Lo sé, lo sé...tardé un poco más de lo normal pero vamos denme un respiro. Un par de semanas ajetreadas que me recordaron lo que me gusta hacer y que no debo tortura TANTO a Lelouch, pero esto aligerará el lúgubre ambiente de NR, auque prometo más miel después de esto y luego aquello que los hará sufrir :D

Sin más preámbulo, any suzuki en facebook y Nippon para ustedes!


Stage 57: Ya era hora

Genbu P.O.V.

Estaba tratando de secar mi cabello, o lo que quedaba de mi cabello, cuando la puerta de la oficina fue abierta. No hubo previo aviso y definitivamente podía haber estado haciendo cosas peores pero cualquier reclamo murió en mi boca por la imagen que se hizo presente. Todou entró con Lelouch sobre su hombro y lo dejó caer en una de mis sillas de manera nada ceremoniosa.

Mi hijo estaba tan rojo que creí lo peor de primera instancia, pero cuando se cruzó los brazos y desvió la vista hacia el suelo, solo dejé que la confusión reinara.

-¿No se supone que ibas a dormir?- fue la única pregunta cuerda que podía hacer dada la situación, pero el color en el rostro de Lelouch se profundizó y evitó cualquier contacto visual directo.

Entonces miré a Todou y había la más leve sonrisa de satisfacción en su rostro dándome una leve idea de lo ocurrido. Pero seguía sin entender qué tenía que ver yo en todo esto.

Lelouch hizo el intento de levantarse de la silla pero Todou lo sentó de vuelta con una mano en su hombro, mi hijo resopló molesto y yo no estaba seguro de qué hacer para ¿Actuar de intermediario? ¿A favor de qué?

-Tenemos algo de qué hablar- intercedió Todou olvidando a Lelouch por un par de segundos y levantando su vista en mi dirección. La oración aunque me resultaba un poco incómoda, era necesaria.

Es decir, teníamos ya tanto tiempo ignorándonos, trabajando el doble por gusto, poniendo en peligro a nuestra familia que era realmente estúpido seguir tentando nuestra casi nula suerte por algo que era mi culpa. Y su culpa en otro porcentaje igual, pero lo que contaba al final era que ambos habíamos explotado sobre el otro cosas que quizás no queríamos decir de la manera en que las dijimos porque la preocupación tomó lo mejor de nosotros.

Y hoy no estábamos para juegos ya, después de Rusia me daba cuenta de que Britannia tampoco esperaría a que resolviéramos nuestros problemas. Mañana podríamos morir y no me agradaba la idea de que fuese peleado con una persona que me había apoyado en la medida de lo posible la mayoría de mi vida.

Así que me tragaría mi orgullo por un momento y actuaría como el hombre que era.

-Lelouch puedes retirarte- declaré ante la incomodidad de mi hijo que saltó de inmediato de la silla y sin perder tiempo se encaminó a la puerta. Todou esta vez no había opuesto resistencia y cuando esperaba que me diera un buen motivo para que Lelouch estuviera presente, solo se rió de manera profunda al verlo desaparecer en tiempo record en el pasillo.

Quizás habían arreglado algo entre ellos.

Bien, Lelouch también necesitaba otra persona además de mí si de esta guerra resultaba lo peor y no había mejor persona que Todou para el puesto.

-¿Debemos hablar lejos de mi pequeño bar?- comenté mirando de reojo las botellas nuevas en el anaquel, Todou asintió y suspiré aliviado.

-¿Qué tal un encuentro de kendo?-


Lelouch P.O.V.

Creí por un segundo que Todou-san delataría la frase que salió de mi boca por error –en un 50%-, porque definitivamente tenía un gran problema con sus maneras de crear y arreglar conflictos, que era inevitable que hartaran a cualquiera. Pero después me di cuenta de que solo había sido utilizado para abrir el tema –viejos descarados- y que no necesitaban más de mi presencia.

-Lelouch ¿Sigues refunfuñando?- Suzaku apretó el vendaje haciéndome sisear pero supongo entonces que no era la primera vez que me llamaba, Nunnally se rió de pie junto a nosotros y se cruzó de brazos.

-Onii-sama está preocupado por su castigo- aclaró con un brillo malvado en su mirada.

Claro que les había contado lo que había pasado y ambos concordaron al menos con que era la mejor manera de describir la situación, pero eso no quitaba que era yo quien se había metido en problemas y a pesar del resultado seguro encontrarían una manera de vengarse.

-Ya era hora de que se arreglaran- remarcó Suzaku con un tono amargo que no me pasó desapercibido. Pero supongo que quien tuvo que ser más responsable por todos nosotros había sido él, ya que yo no podía hacer nada. Me encogí de hombros dando por pasado ese tema, solo esperaba que las cosas volvieran a la normalidad.

-Eso no explica las acciones de Todou, pudo haber causado algo grave-

Olvidaba que la madre de Suzaku también se encontraba en la habitación mientras se aseguraba que yo atendiera mi pie o de lo contrario apresuraría una visita de Gensai. Suzaku tenía algo de experiencia con lo de las vendas y se había ofrecido sin preguntar, pero lo incómodo de esta nueva situación era que nos estuviésemos tomando todo con calma.

Y el papel que Mei Sumeragi estaba adquiriendo aquí.

-Es el nivel de tacto que tienen ambos hombres- argumenté a favor de nadie y moví mi pie una vez que Suzaku había terminado. Al ponerme de pie y no encontrar mucha molestia, miles de ideas pasaron por mi mente.

-No vas a ningún lado- reclamó Suzaku, leyendo mis intenciones a la perfección.

-Solo a la base, tengo que rectificar unas cosas con Rakshata- y nadie me diría que no. Debía volver a ser ese tipo de persona que no recibía órdenes y no posponía sus planes solo porque alguien más no estuviera de acuerdo, si era necesario se hacía y ya.

Como un príncipe egoísta. Como el vencedor de la batalla que se avecinaba.

-Ponte un saco y lleva a Gottwald contigo- ordenó Mei Sumeragi.

-Si señora-


Lo curioso al final era que había obedecido ambas órdenes. Mientras aseguraba mis manos dentro de los bolsillos de mi saco, Gottwald me seguía de manera incómoda mientras nos adentrábamos en la base. Quizás hubiese preferido traer a alguien menos llamativo, genéticamente hablando, pero si la idea era reincorporarme un poco a las viejas mañas, no me detendría a esperar a una de las cuatro espadas.

O tres espadas. . .

-Gottwald- comenté levemente sin detenerme para hablar, tenía la atención inmediata del otro hombre -¿Sabes que fue de Asahina?- la duda me había estado molestando desde que definitivamente el hombre ya no estaba en el grupo y los otros tres no sabían cómo rellenar ese hueco. Además la incomodidad de no ser al menos cuatro personas como siempre, los hacía sentirse un poco vulnerables.

Jamás quise que eso pasara, pero supongo que también le había dado demasiadas oportunidades a Shogo.

Cuando Gottwald no contestó después de un par de segundos, lo miré de reojo sin detener mi paso. Evaluando las posibilidades de que supiera y no me quisiera decir nada, o que realmente ignoraba lo que había pasado con el otro hombre. Pero yo me fui a Rusia con Suzaku y mi padre, las espadas se habían apostado en el templo y dudo que algo de esa magnitud se le hubiese escapado a Gottwald si yo había resultado victimizado en el proceso.

-Solo desapareció- comentó con un tono amargo y decepcionado ¿La impotencia de no haber participado en la venganza? –Las espadas se ausentaron medio día de su guardia en el templo y para cuando regresaron, era obvio que habían resuelto el asunto. Sumeragi-sama tampoco dijo nada al respecto, aunque supongo que debe saber un poco más que yo-

Suspiré de manera cansada, la duda me seguiría carcomiendo un par de días.

-Aunque dudo que su padrino solo lo haya dado de baja de sus filas- agregó al final poniendo esperanza en que Todou-san hubiese hecho algo que redimiera un poco las acciones de Shogo.

Inútil, desde mi punto de vista a estas alturas y después de tanto tiempo. Además quien debía tener la culpa por dejarlo llegar tan lejos era yo. Que hayan descubierto el hilo negro no significaba que no estuviera ahí antes.

Pero hablando de hilos y venganzas por cobrar. . .

Llamé a la puerta con un par de golpes.

-Adelante-

Si Yamagata-san hubiese sabido quién estaba del otro lado, no me hubiese dado el paso tan fácil.

Lo demostró perfectamente su cara cuando palideció un poco como si observara un muerto y el bolígrafo en su mano se resbaló.

-Me siento halagado- comenté enarcando una ceja y entrando por completo en la oficina. Sentí el titubeo de Gottwald sobre si pasar o no, pero supongo que esto era realmente personal y un segundo britannian intimidando no resolvería mis conflictos con este hombre. Le hice una leve seña y se hizo hacia atrás en el pasillo con una leve reverencia, cerrando la puerta tras de sí.

-L-Lelouch no deberías…-

-¿Estar aquí?- interrumpí tomando asiento frente a la gran mesa del hombre y cruzando una pierna sobre la otra, después de eso solo desvié mi vista hacia la ventana de manera pensativa. –La verdad venía con Rakshata, pero luego me acordé que no tengo permiso militar para andar por la base…- me miré las manos por primera vez con la luz del día y fruncí el entrecejo un poco por el desastre que eran, no había traído mis guantes, entonces retomé el hilo de mi chantaje –Así que venía por una especie de ¿Constancia?-

Yamagata-san seguía sin recuperarse de la primera impresión, pero se veía lo suficientemente incómodo para reaccionar una vez que yo me callé.

-Sabes que no necesitas eso, Lelouch- respondió de inmediato bajando la vista y fingiendo buscar un papel para darme. Lo que sea para deshacerse de mí. Sus manos temblaban mientras movía los folder sobre su escritorio y rebuscaba en los cajones una simple hoja blanca que le sirviera.

Enarqué una ceja tomando el tiempo que le llevaría darse cuenta de que mi visita no era un permiso verdadero. Podía tumbar la reja de entrada con el Guren si así lo deseaba, pero mi visita sí tenía un par de motivos atrasados que no me perdonaría dejar pasar por más tiempo.

-Yamagata-san- musité. El hombre levantó un dedo sin mirarme directamente para que le diera un segundo. Suspiré sabiendo que negaría que ya sabía por qué estaba aquí hasta cansarse, pero yo no gozaba de tanto tiempo con Suzaku amenazando en pasar por mi en menos de dos horas. –Lo perdono- declaré.

El hombre cerró con más fuerza de la necesaria el cajón de su escritorio y me miró atónito. Mis palabras eran demasiado frívolas para ser verdad, de un inicio, pero necesitaba llamar su atención en el sentido correcto e iluminarlo al mismo tiempo sobre mis intenciones. Sonreí de manera inocente cuando tenía su completa atención, finalmente se dio por vencido.

-Al fin- suspiré yo también deshaciendo la posición de mis piernas y jalando la silla más cerca del escritorio. Yamagata-san fijó su vista en mis manos y las quité del escritorio con un carraspeo -¿Me va a seguir ignorando? ¿O en serio tengo que buscar a Sawasaki que dicen que está en Britannia por motivos que desconozco y entonces le pregunto amablemente qué le ha dicho a Scheneizel?-

El ministro de defensa se puso pálido de solo pensar en la posibilidad pero tampoco era un hombre de muchas palabras ya. Creo que esta plática llegaba en el momento adecuado.

-Y de una vez le advierto que no tengo respeto alguno por el nivel de secreto que mi padre o Todou-san hayan puesto en el tema, me deben más de una y no toleraré más traiciones a mi ya frágil confianza en figuras adultas japonesas- me crucé de brazos apoyando mis palabras, aunque eso era algo obvio para la mayoría. Quería las respuestas que tenía atrasadas y las quería ya.

El problema era que el tercer hombre que podía dármelas, solo me evitaba como la peste.

-Lo perdono por no decirme lo que Sawasaki estaba haciendo, lo perdono por infiltrar puristas al ejército y corromper el código que traté de formar tantos años- aseguré si eso resolvería nuestro conflicto más rápido, lo hacía con los otros dos hombres –También por entregarme en Britannia…- suprimí un escalofrío involuntario y continué –Por seguir ignorándome cuando regresé a japón y causar que ambos quedáramos envueltos en un golpe de estado con Schneizel, por abandonarme en el mismo golpe de estado con Schneizel- comencé a enumerar con mis dedos –Por renunciar a su puesto y aceptar la derrota, por esconderse del mundo y no haber logrado mucho hasta ahora para reparar el daño…- sentí mis cejas juntarse con algo de preocupación pero aún así continué.

-Por aceptar mi baja del ejército aún cuando yo no tuve oportunidad de decir nada a mi favor- finalicé con amargura en mi voz pero solo siendo una exageración para concluir la lista de manera dramática. Entonces pensé -¿Sabe qué? Estoy haciendo una oferta muy generosa al perdonarlo por todo eso sin mucho esfuerzo- comenté mirando hacia el techo, no quería ponerlo incómodo con mis miradas de poca paciencia. –Entonces debe considerarse afortunado y me puede devolver el favor de inmediato- sonreí.

Pero contrario a lo que esperaba, si bien los ojos de Yamagata-san estaban abiertos en completa sorpresa por todo lo que yo había enlistado y que no tenía precisamente ensayado, no había otra reacción que no fuera una leve sonrisa de ironía en su rostro. Muy desconcertante para mí ya que esperaba que me diera la información que necesitaba.

Ya.

-¿Estas chantajeándome, Lelouch?- preguntó todavía sin borrar la sonrisa de su rostro pero pasada ya la sorpresa. No sabía si asentir, o no. -¿Tan poco quieres a cambio por tanto?-

Era mi momento de sentirme incómodo, pero supongo que le había dado más pensamiento a sus traiciones que yo. A mi no me costaba nada el perdonar a alguien que estaba obligado a cumplir con las órdenes de un ser como Sawasaki, porque al final pude seguir a pesar de él. Pero en la mente de este hombre sin duda pesaban otros horrores que yo no estaba tomando muy en serio y para él era un luto doloroso.

-Nunca le guardé rencor por nada- cambié mi tono de voz y enderecé mi postura, pero no podía sostenerle la mirada –Bueno, quizás un momento en Pendragón, pero es lógico-

Entregarme en medio de la desgracia al emperador, fue un golpe bajo.

-Aún así de nada me serviría guardarle rencor por algo que no me..-

-Lelouch-

-Digo, sigo aquí y espero poder terminar esta guerra algún día para..-

-Lelouch…-

-Pero para eso debo hacer las paces con todo Japón y unirlo con un mismo objetivo que…-

-Tienes una gran cicatriz por mis acciones-

Me detuve en seco, pero no levanté la vista en ningún momento. Tenía en mente que esta plática no solo sería difícil para el hombre, sino que también trataría de conciliarme a mí mismo con cosas que solo había dejado pasar como una simple gripa. Al darme un baño podía sentir mis dedos trazar la cicatriz que había tomado la forma perfecta de Britannia. Al cambiarme frente al espejo podía verse como un dibujo bien cuidado y hecho con el propósito de enorgullecerme del Imperio.

Era humillante, ser marcado como ganado.

Pero-

-Mi clara ascendencia Britannian es un rasgo que no puedo ocultar- musité volviendo un poco mi vista hacia el frente, Yamagata san ahora sí reflejaba una culpa extrema por abordar el tema. –Mi piel, mi cabello, mi acento. No es algo que vaya a cambiar-

-Lelouch no sabes cuánto siento todo eso…- comenzó el hombre y yo solo lo imité levantando una mano para que me dejara continuar. Realmente necesitaba expresar la conclusión a la que había llegado conmigo mismo y quizás me serviría para desahogar tanta desesperación.

-Como dije, son cosas que no voy a cambiar y supongo que no tendría por qué avergonzarme de ellas. Nací en Pendragón, Britannia. Soy hijo de uno de los hombres más malvados de la historia, genocida y cruel. Pero yo no soy ese hombre y ser su hijo de sangre no me hace igual a él- sostuve mi mirada esta vez y Yamagata-san tragó gordo. –La marca que tengo en mi costado es una cicatriz de guerra como muchas otras-

-No me hace propiedad de nadie, no soy como mi padre y definitivamente no me van a conocer por mi lugar de nacimiento…sino por dónde decida morir y junto a quien-

-Lelouch-

Para cuando finalicé, el ministro de defensa estaba algo nervioso. Quizás fui algo intenso con mis declaraciones o era el hecho de que me faltaba algo de aire, pero no importaba si al final había quedado clara mi postura. El hombre levantó ambas manos en señal de rendición pero antes de permitirme una sonrisa, aclaró:

-Aunque me alegra saber cómo piensas al respecto, muchacho. Yo no busqué tu perdón en ningún momento porque no lo merezco ni lo necesito para continuar con mis métodos de redención. De hecho, si tú expresabas un conflicto conmigo o incluso odio, yo estaba feliz por eso ya que mis acciones no merecían menos. Así que no acepto tu disculpa ni la aceptaré en un futuro cercano-

Parpadeé confundido.

-En cuanto a las respuestas que quieres, supongo que las puedes encontrar por tu cuenta. Nadie te ha prohibido la entrada a ninguna base hasta donde yo sé y dudo que con la amenaza que crece a diario en Britannia, alguien se atreva a negarte algo a ti-

Miré mis rodillas.

Esto no estaba yendo de acuerdo al plan.

Por fortuna alguien llamó a la puerta y pensé en Gottwald de inmediato, pero el hombre no interrumpiría una reunión como esta sabiendo lo importante que era para mí. Me probé en lo correcto cuando un japonés de postura rígida y traje negro entró. Su rostro quizás me era familiar pero bloqueé los sonidos tomando unos segundos para comprender lo que había pasado.

Como que Yamagata-san no me había dejado hacer nada.

Digo, esto me había pasado con las espadas temprano y con Todou-san, pero no esperaba que un hombre con el nivel de culpa del ministro de defensa, pudiera evadirme e incluso terminar semi-regañado. Algo no andaba bien para que estas personas estuviesen actuando de esta forma o no me estaba dando cuenta de otro motivo importante.

Lo que sea lo discutiría con Suzaku después, el parecía parte del complot.

-… solo necesito que firme los permisos de entrada para que todo transcurra de manera legal. Fue de las últimas órdenes que se dieron y en el edificio no queremos problemas-

-Antes no era necesaria toda esta formalidad-

-Antes no vivíamos con esta amenaza de guerra-

Salí de mis pensamientos acariciando levemente mi sien. Lo que sea que hubiese provocado esta reunión, también era un tema tan trivial que ya se había acabado. Así como el hombre del edificio de relaciones exteriores entró, se fue dando por terminada su tarea. Me enderecé una vez más en la silla y Yamagata-san me observó de manera profunda.

-¿Sabe Genbu que estás fuera del templo?- preguntó con sospecha en su voz.

Una de mis cejas saltó de su lugar.

-No creo, está reconciliándose con Todou-san…- o al menos eso esperaba. La boca del otro hombre formó una pequeña "o" mientras asentía dando por buena la noticia.

-Espero que no me causen más problemas- aseguró volviendo a sus documentos. Supongo que también era mi momento de salida, después de todo era un civil con pase libre dentro de las bases.

Aunque-

-El hombre que acaba de salir- comenté haciéndome hacia adelante en la silla, llamando la atención de Yamagata-san -¿No era parte de la oficina original de Sawasaki?- los cabos se unían lentamente.

El ministro de defensa asintió sin darle importancia inmediata, pero segundos después se dio cuenta de la pregunta escondida en mi inocente cuestionamiento.

-Lelouch- me advirtió.

Pero yo ya estaba de pié despidiéndome con una sonrisa tan falsa como las buenas intenciones de mi madre.

-Muy amable, Yamagata-san-


Entonces Gottwald se puso en alerta por mi repentina salida. Esperaba que me llevara horas dentro de la oficina del militar pero poniéndolo al tanto de la infructuosa reunión que había tenido, solo enarcó una ceja bastante contrariado antes de sonreírme levemente con simpatía.

Todos estaban actuando de una manera extraña.

Pero siendo el soldado entrado y observador que era, no le tomó mucho poder iluminarme en mi segunda misión del día. Para nada planeada pero con posibles resultados más satisfactorios.

-¿En qué dirección se fue el hombre que acaba de salir?-

Hubo que correr algunos metros y alcanzar al hombre cuando se subía a un taxi que esperaba fuera de la base. Pero abordar el mismo taxi con el arma de Gottwald en el estómago del hombre mientras se sentaban atrás, fingiendo un aventón y dirigiéndonos a un lugar más privado, fue sumamente sencillo.

Solo cuando las paredes silenciosas y vacías del museo en la torre de Tokyo nos cobijaron, Gottwald sabía con una sola mirada mía cuál era el plan y por qué la necesidad de tan poco público.

No me gustaba en lo absoluto, pero era necesario.

-Lelouch Vi Britannia te ordena…- el hombre ya espantado se rió ante mis palabras pero mi truco de magia no se llevaba a cabo aún –Hablemos sobre Sawasaki Atsushi con toda la verdad-

Entonces la orden obligada entró al cerebro del hombre con facilidad y sus ojos se suavizaron en completa obediencia. Gottwald guardó su arma de nuevo dentro de la chaqueta y observó atentamente todo.

Después de todo, este hombre formaba parte del gabinete más cercano a Sawasaki cuando fue Ministro de Relaciones Exteriores. El motivo por el cual Suzaku no lo removió del nuevo mandato me era indiferente, quizás no se le había comprobado nada extraño en su perfil como al resto, o no había manera de probarlo.

Hasta hoy, claro.

-¿Dónde está Sawasaki?- cuestioné y mi voz se tornaba amarga de solo mencionar el nombre.

-En Britannia- respondió el hombre de inmediato. Bueno, eso era lo único que yo sabía al respecto.

-¿Por qué?- continué. La expresión del hombre se tornó un poco en una mueca de burla para responder.

-Después de todo lo que hizo, es natural que una escoria como Atsushi corriera antes de que el Primer Ministro pusiera sus manos en él. Incitar a las masas para el golpe de estado, ensuciar el ejército con militares corruptos y robar toda la información que podía para venderla al mejor postor-

-¿Venderla?-

-Está en Britannia para entregar a Japón en bandeja de plata. Planos, claves de acceso, datos de la zona, como lo ocurrido en Narita. Era el plan de contingencia para cuando el país se viniera abajo, ofrecer algo a cambio de su propia libertad-

La mención del último lugar me sacó un poco de contexto con un escalofrío. Demonios.

-¿Has tenido comunicación con él?- retomé de inmediato la conversación para que no se cortara la orden, esta oportunidad valía oro.

-No- supongo que ahí acaba la información más actualizada. Sin embargo había un punto en el pasado que me era desconocido.

Gottwald vigilaba los alrededores por posibles intrusos en la conversación, pero cuando no se movió más, supuse que era seguro continuar.

-¿Qué hizo Sawasaki con la familia del Ministro de Defensa? ¿Dónde están su cuerpos?-

El maldito bagre se había llevado el secreto consigo y el solo pensamiento de no poder darle un descanso digno a las personas que Yamagata-san más amaba, me causaba nauseas. Era lo menos que podía hacer y con suerte este hombre sabría ese dato, si estaba tan informado del resto.

Esperé pacientemente la respuesta, Gottwald también se veía interesado.

-¿Los cuerpos?-

¿Mi orden estaba en chino o qué?

-Cuando asesinó a la familia de Hatori Yamagata ¿Qué hizo con los cuerpos?- presioné, pero el hombre se rió y eso no presagiaba nada bueno.

-Fue una farsa- confesó el hombre, tomándome desprevenido y abriendo los ojos como platos –Atsushi jamás asesinó a la familia de Yamagata cuando dijo que lo hizo. Estaba muy ocupado con Mei Sumeragi para ejecutar el plan él mismo, además el primer ministro lo tenía muy vigilado para arriesgarse a ser descubierto. Iba a terminar lo que había empezado antes de irse del país, pero no contaba con que Gensai pusiera tanta resistencia en entregar los archivos médicos de los Britannian y tuviese que quemar el hospital como distracción-

Qué…

Sentí una piedra instalarse en mi estómago y me llevé una mano al hombro izquierdo por una punzada. Gottwald hizo un ademán para acercarse pero lo detuve con mi mano libre, no muy contento.

-¿Dónde está la familia del ministro de defensa?- exigí.

-En una habitación custodiada, en el motel Keiko, barrio rojo-

Mi paciencia tenía un límite.

-Si sabes lo que te conviene desparecerás de mi rango de alcance- sentencié.

Entonces la orden se cortó y el hombre parpadeó confundido antes de de mirarme de arriba abajo y echarse a correr despavorido. Gottwald no le prestó atención y se acercó a mí de inmediato con una mano en mi hombro, buscando mi rostro.

-Lelouch-sama…-

-Solo es la impresión- contesté de inmediato aunque ambos sabíamos que era más que eso, pero nada que no pudiera mantener bajo control por el momento. –Tenemos cosas que hacer-


Aunque no me agradaba estar de regreso en este lugar, el pensamiento de que en compañía de Gottwald no terminaría vendido era reconfortante así como la esperanza de encontrar un poco de justicia tras la estela de delitos de Sawasaki. No estaba aquí por mí, ni tampoco para ser el héroe. Sino porque podía enderezar de manera increíble la autoestima del ejército si les lograba dar una buena noticia.

Y me moría porque el otro hombre tuviera razón, que Sawasaki hubiese olvidado a esta familia dándola por perdida en la escala de prioridades.

-Lelouch-sama, quédese detrás de mí- ordenó Gottwald.

-¿Y perderme la oportunidad de dispararle a alguien después de tanta tensión acumulada?- me quejé, nos cubríamos con el callejón, había solo dos hombres en la entrada y el lugar parecía abandonado.

De no ser por esos dos hombres en la entrada.

Gottwald presionó con la mirada y yo solo rodé los ojos exasperado.

-Está bien, te daré dos segundos y disparo yo- advertí, pero cuando levanté el primer dedo Gottwald se giró con una leve ventisca y accionó su arma dos veces. Hubo un par de gritos ahogados y el sonido de dos cuerpos golpeando el suelo, todo sin dejar que levantara el segundo dedo. –Tramposo- musité.

El hombre me tomó del brazo y nos acercamos de inmediato. Las ventajas de caminar en Shimabara de día, era el hecho de que todo estaba cerrado, solo, todos dormían, se recuperaban de sus resacas y fingían tener vidas más dignas.

Para mi sorpresa, los hombres que había derribado Gottwald no estaban muertos. Incluso si yo no fui específico en mis planes, pero sí se retorcían de dolor de sus heridas menores, al menos hasta que mi guardaespaldas los noqueó y los comenzó a arrastrar hacia adentro del motel abandonado.

-Principe Lelouch- Gottwald me tomó del tobillo todavía desde su posición –No va a ninguna parte sin mí-

-¿Órdenes del primer ministro?- me reí zafando el tobillo de su agarre, Gottwald sonrió de manera enigmática.

-De Sumeragi-sama-

Sentí mis mejillas arder en plena vergüenza pero alegué entonces que fuera al frente buscando un tercer agente. No podía ser que todos estuviesen invadiendo mi terreno y peor aún, ganando. Arreglé mi saco prometiendo venganzas cuando me topé con la espalda de Gottwald.

Suspiré viendo nuestro último obstáculo.

Solo había una puerta cerrada, pero temía que a pesar de todo, fuese demasiado tarde. Sobre todo porque no se escuchaba un sonido o se veía alguna luz que me indicara que encontraría vida.

Asentí lentamente. De todas maneras tenía que terminar con esta fase.

Gottwald pateó la puerta y sin nada de resistencia, esta cayó al suelo con un estruendoso sonido y una densa nube de polvo. Me cubrí los ojos para dejar que el polvo se disipara, pero antes de atreverme siquiera a mirar, escuché a alguien toser.

Un insistente e infantil ruido que me hizo suspirar de alivio al mismo tiempo que me recargaba en Gottwald y observaba con una sonrisa de victoria una mujer de la edad de la madre de Suzaku. Cabello rizado, castaño y penetrantes ojos claros. En su regazo una niña que parecía su versión miniatura, tratando de dejar de toser y detrás de ambas estaba una joven de complexión delgada y largo cabello lacio y castaño, preparada para patearnos el trasero.

Por supuesto que esta era la familia de Yamagata-san.

Finalmente había hecho algo bien.


¡Ajá! A ver si con esto el hombre se mete las pilas en el... ops , digo ustedes me entienden. Aunque Lelouch está descubriendo el hilo negro y para nada le está gustando :D apuestas para el próximo capítulo? Les regalo un gorro navideño vamos!

¿Todou y Genbu? ¿Lelouch y Gottwald? ¿Mei Sumeragi? ... ¿Yamagata?

Amo sus reviews largos y expresivos

any