Britannia's Re:volution

Stage 84: ALL HAIL

Todo prístino, todo lindo, todo preparado para que el mundo recibiera a un nuevo royal en sus filas. Por si no tenían suficientes a lo largo del globo. Como si la familia de Britania no tuviera bastantes de esos. Los medios se arremolinaban buscando el mejor ángulo para la transmisión, para las fotos, era la noticia del siglo.

El reinado de Britannia como el Imperio que tenía esclavizado a más de la mitad del mundo había acabado, y ahora se levantaba la nueva Britannia, bajo el mando del heredero menos pensado, absurdamente joven y cuyo apellido había cambiado hacía años a Kururugi.

¿Eso significaba que Japón reinaría sobre Britannia?

¿O que facilitaría lazos al menos?

¿O solo era un increíble y brillante movimiento que tenía años maquilándose?

Criar a un príncipe imperial fuera de las doctrinas opresivas de Charles, pero que en dado momento pudiera reclamar su ascenso al trono, educado con paz, igualdad y libertad. Nadie había podido conseguir una foto o una palabra con el príncipe. Habían sido muy herméticos hasta en los detalles de la ceremonia, que solo se empezaron a notar y difundir dos días antes del evento.

Sin mencionar la lista tan selecta de invitados.

Muy pequeño en opinión de muchos, para ser el cambio de poder más esperado en el imperio.


Lelouch P.O.V.

No podían pedirme salir del baño si no sabían en qué baño estaba, touché. Había decenas de baños distribuidos estratégicamente por las habitaciones del palacio, o para invitados cerca de los salones comunes. Necesitaba privacidad, paz y silencio. O al menos el que podían darme al ignorar dónde estaba.

Porque había desconocido al extraño en mi habitación. Al que vestía elegantemente, con un traje morado oscuro, detalles bordados con hilo de oro y una larga capa color vino; ese que me miró en el espejo con cara de incredulidad y miedo durante un segundo antes de salir corriendo.

Cobarde.

Y había ventajas en la inmensidad del palacio.

Ya había escuchado más de un par de veces que pasaron preguntando por mí, Gottwald, Suzaku… pero el personal estaba más atento al servicio que se iba a prestar. Preocupados por los invitados que se tenían que recibir y sin mencionar que no me conocían siquiera de vista para saber si me habían topado.

Solo la tiara le podía dar a cualquiera un indicio.

Pero no me atrevía a probármela aún, fue cuando estaba dándole toques finales a mi ropa frente al espejo que me asusté y traté de huír sin mucho éxito. Había todavía un sinfín de cosas que revisar, adecuar y palomear. Pero este baño estaba tan ordenado y tranquilo.

Dudaba siquiera que alguien hubiera entrado alguna vez aquí. Me acomodé mejor en la curva de la bañera. Podía escuchar la voz fantasma de Clovis diciendo que me arrugaría. Debía agradecer que la bañera no tenía agua para empezar.

Pero miraba la corona en mis manos y se estaba poniendo más pesada al paso de los minutos.

Era un hermoso regalo, sin duda mis medios hermanos sabían elegir. Y no dudaba que encajara perfecto sobre mi cabeza sin saber siquiera cómo obtuvieron la medida.

Brillaba con gran esplendor y relucía como una joya nueva. Pero no me provocaba la emoción de un regalo, se sentía como lo que era, un trabajo. Una distinción o condecoración para poder trabajar. Era el uniforme aquí en Britannia, era mi pase backstage a todos los lugares que quisiera visitar, a todas las personas que deseara conocer, a los que no deseaba conocer también; y todas las deudas que había que solventar.

-Hmph- me hundí más y miré el reloj en mi muñeca. Faltaban dos horas para empezar con la ceremonia, Clovis debía estarse volviendo loco por ahí. O siendo acribillado por preguntas de mi familia. Aunque si Gottwald había logrado conocerme lo suficiente en estos últimos días, sabía que ni siquiera salí del palacio.

Solo me estaba escondiendo para juntar un poco de valor y dignidad.

Lo debía saber por la cantidad considerable de veces que había logrado escaparme de su guardia.

Esperaba que el hombre hubiera calmado a Suzaku, a mi padre, a Todou-san. No quería precisamente que me vieran así, y no sabía si me refería a mi vestimenta, a mi ser royal, de nuevo. O a esta patética versión de mí que no estaba enfrentando un simple acto cívico con calma. ¿Qué tan atemorizante podía ser esto después de pararte frente a filas enemigas? ¿O sobre Narita a punto de hacer explosión?

Colgué la corona del grifo de la bañera y me tallé la cara.

Mi yo royal, de nuevo.

Lo conocía, sabía de lo que era capaz y sus alcances a poco tiempo. Esa parte que había sido educada para conseguir lo que quería de la manera que fuese, solo se adaptó con el paso del tiempo, no había desaparecido con mis años en Japón. Lo comprobé con Julius Kingsley, la facilidad con la que podía recordar viejas lecciones.

Aunque todo había sido una mentira entonces, no me habían escrito un solo libreto para ser britannian royalty. Schneizel apostó porque lo recordaría, ese bastardo había sido parte de mis enseñanzas de la infancia. Papá no tenia que saberlo y por el bien de Clovis esperaba que nunca lo mencionara por algún motivo.

Suspiré otro poco enfriando mi cabeza con la porcelana fría de la bañera.

La última vez que me vieron así yo había robado el control de Japón…

Ahora tomaría el control de Britannia.


Genbu p.o.v.

Estaba seguro de que Lelouch no había salido del palacio como Todou o Suzaku pensaban. Por la posición tal calmada de Gottwald pero con cierta expresión de "lo hizo de nuevo" que no supo esconder muy bien, solo terminé de confirmarlo. Y cuando el hombre se dio cuenta de que lo observaba, solo asintió levemente a mi pensamiento.

En casa no tenía muchos lugares dónde esconderse, aunque sí lo hacía. Aquí podíamos jugar a las escondidas por toda una semana sin un ganador. Eso era lo que me crispaba, no tanto el no saber de Lelouch, sino la inmensidad y opulencia de este país, que mi hijo estaba aprendiendo a usar a su favor.

No quería que se perdiera tan fácilmente, figurativa y literalmente.

Clovis empezó a ponerse insoportable faltando ya 45 minutos para la coronación. Yo solo envié a Suzaku a estar listo y acompañar a Nunnally. Mei se hacía cargo de ella, pero no quería perder a más de mis hijos en este lugar. Y a Todou no le quedó de otra más que terminar de arreglarse en un atuendo formal.

Era nuestro Lelouch, no lo íbamos a dejar solo en esto. El mundo y la federación lo sabrían.

-¿Dónde está, Gottwald?- le pregunté al hombre una vez que nos quedamos solos. Evitó verse sorprendido por mi pregunta.

El hombre solo revisó su celular de nuevo y suspiró levemente. De alguna manera había logrado poner un rastreador sobre Lelouch, algo de mucho mérito en mi opinión. Pero levantó la cabeza y me señaló el pasillo contiguo, podía escuchar las pisadas ligeras acercándose.

Cambié mi expresión a una de apoyo y Lelouch seguro hizo lo mismo, porque se detuvo dos segundos antes de dar vuelta en la esquina. Traía en su brazo colgando una hermosa corona a modo de brazalete extra-grande y solo me sonrió desganado, con un gran suspiro.

-¿Estuvieron buscando mucho?- murmuró al acercarse, levantar la voz en este lugar parecía pecado.

-Yo sabía que estabas cerca- lo tranquilicé y pasé un brazo por sus hombros. –Y que necesitabas el espacio- caminé con él después de un asentimiento en dirección del guardia.

Yo me haría cargo de Lelouch hasta la hora de la ceremonia. Aunque sabía que no se volvería a perder por ahí, la verdad era que todo este asunto no estaba siendo fácil para nuestra familia y acordamos no hacerlo aún peor para Lelouch.

No apoyarlo como si estuviéramos de acuerdo con esta estúpida imposición. Pero apoyarlo como la familia incondicional que éramos y seguiríamos siendo.

No vernos lúgubres y enojados, estresados, como si fuera una sentencia de muerte. Pero ser lo suficientemente respetuosos con la idea de que Lelouch sería nombrado, como todos lo pensaban, con un título de gran honor. Ya que lo era, para alguien que lo esperaba, para alguien que lo quería.

Había mucho que cuidar de nuestras expresiones físicas o verbales.

Apoyo.

Familia.

Esas dos palabras eran el mantra de todos nosotros al darnos cuenta de que no tendríamos una salida inmediata de esto, y aunque no significaba que dejaríamos de pelear por liberarlo de la obligación a la brevedad, teníamos que estar unidos al entrar en esta actividad y mostrar que tampoco estábamos jugando.

Que Lelouch no era la peor opción, solo era la opción que jamás debieron elegir.

Seguía preguntándome cómo lo lograríamos sin un plan certero. Japón estaba en reconstrucción y en un momento político y social que requería la mayoría de mi tiempo, incluso más demandante que la propia guerra. Separarnos por mucho tiempo de las islas no era una opción y aún no sabíamos el trasfondo de este nombramiento.

El país era un caos, si. Pero la FUN seguía ocultando información y no sabríamos el resto, hasta después de este nombramiento. La única seguridad que teníamos era que mi hijo como emperador de Britannia, no estaría por debajo de ningún otro Britannian o político, eso debía ser suficiente para calmar a muchos.

De la federación nos haríamos cargo como familia.

-¿Estás nervioso?- pero primero era Lelouch.

Se rió con mi pregunta, pero era una sonrisa que no alcanzó a iluminar de todo su ánimo.

-No lo creo, una parte de mí sabe lo que tiene que hacer-

Eso también me lo temía. Caminé con Lelouch a uno de los balcones para tomar otro poco de aire fresco antes de este nuevo capítulo. Veíamos desde la altura la gran fila de autos tomado un lugar, medios nacionales e internacionales bajando su equipo para la transmisión; y otros cuantos autos con banderas de distintos países.

Lelouch retrocedió un poco y mejor le dio la espalda al paisaje, no era una vista que quisiera tener en este momento. Lo abracé con un gran suspiro, no le estaba siendo fácil.

-Sabes que podemos mandar todo al demonio y solo volver a Japón, ¿Cierto?- lo apreté lo suficiente, si era algo tan insoportable, no lo obligaría sin importar la opinión de la federación.

-En el peor de los casos, ¿Cuánto podría tardar esto?- se separó levemente y me miró –Ya pasó casi medio mes, no creo que de alargarse otro par de meses, incluso seis… sea tan malo-

Aceptación, ahora había que buscar el lado amable de la situación. El menos estresante.

No podía mentir mientras me miraba de esa manera, y lo sabía, por eso lo estaba haciendo.

-Sabes también que hay una cantidad impresionante de cosas en este lugar, que vendiéndolas, pueden pagar el salario de tantos asesores, ayudantes y asistentes que se necesitan ¿Cierto?- lo miré de igual manera.

Quería que por una vez en su vida despilfarrara en que otros hicieran el trabajo difícil y él solo se encargara de vigilar. No meterse de lleno en un proyecto, o quemarse la cabeza pensando, cuadrando, haciendo cosas, presupuestos, lo que sea que este país necesitara.

En primera instancia, porque era imposible que una persona lo resolviera. La segunda era porque él no pidió estar aquí, y yo quería que se apegara al plan de ser un lindísimo adorno. No invertir energía y alma en este lugar, no lo merecía.

Se rió con esa idea cruzando su mente.

-Y estaremos aquí contigo, de una forma o de otra- volvía a aclarar esa parte, no quería que la olvidara. Su entretenimiento se borró un poco, pero asintió esperanzado en esa promesa.

Nos agendaríamos, pero no estaría aquí completamente solo. Como fuera.

-Es hora- tallé sus hombros y busqué la corona que tenía colgando en el brazo. Se tensó un poco cuando intenté tomarla, pero con la mano libre volví a apretar su hombro.

Gensai dijo que evitáramos la tensión siempre en lo posible.

-Es linda- admití de manera pensativa y Lelouch ladeó la cabeza con una ceja arqueada –No es algo que yo te regalaría- completé con su curiosa expresión –Le falta un toque más… japonés, pero de eso me puedo encargar luego-

Seguía viéndome sin entender a qué me refería, pero solo sonreí y peiné con la mano los cabellos que tenía alborotados. Se suponía que con esta pieza entraría a la sala de coronación y después se cambiaría por la ceremonial, pero esta era la oficial que eligieron sus medios hermanos para él.

La acomodé con cuidado sobre su cabeza, pero Lelouch evitaba mirarme a toda costa, los ojos clavados en el piso.

Levanté su cabeza con una mano en su barbilla.

-Los Kururugi no bajan la mirada así- clavé mis ojos en los suyos y me puso atención de manera eficiente –Y los príncipes tampoco- añadí con media sonrisa –Tienes dos poderosas razones para mantener tu cabeza en alto, hijo. No es una coincidencia, son dos grandes herencias que te vuelven digno y poderoso frente al que se atreva a tratar de mirarte hacia abajo-

Brillaba en su mirada algo diferente, quizás no sabía lo que provoqué.

Pero si en algún lugar debía liberar a la bestia, su carga genética negada, opacada y menospreciada, era aquí.


No falló ningún paso.

No titubeó en un solo movimiento, todo fue tan fluido.

No hubo acento japonés en su perfecto inglés.

Y esa dura mirada no flaqueó un solo segundo de los que pude seguirlo observando de frente, al igual que podía observarlo el resto de la familia, los medios internacionales, la federación y el mundo.

Mis manos estaban heladas cuando Mei entrelazó la suya con la mia y le dio un apretón. Nunnally soltó un suspiro apenas audible cuando Suzaku la abrazó.

¿Qué hacíamos ahora? ¿Sonreír? Clovis empezó con la oración final para la presentación de Lelouch al resto del mundo de manera oficial.

-Con ustedes, su majestad, el emperador Lelouch Kururugi Vi Britannia-

Lelouch torció su cabeza sin poder evitarlo para mirar al rubio. La misma mirada que se ganó de parte de todos nosotros, porque habíamos dado por hecho en silencio, que el Kururugi saldría sobrando esta vez a pesar de todo. Pero el otro no había dudado ni hecho pausa que lo hiciera menos oficial de lo que ya era para la historia y la posteridad.

Los medios tenían grabado el momento y el nombre, nuestro apellido antepuesto al Britannia.

Clovis solo asintió de manera casi imperceptible y con respeto en mi dirección. Solté el aire de mis pulmones que no sabía que estaba reteniendo y agradecí también con un movimiento de cabeza, de manera leve por eso.

Lelouch sí tenía cara de sorpresa que no pudo ocultar del todo. Pero la no tan pequeña audiencia empezó a aplaudir de manera firme, lo suficiente para centrarlo. Suficiente para recordarnos que también debíamos hacerlo con nuestra mejor y más amable sonrisa.

Estaba hecho ¿Ahora qué?


¡Gracias a todos por sus reviews! Es un placer y emoción seguirlos leyendo después de tanto tiempo, ya tenemos años creciendo con Nippon Rebellion y está por ponerse mejor.

anySuzuki