Disclaimer. Los personajes no me pertenecen, pero la historia sí.

La noche de fin de año es una noche de alegría, fiesta, reuniones familiares o de amigos, donde la gente disfruta y es feliz. Bueno, todos menos yo.

Si, nos reunimos toda la familia para cenar y celebrar la cuenta atrás. Todos están contentos, se abrazan, se besan y yo me siento junto a mi perro Draco mientras les observamos. Me hace feliz verlos feliz, pero parece que nadie se da cuenta de mi cara de amargada. Y si se dan cuenta fingen no hacerlo. Y este año tiene pinta de que va a suceder lo mismo.

- Renesmee, despierta!

Miro a mi lado, donde está mi mejor amigo Seth, chasqueando los dedos frente a mi cara. Estamos en la cafetería que hay frente al trabajo. Solemos ir ahí a tomar un café cada día al terminar nuestra jornada.

- Estás en las nubes. – dice, sonriendo, bebiendo un trago de su café.

- Estaba pensando en la noche de fin de año y en lo que me espera. – murmuro a desgana.

- Pues te traigo la solución. – levanto la vista y le miro. Está sonriendo. – Ven a mi casa a cenar.

- Ya lo hemos hablado Seth. – cojo mi copa de vino y bebo un trago. Si, estoy en una cafetería bebiendo vino a las cinco de la tarde.

Conocí a Seth hace dos años, cuando comencé a trabajar en el bufete de abogados y nos hicimos muy amigos, pero hacía unos siete meses que me confesó que yo le gustaba. Lo hablamos, le dije que yo le quería, pero solo como amigo y pareció aceptarlo. Pero de vez en cuando me hacía alguna insinuación que, la verdad, me incomodaba un poco.

- No me refería a eso. – dijo, quitándome la copa de la mano. – Podemos llamar a algún amigo y cenar de tranquis.

- ¿De tranquis? – me rio de él. Siempre le digo que utiliza expresiones viejunas. – No sé, Seth. Ya te diré algo.

- Vale. – se conforma, aunque sabe que es una excusa. – Bueno, me voy. Quedan tres días para fin de año y voy a comprar la cena y las bebidas.

Asiento con la cabeza, recupero mi copa de vino y me pongo a mirar mi móvil, que acaba de sonar. Es una alerta de una app de ligar a la que estoy suscrita. Si, tengo 30 años y busco lío por una app. Tampoco hago mucho caso a los chicos que me hablan, no me gustan, pero me entretengo mirando las fotos. ¡Y MENUDA FOTO!

Acabo de ver la foto del chico que le ha dado me gusta a mi foto. Es espectacular. Alto, moreno, musculado, ojos castaños, labios carnosos… Buff.

¿Le hablo o no le hablo?

Voy a hablarle cuando algo hace que me detenga. ¿Qué estoy haciendo? ¿Voy a hablarle a un chico solo por que es guapo? ¿Qué hago yo en esta app?

De repente, el móvil pita de nuevo. ¡El chico guapo me ha saludado! ¿Qué hago? ¿Le respondo? ¡Qué nervios!

Me pongo tan nerviosa que no atino para escribir ni un simple hola, así que guardo el móvil en el bolso y me marcho a casa. Ya le responderé allí cuando me serene un poco.

Vuelvo a casa paseando, pensando en Seth y en lo que me dijo cuando se me declaró. Es un chico guapo, amable, cariñoso, trabajador, buen amigo… ¿por qué no me gusta Seth? Si es lo que toda mujer busca en la vida. ¿Qué es lo que me pasa?

Al llegar a casa, saludo con cariño a Draco, que viene a recibirme a la puerta. Le abrazo, le beso y le achucho esos mofletes tan bonitos que tiene, mientras mi móvil suena de nuevo.

Es mi primo Emmett. Bueno, primo del todo no es. Es el hijo del marido de mi tía. Llamémosle primastro. Me pregunta si estoy en casa y en cuanto le respondo que sí, suena el timbre de mi piso. Abro y tengo que reunir todas mis fuerzas para no caer al suelo, por la fuerza de su abrazo. ¿Qué le pasa a este? Emmett y yo nos parecemos mucho, no somos propenso a abrazar ni besar a los demás, excepto cuando estamos sensibles o no estamos bien. Por ello me preocupo cuando aprieta aún más su abrazo.

- Emmett, ¿qué pasa? – digo, cerrando la puerta con el pie, ya que no puedo mover ni una mano. Respondo a su abrazo como puedo y entonces le oigo llorar. Me pongo muy nerviosa. Emmett es el típico chico de gimnasio y, aunque sé que es muy sensible, sorprende verle así. – Me estás asustando.

- James me ha dejado. – solloza.

James es el último novio de Emmett. Llevaban ocho meses juntos y se les veía muy bien, por lo que me sorprende que ya no estén juntos.

Como puedo, llevo a Emmett al sofá y nos sentamos juntos. Draco viene a darle mimos a Emmett y este se abraza al perro, que le da todos los cariñitos que necesita en esos momentos. Aprovecho ese momento para ir a la nevera a por una botella de vino. Emmett la necesita.

Desde que mi tía se casó con su padre y nos conocimos, hace ya cuatro años, nos hicimos muy amigos. Habíamos tonteado en alguna ocasión, pero la cosa no había ido a más. Si, pensareis que estoy loca porque acabo de decir que Emmett había estado saliendo con un chico. Amigos, eso se llama bisexualidad. Bienvenidos al siglo XXI.

Sirvo dos copas de vino y dejo una delante de Emmett, que la coje al instante y se la bebe de un solo trago. Rellena la copa y me mira, aun con los ojos llorosos.

- ¿Quieres acostarte conmigo? – dice de repente, haciendo que me atragante con el vino y me de un ataque de tos. – Perdona.

- A ver, a ver… - consigo serenarme y dejo la copa en la mesa. – Estás triste, dolido… Esos sentimientos no van a desaparecer solo porque nos acostemos juntos. – digo, a pesar de que Emmett está muy bueno y… que narices. Le arrancaría la ropa ahí mismo.

- Ya lo sé… Pero nos lo pasaríamos bien. – dice, bebiendo otro trago de vino, ya con menos ansia que antes.

- ¿Quieres contarme lo que ha pasado? – niega con la cabeza, pero, tras abrir la segunda botella de vino, comienza a hablar.

Al parecer, James, el que parecía tan buen chico, tenía otra relación. No le iba bien con su chico así que comenzó a salir con Emmett, al que había conocido en el gimnasio, pero cuando las cosas se arreglaron con su novio, no dudó en dejar tirado a Emmett. Ya no le servía para nada.

Abrazo de nuevo a mi amigo, que había vuelto a llorar y, de repente, sin que me de cuenta de como ha pasado, nos estamos besando en el sofá. Le quito la camisera y hago aquello que llevo cuatro años deseando, desde que le vi haciendo deporte en el jardín de casa de mi tía. Bueno, su casa.

Me siento a horcajadas sobre él y comienzo a besar su cuello. Somos humanos, estamos borrachos y nos atraemos y, como realmente, no somos familia de sangre, no pasa nada porque hagamos aquello.

- ¿Lo haces como un favor hacia mí o porque te apetece? – dice en el momento en que estoy desabrochando su pantalón.

- Favor ninguno. – digo, mirándole a los ojos. - ¿No quieres hacerlo?

- Si, llevo cuatro años deseando hacerlo, pero no se…

Llevo mis manos a sus hombros y sigo mirándole a los ojos. Emmett sonríe con ternura, con los ojos enrojecidos y le beso de nuevo, con ternura, pero acabamos pronto con el beso. Sonreímos y seguimos bebiendo, aunque no me quito de encima de él. Sabemos que esa tarde no va a pasar nada entre nosotros y charlamos y bebemos como los buenos amigos que somos.

Emmett se queda esa noche a dormir, después de cenar un par de pizzas, bebernos otra botella de vino y quejarnos de los hombres. Solo tengo una cama así que dormimos juntos, pero sin que pase nada más. Se pone uno de mis pijamas, lo cual es muy gracioso, ya que le queda bastante apretado y dormimos abrazados, con Draco durmiendo a nuestros pies.

Por la mañana me despierto y miro mi móvil. Tengo una notificación de la aplicación de ligue. Me han hablado. Es el mismo chico que me saludó ayer. ¡Se me había olvidado responderle! El pobre chico me saluda de nuevo. Las manos me tiemblan de nuevo, lo cual no entiendo, ya que no le conozco de nada, pero fue ver sus ojos y sentir algo removerse en mi interior.

- ¿Y ese tío bueno? – pregunta Emmett, chafardeando mi móvil. - ¿No vas a saludarle?

- Es lo que iba a hacer, cotilla. – me alejo de él y mientras comienza a preparar el desayuno, le respondo.

A partir de ese momento, me paso tres días pegada al móvil. Hablo con J (Si, no sé su nombre, pero él me llama R, así que es mutuo) de 35 años a todas horas. Hemos conectado de una forma impresionante. Me siento tan cómoda hablando con él que, sin poder controlar lo que hacen mis dedos, le envío un mensaje invitándole a la cena que preparará Seth la noche siguiente, la noche de fin de año, en el que incluyo su dirección. El plan final de Seth es hacer una cena y fiesta posterior en su casa, que es enorme.

J no me responde en ese momento y yo maldigo. Pero no por no obtener respuesta sino por haberle hecho esa propuesta. ¿Cómo se me ocurre? Hace tres días que medio le conozco y le estoy invitando a un plan entre amigos. ¡¿Estoy chiflada o qué me pasa?!

J sigue sin responder a la mañana siguiente y me doy cuenta de que le he asustado. Decido no decirle nada más y llamo a Seth para decirle que si iré. Necesito distraerme y sé que en mi casa terminaré amargada.

Me arrepiento de haberle dicho que si a Seth pero, al llegar las cuatro de la tarde, me visto con un unos simples vaqueros y un jersey bien calentito. Me miro al espejo, pero no me apetece nada peinarme. Miro a Draco, que me observa atentamente. Cojo un par de gomas y recojo mi larga melena (me llega hasta la cintura) en dos trenzas.

Al llegar a casa de Seth este se me queda mirando como si fuera una marciana.

- ¿Vas a salir a pasear a tu perro? – dice, mirándome de arriba abajo. Está claro que esperaba que iba a ir más elegante.

- ¿Vengo a cenar o a una boda? – digo, haciéndole reír. Me quito el gorro y el abrigo y lo dejo sobre el sofá de la salita en la que tiene su video consola y el ordenador.

Seth me acompaña al comedor, donde ya hay unas veinte personas tomando una copa y charlando. Les saludo a todos con la mano y voy hacia la cocina, donde me agencio una botella de vino blanco solo para mí. Allí me sirvo una copa, pero pronto comienzo a beber directamente con la botella.

¿Qué hago aquí? ¿Se habrá asustado Jacob por mi invitación? Pues claro que se ha asustado. Debe de pensar que se me ha ido la olla.

Al terminar la botella de vino me veo obligada a ir al comedor con todos los demás, ya que en la nevera ya no queda más alcohol. Me siento al lado de la hermana de Seth, Leah, y su novio, Sam. Los dos son muy simpáticos, y vale, reconozco que me lo estoy pasando bien, pero me doy cuenta de que no soy capaz de dejar de mirar mi móvil por si J me ha dicho algo, pero no es así. Está completamente desaparecido y desde ya decido que nunca más voy a utilizar esa app.

Una vez terminada la cena en la que, reconozco, logro divertirme, vamos al salón, donde Seth ya lo ha preparado todo para la fiesta. Intento relacionarme con la gente, los cuales son todos muy majos y alegres y, una media hora antes de las doce, cuando veo que las parejitas se juntan, preparados para besarse al dar la media noche, cojo la primera botella que pillo, me pongo mi abrigo y mi gorro y salgo al jardín, donde hay una caseta con un sofá arrán de suelo que tiene pinta de ser muy cómodo. Me acomodo allí y comienzo a beber traguitos de lo que pronto descubro que es vodka.

- Perdona. ¿Esta es la casa de un tal Seth? – miro hacia la puerta de la caseta y me encuentro con una gran figura, aunque no logro verle la cara, ya que va muy abrigado. Asiento con la cabeza, ya que me ha pillado bebiendo. – Menos mal. Llevo como tres horas por la ciudad y no la encontraba.

- ¿Y eso?

- Me invitaron a la cena, pero se me cayó el móvil al suelo y cuando al fin he conseguido que me lo arreglaran, he visto que he perdido todas las conversaciones y no he podido comprobar la dirección.

- Vaya putada. – digo, bebiendo de otro trago.

- La fiesta es aquí? – dice, cachondeándose de mí.

- Bueno, hay dos fiestas paralelas. – digo, siguiéndole el juego. – La de la casa grande, con todas esas personas, y la que me ofrece este. – digo, mostrándole la botella.

- Tal vez pueda estar primero en esta fiesta y después en la otra. – dice, haciéndome sonreír. Asiento con la cabeza y entra en la caseta. Se sienta en el otro sofá/colchón que hay al lado del mío. – Gracias.

- ¿Quién te ha invitado a la fiesta?

- No sé su nombre, la verdad.

Estoy bebiendo de nuevo cuando el chico se quita el gorro y la bufanda, que le cubría medio rostro y puedo ver con claridad esos preciosos ojos oscuros y su hipnotizadora sonrisa. Me atraganto al reconocerle de las fotos de la app de ligoteo. Él se asusta cuando ve que me voy a ahogar, pero, por suerte, se me pasa pronto. Me quito el pañuelo que rodea mi cuello, hay que de repente siento que me asfixia y veo como se le abren los ojos de forma desmesurada. Sin decir nada, se acerca a mi y me quita el gorro. De repente, su rostro pasa de la confusión a la ¿alegría?

- R?

- Es Renesmee, en realidad. – digo, sin dejar de poder mirar esos ojos que me tienen cautivada desde hace cuatro días.

- Yo soy Jacob. – dice, sonriendo. Como siga sonriendo así me voy a desmayar. – Siento no haberte podido responder. Mi móvil se rompió y no me acordaba del todo de la dirección.

- Pensaba que te había asustado. – reconozco, bebiendo otro largo trago de vodka.

- Al principio me impactó, pero me hizo mucha ilusión que pensaras en mí. – sonríe de nuevo. Coge la botella de mi mano y bebe un trago. – No suelo beber, pero si lo hago, esto es lo que me gusta. – dice, haciéndome reír. Yo también soy de vodka. - ¿Y que haces aquí fuera, con el frío que hace?

- Estaba agobiada. – me limito a decir. No le voy a decir que estaba agobiada porque pensaba que le había ahuyentado. – Y me encanta esta caseta.

- La verdad es que aquí se está muy a gusto. ¿Puedo? – dice, haciendo un gesto con la cabeza al hueco que hay libre a mi lado. Asiento con la cabeza. Me encanta que me haya pedido permiso y que no se haya tomado libertades. – Me cabreé mucho cuando no pude contactar contigo. – dice, al tiempo que se sienta a mi lado. – No quiero que pienses que te estaba ignorando.

- No lo pienso. – Jacob me mira sin creerse mis palabras. – Ahora no lo pienso. – Sonríe, haciendo que me deshaga por dentro. Por Dios, esa sonrisa descongela cualquier iceberg.

- Es normal que lo pensaras. Estábamos hablando súper bien, me mandas esa invitación que me alegró el día y aparece el loco de mi sobrino, se me tira encima y hace que el móvil se me caiga de las manos. Casi lo mato. Luego recordé que podría ir a la cárcel. Quiero decir, que le quiero. – suelto una carcajada y sin querer, pero queriendo, apoyo mi cabeza en su hombro. – Siento que creyeras que te estaba ignorando.

- No pasa nada. Has venido.

No dice nada, pero noto como pasa un brazo por encima de mis hombros y me estrecha entre sus brazos. A pesar de que nos conocemos vía móvil de solo cuatro días, no encuentro extraña esa situación. Me siento muy a gusto, como si nos conociéramos de hace años.

De repente se oyen gritos desde dentro de la casa. Parece que ya son casi las doce. Le oímos gritar la cuenta atrás y cuando dan las doce, sin previo aviso, Jacob y yo nos miramos y nos damos un corto pero dulce e intenso beso en los labios.

- Feliz año nuevo. – susurra, mirándome fijamente a los ojos.

Sonrío y le doy otro breve beso antes de acurrucarme de nuevo entre sus brazos que es, desde ya, mi lugar favorito en el mundo.

¡Hola de nuevo!

Estos días ando inspirada pero no para hacer una historia larga, así que cosa que me venga a la mente, cosa que escribo y cuelgo.

Espero que os haya gustado.

Besitos.

Pd: recordad que soy en tiktok y livia Scofield en isntagram