El Recuerdo de Horace Slughorn

Con cuidado, Dumbledore colocó su varita de saúco al borde del escritorio. '¿Estás teniendo un ataque de pánico, Severus?' preguntó con calma.

'No estoy seguro,' dijo Severus entre pesadas respiraciones, tratando de estabilizarse del modo que el profesor Slughorn le había enseñado.

De la estantería, Dumbledore cogió un pequeño vial que Severus enseguida reconoció como Filtro Calmante. Añadiendo unas gotas a una taza de té recién servida, Dumbledore se la tendió a Severus, que la cogió con gusto.

Después de unos sorbos cautelosamente calculados, Severus se sintió relajarse un poco. Más física que mentalmente, pero fue lo suficiente para que estabilizara su respiración y perdiera el temor de caer en pánico por completo.

'¿Supongo que has visto esta varita antes?' preguntó Dumbledore con un gesto hacia la varita de saúco.

'Es la varita que me mató,' dijo Severus con una pizca de amargura. 'Indirectamente, pero aun así, esa varita es la verdadera razón por la que morí.'

Una rara especie de temor apareció en los ojos de Dumbledore. '¿Fui yo quien–?'

'–no,' lo cortó Severus. 'No, no me mató usted. Fue el Señor Tenebroso quien lo hizo. Fui yo quien lo maté a usted.'

Dumbledore no pareció preocupado en lo más mínimo por esta revelación, sino que parecía bastante divertido por el giro en los acontecimientos. '¿Hay alguna razón en particular por la que tuviste que matarme?' preguntó con curiosidad.

Severus se levantó del escritorio y comenzó a pasearse por la habitación. 'Porque usted me pidió que lo hiciera,' dijo ásperamente.

'¿Fue porque finalmente estaba alcanzando la vejez?' preguntó Dumbledore mientras sus ojos seguían a Severus por la habitación, '¿o porque perdí la cordura de un modo u otro?'

'Supongo que podría decir eso,' gruñó Severus. 'El anillo,' dijo con un gesto hacia el pensadero. 'El anillo es la razón por la que le advertí hace un tiempo de que si estaba buscándolo, y lograba encontrarlo, no se lo pusiera bajo ningún concepto. Fue maldecido, Albus. Maldecido con una magia muy oscura que fui capaz de evitar que se extendiera durante un tiempo, pero no pude sanar.'

'Y entonces me mataste en un acto de misericordia,' dijo Dumbledore con una sonrisa. 'Ésa debe haber sido una carga pesada, que te requiriera hacer algo tan difícil.'

'Lo fue,' dijo Severus suavemente, 'pero acepté hacerlo de todos modos. Se suponía que un estudiante mío en aquel momento era quien debía hacerlo. Estaba en camino de convertirse en Mortífago. Se suponía que debía matarlo como prueba para demostrar al Señor Tenebroso que era verdaderamente leal a la causa.'

Una débil risa entre dientes salió de los labios de Dumbledore. '¿Eras maestro aquí en Hogwarts, Severus?'

'Sí,' dijo Severus rígidamente. 'Usted me ofreció protección del Señor Tenebroso ofreciéndome un trabajo aquí como maestro de pociones.'

Dumbledore parecía más divertido por momentos. 'Debo admitir que nunca me pareciste del tipo docente.'

'Gracias,' dijo Severus, en cierto modo alegre de que al menos alguien fuera capaz de ver que cumplir el trabajo docente no era lo suyo. 'Pero la varita, estoy comenzando a ver una conexión.'

Dumbledore continuó siguiendo pacientemente a Severus por la habitación, que había comenzado a masajearse las sienes con el objetivo de pensar.

'Usted mencionó que la lealtad de la varita de saúco está con quien la gana, ¿correcto?' preguntó Severus.

'En efecto, lo está,' confirmó Dumbledore.

'¿El oponente necesita morir con el fin de que cambie la lealtad de la varita?' preguntó Severus, su mente acelerada mientras comenzaba a conectar más puntos.

'No es necesario,' dijo Dumbledore, 'y la razón por la que sé esto es porque vencí a Grindelwald, pero nunca lo maté. Hasta el día de hoy está cumpliendo su condena en Nurmengard.'

Los radares dentro de la mente de Severus comenzaron de repente a chasquear y dejó de pasearse por la habitación. Una amplia sonrisa empezó a formarse en su rostro, y por completo involuntariamente, comenzó a reír.

'Esto es genial,' dijo Severus emocionado. 'Esto es absolutamente genial.'

'¿Qué es eso tan genial, Severus?' preguntó Dumbledore.

'El estudiante de aquel momento que estaba destinado a matarlo fue incapaz de hacerlo,' recitó Severus. 'Sin embargo, sí que logró desarmarlo. Fue en aquel momento que el estudiante se convirtió en el nuevo amo de la Varita de Saúco, pero el Señor Tenebroso nunca se percató de esto. Creía que yo, ya que fui quien lo mató, era el nuevo amo de la varita, pero nunca lo fui. El Señor Tenebroso me mató en vano.'

Fue en ese momento, que Severus llegó a la comprensión de que cuando le pasó sus recuerdos al hijo de Lily, pudo haber una débil posibilidad de que hubiera sobrevivido después de todo. Si el Señor Tenebroso en efecto había empuñado la Varita de Saúco contra su hijo, puede que la varita no hubiera funcionado. Quizá la maldición incluso había rebotado…

'Pero esto es trágico, Severus,' dijo Dumbledore con preocupación, 'haber muerto sin razón.'

Severus sacudió la cabeza. 'No importa por qué morí. Lo que importa es que supone toda la diferencia del mundo. Si la Varita de Saúco no funcionó para el Señor Tenebroso, puede que el mundo mágico se haya salvado después de todo…'

Severus volvió a sentarse, sintiéndose mucho más determinado que antes. 'Mantenga esa varita a salvo,' dijo con un asentimiento en dirección a la varita de saúco, 'pase lo que pase.'

'Lo haré,' dijo Dumbledore. 'Sin embargo, aparte de la varita de saúco, ¿sigues dispuesto a ver el recuerdo que me ha dado el profesor Slughorn?'

'Lo estoy,' dijo Severus, ya mirando el pensadero.

De dentro de su bolsillo, Dumbledore sacó un vial de cristal y vació el contenido en el pensadero. El recuerdo resultó difícil de vaciar en el pensadero, y Severus tuvo la sensación de que el recuerdo podía haber sido alterado.

Con una zambullida, Severus buceó directamente en el recuerdo, cayendo hasta que sus pies aterrizaron justo frente a un Slughorn de aspecto mucho más joven.

Era un poco desconcertante ver a Slughorn con una cabeza llena de cabello espeso, brillante, entrecano, y con un bigote que combinaba con él.

Los pies de Slughorn estaban descansando sobre un puf de terciopelo, y estaba bien recostado en un cómodo sillón de orejas, una mano cogiendo una pequeña copa de vino, la otra buscando en una caja de piña confitada.

Severus y Dumbledore habían aterrizado en el despacho de Slughorn, rodeados por una docena de muchachos, todos adolescentes.

Riddle era fácil de reconocer entre los chicos, ya que era el más apuesto y aparentemente relajado del grupo. La mano derecha de Riddle estaba descansando en el brazo de su sillón, y ya llevaba el anillo dorado y negro que una vez había pertenecido a Marvolo. Severus comprendió que en este punto, ya había matado a su familia.

'Señor, ¿es verdad que el profesor Merrythought va a retirarse?' preguntó Riddle.

'Tom, Tom, si lo supiera, no te lo diría,' dijo Slughorn, arruinando ligeramente el efecto guiñando. 'Debo decir, me gustaría saber dónde obtuviste la información, muchacho; estás mejor informado que la mitad del personal.'

Riddle sonrió; los otros chicos rieron y le lanzaron miradas de admiración.

'Con tu misteriosa habilidad para saber cosas que no deberías, y tu adulación cuidadosa de la gente que importa–gracias por la piña, por cierto, tienes toda la razón, es mi favorita–'

Cuando varios de los chicos rieron disimuladamente, algo muy extraño sucedió. Toda la habitación se llenó de repente con una espesa niebla blanca, de modo que Severus sólo podía ver el rostro de Dumbledore que estaba parado a su lado.

'Así que Slughorn sí alteró el recuerdo,' dijo Severus para confirmar su propia sospecha.

De repente, la voz de Slughorn resonó entre la niebla, antinaturalmente fuerte: '–te equivocarás, muchacho, recuerda mis palabras.'

Tan rápido como había llegado, la niebla volvió a despejarse. 'Válgame Dios, ¿ya es tan tarde?' dijo Slughorn. 'Es mejor que vayáis marchándoos, muchachos, o todos nos meteremos en problemas. Lestrange, quiero su ensayo para mañana o hay detención. Lo mismo va por usted, Avery.'

Slughorn se levantó del sillón y llevó la copa de vino vacía a su escritorio mientras los chicos salían. Riddle, sin embargo, se quedó atrás.

'Mira bien, Tom,' dijo Slughorn. 'No quieres que te atrapen fuera de la cama a deshoras, y eres prefecto…'

'Señor, quería preguntarle algo,' dijo Riddle, ignorando la petición de Slughorn de que se marchara.

'Pregunta entonces, muchacho, pregunta…'

'Señor, me preguntaba si usted sabía acerca de… ¿acerca de los Horrocruxes?'

La niebla regresó, y entonces la voz de Slughorn volvió a retumbar como lo había hecho un momento antes. '¡No sé nada de los Horrocruxes y no te lo diría si lo supiera! ¡Ahora sal de aquí de una vez y no dejes que te atrape mencionándolos otra vez!'

'Eso sería todo,' dijo Dumbledore con serenidad. Segundos después Severus se encontró volviendo a caer en la alfombra ante el escritorio de Dumbledore.

'Como notaste,' dijo Dumbledore cuando volvió a sentarse tras su escritorio, 'el recuerdo, en efecto, ha sido alterado.'

'¿Qué son los Horrocruxes?' preguntó Severus. 'Le oí mencionar los Horrocruxes, así que deben ser algo importante.'

'Si lo supiera no consideraría este recuerdo tan importante como lo hago,' dijo Dumbledore mientras recogía el recuerdo de vuelta en su vial. 'Es obvio que el profesor Slughorn está avergonzado por lo que le dijo a Riddle en aquel momento. Qué le dijo a Riddle exactamente en aquel momento, sin embargo, supone toda la diferencia.'

'Aunque, ¿hay algún modo de que averigüemos qué es un Horrocrux sin la ayuda de Slughorn?' preguntó Severus. 'Si lo hacemos, puede que ya no tengamos que importunarlo al respecto.'

'Sea lo que sea un Horrocrux, Severus,' dijo Dumbledore con tristeza, 'dudo enormemente que sea algo que podamos averiguar simplemente investigando algunos libros en la sección prohibida de la biblioteca. Es oscuro. Mucho más oscuro de lo que la mayoría de nosotros puede concebir.'

'¿Hay algún modo de que podamos convencer al profesor Slughorn de que nos entregue el recuerdo real?' preguntó Severus. 'Seguramente debe comprender que la verdad sobre los Horrocruxes es más importante que su orgullo.'

'La vergüenza es una emoción muy poderosa, Severus,' dijo Dumbledore. 'Tratará de ocultar lo que le dijo a Riddle en aquel momento sin importar a dónde podría conducir la verdad.'

'Pero, ¿y si empleamos legeremancia con él?' sugirió Severus. '¿O Veritaserum? Tiene que haber un modo de obtener la verdad de él.'

'No olvides que el profesor Slughorn es un mago extremadamente capaz que estará esperando ambos,' dijo Dumbledore. 'Es tan consumado en Oclumancia como tú y yo, y me sorprendería que no haya llevado un antídoto del Veritaserum siempre consigo desde que lo coaccioné a entregarme esta parodia de recuerdo. Personalmente pienso que sería tonto intentar obtener la verdad de él por la fuerza, ya que podría hacer más mal que bien. No deseo que abandone Hogwarts después de todo.'

'Entonces, ¿cómo–?'

'–El cómo, es algo que quiero que averigües para mí,' interrumpió Dumbledore. 'El profesor Slughorn tiene sus debilidades, al igual que el resto de nosotros. Creo que puedes ser la persona que podría ser capaz de penetrar sus defensas.'

De algún modo, Severus dudaba enormemente eso, pero sabía que era mejor no discutir algo que Dumbledore estaba requiriendo que hiciera. 'Veré qué puedo hacer,' dijo no muy convincente.

'Entonces te deseo buena suerte con el resto de tus exámenes,' dijo Dumbledore de repente, 'y un buen día.'

Un poco cogido por sorpresa por la brusca despedida, Severus enseguida se puso en pie. 'Buen día, señor.'

Severus palmeó brevemente a Fawkes antes de cerrar la puerta tras de sí, su mente girando con pensamientos relativos a los Horrocruxes y la Varita de Saúco. Por ahora, todo lo que quería era regresar a Lily.

Lily, junto al resto de la Joven Orden, seguía en la biblioteca como esperaba. '¡Aquí estás, Sev!' dijo ella alegremente una vez se percató de que se aproximaba al grupo. 'Parece que por fin todos le cogieron el tranquillo a la Tercera Ley de Golpalott.'

Sin un momento de vacilación, Severus se sentó justo junto a Lily y le echó los brazos alrededor de la cintura, aspirando su aroma almizclado mientras enterraba el rostro en su cabello. Había un extraño consuelo en saber que su hijo, junto al resto del mundo mágico, podía haber sobrevivido después de todo.