-ÉSTO ES UN TRABAJO DE FICCIÓN. CUALQUIER SEMEJANZA A LA PERSONALIDAD, ACTITUD O SITUACIÓN DE ALGUNA PERSONA ACTUAL, SI ESTÁ VIVA O MUERTA, ES MERA COINCIDENCIA –

Cyne (molesta):- A pesar de que la familia de Cecil siempre lo negaba, ashhhh, ¡si era real ese pensar!

Cayetana (rezando) :- Por favor abuelo, yo lo único que quiero es seguir estudiando y tener todo lo necesario para poder así formar mi propia familia con él. Solo te pido una cosa... Haz que estemos juntos, quiero estar siempre junto a él, no quiero que el reinado al que le sirvo y entrego información se entere de nuestra relación, yo lo amo... dame una señal de que en verdad es el amor de mi vida..."

Shirin (feliz):- ¡Siiiiiiiii! ¡Viene mi otra parte favorita! Sigue mamá, sigue.

La miré confundida, pero, decidí seguir con la narrativa:

Fue en ese momento cuando apareció el alma de su abuelo en frente de ella.

Shirin (feliz):- Siiiiiiii, el bisabuelo, yuuuuuuuu!

Cayetana (sorprendida):- ¡¿Abuelo?!

Aterrada, no sabía que decir, más él le dijo algunas palabras.
Abuelito:-Querida nietecita mía, te vengo a contar una historia muy remota, una historia en la cual tu tendrás que decidir tu futuro, tu propio destino. Jamás te sientas presionada en pretenderser alguien que no eres.

Cayetana (confundida, aterrada):- N-no... no entiendo nada...
Abuelito:- Solo escucha y lo entenderás...

Mis hijos se pusieron muy felices, más Shirin.

Valdemar (feliz):- El bisabuelo Pynno le contó una historia a la sirvienta Cayetana.

Shirin (sorprendida):- Eso es fenomenal.

Valdemar (feliz):- El bisabuelo ya es famoso.

Valdemar y Shirin (feliz):- ¡Siiiiiiiiiiii! .

Sonreí de manera cansada. Faltaba poco para la media noche, así que, ya casi terminaba con la historia.

Abuelito:- La historia trata de que un Ángel se enamoró de una humana. El Ángel quería estar con ella, pero no podía, ya que humanos y ángeles no se pueden enamorar, se consideraba un amor prohibido, un pecado enorme e imperdonable, castigado por Dios. Un día, el ángel decide sacrificar una de sus alas para convertirse en un humano. La humana se enamoró del ángel perdidamente y, sin dudarlo, le entrego su corazón. Ambos fueron felices y mostraron su amor entregándose un anillo de fidelidad, pero, solo hicieron desatar la furia del cielo. Dios, furioso, decide quitarle la vida a la humana, por haber corrompido el impuro deseo al ángel. El ángel, triste, decide sacrificar su otra ala para que su amada humana pudiera vivir eternamente. El Ángel, jamás regreso al lugar, pero la humana aun decide esperar y conservar ese amor que le dio su preciado Ángel... pero no sabe que está cargando un peso innecesario.
Cayetana (asustada):- ¿Pe-pero... que me quieres decir...? no entiendo...
Abuelito:- Muy pronto sabrás las respuestas, nietecita mía... muy pronto... tú decides tu futuro, nadie más que tú... hazle caso a la voz de tu corazón, no al adulterio y falsedad del hombre.

Cayetana (confundida):- ¿Adulterio... y falsedad?

El alma de su abuelo se fue. La tierna sirvienta se quedó pensando y dudando en su habitación.

Cyne (confundida):- Y hasta la fecha, hijos, resultó ser un evento muy extraño para la sirvienta.

Shirin (sonriendo):- Es como dijiste al principio, mamá: "Cada acción conlleva a una consecuencia".

Mire a mi hija de manera extraña, ya que se me hizo muy confusa su habla. Se expresaba como si tuviera la mayoría de edad.

Cyne (confundida):-¿Perdón?

Shirin (feliz):- Las palabras del abuelo en esa historia fueron las siguientes antes de que desapareciera: "Que nadie corte tus alas, tú eres quien decide lo alto que quieres volar". Lo que pasa es que no las oíste bien.

Mire a mi hija de manera rara.

Cyne (confundida):- ¿Cómo dices? Hablas como si ... en verdad ya hubieras estado ahí.

Recuerdo que mi hija se quedó callada, dudando. Pareciera como si recordara de lo que hablo, como si ella estuviera despertando partes de su ser que tenía dormidos. Pero se puso seria y me miro.

Shirin (sería):- Madre, continua con la historia, para que ya nos vayamos a dormir. Me gusta mucho oír el final.

Mire a mi hija más confundida de lo normal. No entendía lo que pasaba. Era la primera vez que la veía reaccionar de esa manera.

Cyne (seria):- De acuerdo.

Sacando poco a poco sus posibles respuestas, pensaba que a lo mejor su preciado Cecil, en verdad, sí le estaba mintiendo. Pero constantemente, se lo negaba, ya que decía que era "amor de verdad" y que, al ser su pareja, no debía actuar de esa manera porque el amor transforma el alma de los hombres en seres bondadosos, llenos de luz blanca y, esperanza en el corazón de las personas.

Ella rápidamente, fue a informarle sobre lo que había pasado, por la mañana. Sí, se lo dijo a su amado Cecil cuando él se encontraba trabajando en el campo y ella, invento una excusa para salir del palacio a esa temprana hora. Aquel evento mágico que ella vivió, no pudo sacárselo de la cabeza.

Él joven se sintió tan mal y se puso tímido, ya que toda su familia se lo quedaba viendo de manera confusa, pero a la vez traviesa. Lo único que le pudo decir es que, pensaba que ya le estaba diciendo "Adios", a lo que la sirvienta lo negó. El muchacho, con sonrisa distinta, algo pícara y con cierto ocultamiento, como si tramara algo en su ser, le menciono: "piénsalo bien y, me dices la respuesta al rato en la capilla por la noche, ¿sale?".

Cyne (triste):- Todos rompimos nuestras propias reglas por alguien...

A lo largo del tiempo, la sirvienta se confundió. No entendía nada de todo lo que le sucedía a su alrededor. No sabía nada de estas extrañas energías que presentía. Sus pensamientos, en algún momento, estallaron y, realizaron corto circuito. Se sentía paranoica. Eran presentimientos fuertes que nunca antes había sentido, y estos, despertaron por arte de magia en su interior desde que apareció su abuelo.

Sus amigos le decían innumerables veces: "Que si algo muy profundo dentro de ti, te dice que algo no está bien acerca de una persona o situación, confía en ello y reacciona rápido".

Lloró, lloró como no tienen idea. No sabía qué hacer, estaba confundida, no entendía lo que sentía, pero cada día, las palabras que su abuelo le mencionó aquel día, resonaban en su mente. Parecía que tuviera un gran conflicto en su ser, como si se estuviera volviendo loca...

Cuando mis hijos cumplieron los 11 años, la narrativa fue subiendo un poco de nivel.

En otro punto,lejos de la sirvienta, las fieles ministras del príncipe le informaban en su trono real, todo lo sucedido en el pueblo.

El príncipe Daleth, sentado, abierto de entre sus ropas reales, mostrando solamente su pecho desnudo hacia sus fieles ministras, quienes no rebasaban de los 29 años de edad, colocando un rostro provocador...

Cyne (pensando):- que inducida al coito...

... Gimieron de placer y pedían suplica para que las tocara en cualquier sitio que su majestad deseaba...

Cyne (pensando):- De hecho, la versión para adultos de forma explícita es... que él copulara dentro de ellas, a pesar de que algunas estuvieran embarazadas. Y esas mismas ministras, separaban sus piernas, mostrando todas, sus vulvas. Con sus delicados dedos, separaban ambos labios para que mostrarán su zona vaginal y así, su amado príncipe, las viera, se excitara y las penetrara fuerte y ferozmente en el suelo real, cosa, que estaba prohibido en la realeza.

De la misma manera, una de ellas, quien lo abrazo de su pierna derecha sube sensualmente hasta su rostro, bailando de una manera sensual en el trono. Ella, quien tenía un cuerpo mejor visto que las demás, a pesar de haber dado a luz a una niña de 5 años, fija su vista en él. Con sus ropas de fuera, mostrando solamente su lencería, se acerca al oído de su majestad. Esa mujer, se hacía llamar Celia de 23 años de edad, la responsible de todas las ministras.

Celia (Voz baja):- Mi apuesto y sensual príncipe, quien hace que mis noches sean más apasionantes que las de mi marido, le tengo una gran noticia ante usted. La dulce y tierna sirvienta, Cayetana, se enamoró de un joven plebeyo de éste lugar, y él, ya le correspondió su corazón, a esa mujer que gobierna esta región… Su nombre del chico es Cecil.

El Príncipe, a quien lleno de rencor, la empuja y le da una cachetada a su mujer ministra, tan fuerte, que la mandó lejos de él y sus demás compañeras.

Al ver tal acto de crueldad que realizó el príncipe, la reacción de aquellas mujeres debieron haber sido de miedo, pero fue todo lo contrario, todas suspiraron y se enamoraron aún más de él, diciendo todas al mismo tiempo: "Te Amo, My Lord".

Daleth (enojado):- ¡Cómo es posible! ¡Yo soy el único gobernante quien tiene el derecho y autorización de enamorarse, nadie más puede hacerlo, nadie lo hará en este sucio y asqueroso pueblo! ¡Y si lo hacen, solo se enamorarán de mí!

Ministras (enamoradas):- Lo que usted diga, My Lord.

El príncipe se sorprende y, entendiendo la tetra, comprendió el consternado confinamiento en que se encontraba su inocente sirvienta en su habitación durante estos últimos días…

Cyne (sería):- Es decir, pensó que Cecil y Cayetana, habían peleado y discutido fuertemente, ello, la tristeza que sufría la sirvienta.

Y, planea un plan tan malvado, que hará que nunca vuelva a pisar ese asqueroso pueblo la sirvienta Cayetana, deshaciéndose de ella de una vez por todas. Para ello, pidió la ayuda de esas mismas ministras a fin de ejecutar su trampa.

Ellas, quienes le juraron fidelidad, harían cualquier cosa, buena o mala, que sólo su apuesto príncipe indicara.

A la mañana siguiente del día miércoles 2 de marzo de 1620, el joven Príncipe Daleth, llamó a la sirvienta hasta su trono real esa misma noche.

Entrando, nota que la sirvienta se secaba su inocente rostro y pareciera que no durmió muy bien la noche anterior.

El príncipe comprendió todo.

Volteando a ver a dos ministras que estaban paradas y recargadas en frente de dos columnas de piedra, les hace una señal y, ellas, salen corriendo como locas del palacio, tapándose la boca para ocultar su risa burlona y siniestra, dirigiéndose al reino para ejecutar la orden que impuso su real majestad.

Regresando su vista a la dulce Cayetana, le sonríe falsamente, como si aquella fiera mostrará sus dientes antes de atacar a su presa.

Daleth (sonrisa fingida):- Miquerida Cayetana, ¿Qué te pasó?

Limpiándose su rostro, no podía fingir, ya que sus ojos estaban hinchados de tanto llorar.

Cayetana (sería):- Nada

Decide abrazarse a sí misma para calmarse.

Daleth (sonrisa fingida): -Puedes confiar en mí.

Cayetana (seria):- No puedo decírselo, es que… está prohibido.

Daleth (serio):- ¿Qué está prohibido? ¡Aquí nada está prohibido!

Cayetana (sería) :-…

Cyne (enojada):- Para que cayera en sus garras, debía de ganarse rápido su confianza.

Daleth (sentido):- Mi hermosa sirvienta, dulce como una menta, quiero hacerte una confesión, para que tengas consuelo en tu corazón.

Alzando su vista, mira al príncipe a los ojos profundamente.

Parándose de su trono, se acerca a ella. Buscando entre su cinturón, saca y, le entrega un cuchillo en las manos a la joven.

Le ordena con una tranquila y fría voz:

Daleth (sonrisa sarcástica):- Para que puedas tener paz en tu corazón, sé una linda sirvienta y desaparece, hoy, a Cécil de una buena vez.

La sirvienta asustada, no entendía sus palabras.

Cayetana (sorprendida):- Pe-pero… ¿por qué?

Daleth le da la espalda a la joven, quien se dirige a su trono, podías ver como arrastraba en el suelo su larga capa fina color morado y, comenzando a jugar con sus manos, se sentó de manera incorrecta en su trono real: Sus pies y cabeza, colgaron del brazo del trono.

Daleth (serio):- Ese chico me debe muchos impuestos desde hace ya 5 meses y no ha pagado nada.

Cayetana (sorprendida):- ¿Qué?

Daleth (sonrisa sarcástica):-Él se opuso a mí, la gran autoridad. Aquellos que se oponen a la corona, ya sabes lo que les sucede…

Valdemar (sorprendido):- ¿Entonces… él la está… engañando?

Shirin (sorprendido):- El mundo… es así… y no podemos cambiar a las personas…

Cyne (sería):- solo nosotros podemos cambiar, si nos lo proponemos… ¡Recuérdenlo!

Cayetana (confundida):- No…

Daleth (sonrisa seductora y satisfactoria):- Además, ése chico me dijo que tú le habías dado una pócima fuerte hace tiempo, y no resultó lo que esperaba… Enojado, me reporto todo lo que le sucedió, es decir, sus reacciones adversas y, quería demandarte, porque hasta me dijo lo mucho que te odia como personal de la realeza, pero yo, enojado, tuve que defenderte con toda mi alma, sobre todo, que no te faltara al respeto como sirvienta de mi palacio.

La joven sirvienta se ilusiono tanto que, no se dio cuenta que su real majestad mentía.

Cayetana (ilusionada):- ¿usted… me defendió?

Con ojos grandes y retadores, estaba por explotar su rabia ante su amado, ya que no le dijo nada sobre las reacciones de la pócima cuando se encontraban juntos en aquel lugar de la capilla durante todas esas noches estrelladas, más cuando le dijo enfrente del Príncipe lo mucho que la odia. Ella pudo ayudarlo, apoyarlo en todo lo que fuese necesario, es más, incluso pudo robar pócimas y brebajes para dárselos personalmente y no registrarlos en los pergaminos para que se curara de dicha reacción que tenía, pero… el joven Cecil ni siquiera le había mencionado que acudió con el Príncipe para tratar con la enfermedad. Ahí sintió que algo estaba mal.

Cayetana (pensando):- Cecil mentiroso… ¡MENTIROSO!

Cayetana (asustada):- Pe-pero… ¿Qué?

Daleth (tono seductor):- Si, mi elegante sirvienta, yo te defendí ante ese mocoso, diciéndole las propiedades de la pócima fuerte y, le mencione la razón de el por qué no se la diste. Pero con firmeza, ante su real majestad, se opuso y…

Se ríe fuertemente haciendo que su voz hiciera eco en todo el palacio.

Daleth (sonrisa sarcástica):- ¡SE OPUSO A MI! ¡A MÍ! ¡JA!

El apuesto príncipe la miro con ojitos de "borreguito a medio morir".

Parándose de su trono, se acerca a ella, se hinca y extiende su mano.

La sirvienta se quedó confundida al ver tal acto, jamás en toda su vida había realizado aquello en ese sentido, todo era siempre al revés: Ella se lo hacía a él.

Daleth (mirada tierna):- Somos un equipo ¡recuérdalo!

Esas palabras la impactaron y le hicieron recapacitar. Estaba por darle nuevamente la mano hasta que, recordó esas mismas palabras hace algunos meses. Aquellas palabras negativas que siempre le decía y la torturaba en todo momento: que trabajarían solos, el cual, era lo correcto para ambos. Siempre se la traía de encargo. La habían hecho dudar de muchas cosas cuando apenas se estaban conociendo, de pronto, las memorias de la sirvienta comenzaron a surgir y, reflexiono en todos los sentidos, rechazando el pasado, porque el presente era lo que más importaba ahora.

Cayetana (pensando):- El príncipe… me defendió finalmente, eso significa que cambió para bien, el amor hacia el reinado lo hizo cambiar… cuando anteriormente me había dicho que cada quien resolvería sus problemas sólo. Jamás me abandonó. Después de todo, debo seguir sus órdenes, ya que él es mi real majestad, es lo que los reyes Atzimba y Hug ordenan, está plasmado en sus leyes… Además… ¡Ese chico me las tiene que pagar! ¡Es una buena excusa para lastimarlo… y el príncipe ocultaría la evidencia! De todos modos, siempre debo apoyarlo en todos los sentidos.

La sirvienta, colocó un mirar distinto. Se puso sería, se hinca, le agarra la mano, agacha su cabeza como si lo reverenciara y, menciona lo siguiente como un tipo de juramento:

Cayetana (seria):- Hasta el fin del mundo, mi alma te cuidara y, verte feliz es lo que siempre deseare, porque yo soy su fiel sirvienta y somos compañeros de corazón, ¡llegue a este plano existencial para darle protección! su alteza real e imperial.

Cogiendo el cuchillo, se lo llevó, y fue a buscar al joven Cecil para ajustar cuentas pendientes.

De entre la oscuridad, aparecieron las ministras del Príncipe, quienes oyeron todo el espectáculo.

Celia (Tono seductor):- ¿En serio lo va a realizar, mi lord?

Parándose correctamente del suelo, volteando a ver a su preciada dama, quien se acercó a su trono real, semi desnuda, le acaricia su mentón de forma sensual.

Daleth (sonrisa sarcástica).- Claro, mi bella dama… claro que lo hará… y ustedes me apoyaran en todo.

La besa apasionadamente.

Daleth (sonrisa pervertida):- ¡Vaya! ¡Es hora ya de merendar!

Suspire al recordar estas palabras.

Cyne (triste):-… pero el Príncipe que causó tanto sufrir, hoy tranquilo al fin, podrá dormir.

Valdemar y Shirin pusieron un mirar asqueroso.

Valdemar y Shirin (confundidos):- Vaya que ese pueblo está loco.

(CONTINUARÁ…)