Stage 61: Herencia genética

Lelouch P.O.V.

Definitivamente esto era lo más interesante que me había pasado en largo tiempo.

-¡¿Qué demonios está pasando?! ¡Estamos a obscuras! ¡Reinicien los sistemas de inmediato! ¡No podemos quedarnos sin radar! ¿Quién fue el estúpido que se metió con nuestras redes?-

Suprimí el instinto de levantar la mano con mucha honra a raíz del último comentario, pero eso no borraba la pequeña sonrisa que tenía en mi rostro.

La vida estaba hecha para estos percances y así cambiar un poco la rutina. Japón tenía ya cierto tiempo estancado en la defensa, todavía estaba por probar mi teoría de que su gente podía hacer algo para bien. Luchando su primera y única batalla en iguales situaciones contra Britannia, saliendo victoriosos de ella.

-Lelouch… ¿No consideras esto un poco extremista?- el ministro de defensa estaba sentado frente a mí un poco preocupado por la situación, pero no podía decirle algo que lo dejara tranquilo si realmente no tenía nada en mente.

-Para nada-

-¡Vamos a morir!-

-¡Seremos esclavos de Britannia para mañana!-

-¡Que alguien nos diga que hacer!-

-¿Qué mejor manera de entrenar soldados holgazanes en tiempo real para una situación de emergencia?- declaré recargándome más en la silla, observando pacíficamente por la ventana.

Necesitaba un par de minutos más.

-Podría perder mi puesto por esto, lo sabes- comentó Yamagata-san todavía no muy convencido de mi táctica pero sin signos de querer cancelar el show, debía admitir que la idea de ver las reacciones de primera mano de todos los puestos del ejército era un evento que ayudaba a catalogar de inservibles, mártires y productivos.

Al menos habíamos logrado conservar a los útiles. Uno que otro filtrado aún.

Había decenas de soldados tratando de conseguir órdenes del superior al mando que tuvieran más cercas. En el caso de esta zona, seguro buscaban mi trasero como nunca antes lo habían pensado en sus tristes vidas, pero por el otro lado, faltaba la presencia de mi superior al mando inmediato.

-¿Dónde está Todou-san?- cuestioné en voz alta. Hasta ahora se me ocurría pensarlo después de días de ausencia, quizás era la primer persona que podría haberme prestado ayuda para esto sin recurrir a tácticas extremistas.

Si, eran extremistas pero nada que hiciera daño aún.

-En Sapporo con las espadas- contestó Yamagata enarcando una ceja en mi dirección –¿No lo sabías?-

-Ha sido una semana larga- no había otra manera de explicar ese desliz en la comunicación. Si Todou-san le había dicho a mi padre que tenía cosas que hacer fuera de esta zona, esperando que pasara el mensaje, definitivamente nunca me enteraría. No si se la pasaba metido en la sala de reuniones todo el día.

Pero eso lo estaba arreglando justo ahora.

-Lelouch ¿Cómo piensas que le explicaré esto al país?- continuó Yamagata-san observando a través de las persianas de su oficina, me encogí de hombros sin darle importancia -¿Al menos me dirás de que se trata?-

-Considero un pago justo el no decir nada de mi actual plan debido a que nadie me informó nunca de la instalación de cámaras de seguridad alrededor del templo- una de mis cejas saltó en completa irritación al tocar el tema de nuevo mientras jugaba con los botones de mi saco–Cámaras espía- presioné el punto y Yamagata-san se mordió el labio inferior todavía fingiendo mirar por la ventana –Con micrófonos- siseé finalmente.

Pero el hombre no podía evitarme por siempre, lo máximo que tenía como record eran seis meses.

-Lelouch, yo no soy la persona que te tiene que dar explicaciones sobre eso. Pero comprendo el motivo por el cual fueron puestas- Yamagata-san volvió a su escritorio con total calma a pesar de que las sirenas de ataque comenzaron a sonar. Levanté la vista levemente, esperaba que tuviera una buena explicación distinta a la mía.

Aún con todo lo que había pasado, mi supuesta mentalidad respecto a Japón y Britannia, el lado de mi lealtad y mis convicciones, la sola idea de que hubiese cámaras en el templo podía invocar mis miedos más profundos. ¿Desde cuándo estaban ahí? ¿Nos mantenían vigilados a mí y a Nunnally? ¿Qué tanto había dejado ver frente a las cámaras durante los últimos años? ¿Había tenido privacidad alguna vez en mi vida? Siempre siendo observado por alguien aún cuando creí que eso se había acabado al salir de Britannia.

Algo tarde para estarse lamentando por algo así, sobre todo por lo que estaba a punto de hacer. Pero era una molesta piedrita en mi zapato que no dejaría de dar vueltas en mi cabeza por largo tiempo hasta que una explicación me convenciera de que no era preso en mi propio hogar.

Quizás Yamagata-san podía iluminarme.

-Genbu puso esas cámaras cuando iniciaron las hostilidades de Sawasaki- confesó directo y al punto, me encontré enarcando una ceja en completa sorpresa. Era un giro bastante diferente a mis pensamientos pesimistas.-Siempre confió en tu palabra aunque no dijeras nada en tu defensa, pero para los demás, debían ver de primera mano que era Sawasaki quien iniciaba tantas riñas contigo o que incluso amenazaba con poner en riesgo tu vida-

Sonaba muy bien para ser verdad.

De hecho sonaba como lo que un padre sobreprotector haría.

-Genbu es un padre sobreprotector- confirmó Yamagata-san con media sonrisa –Y no lo culpo, Sawasaki hizo más daño del que quisiéramos admitir todo este tiempo-

-Eso no explica que las cámaras sigan funcionando- declaré algo molesto mirando en dirección a las pantallas como prueba de mis palabras, los actuales ocupantes del templo de movían frenéticos como respuesta a las alarmas.

-Eso lo tienes que hablar con tu padre- finalizó Yamagata-san levantándose de su lugar con una gran sonrisa.

Sabía lo que tenía que hacer, el problema en sí era el tiempo con el que contaba para lograr un nuevo milagro. Las cámaras del templo mostraban claramente cómo se interrumpió exitosamente la cumbre a raíz de un peligro inmediato y no necesitaba el audio para ver cómo se ponían de acuerdo para defender el país.

Suzaku tomó su celular y comenzó a marcar de manera insistente. Podía decir su destinatario cuando mi celular comenzó a timbrar en mi bolsillo, pero lo ignoré. Lo ignoraría cuatro días para que supiera lo que se siente, además él no era necesario para este plan.

Cuando la cámara en la entrada del templo mostró la salida de 5 mandatarios, sonreí haciendo Jaque en mi plan.

-Yamagata-san, mi padre viene hacia acá- dije mientras me levantaba y guardaba mi computadora de nuevo en el maletín. –Viene acompañado, sea bueno con las visitas- sugerí.

-Lelouch… ¿Qué vas a hacer?- comenzó en tono de regaño concluyendo lo obvio. Yo no me quedaría a recibirlos.

-Proteger el país- sonreí enderezándome -¿No es eso lo que hago mejor?-

Cierto.

-Y un poco de drama. Rakshata estará aquí antes de que mi padre llegue, ella sabe el resto de mi plan-

Las cosas que uno tenía que hacer para llamar la atención.


Kondou Kururugi P.O.V.

No estaba confiando en un Britannian, eso sería imperdonable. Pero al mismo tiempo ya había hecho cosas que podían dejar en duda mi humanidad y sobre todo la lealtad que una vez le profesé a esta tierra.

Un día hace largo tiempo fui un idealista. El mundo era un lugar tranquilo a pesar de las advertencias que Britannia lanzaba al globo. Advertencias que venían en forma de una guerra inminente por el control del mundo, constantes discusiones, tratados, opresión. Dentro y fuera de su propio territorio.

Me tocó una hermosa época donde Augustus De Britannia era emperador. Debía admitir que uno muy bueno. Cuando yo era niño había otro hombre al mando, no recuerdo muy bien su nombre pero jamás olvidaré los dolores de cabeza que le daba a mi padre entonces, mantener a la familia unida e inculcarnos un poco de empatía con nuestra gente. La tiranía de Britannia venía en la sangre de sus sucesores al parecer.

Pero todo eso cambió cuando Augustus subió al trono. Era un hombre que Britannia jamás había tenido la oportunidad de seguir, sin ansias de sangre, de territorio, velador de la paz. Era contrastante que de la nada, este hombre trajera buenos deseos al mundo y las riñas se convirtieran en décadas de armonía.

Augustus De Britannia impulsó a su país en riquezas que Britannia no había considerado antes. Haciendo decenas de tratados que beneficiaron al mundo entero, compartiendo avances, ganancias, la globalización del comercio. Sin duda el hombre había tratado de borrar en su reinado lo que todos sus antecesores habían hecho mal. Y lo estaba logrando.

Me casé, tuve a mi hijo Genbu y creí que la vida no podía ser más sencilla.

Hasta ese día.

El Sacrosanto Imperio de Britannia anunció el ascenso de su 98vo Emperador, Charles Di Britannia. Su padre, Augustus, había sido asesinado por terroristas anti-britannian. O eso declaraba el joven emperador. Podía ver en la mirada de este nuevo emperador las ansias de poder que se habían embotellado 40 años. Los problemas en que estaba metido todo el globo al haber dejado que Britannia se hiciera parte de todo el mundo, su economía, reglamento, política, y tuviera sus derechos y beneficios.

Cavamos nuestra propia tumba confiando en una sola persona.

Así que como era de esperarse, Charles Di Britannia utilizó los convenios y tratados a su favor. Los canales que Augustus había abierto como beneficio mutuo, se convirtieron en las cadenas que Charles manipuló para obtener las primeras áreas. Cuando un país ya no tenía nada que dar, estaba en deuda con Britannia.

Cuando un país rompía un convenio, estaba en guerra con Britannia.

Cuando el primer país entró en guerra con Britannia, el Imperio desplegó sus tropas.

Iluminando a Charles en el modo más rápido de hacerse del resto del mundo.

Sufrimos las inclemencias de un hombre que era todo lo contrario a su padre, y me llevó al mismo tiempo a una difícil conclusión.

Vivíamos para darle paz a las personas a nuestro alcance. No había tal esperanza de un mundo sin guerra, porque la gente buscaba el conflicto en el más mínimo desacuerdo. Éramos solo responsables de nuestras familias, amigos o aquel que se cruzara en nuestro camino y que mereciera un poco de ayuda.

Los ideales de Augustus habían sido buenos, habían mostrado un mundo perfecto que nació y murió con él, pero aprendí que SÍ había una posibilidad de paz, aunque fuera dentro de nuestra propia familia y valía la pena aferrarse a ella. No había por qué pelear por un puño de personas que no lo merecían ni harían lo mismo por nosotros.

Además, las divinidades no castigaban al opresor ni premiaban al altruista. Era un mundo cruel, sin dioses, sin recompensas y sin poder confiar en nadie. Había compartido con mi querida esposa la creencia de que predicando con el ejemplo, el mundo cambiaría de poco a poco. Al menos éramos felices estando en paz con nosotros mismos.

Pero eso tampoco dejaría satisfecho al destino.

Mi adorada Takagi enfermó. Su salud se deterioró rápidamente y no había nada que hacer por ella, la tuberculosis la consumió en cuestión de meses. Me alejé de Genbu para ponerlo a salvo, porque nunca me permití dejar el lado de mi esposa pero al mismo tiempo no quería que mi hijo sufriera el mismo destino.

Después de un año cuando era evidente que yo no había contraído su enfermedad, Genbu había labrado su camino con ayuda de todo el mundo menos yo. Supuse que estaba bien entonces, desaparecer y tratar de encontrarle un sentido a la vida. Probar quizás ser una persona mala y despiadada, para ver si los dioses tenían un problema con eso, ya que evidentemente lo tenían cuando Takagi y yo dimos lo mejor de nosotros.

Recorrí el país buscando el camino a la iluminación. Una señal que me dijera si estaba bien creer en la bondad de las personas y confiar en que algún día, el reino de Augustus se volviera a hacer presente con un periodo más largo de tiempo. Pero año tras año seguía probándome equivocado.

Britannia no mejoró.

El mundo se hizo miserable.

Japón estuvo a punto de caer en sus garras.

Ese momento de desesperación me bastó para dejar de lado búsquedas inservibles de un método perfecto para vivir. Ver los Knightmare Frame arrasar sin piedad por las ciudades, matando a los japoneses a pesar de que se habían rendido, era imperdonable. Supuse que al fin me reuniría con Takagi, sin tenerle una respuesta certera sobre la situación del mundo.

Entonces se dio a conocer una noticia que le puso un alto a mis deseos suicidas.

¡Japón había repelido a Britannia! ¡Repito! ¡Japón ha repelido a Britannia!

Suficientes palabras para levantar una horda de japoneses que salieron a defender su país del resto de los soldados que deambulaban por las islas. Yo en el grupo.

Mi hijo era entonces el responsable de ponerle un alto al Imperio más grande de la historia de la humanidad. Mi hijo había logrado retener algo de su madre y la tonta idea que pregonábamos sobre pelear por lo que nos interesaba. Genbu tenía la fuerza para lograr algo que Augustus había dejado incompleto.

O eso creí.

Estaba cansado de decepciones.

Tenía un nieto, eso lo supe desde que pasó. Suzaku, tan parecido a su padre.

Pero definitivamente no tenía un nieto adoptivo de tez pálida.

Me llamó la atención la primera vez que lo vi en el Hospital de Especialidad Militar (HEM). Era un niño de ¿11 años? Y era un Britannian, muy reconocible en la multitud de japoneses. Se veía autoritario, sin miedo a estar en un lugar con gente mayor que a la menor oportunidad quizás lo asesinarían, entonces comprendí por qué.

Todou llegó y se paró detrás de él con una mano en su espalda.

Eso movió por completo mi mundo. ¿Acaso sí habíamos perdido con el imperio? ¿Era una especie de castigo? Altruista no podía ser, Genbu apenas veía por Suzaku ¿Y de la nada estaba interesado en la adopción? ¿Qué demonios hacía un Britannian viviendo bajo el techo de mi hijo?

Los soldados comentaban, su nombre era Lelouch.

Los soldados estaban bien informados de sus movimientos, viajes a las bases, su cercanía a los pasos de Todou, el apoyo que mi propio hijo le daba según el problema en que se metía. Eso no estaba para nada bien, Genbu no podía confiar en Britannia como una vez lo hicimos, fuese un niño o no.

Aunque después la supuesta valía del joven Britannian finalmente salió a la luz. Lo empezaron a llamar estratega, aunque estaba seguro de que Japón tenía los suyos propios y no necesitaba de apoyo extranjero.

Le dijeron teniente coronel, y entonces supe que estábamos perdidos. Un Britannian con poder militar dentro de las islas, ¿Era una especie de chiste cruel? ¿Alguien perdió una apuesta? ¿Era siquiera legal?

Como si el destino quisiera probar sus decisiones, llegó la batalla de Narita.

La gran hazaña le dio la vuelta a Japón por medios que no eran ni siquiera del país. Un reportero escandaloso que clamaba que las islas tenía una especie de nuevo dios a quién rendirle tributo y nada menos que un Britannian. Debía admitir que estuve cerca de liberarnos del error que el país estaba a punto de cometer. Confiar en un Britannian que después nos daría la espalda, ya lo había vivido. No había por qué pagar de nuevo, solo era cuestión de quitar al muchacho del mapa.

Pero durante su tiempo en el H.E.M. me fue imposible con Genbu o Todou montando guardia. Esos dos estaban algo paranoicos y qué más prueba que esa para concluir que el muchacho ya los había metido en más problemas de los que quisieran admitir. Se estaban poniendo una soga en el cuello y se llevarían a Japón con ellos.

¿Por un poco de caridad? Al mundo no le importaba si otro Britannian dejaba de existir.

Debía entonces tomar la situación de frente y con seriedad. Sin importar que el primer reclamo de Genbu fuese ¿Dónde había estado todo este tiempo? ¿O por qué quería ahora demandar un poco de autoridad en su vida?

Aunque ninguna de las dos cosas eran para mí, yo solo quería el bienestar de Japón. Solo quería hacerle ver la experiencia que tuve en el pasado con una situación similar y así no tendría la culpa que yo cargaba, al apoyar un Britannian que no pudo retener a su propio Imperio por el tiempo suficiente.

No me iría hasta que me escuchara, ese era el acuerdo. Las horas se convirtieron en días, los días en pronto en semanas… y heme aquí. Parado como idiota nuevamente considerando la palabra de un Britannian. Ah… pero no cualquier Britannian. Genbu debía meterse bien en los problemas de raza si no, la estupidez estaba incompleta.

Un príncipe de Britannia.

-Ya no es un príncipe, padre. Lelouch es mi hijo, con todas los derechos y obligaciones de la ley, al igual que Nunnally.-

Uno que buscaba acomodarse estratégicamente para tomar el país desde dentro ¿Quizás lo heredaría en lugar de convertirse en área?

-Lelouch y Nunnally fueron desterrados de Britannia hace siete años. Olvidados para morir aquí, aunque no tendría por qué explicarte nada…-

Controlador, altivo, necio, irrespetuoso, demandante.

-Lelouch es Lelouch…no hay manera de explicare eso, Kururugi-sama. Se perdió demasiado tiempo en la vida de su hijo y nieto como para notar el cambio natural de las cosas. Si, yo también me dejé llevar, Genbu necesitaba urgente apoyo cuando eran tres contra uno. Pero jamás ha existido una demanda de parte de Lelouch, excepto quizás que lo dejáramos solo-

No había manera en que fuese natural su presencia tan íntima en un núcleo japonés, sobre todo con los valores que le había inculcado a mi hijo.

-¿Debo suponer que busca una respuesta para convencerse de que su hijo tiene una venda en los ojos? Kururugi-san, basta con que observe los motivos por los que Genbu se mueve o se detiene. La interacción con esos tres, sus preocupaciones… aunque nadie podría convencerme a mí de que a ese hombre no le importan sus hijos por igual. He visto sus peores miedos dentro de las paredes del hospital y créame, uno deja de ver la raza entonces-

Era una tontería, no había manera en que razas tan diferentes embonaran como si fuese natural. Un príncipe de Britannia en un país aún libre.

-¿Qué se yo al respecto? Quizás Suzaku sea mi hijo pero al igual que usted, tampoco estuve aquí la mayoría del tiempo y ahora no pretendo cambiar lo que ha pasado. Tal vez no estaba muy feliz cuando recién me enteré de esto y tal vez siga sin comprender muchas cosas, pero creo en lo que veo y eso basta. Japoneses me han puesto en peores aprietos que este Britannian, japoneses que no ayudan a su propia gente-

Sus comentarios aunque variados, me estaban dando la misma respuesta de diferente forma. Diferentes ángulos, diferentes acercamientos pero la misma conclusión.

Tan contrario a mis deseos.

-¿Listo viejo?- el Britannian apareció con un brillo peligroso en los ojos, antes de curvar su boca en una leve sonrisa. Suponiendo que yo no tenía que temer porque al menos en esto estábamos de acuerdo, asentí.

Estábamos al pie de las escaleras del templo. Yo me había asegurado de que el invitado especial no saliera cuando Genbu se retiró con los representantes de la cumbre, mi nieto iba con él. Pensé que este Britannian al menos involucraría a Suzaku en lo que quisiera hacer, siendo tan unidos como todos pregonaban, pero me equivoqué.

-Tome esto- el muchacho se giró con un arma en sus manos y la extendió en mi dirección. La tomé sin preguntar por qué, pero cuando se giró de nuevo a las escaleras, retiré el seguro y levanté mi brazo apuntándole justo en la base del cuello.

-¿Sabes lo que acabas de hacer?- pregunté, miró sobre su hombro de reojo confirmando el hecho de que le estaba apuntando, pero no había miedo evidente, o lo enmascaraba muy bien. –Darle un arma a tu enemigo ¿Qué tanto crees que me cueste jalar del gatillo y matar dos pájaros de un tiro?-

Dejó caer sus hombros con un suspiro, pero aún así no se giraba por completo para encararme y suplicar piedad. Una clara subestimación a mis intenciones.

-Ha tenido bastante tiempo desde Narita para asesinarme ¿Por qué ahora?- preguntó revisando su reloj con algo de prisa, pero respetando al menos el peligro al que se enfrentaba -¿Es tan difícil de creer que armé todo este movimiento sin esperar nada a cambio?-

-Todo el mundo espera una recompensa por sus acciones, si no, no habría motivo que nos impulsara a hacer las cosas- contesté sin mover mi brazo un solo centímetro –Mírame a mí ¿Acaso mi motivo no es evidente?-

-Evidente y estúpido- reclamó el Britannian mirando una vez más su reloj, pero girándose por completo hacia mí. Su garganta ahora era el blanco de su propia arma. –Motivos materiales o económicos no tengo ninguno- objetó al mismo tiempo que una sombra se instalaba en sus ojos –Tuve ambos una vez y no me protegieron de nada. Sin embargo, debo abogar por mi interés en el bienestar de mi familia-

Rodé los ojos por su bien ensayado discurso pero continuó antes de que yo lo interrumpiera.

-No le estoy pidiendo que me crea, dejé de hacer eso hacer seis años. Solo le pido que trate de asesinarme cuando haya cumplido con mi objetivo y no mientras aún corre peligro todo el mundo-

-¿Estás acostumbrado a que te apunten con un arma?- le pregunté ya un poco exasperado por su tranquilidad, aún así bajé la pistola y la metí en mi cinturón. El Britannian asintió mirando de nuevo hacia las escaleras.

-Son gajes del oficio. Aunque al final no creo que vaya a morir a manos de alguien que no sea de Britannia- confesó y se lanzó en una carrera escaleras arriba.

Oh… engendro maleducado. Me dejó con la palabra en la boca.

Comencé a subir a un paso más lento dándole el tiempo que quería para actuar, pero no por consideración. No, se había inmiscuido muy dentro de mi lógica y lo odiaba.

Odiaba este intento de hijo que Genbu intentaba criar, odiaba este Britannian que le estaba dando la espalda a su país sin darme todavía una explicación coherente para creerles. Odiaba que me hiciera pensar más de dos veces en una decisión que ya había tomado, esperando el mínimo motivo para ejecutarlo.

Odiaba a las personas de las que descendía.

Su abuelo había sido el emperador más justo que había tenido Britannia y que el mundo tuviera la dicha de tratar. Un hombre sin sed de poder, equilibrado y un líder nato que podía hacer su palabra escuchar sin prejuicio alguno.

Su padre era el emperador más sediento de poder que la historia de la humanidad había tenido la desdicha de ver nacer. Racista, antipático, cruel y despiadado, arrasando con el mundo para moldearlo a su modo.

Y podía ver un poco de ambos hombres en Lelouch Vi Britannia. La genética era imborrable aunque hubiese sido criado como japonés desde el primer día de nacido. Podía poner mi dedo en la inestabilidad que lo llevaba a actuar de esta manera solitaria y depredadora. Sus buenos deseos y ansias de paz quizás no me eran tan increíbles, lo que podría llegar a preocuparme más eran sus métodos, porque haría lo que fuera necesario para lograr sus objetivos.

Pero en la necesidad no hacíamos precisas distinciones entre lo bueno y lo malo. Haciendo de este muchacho un peligro potencial para quienes lo rodeaban y no solo para sus enemigos.

¿Genbu sabía de esto?

Lelouch Vi Britannia sostenía en sus manos dos grandes poderes. El poder de ganar esta guerra y convertir el mundo en un edén. Y el poder de destruir todo lo que conocemos en un chasquido de dedos.

¿Valía la pena el riesgo?


Lelouch P.O.V.

Cuando los papeles se invertían, a nadie le parecía justo el juego que en un inicio era divertido. Pero esa era una regla de la vida, dos personas podían jugar el mismo juego, y yo tenía partidas más grandes en las cuales concentrarme.

-¿Vienes a resguardarme, Vi Britannia?- el brujo del zar estaba sentado en mi punto favorito de la sala. Giró su cabeza en mi dirección para confirmar mi presencia.

Bien, nadie se metía con mi sillón. Digo, familia.

-¿Por qué la pregunta?- me llevé ambas manos al pecho sonando ofendido, pero tampoco podía hacer de este encuentro algo largo y arriesgarme a que alguien me detuviera -¿Los poderes del más allá fallan si estás solo?- terminé la oración de manera fría y cortante, por los ojos del hombre pasó el primer signo de incomodidad con su desfavorable situación.

El templo estaba desierto, me había encargado de eso.

-Se supone que deberías estar defendiendo tu país de una posible amenaza ¿No escuchas las alarmas?- contraatacó levantándose del sillón y enderezando su capa. Me crucé de brazos fingiendo pensar en sus palabras de manera seria, pero finalmente sonreí sin poder ocultar mi entretenimiento.

-Eso es lo que estoy haciendo- declaré dando un paso hacia adelante –Grigori Yetimovich Rasputín- pronuncié.

El hombre se congeló un par de segundos volando su disfraz.

Cuando me dediqué a pensarlo más a fondo, la evidencia había estado ahí desde el inicio.

-Para alguien de 101 años, te ves bastante bien ¿Cuál es tu secreto?- continué sonriendo –¡No me digas que encontraste la fuente de la juventud!-

Esta parte de tener que lidiar con magia y cosas sobrenaturales agotaban mi paciencia muy rápido. Me enderecé de manera seria esperando que el hombre respondiera a mis acusaciones, pero además de verse bastante contrariado por revelar su identidad entre ambos, había un brillo peligroso en su mirada que no me dejaría sacar una palabra de esta habitación.

Y la solución era simple, asesinándome.

-Eres un muchacho curioso, Vi Britannia y muy inteligente. Veo por primera vez en mi existencia alguien digno de ser mi aprendiz- siseó acercándose.

-Soy autodidacta, pero muchas gracias- sonreí y se detuvo –Además el geass no es un don de los dioses. Simplemente es haber estado en el lugar equivocado con la persona equivocada- como dentro de un buque de Britannia con una bruja de cabello verde.

-¿Cómo….?-

-Soy el vidente japonés- me encogí de hombros y levanté ambas manos tamborileando mis dedos en el aire de manera macabra –Y veo en tu futuro que te vas a quedar sin trabajo y el zar no estará muy contento-

El hombre entrecerró los ojos a manera de amenaza.

-Como si te fuera a creer, a ti… un britannian, que su consejero más confiable que lo ha acompañado incluso antes de tu nacimiento, es un hombre que hizo un pacto con el demonio y que gracias al poder que me concedió, no solo robo información de las personas con solo tocarlas sino que también me alimento de sus vidas, el gran y obscuro secreto de mi rejuvenecimiento-

Bajé mis manos parando la teatralidad y me crucé de brazos. Sin duda su última información no me caía muy bien en el estómago, pero tenía una victoria que reclamar.

-Bien, quizás no me crea- confesé con un suspiro –Pero creo que así como lo dijo se escuchó perfecto y convincente. Salude a la cámara por favor-

Miré hacia el aparato prácticamente invisible puesto en el viejo librero. Por supuesto que estaba ahí pero jamás podría averiguar por mi cuenta dónde estaba el aparato sin ver la perspectiva de la habitación.

La cara del hombre se des-configuró en incredulidad y enojo puro.

-Tendremos una plática de esto más tarde, padre- siseé en dirección a la cámara y el farsante devolvió su vista hacia mí.

Podía sentir su aura asesina. Quizás me estaba haciendo un verdadero vidente… nah.

Tiempo de llevar el espectáculo a donde no se manche la madera.


Tenía una facilidad envidiable para sacar lo peor de las personas y revelar sus verdaderas intenciones cuando me les entregaba en bandeja de plata. Es decir, una vez que restregaban en mi cara haber ganado, las cosas se les giraban para mal y me convertía de nuevo en la fuente de sus desgracias.

Un día de estos me terminaría saliendo un mal cálculo y no podría afrontar las consecuencias yo solo.

Pero no hoy.

-¡Deja de correr, cobarde!-

Calculé la distancia de acuerdo a qué tan lejos se escuchaba la voz. Pero aproveché al máximo me conocimiento de la zona para andar entre los árboles. Sin duda no era mi actividad favorita, huir, pero no lo estaba haciendo del todo. Lo estaba llevando lejos de las cámaras del templo para ocultar mi propio secreto y terminar con esto de una vez.

Esta situación no se arreglaría con estrechar las manos.

-OH, sabio y poderoso brujo. Dile a los árboles que se quiten de tu camino para poder andar con más estabilidad- me mofé. Pude escuchar el gruñido por mis palabras, pero tampoco debía subestimarlo.

Este hombre me llevaba una gran ventaja en edad y algo de conocimiento debía tener guardado después de todo este tiempo. Notando finalmente que estábamos lo suficientemente lejos para no ser encontrados en cuanto mi padre llegara al templo, me detuve y lo enfrenté de inmediato.

-Jugar con el geass no es algo muy digno de un ser humano- miré con curiosidad el punto donde había decidido parar, bien esto era extrañamente karmático. Aquí estaba mi obelisco en un futuro de alguna línea del tiempo. Me recorrió un escalofrió involuntario y me obligué a prestar de nuevo atención a lo importante.

El farsante ruso se detuvo recuperando el aliento. Su fuerza se desvanecía cuando no estaba en contacto con una fuente al parecer, y eso me llevaba a pensar en el daño que ya había causado.

Suzaku, su generosa energía diaria había sido robada en estos cuatro días. Ya decía yo que era demasiado rápido el tiempo en el que se había convertido en un zombie. Y mi padre no era una historia muy distinta, estaba bien en hacerle caso a la alarma que encendió en mi mente su dolor de cabeza, peores cosas habíamos hecho y se mantenían en muy buena había sido un robo.

Todo lo había causado este sujeto.

-Para alguien tan joven, pareces estar muy bien informado de lo que es un geass y sus alcances- siseó el hombre caminando de manera furtiva alrededor, no me moví en lo absoluto. -¿Es entonces el secreto del vidente japonés, también?- el peligro aumentó cuando llegó a una conclusión que apenas era mitad verdad, pero me convertía automáticamente en una mayor amenaza para él.

-Mi apodo solo viene de mis estrategias- alegué con gran molestia en cara, la compasión se había agotado finalmente –Pero no le haría daño saber que mi demonio también fue generoso y podría jugar de la misma manera que usted ha estado jugando con mi gente-

Miré el reloj y suspiré.

-Pero no puedo dejar mi secreto descubierto ¿Le parece?-

Levanté una mano y lo invité a acercarse.

Charles Di Britannia me había dado el arma para acabar con este hombre.


Genbu P.O.V.

Oh-oh.

Oh…

¡Oh demonios!

-Estás castigado, Lelouch definitivamente estás castigado- musité masajeándome la sien.

Por la falsa alarma de ataque, por hacerme salir del templo, por no decirme antes sobre sus sospechas, por no contarme que había sido reasignado al ejército, por hacer equipo con Hatori para engañarnos y por lo que sea que estuviera planeando en el templo.

El zar estaba teniendo un tiempo difícil procesando la información. Yo personalmente no tenía que ver un video-confesión, si Lelouch me lo hubiese dicho desde el inicio solo con eso hubiera bastado. No tenía por qué interrumpir todo con una falsa alarma nivel nacional y… exponer su punto de esta manera.

-Tendremos una plática de esto más tarde, padre- habló Lelouch hacia la cámara, pude ver claramente la molestia en sus ojos. Maldije por lo bajo, esta no era la forma de revelar mis acciones tampoco. Poco después desapareció de la cámara en la sala y se movió rápidamente por el interior del templo hasta perderse del rango de vigilancia, el otro hombre lo seguía muy de cerca y sus intenciones ya no estaban encubiertas, por lo tanto era un peligro.

-Tengo que regresar- me di la vuelta sin esperar confirmación. Suzaku de inmediato despegó los ojos de la pantalla y me siguió, pero la segunda cómplice de Lelouch se atravesó en la puerta de salida con una leve sonrisa. –No es la situación correcta, Rakshata- le advertí. Pero si había algo en lo que a pesar de mi poder jamás había podido ejercer jurisdicción era en los planes de mi hijo con esta mujer.

La mayoría del tiempo no me molestaba, sin embargo ahora…

-Pero si yo no estoy haciendo nada- sonrió ella llevándose la pipa a la boca. –Solo le quería desear suerte- ladeó la cabeza con un extraño brillo en los ojos, ese que indicaba que todo estaba saliendo de acuerdo al plan.

Retrasándome.

Afilé la mirada y se hizo a un lado.

El mundo no podía apoyar a Lelouch cuando hacía las cosas mal, porque sabía qué lo había detenido a actuar de frente desde un inicio. La alianza, las desaprobación del zar… los problemas que me podría causar.

¿No había cambiado su forma de pensar ya?

Al final del pasillo me tropecé con otra cara conocida.

-¿Genbu?-

-Todou…- suspiré aliviado poniendo un brazo sobre su hombro, ayuda necesaria. Suzaku se emparejó de inmediato con ansias de continuar caminando, pero podía escuchar más pisadas apresuradas alcanzándonos solo porque me había detenido.

Lawrence y Xingke asintieron en mi dirección comprendiendo la situación y mi repentina salida, llegando a sus propias conclusiones sobre lo que habían visto, pero eso tampoco era lo más importante.

-¿Qué es lo que sucede?- presionó Todou poniendo su propia mano en mi hombro -¿Por qué las alarmas? ¿Cuál es la emergencia?- escaneó el grupo que me seguía de cerca -¿Dónde está Lelouch?-

Bingo.

-Templo- peligro- ahora-

Detalles luego.

Esto se sentía mal en un sentido que me ponía nervioso.


Una herencia Britannian... ¿Buena o mala?

anySuzuki