Stage 68: La transformación del Koi

Suzaku P.O.V.

No era… la noticia que esperaba.

Ni siquiera se acercaba a lo que yo quería escuchar.

No era tampoco la peor versión de mis pesadillas.

Porque esta vez sabía que estaba despierto, porque esta vez nadie vendría a sacudirme y a borrar todo lo malo que había pasado en mi mente.

Porque la persona que me sacudía era Lelouch. Quien se reía de las alucinaciones que causaban las grandes cantidades de azúcar que me cenaba, era Lelouch. Quien hacía uso de una explicación tan estúpidamente lógica para calmarme, era Lelouch…

Y se atrevían a decirme que no pasaría más.

Que tenía que aprender a abrir los ojos por mi cuenta. Que debía aprender a enfrentar mis pesadillas sin ayuda, y que la realidad era la peor de todas hasta el momento.

Yo lo consideré. Por todos los dioses que consideré esa posibilidad.

Desde antes que recibiera un mensaje claro de que Lelouch haría todo por obtener la victoria. Mucho antes de embarcarnos en esta estúpida defensa, desde antes que recibiera el apellido Kururugi y lo llamara mi hermano. Antes de cualquier plan.

-Suzaku, yo destruiré Britannia-

Desde entonces.

Pude ver en su mirada todo lo que estaba dispuesto a entregar para conseguirlo. Una cuenta regresiva sobre su cabeza aparecía cada vez que hablaba de Britannia, cada vez que trazaba un plan, cada vez que desmeritaba al Imperio. Era la única persona que lo había escuchado hacer esa declaración entonces y era la persona maldecida con esa visualización de mi hermano.

Yo era la única persona que sabía lo que tramaba en el fondo.

La victoria no era un secreto.

El sacrificio se volvió transparente unos años después.

Traté de calcular el tiempo restante. A mayor movimiento de Britannia, las oportunidades de Lelouch se reducían considerablemente.

A mayor poder de Lelouch, menor control en sus acciones.

A menor control de sus acciones las consecuencias crecían. Lelouch se estaba perdiendo a si mismo en una lucha que quizás beneficiaría al mundo ¿Pero qué sería de sí mismo al final?

Traté de... frenarlo.

Le lancé con una familia. Creí que el beneficio era para mí, de la nada, pasar de un niño ignorado por su padre y abandonado por su madre, a ser algo parecido a un hermano mayor. Me encantaba la idea de tener una responsabilidad verdadera con otro ser vivo y ya que nunca tuve una mascota y que Lelouch no me ponía nada fácil el seguir mi sueño, era una actividad revitalizante.

Creí que sería suficiente. Obligarlo a compartir la responsabilidad del cuidado de Nunnally, pero… las cosas cambiaron demasiado rápido a su favor. Si al principio creía que una familia no le ayudaría de nada, le más peso de encima del que creyó.

Aprendió a confiar en que había más personas en el mundo que eran capaces de cuidar a Nunnally y arriesgar la vida por ella de ser necesario. Desde ese momento creo que el plan salió contraproducente.

Sin embargo puse mi esperanza en la segunda etapa de las relaciones familiares, lo cual fue hacer a Lelouch indispensable para más personas que solo Nunnally.

Eso… se salió de las manos de cualquiera.

Muchos estuvieron dispuestos a participar. Otros tantos se unieron en el camino por efecto de la gravedad, pero al final el grupo que se había juntado, no tan pequeño como para enlistarlos, fue de gran apoyo en situaciones donde yo no sabía cómo reaccionar.

Había aprendido a querer esta extraña familia que de inicio parecía algo pasajero.

Había aprendido a convivir con otros seres humanos por necesidad o gusto.

Le había encontrado un sentido a mi vida y eso beneficiaba a los que yo deseaba.

Lelouch me puso metas por alcanzar. Lelouch me obligó a razonar y aprender que mis acciones tenían consecuencias. Lelouch me mostró lo importante que era tener preparados planes de contingencia aunque en el momento hubiera que cambiarlos.

Si, de Lelouch aprendí un nuevo modo de vivir. Alerta y a la defensiva.

Pero otras pocas veces, su capacidad de demostrar afecto me dejaba sin habla.

Creí que Nunnally era la única persona que llegaría a ocupar un lugar importante en su vida, después de todo era lo que quedaba de su sangre y lo más cercano a un pariente real que tenía. Pero su curiosidad lo llevó a posicionarse en el camino evasor de mi maestro, Todou-sensei.

Jamás hice comentario alguno al respecto, sabía que las espadas le hacían suficiente burla al hombre sobre cuánto se había ablandado, pero yo no lo consideraba una debilidad. De hecho mi asombro se presentaba cuando noté la relación que había desarrollado Lelouch con mi maestro.

Una de cómplices.

Solo porque mi padre estaba dedicado a la política y yo lo seguía para aprender su oficio y mañas, me preocupaba mirar atrás al bajar las escaleras del templo, pensando en que Lelouch se quedaría solo por horas, buscando desarrollar un talento para la estrategia que podía dejar en vergüenza a unos cuantos.

Sin embargo uno de esos días, mirando atrás por costumbre y resignándome a preguntarle cómo estuvo su día cuando llegara en la noche, vi lo que me sorprendería por varios días hasta la actualidad.

Un hombre que no toleraba mucho los niños, por lo cual me había hecho un poco inexpresivo en general, parado en la entrada del templo, cruzado de brazos y mirando hacia abajo, hablando en su manera rígida y sin sentimientos a un pequeño Lelouch. Cualquiera hubiese dicho que lo estaba regañando, por el tono, las palabras y la larga lista que estaba revisando verbalmente con un niño.

Pero por la mirada de Lelouch, yo podía ver lo contrario. El brillo y la emoción de tener una oportunidad de salir del templo después de un año de cautiverio. La promesa de aprender algo de utilidad con sus propios medios y empezar a conocer todo aquello de lo que hablaba como un futuro donde Japón se convertiría en una potencia armamentista.

Enarqué una ceja bastante confundido. Lelouch estaba demente por estar emocionado por ir a una base militar como si fuese un parque de diversiones.

Pero como seguí bajando las escaleras de la mano de mi padre, creí imaginar lo último que alcancé a distinguir de Lelouch ese día y de mi maestro también.

La mano de Todou-san abriéndose enfrente de Lelouch para que la tomara y la mirada confundida de Lelouch al obedecer.

Creí que mi imaginación estaba jugando de nuevo con mi necesidad de incluir a Lelouch en el mundo, como un miembro de la familia y como una persona necesaria.

Pero lo confirmé en veces posteriores y lo seguía confirmando ahora. Solo porque mi padre no quisiera compartir un poco más, no significaba que Todou-san hubiera cedido en lo absoluto.

Y Lelouch tenía que dificultar todo el proceso.

Me tallé el rostro despejando mi visión.

Esto no era culpa de Lelouch, al cien por ciento.

Seguro no se había puesto en la mejor posición de todo este desastre, pero la persona que lo había buscado tenía tanto que pagar.

-Genbu, por favor… aún no me dices qué pasó, aún no sabemos si-

-¡Lo asesinó! ¡Lo apuñaló frente a mis ojos y yo no pude más que quedarme viendo…! Sin hacer nada-

Levanté la vista. Mi padre tenía sucio el rostro y agonía destilaba de cada palabra. Mi madre no sabía qué hacer y se tomaba el cabello con desesperación buscando una solución.


-No tiene sentido llorarle a los muertos, Suzaku. Las lágrimas no los traerán de vuelta- Lelouch lanzó una piedra en el estanque viendo aburrido cómo se hundía.

-Pero Lelouch… eso es cruel- respondí lanzando una piedra, rebotando por la superficie del estanque hasta cruzar. Con una sonrisa me giré para que premiara mi hazaña, pero seguía observando la piedra que se quedó en el fondo del agua cristalina. Inmóvil.

Mi sonrisa se borró sabiendo que había entrado en su modo serio y no podría hacer mucho para mejorar su humor en las próximas horas.

-¿Me dices que no puedo llorar si alguien preciado para mí muere?- reclamé levemente tomando otra piedra y girándola en mis manos. –Ni siquiera el gran Lelouch puede contener las lágrimas, te vi llorando el otro día en la sala-

Se puso rojo de inmediato y se tragó el reclamo que había escalado por su garganta.

-Me golpeé la cabeza con la mesita al levantar el libro que leía- siseó, pero recuperó el control bastante rápido y tomó la piedra que tenía en mis manos, arrojándola al estanque como la anterior. –Anda, llora por tu preciada piedra. A ver si vuelve-

-No es preciada para mi…- comencé y Lelouch rodó los ojos por mi elección de palabras, entonces me corregí de inmediato –Entiendo tu punto ¿Si? No voy a revivir la piedra pero eso no significa que no me… ¿Duela su pérdida?- suspiré y recogí otra, alejándola de las manos asesinas-de-piedras de Lelouch.

Sonrió al notar mi defensa.

-Entonces puedes hacer dos cosas- sugirió volteándose al estanque y mirando con melancolía el paisaje –Puedes tirarte a llorar, maldecir y pedir al universo que esa piedra que está en el fondo del lago regrese a tu mano, lo cual no hará.- aseguró de manera ególatra –O puedes hacerte de utilidad, golpearme a mí porque tiré tu piedra, proteger la piedra que tienes en la mano de algo que sabes que volveré a hacer. Puedes alejarte y llevarte todas las piedras del estanque…-

Volvió a mirarme de manera fría.

-Puedes hacer lo que quieras, y será cien veces más productivo que llenarte de pena por algo que no volverá-

Lancé la piedra que tenía en mi mano y dio bastantes brincos en la superficie hasta llegar sana y salva al otro lado.

-La puse a salvo de ti- sonreí de manera orgullosa y Lelouch suspiró con una pequeña sonrisa. –Aunque… en serio Lelouch, la piedra no me importa- insistí.

Gruñó levemente y se llevó una mano al rostro. Pero era mi momento de acertar en aquello que había tratado de enseñarme.

-La prioridad era proteger la segunda piedra de Britannia ¿Cierto?- cuestioné -Ponerla a salvo, tenerla feliz, asegurar su supervivencia antes que nada y esconderla del mundo. Antes de poder llorar por la primera piedra en la sala, cuando por fin había tiempo-

Lelouch retuvo el aliento en su garganta y me dio por completo la espalda. Cuando no seguí presionando el punto comenzó a caminar de regreso al templo, pero no sin antes patear una nueva piedra al fondo del estanque.

-Y llorar por los muertos, antes o después, no cambia el hecho de que no regresarán- terminó antes de perderse entre los árboles.


-Nunca te compares con una piedra- susurré mirando el piso y enfrié mi cabeza.

Aspiré tan profundamente como mis pulmones me lo permitían, un dolor los presionaba de manera inclemente. Pero la realidad no cambiaría ante mi debilidad y la de todos alrededor.

Había una guerra peleándose sobre nuestras cabezas. Todavía escuchaba los disparos de aquellos japoneses que no se rendían, aquellos que ignoraban el gran dolor que un pequeño grupo de personas sentía, pero que de saber de todas formas no cambiaría la situación. Lelouch era problema de nosotros, si. Pero Lelouch también lideraba parte importante de esta defensa y ahora ya no estaba.

Todo aquello que había visualizado se estaba borrando con rapidez…

Si nosotros nos quedábamos parados.

Miré a mi alrededor… no, si yo me quedaba parado.

-Por dios- aspiré armándome de valor nuevamente y enderezándome con cada músculo de mi cuerpo protestando. Realmente no quería hacer esto pero tampoco era una opción dejar varada la batalla. –Esto aún no acaba-

Era la memoria de Lelouch de la que estábamos hablando al final.

Y la victoria del mundo entero por decidir.

La seguridad de lo que quedaba de nuestra familia.

Me llevé la mano al comunicador para entrar en línea con Rakshata. Mi madre levantó la vista sorprendida por mi cambio de actitud cuando segundos atrás pensé en que se habían cerrado todas las posibilidades. Pero la verdad era que por más que lo quisiera hacer, sería una enorme falta de respeto al empeño y la dedicación de Lelouch.

Me había hecho jurar que protegería a Nunnally si las cosas se ponían feas. Esta era una situación horrible y tampoco quería que la etapa de esclavitud se extendiera, que se convirtiera un mundo en el que Nunnally debía acostumbrarse a vivir.

Tenía una gran responsabilidad en mis hombros y sentí el efecto inmediato de la tensión, admirando aún más la fortaleza que Lelouch había demostrado antes.

¿Esto era tener la capacidad de mandar todo al infierno con un error?

-Rakshata- aclaré mi voz deshaciéndome de los nudos, Yamagata-san giró en mi dirección con los ojos abiertos a más no poder y asentí levemente en su dirección, concordando con sus pensamientos –Dame todo lo que tengas, esto aún no acaba-

A pesar de que mi padre se encontrara perdido en su infierno personal, a pesar de que Todou-san estuviese ahogado en la culpa. La batalla seguía su curso y la vida de Lelouch no había sido sacrificada en vano.

-Pero Suzaku-kun…-

-Las tácticas las decido ahora yo- me giré y empecé a caminar de vuelta a mi KF, no había tiempo de convencer a nadie de que lo mejor que podíamos hacer era seguir luchando –Si eres la mujer que en la que Lelouch ponía toda su confianza sin importar la situación, entonces también tienes la mía-

Escuché los pasos de Yamagata-san retirándose de inmediato, quería creer que se dirigía a donde pudiera ayudarme con este desastre así que proseguí.

-No hay forma de que perdamos esta batalla ahora, es una obligación ganar-

Incluso si Todou-san se encontraba recargado en la pierna de su Knightmare con la mirada perdida.

Incluso si todos perdían la esperanza.

-Lelouch-kun… dejó atrás varios planes de contingencia-

-Úsalo todo-

Me tomé de la tirolesa del Lancelot con fuerza.

-Kuro no Lancelot regresa a la batalla-


Yamagata P.O.V.

De la adversidad, el verdadero carácter era revelado.

De la adversidad, sacábamos una fuerza con la que no sabíamos que contábamos hasta que era de uso. Y no era el momento de perdernos a nosotros mismos, porque no había tal cosa como el lujo de intentarlo mañana. De hecho podría no quedar nadie para el amanecer y entonces todo sacrificio sería en vano.

Yo ya había probado una vez la amargura de no solo perder a mi familia, sino también herir la estabilidad de la familia de otro hombre y por último causar un gran daño en el país. Un daño, del cual seguía pagando las consecuencias. Pero era un hecho que esta vez no me retiraría hasta que todo hubiese terminado.

Creo que estaba esperando esto hasta cierto punto. Perder a Lelouch por sus acciones en batalla, perder a Genbu a consecuencia de la falta de Lelouch… perder a Todou. Temía que la cadena se fuese extendiendo hasta que Suzaku dejara de pelear y las tropas se desmoralizaran cuando se dieran cuenta de que sus líderes habían sido derrotados, entonces yo no podría sacar un milagro de una derrota espiritual.

Así que oré desde el inicio porque Lelouch se conservara en una pieza, o al menos en un estado que mantuviera a su familia con la mente fría y centrada en el mayor problema. Sabía que sería difícil para Genbu ordenar sus prioridades solo de haber visto sus reacciones en situaciones similares. La manera en que a la menor señal de peligro, podría poner el país en segundo lugar para ver por su familia primero.

Estaba mal quizás que un mandatario con su poder y la responsabilidad que se le había otorgado, se deslindara de sus obligaciones si así lo creía conveniente. De ser preciso, debió haber dejado el cargo desde que su familia se volvió más importante que otra cosa, dándole paso así a una persona que estuviera dispuesta a entregar su vida por Japón.

Pero las ventajas de esa actitud, ganaban fácilmente sobre los contra.

Desarrollar un amor que no solo quería la supervivencia, sino también la paz, contagiaba al resto del país en buenas políticas y tratados. No solo dentro de su núcleo familiar, sino un bienestar nacional que aseguraba que sin importar qué, donde estuvieran sus hijos las cosas serían prósperas y pacíficas. Así que mi opinión estaba a favor de un hombre que se interesaba por el bien de su familia, porque lo transmitía de inmediato a toda la gente que necesitaba de sus buenas decisiones.

Por otra parte… no creí que cupiera la posibilidad de perder a Todou en la misma pena que Genbu, al menos hasta que se presentó la batalla de Narita. Sabía que era la segunda persona más cercana a esos tres hijos de la guerra, después de todo, las espadas fungían como niñeras de medio tiempo los primeros años de adaptación e incluso como guardaespaldas de ser necesario.

Todou siempre trató de mantenerse al margen, a no ser que Genbu se viera de manos llenas y solo hasta entonces prestaba un poco más de su tiempo.

Suponiendo que Suzaku sabía ya cómo comportarse y era un japonés, su ayuda debía dirigirse a Lelouch o Nunnally. Solo un tonto no se daría cuenta de la obvia elección entre esas dos posibilidades. Pero era esa misma elección la que más nos estaba afectando ahorita. Conservaba la esperanza de que hace más de un par de años, Todou hubiese conseguido una pareja sentimental y con suerte tuviera un hijo.

Estuve equivocado desde el momento en que no me di cuenta de que Lelouch ya llenaba esa necesidad…

Y que ahora creaba un vacío de la misma magnitud.

Las puertas del centro de mandos se abrieron de manera automática y los hombres en los tableros se giraron de inmediato. Seguro buscando algo de alivio en mi rostro, buenas noticias, una razón para seguir firmes en lo que estaban haciendo, incluso si Lelouch no venía detrás de mí. A pesar de que jamás admitirían la tranquilidad que les daba tener a ese Britannian cerca.

-Atentos a la transmisión de Kururugi Suzaku- ordené sin dejar que mi voz menguara, pero fue evidente la confirmación de una de las probabilidades más obvias de este enfrentamiento.

En los rostros de estos pocos hombres comenzó a crecer la duda de que estuviéramos todavía en el camino correcto o que las posibilidades de victoria siguieran a nuestro favor.

-Atentos a la transmisión de Kururugi Suzaku- repetí con fuerza, debían recordar de quién era hijo ese muchacho y quién lo había dejado de relevo –Si, Lelouch ha muerto. Pero si le prometió una victoria a Japón, les aseguro que desde el infierno mismo la cumplirá-

Perdón Lelouch, pero debíamos seguir adelante.

-Suzaku-kun…- continué en cuanto la transmisión fue establecida y me mostraba el interior del Lancelot. Una decidida mirada esmeralda que se estaba concentrando en una sola cosa –Acabemos con esto-


Charles P.O.V.

Las cosas no podían estarse llevando a cabo de manera más simple. Japón entreteniendo a Schneizel, mis rounds ocupados en defender su patria, Cornelia liderando en tierra a las tropas, la conexión del ragnarok esperándome.

El mundo era muy simple a veces. La necesidad de usar mentiras para hacerlo más bello me asqueaba, era la libertad de pensamiento lo que llevaba a la gente a devorarse, asesinarse, incluso entre familiares. Pero no sentía remordimiento alguno en hacerlo por mi cuenta, había una necesidad de sacrificios aceptables para que las cosas tomaran un nuevo rumbo, e hijos tenía bastantes, podía ofrecer a uno por la paz de la humanidad.

-Regresa a la batalla, Bismarck. Yo puedo hacerme cargo de esto-

Vi la duda cruzar el rostro del hombre al que se supone le confiaba mi vida, titubeando, con la máscara movida y dejando ver levemente su prioridad del momento, que mi guardia no era. Pero apelaría a mi ignorancia y me desharía de él como una preocupación que realmente no me concernía.

-Busca el cuerpo de Marianne y tráelo. Si ha sido asesinada por aquella mujer entonces no debes dejar que la destruyan o desmiembren, de lo contrario le será difícil integrarse a este nuevo sistema-

Alivio.

La frialdad de Bismarck volvió a tomar el control, pero pude ver lo suficiente sin necesidad de un geass.

-Volveré al cumplir con la orden que se me ha dado, your majesty- se inclinó levemente con una mano en el pecho y se retiró de inmediato. Solo cuando el Galahad pasó con rapidez por los grandes ventanales del puente, negué entretenido.

-¿Creen que me han engañado todo este tiempo?- sonreí para mí mismo como victoria personal –Y pensar que tu madre era una de mis favoritas, Lelouch. Su amorío con el Knight más poderoso del Imperio debió presentar una gran aventura-

Miré hacia el suelo y ahí yacía el cuerpo frío e inmóvil de mi hijo. Me doblé apenas lo suficiente para quitar un mechón obscuro de su frente esperando la oportunidad correcta.

-Tch… y no soy quien para reclamar la poligamia. Pero de todos los hijos que tuve, tú fuiste del que más dudé-

Había ordenado vaciar esta parte del Avalon, mandando a Schneizel más cerca del campo de batalla ya que no quería interrupciones. Pero debía pasar el tiempo de alguna forma y una verdad no dolorosa pero importante era la única manera de entretenerme.

-De no ser porque tienes los ojos de mi padre, siempre hubiese pensado que eras hijo de Bismarck-

Marianne tuvo suerte en eso. Pero no pensaba perdonarle una infidelidad de tal magnitud en un mundo hecho a mi medida. Su alma se quedaría para siempre en el infierno al que se había condenado por negar a sus hijos una y otra vez. El infierno creado por mí para aquellos que habían seguido mis órdenes sin un juicio propio.

Sin pensar que realmente yo era el que estaba mal.

-Era una prueba- sentencié. –Para el mundo en general, y tu… Lelouch, has pasado con honores- descansé una mano en su frente, esperando. –Puedes traer a quien tú quieras a este nuevo edén, y te sentarás a mi derecha a juzgarlos a todos. Como la familia que siempre debimos ser-

El mundo se estaba destrozando bajo nuestros pies y la espada de Akasha esta vez lograría su cometido. Había salvado a quien lo merecía, de las inclemencias del final de este tiempo y mañana amaneceríamos un mundo para iguales.

-Tiempo de despertar, hijo-


Suzaku P.O.V.

La batalla estaba encrudeciendo.

-¡Te tomaste tu tiempo, Kururugi!-

-¡Esas cosas…esos Rounds no tienen punto débil!-

-¿Qué tanto más podemos aguantar ya?-

Filtré todos aquellos comentarios que no sabían la pena que me acompañaba a pelear ahora, pero con la misma rapidez debía recordar todo aquello que Lelouch me había enseñado sobre paciencia y dirección de masas. Sobre todo el leguaje adecuado para hacerlo.

-Esto es el ejército japonés, el que no tenga las agallas de continuar cédale su KF a alguien que si esté dispuesto a seguir órdenes- espeté y con el VARIS destruí una línea de cinco kF terrestres.

Esperé que alguien reclamara en la radio algo, pero el silencio fue lo suficientemente expresivo.

–Ahora, es buen momento para decirles que nadie recibirá pago por sus horas extras de servicio militar, pero supongo que se darán bien servidos con la paz-

Ningún comentario aún.

-Ya en claro las prioridades de la batalla y la cadena de mando, continúen- ordené.

Esperaba señales de Rakshata o lograr ponerme de acuerdo con Yamagata-san, pero no podía hacerlo todo sin soldados que no me respondían. Al menos comenzaron a sacar fuerza de nuevo del coraje que les infundí o me tenían, pero era mejor que nada. El tablero del Lancelot mostró una llamada entrante, directamente del Guren.

-¿Alguna duda, Kozuki?- cuestioné apenas contesté y la cara de la pelirroja mostró bastante molestia, pero no escalando a un enfrentamiento verbal. De hecho sus facciones se suavizaron con rapidez y sus cejas se juntaron con extrañeza.

-Tu no eres así, Kururugi Suzaku. ¿Qué es lo que ha pasado? ¿Qué te entretuvo tanto? ¿Dónde está Lelouch?- desde que empezó a cuestionar, supuse que llegaría a la última pregunta por cuestión de un poco de lógica y real preocupación. Pero aún así no estaba preparado para enfrentar de nuevo el hecho que trataba de posponer por el momento.

Mis manos se endurecieron alrededor de los controles y bajé un poco la cabeza apretando los dientes de manera dolorosa. Kallen entonces retuvo el aliento en su garganta y una mirada llena de empatía apareció, entendiendo.

-Lo s-siento… yo no- trató de corregirse de inmediato.

-Terminemos esta batalla, Kozuki- interrumpí y levanté mi mirada libre de cualquier emoción que no fuese la decisión de la que quería que ella se contagiara. –Tienes el Knightmare Frame en el que Lelouch apostó todo desde el inicio. La máquina pionera que llevaría a Japón a la libertad en medio del último enfrentamiento, no te atrevas a deshonrar la memoria de mi hermano-

La pelirroja se mordió el labio inferior con fuerza.

-No tienes permitido dejar esa máquina hasta que esto haya acabado a nuestro favor-

Quizás estaba siendo un poco duro, pero. . .

-¿Qué hay de ti? Me vas a decir que después de brincarse las trancas legales y la molestia que se tomó tu hermano en pintar un KF que se robó de Britannia ¿El Lancelot no puede dar más de sí? ¿Estás dejando en defensa un KF con semejante poder de ataque?-

Debía unirme a la batalla pero también debía dirigirla así que-

-Suzaku, estamos en línea con Rakshata y listos para reanudar- Yamagata-san interrumpió en la radio y la ventana de Kallen se disminuyó. No sin antes asentir de acuerdo con mi actitud y una promesa silenciosa de que no se daría vencida, pero me dejó pensando en sus palabras.

-Ella tiene razón… Suzakuki-kun- levanté la vista un poco sorprendido cuando Rakshata interrumpió toda mi visión del radar, pero era más grande el horror en el que había distorsionado mi nombre. Ahora comprendía a Lelouch. –Me cuesta trabajo admitirlo, y no estaría diciéndolo de no ser otra la situación pero la capacidad del Lancelot como KF, es equitativa a la mi Guren-

Entonces la cara del otro científico apareció en pantalla, cualquier rastro de rivalidad suspendida por el momento y comenzó a hablar:

-Estudiamos en el mismo lugar, así que desarrollamos la misma idea de tecnología con el tiempo, aplicada en diferentes diseños. Fue cuestión de suerte que ambos KF terminaran en el mismo lado de esta batalla, pero concuerdo en que ambos tienen la misma capacidad y son de gran importancia para seguir inclinando la balanza si la idea de Japón sigue siendo ganar.-

-Los rounds son un grupo de Knightmare Frame de armamento pesado y cualidades especiales diseñadas según su piloto. Pero las últimas versiones de tecnología bélica, rápida, pulida y potente, justo ahora, son el Lancelot y el Guren-

-¿Lelouch lo sabía?- cuestioné, aunque sonaba un poco estúpido. Claro que lo sabía.

-Construyó el Guren para no dártelo a ti- asintió Rakshata con una mano en la barbilla –Pero la casualidad de que pudieras operar el Lancelot y que llegara a tus manos lo obligó a ceder su control a ti como un piloto competente. No encontramos soldados con el mismo porcentaje de rendimiento en Japón durante los últimos años hasta que la Srta. Kozuki y tú pelearon en el puerto de Yokozuka-

-El príncipe me obligó a instalar sistema de eyección- sonrió el conde Asplund un poco nervioso –El punto de todo esto es que estamos…- miró a las dos mujeres que lo acompañaban –Cien por ciento seguros de que si te dedicas solo a maniobrar el Lancelot como Kozuki-chan el Guren, pueden diezmar las fuerzas de Britannia de manera importante a pesar de los Rounds-

-Pero las tácticas…-

-Yo estoy aquí para eso- interrumpió Yamagata-san de nuevo. –Pelea y mantén el espíritu alto de nuestro ejército. Yo me encargo del resto-

-Todavía tenemos un par de trucos bajo la manga- advirtió Rakshata con una sonrisa que no presagiaba nada bueno, pero tener todo este apoyo… a pesar de todo era un poco abrumador. –No te preocupes, no dejaremos que esta batalla se nos vaya de las manos-

Aspiré profundamente y destensé mis músculos.

Si podía confiar en estas personas como confiaron en Lelouch-

-Denme algo que golpear- instruí.

Todas las ventanas de comunicación se cerraron al mismo tiempo y el Guren se emparejó a mi lado con su atemorizante garra. Guardé el VARIS y saqué las espadas entrando en posición de salida.

Una última vez, Lelouch.


Lelouch P.O.V.

El último y único sentimiento que tenía era dolor.

Uno inmenso.

Por siempre agonizante.

Congelado en un tiempo que no se movía hacia adelante ni hacia atrás.

Recuerdo haber estado en medio de algo importante. Alguien decía mi nombre, alguien más se disculpaba y después las cosas se volvieron confusas. Desperté encerrado en un recinto con cuadros y engranajes que corrían en sentido contrario. Las pinturas se movían como cortas películas de pasajes de mi vida pero dejé de reparar en cada una cuando caí e cuenta del mayor problema.

¿Realmente estaba muerto?

Sin asegurar la libertad de Japón.

-No lo estás-

Gruñí audiblemente al ver mis pendientes apilados y a una persona que virtualmente no debería estar aquí.

-Debo admitir que tienes agallas para volver a atravesarte en mi camino- me giré por completo sin subestimar la amenaza -¿Cuántas veces debo encerrarte en el mundo de C para que dejes a todos tranquilos?-

Momento. . .

-Lelouch Vi Britannia, yo no he salido del mundo de C- aseguró el ex-consejero del zar con una sonrisa entretenida por mi situación pero amarga por la suya también. –Déjame darte la bienvenida al Inconsciente Colectivo- lanzó los brazos hacia arriba con parsimonia –El sistema que rige el mundo entero-

-Sabía que debía terminar en el infierno, pero esto es ridículo- musité para mi mismo admirando con más detenimiento los alrededores e ignorando por completo al otro hombre. Una amenaza ya no era pero… de todas las personas que se tenían que enterar de mi situación, este tipo era irritante.

-No sabes ni siquiera por qué estás aquí ¿Cierto?- de la nada, era un anciano de 101 años el que aparentemente me hablaba y a pesar de la repelencia que me causaba por naturaleza, parecía entretenido por algo que yo ignoraba.

-Suponiendo que esto es una especie de limbo y no el cielo, podría hacer de algo "aconsejar" real y sin trucos para iluminarme- respondí y el hombre sonrió de manera leve pero tenebrosa. –Pero si hace el más mínimo movimiento para aprovecharse…-

-¿Cómo asesinarte?- soltó una carcajada sarcástica. Gruñí como única advertencia –Tomaste mi código, muchacho. Eres con todas las leyes de la naturaleza y lo sobrenatural, un ser inmortal-

Eso no-


Charles P.O.V.

-Despierta, Lelouch. No podemos posponer esto por más tiempo-

Veía los ojos de mi hijo moverse por debajo de sus párpados. La vida había regresado a su cuerpo y la conciencia se adaptaba a su nueva forma de existencia, por el momento. Y aunque era un momento digno de la evolución humana, no había mucho tiempo que perder, las tropas japonesas se estaban aferrando a la supervivencia y quizás Schneizel no lo tenía en sus planes.

-Ngh…-

Pasé una mano por el rostro de Lelouch y por fin abrió los ojos. Solo que su tranquilidad inicial se desvaneció por completo al enfocarme, reconocerme y reparar en su desdichada posición, retiré mi mano de inmediato y endurecí la mirada evitando más muestras de afecto.

Lelouch se sentó de un sobresalto sin comprender qué era lo último que su mente registraba y por qué despertar en esta situación, pero no pudo mantenerse así por más de tres segundos, tirándose de nuevo en el suelo sobre su costado y ambas manos presionando donde yo lo había herido.

Era necesario, por el bienestar del mundo.

-Pasará, solo la primera vez se siente tan doloroso- ofrecí mientras le daba una palmada en el hombro, a lo que se alejó como pudo rodándose más lejos de mi mano, torcí la boca contrariado por su actitud. –Pero por más real que parezca el dolor, no morirás, eso te lo aseguro-

Sabía que tendría que lidiar con su humor tarde que temprano, pero esperaba que me lo hiciera fácil.

-Lelouch- advertí.

-¿Qué es lo que quieres de mi?- atacó de inmediato apretando los dientes, sin deshacer el ovillo protector en el que se había doblado.

Si así era el juego.

-El código que le quitaste por error al ruso, hijo- remarqué la última palabra y vi sus ojos brillar con peligrosidad a pesar de que no entendía del todo mis palabras –No te recuperarás tan fácil de esta transición Lelouch así que no estás en la posición de negarme nada. Solo coopera conmigo-

Acerqué mi mano de nuevo con la palma abierta, mostrando la veracidad de mis palabras. Pero para comprender lo que decía, debía mostrarle.

Quiso alejarse otra vez pero el dolor de su resurrección era tan fresco que no podía evadirme o lamentarse al mismo tiempo, así que eventualmente pude tomarlo del cuello, sus músculos tensándose al contacto.

-No tienes porqué salir lastimado- advertí de manera leve y me miró con escepticismo. –De hecho, te conviene ser partícipe de este nuevo mundo. Ser mi mano derecha, el segundo con más poder en la evolución de la existencia- lo tomé por ambos hombros y lo ayudé a sentarse con la espalda contra la silla de trono.

Sin embargo Lelouch seguía evitando mi mirada con una sonrisa amarga.

-¿Sabes cuántas contradicciones acabas de citar en esa oración?- cuestionó acomodándose mejor y encarándome de una vez por todas –Ya me habías contado de esta utopía tuya donde nadie puede mentir, donde las personas son iguales, donde la muerte no existe. Mi opinión al respecto no ha cambiado-

Deseché sus palabras con facilidad y me enderecé por completo, mirándolo desde arriba. Lelouch se abrazó a sí mismo en agonía.

-Hiciste una especie de vínculo con personas que no son de tu sangre en los últimos años- comencé a caminar tratando de entender el razonamiento masoquista de mi hijo favorito, que rechazaba un edén por el infierno actual –Esta vez te ofrezco conservar lo que tú quieras, personas, lugares, memorias que no quieras que sean olvidadas al momento de evolucionar este mundo ¿Acaso no es suficiente para ti?- pregunté algo sorprendido, cruzándome de brazos -¿Eres tan egoísta como para querer conservar un mundo que se perdió hace tanto tiempo?-

Esperaba una buena razón después de exponer las visibles ventajas del nuevo sistema, pero Lelouch solo miró hacia arriba y rió de manera burlona.

Una gran falta de respeto para mi plan de tantos años…

-Quién ha mandado a la perdición el mundo actual eres tú- declaró de manera segura sin amedrentarse por su posición -¿Cómo vienes a renegar de un mundo que tuviste la oportunidad de cambiar para bien, ayudar, mejorar… pero que en lugar de eso lo condenaste a la destrucción desde que decidiste que podías modificarlo a tu antojo después? ¡Tú destruiste la oportunidad de mejorar! ¿Quién te dio el derecho de decidir por tantas personas con tus metas egoístas? ¿Creíste que tus pecados se borrarían así de fácil?-

-Lelouch…- gruñí para que se detuviera.

-¡NO! ¡El fin no justifica estos medios!- se enderezó más y yo me doblé a su altura, tomándolo del cuello –Y son todos estos sentimientos que te molestan los que han decidido el fin de la batalla- continuó con pequeñas lágrimas formándose en sus ojos –Le diste una razón a un pequeño grupo de personas, para no perder esta batalla-

Apreté mi agarre cortando efectivamente sus palabras. Obligándolo a detenerse para pelear por oxígeno.

-No existirá tal mundo una vez que tu código sea mío- siseé.

-Trata de quitármelo-

Yo solo quería que Lelouch se convirtiera en mi único sucesor.


Lelouch P.O.V.

Existían las malas ideas, y las mías. Sabía desde el inicio que el mundo de C no sería la solución a este problema. Un hombre que jugaba el mismo juego que yo era ya bastante malo, pero de la batalla de inmortales, confiaba en que el ganador fuera la persona con más voluntad.

La leve advertencia que tuve antes de todo esto me fue de ayuda. Un consejo de un hombre que no estaba obligado a explicarme cómo funcionaba este sistema, sobre todo después de quitarlo de su posición privilegiada con la realeza rusa, pero teníamos un par de rasgos leves en común que nos terminaron uniendo.

1.-En este mundo no había misericordia para las personas buenas, pero eso no significaba que debíamos aprovecharnos de los buenos sentimientos de los demás o aplastarlos. Tampoco dejar de creer en la bondad.

2.-La perfección del mundo actual estaba en la imperfección de todos.

No existiría jamás el mundo perfecto, eso era una realidad. Pero había ciertas y cuales características de la actual situación mundial que debían modificarse para una vida satisfactoria, donde finalmente las personas decidirían cómo enfrentar sus problemas.

La guerra era innecesaria.

Los imperios debían erradicarse.

El poder no era justicia.

Así que ambos distábamos de creer en el mundo perfecto en el que Charles Di Britannia quería vivir. Un mundo amable con su débil mente que solo arrojaba como solución la extinción del libre pensamiento.

El código que el hombre buscaba era de su hermano menor, un tal V.V. que había hecho contrato con mi padre desde que ambos eran pequeños. Pero a medida que el plan era pospuesto por la desviación de mentalidad del hombre, V.V. vio en peligro la posibilidad de hacer un mundo a la medida de Charles.

Que ahora ansiaba superioridad.

Así hizo un contrato con el brujo ruso. Una persona en necesidad de un geass para probarse de valor para alguien y que fuera lo suficientemente convincente, con el plus de mantenerse en una edad casi de manera eterna. V.V. entonces concedió también su código en secreto, pero por falta de uso, este se conservó inactivo desde entonces.

El ruso no lo necesitaba para sobrevivir. Esquivaba la muerte con el simple hecho de robar un poco de energía de aquellos que estaban a su alrededor, así que el don estaba en la reserva.

Al menos hasta aquél día en el templo.

Al enfrentarlo al mundo de C al cual yo ya había tenido acceso antes, hubo una transferencia de manera no intencional cuando la consciencia de ambos se vio mezclada en ese sistema. Pero entonces tampoco hubo cambios, el código se conservó en el mismo estado dormido que había tenido por décadas.

Yo no lo sabía.

Charles Di Britannia sí, y obligó al código a manifestarse de la única forma posible.

Asesinándome.

Frente a la persona menos culpable de todo este fiasco.

-Después de lo que les hiciste… ¿Crees que cederé tan fácil?- cuestioné muy serio al respecto. -¿Y dejarte fabricar un mundo especial a tú medida? ¿Amable para ti? ¿Crees que lo mereces?-

El sistema a nuestro alrededor se transformaba de acuerdo al pensamiento superior. Un código en pos de la destrucción y otro en contra. Primero debía vencerme a nivel personal y luego al inconsciente colectivo.

-Tú no eres nadie para negarme algo- vociferó el hombre acercándose, pero yo no me moví. –Solo retrasas lo inevitable-

-En este sistema somos exactamente iguales- alegué y flexioné mis dedos probando su movilidad. –Código contra código-

Estrechó la mirada de manera peligrosa, pero yo ya no lo dejaría acercarse tanto. La solución a este problema de filosofías se resolvió cuando un tercer juez estaba siendo testigo de nuestros contrarios deseos.

Era nada más y nada menos, quien había decidido desde el inicio, que la humanidad debía arreglárselas por su cuenta para sobrevivir.

-Ofrezco ambos códigos de vuelta al mundo de C para que se conserve de manera perpetua el flujo del tiempo, el control individual de la vida y libre pensamiento-

Charles Di Britannia detuvo su paso y enarcó una ceja de manera burlona.

-¿Quién crees que eres para ofrecer algo que no es tuyo como mi código?-

-Tú mismo lo dijiste- comencé con media sonrisa, su seguridad flaqueó –Necesitas ambos códigos para derrotar el sistema, y actualmente posees solo uno. Sin mencionar que estamos dentro de un lugar donde están expuestos todos los presentes, incluyéndonos.- las paredes comenzaron a vibrar con fuerza.

El ser sobre nuestras cabezas me había escuchado.

-El inconsciente colectivo solo necesitaba una petición formal para proceder… y un sacrificio válido-

Dos códigos que causaban bastantes dolores de cabeza.

-¡Lelouch!-

-Desaparece-


La vida tomaría su curso correcto ahora.

No más imperio.

Finalmente. Después de tanto. . .

-Lelouch, mírate nada más-

Abrí los ojos en la realidad.

-¿Acaso no eres el heredero más rebelde de todos? Deshacerte así del emperador-

Demonios.

-Bueno, te prometo ser un mejor ejemplo para todos. Después de todo acabas de ayudarme a ascender al trono-


No saben el sufrimiento que tuve que pasar, las montañas que moví, las vidas que arruiné y el tiempo que hice para poder subir este capítulo ... así que con todo el chantaje del mundo n.n

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anySuzuki