Stage 58: No más juegos
Lelouch P.O.V.
Al final del camino, solo había un par de cosas por hacer.
-Gottwald, asegura a esos sujetos y llévalos a la base- declaré una vez que las mujeres frente a mí no querían asesinarme.
Habían temido que hubiese sido mandado por Sawasaki a terminarlas, pero después de una rápida explicación y un poco de reconocimiento de la esposa de Yamagata-san, sabía que podía confiar en mí.
-Lelouch-sama, eso implicaría dejarlo a usted solo- replicó Gottwald sin dejar de amarrar los brazos de los sujetos tras su espalda –Tengo órdenes precisas de-
-Solo iré con Gensai, no puedo presentarle a Yamagata-san una familia maltrecha ¿No te parece?- fingí que era mi único motivo para tener una charla con el hombre, pero de la misma manera era más que necesario.
Tener tanto tiempo en cautiverio a esta familia, sin atenciones o beneficio de la luz del sol, incluso alimentos, lo tomaba como una responsabilidad que debía remediar de inmediato. Ver a Gensai para hablar otros asuntos de paso, era otra de mis metas del día de hoy. Curioso cómo coincidía el destino.
-Solo traemos un auto y usted sugiere caminos separados- presionó Gottwald y me resultaba entretenido cómo podía encontrarle un pero a todo, mas no tuve que responder yo.
-Esos tipos tienen un auto negro estacionado a las afueras del barrio- la hija más grande de Yamagata-san, la que me había querido asesinar con un tenedor de plástico, habló en defensa del plan con gran convicción. Sin duda ya harta de todo esto.
-Gottwald, ve y busca el auto de estas alimañas por favor- sonreí dando por ganada la contienda y para mala gana de mi guardaespaldas, sin poder negar las facilidades.
Una vez que el hombre desapareció, asegurándose de haber dejado bien atados a los otros dos, suspiré y me recargué en el marco de la puerta. Era un hombre sobreprotector y paranoico, justo como todos en el templo. Pero sus preocupaciones me distraían de mis propias preocupaciones y no era el momento del caos.
-¿Estás bien, Kururugi-kun?-
El llamado me tomó desprevenido así como el apellido. Gottwald con su "Príncipe Lelouch" otros con el puro nombre, o Britannian, sin mencionar la nueva adición como Vidente. Tenía un serio problema de personalidades.
La esposa de Yamagata-san se puso de pie y se acercó a mí con una sonrisa de alivio en su rostro, por lo cual sentía que había hecho mi buena acción del días más no contaba por haber causado todo esto desde un inicio. Me enderecé y asentí levemente con una sonrisa.
-Estás algo pálido- continuó la mujer disfrutando la libertad con la que podía expresarse y el hecho de que en cuestión de horas, las reuniría con el hombre que amaban.
-No me ha dado el sol en unas semanas- me excusé, pero el hecho de que ellas tuvieran un tono gris y grandes ojeras, hacían notar lo que era estar en un verdadero encierro. La mujer entendió al menos esa parte y puso una mano en mi hombro dándome otro apretón de agradecimiento.
Por fortuna esto no tuvo que ser tan incómodo cuando Gottwald reapareció no muy contento.
-Encontraste el auto- felicité ya listo para dejar este lugar. –Entonces, no hay tiempo que perder-
Ya no tenía que convencer a Gottwald de lo que era necesario o no. Su deber era llevar a esos hombres frente a Yamagata-san y decirle que estaban traficando con personas y que yo necesitaba su ayuda con las víctimas en el hospital de especialidad militar. Una pequeña mentira que me daría tiempo, así como no le causaría un infarto darle la noticia personalmente o volverlo escéptico y tacharme de cruel.
Además, debía poner presentable a su familia para que su ya grande culpa, no se hiciera MAS GRANDE.
Solo que al salir del barrio rojo y subir a los culpables al auto, había un par de cosas en el asiento del copiloto que llamaron mi atención. Como una enorme caja de cartón semi-abierta. Rodeé el auto y pedí a Gottwald que retirara el seguro de la puerta para ver. Decenas y decenas de folders acomodados de manera desorganizada me recibieron como el trabajo atrasado de un año.
-Ese maldito- musité hojeando la información. Gottwald se miraba confundido mientras sostenía a ambos hombres para evitar que escaparan. -¡¿Por qué dejó todo esto aquí?!- me enderecé con uno de los documentos en mi mano pero el cuestionamiento era para los cómplices del bagre. -¿Por qué Sawasaki dejó toda la información que se robó aquí?-
No podía usar el geass porque la familia de Yamagata-san estaba observando, pero mi benevolencia solo duraría un par de segundos más. Gottwald sometió a uno de los hombres contra el cofre del auto y al exclamar en dolor, vino la confesión.
-¡Argh…lo escaneamos! ¡Todo se lo llevó en USB! ¡N-nada en físico!-
Sentí el aire escapar de mis pulmones de nuevo con las falsas esperanzas que me había hecho. Pero se encendía de mí una venganza que con el paso del tiempo solo se hacía más fría y profunda. Metí todo lo que encontré en el auto a la caja, planos, documentos clasificados, perfiles, rutas… y dos archivos médicos.
-Yo me llevo esto- declaré de manera fría tomando la caja en mis brazos para cambiarla de vehículo. Al menos sabía que Suzaku tenía orden y limpieza en su auto, precisamente en el maletero para meter esto con toda la confianza de que se conservara intacto.
Y el día apostaba por ponerse mejor.
Abrí la puerta de la parte de atrás del auto y una a una, las dos mujeres y la niña se subieron sin perder tiempo. Le dediqué a Gottwald apenas una última mirada de confirmación y le mostré que tenía mi celular por si algo se complicaba.
Abordé y al cerrar la puerta volví a suspirar pegando mi frente al volante. Estas cosas pasaban cuando te ocultaban problemas que debieron resolverse meses antes.
-¿Tienen hambre?- pregunté levantando la cabeza tratando de verme positivo, la más pequeña asintió con energía.
-¡Pizza hut!- celebró. Aunque su madre y su hermana mayor trataron de callar su infantil pedido, no consideraba eso un problema. De hecho sería rápido y llenador.
-Entonces pizza será- encendí el auto pensando en qué sucursal estaba más cerca de este lugar.
De preferencia una que tuviera una cafetería cerca.
Me remontaba a los tiempos cuando Nunnally pedía cosas que me eran imposibles. Como helados, galletas, una taza de chocolate caliente… cuando apenas habíamos llegado a Japón. Eran lujos que le prometía para el día siguiente y que con suerte se le olvidaban, cambiando entonces por alguna comida extravagante como creme broulé o soufle de chocolate.
Así que no estaba para negarle nada a una niña pequeña que había estado encerrada por meses. Después de todo la billetera de Todou-san había quedado tan a la vista cuando salía del templo que no pude evitar pensar en que debía proteger su dinero, trayéndolo conmigo. Sin mencionar que mi tarjeta la tenían confiscada, no sé por qué, y efectivo no era algo que tuviera ahorrado bajo el colchón.
Además, los autos necesitaban gasolina para moverse.
Dos pizzas medianas, un Cheese-kun edición decembrina, tres chocolates calientes y un café expreso doble después, tenía que llegar con Gensai o me quedaría varado sin más dinero. Pero no podía conducir y beber al mismo tiempo, tenía que disfrutar cada gota primero.
Y la familia de Yamagata-san también estaba comiendo. Puse mi café en el portavasos y respondí a los mensajes de texto de Suzaku.
"¿Cómo va todo, Lelouch? ¿Ya terminaste con Yamagata-san?"
Sonreí para mí mismo buscando la manera de explicar mi actual situación sin mentir.
"Nuestra plática va para largo, tenía que desenterrar viejos fantasmas con él, pero con suerte todo se arreglará"
Era una manera de ponerlo.
"Está bien ¿Gottwald sigue contigo?"
"Cumpliendo su deber" respondí. Eso tampoco podía considerarse una mentira.
"Mantenme al tanto entonces"
Era una orden al parecer, tomé el café y le di un gran y lento sorbo. Los placeres de la vida, uff se ponía caliente dentro del auto.
Pero tarde que temprano tenía que llegar al hospital de especialidad militar, lo que no esperaba era que Gensai estuviese parado en la entrada de emergencias disfrutando casualmente la brisa decembrina.
-¿Lelouch?- cuestionó con cautela cuando me bajé del auto, tarde recordé que un viejo hábito se había arraigado de nuevo y mi mano derecha no soltaba el vaso de café, como si mi vida dependiera de eso.
Gensai estrechó la mirada al dar con el vaso.
-Dame eso- advirtió. Abracé el vaso y señalé la puerta trasera que se abría.
-Necesito que revise a la familia de Yamagata-san…- intercedí cambiando el tema, la cara de Gensai cambió a incredulidad con mis palabras pero se puso un poco pálido cuando la esposa del Ministro de defensa emergió del auto con una pequeña sonrisa.
-No puede ser posible- comentó el doctor viendo cómo bajaba la niña y después la hija más grande del hombre. Se acercó a la mujer mayor y estrechó su mano presentándose, además de mostrar cierta felicidad por la reunión.
Eso sería suficiente para distraer al doctor y así poder terminarme el-
-¡Lelouch Kururugi Sumeragi!- rugió
El último nombre fue un golpe en el estómago que me hizo escupir el último trago de café antes de que Gensai se decidiera a quitarme también el vaso. Como si lo fuera a exprimir.
-Cruel- musité limpiándome con la manga del saco. Además de permitir un leve escalofrío por las imágenes que se me vinieron a la cabeza con el nombre. Pero el doctor no se veía contento con haberme gritado.
-Te lo acabaste- señaló volteando el vaso, sonreí a manera de victoria.
Pero supongo que me había ganado otra cosa.
-Le traje a la familia de Yamagata-san para que las valorara- me quejé sentado en el despacho de Gensai, poniendo resistencia a todo lo que hacía.
-El director Isami puede hacer un excelente trabajo también- musitó tomando mi muñeca y poniendo dos dedos en ella. Le tomó un par de segundos gruñir y mirarme feo, pero no me arrepentía de nada –Lelouch…- me advirtió.
-Tenía cosas que resolver ¿Si?- me disculpé si eso servía de algo. De hecho yo no consideraba que algo malo hubiese pasado, al contrario, había sido una prueba en muchos sentidos.
En Rusia había sido difícil probar mis límites, pero en Japón podía probar a ciencia cierta mi resistencia al ritmo de vida que me encantaba llevar.
-¿Desde qué horas estás fuera del templo?- cuestionó el hombre soltando mi mano y semi-sentándose en el escritorio para quedar frente a mí.
Bajé la manga de mi saco pensando en sus palabras.
-¿Hace como tres horas? Creo-
-Te fatigaste rápido ¿Cierto?-
El techo se veía taaan interesante. Asentí levemente sin mirar al hombre.
-Pero tomaste café solo porque no tenías supervisión- aclaró.
Lindo techo. Volví a asentir.
Gensai suspiró caminando al otro lado de su escritorio para sentarse y masajear su cien.
-¿Qué voy a hacer contigo Lelouch?- preguntó, lo cual encontré bastante divertido.
-Dejarme en paz- sugerí. Pero solo estrechó la mirada mostrando que eso no era una opción y había aprendido a tomar al hombre en serio.
Aunque de la misma manera, debía saber que era raro el momento en el que me encontraba solo últimamente. Las cosas volvían a su cauce y no pensé que café pudiera causar mucho alboroto.
-Créelo o no, el café te ayudó a mantenerte bien o suficientemente activo, por lo menos hasta que pase el efecto- comentó recargándose en la silla para mirar al techo él mientras yo lo escuchaba atentamente.
¿Había hecho una elección acertada?
-Significa que puedo volver a to-
Gensai negó de inmediato levantando un dedo para que lo dejara terminar.
-Solo porque tu nivel de energía estaba agotado, el café te llenó a niveles normales- comentó de manera lenta y clara –Pero si tomas café cuando estás realmente activo, puedes acelerar tu presión por encima de lo normal y sin supervisión podrías exigirte demasiado-
Creo que volvíamos al punto de antes.
-Con todo respeto, Gensai. A estas alturas y sobre todo con lo que está a punto de explotar a nivel mundial, uno nunca sabe cuándo me estoy tomando mi última taza de café-
Una verdad aunque lúgubre era cierta, pero no esperaba poder impresionar a un médico como el que tenía enfrente.
-Irónico sería que te matara un expreso doble y no un KF de Britannia ¿Estamos de acuerdo?- regresó el hombre, al menos comprobaba que su sentido del humor seguía intacto.
-O podría morir porque se incendie este hospital, y sería triplemente irónico-
El hombre perdió por completo el hilo de la conversación, seguro no apostaba porque una de mis prioridades actuales fuera esa. Pero comenzó a negar antes de que yo hablara.
-Ese es un tema que-
-Me incumbe por completo- alegué cruzándome de brazos, Gensai enarcó una ceja pero no dijo nada más -¿Había la necesidad de perder una estructura tan costosa por un par de archivos?- cuestioné. El hombre se hizo hacia adelante en el escritorio encarando por completo mi duda.
-El edificio era lo de menos, los archivos en cambio son confidenciales y sin autorización de un paciente no pueden ser mostrados- alegó, quizás tenía preparadas sus respuestas pero no una expresión que estuviera de acuerdo.
Si bien estaba de acuerdo en que el punto era no dejar a Sawasaki obtener lo que quería, a veces para obtener la victoria había que retroceder un poco en el momento adecuado, dejar al enemigo pensar que había ganado. Perder un hospital completo solo por orgullo era algo que yo no haría…
Bueno, quizás-
-El punto es que no eres nadie para cuestionar mis decisiones, muchacho- Gensai continuó tomando de nuevo las riendas de la conversación. Me recargué en la silla con un suspiro exasperado y me crucé de brazos, no habría punto en tratar de discutir con este hombre.
Aunque no había llegado aquí por eso.
Admiré de manera crítica los alrededores. Gensai se había adaptado con facilidad a este entorno en lo que el hospital del centro volvía a levantarse y eso era lo que importaba. Temía que el hombre tuviera un tiempo difícil con los militares o su trabajo se hubiese vuelto tan miserable que de un momento a otro renunciara.
Me daba una profunda vergüenza no haber tomado esto entre mis manos hasta ahora.
-Lelouch, deja de hacer las cosas difíciles- advirtió Gensai.
Gruñí como respuesta, esto era difícil sin que yo interviniera.
-No tienes ni responsabilidad ni jurisdicción aquí-
Volví a gruñir, si… otra de las cosas que se me había escapado.
-¿Eres un perro?-
Gruñí en desacuerdo.
Gensai enarcó una ceja divertido y yo solo levanté las manos en rendición.
-Me voy- no era tan masoquista como para quedarme en un lugar donde corría tanto peligro y sobretodo viendo que el doctor favorito de la familia seguía tan amenazante como siempre. Cumplí dos objetivos al mismo tiempo, merecía una medalla por mi esfuerzo. Pero antes de tocar siquiera el pomo de la puerta, un carraspeo me detuvo.
-¿Quién dijo que yo ya terminé contigo, Lelouch?- dejé mi frente estrellarse no tan sutilmente con la puerta y me giré con una sonrisa de inocencia.
-¿Tiene un encargo para mí?- sonreí poniendo ambas manos detrás de mi espalda y cruzando los dedos. Gensai levantó la vista de lo que sea que escribiera y se puso de pié. De manera automática retrocedí hasta que mi espalda tocó la puerta.
-Tus recomendaciones- el hombre estiró un papel doblado a la mitad con una sonrisa malvada.
-Oh gracias, entonces sabe que busco trabajo. El ejército no pagaba demasiado- continué con el espectáculo desdoblando el papel. Pero era todo menos una recomendación, Gensai estiró su mano y me tomó de la oreja.
-Lelouch…-
-Esto es humillante- me quejé siguiéndolo de nuevo a mi asiento para que no me jalara. Gensai solo asintió con una sonrisa.
-Agradece que esto solo es entre nosotros y no en el templo-
-Mi ego ha sido reducido a cenizas- alegué tomando asiento y siendo liberado, pero el hombre no se fue hacia su lado del escritorio. Se paró delante de mí y se cruzó de brazos.
-¿Podrías leer en voz alta? Quiero asegurarme de que entiendas- continuó Gensai con una sonrisa que no me presagiaba nada bueno, pero creo que sería peor no obedecerlo.
-…los problemas en los que me meto- musité entre dientes y Gensai enarcó una ceja retándome a repetirlo, suspiré y desdoblé el papel. Pero sentí la segunda burla del día golpearme en la cara sin piedad –"Regresa al templo, YA"-
-Estamos de acuerdo en que es una orden sencilla ¿Cierto? No tendrás problema en seguirla-
-Eso estaba a punto de hacer cuando me regresó de la oreja- alegué regresándole la nota, pero entonces estiró su mano dándome una segunda. Esta si estaba llena de inicio a fin, todo separado con puntos, especificaciones y unos cuantos comentarios. -¿Cuántos meses tiene escribiendo esto?- me quejé después del segundo punto, tantas contradicciones con mi voluntad.
-Solo tengo dos días- contestó sinceramente Gensai con una mano en la barbilla pero después suspiró mirándome directamente –Lelouch, me da mucho gusto que andes conquistando Japón de nuevo y que tus comentarios sarcásticos, venenosos y maquiavélicos tengan convicción detrás de ellos…-
Eso sonaba raro viniendo del hombre. Pero sabía que había una segunda parte. Esperé pacientemente por ella.
-Pero igual es una racha de buena suerte, y no quiero que las cosas vuelvan a hundirse en el olvido así que escúchame bien- Gensai se dobló un poco haciendo que me encogiera en la silla –Hazle caso siquiera la mitad de las cosas que he escrito ahí o deja de hacerle difícil la vida a los que rodean poniéndote en un peligro innecesario. Sé muy bien que no es el mejor momento para pedirte que estés pasivo, mucho menos que no te lances y defiendas al país de sus amenazas, y eso te encanta. Pero hay un límite en aquellas cosas que yo puedo hacer por ti y mantenerte vivo solo puedo hacerlo si estás cerca o si no has hecho algo tan estúpido que rete a la ciencia médica. La resurrección está reservada para las deidades y ellas no tienen una responsabilidad como la tuya, y si la tuvieran creo que no saldrían de sus santuarios a un mundo tan podrido como el nuestro-
-Pero tú vez esperanza, visualizas un futuro que quiero creer y que muchas personas están deseosas por conocer. Pero como dije, eres un pedazo de carne vulnerable, un nervio duro si quieres, pero todos tenemos un límite y hasta que te conviertas en una deidad…- Gensai suspiró –Vendrás a mi oficina y te apegarás a mis reglas, Kururugi-
Tragué gordo.
-Ahora ve a casa, creo que puedes hacer bastante desde allá- asentí de manera seria sin decir otra palabra.
De todas las personas que podía toparme el día de hoy, creo que tampoco había podido contra este hombre.
Quizás sí quería estar presente también en ese futuro que todos querían.
Gottwald había cumplido con lo acordado, llamó la atención de Yamagata-san y lo trajo al hospital, pero el encuentro y el cómo es que su familia estaba viva no era algo que me correspondía responder. De hecho solo rodeé la oficina y presté oídos sordos a las exclamaciones de sorpresa y las lágrimas que le siguieron. Era un momento íntimo en donde quizás se tomarían horas para arreglar todo aquello que Sawasaki había dañado, pero por lo menos habría un fin en el ciclo.
O lo habría cuando pusiera mis manos en ese hombre.
-¿Qué sigue, Lelouch-sama?- traté de ignorar el suspiro en el comentario de Gottwald pero debía concordar en que quizás ya tenía paranoico al hombre sobre nuestras salidas. Ninguna se llevaba a cabo sin ningún motivo.
-Regresaremos al templo- contesté con simpleza y traté de ignorar de nuevo la expresión de sorpresa de Gottwald, en serio qué me creía. –Y toma esto antes de que cambie de opinión y lo incinere- le di el papel que Gensai me dio a Gottwald, pero el hombre no lo abrió. Supongo que sabría de dónde lo habría sacado de todas formas.
El viaje de regreso fue en silencio, pero supongo que no tenía mucho tema de conversación con Gottwald y confiaba plenamente en que había cumplido mi orden sin mucho esfuerzo. Los detalles no eran necesarios, y mi mente estaba ocupada con una nueva idea que prometía bastante si le daba la dirección correcta.
-Lelouch-sama… ¿Se está durmiendo?-
Salté de mis pensamientos y abrí los ojos con una ceja enarcada ante el comentario de Gottwald.
-¿Disculpa?-
-Cabeceó- apuntó Gottwald con una leve sonrisa sin quitar su mirada del tráfico, me enderecé en el asiento del copiloto pensando seriamente en sus palabras.
-Según yo, estaba planeando ciertas cosas- confesé tallándome levemente los ojos –Supongo que he descubierto un nuevo don, pensar de manera consciente mientras duermo- recargué mi cabeza en el vidrio del auto notando ya las afueras de la ciudad. No tardaríamos mucho más en llegar al templo.
-Es una manera nada práctica de descansar- comentó Gottwald disminuyendo la velocidad –Quizás le convendría encontrar un método para dormir su mente al mismo tiempo que su cuerpo-
-Un golpe- sugerí. Gottwald gruñó en desacuerdo y me reí -¿Por qué todos creen que soy tan masoquista?-
-Con todo respeto, Lelouch-sama. Usted no me ha demostrado lo contrario-
Y ese era el motivo por el cual todos me reclamaban. De hecho ese el motivo que había hecho que todas las personas con las que me topé el día de hoy, tuvieran la razón en lo que hacían y decían. Como preparándose para cualquiera de mis inteligentes comentarios o mis salidas del tema, incluso para hacerme obedecer en situaciones que daría por completo mi desaprobación.
Podía ingeniármelas nuevamente para dejarlos en blanco a la hora de ordenarme. Podía tomar nuevas medidas que impidieran que ejercieran su voluntad sobre la mía, pero nada me costaba admitir que a pesar de que esas personas hubiesen triunfado sobre mí y hubiesen impuesto su autoridad aún en contra de mis deseos, había hecho las mismas cosas en el día que si los hubiera ignorado.
Donde al final, también los había complacido.
-Hogar, dulce hogar- comentó Gottwald apagando el motor del auto. Enarqué una ceja en su dirección, otro britannian diciendo eso además de mí…
Supongo que el hombre también se había acostumbrado a esta vida. Aunque nunca me había preguntado si dejó algo no regresar jamás a Britannia, como Yamagata-san. Si su honor y lealtad fueron tan fuertes como para dejar abandonadas a otras personas, yo personalmente no encontraba mucho honor en eso. Cambiar una cosa por otra, no era más que una victoria a medias.
-¿Tienes familia, Gottwald?- pregunté rodeando el auto hacia las escaleras, el otro hombre se detuvo enarcando una ceja y confundido horrores por la pregunta.
-¿Lelouch-sama?-
-Familia en Britannia, padres… esposa- me aventuré quizás demasiado ya que no era de incumbencia y tampoco sería quién para juzgar las decisiones de los demás.
Gottwald sonrió de manera amarga. -¿Tiene que ver esto con la familia del ministro de defensa?-
-Ergh…- cómo negarlo.
-Perdí a mis padres a corta edad y pasé cinco años en un orfanato- comentó sin darle mucha importancia -Al cumplir la mayoría de edad solo me enlisté en el ejército y supongo que el resto ya lo sabe-
Ser guardia de Villa Aeries en cuanto tuvo una oportunidad. Siguió a mi madre cuando esta tenía vida, o al menos cuando la creíamos muerta como una gran mártir. Después de eso solo se dedicó a redimirse como guardia personal de Clovis y finalmente abandonarlo por nosotros.
No le daba mucha importancia a la idea de tener una familia por lo visto.
¿Pero desde cuando yo si me preocupaba por eso?
Asentí levemente agradeciendo la información. Necesitaba dormir para despejar estos extraños pensamientos, aunque si algo era seguro era que las cosas estaban a punto de ponerse peor.
Saqué el celular y le mandé un mensaje rápido a Suzaku sobre mi actual ubicación.
-Día libre, Gottwald- musité dirigiéndome a mi habitación. Pero eso solo significaba que no tenía más planes para el resto del día, el hombre hizo una reverencia y se perdió en otra dirección.
Simple.
Genbu P.O.V.
-Esto es más salvaje de lo que recordaba- declaré y me llevé una mano a la frente para limpiar un poco de sudor. Eso sí, jamás bajando la guardia.
Todou cambió su peso de pié y se lanzó de nuevo sobre mi cadáver. Lo bloqueé en el último momento y de todas formas logró rodearme dándome un fuerte golpe en la espalda.
-¡Eres un asno, Todou!- grité -¡Tu haz seguido entrenando todo este tiempo!- y era algo muy cierto. Su puesto como militar le permitía seguir refinando el arte de la espada mientras yo me pasaba tres cuartos del día detrás de un escritorio.
-¿Eso es lo que les dices a tus enemigos, Kururugi?- se rió.
-Tsk- con una sola mano blandí mi bokken y le di en el hombro, estrechó la mirada por haberme aprovechado de la pausa. –Y tú te distraes tan fácil como siempre- argumenté antes de que ambos volviéramos a cruzar espadas en un estruendoso choque.
Esto no se estaba moviendo en ningún sentido más en que en acrecentar la violencia con la que ambos podíamos golpearnos.
-¿Te sirvió de algo tu mes sabático?- prosiguió Todou avanzando rápidamente y empujándome contra la pared del dojo. -¿Cómo va la política?-
-Igual que tus asuntos con la milicia- le regresé el comentario buscando atacar su pierna, brincó hacia atrás en el último segundo.
Entonces me detuve y bajé el bokken. Todou me imitó y nos miramos por un par de segundos sin decir nada, meditando. Estábamos algo viejos para este juego ya y era algo obvio aunque lo negáramos. La manera en que ambos estábamos faltos de aire y el tronar de nuestras articulaciones con cada golpe.
Corríamos el riesgo de quebrarnos algo y eso solo alentaría las cosas.
Lancé el bokken y me llevé ambas manos a la cintura. Aparte de difícil esto era bochornoso.
-¿Te rindes y admites que todo lo que dijiste estaba mal?- cuestionó Todou de inmediato y yo solo gruñí como respuesta, enarcado una ceja ante su comentario.
-Ya estoy oxidado para esto, pero eso no significa que te dé la razón después de lo acontecido- suspiré admitiendo finalmente el tema que debíamos resolver como adultos maduros. Sin más golpes.
Todou lanzó el bokken lejos y de igual manera trató de recuperar el aliento doblándose un poco hacia adelante.
-Te escucho- dijo.
Supongo que tendría que empezar…
-Fue algo muy estúpido lo que causó esto- confesé.
-Una barbarie-
-Me arrepiento de lo que dije-
-Yo también lo siento-
-¿Listo?-
-Listo-
Todou se acercó y ambos estrechamos manos con una renovada sonrisa y completa calma. Pero un carraspeo indignado interrumpió nuestro momento de reconciliación. Mei estaba parada en la entrada del dojo, recargada en el marco de la puerta con ambos brazos cruzados sobre su pecho y una mirada que solo había visto en una parte.
En mis hijos, cuando estos estaban muy enojados por algo.
Pero ver la manera en que los ojos de Mei refulgían en molestia solo me daba un escalofrió que Todou compartió conmigo un segundo después.
Deshizo la posición de sus brazos y sonrió. Mal presagio, la sonrisa después de la molestia significaba un gran problema.
-¿Veinte palabras bastaban para arreglar su desastre?- cuestionó con un tono dulce y meloso. Todou retrocedió tras de mí cuando Mei avanzó en pequeños pasos. Quise reclamar su cobardía pero la mujer ya estaba demasiado cerca como para darle la espalda al peligro.
Tragué gordo cuando se detuvo a menos de un metro.
-Haberlo dicho antes- pasó un dedo por mi mejilla de manera lenta y en sus ojos brilló una idea.
Demonios.
-Pero como las faltas a sus obligaciones en estas últimas semanas no se arreglarán con un renglón de disculpa y tampoco retrocederán el tiempo para evitar esos amargos momentos que nos hicieron pasar a varias personas…- la mirada de Mei se estrechó y sus ojos se endurecieron con una determinación rivalizada con la de Lelouch.
-Todou…- comenzó mi ex-esposa, sentí al militar tensarse tras mi espalda –Las cortinas, los muebles, futones de todo el templo necesitan una sacudida que requiere la fuerza de un hombre- siseó Mei lentamente esperando ser contrariada. Pero ni yo era tan tonto como para decir algo, Todou entendió el punto con un leve asentimiento. –Sin mencionar que los pisos necesitan ser limpiados y pulidos antes de que el frió de la temporada dañe la madera-
Me puse pálido de la sola descripción del trabajo que le esperaba a Todou, pero también quería reírme. Algo que no sería muy inteligente dada la situación.
Mei entonces se giró hacia a mí y sonrió nuevamente de una manera más empalagosa.
-Sayoko tiene la semana libre- fue lo único que dijo.
Sentí mis pies clavados al piso y el color drenarse de mi cara por completo.
-¿Necesito ser más clara?- finalizó Mei con ambas manos en la cintura, ambos negamos al mismo tiempo con la mejor disposición –Bien, andando- ordenó.
Todou se emparejó conmigo para salir del dojo, ambos caminamos despacio sin voltear una sola vez hacia atrás pero la voz de Mei resonó una última vez en las paredes del lugar.
-¿Querían jugar al matrimonio homosexual de 40 años?- se rió y Todou hizo un sonido de reconocimiento ante sus palabras, algo que yo no sabía de dónde había sacado Mei, pero que sonaba cruel. –Trabajen como tal, y sin errores esta vez-
Cuando salimos del dojo y nos aseguramos que mi ex –esposa ya no nos veía, le di un golpe en el hombro a Todou con el puño cerrado.
-¡Debimos arreglar esto antes!- reclamé. -¡¿Cuás es la cantidad exacta de jabón que se le pone a la lavadora?!-
Se le llama "Feliz inicio de semana" y se pronuncia "Mándenle un maual a Genbu sobre los quehaceres del hogar"
Supuse que ambos hombres se perdonarían fácil, después de todo, lo que se dijeron fue un momento de enojo y los hombres no profundizan mucho en sus rencores, a menos de que sean un matrimonio homosexual de 40 años jajaja. Pero Mei, la mujer que estuvo soportando sus berrinches y manteniendo el templo de pie mientras ellos jugaban a no hablarse, merece su momento de estrellato.
¿Qué quieren ver hacer a estos hombres de castigo? Un poco de humor el próximo capítulo no nos haría mal.
Reviews! O podarán la vegetación en los alrededores del templo
any :D
