Capitulo 7
Un solo objetivo en común
Palacio de las Nubes – Reino del Oeste
Las puertas del universo era un objeto extremadamente curioso, había momentos en los que se libraba por completo del control de Irasue y decidía actuar con mente propia. Al parecer esta era una de esas veces.
La Inu de cabellos plata se encontraba sentada en su trono con rostro inexpresivo, y para cualquier sirviente que pasara podía interpretarse como el estado habitual de la hembra. Pero para Akane, quien conocía a la perfección a su señora, significaba que algo había llamado la atención de la Inu.
Y ciertamente, Irasue se encontraba sumergida en la imagen que el caprichoso espejo le mostraba.
Se podía observar como un enorme Kitsune masacraba sin piedad a la mujer de cabello azabache. Ambos tenían espadas, aunque era obvia la experiencia superior del Kitsune, la azabache se defendía mejor de lo que muchos humanos lo harían.
Pero eso no era suficiente, de hecho, nada de lo que la chica hacia parecía ser suficiente. Con cada golpe de ella, el youkai a quien se enfrentaba le devolvía tres más.
Convirtiéndose poco a poco en una pelea con un evidente vencedor. Irasue también visualizaba a Izumi, observando fríamente el combate entre la Miko y su General.
Ambas hembras sin saberlo tuvieron el mismo pensamiento –esto tomara más tiempo del que tenían.
Kagome maldecía una y mil veces su suerte ¿Por qué demonios tenía que pasarle esto a ella? De niña ella siempre deseó ser princesa, no una maldita guerrera.
Ella nunca quiso ser amenazaba, golpeada y lastimada por –el malnacido- bien mayor. Aunque al parecer, eso era a lo que estaba destinada su vida.
De nada sirvieron los tres años que pasó de nómada por la época feudal, las mil y una peleas en las que estuvo, ni los fallidos intentos de Sango de enseñarle a usar la espada. Ni que decir de las lecciones con el arco y la flecha o las largas horas que paso tratando de encontrar "su paz interior"
Era una inútil. Ya llevaba una semana entrenando de manera intensiva y había sido vencida más veces de las que su orgullo podía aguantar. Si bien en combate cuerpo a cuerpo tenía un poco más de soltura; cuando cualquier arma llegaba a sus manos, ella perdía total y completo control sobre sí misma.
Lo que la llevaba a estar tirada en el piso del dōjō, con la cara en el suelo, la respiración entrecortada y, probablemente, un par o dos de huesos rotos.
Cada vez que esto ocurría, Izumi la mandaba a meditar lo que Kagome considerada una eternidad. Cuando acepto cumplir con el entrenamiento de la Inu, no pensó que sería darle palizas hasta la inconsciencia y el poco tiempo que le dejaban para descansar, tenía que pasarlo meditando o leyendo.
Hasta los momentos había leído sobre cultura youkai, protocolo youkai, cortes humanas, modales en la mesa, en celebraciones, y un montón de cosas más, que según Izumi serian de gran ayuda en su momento.
Desde el día en el cual visitamos el inframundo, no se me permitió volver a dejar el palacio. Aunque, eso no significaba que no tenía contacto con el exterior.
Kagura había estado informándome de todo lo que sucedía fuera de las murallas del castillo, y hace poco me trajo una información que me traía pensativa desde entonces.
Al parecer, una extraña ola de desapariciones se estaban produciendo a lo largo del inframundo; Kagura no había logrado escuchar bien de quienes se trataban pero lo que se comentaba era que ninguno de los desaparecidos eran precisamente personas con las que te sentarías a tomar el té.
Por alguna razón a Kagome esa situación no le daba buena espina, ella conocía el modo de actuar de personas como Naraku y lamentablemente, de no estar completamente segura que el Hanyou estaba muerto, podría jurar que él estaba detrás de esto.
Aunque segundos después de que ese pensamiento cruzara la mente de la azabache, algo hizo click en ella. No comprendía como había sido tan estúpida, Naraku estaba muerto, pero ella se encontraba en el maldito inframundo, así que si era posible que el cretino estuviese buscando la manera de volver.
De hecho, estaba casi segura de que Naraku estaba detrás del ataque que hubo al palacio hace unos meses. Mismo donde la lastimaron y donde trataron de robar la perla de Shikon.
Kagome extendió su aura lo suficiente como para que Kagura la sintiera. Minutos después, la bruja del viento entraba a su habitación.
La Miko no perdió tiempo y le compartió su inquietud a Kagura, sin quitarle los ojos de encima y estudiando cada una de sus reacciones. Kagome podía haber hecho un trato con Kagura, pero eso no hacía que ella se fiara por completo de la bruja.
Mientras relataba sus sospechas sobre Naraku, vio como la bruja, por solo unos segundos, dejaba caer la eterna careta de indiferencia, y por primera vez Kagome veía terror en los ojos color rubí.
Así que pensó por un momento. Kagura parecía tan preocupada como ella de que Naraku pudiese estar haciendo de las suyas en algún rincón del inframundo. Y a la bruja tampoco le convenía que el volviera a la vida.
Necesitaba a Kagura fuera de este sitio, necesitaba que la bruja consiguiera información sobre quien sea que estuviese detrás de las desapariciones. Si era Naraku, lo más seguro es que intente obtener de nuevo la perla. Y eso era algo que ella no iba a permitir.
"Kagura, necesito la mayor información posible sobre lo que está ocurriendo –dijo Kagome- averigua si es Naraku"
"¿y si no es él?" pregunto la bruja.
"entonces, averigua quien es tan estúpido o tan peligroso como para planear lo que sea que estén tratando de hacer"
Kagome vio como Kagura alzaba vuelo desde la ventana de su habitación. Sabía que era un riesgo confiar en ella, también sabia que Inu No e Izumi desaprobaban completamente a la youkai, pero era un riesgo que Kagome estaba más que dispuesta a asumir.
Ella le tenía aprecio a Izumi, pero eso no evitaba que quisiera conseguir las respuestas que la Inu se negaba a darle. No entendía el por qué estaba aquí, ni por qué debía pasar tanto tiempo entrenando sin un propósito aparente.
Kagura quizás no sería capaz de darle las respuestas que quería, pero al menos le daría una vía de escape en caso de que las cosas se complicaran más de la cuenta.
"aun no sé qué es lo que conversan cuando están juntas, padre"
"Lady Izumi está inquieta con la presencia de esa hembra en palacio Mizuki, ¿Cómo es que no logras escuchar nada?"
"Porque la muy astuta coloca un campo de protección cada vez que ella llega al palacio"
La conversación que se daba entre padre e hija se vio cortada por las palabras de Inu No Taisho.
"La cachorra es más inteligente de lo que parece, y no confía completamente en nosotros –dijo el peliplata mientras tomaba asiento junto a Mizuki.
"¿Por qué no habría de confiar en nosotros, señor? No hemos hecho más que ayudarla" comento la pequeña kitsune.
"también le hemos mentido sobre el motivo por el cual está aquí –comento el Inu- honestamente no me sorprende que la cachorra cuide cada uno de sus pasos, yo actuaria de la misma forma"
"sabes muy bien que no podemos decirle nada, Toga"
"No estoy de acuerdo, Kuso –comentó enojado el Inu- lo que quieren hacerle a Kagome es cruel, mandarla a pelear una batalla sin saber la información completa. Yo sé que tenemos prohibido decirle lo que va a ocurrir, pero mantenerla a oscuras tampoco es la respuesta"
"¿y qué sugieres que hagamos Toga?" sorprendió a todos la voz de Izumi.
"explotarla con entrenamientos sádicos, te aseguro que no" atacó Toga de forma irónica.
"el enemigo no será benevolente en el campo de batalla, y eso lo sabes muy bien" se defendió Izumi.
"Al paso que va, no habrá campo de batalla al cual llegar. La presionas demasiado, dejas que tus guardias le den palizas, le das armas que no sabe manejar" grito Inu No.
"¡la presiono porque es lo mejor!" respondió la Inu.
"¡la presionas porque te molesta no saber que pasa entre ella y Kagura! Te molesta no ser el maldito centro de atención, sabes que no confía en ti y tratas de quebrarla hasta que te diga lo que planea" exploto el enojado Inu.
En la habitación, Kuso y Mizuki observaban la escena con ojos sorprendidos y a la vez temerosos. El General solía tener un semblante sereno y una personalidad juguetona, por lo que era extraño verlo tan furioso.
Por otro lado, Izumi, viéndose descubierta hervía de la rabia y quería arrancarle la cabeza al idiota de Inu No. Pero ella no era idiota, sabía que aun después de muerto, él tenía más trucos debajo de la manga que ella. No era bueno tenerlo de enemigo.
"es mejor que te metas en tus asuntos, Toga" respondió entre dientes Izumi.
"aun no comprendes Izumi –se burlo el Inu- ella es mi asunto. Es la compañera de mi hijo, es familia, y no dejare que nadie la dañe"
Inu No Taisho salió de la habitación dejando a dos Kitsunes perplejos y a una Inu en parte molesta, en parte orgullosa. Nunca logro comprender ese extraño afecto por los humanos que el compañero de su hermana siempre tuvo, al menos no hasta Kagome.
Ella era dura con la Miko porque sabía que era lo mejor, y porque muy en el fondo le tenía aprecio a la pequeña humana. Así que sabía el porqué de la reacción de Inu No.
Aunque eso no quitaba que el idiota se había ganado una paliza. Ella era la señora de este mundo, y ese cretino no tenía derecho a revelar sus planes y humillarla delante de su general y la hija de este.
"Mizuki –llamo Izumi- llévale té y bocadillos a Kagome, avísale que tiene el día libre"
La Kitsune asintió deprisa y se retiro para cumplir el pedido de su señora.
De pronto, Izumi sintió una mano enorme posarse delicadamente sobre uno de sus brazos.
"sabes que no suelo juzgar ni opinar sobre tus decisiones Izumi, pero concuerdo con Toga, de nada sirve hacerla pelear si no le enseñas a defenderse. Si insistes con ese entrenamiento absurdo, te pido que no me involucres en el"
Izumi respiro profundo, y se lleno del aroma a menta que Kuso desprendía. Ese era un aroma que siempre la reconforto, así que tomo una decisión que sabia debía haber tomado hace mucho.
"su entrenamiento físico y en armas queda en tus manos, haz lo que creas mejor. Lo único que te pido es que no le digas nada, esa es mi información para compartir"
Sin más se fue, dejando al General Kuso de pie en medio de la habitación, con el sentimiento de haber avanzado y retrocedido en su relación con la Inu aun más que antes.
Kagome no supo que había pasado entre los que tenían el poder dentro del castillo, pero lo que sea que ocurriera la había afectado a ella indirectamente. O bueno, afecto su entrenamiento. Desde hace unos días sus horas de entrenamiento había pasado de ser una sádica tortura que nada tenía que envidiarle a los romanos y su coliseo, a un increíblemente beneficioso curso intensivo sobre cómo defenderse en batalla, impartido por el General Kuso.
El kitsune alternaba las horas entre aprender a defenderme y aprender a atacar. También me había dado la opción de escoger un arma con la cual practicar, pero antes de irme por lo seguro y tomar el arco y las flechas me advirtió que debía ser el arma que se conectara con mi aura y no simplemente la que me pareciera más fácil. La idea era retarme a mí misma.
Sorprendentemente fue una espada de mango plateado con una luna negra la que más conecto conmigo, de entre las cientos de armas que había en el cuarto fue esta la que pareció impregnarse con mi reiki apenas entre. Cuando busque a Kuso con la mirada, este solo asintió con aprobación y me dijo que comenzaríamos esa misma tarde.
Eso había sido hace una semana, hoy era mi primera pelea desde que el nuevo plan de entrenamiento había comenzado. Mi oponente sería uno de los guerreros del ejército de Izumi, un youkai tigre de larga cabellera dorada y burlones ojos azules que al verla le dio una clara mirada de desprecio. De inmediato a Kagome se le revolvió el estomago. La estaba subestimando, no la creía una oponente real, no lo culpaba. Ella sabía que el tigre era uno de los presentes en las palizas que le dio Kuso antes, pensaba que era débil. Pues iba a demostrarle que no.
6 meses después
Luego de que los entrenamientos cambiaran de táctica Kagome había mejorado muchísimo, si bien no se consideraba precisamente una experta en todo lo que Izumi deseaba enseñarle, si podía decir con toda certeza que sus destrezas, reflejos, habilidad y fuerza eran impresionantes. Incluso ella misma se preguntaba como una humana normal, una tonta chica de 15 años que había llegado al Sengoku por un simple error, se había convertido en esto.
Kagome pensaba sobre esto mientras meditaba a las afueras del palacio, hace días había comenzado a sentir una especie de bloqueo consigo misma y sus momentos de relajación y meditación habían aumentado un triple debido a esto. Pero, cada vez que trataba de conectar con aquello la molestaba solo se encontraba con el muro de su frustración. Kagura, pensó la pelinegra con amargura, la youkai llevaba semanas sin saber nada de su peculiar aliada y eso la tenía inquieta.
Aunque, ahora que lo pensaba mejor, no era tanto tiempo si tomaban en cuenta la tarea que le había encomendado la última vez que se vieron. Los problemas habían ido en un aumento alarmante y el hecho de que Izumi pareciese no prestar atención a estos la ponía nerviosa. Entonces le había encomendado averiguar hasta la última pieza clave de información que pudiese estárseles escapando, y de ese evento hace tres semanas exactas.
Cuando Kagome alcanzo su máximo de frustración por un día salió de la posición en la que estaba y suspirando se dispuso a irse a sus habitaciones cuando sintió la presencia turbia de la manipuladora de los vientos. Al voltear pudo contemplar en el rosáceo cielo la figura cada vez más grande de la pelinegra, y Kagome finalmente pudo suspirar con algo parecido al alivio, estos serian unos años bastantes largos si seguían de esta manera.
Desde una ventana del palacio y sin que Kagome se diera cuenta, un Youkai de largo cabello plata la observaba, la miraba con el cariño y orgullo que solo alguien que sabe lo que le espera puede tener. Finalmente su familia tendría algo de amor, un amor puro, real, solido, algo que nadie, ni si quiera el mismo había podido darle a la casa Taisho.
Si, pensó Toga, estos serían unos años muy interesantes.
No tengo excusa más que un montón de problemas personales con los que no he sabido lidiar, lo siento.
