Britannia's Re:volution

Stage 82: El mal padre

Gottwald p.o.v.

El primer sonido de explosión fue la alarma de que esto se había salido de control. Entrar en la habitación de mi príncipe cuando no me contestó y ver la lámpara rota, produciendo chispas, era un problema del que me debía encargar de inmediato. Quizás había una sobrecarga que provocó el feo incidente, el príncipe Lelouch estaba perfectamente de pie, mirando el origen del estruendo algo perdido.

Traté de convencerme de una casualidad, que la situación estaba tensa pero que no llegaría más lejos. Hasta que recogí el celular del príncipe con la pantalla parpadeando por daño, toda astillada y una de las esquinas del aparato quebradas ¿Había lanzado su celular a la lámpara? Volteé buscando una explicación.

-Shit- y corrí, ya no estaba en la habitación.

No debía entretenerme tanto en una simple lámpara. Corrí sin saber cuál podía ser su dirección, ¿Irse del palacio? ¿Su oficina? ¿La cocina? Su cabeza estaba hecha un gran lío y temía lo que pudiera hacer con ese primer destello de violencia, mi deber era protegerlo y si era necesario sería hasta de él mismo. Pensé incluso en detenerme a buscar al príncipe Clovis, su habitación no estaba muy lejos, pero sería entretenerme valiosos segundos donde no veía o escuchaba nada de su paradero y vacío de servidumbre tampoco ayudaba.

¿Debía poner sobre aviso al primer ministro?

Después de cuantiosos minutos recorriendo un palacio casi desértico, me dio el olor a pintura y seguí el rastro confundido. No se supone que había remodelaciones aún y eso era fresco. Pero al dar la vuelta en el pasillo y ver las líneas rojas que hacían un camino por los cuadros en las paredes, sentí otro vuelco en mi estómago.

-Lelouch-sama…-


Estaba furioso, había frente a mí un gran camino de destrucción. Seguí de inmediato los destrozos, las paredes estaban llenas de líneas de aerosol color rojo que escurrían hasta el suelo, o floreros tirados, cortinas arrancadas y una ventana rota. Quizás sí le serviría el desahogo, pero el primer ministro había sido demasiado claro con sus órdenes.

-Te estoy dando la responsabilidad de cuidar a uno de mis hijos, Jeremiah Gottwald, en un lugar que tú conoces mejor que todos nosotros. En un lugar en el que Lelouch no quiere estar y en el que sé que tampoco lo querrán. Es un arreglo momentáneo y por ningún motivo, dejes que Lelouch condicione tu silencio si algo no está bien-

-Mi hijo no eligió esto, no quiere estar allá, NO LE HARÁ BIEN estar allá. Y me preocupa saberlo y no poder hacer más al respecto…-


Debería estarle marcando ya pero aún no encontraba al príncipe y no podría asegurarle incluso que él fuera el causante de todo esto. Hasta escuchar una botella de aerosol siendo presionada sin descanso. Corrí lo más rápido que podía hacia el vestíbulo y resbalé en la entrada, había mucha pintura fresca adhiriéndose al mármol y entre la nube de aerosol se encontraba mi príncipe.

Me miró apenas una fracción de segundo al sentir mi llegada, pero se giró de nuevo esperando ver el resultado de su obra. Pero al abrir la boca para decirle algo, tragué algo de pintura y la garganta se me cerró un poco. Me acerqué de inmediato a la primera ventana que pudiera abrirse, el olor era bastante fuerte y no entendía porque el príncipe estaba tan tranquilo con ese aroma.

Tendría que llamar un médico.

-¿Lelouch-sama?- esperaba que le hubiera ayudado en algo, descargarse así. No podía importarme menos la decoración, los daños o los retratos arruinados. Era la integridad psicológica de un muchacho de 17 años que estaba a punto de tomar el trono de una nación que nadie quería.

Soltó la lata admirando el cuadro y me vi interesado también en el resultado. Era demasiado grande para alcanzar a dañarlo en totalidad, aun subiéndose a la mesa. Así que la cara del antiguo emperador estaba intacta. A diferencia de las manos de mi príncipe llenas de pintura desde donde podía observar, tenía incluso grandes gotas rojas y negras pintando su cara, cuello y ropa.

Soltó la lata de pintura, ya era todo.

Su mirada comenzó a desenfocarse con rapidez y me acerqué de inmediato -¡Lelouch-sama!- alcancé a tomar su cuerpo antes de que tocara el suelo. Tenía los ojos apenas abiertos y podía ver su cara llena de pintura ahora que lo tenía más de cerca, en sus párpados, fosas nasales, oh demonios…

Lo sacudí otro poco tratando de mantenerlo despierto, su respiración sonaba forzada, había inhalado demasiada pintura y el estrés emocional, todo era una mala combinación.

-¡Lelouch-sama!- era inútil, me levanté con él en brazos, tenía que conseguir atención médica y no estaba seguro de si salir era la mejor opción o esperar aquí.

Pero moverse era mejor que quedarse quieto.


Genbu P.O.V.

No iba a poder dormir, no con el tono de su resignación y la expresión en su cara al decirlo, Lelouch no quería esto. Lelouch no merecía esto y una vez me dije que no volvería a dudar en hacer lo mejor para mis hijos. Lo dije después de Narita, lo dije cuando el golpe de estado, lo dije cuando Julius Kingsley apareció. Y parecía que no aprendía nada del desenlace de todas esas situaciones.

Pero esta cuarta vez, el problema se había refinado de formas que no debían ser posibles. Cómo es que para empezar, Lelouch había quedado al mando de algo que quería destruir ¿Siquiera era lógico para la federación? ¡Y su edad! Barrí con el brazo las cosas de mi escritorio, evitando los portarretratos. Lanzarlas apenas y me ayudaba a no salir a estrangular a alguien pero… seguía sin ser una solución.

Me senté de nuevo con un pesado suspiro ¿Qué tan malo podría ser?

Mi celular comenzó a vibrar y dudé siquiera en sacarlo de mi bolsillo. Ya casi daban las diez, no debía haber cosas urgentes de la oficina que debieran requerir mi atención. Y me quedé mirando las fotografías de mis hijos en el escritorio, ellos abarcaban mi horario 24/7 sin importar qué…

Siguió vibrando.

¿Quién demonios no entendía?

"Gottwald" oh rayos.

Se me resbaló el celular de las manos incluso antes de poder contestar. El hombre generalmente solo me mandaba un largo mensaje de texto, queriendo evitar hasta su propio tono de voz, que sonaba más optimista en la mañana.

-Gottwald- contesté apresurado, iba a disculparme por hacerlo esperar, pero el hombre interrumpió casi de inmediato cualquier cosa que pudiera decir después de su nombre.

-Primer ministro, es urgente su presencia aquí-

Me levanté de mi silla ya preocupado, no dudaba un solo momento de por qué consideraba tal cosa, pero sentí un enorme escalofrío esperando que continuara. Mi mente solo estaba centrada en tomar mi gabardina, las llaves del auto y seguir escuchando el motivo de su llamada.

-Lelouch-sama…tuvo un ataque de ira. El problema no es la destrucción que causó, sino que en su uso de pintura en aerosol sin cuidado se hizo daño a sí mismo-

¿Pintura?

-He llamado ya al mejor doctor disponible y lo está revisando, pero… será mejor que esté aquí. Siento solo haberlo llamado así, sé que tiene cosas que hacer, agenda, pero me pidió que lo mantuviera informado de todo y realmente-

-Gottwald- interrumpí y no había dicho otra cosa desde que tomé la llamada. Ya estaba dentro del auto enfriando mis pensamientos y puse el altavoz para poder manejar y no causar más penas –Voy para allá, Lelouch es lo que importa. Mantenme informado del estado de mi hijo y lo que diga el doctor, llegaré en tres horas-

Le colgué porque necesitaba hacer otras llamadas de camino, necesitaba nuestro jet personal listo y avisar a que saldría del país. Cosas que podía controlar y ordenar, cosas que respondían a mis necesidades. Pero mis dedos se aferraban con fuerza al volante del auto en cada semáforo en rojo. Había cosas imposibles de domar.

Lelouch…


A Todou le debía la explicación exacta de a dónde iba y por qué. Suzaku por suerte estaba dormido cuando salí y el resto de la familia se enteraría por Todou en la mañana, cuando con suerte yo pudiera tenerles información completa de lo que había pasado y una explicación más tranquilizadora. No había porque tenerlos a todos tan preocupados como yo me sentía y como Todou estaba ahora.

Pendragón no estaba tan cerca, las palabras de Gottwald aunque trató de sonar tranquilizador no me infundían nada de seguridad y solo mientras no podía hacer más que esperar sentado en el asiento del jet, mi mente empezó a desarrollar la escena que Gottwald evitó describir, que inevitablemente vería.

La calma de mi hijo se había quebrado.

Y estuve a punto de hacer lo mismo que él si la llamada de Gottwald no me detiene, así que sabía lo que sentía, esa desesperación cuando la fecha estaba a dos días de distancia. El saber que estábamos de nuevo frente a las dos posibles soluciones del inicio, dejar que despedazaran Britannia y a todos en ella, o ser el escudo de confianza.

De nuevo, mi hijo como escudo. La última vez terminó tan mal…

El clima de Britannia era sumamente frío y agradecía que al menos recordé tomar la gabardina. Eran las once de la noche cuando logré salir de Japón, más las tres horas de vuelo y dos de diferencia de horario, las cuatro de la mañana me dieron la bienvenida en una ciudad que aún no despertaba. Todo era tan distinto, yo jamás había visto Pendragón, nada además de Villa Aeries antes de ser consumida por el fuego.

Las casas y edificios que se erguían aquí gozaban de un poder económico nada despreciable. La perfección del trazado de banquetas, servicios de iluminación, ni una hoja fuera de lugar. Esta era la ciudad perfecta desde donde se manejó por décadas la economía de 2/3 del globo. Era la ciudad con gran concentración de dinero, de poder, de aristocracia y de nuestro nuevo sufrimiento como familia.

Gottwald solo me mandó un mensaje diciendo que mi hijo estaba fuera de cualquier peligro y que él me esperaría a la entrada del palacio. El viaje en el auto era eterno, el chofer sumamente respetuoso pero callado amenazaba con dormirme y quizás ya lo hubiera hecho de no sentir este nudo en mi estómago.

Aquí… admiré las grandes rejas del primer filtro para entrar a los jardines del palacio. Aquí no conocía nada, ridículamente grande, espacioso, ostentoso, debí venir con Lelouch esa primera vez. Debí posponer toda mi agenda y acompañarlo, cargar su maleta y asegurarle que esto no sería su nuevo hogar. Que temporalmente estábamos siguiendo el juego.

Porque me sentía intimidado y aplastado por la inmensidad de esta simple entrada de jardín, con su esperada belleza y perfectas rosas. Tampoco podía decir menos de la fachada del enorme palacio imperial y sus largas escaleras de mármol que conducían a la entrada de mi infierno.

Gottwald asintió levemente a manera de saludo y empujó la puerta para que lo siguiera de inmediato. Creí que tendría que pedirle pruebas de lo que había hecho mi hijo, pero ni un segundo dentro noté gran parte de su estallido emocional. Me detuve en seco con el aroma a pintura fresca y el manchón negro que me recibía.

Una pintura de Charles, tamaño "imponente" para un lobby, había sido vandalizada hasta donde la altura del autor se lo permitió. Resaltaba no solo por el olor o porque era lo primero que cualquiera vería al entrar, sino porque el resto de la decoración, paredes, piso… era blanco. O en un su defecto solo tonos claros.

Caminé dando crédito al estallido de Lelouch que aún no era tocado y Gottwald se adelantó dos pasos más sirviéndome de guía. Sabía que me llevaba directo a la habitación de mi hijo, pero no sabía si era la única ruta o quería ahorrarse esta explicación para después. Iba a regresar mi cena de lo mucho que mi estómago se encogía.

Una larga línea roja en aerosol marcaba el pasillo y lo objetos que se atravesaron en el camino. Si no estaban en el suelo estaban manchados por la pintura y solo hacían una peor escena que ya me torturaba. Era negligencia, negligencia emocional en mi hijo. Ahora era oficialmente el peor padre del mundo.

Todo se veía igual, interminables pasillos con vueltas que no supe identificar después de la tercera. Por dios Lelouch, perdóname por haberte dejado solo aquí. Y agradecí de manera tan profunda que Gottwald no hubiera usado la que debía ser la habitación principal de este lugar, aún sin que yo expresara esa petición, porque hubiera sido otro clavo en la cruz de mi hijo.

Se detuvo frente a una puerta de muchas que se veían igual, pero que tenía una "L" en dorado al menos para poder identificarla. Y aún entrando en silencio había una pequeña sala que funcionaba como recibidor. Todo tan aparentemente caro, nuevo, sentía todo tan frío…

-Por aquí, primer ministro- me estaba adentrando demasiado en mis pensamientos. Pero ya había atravesado una cantidad ridícula de puertas para ver a mi hijo.

Finalmente estaba con él, en una habitación cuya ambientación seguía acorde a este lugar, a esta vida. A la temperatura general de Pendragón. En una cama inmensa y blanca que hacía notables las manchas rojas y negras de los dedos y cara de mi hijo.

-Lelouch…- suspiré sin poder evitarlo. Dejé el maletín y me acerqué de inmediato para verlo de cerca. Me tomé el atrevimiento de sentarme en la orilla de la cama para inspeccionarlo como debía. Estaba tan dormido que no notaba mi presencia o reaccionaba a ella.

-Está bajo los efectos de un leve sedante- aclaró Gottwald y lo volteé a ver. El hombre se acercó a la mesita de noche para tomar la receta que el médico había dejado y me la extendió.

No solté la mano de Lelouch para tomar la hoja. Suspiré aliviado de poder leer la letra nítida del médico y la pequeña explicación que ponía debajo de lo recetado, seguro a petición de Gottwald. Además del calmante, había recetadas pastillas para la inflamación de las vías respiratorias, producto de la inhalación de los químicos de la pintura. Otras para el dolor de cabeza y las naúseas, de efectos descritos como leves pero seguros para los efectos secundarios de la inhalación y como último punto se sugería el uso de pastillas antidepresivas.

Volteé a ver a Gottwald con ese último atrevimiento. El hombre esperaba con calma mi reacción y asintió levemente cuando supo qué me había hecho voltear.

-El médico no sabe por supuesto a quién atendía. Por el llamado creyó solo que era uno de los muchos príncipes de la línea imperial y su receta y atención fue objetiva- comenzó de manera calmada –Pedí que lo medicamentos fueran los menos fuertes o que no pudieran tener reacciones a otros ya pre-escritos-

El nudo seguía apretando dolorosamente mi estómago.

-Está en todo su derecho como padre de verificar la información con el doctor Gensai- siguió en tono calmado y me ofreció una solución al mismo tiempo a mis miedos. –Pero también pregunté el por qué de la última sugerencia al médico-

Miré la receta queriendo incinerarla con la mirada, mejor el papel que Gottwald por hacer su mejor esfuerzo en esta difícil situación.

-Dijo que había demasiado estrés en joven de esta edad, pero que no le era extraño atender casos similares sobre todo aquí en Pendragón e hijos de familias importantes-

Volteé peor de ofendido con esa revelación. Algo común entre los Britannian de aquí no debería aplicar con tanta facilidad a mi hijo que tenía menos de diez días en este lugar.

-Es lo que dijo el doctor- levantó las manos levemente Gottwald –Dijo que las pastillas eran naturales, no adictivas ni producían dependencia y otros efectos. Muy efectivas en nivelar el estrés en momentos complicados, pero confirmo la misma sugerencia de hablarlo con el médico de cabecera antes, si acaso sería lo mejor para Lelouch-sama.-

Esto no pintaba nada bien ¿Calmantes, antidepresivos? ¿La prescripción de cuidados cardiacos de Gensai?

-No, Gottwald…- arrugué la hoja con miedo y dispuesto a tomar a mi hijo, largarnos. –Esto ni siquiera entrará a discusión, no voy a caer en el mismo error. Es la calidad de vida de mi hijo de la que estamos hablando-

El hombre volvió a levantar las manos dejando en claro que no era que pusiera a discusión ese tema, ni siquiera a considerarse. Pero precisamente no era la mejor hora, volteó a ver la ventana y ni siquiera amanecía.

-Lo mejor será que descanse con Lelouch-sama unas horas, usted no durmió, él apenas tiene 4 horas dormido y no ayudará al estado de nadie solo salir así-

Volvió a acercarse a la mesita y me pasó un frasco con una solución transparente y unas motas de algodón. –Es para las manchas de pintura en su cara- murmuró.

También sabía que yo no me podría dormir, no de inmediato. Acepté el frasco un poco más calmado, me daría tiempo de pensar y hacer algo que hacer.

-Buenas noches, Gottwald- murmuré levemente e hice una pausa –Gracias por ser tan atento con mi hijo-

El hombre se detuvo antes de salir pero solo hizo otra reverencia y cerró la puerta con cuidado.

Yo no iba a permitir este atropello.


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anySuzuki