El Punto de no Retorno

Una oscuridad se había proyectado dentro y alrededor de Hogwarts. La depresión y el pesar persistían en el aire, y no eran sólo los dementores quienes los causaban. Una división, extendiéndose más allá de la división de las cuatro casas, estaba gobernando entre sus muros. Una división que había llevado a la gente a escoger un lado u otro. El lado en que los licántropos merecían protección y un lugar en la sociedad, y el otro lado en que los licántropos no tenían derechos ni lugar dentro del mundo mágico. Estar en contra de los licántropos no estaba por completo infundado, ya que había quedado claro que algunos licántropos habían hecho su elección una vez habían atacado el Ministerio. Algunos nunca renegarían del bando del Señor Tenebroso, con o sin la Poción de Acónito.

Otro decreto más se había anunciado en cuanto Dumbledore y Umbridge habían regresado a Hogwarts. Esta vez, a los licántropos, estudiantes o maestros por igual, ya no se les permitía enseñar y aprender en Hogwarts, lo que significaba que sólo era para mejor que Remus hubiera huido a Londres.

Remus y Sirius habían enviado una carta anunciando su llegada a salvo y que el señor Mulpeper les había ofrecido trabajo a ambos tras la barra, lo que significaba que Sirius en efecto había decidido no regresar a Hogwarts. Habían requerido que la Joven Orden los visitara en la Casa Halfway después de año nuevo, ya que tenían que hacerse planes para cualquier preparación.

A Dumbledore le había dolido de corazón enterarse del modo en que Remus había tenido que abandonar el castillo, y había asumido la responsabilidad de hablar con Lyall y Hope a nivel personal del rumbo y resultado potencial de la vida de Remus.

Cuando Severus lo visitó en su despacho, se enteró de que Dumbledore no sólo había ido al Ministerio para enterarse de la situación de los licántropos, sino también de si se había ganado algún conocimiento sobre la desaparición de Newt Scamander. Un sentimiento de culpa lo cubrió cuando se enteró de que se conocía menos que nada del paradero de Scamander. Había estado tan pendiente de Lily, la Joven Orden, Remus, la Profecía y todo lo demás en medio, que casi había olvidado que Scamander seguía ahí afuera en alguna parte, lo más probable cautivo a manos de Mortífagos. El huevo del dragón Negro de las Hébridas en manos de alguien desconocido con malas intenciones. Le había dejado claro a Dumbledore que todos los miembros restantes de la Joven Orden no regresarían a Hogwarts después de Navidad. La mayoría de ellos tenían diecisiete o casi diecisiete a estas alturas, y la necesidad de prepararse para la guerra que estaba por venir sobrepasaba la necesidad de terminar sus E.X.T.A.S.I.s. Dumbledore, con gran tristeza, había comprendido a Severus y el resto de la Joven Orden más que nada cuando se trataba de hacer sacrificios por una causa mayor.

Quedaba mucho por discutir entre Dumbledore y Severus, pero todo tendría que esperar hasta que el ancla de Hogwarts no les pesara más.

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'Realmente no vamos a regresar a Hogwarts después de Navidad, ¿verdad?' dijo Lily. Estaban sentados en lo alto de la Torre de Astronomía, tarde por la noche, rodeados de llamitas que Lily había conjurado para calentarlos y protegerlos del duro viento invernal. Era la última noche antes de que tomaran el tren de regreso a Londres.

Considerando la historia que Severus compartía con Hogwarts, volverle la espalda al colegio no estaba pesándole ni de cerca como le pesaba a Lily, y comprensiblemente. 'Dudo enormemente que lo hagamos, si no jamás,' dijo.

Una leve sonrisa apareció en los labios de Lily. 'Voy a extrañarlo. Quiero decir, sólo–mira,' dijo con un movimiento del brazo, 'es todo lo que imaginaba que sería, y más. Me contaste todo sobre este castillo desde que teníamos nueve, y ni una sola palabra había sido mentira.'

Pensando en ello, quizá abandonar Hogwarts para siempre estaba pesando un poco en el corazón de él. 'Es el único lugar que consideré mi hogar durante tanto tiempo,' dijo Severus mientras comenzaba a adentrarse en los recuerdos. 'Tengo otro hogar ahora, contigo, pero Hogwarts fue el primero.'

'Recuerdo la primera vez que llegamos aquí como si fuera ayer,' dijo Lily, y su leve sonrisa había crecido a una amplia. 'Tomando el bote a través del lago con Hagrid… Derramé algunas lágrimas al ver todas esas luces llegando del castillo. Todo lo que me habías contado sobre la magia de repente coincidió, como piezas de un puzle colocándose en su lugar.'

'Recuerdo estar molesto cuando no fuiste seleccionada en Slytherin,' dijo Severus con un resoplido. 'Estuve decepcionado por eso durante mucho tiempo. Me decía a mí mismo que era mejor que estuvieras cerca de mí de modo que pudiera explicarte todo lo que no comprendieras; pero ahora sé que no era así. Te quería cerca de mí para no estar solo.'

Lily se apoyó en su hombro. '¿Te has sentido solo alguna vez, Sev?' le preguntó de manera seria.

'Creía que estaba solo todo el tiempo hasta el punto en que lo convertí en realidad,' dijo Severus. 'La sugestión tiene mucho poder.'

'Seguro que así es,' dijo Lily mientras envolvía los brazos a su alrededor. 'Estaba preguntándome algo.'

'¿Y qué estabas preguntándote?'

'La profecía,' dijo Lily. '¿Crees que el resto de la Joven Orden debería conocerla?'

Severus lo pensó prolongadamente. Había pensado en ello antes, e imaginó que ahora mismo no era el momento de exponer nada concerniente a la profecía todavía. Seguramente surgirían preguntas. Los cuatro grandes magos que desafiaron al tiempo… hablaba de Nicolás Flamel, que había inventado la Piedra Filosofal, pero para la mayoría era más un mito que una realidad. Nadie conocía realmente la existencia de la piedra con la excepción de unos pocos. El Señor Tenebroso se las había arreglado para desafiar a la muerte de uno u otro modo, pero el modo en que había alcanzado su inmortalidad todavía era desconocido. Luego estaba Dumbledore – y Grindelwald. Dumbledore estaba en posesión de dos de las Reliquias de la Muerte, pero nunca había ido tras ellas del modo en que lo había hecho Grindelwald. Hasta este momento todavía se desconocía de cuál de los dos magos hablaba la profecía… y luego estaba él mismo. Desafiando a la muerte al hacer la elección de regresar a la vida. Tres deben fracasar en realinearse antes de que llegue la oscuridad – las almas diseminadas por el tiempo. Sólo uno quedaría al final. Tal era su inevitable destino.

'Cuando el momento sea el adecuado,' respondió él. 'Cuatro grandes magos desafiaron al tiempo. Va a ser todo un desafío informar a cualquiera del cómo y por qué de todo ello.'

Lily levantó la mirada hacia él. 'Quizá Dumbledore podría hacerlo por ti,' dijo.

'Eso lo haría más fácil,' dijo Severus, 'pero creo que esto es algo que debo hacer cuando llegue ese momento. Hasta entonces, prefiero no concentrarme demasiado en ello.'

'Puedo entenderlo,' dijo Lily con un suspiro, y jugó ausente con las llamitas que estaban bailando a su alrededor. '¿Qué crees que va a ocurrir después de año nuevo?'

'Esperaremos hasta que ambos tengamos diecisiete, supongo,' dijo Severus encogiéndose de hombros. 'Hay muy poco que podamos hacer mientras tengamos la traza sobre nosotros.'

'¿Y después de eso?'

Severus le besó la coronilla. 'Lily,' dijo suavemente. '¿comprendes que tengo una tarea muy difícil por delante?'

'Soy consciente,' dijo Lily. 'No pasa un día en que no te mire y me pregunte cómo puedes mantenerte en pie, sabiendo lo que está a punto de llegar.'

'Sé que llegará un momento en que tendré que encontrarme con Grindelwald,' dijo Severus. 'No sé cómo o qué estaré buscando, pero sí sé que reunirme con Grindelwald es donde todo comienza.'

Lily lo liberó de su abrazo y se sentó frente a él, mirándolo directamente a los ojos. 'Quiero ir contigo,' dijo, más como afirmación que como pregunta. 'Cuando vayas a buscar a Grindelwald. Quiero estar allí cuando lo encuentres, y quiero estar allí cuando regresemos a casa. Quiero estar allí, a cada paso del camino.'

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'Imaginaba que regresarías en algún momento esta noche,' dijo Evan. Estaba sentado en el sofá en la sala común de Slytherin acompañado por Emma, que estaba leyendo un libro. '¿Todo bien entre tú y Lily?'

'Estamos bien,' dijo Severus mientras se sentaba en el sillón junto a ellos. 'Paseamos por el castillo un rato. Acabamos en lo alto de la Torre de Astronomía, y hablamos de todo lo que nos ha dado este lugar. Es extraño, no saber si volveremos a ver alguna vez este castillo.'

Emma había dejado su libro y asintió comprendiendo. 'Nosotros también paseamos por el castillo,' dijo. 'Hogwarts fue el primer lugar donde conseguí sentirme normal, como Lily. Últimamente ella y yo hemos hablado un montón acerca de ser hijas de Muggles.'

'Emma,' dijo Severus, teniendo curiosidad sobre algo. '¿Cuánto saben tus padres de la guerra?'

'Nada,' dijo Emma con toda naturalidad. 'Y prefiero mantenerlo así. Evan me sugirió que debería hablar con Dumbledore de ese asunto, así que lo hice. Después de año nuevo va a venir a visitarnos, y va a enviar lejos a mis padres durante una temporada; a Australia o Nueva Zelanda, preferiblemente. Todavía no he decidido adónde quiero ir a encontrarlos una vez termine la guerra, si lo hace jamás.'

Severus se dio cuenta de que Emma estaba poniéndose emotiva al pensarlo. Las lágrimas habían comenzado a brotar de sus ojos y se apoyó contra Evan, encontrando consuelo en su abrazo. 'Mejor me marcho,' dijo él con un asentimiento en dirección a Evan. 'Os veré a ambos mañana.'

Severus encontró a Paul acurrucado sobre su almohada cuando entró en el dormitorio Slytherin. Sus pertenencias estaban desperdigadas por todo el lugar. Comenzó a tirar todo lo que consideró innecesario. Botes de tinta. Plumas gastadas. Viejos diarios que contenían todos los reportajes sobre él y Remus. Entre toda su basura, encontró la medalla que había recibido cuando se convirtió en miembro de la Orden de Merlín, descartada como si no fuera nada.

Recordó el momento en que casi había recibido la medalla en su primera vida. Había capturado a Sirius, creyéndolo un asesino y la razón de la muerte de Lily. No le había importado mucho no recibir la medalla después de la fuga de Sirius, por las mismas razones que no le importaba realmente tenerla ahora. Inseguro de qué hacer con ella, la arrojó dentro de su baúl junto a sus túnicas escolares y sus libros del colegio. Lily todavía tenía su caja con todas las pociones que habían hecho durante los últimos meses, así que no tenía que preocuparse por eso. Encontró su bajo debajo de la cama. O en realidad, el bajo del colegio. Iba a tener que dejarlo atrás esta vez, sabiendo que nunca regresaría para volver a tocarlo. Abrió el estuche y punteó suavemente algunas cuerdas, pero imaginó que era demasiado entrada la noche para tocarlo adecuadamente una última vez. De mala gana, cerró la tapa del estuche y volvió a meterlo bajo la cama, dejándolo para que los elfos se encargaran de él.

Cogió su espejo de doble sentido de su mesilla de noche y le susurró, esperando que Lily fuera capaz de oírlo.

'Hola, Sev,' susurró Lily en respuesta. Estaba tumbada en su cama, hermosa. 'Tampoco puedes dormir, ¿verdad?'

'Simplemente imaginé que nunca podré volver a tocar mi bajo,' dijo él sombríamente. 'Acabo de limpiarlo todo. Libros que nunca volveré a usar. Túnicas que nunca volveré a ponerme. Ese tipo de cosas.'

Lily sonrió. 'Duele marcharse. Pero recuerda, Sev, esto no es el final.'

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N/A Era sólo una suposición que Severus estuviera amargado por perder la oportunidad de convertirse en miembro de la Orden de Merlín, y en consecuencia delatara a Remus por ser licántropo. Realmente me pregunto si denunció a Remus sólo por despecho, o porque ya sabía que el trabajo que tenía Remus estaba maldito y era mejor verlo irse por su propio pie que por una muerte misteriosa.