El nombre de este cap, no es ninguna canción que Hiccup o Astrid escuchen. Bueno, tal vez sí, pero tampoco es como que la escuchen todo el rato o que entre en sus canciones favoritas.

Igual pega.

Notarán que puede haber agujeros de trama. Puede que se deba a qué no planee esto (JAJAJA) y a qué así son los fanfics con clichés.

Así que no importa.


Mas que estar, ya saben, llorando dramáticamente, Astrid solo se sentó en una de las butacas y lloró en silencio, ni siquiera ella lo consideraba como llorar, solo soltaba lágrimas y sorbía ocasionalmente por la nariz, mirando a la nada con furia, pero por dentro, sintiéndose como una basura.

El sonido de la puerta abrirse cautelosamente la hizo automáticamente limpiar sus lágrimas. Ah. Sí, eso. Ahora tenía que disculparse con su equipo, con Hiccup, con básicamente cualquier persona, por, ya saben, ser horrible y eso.

— ¿Astrid?— la llamó Heather. Sonaba preocupada, también escuchó más pasos.

— ¿Estás bien, rubia?— esa era Ruffnut.

— ¡Yo también quiero saber si está bien! Pero ya saben, es el vestidor de chicas...— y ese era Tuffnut desde la entrada de los vestidores.

Aunque había sido gracioso, no se rió.

— No quiero ver a nadie.— afortunadamente su voz sonó tranquila, para nada como la de una persona que estaba llorando. Por eso sostenía que no estaba llorando de verdad.

Igual, no quería llorar de verdad. No de nuevo.

— Astrid, si ella te dijo algo...

— ¡Le arrancaré el cuero cabelludo!— exclamó Ruffnut. Heather la miró confundida. Claro que no harían eso, arrancarle el cuero cabelludo era demasiado gráfico y grave, ¿No?

Además, no es ese tipo de historia. Quiero, decir, podría ser, pero no lo es, porque esto es sobre los clichés románticos, los adolescentes, no de los de terror. No es mala idea, huh, animadoras asesinas.

En fin, no es ese tipo de historia. Nadie pierde el cuero cabelludo aquí.

— Chicas, en serio. No quiero ver a nadie.

Eso ya no sonó bien. La última palabra se había quebrado, lo que la hizo hacer una mueca y enfadarse un poco más consigo misma.

Las dos amigas se miraron entre sí. Ay no. Heather está vez tuvo que reconocer que Ruffnut había tenido una buena idea. Ya no le parecía tan malo arrancarle el cuero cabelludo a Camicazi (pero eso no va a pasar... Creo). La convenció un poco más encontrarse a su amiga y ver su estado, se veía pálida, los ojos rojos, el delineador un poco corrido, las mejillas enrojecidas y su rostro llena de vergüenza, ira y tristeza. Astrid rodó los ojos, no servía de nada ya encubrir todo esto, suspiró y regresó a su posición inicial, tratando de, como siempre, evadir todas las preguntas.

Ruffnut por su parte, chocó la palma de su mano con su puño.— Rápido, Heather, todavía podemos alcanzarla.— y empezó a andar de regreso a la puerta. Heather la detuvo, tomándola del brazo.

— No podemos arrancarle el cuero cabelludo, Ruffnut.— no es ese tipo de historia, ya lo dije como tres veces. Heather lo sabe, Ruffnut rodó los ojos y Tuffnut también se sintió limitado, porque, bueno, Heather era igual de severa que Astrid. Bueno, no, ella es un poco menos, pero en un nivel similar.— Astrid, ¿Qué pasó?— devolvió la atención a Astrid, sin soltar, claro, el brazo de Ruffnut.— Ustedes estaban hablando y...

— Ya les dije que no quiero hablar de eso.

— Siempre que no quiere hablar de eso es porque es algo terrible, Heather.— atacó Ruffnut, tratando de liberarse.— Seguro que ahora está con Hiccup...

Auch, Astrid sintió una punzada en el corazón, ¿Recuerdan que Astrid cree que Hiccup no sabe diferenciar entre un coqueteo y ser amable? Ahora tenía más sospechas de esto, porque, seguro que está hablando de lo más campante del mundo con Camicazi, su ex novia, la misma que le había llamado rubia estereotipada, la que la había mandando a organizar una fiesta o el baile de graduación. La misma que no creía que Astrid fuera el tipo de chica para Hiccup.

¡Pero claro que lo era! Ella es la chica de los sueños de Hiccup. Él lo dice y demuestra siempre que puede, eso no puede...

A Hiccup no parece importarle que lo trates como basura.

Bien, suficiente.

— ¿¡Lo está!?— Astrid se levantó de un salto, Heather se sorprendió, pero inmediatamente puso una cara de fastidio, dioses, ahora tenía que detener a dos animadoras con mal genio y poca estabilidad. Si somos justos, Astrid tiene más razones que Ruffnut.— ¿¡Ella sigue aquí!?

¿¡Con su novio!? No, esperen, no lo es. Recordarlo hizo que la ira burbujeara con un poco más de intensidad.

— Woah, tranquila, no lo sé.— Heather empezaba a preocuparse en serio.— ¿qué fue lo que te dijo?

— ¡Ja! ¡Qué no me dijo!— exclamó con amargura Astrid, levantando los brazos y empezando a dar vueltas en la habitación, como un animal enjaulado, echaba chispas.— ¡Todo es una fachada! ¡Es una mustia! "Yo misma hornee estos pastelitos", "es una ofrenda de paz", ¡Ella y maldita su ofrenda de paz se pueden ir directo a la...!*

¡Beep! ¡No malas palabras! Tengo una cuota de malas palabras, y no pienso romperla.

Heather abrió los ojos, Ruffnut la boca al escuchar la palabrota. Astrid tenía mal carácter, sí, era un poco grosera, pero nunca usaba malas palabras. Esto en serio debía ser grave.

— ¡Dijo una grosería!— atacó Tuffnut.

— ¡Ya lo sé!— Astrid estaba tan molesta que podría patear los malditos casilleros, que justo ahora podían canalizar su ira. Pero no lo iba a hacer, porque ahora sí podría lastimarse el tobillo en serio, y eso significaría una baja. Y ella no iba a ser esa baja.— Primero, empezó diciéndome que Hiccup estaba enamorado de mi, pero no lo dijo, ya sabes cómo todo el mundo, ¡Lo dijo como si tuviera la culpa! ¡Yo no tengo la culpa de que le guste!

— ¡Oh por los dioses! ¿¡Y si terminaron porque él siempre estuvo enamorado de ti!?— saltó Ruffnut, con una enorme sonrisa. Heather la volvió a mirar como si se tratara de un bicho raro.— ¡Cómo en una...!

— ¡No lo digas!— amenazó Astrid, apuntándola con el dedo. Ruffnut se tapó la boca con la mano. Ah sí, no era buen momento.— Y no, claro que no, debieron terminar por otra cosa.— aunque no había parado de pensar en ello desde que llegó a los vestidores, ¿Y si esto sí había sido una escena de celos? Seguro que lo era, seguro que Camicazi creía que Astrid había sido el detonante de su ruptura.

Pero eso sería demasiado inmaduro, ¿Verdad?

— ¿Vino a hacerte una escena de celos?— sonaba igual de extraño para Heather como para Astrid.— ¿Qué más dijo?

Bueno, para atacar, uno debe saber los detalles, ¿Cierto?

Astrid negó con la cabeza.— Cree que yo... — tomó aire—. Ella, al igual que todo el mundo, no me cree que me gusta Hiccup.— decir "estar enamorada" seguía siendo demasiado pronto, ¿Verdad?— Y créanme, no me interesa si ella lo cree o no, ¡No me interesa si alguien...!— ¿De verdad que no? ¿En serio lo estaba diciendo ahora? ¿Después de llorar como una niña mimada? Carraspeó.— El punto es, ella cree que juego con él, cree que soy una rubia estúpida, ¡Cómo las de las estúpidas películas de Disney! ¡Cree que soy la capitana de animadoras obsesionada con ser la reina del baile! ¡Una plástica! ¡Ella cree que yo...!— eso volvió a quebrarla, Heather y Ruffnut la observaron atentamente, preocupándose un poco más. Astrid tuvo un tic en el ojo.— ¿Yo no soy eso, verdad?— reparó en el gesto de sus amigas y en el silencio de Tuffnut, temiendo lo peor. Sintió las mejillas arder, el como picaban con vergüenza, expuesta como estaba, se llevó las manos a la boca.— Por los dioses, tiene razón...— jadeó.— Soy la villana de una película de Disney.— reveló con horror, llevándose las manos a las mejillas. Por los dioses, era verdad, Astrid era una villana hueca de una película adolescente.

— ¡Claro que no lo eres!— chilló Ruffnut. Eso era ridículo, bastante, porque, fuera de toda la coraza que Astrid llevaba, Astrid era una buena persona.

— Soy igual de egoísta que una de ellas.— continuó Astrid, se abrazó a su misma, recargando su espalda contra la pared cercana, mirando a la nada.— Lo he estado lastimando todo este tiempo.— revelarlo en voz alta era difícil. Complicado. Demasiado.— Él ha hecho tanto y yo solo... ¡Dioses, soy horrible!— sollozó antes de romperse de nuevo y cubrirse la cara con las manos, sus amigas corrieron hacia ella, sin embargo, viendo que no era una buena idea acercarse demasiado, solo quedaron frente a ella, dejándola desahogarse.— Él es tan considerado y yo lo trato como basura.— dijo con voz pastosa, soltando más lagrimas.— Ella dice que...— hipó antes de terminar la oración.— ¡Sabe que lo jaloneo! ¡Él le dijo eso! Siempre que quiero hablar con él, lo tomo del brazo y creo que... Bueno, yo lo agarro muy fuerte porque no quiero que se vaya, porque... ¡No lo sé! ¡Pero no lo hago con la intención de lastimarlo! ¡Lo hago con todo el mundo!— sus amigas se miraron entre sí, aunque no tenían mucho contexto de eso, entendían que Astrid solía hacer eso. Mucho. Muchas veces.— Y sí, él me dijo que lo odiaba, pero nunca me dijo que le había hecho moretones... ¡Moretones! ¡Le hice daño!— sollozó con fuerza, Ruffnut sacó de su mochila un pañuelo, y se lo pasó, porque Astrid estaba empezando a sorber demasiado por la nariz, la rubia agradeció y se sonó la nariz.— ¿¡Por qué no me lo dijo!? ¡Yo podría...!— es que no era algo de decir. Ella misma lo sabía, jalar a la gente era grosero—. Dice que trato a todos como si fueran mis lacayos, y yo... ¡No lo hago! Quiero decir, sí, doy órdenes, soy dura, pero no creo que ninguno de ustedes sea inferior, solo que no sé cómo... Yo no sé...

— Oye, oye, tranquila.— Heather fue la primera en tener un acercamiento, le tomó por los hombros y la obligó a enderezarse un poco.— Vamos por partes, ¿Dijo que tratas a todos como tus lacayos?

— ¿Qué es lacayos?— preguntó Ruffnut al aire.

— ¡Significa sirvientes! ¡Viene en mi calendario de palabras!— respondió Tuffnut. Ruffnut asintió y comprendió un poco más el mensaje.

— Es que... Siempre lo he sabido.— terminó admitiendo.— Todos creen que no sé lo que dicen de mi. Claro que lo sé, sé que doy miedo, puedo ser agresiva a veces, pero... Yo jamás vería a mi equipo así, y les he dicho cientos de veces que me hagan saber cuándo yo sea demasiado severa. Sé que creen que soy una perra. Lo sé. Me he acostumbrado a eso, pero... Que Hiccup lo crea... Hace que yo...— cerró los ojos y está vez sintió como Heather y Ruffnut la rodeaban con sus brazos.

Hace que su corazón se rompa a la mitad. Hace que se sienta el doble de humillante. No podía imaginarse a Hiccup llamándola así. Sí, parecía no importarle, pero algún día sería demasiado, un día el enamoramiento no sería suficiente, ni su deseo por ella. Un día todo eso se iría al caño.

— Ella tiene razón, Hiccup es demasiado para mí.— soltó Astrid, apartándose del abrazo. Ambas chicas la miraron confundidas.— No debería estar en una relación con él cuando ni siquiera tengo... Ni siquiera... Sé cómo es estar en una. Él es demasiado maravilloso como para estar con alguien como yo, merece más que... ¡Auch!— exclamó cuando Ruffnut le jaló con fuerza un mechón de cabello—. ¿¡Qué demonios te sucede!?

— ¡No puedes decir eso!— chilló Ruffnut, Astrid la miró sorprendida.— ¡Escucha, Astrid! Esa tipa no tiene idea de quién eres, ¿Sabes? Se cree muy superior viniendo aquí a darnos pastelitos y a insultarte, ¿Quién rayos se cree? Estoy segura que Hiccup jamás le pediría que lo defienda, en serio, Astrid, ¡Tú no eres menos que nadie! ¡Jamás vuelvas a decirlo!

— Ruff tiene razón. No tienes que ser tan dura contigo misma.— Heather fue un poco menos contundente.— Escucha, aún no es tarde para remediar todo esto. Créeme, sé que sientes miedo, todos hemos sentido miedo respecto a esto. Y puede que esa chica haya dicho algunas cosas... Que son en parte verdad, pero como dijo Ruff, ella no tiene ni la menor idea de quién eres.

— ¡Ya sé!— Tuffnut entró al vestidor con los ojos cerrados, tropezando con las cosas. Astrid se sintió aún más avergonzada que antes.— Creo que ya sé en qué está fallando todo esto.

— ¿Ah sí?

— ¡Claro! Es muy simple.— Tuffnut casi cae al suelo gracias a qué una banca le hizo trastabillar.— Sigues tratando a Hiccup como esos sujetos que tratan de enamorarte, ya sabes, los que tratan de convencerte... ¡Pero tú ya estás enamorada de él! No tiene que convencerte de nada, ¿No? Entonces solo deja de tratarlo como un sujeto cualquiera.

Heather y Astrid lo miraron como si hubiera dicho una estupidez.— Tuffnut...— empezó Astrid.

— No, en serio, tal vez, ya que él se está esforzando tanto, tu deberías... Esforzarte también... Ya sabes, devolverle el favor, porque, bueno, te interesa, ¿No?

Astrid parpadeó un poco. Ah, ahora tenía más sentido. Se limpio las lágrimas y arrugó la frente, parpadeó varias veces. Luego, con voz un poco más tranquila, pero en un tono grave, severo, un poco fuera de su personalidad habitual, dijo—: Creo que... Puedo hacer eso.

.

Todo el escuadrón se encontraba recogiendo lo que habían sido pastelitos de chocolate del suelo y colocándolos en una bolsa para basura, cuchicheando entre ellas. Todas con la misma idea:

La capitana de Bog Blurgar debía ser una arpía. Una arpía de las buenas. Si logró romper la paciencia de Astrid, debía serlo...

— Seguro es una de esas que están obsesionadas con sus ex.

— Siendo honestas, ¿Quién no estaría obsesionada con Hiccup Haddock?

Las animadoras se miraron entre sí, uh, bueno, ese era un buen punto. Hiccup Haddock era el sueño de todas.

— Ya, pero no es como para venir y decirle cosas a Astrid, ¿Ella que culpa tiene de que hayan terminado?

— ¡Uh! ¿Y si terminaron por...?

— ¡Shhh! ¡Ahí viene!

Finalmente, Astrid salió del vestidor. Se había lavado la cara y Ruffnut se encargó (nuevamente) de arreglarle el maquillaje, así que no se veía tan terrible. De hecho, se veía bastante bien, sin ningún rastro de maquillaje corrido o de rojeces por el llanto. Cuando vio al equipo hacer lo que estaba haciendo, suspiró y, llamó la atención de todas apenas llegó.

— Chicas, no... No hablaba en serio.— dijo, el tono de voz fue tan... Extraño, impropio de ella, que todas entraron en un estado de confusión, ¿Eh? Pero ella había dicho...— Sé lo que dije, pero no estaba... Pensando bien. Yo... Lo siento.— se disculpó, inmediatamente el instinto femenino de todas hizo "clic", ah, claro, había sido culpa de la capitana del otro equipo.— No debí gritar de esa forma.

— Astrid, si esa chica solo vino a amenazarte o a molestarte con eso de ser la novia de Hiccup, entonces no queremos sus pastelitos.— respondió Gerda, las demás chicas corearon un "sí". Astrid casi vuelve a quebrarse ahí mismo.— Y descuida, sabemos que no lo decías en serio.

— ¿No lo era?— preguntó una chica a otra, en voz baja y con algo de alivio.

— Gracias.— la culpa seguía ahí, aún así.— De todas formas quiero compensar esto. No sé hornear pero, podríamos... No sé, ir a almorzar... Todas juntas. Las he presionado bastante con esto de las regionales, creo que merecen un descanso.

— ¡¿En serio?!

— Sí, en serio.— Astrid sonrió, todas de veían sorprendidas, hasta Heather.— Puede ser el día que quieran, y en el lugar que sea, ¿Les parece bien?

— ¡Es genial!— chilló una de ellas.

En medio de todo el barullo de los planes, Astrid escuchó el tono de llamada de Hiccup (eh sí, es solo para diferenciarlo. Durante el fin de semana no quiso atender ninguna de sus llamadas ni por error, aunque, bueno, nunca iba a admitir que le puso ese tono especial desde el primer día de su extraña relación). Sintió un agujero en el estómago, verlo, como siempre, era lindo, pero ahora, significaba algo un poco más incómodo, significaba preguntas que no quería responder y significaba imágenes de moretones clavadas en su cabeza.

Cielos, moretones.

Suspiró, y las demás chicas, al notar que ella estaba a punto de responder la llamada, guardaron silencio, de forma unánime. Astrid agradeció el gesto.

— ¿Hola?

— Hola.— respondió Hiccup desde el otro lado de la línea, Astrid se preguntó por un segundo porque no estaba esperándola como siempre hasta que recordó que hoy también él tenía práctica de natación. Ah sí.— ¿Pasó algo? ¿Hablaste con Cami?

Astrid asintió.— Sí. Hablamos.

¿Y bien?— Oh, eso es... Genial.— la incomodidad de ella empezaba a contagiarlo, incluso a través de la línea telefónica—. ¿Y te dijo lo que pasó?

Ah, de hecho, ahora que lo mencionaba, no.— Ah, sí, ella me explicó todo. Fue la ... Emoción del momento.— suponía eso. Aunque no descartaba que Camicazi siguiera enamorada de él.

Sus respuestas estaban siendo vacilantes y cortantes. Eso no estaba bien.— ¿Está todo bien?

¿Por qué tantas preguntas?— Sí, ¿Por qué?

¿Por qué ella contesta así?— Bueno, es que...— vaciló, ah, esto era extraño, ¿Qué se hace en este caso? Él no podía ir hasta allá, seguía mojado y en traje de baño—. Suenas un poco... Bueno, no es... Es que...— estás balbuceando, Haddock.

— ¿A qué te refieres?— frunció el ceño.

— ¿Segura que todo bien?— se aseguró. Astrid dijo "mjm" como respuesta—. ¿Ella no dijo nada más?

¿Qué no dijo?— Estoy bien.

Pero él no sentía eso, había algo mal, no sabía qué, pero había algo mal.— Astrid, uh, Cami puede ser algo...

— Hiccup, ya está, ella habló conmigo, me explicó todo, está bien. Estamos bien.— ¿Lo estaban? ¿En serio podía decir eso después de haberle hecho moretones?

Las chicas empezaron a preocuparse, ¿Iban a pelear sin ser pareja siquiera?

Hiccup se mordió la lengua, tal vez ella seguía molesta. Él creía que no, porque, bueno, ella no estaba molesta cuando lo hablaron por primera vez—. Uh, de acuerdo.— sintió el deseo repentino de plantarle un beso. No supo porque—. Llamé porque, recién termine de nadar y... Huh, ¿Tienes algo que hacer está tarde?

Astrid arrugó la frente.— ¿Por qué preguntas?

¿¡...!?

— Bueno, quería que fuéramos en una cita... De nuevo.— Hiccup se escuchó animado de nuevo.— Solo me doy una ducha y puedo verte en la pickup.

Astrid se fijó en sus amigas y equipo, que observaban y escuchaban atentas a la conversación. Todas adivinaban que Hiccup la había invitado a una cita, probablemente seguía sintiéndose culpable, y todas, en respuesta, la animaron a aceptar usando gestos. Astrid quiso reír.

— Estoy libre.— para él, siempre. No lo diría en voz alta, claro.— ¿A dónde vamos?

Oh, no tan rápido. — Es una sorpresa.

Ah, con lo mucho que a Astrid le gustan las sorpresas.

— Te veré en las puertas de los vestidores.

— Oh, de acuerdo.

Colgó, y ni bien lo hizo, todas las chicas y Tuffnut se pusieron de acuerdo.

— Bien, dado que la capitana tiene una cita, nosotras vamos a deshacernos de estos pastelitos.— dijo Ruffnut, sonriendo.— Diviértete con tu nerd.

No había tardado mucho en llegar a los vestidores, como había prometido, lo esperó recargada en los casilleros contiguos a los vestidores, con los brazos cruzados y el ceño fruncido, ¿Era idea suya o estaba tardando demasiado? El sonido de un mensaje la sacó de sus pensamientos.

"¿Puedes entrar? Tuve problemas con la pierna. No hay nadie."

Astrid revisó el pasillo, esperando a que Dagur apareciera con su carrito de limpieza, silbando, sin embargo, la escuela parecía estar ya desierta. Bien, no era de esas escuelas con cámaras en los pasillos, además, si el vestidor de chicos estaba vacío, no le hacía ni ningún daño a nadie. No solo eso, ¿Y si Hiccup se había caído o algo...?

Bien, momento de entrar, ni bien lo hizo, preguntó por él en voz alta.— ¿Hiccup?

— Por aquí.— la voz indicaba que estaba al fondo, sonaba adolorido. El tono la hizo ir más rápido, cuidándose, claro, del suelo resbaladizo. Lo encontró sentado en el suelo, únicamente con un pantalón y el cabello escurriendo. Le sonrió a pesar de eso.— Hola. Ponerme el zapato estando de pie no ha sido una de mis mejores ideas.

— ¿Estás bien?

— Sí, solo que uno de los tornillos de esta cosa se aflojó un poco, ¿Puedes pasarme mi mochila? No me puedo levantar.— a pesar de que lo dijo con cotidianidad, como si se tratara de nada, Astrid no pudo evitar preocuparse. Cielos santo, ¿Y si ella no hubiera estado? ¿Quién lo hubiera ayudado? Le pasó la mochila y él empezó a buscar en ella, encontró una especie de neceser y de él extrajo un desarmador pequeño.— Esto pasa todo el tiempo.— dijo, notando su rostro preocupado. Le sonrió antes de ajustar lo que tenía que ajustar.— ¿Cami ya se fue?

Y ojalá esté lejos.— Sí.

Hiccup asintió. Ah, bien, ya hablaría con ella también.— Solo tengo que ponerlo en su sitio de nuevo y... Ya está.— dijo cuando terminó, guardó sus cosas, y trató de levantarse. Astrid le ayudó, tomándolo del brazo, tratando de, primeramente, no mirar que tuviera moretones y tratando de tocarlo con suavidad—. Gracias.— le agradeció una vez estuvo estable. Ya que la tenía cerca, reparó en que no solo estaba preocupada, sino que su gesto revelaba que algo iba mal. Eso y que su agarre no era como él estaba acostumbrado. No dijo nada y simplemente le dió un beso, tomándola por sorpresa.

Quiso corresponder, de verdad que sí, pero se sentía extraño, las palabras de Camicazi seguían haciendo eco en su mente. Esto no estaba bien.

Se apartó, Hiccup notaba que ella estaba visiblemente incómoda. Inmediatamente borró su sonrisa, huh, ¿Había pasado algo?

— Lo siento.— se disculpó, tomando un poco de distancia.— ¿Estás segura que todo bien?

— Está bien, solo me asusté.— vale, tampoco esperaba esa respuesta. Ahora él era el que estaba preocupado.— Además, estás todo mojado.— ¿Qué acaso no se había secado antes de vestirse? Hiccup sintió que el alma le regresaba al cuerpo. Ella se dirigió hasta el tocador en medio de los vestidores, se sentó en ellos, sus piernas colgaron debido a la altura.

Aunque la respuesta fue relativamente "normal", Hiccup, mientras caminaba hacia ella, pensó en lo buena idea que sería apretar su muslo, mínimo para que ella le diera un manotazo o algo. Era extraño que Astrid se comportara de esta manera.

Astrid sintió el contacto y saltó, le regresó la mirada, sorprendida. Hiccup le regresó la mirada un poco preocupado, uh, sí esto... Ella la atrapó antes de que pudiera volver. La colocó de nuevo sobre su muslo.

— Sabes que... Puedes contarme lo que sea.— aseguró, dejando ver un poco de su preocupación—. Puedo hablar...

— Estoy bien.

Él no iba a solucionar esto. Ella era demasiado orgullosa como para permitirle hacerlo, además, Camicazi no tenía la culpa, ella era la que tenía la culpa, ella y sus malos modos, la forma tan horrible en la que lo trataba, en el hecho de que ni siquiera podía permitirle estar en una relación...

— No creo que lo estés.— pero Hiccup no iba a ceder. Claro que no. Él era igual o peor de terco que ella.— No me dejaste terminar. Cami puede ser un poco dura con la gente, puede que algo que haya dicho no haya querido decirlo en serio...

¡Ja! ¡Claro!

— Hiccup, ya te dije que está bien, todo está bien. No entiendo porque te enfocas en que...

— Es que estás rara.

— No estoy rara.

— Sí lo estás. Llevamos aquí como diez minutos y no me has golpeado, o insultado, o dicho algún comentario sarcástico.

Ouch.

— Bueno, tal vez ya no quiera hacer ninguna de esas cosas.— Astrid empezó a enfadarse, porque esto estaba doliendo más de lo que debería doler.— Escucha, he estado pensando en lo que dijiste, sobre... Que te lastimo.— pero, no iba a desquitarse con él, así que usó una voz un poco más suave para esa última frase.— ¿Te he dejado moretones alguna vez?

Hiccup abrió los ojos con sorpresa. Uh, no esperaba eso.— Bueno, mi piel es sensible, con cualquier cosa puede que...— ¡Ahí está! ¡Lo estaba viendo! ¡Ella estaba triste por eso! Bueno, ahora que ya lo sabía podía remediarlo.— Pero no te preocupes, sanan rápido.

— De todas formas, lo siento.— no pudo evitar bajar la mirada, desviándola.— No quiero lastimarte, nunca lo hago con esa intención. Es solo que... No tiene excusa, ya lo sé, lo siento.

Hiccup colocó sus manos a cada lado de ella, acorralándola y obligándola a mirarlo a los ojos. Astrid intentó inclinarse hacia atrás para evitar estar tan cerca.

— Hey, está bien.— la consoló.— Solo, si quieres hablar conmigo, podrías, no sé, decirlo.— le apartó el pelo de la cara. El gesto fue tierno y bastante agradable, así como su sugerencia tan cómica.— Ven.— dijo antes de tomarla de la barbilla con suavidad y darle otro beso, tranquilo, sin prisas, pero profundo. Está vez ella se dejó hacer con más facilidad, incluso se dió el lujo de llevar sus manos al cabello de él, que seguía mojado y soltando gotitas a sus hombros. El hecho le pareció extrañamente gracioso, tanto que empezó a reír en medio del beso.

Su risa lo contagió, lo animó también a hacerle cosquillas, porque adoraba el sonido de su risa, en especial ahora que ella se encontraba tan seria. Ella se quejó en medio de las risas y buscó defenderse sin hacerle daño como rasguñarlo o golpearle. Él no hizo solo eso, también empezó a llenarle el cuello de besos.

— ¡Basta, basta!— reía la rubia, retorciéndose.— Ya, ya entendí, ¡Hiccup!

— ¿Sabes? Tengo la teoría de que no es solo eso por lo que estás así.— le dijo al oído, parando un poco. La escuchó resoplar.— Tú y yo no nos iremos de aquí hasta que me digas que sucede.

Debe estar bromeando.

— Hiccup...— intentó frenarlo, pero se congeló en el momento en el que él coló sus manos por debajo de la blusa del uniforme, empezando a acariciar directamente su piel. Oh, entendía lo que trataba de hacer.— No creo que sea...— claro que no creía que fuese correcto, ni mucho menos, pero no estaba mal, es decir, lo había echado de menos y...

— ¿Qué tengo que hacer para que me digas que sucede?— preguntó con voz aterciopelada. Astrid negó con la cabeza, sonriendo.— Dime qué es lo que pasa, por favor.— sus manos fueron subiendo, se sentía frías debido a la humedad, poniéndole la piel de gallina. Astrid frunció los labios, en un intento de mantenerse callada porque... Bueno...

Seguían en la escuela. Y Dagur podía entrar en cualquier momento.

— Oye...— susurró, sintiendo la piel expuesta, los besos se mudaron hasta su vientre, aprovechando que ella se había inclinado un poco.— Para, estás... Mojado...— tuvo que volver a contenerse, tragando saliva.

— ¿Me dirás qué es lo que pasa?— preguntó, su aliento cálido chocando contra su piel sensible, su blusa ya por encima de sus pechos y la cabeza de él entre ellos. Esperaba que él no pudiese escuchar lo rápido que iba su corazón, aunque era imposible a este punto.

— Te dije que estoy...— soltó un suspiro, aunque su método no era tan malo, Astrid en serio no quería decirle lo que en realidad estaba pasando. Eso y que, era complicado hablar estando él husmeando entre su falda para poder quitarle el short. Se sonrojó aún mas, al punto de que sus mejillas picaron —. Estoy bien.

En realidad, sí estaba bien, en este momento lo estaba, aunque todavía se encontraba por ahí algo de culpabilidad, como si ella no mereciera esto. Puede ser, de todas formas.

¡Wup! Ahora se encontraba con la cabeza entre sus piernas, ¿cómo había llegado hasta ahí? Puede que no se haya dado cuenta debido a que no puede parar de pensar en otras cosas, como que Hiccup tiene una ex novia que ha venido a decirle que era una rubia tonta, y que no merecía estar con alguien tan maravilloso, porque, sí, tal vez tenga razón pero... Hiccup estaba ahí, tratando de hacerla sentir mejor, no la había culpado en absoluto por todo lo que había pasado, y tal vez debían hablarlo, pero ella no se sentía muy cómoda hablándolo justo ahora, porque, primero, tenía que pensarlo un poco más...

Soltó un sonoro jadeo en el momento en el que su lengua hizo el primer contacto. Lo escuchó reír por su reacción; en respuesta, Astrid apretó la cabeza de él con sus muslos, también llevó una de sus manos a su cabello, cerrando sus dedos como si fueran garras, jalando y atrapando el cabello castaño. Se mordió el labio inferior, la mirada tratando de enfocarla en la puerta, el corazón latiendo demasiado rápido, ¿qué diría si alguien entraba? Todo su equipo sabía que ella había ido a verle, seguro que con lo vacío que se encontraba el vestidor todo aquel que entrara podría escuchar su respiración agitada, verla con la blusa del uniforme por encima del pecho, sentada en el tocador, las piernas abiertas y con Hiccup Haddock entre ellas.

Que imagen.

Estaba mal, lo sabía, estaban en un espacio publico, y seguramente la escuela no estaba tan vacía como ambos pensaban. El pensamiento hacía que fuese mas difícil mantenerse callada, era muy ruidosa, tenía ese mal hábito, eso, juntado con la adrenalina de ser atrapados...

Hiccup ahora sentía las dos manos de la rubia sobre su cabeza, jalándole el cabello, tirando un poco fuerte. Lejos de molestarlo, le pareció una buena señal, es decir, ella estaba dando todo de sí para no delatar a ambos, por lo que continuo, disfrutando de los gemidos ahogados y de los chillidos que se le escapaban de vez en vez. A pesar de todo, quería escucharla en todo su esplendor, porque... Dioses, era el mejor sonido del mundo.

Lo notó cerca, lo intuía por la forma en la que le estaba jalando el cabello, cada vez mas fuerte, así como el aumento de volumen en su voz. Bien, perfecto.

— No tan rápido.— se separó justo a tiempo. Astrid, quien ya tenía los ojos entrecerrados, los volvió a abrir para dirigir su mirada a él. Hiccup tenía una sonrisa socarrona en los labios. Hijo de la gran...— Si lo quieres, tienes que decirme qué es lo que pasa.

No voy a escribir la grosería que ella pensó, igual, ustedes pueden imaginársela. Ella apretó los puños, molesta, muy molesta, se contuvo mucho para no darle un buen rodillazo en los dientes. Recordó los moretones, los jaloneos y la expresión adolorida de Hiccup.

"Oye, oye, ¡Oye! ¡Duele!"

No. No iba a soportar verlo sangrar, eso sí que no.

Tragó saliva, esto no estaba bien. Y no lo decía por el hecho de que estaban haciendo algo indebido en la escuela, a la vista de todo el mundo, arriesgando sus reputaciones, quizás incluso su lugar en la universidad...

Esto no era así, era una culpabilidad tan terrible que sentía que se ahogaba dentro de ella. Tan fuerte que la hizo hacer una mueca que lo alertó, Hiccup arrugó la frente, empezando a sospechar que algo en serio malo había pasado.

— ¿Astrid?— oh no, ¿La lastimó? Seguro que sí, ella se veía a punto de llorar. Seguro que ella no estaba de humor y él...— ¿Hice algo mal?— la vió negar con la cabeza enérgicamente, cerrando los ojos. Hiccup se levantó de inmediato, notando lágrimas y a Astrid tratando con todas sus fuerzas disimularlo.— Oh, yo...— ¿Qué debía hacer? Ella se alejaba un poco cada que él trataba de acercarse, y desviaba mucho la mirada. Sollozos suaves pero presentes—. Lo siento mucho, en serio, yo no...

— ¿Por qué te estás disculpando?— preguntó Astrid con la voz pastosa. Él no debía disculparse, él era el que estaba haciendo las cosas bien desde un inicio.

Hiccup dudó.— Bueno, estás... Llorando y yo... Tal vez no era el momento, lo siento mucho...

— No tienes que disculparte.— lamentó que su voz sonara tan mal en este momento, Hiccup fue hasta su mochila y le tendió un pañuelo desechable, Astrid lo aceptó, aunque en un principio no quería hacerlo—. Está bien.

El pañuelo estaba cubierto, y él mismo se sentía arrepentido, se lo había hecho saber y se lo demostraría cuántas veces fueran necesarias, ¿Qué más podría hacer?

Astrid subió la mirada, reparando en que la mirada verde del castaño se fijaba en ella. La rubia se aclaró la garganta y tomó aire, tratando de recuperar la compostura.

— Cielos, estoy hecha un desastre.— fue lo único que se le ocurrió decir. Hiccup se acercó de nuevo, solo para acomodarle el cabello del rostro, colocando el mechón rebelde detrás de su oreja. Hacía más calor tanto por el llanto como por la humedad atrapada en los vestidores.

Su mano fue al cabello rubio, todavía trenzado, acariciando con mimo. Pensó en insistir, pero no lo hizo, era obvio que Astrid no quería hablar de eso.

— ¿Quieres que te lleve a casa? — en cambio, se ofreció a llevarla a casa. Tal vez era lo mejor.

Astrid negó con la cabeza.— No. Es solo...— ¿Por qué tenía que ser tan lindo? Era molesto. Bueno, no es como que lo sea, sino que odiaba un poco que el hecho de que él siguiera siendo tan considerado fuese tan odioso.

— ¿Necesitas algo?— le preguntó de la forma más tierna en la que pudo haberlo hecho.

Tenía dos opciones. Ir a casa y lamentarse toda la tarde, tal vez comer helado hasta que su tío llegue a casa, ignorar las llamadas, los mensajes, actuar de una forma egoísta y odiar a todo el mundo. Hacer que Hiccup se preocupe otra vez, creyendo que se trataba de su culpa...

Darle la razón a Camicazi.

O podría... Quedarse aquí y demostrarle a Hiccup que esto no era una broma. Que lo quería de verdad, sí, quizá no sabía cómo hacer pastelitos para demostrarlo, pero podría encontrar una manera para hacerlo. Mientras tanto podría... Ya saben, terminar esto.

— A tí.— respondió antes de tomarlo por los hombros y besarlo de forma feroz, apenas dándole tiempo para pensar en qué estaba pasando. Hiccup no podía estar más confundido, la única respuesta que podía tener en su cabeza era que Astrid estaba triste por algo que quizá no tenía nada que ver con él.

O tal vez sí. Uh, quién sabe.

Le mordía los labios, poniendo todo su esfuerzo en demostrar que lo necesitaba. Él se dejaba hacer, cauteloso aún, todavía preocupado, porque... No sabía si esto era algo bueno o algo malo.

Sus delicadas manos le recorrían el pecho y la espalda, rasguñando un poco, bajando sus besos al cuello del castaño, haciéndolo suspirar, acariciarle el cabello, desenredando su trenza. Le gustaba verla con el cabello suelto, era lindo, le daba un aspecto relajado.

Dió un salto cuando su mano se dirigió a sus pantalones, acariciando la parte necesitada con un poco de fuerza y necesidad. Ella, curiosa, coló su mano dentro de este.

Bien, suficiente.

— Tranquila...— susurró, la mano de Astrid subía y bajaba por su longitud, la petición solo hizo que ella aumentara un poco la velocidad.— Oye, oye...— hizo que ella lo mirara, sus ojos oscuros lo desconcertaron de sobremanera, eso y el como mordió su labio inferior, los ojos ligeramente entrecerrados, los brazos apretando un poco el torso para resaltar sus pechos. Sí, todavía estaba la rojez de sus mejillas por el llanto, pero...

— ... Te necesito tanto...— gimió, inclinándose hacia él. Lo vio tensarse. Le gustó pensar que era tan fácil siendo ella.— ¿Puedes? Por favor...— pidió.

Un día de estos le preguntaría si le gustaba que le llamara de alguna forma especial, algún apodo raro como "señor" o una cosa así. Aunque si le pedía que le llamara "papi" la cosa se podía ir al caño.

O no, depende.

Bien, de acuerdo.

— Levántate.— ordenó, ella lo hizo sin rechistar, sonriendo un poco. Hiccup la giró para que ella le diera la espalda. Antes de cualquier cosa, la abrazó por la cintura, y le dió un beso en la mejilla—. Si algo te molesta, dime y me detengo.— le dijo al oído, recorriendo con sus manos sus pechos, apretando un poco.— Puedes escoger una palabra o hacer un gesto.— continuó. Ella asintió.

— Solo si te digo que te detengas.— en realidad, no se le ocurría ninguna palabra en especial en este momento. Lo escuchó reír, antes de que con sus manos en la espalda, la empujara con suavidad contra el tocador, inclinándola sobre este. Astrid, para no irse de cara, puso sus manos sobre la superficie. Hiccup no solo hizo eso, sino que le levantó la falda. La chica tomó aire, abriendo un poco sus piernas, esto siempre la hacía preguntarse si esto estaba pasando en realidad, porque, ya ha soñado con este escenario, puede pasar que esto sea un sueño...

Él se separó un poco, solo un momento, lo escuchó buscar algo entre sus cosas, después, regresó. Un sonido delator de una envoltura abrirse la hizo saber que está vez, sí venía preparado.

Fue lento, ella contuvo la respiración, lo escuchó gruñir en voz baja cuando él estuvo por completo dentro de ella. Las siguientes embestidas fueron igual de lentas, pero fuertes, Astrid se mordió los labios, buscando regular el volumen de sus sonidos.

Pero cada vez era más difícil, porque aumentaba la velocidad, posando sus manos sobre las caderas de la chica, marcando el ritmo deleitándose con la sensación de tenerla a su alrededor, apretando su longitud.

Ya estaba sensible, solo que el llanto lo apagó un poco, pero a Hiccup no le tomó mucho tiempo el arrojarla al borde. No ayudaba la imagen frente a ella, puesto que, se trataba de ella misma en el espejo, inclinada hacia adelante, con ambas manos aferrándose al borde del tocador, las mejillas sonrojadas, subiendo y bajando, rebotando al ritmo de las embestidas fuertes a las que estaba siendo sometida, con Hiccup detrás de ella, su cabello aún mojado, y mirándola también por el espejo. Le sonrió de tan forma en la que ella tembló, y la hizo flaquear, lanzando un gemido sonoro.

¡Plaff! Ahora ella pudo verlo, ver su satisfacción, lo maravillado que se veía al ver su reacción, el como su piel temblaba un poco después del golpe, verla enrojecer, y como, después de todo esto, él apretaba el sitio con ansia.

Nadie podía ser tan provocador. En serio.

Él reparó en su mirada.— ¿Te gusta que lo haga, verdad?— le preguntó al oído. Esto la hizo reír un poco, mezclando el sonido con sus jadeos.— No me detendría hasta que quedara completamente rojo.— otro golpe, está vez del lado contrario, haciéndola gemir de nuevo.— ¿Eso te gustaría, Mi lady?— ah, ese apodo de nuevo, le encantaba demasiado, la hacía derretirse. Asintió, pero no era suficiente.— Responde, ¿Te gustaría?

No ayudaba que lo estaba haciendo más fuerte ahora, complicando un poco las cosas.

— S-sí.— respondió de forma entrecortada.

— ¿Sí qué?

¿¡Por qué le gusta hacer esto!?

Tú puedes, puedes hacerlo.— Sí me... Me gustaría.— listo. Ya. Lo había admitido.

Podría, sin embargo, Hiccup quería que a ella no le doliera caminar después. Además, era algo ruidoso y él también estaba teniendo en cuenta el hecho de que a Dagur le faltaba revisar los vestidores. De todos modos, se permitió una más. Estaba bien después de todo.

Eso último la hizo desmoronarse, tanto que estuvo a punto de gritar, una suerte que su mano fue lo suficientemente rápida como para posarse sobre su boca a tiempo.

— Shhh, tranquila.— el mismo comentario lo hizo reír, a ella también.

— No es... No es tan fácil cuando...— bueno, no iba a admitirlo aún, era vergonzoso todavía. Negó con la cabeza —... No te... No te detengas, por favor.

— Huh, de acuerdo.— más besos en las mejillas, no solo eso, a él le pareció buena idea hacerle cosquillas en la cintura. Ella se retorció por la acción.

— ¡Oye! Eso no... ¡Ah!— intentó defenderse, pero se convirtió en un caso perdido, ya que, Hiccup atrapó sus brazos y los colocó a su espalda, dejándola completamente desprotegida.— Tramposo...— le dijo antes de que arremetiera con fuerza dentro de ella y lanzara un gemido vergonzoso.

Sí, sabía que estaba haciendo trampa.

Empezó a sentirlo cerca, lo sabía por la brutalidad adquirida, no solo eso, sino porque ahora estaba sosteniendo sus muñecas con una mano y con la otra, le tomaba del cuello, apretando de forma ligera, ¿También tenían que hablar de eso? Seguro que sí, o no, o dejarlo pasar...

En realidad tenía curiosidad de como...— ¿Por qué te gusta ahorcarme?

Le pregunta vino de la nada, en serio.

Hiccup creyó que era extraño, especialmente ahora, pero no le hacía mal a nadie responder.— No lo sé... Es casi inconsciente...— casi, solo casi. Apretó un poco más fuerte, haciéndola sonrojarse por la falta de aire.— Me gusta... Verte sonrojada, y me gusta sostenerte así.

Le encantaba verla sonrojada, su gesto ante la falta de aire y como después, cuando trataba de recuperar el aire, se veía más vulnerable que antes. Verla así, siendo que siempre se encontraba en una posición de poder, era algo que lo volvía loco.

A Astrid le gustaba como se marcaban las venas de sus manos cuando hacía eso.

Sentía que debía decir algo más.— Yo... En serio lamento si... — una de sus piernas empezó a levantarse de forma casi automática, lo quería más profundo.— Lamento si te lastimé... Antes.

Tal vez no debió ser tan duro. Ahora que lo pensaba mejor, no era la gran cosa.— No es...

— ¡Lo es!— gritó de forma inconsciente.— Si alguna vez... ¡Uh! Te lastimo y esas... ¡Esas cosas! Tienes que de... De...— cerca, estaba cerca, él también. Lamentó no poder sentirlo completamente.— ¡Decirme!— está vez lo miró a la cara, girando un poco la cabeza.— Dime... Y no lo haré... Lo prometo.

Hiccup asintió.— De acuerdo, mi lady.— le besó en la nuca. La sintió estremecerse.— ¿Es... Eso? ¿Estás completamente... Segura?

— ¡Muy segura!— su voz sonaba tan irregular ahora, no podía evitar gritar.

Aunque aún no estaba muy convencido, la dejo hacer, porque estaba cerca y ella también. Tuvo que mudar su mano del cuello de la chica a sus labios, porque ella estaba haciendo demasiado ruido, no quería en un principio, porque amaba escucharla, sin embargo, ¿Qué tal si alguien aparecía por las puertas? Imaginarlo lo hizo gruñir.

Ella no se opuso al agarre, había sido oportuno, ya que ni bien lo hizo se corrió, gritando contra su mano, con espasmos recorriendo su cuerpo, temblando. Hiccup no permitió que ella pudiera separarse de él, fue más brutal está vez hasta correrse también, apretando la mandíbula para no emitir muchos sonidos. Se relajó, pero no tanto como ella, por lo que la sostuvo por la cintura, besando su hombro aún cubierto.

Quedaron en esa posición hasta que de golpe, las puertas de abrieron, dejándolos congelados. Peor aún al ver a Dagur entrar con el carrito... Y unos audífonos con música pop a todo volumen:

Honey honey, how you thrill me, a-ha, honey honey!

Honey honey, nearly kill me, a-ha, honey honey!

Y a Dagur cantando, distraído, sin mirar mas allá en donde estaba la comprometedora escena que cualquiera vería si no estuviera tan distraído escuchando a ABBA.

I'd heard about you BEFOOOOOREEEEEE!

El pelirrojo bailaba alegremente, tomando la bolsa del bote basura, le hizo un nudo,

I wanted to know some more...

AND NOW I WHAT THEY MEEEEAN, YOU'RE A LOVE MACHIIIIIIIINEEEEEE! OH YOU MAKE ME DIZZY!— canturreó apuntando al techo, para luego poner la bolsa dentro del carrito, reemplazarla con una nueva todavía meneando las caderas, y SIN NOTAR NADA EXTRAÑO, siguió bailando mientras salía de los vestidores, silbando y cantando.

Hiccup y Astrid, quien no se habían movido ni un milímetro, lo observaron alejarse hasta que desapareció por la puerta. No se permitieron volver a respirar hasta después de diez segundos, en los que ambos no sabían si Odin o Jesucristo les habían dado otra oportunidad, ni si había sido en serio, o si esto duraría mas tiempo. El caso es, que no quisieron averiguarlo, y lentamente, se fueron separando, acomodándose sus ropas y tratando de calmar el pulso rápido de sus corazones.

Qué susto.

Se miraron entre ellos, se habían librado por los pelos. De pronto, la situación se volvió risible. Muy graciosa, sus risas sonaron aliviadas, un poco tensas aún, transformándose cada vez en mas relajadas. Ella estuvo a punto de golpearle en en brazo, sin embargo, se detuvo antes de hacerlo. Hiccup la miró con curiosidad, ¿qué había sido eso?

— Tal vez deberíamos irnos.— dijo Astrid antes de que él pudiera decir algo. Hiccup asintió.

— Es una gran idea.— le sonrió antes de darle un beso en la frente e ir por su camiseta. Notó que su sonrojo se hizo más intenso con ese beso. Le pareció un descubrimiento lindo.

— ¿Era esto lo que querías mostrarme?— le preguntó con burla en la voz. Hiccup soltó una risa suave.

— No, no.— se colgó la mochila en el brazo.— En realidad, quería llevarte a un sitio.

— ¿Y dónde...?

— No puedo decirte, es una sorpresa.

Se ganó que ella rodara los ojos. Tampoco le gustaban las sorpresas al parecer.

Da igual, ¿qué puede ser?

Caminaron hasta la salida.

— No sabía que a Dagur le gustara ABBA.— comentó Hiccup, de forma distraída, caminando por los pasillos. Parecía que hablaba para sí, porque Astrid solo tenía la mirada fija en la mano izquierda de él, tan cerca de la diestra de ella.— Creí que... oh.— reparó al sentir que los dedos de la chica se entrelazaban con los suyos, estrechando su mano, ella le regresó la mirada por un segundo, solo un segundo.

— Yo pensaría que escuchaba rock pesado o heavy metal.— comentó Astrid para aligerar el ambiente.

Hiccup sin salir de su sorpresa (porque, este gesto había sido espontáneo y él no lo había empezado) respondió.— Ajá.


Buscándola, después, al llegar a casa, porque se le había quedado en la cabeza todo el día, Astrid se dio cuenta de lo relacionada que estaba esta canción con sus sentimientos. Lo cual era extraño, porque era como si esto se tratase de esas películas cliché con un un soundtrack muy inestable.

I'd heard about you before

I wanted to know some more

And now I'm about to see

What you mean to me**


Chingada. Ella quiso decir: "chingada". Muy mexicano (suenan mariachis de fondo)

Este verso es de la versión del musical "Mamma mía", con Amanda Seyfried. La versión de ABBA me gusta, pero esta versión la considero un poco mejor, especialmente por este ultimo verso, creo que es linda, supongo.

Como nota adicional, siempre he querido hacer un fic con esta canción xd

Hey, Hiccup y Astrid no son los únicos que escuchan música. A Dagur le gusta ABBA, y dado que los ha interrumpido tantas veces, supongo que le toca poner las canciones a veces.

¿Ustedes qué música creen que escuche cada uno? Desde que conocí a Doja Cat, creo fielmente que Ruffnut la escucharía, pero aun no tengo muy claro que es lo que Viggo podría escuchar, no sé, tal vez Caifanes o música clásica con lo mamador que es.