El Barco bajo el Lago

El sol estaba alto en el cielo para el momento en que Severus despertó. Un terrible dolor de cabeza atravesó su cráneo cuando intentó levantar la cabeza. El dolor comenzó a viajar de su cuello a su espina dorsal y en su piel. La sensación ardiente de tener la piel raspada a través del asfalto escoció como mil agujas pinchándole cuando trató de levantarse.

Le llevó un momento darse cuenta de lo que había sucedido. Había colisionado de cabeza contra el ciervo blanco, haciendo que volara a través de la carretera hasta que su cuerpo cayó. A juzgar por la altura del sol, debía haber estado yaciendo inconsciente en los arbustos durante horas.

Vio que su motocicleta se había estrellado contra un árbol más adelante. O más bien – se había enrollado por completo alrededor del árbol. Todas sus pertenencias estaban esparcidas por los arbustos detrás de ella.

Severus bajó la mirada al suelo donde había aterrizado. Estaba húmedo debajo de él de la sangre que había estado chorreando de un corte en el costado de su cabeza. Necesitaba conseguir díctamo, y rápido. Con toda la fuerza que pudo reunir, se arrastró hasta el bolso donde Lily había dejado sus provisiones de pociones, maldiciendo entre dientes cuando sintió cada movimiento como un cuchillo apuñalándole la cabeza.

Bendiciendo el talento de Lily para elaborar pociones y sus habilidades de preparación, Severus se sintió aliviado al encontrar varios viales más de díctamo almacenados dentro de la caja de pociones. Con todo el cuidado que pudo, se quitó su camiseta manchada de sangre y comenzó a mojar ligeramente con díctamo todos los raspones y arañazos en sus brazos y costillas, sintiendo una sensación de alivio instantánea cuando las heridas comenzaron a cerrarse por sí mismas.

El mayor alivio de todos llegó cuando aplicó el díctamo a lo largo del costado de su cabeza, liberándolo del peor dolor de cabeza que había experimentado jamás. Una vez estuvo seguro de que ya no estaba sangrando, se apoyó en un árbol y se levantó, sus piernas temblando mucho cuando intentó ponerse en pie.

Mientras Severus se sostenía en una rama del pino contra el que estaba apoyado, miró al otro lado de la carretera por donde había huido el ciervo blanco. '¿Qué demonios eres?' murmuró para sí mismo. Se le había ocurrido la idea de que fuera alguien en forma de Animago, pero que alguien tomara una forma tan rara sobrepasaba la probabilidad. El hecho de que el ciervo se hubiera metido delante de su moto a propósito y vivido para contarlo, hacía aún menos probable que fuera así.

Le llevó a Severus varios minutos antes de estar seguro de ser capaz de volver a caminar. Bajó la mirada a su motocicleta. Trozos y piezas de su moto estaban desperdigadas entre sus bolsos, y supo en su corazón de corazones que la magia no iba a ser capaz de salvarla. Una vez hubo recogido todas sus pertenencias, arrojó la ropa ensangrentada a un lado y se cambió al uniforme militar que el Sargento Rogers le había dado. 'Salvador Sánchez es,' dijo con un suspiro mientras bajaba la mirada a la etiqueta con el nombre.

Con su varita, encogió todas sus pertenencias al tamaño de tazas de té y se las metió en los bolsillos de sus pantalones de combate. 'Voy a extrañarte,' dijo con una última palmada contra el marco donde solía estar el neumático de su rueda delantera, y caminó hasta la carretera. Fue sólo entonces cuando se percató de que se había deslizado en dirección contraria. Había querido girar a la izquierda hacia el Attersee, pero en cambio ahora estaba parado en la carretera que llevaba al Traunsee.

La aparición del ciervo blanco no había sido una coincidencia, incluso si había tenido un alto coste. Con esa idea en la mente, comenzó a caminar, hasta que entró en un pueblo llamado Ebbensee.

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Severus recordó a la Veela mencionando algo sobre los restos de un antiguo campo de concentración al este, y parecía que había llegado al lugar correcto. Antes de que saliera a investigar lo que quiso decir precisamente con restos, sin embargo, entró en un pequeño café con la esperanza de encontrar algo de comida y un café.

Las pocas personas que estaban presentes miraban por encima del hombro de vez en cuando – sin duda a causa del uniforme americano que llevaba – pero nadie sintió la necesidad de acercarse a él y comenzar a cuestionar sus motivos, lo que hizo que se sintiera ligeramente más a gusto. Perdió el apetito en algún lugar a medio camino de su plato de semmeln y huevos y apuró su café de un solo trago. Se quedó sentado a la mesa un rato, mirando por la ventana que estaba orientada hacia el lago, perdido en sus pensamientos.

Ebbensee no tenía mucho que ofrecer aparte de algunas tiendas. El lugar podría considerarse bastante idílico, si no hubiera sido por el hecho de que había albergado y matado de hambre a miles de prisioneros Muggles durante la segunda guerra Muggle.

Severus siguió las señales junto a la carretera que conducía a la entrada del campo de concentración de Ebbensee. Un arco de piedra era todo lo que quedaba de la entrada. Las bisagras oxidadas a cada lado indicaban que la entrada una vez había tenido portón y estaba cerrada al mundo exterior. Las palabras que una vez adornaron el arco, habían sido borradas toscamente. A juzgar por los círculos vacíos a cada lado del arco, una vez había habido esvásticas grabadas en él.

Severus se acercó al lado izquierdo del arco, donde la forma invertida de una "L" era lo único que hacía evidente que en efecto una vez había sido una esvástica. Suavemente, la tocó con las yemas de los dedos, preguntándose cómo la humanidad se las había arreglado para volverse tan oscura.

Apresuradamente, Severus retiró los dedos cuando notó que la "L" había comenzado a moverse. El arco comenzó a sacudirse el polvo y los escombros que se habían acumulado a lo largo de los años, y se formaron líneas alrededor de la "L" hasta que se hubo transformado en una forma diferente.

'Las Reliquias de la Muerte,' murmuró Severus cuando el triángulo, círculo y línea en el centro se formaron en su lugar. Levantó la mirada a las palabras que se habían formado por encima de su cabeza. "Por el Bien Mayor" decía. 'Debería haberlo sabido.'

Caminó a través del arco, tomando un camino que se había formado al derrumbarse los túneles que ahora eran las tumbas de prisioneros que corrían por debajo. Siguió caminando hasta que llegó a la orilla del lado sur del Ebansee.

Allí, sobre la arena, miró todos los picos de montañas que rodeaban el lago, pero hasta ahora no había a la vista nada que se pareciera a un castillo o un fuerte. Avanzó unos pasos en la playa pedregosa; el agua balanceándose arriba y abajo contra sus botas militares.

Del interior de sus bolsillos sacó la caja de pociones de Lily y la agrandó a su tamaño normal. Desenvolvió las limosas Branquialgas que había encontrado en el estanque en los terrenos de la Madriguera y las sostuvo en la mano mientras volvía a meterse la caja en el bolsillo.

Todo este tiempo había estado mirando los picos de las montañas, sólo para llegar a la conclusión de que Dumbledore nunca mencionó nada de que Nurmengard estuviera en la cima de una montaña. En su propia mente, había imaginado que Nurmengard parecía una versión menor de Hogwarts, elevándose sobre un lago en toda su gloria. Sólo ahora, se dio cuenta, de que la respuesta tenía que yacer bajo la superficie.

Nunca antes había usado Branquialgas. Aunque esperaba que el sabor de las Branquialgas no fuera nada agradable, no estaba preparado del todo para el horror de ellas agitándose en el interior de su boca mientras trataba de tragarlas. La sal mezclada con el limo resbaladizo le hizo querer vomitar más que cualquier otra cosa jamás lo había hecho. Se pellizcó la nariz para evitar respirar y sintió las Branquialgas deslizándose – hebra a hebra – por su garganta. Le llevó un momento asegurarse de que su estómago no las rechazara, y sólo se sintió lo suficientemente cómodo para adentrarse en el lago cuando fue capaz de volver a respirar con normalidad.

Redes comenzaron a crecer entre sus dedos y se formaron branquias en los lados de su cuello, haciendo la respiración en el aire abierto mucho más difícil hasta que metió la cabeza bajo el agua.

Tuvo una visión clara de todo en el interior del lago. Bajó nadando hacia el fondo, sólo para darse cuenta de que de repente era capaz de nadar, y lo sintió sorprendentemente liberador.

En la distancia, pudo ver un grupo de sirenas llevando lobalugs, e imaginó que lo mejor era mantenerse lo más lejos posible de ellas. Las sirenas no fueron las únicas criaturas mágicas que encontró. También vio grindylows y murtlaps, plimpies y caballitos de mar voladores – todos ellos los había empleado a menudo como ingredientes en sus pociones.

Después de una media hora, algo extraño – y aun así curiosamente familiar, entró a la vista. Descansando encima de una roca, en el centro de una gigantesca burbuja de aire, había un barco. Sus negros mástiles estaban ondeando con la corriente de agua, y la luz de las velas relucía a través de sus ojos de buey como ojos fantasmales. Severus lo reconoció como el mismo barco en que los estudiantes de Durmstrang habían llegado al Torneo de los Tres Magos allá en mil novecientos noventa y cuatro.

Severus se acercó nadando a la parte delantera del barco, preguntándose si alguien estaba actualmente en cubierta. Con su varita pinchó la burbuja, con la esperanza de formar un agujero para nadar a través.

Una puerta en la parte delantera del barco se abrió, y salió un hombre que Severus reconoció como Newt Scamander. Severus hizo un gesto en su dirección, esperando llamar su atención.

Ahí estás!' dijo Scamander, su voz sonando amortiguada a través de la burbuja. 'Déjame ofrecerte la mano.'

Scamander extendió la mano directamente a través de la burbuja y tiró de Severus sobre la cubierta del barco. 'Estaba preguntándome cuándo aparecerías.'

Severus quería responder algo, pero ningún sonido salió de su boca. En cambio, comenzó a jadear por aire; los efectos de las Branquialgas todavía tenían que pasarse.

Enseguida, Scamander conjuró un cubo, lo llenó de agua y se lo entregó a Severus.

Severus metió la cabeza en el cubo, contento de ser capaz de volver a respirar. Se quedó allí varios minutos, esperando que el efecto de las Branquialgas se pasara mientras Scamander se ocupaba de poner una mesa y sillas en cubierta.

'Siempre un poco tramposas, las Branquialgas,' dijo Scamander cuando Severus dejó el cubo. 'Nunca sabes con seguridad cuando comienza a pasarse el efecto.

Severus se desplomó en la silla que Scamander había conjurado para él y le dio una buena mirada al escenario en que se encontraba de repente. 'Estaba esperando un fuerte,' dijo finalmente.

'Hay un fuerte,' dijo Scamander mientras se sentaba al otro lado de la mesa. 'Está al otro lado del barco.'

Había muchas preguntas girando en la mente de Severus, pero ninguna que fuera capaz de expresar en palabras.

'Debes estar exhausto,' dijo Scamander eventualmente.

'Lo estoy,' dijo Severus, sólo ahora percatándose de cuán exhausto estaba realmente.

'Me dijo Dumbledore que la señorita Evans iba a venir aquí también,' dijo Scamander.

'Ésa es una larga historia,' respondió Severus irritado. 'Preferiría no hablar de ello.'

Scamander asintió comprendiendo y cambió de tema. 'Sé que debes tener un montón de preguntas en la mente, Severus, pero, ¿cómo te sientes en cuanto a descansar primero?'

'Ahora mismo – daría cualquier cosa por una buena cama,' dijo Severus.

'Entonces continuaremos esta conversación mañana,' dijo Scamander. 'Por favor, sígueme dentro. Tengo varias habitaciones para que escojas.'

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N/A Los semmeln (plural) son un tipo de panecillos austríacos.

N/A Los lobalugs son criaturas acuáticas utilizadas por las sirenas como armas.