Stage 63: Call of Duty
Moméntum.
Hace siete años empezó esto.
Era hora de acabarlo.
Lelouch P.O.V.
No existían las coincidencias, la historia lo sabía. No existía tal cosa como la defensa que Japón lanzó, el primer país con agallas de atacar a Britannia. No existiría tampoco la súbita decisión que el Imperio tomó solo porque se había cansado de juegos. No, ahora solo quedaba un pequeño pedazo de historia por escribir y visto desde cualquier ángulo, a pesar de lo que el mundo entero quisiera creer, nadie recordaría quién hizo el primer movimiento sino el último.
Pequeña gran responsabilidad.
Ser partícipe en un evento que alzaba las esperanzas del mundo para finalizar la opresión y que de perder, con la misma rapidez las apagaría. ¿No era absurdo? Que un pequeño país se estuviera haciendo responsable del bienestar del resto. Que un pequeño país tuviera la oportunidad que otras potencias habían rechazado.
No tenía nada en contra de Rusia, ¿Pero no eran más grandes? ¿No fueron en su mejor época más poderosos? ¿No tenían una organización militar más dura y fría?
-Aunque de nada sirve lamentarse- musité abrochando con rudeza las agujetas de mis botas.
-¿Decías, Lelouch?-
-Nada, solo analizaba unas cosas- mentí levemente y me enderecé, contento con mi trabajo. Había olvidado por completo que tenía a Rakshata en la línea con el manos libres. -¿Puedo hacerte una pregunta, Rakshata?-
Caminé hacia el espejo para arreglar los detalles del uniforme.
-¿Crees que los números ganen batallas?- dudar de mí no era una opción, pero platicar con alguien sobre mis dudas ayudaba -¿Crees que tenemos alguna posibilidad real de acabar con todo esto de una vez por todas?-
-Dejando de lado el atemorizante hecho de que me estás haciendo dudar de ti con la guerra a la vuelta de la esquina, niño. ¿Por qué le tomas importancia al único factor que siempre estuvimos conscientes que era una desventaja? Digo… por eso desarrollamos otras medidas-
Sonreí levemente ante la propia duda de Rakshata pero no quería causar pánico, solo tener muy presente la situación para no temer ante la imagen de al menos 20 KF de Britannia por cada uno que Japón poseía.
-No ganaremos por número, eso lo sabemos- le reprimí levemente abrochando los botones de mi saco. –Me preocupa que Britannia no sepa que sus números no serán suficientes para lo que les espera-
-Tan lindas tus prioridades del momento, príncipe.- pude escuchar su risa sarcástica mientras ella también se hacía cargo de ordenar lo mejor posible nuestras defensas. -¿Quieres ayudarles a rendirse también? ¿Les daremos la oportunidad de volver mañana si hoy no pueden?-
Jalé las mangas de mi camisa con una ceja enarcada y abroché el botón de ambos puños.
-No, les di siete años para suplicar clemencia y no tomaron la oportunidad- mi boca se torció levemente en una sonrisa –Y quiero un año sabático cuando todo esto termine-
Me miré al espejo por última vez admirando la decisión de Yamagata-san sobre el uniforme. El hombre tenía una especie de amor por la autoridad militar y su debida etiqueta. Pero me hacía pensar también que la mitad de las veces que corrí dentro de una operación real japonesa, no llevaba puesto un uniforme. De hecho la mayoría de esas veces estaba en pijama y sin zapatos, vaya suerte. Pero ahora no existía tal cosa como "No me enteré" o "No me dio tiempo de vestir algo más decoroso".
Podía morir con esta ropa y me sentiría honrado.
-Estaré al pendiente de los detalles, Rakshata- me llevé una mano hacia el audífono finalizando la llamada sin esperar confirmación. Ambos teníamos cosas que hacer.
Suspiré de manera fuerte tratando de deshacer un poco de tensión de mi cuerpo, pero supongo que era inevitable. No podía ser la persona más positiva en este momento a pesar de que acabaría esto de una vez por todas.
Existía un margen de error.
Existía la posibilidad del fracaso.
Como en toda batalla, era el mismo motor que se fundía con la adrenalina del enfrentamiento.
Y este era el último.
Genbu P.O.V.
Cargué el arma. Le puse el seguro.
Mis dedos temblaban al sentir la superficie fría y lisa de la pistola. Brillando levemente con la luz de la luna a través de la ventana de mi oficina.
A esto se resumía un vida llena de altibajos, recurrir a quitarle la vida a otro ser humano por el bienestar de los míos. Pero no es que me sintiera culpable al respecto, tampoco que la vida que fuese a quitar la considerara humana todavía, era solo un ajuste de cuentas que finalmente esperaba lograr saldar.
Yo no quería que Lelouch manchara sus manos en esta situación. Aunque fuera el responsable de algunas bajas de Britannia y con algo más de suerte, el responsable de su completa extinción como imperio, pero dentro de lo que yo podía controlar, la vida de Charles Di Britannia sería mía por terminar.
Y de llegar al extremo correcto, Marianne Vi Britannia sufriría el mismo destino que su esposo.
No importaba la responsabilidad, o los recursos que utilizara. Tampoco si lo lograba con ventaja, o pidieran por sus miserables vidas.
No le conté a Todou de mis planes en medio de esto, él se retiró a cumplir con la organización de una país entero en espera de terminar a tiempo, posicionar nuestros recursos de la mejor manera posible y sobrevivir para el lunes. Ya lo habíamos hecho una vez, tenía plena confianza de que ahora que sabíamos a qué nos enfrentábamos y en qué momento llegaría, era más que suficiente para ofrecer la misma resistencia y más que hacía siete años.
Pero en cuanto a mi papel, bueno, no tenía una parte muy activa. Era la cara oficial de Japón, era la persona que debía lanzar la alarma para que todos corrieran a esconderse y oraran por quienes arriesgarían su cuello por el bienestar de nuestra raza. Era yo quien debía mantener en alto la esperanza de los desarmados, la valentía del ejército y la confianza del mundo que nos estaría observando una última vez.
Debía presentarme tranquilo, compuesto. Impecable y positivo.
Debía ser un ejemplo a seguir hasta las últimas consecuencias, pero eso era el trabajo del primer ministro.
Tenía un trabajo un tanto diferente como padre.
Con un par de golpes, alguien llamó a mi puerta.
-Adelante-concedí después de guardar el arma el cinturón a mi espalda.
De todas las personas que podían estarme buscando en este momento se me hizo extraño verlo a él. Lelouch entró con una expresión seria y se quedó recargado en la puerta de mi oficina una vez cerrada.
A esto se resumían siete años.
-Creí que ya te habrías ido- comenté, pero la sola idea me resultaba incómoda. Como estar tratando de pasar alfileres, imaginándolo lejos de la seguridad del templo.
Demonios.
-Vine a avisar precisamente eso- respondió Lelouch levantando la cabeza y mirándome por primera vez desde que había entrado.
Esto era sumamente incómodo
Tan incómodo como-
…
-"Britannia volverá a atacar. No mañana, tampoco quizás dentro de un año, pero volverán. Si ya no eres un príncipe de Britannia, muchacho, puedes hacerte útil y prestar tus servicios a Japón y a mí-
-Puedes tenerlo todo si pasas tu lealtad a este país. Escuché a Suzaku mencionar que eras muy buen estratega y que difícilmente podría vencerte en algún tipo de reto que involucrara la mente.
-Tal talento en un niño de 10 años, es increíble y de desarrollarse en las perfectas condiciones, valioso. Todavía eres muy pequeño, pero en unos años más las cosas cambiarán. Entonces, Britannia también volverá y Japón estará más que preparado"-
-¿No le exigirá nada a Nunnally?-
-No, ella podrá seguir viviendo tranquila mientras quiera. Podrá hacer lo que quiera mientras esté a su alcance, no necesariamente tendrá que estar encerrada en esta casa por el resto de su vida y tú tampoco-
Hubo un leve momento de vacilación.
-Acepto-
…
Vacilación.
-Gracias-
Mi línea de pensamientos se quebró al mismo tiempo que miraba a Lelouch con una ceja enarcada. Mi hijo aspiró de manera profunda y se paró correctamente dejando el soporte de la puerta.
-¿Lelouch?- rodeé el escritorio para acercarme pero mi hijo levantó ambas manos para que le diera espacio, y lo hice. Pero eso no explicaba nada sus palabras.
-Hace siete años- continuó de inmediato –Estaba aquí mismo, esperando que lo imposible pasara. Que alguien del imperio llegara y nos sacara a Nunnally y a mí de un país que tenía todo el derecho a asesinarnos, a castigarnos, como parte de la familia del hombre que estaba acabando con los japoneses sin piedad- bajó la mirada un poco.
Por mi mente jamás pasó algo tan malvado, eran solo niños. Pensar que Lelouch creía que yo haría algo de semejante naturaleza me hacía sentir como un cobarde.
-Entonces creí… que cualquier opción sería mejor. Y fue un horror pensar que los Ashford no habían respondido a mi llamado- se rió levemente de manera amarga –Me aterraba la posibilidad de regresar aquí sin poder ofrecer nada a cambio, sin tener la capacidad de proteger a Nunnally. Pensé en sobornar a Todou-san para que nos dejara escapar, pero no tenía nada que pudiera interesarle-
…
-"Solo quiero asegurar mi futuro y el de mi hermana"-
-Solo eso ¿Eh?-
-No necesito nada más-
-¿Tu hermana no necesita cuidados especiales?-
-Los necesita, pero no estoy en posición de pedirlos ¿O sí? Ni siquiera como un príncipe desterrado de su propio país puedo pedirlo-
-Si quieres lo mejor para tu hermana, puedes tenerlo. Puedes tenerlo si trabajas por ello. Tú y tu hermana han sido abandonados a su suerte en un país donde nadie les dará asilo. Cualquier Britannian en suelo japonés pasará a ser odiado por quienes lo rodean"-
…
Por dios, yo era un monstruo.
-¡Lelouch lo siento tanto!- lo interrumpí con escenas de esa conversación haciéndose más vivas conforme hablaba. Parpadeó confundido ante mi reacción, pero estaba tan avergonzado por mis acciones. –¡No debí, no debí presionarte de esa manera!-
Deshice la distancia que nos separaba y lo envolví en un abrazo del cual no se defendió porque estaba muy confundido al respecto.
-No estoy reclamando nada- aclaró con un ceja levantada cuando me separé un poco y lo tomé con ambas manos por los hombros. –De hecho estaba agradeciendo-
-¿Cómo puedes no estar molesto?- pregunté vociferando un pensamiento que quizás debía ser personal. Pero no podía sentirme bien conmigo mismo visualizando mentalmente un niño de diez años, tenso, asustado. Y tenerlo en la misma posición siete años después con una sonrisa satisfecha, maduro y tranquilo. -¿Cómo puedes agradecer la posición en la que te puse?- susurré sin soltarlo.
Tan peligrosa.
-Técnicamente Yamagata-san me dio la posición- se rió levemente a pesar de mi seriedad, pero tan extraño en él, sus ojos solo reflejaban una inmensa aceptación. –Tú me diste algo más peligroso-
Tragué gordo y Lelouch sonrió aún más.
-Me diste algo por lo cual ver a futuro- aclaró y suspiró un poco, desenfocando su vista en memorias lejanas –Me diste la confianza que ningún japonés le daría a un Britannian. Me diste la oportunidad de probarme a mí mismo, de crecer a mi ritmo de manera personal. Me diste techo, comida, algo que vestir, educación-
Agaché levemente la cabeza, avergonzado en tantos sentidos como culpable de la otra parte que Lelouch se negaba a mencionar.
-Te di responsabilidad- interrumpí de manera triste –Te di una posición de peligro, un asiento en primera fila para este desenlace-
-¿No lo hubiese conseguido por mi cuenta?- preguntó Lelouch buscando mi mirada, levanté la cabeza para enfrentarlo -¿No he probado ya tantas veces que es peor si me dejan fuera de esto?- había algo de reproche en esta última aclaración y Narita vino de inmediato a mi mente.
-Siento que yo te orillé a esto, cuando te pedí tu lealtad a cambio- suspiré externando de nuevo un pensamiento personal –Todou me reclamó entonces sobre usarte, Kami-sama… eras un niño-
-¿Soy la clase de persona a la que obligan a hacer las cosas contra su voluntad?- cuestionó Lelouch volviendo a la seriedad del inicio. Muy a mi pesar, tenía que negar. –Correcto-
Apreté levemente su hombro sin poder quitarme la culpa y seguro era evidente porque Lelouch suspiró una vez más de manera cansada.
-Charles Di Britannia dijo, que yo estaba muerto- continuó, quise intervenir de inmediato pero me silenció con la sola mirada –Estaba en lo correcto. Perdí todo, mi título, mi familia, mi hogar… incluso mis derechos como un ciudadano de Britannia. Nunnally estaba muy enferma, yo no tenía poder o dinero, la atención o la preocupación de alguien. Realmente estaba muerto-
-Lelouch…- que lo expresara de esa manera dolía. Pero me ignoró completamente.
-Entonces terminamos aquí, con un hogar, apellido, cuidados, una familia. En lo que a mí respecta, fue como obtener otra vida- se rió levemente mirándome a los ojos –Y es algo por lo que estoy agradecido a pesar de todo-
Sentí un gran peso levantarse de mis hombros.
-Quizás me diste poder del cual te arrepientes en este momento, pero también me diste el poder para enfrentar mis miedos y eso nadie me lo ofreció antes ni creo que sea algo de lo cual debas arrepentirte.-
Había crecido, ese niño de diez años.
-Así que no saldré a enfrentar a mi Imperio, como el Britannian que se opone a su sangre.- aseguró, otro peso se levantó de la boca de mi estómago de manera inconsciente hasta que continuó –Saldré a defender a mi país y mi familia, como el japonés que nació aquí-
Quise golpearlo en la cabeza por jugar vilmente con mis esperanzas pero solo suspiré de manera exasperada. Fue su turno de reírse por haber caído en su juego y lo abracé nuevamente. Lelouch correspondió el abrazo de manera leve y entonces ambos nos separamos de manera incómoda.
-No estás solo en esto- aseguré y asintió con una mirada que me decía que ya lo sabía –Y pase lo que pase, no podría estar más orgulloso de ti, hijo-
Nos separamos por completo y admiré por primera vez de manera crítica su ropa, un nuevo uniforme militar cortesía de Hatori seguramente. Pero si me ponía a pensar un poco, sería tonto que Lelouch no actuara después de haber esperado esta oportunidad siete años, quedándose de lado como un simple espectador.
Al menos sabía que yo lo apoyaba, que estaría al pendiente de él en todo momento y que no lo dejaría andar solo para hacerse cargo de un evento tan grande.
Aspiré profundamente controlando mis nervios.
-Vamos, Coronel Kururugi- señalé la puerta con la mano extendida. –Tenemos muchas cosas que hacer-
Moría de miedo por ver el final, pero estaba seguro de que daría todo por crearles a mis hijos un futuro pacífico. Conmigo o sin mí en el.
Lelouch P.O.V.
No estaba en el plan la pequeña plática emocional. De hecho estaba actuando por instinto a estas alturas y las cosas solo se hacían más difíciles con el paso del tiempo. Sentía que eran muchos los pendientes por resolver y no quería que nada importante quedara sin ser correctamente supervisado.
-Los veré en la base- le informé a mi padre una vez que alcanzamos el final de las escaleras. No se vio muy convencido de la repentina separación pero mis prioridades gritaban que me hiciera cargo de esto primero. Me apretó el hombro y se giró al resto de las personas que nos acompañaban.
-Pórtate bien, Nunnally- comenzó.
Me incliné dentro del auto de Suzaku, ayudando a Sayoko a acomodar las maletas, víveres y demás. Tratando de ignorar las escenas de las despedidas y sentimientos encontrados. Incluso si sabía que mi hermana estaba haciendo su mejor esfuerzo para aparentar que estaba bien con la parte en que todos nos separábamos.
Sin la seguridad de volvernos a encontrar.
-¿Cuándo he hecho algo malo, papá?-
Metí con mas rudeza de la necesaria una pequeña maleta hasta el fondo de la cajuela. ¿Esto era necesario? Finalmente había conseguido darle a Nunnally una familia y no le podía asegurar que mañana nos tendría a todos de vuelta.
-Lelouch…-
Corrí un mechón de cabello detrás de mi oreja y suspiré.
-¿Si, Clovis?-
Mi medio hermano se movió incómodo e imitó mis acciones.
-Tú…- vaciló y movió sus manos nerviosas en el cinturón de su bata de dormir. Deberíamos estar todos dormidos y no empacando para la contingencia. -¿A dónde vamos?- preguntó finalmente y sabía que no tenía que ver nada con su primera duda, pero lo dejé pasar reasumiendo el acomodo de pertenencias.
-A un lugar seguro- contesté sin darle muchos detalles -Espero que cuides a Euphemia pase lo que pase- continué de inmediato aunque había algo de advertencia en mis palabras. –Les prometí a ambos cuidarlos mientras fuese prudente, mientras ambos quisieran. Y aunque quizás no les pregunté qué querían hacer dadas las circunstancias, confía en mí. Esto es lo mejor para ambos-
No lo estaba mirando directamente y aún así su aura nerviosa penetraba en mis sentidos. Por dios, no necesitaba de las dudas de Clovis.
-Si Britannia gana, tendrán que regresar por una vía alterna- comencé y mi medio hermano abrió la boca para protestar –No está en mis planes, créeme. Pero es una posibilidad también y quiero informarte la salida que tienes si llegamos a ese extremo. Pueden alegar que eran mis rehenes, no quiero que involucren a nadie más en esto- enfaticé esa parte y esperaba que quedara tatuada en el subconsciente de Clovis si las cosas se ponían realmente feas o encontraría la manera de cobrármelas si alguien más resultaba perjudicado –Se victimizan un tiempo, le juran lealtad al emperador y reasumen sus vidas- finalicé.
Tan simple.
Un destino vacío en mi opinión.
-Por otro lado, si obtengo la victoria de Japón, considérense afortunados de no estar en la mira de mis armas cuando destruya la cadena Imperial. Permanecerán refugiados hasta que sea conveniente, y después de eso son libres de hacer con su vida lo que les plazca. Sin retribución, persecución o culpa por este último enfrentamiento. Puedo buscarles un lugar para vivir, o pueden regresar a lo que quede de Britannia-
Una descripción algo vaga porque no sabía lo que sería del Imperio una vez terminado esto, pero era un hecho que el único problema de Britannia era su emperador en sí, lo demás no importaba.
-Lelouch-
Y tenía que enfrentar a Clovis de frente, resolver cualquier duda que tuviera de una vez por todas para que ambos pudiésemos continuar. Euphemia solo confiaba en las decisiones de Clovis desde hacía un poco de tiempo, incluso si la separó de la misma Cornelia, y me hacía recordar a Nunnally.
-¿Si?- cerré la cajuela.
-¿Por qué haces esto?- preguntó. Quise estrellar mi frente en vidrio por la pregunta pero la replanteó con rapidez -¿Por qué nos alejas de la zona de guerra? ¿Por qué te preocupas por dejarnos dos caminos resueltos sin importar cuál sea el desenlace? Ambos nos benefician y nos aseguran la supervivencia-
Era una excelente pregunta y tenía una excelente respuesta. Solo que mi medio hermano la sabía con solo mirarme a los ojos, una cantidad exagerada desbordándose por los suyos al llegar a una conclusión sencilla.
-¿Por qué proteger dos príncipes Imperiales en medio de una zona de guerra en Japón?- me reí sin realmente estar feliz por ello, no era victoria, era extremadamente amargo. -¿Por qué no?- ladeé mi cabeza.
Clovis tragó de manera dolorosa y lágrimas amenazaban con desbordarse por sus ojos. Oh genial.
-Yo…yo pude haber- comenzó a dramatizar pero era su forma sincera de expresarse, agité las manos desesperado para que se detuviera pero no surtió efecto. -¡Yo pude haber hecho lo mismo!- soltó con grandes lágrimas corriendo por sus mejillas.
Suspiré y lo jalé del otro lado del auto para no llamar la atención, más.
-Clovis, yo no trataba de- me interrumpió sumamente culpable.
-¡Yo pude haber hecho eso!- me gritó y me encogí -¡Yo debí, debí cuidarlos a ti y a Nunnally! ¡Eran tan chiquitos! ¡Eran unos niños que no conocían a nadie aquí! ¡Y los dejé! ¡No moví un solo dedo! ¡Estaba feliz en la semana de la moda en Francia!-
Con ambas manos le tapé la boca pero no evité estrechar la mirada ante su confesión, traidor.
-Solo, cálmate- instruí, pero retiró mis manos de su boca y sollozó un poco más aunque bajando su voz esta vez.
-¿Por qué, Lelouch? ¡No trates de quitarme la culpa!- susurró enojado consigo mismo, Euphemia solo nos veía con ambas manos entrelazadas en su pecho. –Dime que no podía hacer nada cuando Nunnally y tú fueron enviados aquí y te creeré, dime por qué me merezco entonces yo escapar ileso de esto, con tu ayuda y preocupación cuando no me importó antes. Cuando fui un cobarde al que realmente no le importaba tanto su propia familia como para intervenir-
-No eras un cobarde, Clovis- suspiré dando por inútil el hecho de mantener esta conversación solo entre nosotros –Tu prioridad era la ropa, pero cobarde no eras-
Mi medio hermano desarrolló en cuestión de segundos un tic en su ojo izquierdo.
-Gracias por eso, Lelouch- masculló, aunque el enojo se le pasó rápido -¿No sabes lo… terrible que se siente esto? ¿Aceptar ayuda de alguien que estuvo en la misma posición y que yo me negué a ver? ¿Lo haces por eso, cierto? Como una lección-
Tan parecida como fuese la situación, no pensé en las posibilidades hasta que Clovis lo planteaba tan dramáticamente, y quizás sí era cuestión del destino, pero una lección sería solo si Clovis sacaba lo mejor de ella.
-¿Quieres entonces que los mande a ti y a Euphemia a China, y que con suerte los adopte un jefe eunuco?- me reí y Clovis también, pero fue algo fugaz –No sabes la inmensa suerte que tuvimos- admití de manera incrédula –Y te agradezco que no metieras tus manos porque entonces no me encontraría en esta afortunada situación-
-¿En el blanco de Britannia?- preguntó Clovis y lo golpeé en la frente con la palma abierta.
-Sabes a lo que me refiero y no me obligues a decirlo- advertí, aunque era un poco cierto. –Porque yo lo viví con Nunnally, porque sé lo difícil que es tratar de huir de un pasado en un lugar desconocido, sin poder ofrecer nada a cambio. Y peor aún, darte cuenta de que lo único que supuestamente te diferenciaba del resto desapareció, y a nadie le importa, porque perdiste el valor como príncipe Imperial-
Estaba haciendo esto demasiado largo.
-Puedes tomarlo como una lección, si quieres- concluí. Pero Clovis me tomó por los hombros y en su rostro había una pequeña y triste sonrisa.
-No, no es para nada la misma situación. Tampoco soy un niño de diez años y sé qué pasará a partir de aquí. Tengo dos opciones resueltas después de todo- rodé los ojos algo exasperado y me sacudió para que le prestara atención –Yo tenía la edad que tienes ahora cuando ustedes dos fueron arrojados aquí, así que si tu puedes ofrecerme una vida resuelta en medio de una catástrofe mundial, yo pude haberte apoyado aunque fuese a escondidas solo por un exilio, fin de la discusión-
Enarqué una ceja ante su repentina iluminación.
-Dije que no eras cobarde, pero jamás dije que no tuvieras algo de responsabilidad en eso- Clovis gimió de manera lastimera ante mi acusación y me reí en su cara –No eres un príncipe de políticas, Clovis. Tu disculpa es aceptada, pero por favor solo cumple esta vez con proteger a Euphemia ya que yo no podré estar con ustedes-
La cara de Clovis se descompuso en algo que no reconocí, pero asintió ante la orden lo cuál era lo único que me importaba.
-¿Qué hay de Nunnally?-
Miré levemente sobre mi hombro donde mi hermana todavía se ponía de acuerdo con el primer ministro, pero detrás de ella con una mano sobre sus hombros se encontraba a madre de Suzaku.
Aspiré profundamente.
-Otra persona tiene esa responsabilidad- comenté sin entrar en detalles.
Clovis me tomó desprevenido al abrazarme, pero supongo que finalmente estaba convencido por los hechos.
-No hagas ningún comentario racista- sugerí.
Clovis se rió.
Era muy en serio.
Entonces la noche seguía haciéndose corta y lo que tenía que hacer no era lo más sencillo del mundo. Teníamos un estimado de 18 hrs antes de que Britannia estuviera sobre las islas y todavía no ponía un pie sobre la base.
Aunque eso no significaba que las cosas estuviesen fuera de control.
-¿Kallen está ahí ya?- pregunté.
Tenía quince minutos hablando por el celular en mi oreja y los ocupantes del auto trataban de centrarse en otra cosa, como mirar por la ventana, ignorar los planes bélicos, pero era imposible en un espacio tan reducido. Podía sentir las manos de Nunnally jugando con mi cabello desde que salimos, abrazada al respaldo de mi asiento, haciendo la situación un poco más tolerable, pero eso tampoco desaparecería los problemas.
Y había que hacer una parada antes de todo.
-Llegó hace diez minutos con el resto de sus… amigos. Les estoy dando las instrucciones básicas del manejo de los prototipos de KF que tenemos, pero-
-Ya habían usado un KF en batalla, no te preocupes por eso. Solo necesito que estén preparados-
-Sabes que en lo posible cumpliré con esa parte, pero lo que quería comentarte es el gran movimiento que está teniendo lugar en la base. No sé si el primer ministro vaya a dar el aviso a la población desde aquí-
Me encontré pensando seriamente la posibilidad.
-Supongo, no sé nada al respecto pero eso no interfiere con nuestros planes ¿O sí?-
-No, solo esperaba que ya estuvieras aquí-
-En una hora, Rakshata. Para entonces el programa Zero debe estar sincronizado y verificados el resto de nuestros juguetitos-
La madre de Suzaku me miró de reojo desde el asiento de copiloto enarcando una ceja por mi elección de palabras. Me disculpé levemente.
-Hasta entonces- corté de nuevo la llamada.
Entrábamos ya en los terrenos de Ashford. Y le había llamado ya a Milly por el motivo de mi visita. No era la noticia más fácil de transmitir por teléfono pero a menos de que hubiera una manera suave de decirle a Milly que alertara a su abuelo y empacaran lo necesario, sin preocuparse por una inminente invasión, bueno nadie me había dicho cómo hacerlo y el tiempo era importante como para demeritar nuestra situación.
Apagué el auto con un suspiro.
-Esto no me tomará mucho- hablé para todos, Nunnally se recargó correctamente hacia atrás y la madre de Suzaku asintió levemente. Clovis seguía responsablemente serio y distraía a Euphemia con pláticas tontas. –Esperen aquí y estén alertas-
A estas alturas, no confiaba ni en mi sombra.
Milly estaba sentada en las escaleras, su cabeza apoyada en sus brazos cuando me bajé del auto. Pero su alivio inicial al reconocer el vehículo murió igual de rápido al observarme por completo.
-No puedes estar sorprendida- alegué un poco ofendido terminando de cruzar el espacio que nos separaba.
Guardó silencio por más tiempo del que me hubiera gustado, reparando en el uniforme que vestía yo, pensando seguro en un sinfín de cosas absurdas hasta que digirió por completo la idea. Mi deber.
Entonces extendió ambas manos arreglando las solapas de mi saco con un suspiro muy grande, pero no me soltó.
-Siempre conservé la esperanza de que exageraras, al menos en la parte donde tenías once años y amenazabas con destruir el Imperio más grande del mundo-
-Lo único que siempre debiste creerme- regañé levemente y miré detrás de ella, su abuelo ponía un par de maletas en la entrada y me hizo una seña de que ya casi estaba listo. Asentí de manera paciente.
-Lelouch…- comenzó Milly.
-Coronel Lelouch- corregí y ella me jaló de las solapas para estar todo lo virtualmente cerca posible. Parpadeé espantado ante su actitud.
-Vicepresidente del consejo estudiantil de Ashford- declaró sin dejar espacio a discusión y quizás era mejor así -¿Por qué tan empeñado en viejos rencores?-
Quité sus manos de mi saco y me enderecé con un resoplido molesto.
-No es un rencor, es mi deber- aclaré pero Milly podía tener un poco de razón a pesar de todo –Es una responsabilidad con mi familia y amigos-
-¿No lo puede hacer otra persona?- presionó acercándose de nuevo, tragué gordo algo contrariado por su actitud.
-Quizás, pero nadie me asegura una victoria- sonreí de manera ególatra y ella estrechó la mirada –Por favor ¿En serio te sorprendes de que esté participando en esto? ¿Después de todos estos años?-
Desvió la mirada incómoda ante mi acusación pero no por eso dejó el tema.
-Creí que después de todos estos años un adulto responsable se haría cargo- musitó.
-¿Gracias?- me reí y ella me tomó con sus arregladas uñas por los hombros de manera desesperada.
-¡Lelouch sabes a lo que me refiero!- reclamó en voz alta perdiendo por completo el control, me encogí ante su tono agudo. –¿No hiciste suficiente? ¡En Britannia, aquí, en Narita!-
¿Por qué el mundo se empeñaba en recordarme Narita justo ahora?
-Milly Ashford, no vine a discutir mis planes de hoy contigo- aclaré y retiré sus manos de mis hombros con delicadeza pero sin titubear un solo segundo o se valdría de eso –Estoy aquí para llevarlos a ti y a tu abuelo a un lugar seguro, solo eso-
Cuando sus ojos se comenzaron a poner vidriosos, supe que entrábamos en la última etapa del chantaje. El llanto que me haría sentir culpable y acceder a sus demandas. Pero aunque estaba confiada en la técnica que le había funcionado desde que nos conocíamos, esto no era la planeación de uno de sus eventos escolares. Tampoco la correcta distribución del presupuesto con el que contaba, y su madre tampoco estaba aquí para obligarla a casarse con alguien.
Esto realmente era de vida o muerte.
-No te molestes- advertí y esperaba que finalmente se tomara esto con la seriedad necesaria –Hay que subir tus cosas al auto, Sayoko-san conduce- después de todo yo traía el auto de Suzaku lleno.
Tomé las dos maletas de Milly y empecé a caminar hacia el maletero abierto del segundo auto, ella me siguió en silencio. O algo así ya que fingí no escuchar que se limpiaba a nariz o ver que se tallaba los ojos con rudeza. Esto se estaba volviendo cansado y repetitivo. Sayoko-san permaneció dentro del auto ya que solo teníamos unos minutos para tener que marcharnos, y yo no necesitaba ayuda con un par de maletas.
-Necesito que estés ahí para Nunnally- pedí sin verla de frente. Quizás dándole un trabajo se centraría en lo importante –Esto no es fácil para nadie, pero con suerte será la última vez-
El vencedor era lo único que no estaba asegurado y no podía solo ir por ahí pregonando que Japón saldría victorioso. Aunque en mí no cabría la resignación para dejar a Britannia ganar. El único gran problema que había era que no sabía a qué métodos tendría que recurrir para lograrlo y todo era válido.
Milly seguía dramatizando.
-No sé qué tanto tiempo tome esto así que espero hayas empacado lo suficien- sentí un jalón de mi brazo obligándome a girarme, no por la rudeza sino por la necesidad. Enfrenté el rostro descompuesto de Milly apenas un par de segundos hasta que colisionó con el mío de manera dolorosa.
Al principio.
Solté la maleta de Milly y esperaba que no llevara nada importante ya que el estruendo fue grande, pero desvanecí mi culpa con la certeza de que ella inició esto. Sus manos estaban tibias cuando se tomó de mi rostro y nos acercó aún más. Bajé las mías hasta su cintura y lo tomó como el pase libre que quería para profundizar el beso.
Era. . .
Desesperado.
Sus manos se enterraron en mi cabello, masajeando mi cráneo.
Ansioso.
Me mordió el labio de manera leve para provocar una reacción.
Triste.
Sus mejillas estaban mojadas y podía sentir nuevas lágrimas resbalando.
Levanté mi mano izquierda y la posicioné detrás de su cuello. Acercándonos de manera imposible con un gran suspiro, no estaba en los planes. Al menos hasta que fue suficiente para ambos.
Nos separamos de manera lenta y dejé que mi frente tocara la de ella, pero en ningún momento la miré directamente. ¿Qué le podía ofrecer?
-Milly…-
-No digas nada- sonrió y se separó de mi de manera triste, incluso corrió un mechón de cabello detrás de su oreja ganando tiempo y componiendo su fachada. –Solo no hagas que eso sea lo último que recuerde de ti-
¿Lo último?
Me dejó con sus maletas.
Sus pesadas maletas.
Pensando en cosas que no deberían ser prioridad a estas alturas.
-Maldición- cerré la cajuela con más fuerza de la necesaria.
Tenía que ganar al costo que fuese.
Y así, peores cosas se verán.
anySuzuki
