La Piedra en la Espada I

Severus esperó hasta que el colegio fue llamado a cenar en el Gran Comedor. Todo el día, la Joven Orden pasó su tiempo dentro de la Sala de Menesteres, enseñando cualquier cosa que los reclutas de Gilderoy todavía necesitaran aprender. Simplemente arañaban la superficie para el momento en que los estudiantes se habían marchado, dejándolos con la sensación de que, una vez llegaran los Mortífagos, las probabilidades estarían muy en su contra.

'Necesito salir, Lily,' dijo Severus. 'Necesito ir a visitar la tumba de Dumbledore.'

Lily le abarcó en rostro con las manos y lo besó. 'Ten cuidado ahí afuera,' dijo. 'Asegúrate de que tienes el Deluminador contigo.'

'Lo haré,' dijo Severus. Se echó por encima la Capa de Invisibilidad y se asomó por la rendija de la puerta para ver si había alguien merodeando por el pasillo. Una vez estuvo seguro de que el pasillo estaba desierto, se escabulló de la Sala.

Años de deslizarse sin un sonido por los largos corredores de Hogwarts estaban dando su fruto. Ni siquiera Peeves, a quien se había encontrado en algún lugar a lo largo de la gran escalera, lo notó escabulléndose cuando pasó.

Las puertas que conducían al Gran Comedor estaban abiertas. Severus pudo ver a todos los estudiantes sentados a las mesas de sus propias casas, como si la interacción entre las cuatro casas ya no estuviera permitida. A la mesa Slytherin encontró a Avery, charlando sin importarle el mundo. Por tentador que fuera atacarlo por la espalda, sabía que sólo causaría más problemas de los que esperaba. En la plataforma de los profesores también pudo ver a algunos de sus antiguos colegas, incluidos McGonagall y Slughorn, hablando en susurros.

Dolores Umbridge no estaba entre ellos, como era de esperar. Severus apartó la mirada del Gran Comedor y sin un sonido atravesó las grandes puertas de roble hacia los terrenos.

La charla del Gran Comedor quedó silenciada una vez Severus cerró las puertas tras de sí. Los terrenos cubiertos de nieve amortiguaban cualquier ruido en su entorno inmediato. Considerando las circunstancias, se sentía pacífico. Una suave brisa estaba soplando frescos copos de nieve fuera de curso, añadiéndolos a las ya grandes cantidades de nieve.

Podía verse un centelleo de luz en la linde del Bosque Prohibido. Severus supo que tenía que ser la lápida de Dumbledore junto a la tumba sin nombre de Grindelwald junto a él. Se encaminó despacio hacia allí, con cuidado de no dejar huellas.

El mármol blanco de la lápida relucía al sol poniente. La tumba de Grindelwald, aunque sin marcar con su nombre, se erigía en fuerte contraste con la de Dumbledore. Era negra como el carbón y se mezclaba bien con las sombras proyectadas por los árboles del bosque.

Justo encima de sus tumbas había una gran roca cerniéndose sobre las sepulturas. En lo alto de la roca estaba la Espada de Gryffindor, su hoja metida hasta la mitad a través de la roca. Severus sintió las comisuras de sus labios curvarse en una sonrisa.

Seguro de que estaba solo, Severus se quitó la Capa de Invisibilidad y sacó la Varita de Saúco de Dumbledore de su bolsillo. Le dio una buena mirada a la Espada, cerniéndose sobre él. El daño en la empuñadura de la Espada indicaba que había habido esfuerzos por intentar sacar la Espada de la roca – y sin éxito.

Con los dedos trazó los rubís de la empuñadura hasta que se detuvo de repente en la gema en el centro. El brillante rubí que una vez había sido la pieza central de la Espada ahora estaba reemplazado por una piedra negra. La que llevaba la marca de Grindelwald. 'Oculta a plena vista,' murmuró Severus para sí mismo. 'Brillante como siempre, Dumbledore.'

Con las uñas, Severus extrajo cuidadosamente la piedra de la Espada hasta que se aflojó. Con la Piedra fuertemente asegurada entre sus dedos, la dejó, junto a la Capa de Invisibilidad y la Varita de Saúco, sobre la tumba de Grindelwald.

'Un señor de la Muerte una vez más,' dijo Severus hacia donde supuso que tenía que estar la cabeza de Grindelwald. 'Entonces… ¿ahora qué, Gellert? ¿Se supone que debe ocurrir algo ahora que las tres Reliquias están juntas? ¿O en realidad no es nada más que un cuento mágico de un libro?'

Por un breve momento, nada ocurrió. Severus dejó escapar un suspiro, preguntándose qué hacer a continuación, cuando de repente notó leves grietas apareciendo en la tumba de Grindelwald. Con los ojos trazó las grietas, que estaban extendiéndose en forma de triángulo, hasta que se formó por completo la silueta del símbolo de las Reliquias de la Muerte.

Severus miró alrededor frenéticamente, como si en cierto modo esperara que una voz comenzara a resonar a través del aire.

'¿Y quién podrías ser tú, joven?'

Un escalofrío corrió por la espina dorsal de Severus. No había visto a nadie parado cerca, y aun así hubo en efecto una voz, tan cerca que pudo sentirla susurrándole al oído.

'¿Quién está hablando?' dijo Severus, todavía mirando alrededor. La figura blanca se mezclaba tan bien con la nieve de los terrenos que Severus apenas era capaz de verla. '¿Quién eres?' dijo, entrecerrando los ojos.

'Soy el que convocaste,' dijo el fantasma con tono misterioso.

'Aunque inintencionadamente, eso parece,' dijo Severus. El fantasma no le pareció un fantasma habitual que deambulara por el castillo. '¿Quién podrías ser tú?'

El fantasma frunció el ceño. 'Te pregunté –'

'Su nombre es Antioch,' dijo otra voz de repente desde atrás. 'Mi nombre es Cadmus, y éste es Ignotus. Somos hermanos.'

Ahora había tres fantasmas rodeando a Severus. 'Los hermanos Peverell, supongo,' dijo, mirando a los tres. 'Mi nombre es Severus.'

'¿Y qué es lo que buscas de nosotros, Severus?' preguntó Antioch estricto.

Ignotus le quitó importancia con un gesto. 'Oh, deja que el muchacho nos conozca primero,' dijo. 'Ha pasado mucho tiempo desde que nos hemos encontrado con otro brujo. Ha pasado más de una décadaaunque en realidad ha sido mucho más, ya que la última vez que fuimos convocados, resultó ser un Muggle. O un Squib. Todavía no estamos completamente seguros de ello.'

'¿Un Muggle?' preguntó Severus, curioso.

'Su nombre era Charles,' dijo Cadmus. 'Charles Dickens. Fue una Nochebuena cuando nos conoció. Nos llamó los fantasmas de las Navidades pasadas, presente y futuras.'

'Incluso escribió un libro sobre nosotros,' dijo Ignotus con una pizca de orgullo. 'Al igual que lo hizo Beedle, sólo que Beedle sabía lo que realmente éramos, por supuesto.'

'¿Se han encontrado alguna vez con Albus?' preguntó Severus.

'Sólo con Gellert,' dijo Antioch con un resoplido. 'Estuvimos esperando a Albus al otro lado del velo cuando tuvo juntas nuestras tres Reliquias. Decidió mantenerlas separadas, sin embargo.'

'¿El velo?'

'El velo que separa el mundo de los muertos del mundo de los vivos,' dijo Antioch con toda naturalidad.

'O un puente, si quieres,' añadió Cadmus.

'¿El puente sobre el que Beedle escribió?' preguntó Severus.

'El mismo,' confirmó Cadmus con un asentimiento. '¿Cuál podría ser el nombre de tu familia, joven Severus?'

Severus notó que Cadmus había tomado un interés particular en él. 'Snape,' dijo Severus reticente. '¿Qué es para ti?'

'Los descendientes de Ignotus tienen muchos nombres,' explicó Cadmus. 'Algunos son Gaunt. Otros se llaman Potter. Lo mismo se aplica a Antioch. Algunos Malfoy. Longbottom… Bones… pero no recuerdo a nadie en la familia llamado Snape.'

'Mi padre era Muggle,' explicó Severus. 'El nombre de mi madre era Prince.'

'Entonces eres uno de los míos, en efecto,' dijo Cadmus. 'Justo como sospechaba. Mira, tenemos la misma nariz.'

Severus lo había notado. 'Entonces puede que te complazca saber que mi hija no ha vivido el infortunio de heredarla.'

Cadmus soltó una risa entre dientes. 'Ciertamente me complace saberlo. Dime, Severus, ¿sabías que estuvimos esperándote una vez antes – al otro lado, eso es?'

Severus sacudió la cabeza. 'Morí antes – hace una vida, pero nunca me encontré con ninguno de vosotros.'

'Nunca cruzaste el puente por completo, ¿verdad?' preguntó Antioch.

'Escogí regresar,' dijo Severus, seguro de sus propias palabras.

'¿Y qué te hizo decidir escoger la vida, por encima de la paz eterna?' preguntó Cadmus.

Severus sintió las comisuras de sus labios curvarse en una sonrisa. 'Lo mismo que a ti, Cadmus. Por amor. Y al igual que tu amor, ella ya se había mudado a la otra orilla.' Los tres fantasmas se acercaron a él, curiosos por lo que tenía que decir a continuación. 'Pero a diferencia de ti, sabía que no lograría estar en la otra orilla con ella, tampoco. Así que tomé una decisión. Una decisión para terminar mi vida en la otra vida, ahogándome en el río bajo el puente – de modo que pudiera comenzar desde el principio.'

'Un hombre más sabio de lo que yo jamás seré,' dijo Cadmus orgulloso.

'Pero eso todavía no explica qué buscas de nosotros,' dijo Antioch.

'Oh, dale al joven algo de tiempo para contar su historia,' dijo Ignotus. 'Todos conocen la nuestra, pero apenas conocemos la de nadie más. Y las personas llegan con una gran historia.'

'Está bien, Ignotus,' dijo Severus. 'No hay nada que busque de ninguno de vosotros, excepto, quizá, una respuesta a lo que habría ocurrido – de haber cruzado el puente.'

'No podemos decirte lo que hay más allá,' dijo Ignotus, 'porque difiere para cada uno que ha cruzado el puente. Pero lo que puedo decirte, es que el puente sólo conoce una dirección – hacia delante.'

'Excepto cuando uno posee las tres Reliquias de la Muerte,' añadió Cadmus. 'Es la razón por la que llaman a cualquiera que las encuentra, Señor de la Muerte. Te permite no sólo moverte hacia delante, sino también hacia atrás. De ese modo, uno puede vivir para siempre, en el reino de los vivos – y de los muertos.'

'Están justo ahí contigo,' dijo Antioch. 'Justo ahí para que las cojas.'

Severus notó un leve cambio en las voces de los hermanos. Miró detrás de él las Reliquias de la Muerte, todavía descansando sobre la tumba de Grindelwald. 'Comprendo tu anhelo de poder, Antioch – y tu deseo de ser invisible para lo desconocido, Ignotus. Y tu razón para hacer que tus seres queridos regresen a ti, quizá lo que más, Cadmus – pero lamento informaros a todos de que no tengo interés en convertirme en un mensajero hacia y desde la otra vida.'

'Libéranos, por favor,' dijo Ignotus. Hubo un leve estremecimiento en su voz, y Severus se dio cuenta.

'Entonces quema el puente, si quieres,' dijo Cadmus.

'Déjanos marchar,' dijo Antioch, sonando un poco vacilante.

'Lo siento,' dijo Severus, 'pero esto necesita terminar de una vez por todas.'

Velozmente, Severus cogió la Varita de Saúco de la tumba y la levantó para que los tres fantasmas la vieran. Sin previo aviso, tiró con fuerza de cada extremo de la Varita hasta que la Varita se partió en dos. Una leve voluta de humo surgió de la varita. El núcleo de pelo de Thestral se deshizo en ceniza. El fantasma de Antioch se evaporó como gotitas de agua en el cielo, formando una capa de niebla encima de la nieve.

Severus arrojó la varita rota a un lado y cogió la Capa de Invisibilidad. 'Hazlo rápido, Severus,' dijo Ignotus. 'Por favor – deseo ser liberado de esta maldición.'

Con su propia varita, Severus prendió fuego a una esquina de la Capa. Pensó en James mientras observaba la tela convertirse en humo hasta que desapareció por completo, al igual que el fantasma de Ignotus.

'Una piedra es difícil de romper,' dijo Cadmus después de que Severus la cogiera. '¿Cómo planeas romperla para mí?'

Severus bajó la mirada a la Piedra descansando en la palma de su mano. 'Hay una última cosa que debo hacer, Cadmus, antes de encontrar un modo de destruirla.'

Cadmus asintió comprendiendo. 'Sólo prométeme, que encontrarás un modo de romper esta maldición de vida eterna también para mí.'

'Lo prometo,' dijo Severus.