Sábado 2 de mayo, 1998
"Más allá de las ideas del bien y el mal, hay un campo.
Me encontraré contigo allí.
Cuando el alma yace en esa hierba,
el mundo está demasiado lleno para hablar."
- Rumi
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Severus estaba apoyado contra la tumba de Perenelle, acompañado por Paul y Leo junto a sus pies. Tenía las manos cerradas alrededor del Pensadero. Era una tranquila y hermosa noche de primavera. La luna y estrellas podían verse en el claro cielo nocturno. Una cálida brisa susurraba en las jóvenes hojas de los árboles, y el sonido del río corriendo hacía que todo se sintiera sereno.
Sirius, Fleamont y Damocles acababan de abandonar la casa, hablando de negocios con él y Lily como de costumbre. La Fábrica de Pociones El Martín Pescador había logrado construirse una reputación a lo largo de los años de su existencia. Aunque no la mayor suministradora de Pociones a la larga, vendían en toda Gran Bretaña y más allá, proporcionando a la familia más que lo suficiente para vivir cómodamente.
'Sev, ¿qué estás haciendo aquí afuera?' preguntó Lily mientras se acercaba a él.
Severus levantó la mirada hacia Lily, y sonrió. 'A través de la confusión de la vida, de algún modo olvidé que hoy marca un día muy especial para mí.'
Lily se sentó en la hierba a su lado y miró el Pensadero que Severus estaba sosteniendo. '¿Por qué tengo la sensación de que debería saber qué día especial es?'
'Deberías,' bromeó Severus, 'pero te perdono. Hoy es dos de mayo, del año mil novecientos noventa y ocho. Fue el día de mi muerte en mi vida anterior.'
'Wow,' dijo Lily, 'ése es un día muy especial, en efecto. '¿Qué ha cambiado?'
Severus pensó mucho en su pregunta. 'Más canas,' respondió por fin. 'Nunca tuve ninguna cana, pero ahora las tengo, y las atribuiré y echaré la culpa a mi esposa y tres hijos, ya que nunca los tuve en mi vida anterior.'
Lily hizo un ruido que sonó a una mezcla entre una risa entre dientes y un resoplido. '¿Quién habría pensado que mantener una familia es más duro que espiar y mentir a Voldemort? Pero, Sev,' dijo en un tono más serio, '¿cómo te sientes?'
'Un poco extraño,' dijo Severus encogiéndose de hombros. 'Durante años, a pesar de que todo es diferente esta vez, en cierto modo siempre sentía que sabía lo que estaba a punto de llegar. Pero desde este día en adelante, no puede haber más predicciones y expectativas a las que agarrarse. No sé lo que va a suceder desde aquí.'
Lily envolvió un brazo alrededor de sus hombros. 'Está abierto,' dijo mientras le plantaba un beso en la mejilla. '¿Por qué sacaste el Pensadero?'
'Quería mirar los recuerdos de mi antigua vida una última vez,' dijo Severus. 'Y después de eso, planeo liberarlos – para siempre.'
'Creo que es muy sabio por tu parte, Sev,' dijo Lily. '¿Dónde planeas liberar tus recuerdos?'
'No lo he decidido,' dijo Severus. '¿Quieres pasear por mis recuerdos conmigo?'
'Aprecio la oferta,' dijo Lily, 'pero creo que es algo que tienes que hacer por tu cuenta. Sólo puedes dejarlo marchar – por ti mismo. Voy a volver adentro, preparar un té, y luego te hornearé un pastel de modo que podamos celebrar el día de tu muerte.'
'Gracias,' dijo Severus. Observó a Lily regresar dentro de la casa y volvió su atención al Pensadero una vez cerró la puerta tras de sí. Uno por uno, sacó los recuerdos de su primera vida de su mente y los puso en el centro del plato. Una vez estuvo seguro de que no quedaban más recuerdos, hizo girar los recuerdos con la punta de su varita. Imagen tras imagen flotaron en la superficie. La primera vez que vio a Harry Potter, de él impartiendo lecciones de Pociones, de llorar dentro del antiguo dormitorio de Sirius en Grimmauld Place, de observar a Dumbledore desplomarse desde lo alto de la Torre de Astronomía. Ser mordido por Nagini dentro de la Casa de los Gritos, sin querer ser salvado.
Miró todas las imágenes que surgían y volvían a desaparecer bajo la superficie. Una sonrisa maliciosa se formó en su rostro, habiendo decidido qué hacer con ello. Con un dedo inclinó el Pensadero, haciendo que la sustancia blanco-plateada se derramara sobre el borde del plato. Un rastro de recuerdos viajó hasta la orilla de la ribera. Uno por uno, los recuerdos gotearon en el agua. Una vez el último recuerdo hubo abandonado el Pensadero, se reunieron juntos, tomando la forma de un pececillo dorado, viviendo libre en el río. Era hora de dejarlo marchar.
