la causa del alboroto.
-¡Yo he descubierto al espía!- un hombre comenzó a gritar y eso llamó mi atención de inmediato. Con el sistema que Lelouch había implementado era casi imposible que alguien se infiltrase.
Entonces las personas comenzaron a juntarse más alrededor del portador de noticias y se escuchó que tiró algo al suelo. Sin duda una persona, Suzaku comenzó a abrirnos paso para tratar este problema. Pero la realización cayó de manera diferente en mi estómago con solo dos palabras.
-¡Un Britannian!-
Millones de veces había escuchado esa expresión.
Aquí acababa la diplomacia.
Como se menciona en Piratas del Caribe III:
"Esto es un circo"
"Así es la política", Jack tenía toda la razón y fundamentaremos su teoría en el siguiente stage :D ¿Quienes se aliarán? ¿Quienes no? ¿Siquiera llegarán a tener cumbre?
Racismo vs racionalismo.
any
