Britannia's Re:volution
Stage 83: Awakening
Genbu p.o.v.
Limpié las gotitas en el rostro de Lelouch una a una. Diferentes tamaños, diferentes colores… parecían pecas. En otro momento se me hubieran hecho lindas, dignas de una foto. Pero mi actual y desvelado ser, solo quería terminar de tallar su cara para que no quedara rastro de su temperamento desbordado y la prueba del crimen. Concordaba con Gottwald, no podía importarnos menos el estado de esos cuadros, la pintura de las paredes, el mármol manchado o las cortinas.
Lelouch sin duda lo había necesitado por la manera en que dormía, o era el efecto del calmante, no lo sé. Tampoco lo había visto en más de una semana para comparar su sueño con el de otros días. Eso solo Gottwald, porque parecía haber profundizado en el conocimiento de mi hijo a grandes pasos. Me impresionaba su dedicación y al mismo tiempo temía que habían pasado demasiado tiempo juntos y solos.
En este enorme lugar.
-Lo siento tanto, hijo- terminé de tallar su mejilla, el trapo totalmente manchado. –Creí que, teníamos aún el control de la situación. No sabía que se estaba volviendo insoportable, no sabía lo que te estaba haciendo- sabía ocultarlo muy bien y Gottwald no había querido preocuparnos más.
Miré alrededor de la habitación reparando en los detalles. No había nada que personalizara las paredes, una foto, una pintura, una cortina al menos que hubiese elegido. Todo estaba perfectamente pensado para ser prístino, uniforme y perfecto.
Como odiaba ya este lugar.
Lelouch P.O.V.
Me sentía cálido, tranquilo y muy a gusto. No sabía dónde estaba, el cielo y el infierno se parecían mucho últimamente y solo era cuestión de perspectiva. El infierno de muchos era cielo de otros y bla, bla, bla.
Pero se sentía tan bien, todo mullido, con un olor familiar y una envolvente sensación de seguridad que me arrastraba más a cerrar los ojos en lugar de despertar. Suficiente tiempo había pasado en esa terrible realidad donde tenía que ser el responsable de los horrores de Britannia; y de ser su verdugo me había convertido en su única oportunidad de supervivencia.
Esa retorcida versión de la realidad no me gustaba.
- No, aún no despierta, pero no lo voy a presionar a hacerlo-
Apreté mis ojos levemente. Este sueño sonaba muy real, podía sentir la vibración de las palabras en mi rostro bien escondido en la almohada. El movimiento de una compañía fantasma y dedos en mi cabello.
- No, está estable. Tiene un leve silbido en la respiración, pero Gensai me sugirió unos tés y jarabes para ayudar...si, después de gritarme media hora-
Era una almohada muy parlanchina, pero tan familiar. La apreté un poco para darle forma, de hecho ya tenía caliente el lado donde estaba recostado, solo me moví hacia el otro extremo y encontré el punto fresco. Silencio y un aroma a café.
Suspiré, olía al templo. Mi mente comenzaba a delirar y me aferraría a la ilusión mientras pudiese. Me iba a quedar en Britannia por un tiempo no definido, temía lo que tenía que hacer para sobrevivir a la madre patria, su aristocracia y su ira.
Genbu p.o.v.
Zafarme de su agarre no fue nada sencillo. Lelouch tenía una envidiable fuerza para aferrarse a las cosas mientras estaba dormido, era si como todo su lado inconsciente deseoso de abrazar solo pudiera ser materializado en sueños.
Sabía que lo estaba molestando cuando se movió en mi última llamada, antes de eso no había movido un solo músculo y me había dejado acariciar su cabello. Difícilmente podría continuar dormido conmigo hablando por celular tan cerca, sobre todo con la cantidad de explicaciones que todos pedían por haber desaparecido del país por la noche. Incluso cuando le pedí a Todou que les explicara.
Lo mire una vez más, al menos estaba descansando y no quería dar crédito a que fuera gracias al leve sedante. Sería un gran fallo para mí como padre que solo mediante un medicamento pudiera dormir largo y tendido.
Gottwald ya había aparecido a la hora que parecía habitual que se reportara, a las 7:30 am. Me trajo café recién hecho, fruta fresca picada, todo muy bonito, variado y perfecto. Agradecí levemente el gesto, pero no molestaría entonces a Lelouch para poder comer, había estado tendido como sábana sobre mi estómago y el hombre también entendió mi dilema dejando la bandeja en el recibidor de la habitación.
Aunque ahora, necesitaba un lugar donde poder levantar mi tono otro poco, pero sin perder de vista a mi hijo, quería estar presente en el primer momento en que despertara. A eso vine después de todo, el balcón se veía perfecto.
El aroma a césped húmedo con la brisa de la mañana era lo único tranquilizante de este lugar. Me recargué con ambos codos en la baranda y volví a marcarle a Mei, nuestra luna de miel tampoco estaba siendo lo que esperaba.
- ¿Se durmió de nuevo?- preguntó apenas contestó la llamada. Sonreí levemente viendo hacia la cama y enternecido por su genuina preocupación.
- Si, está demasiado cansado como para intentar oponerse y su explosión de anoche debió drenar más su energía- lo cual me preocupaba a sobremanera. Debió ser una emoción muy fuerte, que de eso no me quedaba duda al ver el desastre de pintura, pero prácticamente seguir noqueado siendo ya casi hora de comida…
Hubo un silencio incómodo también del lado de mi esposa, donde seguro temía equivocarse con lo que quería decir o quizá sonar demasiado dura conmigo.
- Mei, no ocupo más silencio del que hay aquí. Créeme, es horrible...- lo que sea que quisiera decir, era por preocupación, no por enojo.
- ¿Significa que traes a Lelouch a casa, si?-
Era mi pensamiento, si. Era la idea, por supuesto. Era eso que nos había puesto a trabajar día y noche todos estos últimos días buscando el hueco legal de esta absurda imposición, y aun así no tenía manera de solo contestar "si".
Con todas las pruebas en mi mano de que esto jamás funcionaria, de que mataría a mi hijo seguir así, de que estaba asesinando a mi hijo estar así.
- ¿Por qué no?- cambió preocupada la pregunta y podía imaginarla a la orilla de la silla del comedor.
- Tengo que hablar con Lelouch muy seriamente primero- murmuré -Eso no cambia que yo lo quiero en casa a pesar de lo que la federación ordene, pero siempre lo he escuchado, este momento no será la excepción y quiero saber todo eso que pasó por su mente antes y durante su explosión-
Me preocupaba que tuviera motivos más fuertes para según él, "quedarse" en Britannia, que volver con nosotros a Japón. Que solo 9 días hubieran bastado para reprogramar los últimos 7 años de su vida, contra 11 años de vivir como príncipe imperial.
Dejar Britannia debía significar dejar atrás todos esos problemas actuales y por coincidente fantasmas de su pasado, enterrados de una vez por todas. No quería una herida siempre abierta y sangrando, quería un cierre real.
Tal vez con la ayuda de un buen psicólogo...uno para todos nosotros de hecho. Tenía que poner el ejemplo después de todo y no podía salir mal ¿Cierto? Era un papá responsable buscando ayuda.
-Mei, ¿Puedes ayudarme con algo?- pregunté. Había cosas que solo un profesional podía resolver y hasta este momento, solo le habíamos dado importancia a la salud física.
Creí que tendría que vaciarle una jarra da agua para que se moviera. Las 3 de la tarde era suficiente sueño para él y suficiente silencio para mi. Pero despertó de una manera en que… me era familiar. Estaba leyendo en el sofá del recibidor, las sugerencias investigadas por Mei y Sayoko de acuerdo a mi última idea, cuando escuché una maldición en inglés, lo suficientemente entendible, y un par de cosas derribadas en un camino apresurado.
Me quedé quieto, esperando la siguiente estampa. Lelouch atravesando la puerta de la habitación con su despertador en mano, confundido. Diciendo otro pequeño grupo de maldiciones mientras me ignoraba por completo y salía al pasillo en pijama, buscando a Gottwald seguro.
-¿Lelouch-sama?- y al parecer el hombre estaba cerca.
Me levanté de inmediato para salvar al hombre de ese temperamento.
-… creí que al menos podría contar con otro celular. Britannia no está TAN en quiebra- murmuraba Lelouch enojado, no podía levantar la voz por la pintura, aún le raspaba la garganta.
Me paré detrás de él en silencio pero no me notó. Gottwald levantó la vista pero no dijo nada tampoco.
-…me quedé dormido, tenia que revisar las decisiones de Clovis respecto a la coronación y si…- tosió sin poder contenerse, el otro hombre trató tomando sus hombros para que se calmara pero Lelouch se aferró a continuar –si envió las invitaciones-
Sabia que mi hijo podía seguir sacando pendientes y reclamos todo el día, así que debía interrumpirlo.
-Claro que llegó la invitación, Lelouch. Pero no de la forma que esperaba- comenté.
Pegó un gran brinco al mismo tiempo que se volteaba y hasta retrocedió suficiente para golpear su espalda con Gottwald. El hombre lo detuvo firme en su lugar.
-¿Papá…?-
No se por qué pero esa simple palabra me hizo olvidar todo el enojo, estrés y cualquier cosa que hubiera estado maquilando en las últimas horas. Había temido no escucharlo decir esa palabra. Por sobre todo su lenguaje, la que más tiempo le había tomado aprender del japonés y pronunciar; y si lo hacía que no fuera de una forma despectiva al recordar a Charles.
Pero es que este lugar podía provocar tantas cosas.
Había temido que a pesar de las llamadas, simplemente su pesada herencia genética tomara una especie de control maligno sobre su parte criada en Japón. Tenía mas tiempo aún siendo un príncipe de Britannia que un Kururugi, lo tenía muy en cuenta. Y siempre pensé que Lelouch se las arreglaría para adaptarse a este lugar más fácil de lo que yo anhelaba. Su parte destructiva claro que hizo notar su incomodidad aquí, pero tampoco estaba contento con la destrucción y el sabotaje.
Nos quedamos mirándonos en un incómodo silencio. Como familia lejana que se veía una vez al año y ya se había saludado.
Gottwald empujó a Lelouch con suficiente fuerza para que diera dos pasos al frente y yo hiciera el resto. Lo abracé antes de que pudiera decir otra cosa y a pesar de que se tensó, no tomó más de dos segundos para que se relajara, incluso suspiró otro poco.
Diez días podían ser la eternidad para esta familia.
-La coronación es mañana- murmuró Lelouch despegándose un poco, volviendo a tomar rienda de sus emociones.
Solo bajé la cabeza para mirarlo y arquear una ceja.
-Yo no vine antes por la coronación, Da Vinci- se encogió otro poco como si hubiera escuchado algo quebrarse y quiso despegarse más para inventar una explicación. Lo tomé del antebrazo y lo empecé a jalar a la habitación, tenía un tono levemente gris después de pasada su atropellada manera de despertar.
-Gottwald, te agradecería si pudieras traer algo de comida para ambos- miré al hombre, sabía que no era un sirviente pero tampoco sabía como encargar algo aquí. Y soltar a Lelouch no era una opción.
El hombre entendió perfectamente por qué se lo pedía y asintió sin problema, incluso mas relajado de que tuviera a Lelouch bajo control y vigilancia.
-Bien hijo…-
Esperaba la mitad de las cosas que Lelouch dijo, en serio. Mi problema radicaba en la otra mitad que no había considerado y que nos tenía en tenso silencio. Comió la mitad de la comida que estaba acostumbrado a consumir sin problemas en el templo, pero se bebió el doble de café de lo que normalmente tomaba. Solo no hice ningún comentario directo porque quería ver esas "nuevas" costumbres, antes de que intentara esconderlas.
Pero no estaba nada tranquilo con su dieta, ni su necesidad de tener un celular funcionando y siendo revisado cada dos minutos.
Estuve tentado a lanzarlo por el balcón después de que cumplió la primera hora de estrenado.
-Hijo, esto es excesivo- comenté en cuanto terminó otra llamada. Ni siquiera Hatori o Todou lo ocupaban tanto y tan seguido, Lelouch volvió a conectar el celular a la corriente, no lo había dejado cargarse.
-Se juntaron los pendientes de toda la mañana y media tarde de trabajo- me miró con simpleza, aunque parecía no estarse escuchando.
-¿A qué hora empiezas a atender estas cosas y a qué horas terminas?- pregunté más directo, saber del papel que estaba "desempeñando temporalmente" podía darme más perspectiva.
-Mientras tenga los ojos abiertos es la respuesta ambas cosas- respondió sin mirarme mientras buscaba sus zapatos.
-¿A dónde siquiera crees que vas?- cuestioné, estaba en pijama. Me miró con la clara intención de mentirme pero lo consideró mejor con un gruñido de mi parte. –El doctor dijo que necesitabas descanso, apenas comimos o específicamente tu picaste la comida- enfaticé –Y tengo 2 horas de verte despierto, de las cuales has pasado más pendiente del celular que de lo que yo hago aquí-
Detuvo su búsqueda y me miró un poco apenado por mi último reclamo, más no lo suficiente para cambiar su mente, podía leerlo.
-Necesito ir a la oficina..- intentó bajando un poco su tono y era más un pedido que una declaración. Había contestado todas las preguntas que le hice de la manera más sincera que podía y me había complacido con el tiempo de comer, pero no era suficiente. Había todavía una especie de barrera separándonos que me incomodaba pero que a Lelouch parecía mantener tranquilo.
Volteé buscando en las cercanías la gabardina negra con la que se había ido de Japón ese día. Estaba doblaba sobre el respaldo de la silla junto al pequeño escritorio de la habitación.
-¿Papá?-
Quizás había durado demasiado en silencio. Extendí el saco para que metiera sus manos y obedeció lentamente, este lugar era terriblemente húmedo y frío. Después solo empecé a abrochar algunos botones para que no se le abriera y Lelouch miraba mis dedos con la cabeza ladeada.
-Vamos- murmuré al acomodarle el cuello. Quería saber de esta actividad, quería saber por qué Lelouch parecía resignado a aceptar la moción y cumplirla.
Lelouch P.O.V.
Estaba siendo aterradoramente comprensible, de nuevo. Aunque no esperaba a Gottwald ir con el chisme tan rápido a mi familia, que de todas formas terminarían llegando mañana, solo había visto preocupación en la mirada del hombre y dificultad para entender en general al ex-sacrosanto imperio. Por coincidente mis supuestas obligaciones.
Sabía que su propia incomodidad por estar aquí lo estaba desviando de su propósito y poder de ejercer su ¿Cómo lo llamaba él? Derecho de padre. Lo cual me estaba evitando un interrogatorio severo e inmediato, pero también me ponía los nervios de punta.
No esperaba comprensión, esperaba salvación. Este cuento de hadas se convirtió en película de terror demasiado pronto.
Tomé la agenda blanca imperial en la que Clovis podía o no podía poner las actividades sugeridas, planeadas, eventos y reuniones que se esperaban desde un lapso inmediato hasta dentro de meses. Porque todo tenía que estar agendado, pero como siempre solo era una guía y sugerencia.
Saqué mi agenda negra para recordar qué era lo que Clovis debió resolver y anotar por su cuenta. Dejé que mi padre vagara por la oficina en silencio, se veía impresionado por el siempre presente exceso de lujos, aunque para mi se había hecho normal después del primer par de días.
Recordando, que Britannia era así. Que la vida en villa Aeries era así, la vida de una royal family era así. Lo cual fue el primer contraste que enfrentamos Nunnally y yo en Japón, esos primeros meses. Caer de los cuidados y calidades del imperio a un pequeño cobertizo. . .
Estrellé la tapa de la agenda blanca para cerrarla.
-¿Lelouch?-
Levanté la vista, demasiada fuerza.
-Un mosquito- mentí. Genbu Kururugi estrechó la mirada pero optó por sentarse del otro lado del escritorio frente a mí, entrelazando ambas manos sobre el mármol.
Volvi a abrir la agenda con más cuidado para revisar lo que Clovis palomeó:
Lista de invitados
Lista de medios internacionales
Recepción
Muebles y florería
Banquete
Música
Era tan dedicado y el perfecto royal para armar esto…
Ropa y tiara
-¡¿Qué?! Clovis- gruñí y empecé a buscar su número en mi celular. Mi padre me miró con una ceja arqueada pero no respondí de inmediato. Mi medio hermano nunca rechazaba o ignoraba mis llamadas.
-¿Si? Hola Lelouch, es bueno saber que estas despierto- saludó, me tallé el puente de la nariz.
-Clovis, si… de hecho estoy revisando los pendientes que resolviste de la agenda general- mi voz se tenía que mantener neutra y calmada –Y me llamó la atención una anotación que no estaba la última vez que vi la lista. De hecho, está agregada hasta con otro tono de bolígrafo, presumiblemente esta mañana-
Escuché cómo se le derramó un vaso y un grito que indicaba, fue descubierto antes de lo que planeaba.
-Te quiero ya, en la oficina- pedí amablemente y colgué. Las explicaciones me las tenía que dar a la cara y suponía que no estaba fuera del palacio. Después de todo, la recepción sería aquí.
Puse mi frente en el mármol helado, era lo único que agradecía de este costoso escritorio. Un método de enfriamiento rápido de las ideas, buenas y malas. Pero una mano se posó en mi cabeza y los dedos se entrelazaron en los mechones de mi cabello de inmediato.
Gemí muy leve, sabía quién era, claro. Me encantaba el gesto, CLARO. Pero… retiré su mano levemente. No quería acostumbrarse a ese gesto aquí en Britannia.
Mi padre se vio tan contrariado y su mirada se endureció.
-No- fue suficientemente firme y regresó su mano a donde estaba. Acariciando con más fuerza mi cabeza –No, Lelouch. No vine a renunciar a ti, ni a nadie- me miró a los ojos mientras hablaba, sentí un gran escalofrío recorrerme.
-Pero el plazo ya se acaba mañana- aventuré. Eso detuvo su mano un segundo, pero a retomar su acción con más cariño que antes.
-Un plazo, quizás si- asintió de manera calmada haciendo que me sintiera tranquilo también yo, sin comprender por qué –Pero nuestra familia no tiene plazo ni fecha de vencimiento- continuó y suspiré muy fuerte –Sea lo que sea, la conclusión a la que hayas llegado, lo que nosotros hayamos logrado o no, eso no va a poner fin a nuestra familia. Que recién recuperé, que recién tengo junta y por la cual vale la pena seguir peleando- tomó una de mis manos con su mano libre.
-¿No encontraron ningún hueco legal, cierto?- murmuré, pero quité todo tono que pudiera sugerir el más mínimo grado de acusación –Yo tampoco- añadí con rapidez, aunque tenia una pila de papeles y carpetas para probarlo.
Mi padre iba a decir otra cosa, pero entró Clovis corriendo por mi última gentil amenaza e hizo una reverencia. Palideció aun mas cuando notó a papá, Clovis era el enemigo personal número 1 de los Kururugi, por su tacto. Pero valoraba a quién podía tenerle más miedo, si a papá o a mí.
-Debes entrar- añadí. Pero me levanté del escritorio, lo que teníamos que hablar era importante pero no una reunión formal, mi padre me siguió al sofá.
Clovis se sentó enfrente de nosotros, con una mesita de café separándolo del peligro inmediato. Me acerqué a papá levemente… él estiró el brazo por detrás de mis hombros. Suspiré de nuevo y miré a Clovis.
-Habla, ¿Cómo que tiara?- me tembló una ceja –No soy una princesa-
-Eres un príncipe técnicamente- Clovis sabía que debía responder pero la convicción de sus palabras me sacaba de base –Y un emperador a coronar-
-Charles no usaba una corona- alegué de inmediato.
-No eres Charles- puntualizó mi medio hermano y calló cualquier otro comentario que se me viniera a la mente. Mi padre asintió a eso y su mano subió de mis hombros a mi cabello nuevamente.
-¿Puedo verla?- pregunté al menos –Y la ropa- añadí de inmediato -¿No se supone que ambas cosas tan personales debían ser mi decisión?- lo miré acusador.
-Claro que lo son, tengo trabajando más de una semana en un guardarropa entero- comentó Clovis buscando en la galería de su celular, pero hubo un gruñido profundo de mi padre y el rubio tembló –Por si acaso, era necesario- agregó defendiendo su ya expuesto cuello. –No eres un indigente, no eres cualquiera aunque seas uno de muchos hermanos que somos. Eres Lelouch… Kururugi- tragó levemente salvándose. –No eres lo mismo que este sistema está acostumbrado a tener de fancy and cute prince-
Me estaba dando miedo de a dónde se dirigía eso y qué tanto tenia que ver con la ropa.
-Me pediste que a pesar de cualquier plan, todo se fuera llevando a cabo de una manera real para el resto del mundo. Y a pesar de que sea una imposición, de la cual…- miró a mi padre con respeto nuevamente –aún no hay una solución certera; yo sé que eres lo mejor que le podría pasar a este país-
Me pasó su celular encontrando la foto que buscaba.
Levanté la vista esperando que terminara primero.
-Tú no lo quieres, no mereces la obligación e imposición. Pero eres lo mejor que le pudo pasar a Britannia- sonrió levemente –Lo cual es irónico, poético, una tragedia para tu autobiografía- ahí iba lo lindo de su discurso.
Dejé que papá lo mirara y le gruñera todo aquello que se había estado reteniendo, mientras veía la corona en la foto del celular.
Era una elegante tiara de plata, seguro. No muy delgada para parecer de princesa, pero no tan gruesa o alta para ser una extravagancia de esas bien conocidas de Britannia. Tenía cinco grandes piedras color ametista distribuidas perfectamente un diseño limpio y entre ellas diseños de enredaderas con pequeños diamantes.
Una corona…
-¿Estás seguro de que es necesario?- pregunté a Clovis, mi padre detuvo el no tan sutil regaño verbal y volvió su atención también.
-La corona, el anillo y el medallón- asintió mi medio hermano con calma moviendo su dedo en la galería para enseñarme las otras dos cosas que mencionó. Hacían perfecto juego –Se lleve o no se lleve a cabo hasta el final la ceremonia de mañana, son tuyos- murmuró.
Levanté de nuevo la vista.
-Son un regalo, Cornelia y Euphemia me estuvieron ayudando- admitió –Es por quien eres y lo que representas para nosotros, muy independientemente del papel que hiciste, haces, harás o no harás, para el país. Había muchas maneras de salvar a Britannia de sí misma y lograste ya la más difícil. Destruir la cabeza que envenenaba al resto-
Parecía que lo había estado ensayando siglos.
-Eso no va a cambiar mañana. Como no cambia tampoco que tienes una familia que te apoya, tanto en Japón…- miró a mi padre –Como aquí en Britannia-
Esto no se estaba haciendo más fácil al acercarse el momento.
anysuzuki
¿Hay alguien leyendo? Digan HOLA en su review ;)
