Primero, feliz año, navidad, dia de reyes y cualquier otra festividad que se les ocurra! Respecto al título... ¿Han tenido esa sensación de que FUE SUFICIENTE de algo y de repente la mente de uno hace !SNAP! Centrándose en lo verdaderamente importante? ¿No? Pronto la tendrán n.n


Stage 60: ¡SNAP!

Sawasaki P.O.V.

Meses, en este lugar. Meses donde pude haber hecho algo de provecho además de estar sentado, viendo pasar el tiempo y las oportunidades que me había costado tanto crear. Pero esto no era Japón, no podía simplemente irme brincando las reglas y provocar un movimiento, menos aún la guerra.

El príncipe Schneizel dijo: "Nuestro momento de triunfo no será opacado por mi padre"

¿A qué se refería? Era todavía un misterio, pero su manera de sonreír a las noticias que su asistente le traía en tiempo real, me hacía sentir como un ignorante que no sabía qué transcurría realmente tras el telón que Schneizel formaba, cuando supuestamente yo era parte de ese equipo.

Cuando se suponía que yo conocía todos sus planes.

Si bien no había manera de que el Imperio fuera vencido, que mis acciones no hubiesen rendido frutos hasta el momento solo me hacía una pieza dispensable del tablero. Y no tenía a dónde correr ya.

-Cuando menos lo espere, Sawasaki Atsushi. Japón se estará inclinando ante un príncipe Imperial-

Brindé silenciosamente por eso.

Mi vida dependía de un Britannian, un pequeño error de cálculo en la huída.

-Su alteza Schneizel- la mano derecha del segundo príncipe volvía a hacerse presente –La cumbre de Rusia se ha trasladado a Japón, su majestad el Emperador ya está enterado y solicita su presencia de inmediato en la sala de trono de inmediato-

El príncipe rubio sonrió en mi dirección mientras se levantaba.

¿Así… se declaraba una guerra?


Lelouch P.O.V.

Debía admitir que esto de las alianzas se estaba tomando más tiempo del que yo hubiese esperado. Es decir, cuatro días encerrados a capa y espada, con tiempo solo para dormir y almorzar, si después de esto se atrevían a quejarse de mis hábitos les mostraría un video de su actual compromiso.

Me recargué con ambos codos sobre la barra de la cocina y una taza de café muy caliente entre mis manos. Pensando de manera profunda en todo y nada.

No era la primera persona que podría argumentar que tanto tiempo de conspiración era malo para la salud, aunque era un buen ejemplo de las consecuencias. Pero de la misma manera me sentía hecho sutilmente a un lado respecto a lo que de política se trataba. Si bien tenía todo mi día ocupado con Rakshata, vigilando las salidas de Clovis y ayudando un poco al ministro de Defensa para tener un ejército decente, todavía tenía cabeza para estar informado de la política.

Cosa de la cual no estaba informado en lo absoluto. Ni siquiera había visto a Suzaku más de quince minutos seguidos.

De hecho podría haber desaparecido del templo los mismos cuatro días que llevaban hasta hoy y nadie lo hubiese notado. Quizás las madre de Suzaku.

Y hablando del hijo pródigo.

-Buenos días, Lelouch- Suzaku apareció tronándose los huesos de la espalda hasta que se dio cuenta de que estaba yo presente y forzó un saludo.

-Pellízcame, debe ser un sueño porque me diriges la palabra- musité bajando la taza, pero Suzaku solo gruñó pasando por mi espalda en dirección a la estufa de manera robótica. Esto estaba llegando a los límites de la fuerza humana, no quería enterarme después de que no había alianza porque Japón se había quedado dormido mientras Australische y Rusia discutían, todo porque a China no le habían servido en porcelana fina.

Estaba divagando un poco.

-El café está ahí- señalé la jarra recién hecha junto a mí mientras picaba la fruta de mi tazón –Por favor, si van a poner a funcionar la cafetera, acuérdate que debes salir a apagarla en no más de veinte minutos, los templos japoneses de madera tienden a incendiarse rápido-

Suzaku volvió a gruñir pero empezó a apilar tazas en la bandeja, la azucarera y la leche. Supongo que esa sería nuestra plática más larga en todo el día por si no lo divisaba a la hora de comida, en serio, había tenido que convivir con Clovis gracias a su ausencia y la del primer ministro.

No es que admitiera que me sentía solo, era solo el hecho de que la única persona con la capacidad de ignorarlos por bastantes días en asuntos de seguridad nacional, era yo.

-Adiós- declaré cuando Suzaku desaparecía por el pasillo, pero sorpresivamente regresó de inmediato balanceando con cuidado la charola. Enarqué una ceja ante nuestra prolongada reunión.

-Lelouch, a papá le duele la cabeza ¿Tendrás de casualidad pastillas para eso?- preguntó.

Detuve mi tenedor y levanté la cabeza borrando cualquier signo de victimización.

-Las buscaré- aseguré dejando de lado mi desayuno y Suzaku asintió agradecido antes de marcharse.

La excusa perfecta para volver a ver de frente el tema que había estado esquivando.


-Incluso si a estas alturas Britannia sabe que nos estamos reuniendo, no podemos solo juntar todas nuestras máquinas y moverlas a donde creamos que hay más peligro por el momento, es un movimiento estúpido-

Llamé levemente a la puerta.

-Adelante-

El silencio de inicio fue incómodo, mi presencia para nada bienvenida pero no por la mayoría de los presentes, solo de uno. Evité la confrontación de miradas mientras era prudente, dirigiéndome hasta la cabeza de la mesa. El tema que se estaba tratando fue retomado de inmediato.

-Separados tampoco tenemos tanta fuerza, seguir así solo nos traerá la conquista de nuestros países uno a uno- alegó el hombre de China de manera calmada, al parecer no era la primera vez que tocaban el tema pero seguían hablándolo sin llegar a un acuerdo, casi de manera resignada.

Creí que la alianza solo se trataba de compartir información, no de algo tan grande.

-Pero no nos podemos proteger por separado de un Imperio que tiene medios para atacar simultáneamente todo el mapa- concedió mi padre –Japón apenas sobrevive por sus medios-

"Mis medios"- concordé mentalmente.

Pero como ya estaba junto a él solo deposité en su mano el frasco de pastillas. China y Rusia comenzaron a discutir entre ellos las posibilidades según sus terrenos, dándonos unos segundos de privacidad.

-Gracias, Lelouch- sonrió levemente mi padre levantando la mirada. Obscuras bolsas colgaban de sus ojos como si tuvieran un mes en vela, y estas reuniones no iban más allá de las ocho de la noche. Le facilité el vaso de agua que traía en la otra mano y de inmediato se tomó las pastillas.

Este hombre no era de la clase que sufría de dolores de cabeza muy a menudo, no al menos de la magnitud de necesitar analgésicos para amortiguarlos. Miré la mesa de reojo y ahí estaba esa mirada gris de nuevo, tratando de perforar socarronamente en mis pensamientos.

Me estaba haciendo paranoico quizás, no existía tal cosa como la magia.

-¿Todo en orden afuera?- preguntó mi padre tomando mi mano para poner el vaso vacío de regreso.

-Japón sigue siendo un país libre- musité.

No había manera de mencionarle mi reasignación al ejército, tampoco la desconfianza que me producía el brujo del Zar, o las decisiones que había tomado a favor de Clovis. Suponiendo que sabía al menos la última me daba por bien servido, pero mi opinión respecto a planes que tardaban tanto tiempo en concretarse, era que si al primer intento no funcionaban, entonces no lo harían a la fuerza.

Justo como esta mesa de reunión.

Hacía falta que alguien les pusiera un tajante alto para que coincidieran o desistieran de este intento de…

-Lelouch-kun ¿Podrías mostrarme la cocina? Me apetece un poco de té-

Gruñí levemente al girarme hacia nuestro invitado, pero sonreí de todas formas.

-Por supuesto-

Mi padre me dio un apretón en la muñeca y fue la despedida, el brujo del Zar me siguió de cerca hacia la salida de la habitación, pero una vez en el pasillo noté que no llevaba puesta su capa de viaje.

Pero molestarme con semejante pregunta.

-Muchacho de pocas palabras, debe ser duro para ti que este asunto acapare toda la atención del primer ministro y Suzaku-kun ¿Cierto? Generalmente es al revés, prefieres llevar las riendas de todo tu solo-

Borraba sus comentarios al mismo tiempo que entraban por mis oídos pensando en que la lengua de Suzaku quizás resbaló un poco revelando mis costumbres. Nada extraordinario de hecho y nada que no se pudiera concluir de mi, solo con conocerme. Seguí caminando hacia la cocina sin darle reconocimiento a sus palabras.

-O quizás te tiene estresado el hecho de que tu hermana menor sale con otros príncipes de Britannia la mayoría del día-

Me detuve y el hombre me imitó. Pero me obligué a respirar de manera profunda para no seguir mi primer instinto. Asesinar y esconder el cadáver. Estaba tomando esta situación de la peor manera posible y Gensai me regañaría si no hacía nada para retomar las riendas.

-¿Té verde?- pregunté a manera de sugerencia con una sonrisa. Una gran sonrisa que el hombre sabía que era falsa, pero que era mejor a estar concediendo mi enojo e irritación a una situación que todavía no sabía cómo resolver.

Dejarme llevar por las palabras del enemigo no era una buena estrategia.

-Por favor- contestó el otro levemente contrariado al no caer en su juego.

Pero mi nueva resolución no duraría mucho tiempo de presentarse una mayor provocación. Prendí la tetera en la estufa y le facilité el té y las tazas, si esperaba que se lo hiciera yo, le destilaría veneno.

-Con su permiso-

Tomé el saco que me estaba esperando en mi banco desde antes de la interrupción de Suzaku y las llaves de su auto. Mientras el seguro respondía por el daño en el mío, si para el anochecer las cosas no se habían arreglado aquí, entonces me forzarían a intervenir.

-¿Prisa?- una delgada mano se cerró en mi muñeca de manera fuerte.

Aquí se mandaba al diablo la paz.

Me giré y levanté mi brazo libre para proporcionarle un golpe pero mi puño fue atrapado en el aire por la misma persona. Estreché la mirada.

-Te arrepentirás- siseé como única advertencia. No iba a ignorar mi instinto de nuevo y dejar que esta persona pusiera en peligro a mi familia.

Su manera de estar informado de todo, las amenazas, su aura para nada amistosa. No tenía idea de cómo estaba parado tan cerca del zar pero era un error que yo no iba a dejar pasar.

-Tu existencia es un error, Vi Britannia-

Jalé mi brazo tratando de zafarme pero utilizó mi propio esfuerzo para doblarme el brazo entero tras la espalda, pegando su cuerpo al mío para seguir hablando en mi oreja. Entonces soltó mi muñeca para pegar mi cabeza a su hombro, tomándome de la barbilla.

-Dándole tantos problemas a Japón desequilibrando el ejército, dividiendo la política en dos bandos y robando la atención como un niño huérfano que muere por algo de reconocimiento-

Traté de sacudirlo.

-Estás muerto desde el día que naciste ¿No es así?-

Muerto.

-Las ropas que vistes, la comida que comes e incluso tu vida me la debes a mí. Estás muerto desde el día que naciste, no eres nada…-

-Llevarás la marca imperial, un privilegio que el resto de mis hijos no tiene la dicha de portar-

-Tu madre suplicó que no le hiciera nada a tu cara-

-¿Sucede algo aquí?-

Parpadeé confundido volviendo a la realidad y fui soltado. Trastabillé un par de pasos hacia adelante topándome de cerca con el viejo Kururugi, quizás como única ocasión, aliviado de verlo.

-Y así, Lelouch-kun es como inmovilizas a tu agresor. Pero debo volver a la junta, con tu permiso. Seguiremos esta sesión en una ocasión más oportuna- el brujo sonrió y se giró para regresar por el pasillo.

Traté de seguirlo de inmediato pero un dios cruel mandaba obstáculos. La mano del viejo Kururugi se cerró en mi antebrazo.

-No- me advirtió de manera calmada, aunque dudaba que se hubiera creído la escena. –Siéntate conmigo un momento-

-¡Voy a…!-

-Vi Britannia- se aferró jalándome a la cocina. Con su mano libre apagó la tetera que yo había encendido y maldije el té verde sobre la barra, una mera excusa para el enfrentamiento.

-No me diga que le creyó- sacudí el brazo para que me soltara y lo hizo, solo que levantó una ceja de manera escéptica en mi dirección.

-¿Me crees estúpido?- gruñó –Ese hombre no me da buena espina-

-Eso no es novedad- reté de regreso -¿Desde cuándo usted está de mi lado?- mi límite de invitados no deseados estaba más que rebasado.

-Tú eres otro tipo de mal, Vi Britannia- sonrió de manera burlona –Un mal necesario-

Me crucé de brazos pensando en cómo y cuántas veces podía ser ofendido dentro de mi propio hogar. Pero era un paso en una dirección un poco más favorable.

-Estamos de acuerdo en algo- musité todavía mirando sobre mi espalda y pensando a marchas forzadas una solución más pacífica que la muerte.

-Necesitas ayuda-

¿Pero cómo demonios resolvería este problema sin iniciar una guerra diferente? Es decir, no podía hacer notar mi desconfianza en ese hombre sin hacer dudar el grado de confianza que Japón tenía en el zar y sus decisiones. Eso podría traer a casa un conflicto diferente que provocaría no solo la desaparición de la posible alianza sino una guerra personal de las islas contra Rusia, todo sin ayuda de Britannia. Cuando existía todo menos tiempo para andar jugando a esto.

Por otro lado, también estaba la relación con China y Australische.

-¿Cuándo fue la última vez que pensaste seriamente en la seguridad del país?- reclamó el viejo Kururugi llamando mi atención.

-Anoche- le regresé de inmediato molesto por lo que trataba de implicar. Llevaba tres días enteros discutiéndolo con Rakshata y el proyecto Zero era perfecto para… jugar con las esperanzas del enemigo. Mi cerebro se iluminó y el viejo Kururugi sonrió de manera cómplice.

Aunque no se supone que nadie además de Rakshata supiera la cantidad de poder que manejaba ese proyecto.

-¿Me ha estado espiando?- comenté con cierta desconfianza aunque no podía desviar mucho mi mente, ya trabajando en la salida perfecta. El viejo Kururugi no contestó, pero enarcó una ceja ante mi paranoia. Era tan cierto como imposible que alguien supiera lo que conllevaba mi proyecto, hasta el momento eran pedazos de información suelta para que nadie pusiera sus manos en la idea completa aún.

-Suponiendo que tengas una idea- musitó el viejo cambiando el tema de inmediato a un terreno más neutro. Hice una nota mental respecto a sus comentarios. –Apoyo lo que tenga que hacerse, solo para demostrarte de qué lado está mi lealtad-

-¿No debería ser mi línea?- ironicé -¿Cuál es el tremendo y repentino interés? Además de que hay una peor amenaza que yo- su actitud era tan desconcertante como la del brujo y no debía pasarla por alto cuatro días antes de actuar.

El entrecejo del hombre se juntó en desaprobación. Sentí un escalofrío recorrerme.

Había visto esa mirada antes, solo que en otro hombre.

Y quizás me había pasado un poco de la línea.

No, realmente no. Merecía una respuesta digna de mi desconfianza.

-Hatori Yamagata- declaró el hombre volviendo a su expresión normal de indiferencia. Parpadeé confundido sobre el papel que tenía de la nada el ministro de defensa en esto. –Me crucé con él y su familia en el hospital de especialidad-

-¿Por qué una plática con alguien fuera de nuestras evidentes diferencias, cambiaría su forma de pensar en mí, si habitamos la misma casa y podía darse cuenta sin mayor problema?- cuestioné, me sentía ligeramente ofendido al respecto. ¿Qué tal si le preguntaba a la persona equivocada?

El hombre resopló molesto.

-Te dije que creía que le habías lavado el cerebro a Genbu y a Todou, incluso podía darte un premio por tu maravillosa actuación en Narita. Así que debía recoger opiniones de extraños-

Era mi turno de resoplar por la ironía de toda la situación.

-¿No le creyó a su propia familia pero sí a un extraño?- apunté, quizás la edad ya le estaba jugando malas ideas. El hombre gruñó y yo me rendí levantando ambas manos en señal de paz.

¿No era eso lo que quería al final? Crédito. Incluso si le dijo a mi plan de Narita una actuación.

-No cantes victoria Vi Britannia, sigues siendo un peligro ante mis ojos-

-Me siento honrado- confesé y quizás eso era más normal para mí que conseguir repentinas aprobaciones en lo que hacía. Yo no me tenía que explicar y nadie debía preguntar mis motivos, todos resultaban beneficiados al final. –Entonces ¿Apoyará lo que sea que decida hacer para deshacerme de ese hombre?- sonreí.

Definitivamente no estaba cómodo con mi manera de plantear nuestra actual situación, pero si al menos alguien estaba de acuerdo conmigo entonces no podíamos ser dos personas paranoicas.

-Te escucho-

Abrí la boca pero la cerré en el instante pensándolo mejor.

-¿Mencionó que mis actuaciones son convincentes?...-

Había que enseñarle magia al brujo.


¿Corto? Quizás pero no quería atorarme y saqué la escena que por así decirlo, bloqueaba el resto de mis , basta de jueguitos.

Britannia está al acecho.

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