EL CAMINO DEL SHINOBI –parte 3

Hacía ya unos meses que tenía que estar conviviendo con esos malditos cachorros pequeños, molestos y llorones, impertinentes cada vez que tenían hambre o se habían ensuciado los pañales y un preadolescente bastante maduro, pero que no dejaba de ser una cría. Y todo porque su hermano lo había decidido así, sin consultarle nada… ¡Joder! Gruñó en frustración y cabreado.

Su primer pensamiento cuando le dijeron que ahora esos tres cachorros vivirían con ellos había sido el deseo de alejarse, pero eso habría sido un comportamiento indigno por su parte y además, Madara lo había ordenado y era su líder, tanto en el clan Uchiha como en esa mierda aldea. Pero… Que hubiera aceptado y acatado la orden de su hermano de que esos críos estuvieran en la misma casa que ellos, no significaba que eso le gustase y así lo había demostrado durante todos esos cuatro meses de "convivencia" en los que se había dedicado a ignorar la presencia de esos cachorros mostrándose distante y frío. La verdad es que ni se los miraba, actuando como sino existieran para él.

Sus hábitos habían cambiado desde que esos mocosos estaban en casa, su casa, su territorio. Algo que sentía una invasión de su terreno, ya ni en casa podía sentirse bien y a gusto. Ahora por ejemplo, se levantaba muy temprano para no tener que verlos, ni oírlos, ni olerlos. Ni siquiera salía por la puerta de la casa. Sino que se lavaba, se vestía y escapaba por su ventana cuando aun no había despuntado el día. Desayunaba en cualquier puesto de comida de la aldea, aunque era algo que no le gustaba mucho o sino se iba a cazar, que era algo que le gustaba hacer y le relajaba. Después de comer se iba a realizar sus funciones como secretario y mano derecha del Hokage. Seguramente los ninjas que iban por la torre Hokage debían pensar que le encantaba su trabajo al verle hacer tantas horas, porque si, también era el último en irse hacia casa. Y si podía evitarlo ni siquiera se marchaba a casa alegando que tenía mucho por hacer… Si en realidad supieran que odiaba su trabajo, esa maldita aldea y todo lo que representaba, pero es que aun soportaba menos esos cachorros berreando en su espacio. Ah no, que ahora su espacio personal era su cuarto y esa maldita oficina… Siseó frustrado por verse recluido en esos dos lugares tan pequeños.

Se sentía enclaustrado, encerrado, cabreado, ofendido, y atacado, por no hablar del cansancio de dormir tan poco y mal; y todo por unas crías y la decisión de su hermano sin preguntarle antes. Como si no hubieran amas de cría, familias de acogida u orfanatos en esa maldita aldea de mierda. Respiró en profundidad intentando pasar esa ira burbujeante, pero la misma frustración le hacía sentir que el aire estaba enviciado y le causaba molestias el entrar el aire correctamente en sus pulmones. Se levantó con ímpetu y empezó a andar con pasos rígidos hacía las escaleras rumbo a la azotea, a ver si así conseguía hacer entrar más oxigeno en su sistema respiratorio. Sus puños estaban apretados y su mandíbula tan tensa que le dolían los músculos maxilofaciales, sus dientes rechinaban por tanta presión ejercida.

–Izuna-chan, incluso con esa rabia recorriéndote estás bello.– Le espetó un anbu, que en teoría era el encargado de proteger al Hokage, cuando se cruzaron.

Ese anbu siempre que estaba por la torre se pavoneaba delante suyo y le soltaba proposiciones indecorosas y sexuales que le daban demasiado asco. Le soltó un bufido para conseguir que no le dirigiera la palabra y si podía ser, que ni le mirase como siempre hacía... Como si fuera su próxima comida o un simple objeto a usar. Iba a seguir andando, pero el otro le agarró de la mano con fuerza y le detuvo.

– No me ignores patético secretario, tienes muchos humos para no ver quien soy y lo que te pierdes al no aceptarme en tu lecho… Tú, un insignificante beta. Podrías tenerme y disfrutar de todo lo que puedo darte, pero te crees demasiado o quizás te piensas intocable porque tu hermano es el Hokage. ¿Es eso putita? ¿Sabes que Madara no podrá protegerte si deseo hacerte algo? Podría agarrarte ahora mismo y arrastrarte hacia los baños y abrirte ese culo estrecho que tienes, maldito frígido de mierda. Una buena follada es lo que necesita un beta como tú que tiene demasiados humos.– Le susurró en el oído para que nadie más lo oyera.

Gruñendo, cabreándose más por esas miserables y asquerosas palabras, golpeó al shinobi con saña y virulencia, dejándolo postrado tras los numerosos, demoledores y veloces golpes, volvió a acercarse con su sharingan brillando peligrosamente y le retorció la mano con la que le había estado sujetando anteriormente.

–No-me-toques-nunca-más…– Y con un último giró de muñeca se escuchó un crack, haciendo sonreír cínicamente al pequeño Uchiha.–O te mataré. Y verás quien es el que…

–¡Izuna, basta! – Por suerte para ese anbu, el líder del clan Otsutsuki había llegado para ver a su amigo Madara, encontrándose con ese panorama donde nadie se había atrevido a intervenir.

Izuna se había detenido, pero aun tenía su ceño fruncido en rabia y sus dientes se mostraban, su postura seguía siendo de ataque y dispuesto a terminar con esa escoria. Le observó bien, detallando también la palidez del semblante, más de lo normal y las oscuras y marcadas ojeras que mostraba bajo sus ojos. También parecía más delgado que habitualmente. Suspiró, era tan malditamente terco.

–No es bueno lo que te estás haciendo… Tienes que relajarte, comer, descansar y dormir. Sino quieres ir a tu hogar, tengo sitio de sobra en mi casa. –El ceño de Izuna se acentuó y ahora la mirada de rabia era dirigida a él.– ¡O a un hotel o... donde quieras, maldita sea! Ahora no estaba insinuando nada para que te pongas así… Si, me interesas, es cierto, pero juro que esto es preocupación hacía ti.

–Métetela por donde te quepa.– Gruñó hosco, mientras soltaba por fin a ese idiota que le había provocado con sus repugnantes palabras y acciones.

Le empujó al pasar por su lado y continuar su camino, ignorando a todos los que habían contemplado con miedo, su agresividad hacía el alfa anbu y sus respuestas irrespetuosas ante alguien de tan alto estatus en Konoha como era el líder Otsutsuki.

Una mueca se formó en su rostro ante esa respuesta y el empujón propinado por el Uchiha. Le vio partir escaleras arriba con esos pasos fuertes y donde se notaba su ira. Suspiró. Si esto seguía así podía terminar muy mal. Izuna era muy, muy terco y estando tan cabreado y con esa falta de sueño y ese malestar que le debía recorrer el cuerpo por culpa de ese collar, incluyendo ahora lo de los cachorros, a los que no estaba aceptando ni tolerando… Eso definitivamente terminaría en desastre. Izuna podría morir o enloquecer y matar al primero que se le cruzara por delante o le molestara, lo que a su vez causaría su muerte; no podían tolerar en Konoha alguien que había enloquecido y que era tan peligroso.

Eso de llevarle esos cachorros huérfanos, había sido otra mala idea para conseguir que se quitara ese maldito collar que le estaba matando cada día que pasaba y lo llevaba puesto. Se arrepentía de habérselo dado… Podrían haber tomado otros caminos; como dejar que su celo llegara y antes de que Tajima lo entregara a algún alfa de un clan "interesante" como moneda de cambio para conseguir el apoyo y poder que ansiaba, haberle raptado él con la ayuda de Madara y haberle marcado. Una vez marcado, Tajima no hubiera podido hacer nada en contra de esa unión, e Izuna no estaría en esa maldita situación. Sería un omega enlazado que tendría cierta libertad que él le habría dado al ser el pequeño Uchiha su hembra. Negó afligido y preocupado.

Miró al herido anbu con desprecio, si por él fuera le dejaba muriéndose allí en medio, le había visto despreciando a Izuna por creerle un simple secretario. Ese maldito era de esos que creían que eran superiores y que podían tener lo que quisieran aunque fuera a la fuerza. Lo sabía porque él antes había sido igual, antes de que ese mismo Uchiha que ahora le preocupaba tanto, le bajara los humos al matar a sus amigos con asombrosa facilidad. Ese anbu actuaba de esa forma y a la vez intentaba ligarse al Uchiha; como una manera de bajarle la moral por un lado, mientras que a la vez le tendía una mano para que aceptara acostarse con él, como si el "beta" no pudiera conseguirse a alguien mejor que ese jodido estúpido anbu y le estuviera haciendo un favor al querer follárselo e interesándose por él.

–Dejad de quedaros ahí pasmados. ¡Moveos! El trabajo no se va a hacer solo.– Los diferentes shinobis que estaban por allí en esos momentos empezaron a actuar ante su orden.– Y que alguien lleve esta escoria al hospital antes de que muera aquí ensuciándolo todo con su inmunda sangre. Y que lo vigilen para que no se vaya... Madara querrá tomar medidas cuando sepa que se dedica a hacer a sus espaldas.

Porque si, sabía que el idiota ahí moribundo había provocado al susceptible Uchiha.

Ese día, cuando Izuna bajó de la azotea, Madara no le dijo nada, estaba enterado de lo que había sucedido pero prefirió no tratar el tema. Así lo habían decidido con Indra.

–Izuna, vamos a cenar.

–Tengo trabajo por hacer aun.– Intentó seguir con lo suyo, no tenía ganas de escuchar el sermón de su hermano sobre lo sucedido con ese maldito alfa anbu.

–No te lo estoy preguntando, te lo estoy ordenando.– Le hizo un gesto con la cabeza.– Venga, vamos.

Con un gruñido gutural se levantó y avanzó hacia su hermano, esperando a que le precediera.

–Izuna… Por favor, ponte a mi lado. Eres mi hermano.

–Tsk, pensaba que estabas actuando como mi superior– Le soltó con cinismo.

Madara sólo suspiró para si y decidió que era mejor no seguir por ese camino. Era claro que el cansancio, la tensión y el estrés que cargaba Izuna saldría por algún lado, y eso se traducía en un comportamiento agresivo y palabras mordaces.

–Estas muy delgado, me preocupas. Te invito a cenar en tu restaurante favorito.– Intentó aligerar el ambiente.

Y así fueron a cenar y consiguió que su menor comiera adecuadamente y en un horario decente. Y ahora viéndole recostarse en la silla con un suspiro satisfecho sabía que había sido buena idea.

–Ahora iremos a un onsen que abrirán dentro de poco en la villa. Aun no han abierto a la población, por eso podremos disfrutarlo con tranquilidad.

Y el lugar era tan bello, con plantas por doquier para ofrecer un ambiente más intimo entre las diferentes piscinas naturales de agua caliente, caminos de tierra y rocas naturales donde sentarse y disfrutar. Y ahí estaban los dos, sentados en uno de esos onsen, con agua particularmente caliente que les resultaba perfecta, apoyados en paredes de roca pulida que estaba caldeada gracias al agua y dejando que el estrés desapareciera de su cuerpo.

Madara miró a su hermano, sentado a su lado con los ojos cerrados, Izuna estaba tan agotado que se había dormido. Le recorrió con la mirada aprovechando que el agua le llegaba hasta debajo de las costillas. Realmente era un tonto terco, se había adelgazado más por culpa de su tozudez en no parar por casa, no dormir y comer poco y en horas intempestivas.

–Maldito cabezota… ¿Serías capaz de dejarte morir por no ceder?

Era algo que se preguntaba al verle así, pero al reparar en el collar la respuesta a esa pregunta llegó. Si, Izuna se estaba dejando matar por esa maldita joya por no querer ser un omega y reconocer y aceptar los instintos que venían con su género. Alargó la mano y tocó el dije, estaba tan tentado de arrancarlo del cuello de su menor y destruirlo.

–¿Madara?– Susurró roncamente Izuna muy adormilado, mientras levantaba una mano y se frotaba un ojo. –¿Sucede algo?

–No, sigue descansando. No te preocupes.– Había soltado el collar en el momento que notó a su hermano despertando y abriendo un poco sus ojos.

–De acuerdo.– Y sonriéndole un poco de forma algo inconsciente, se había vuelto a dormir.

Llegando el momento de irse del onsen para ir a casa, no tuvo el valor para despertar a su hermano, estaba tan profundamente dormido y necesitaba tanto esas horas de descanso, que lo sacó del agua, lo secó y envolviéndole en un kimono que le regalaron, lo cargó en brazos yendo hacia su hogar de forma pacifica y lenta para no despertarle con movimientos demasiado bruscos. Lo acostó en su cama y bajó las persianas para que el sol no lo despertara, que durmiera todo lo que el cuerpo le pidiera.

Madara despertó a su hora habitual y se concentró en los alrededores, sonrió para si al saber que su hermano menor seguía en casa. Eso era bueno, significaba que estaba descansando lo que necesitara… Y esperaba que aun durmiera mucho más, realmente deseaba que no se levantara en bastantes horas. Izuna tenía que recuperarse de eso que se había estado causando durante meses.

Se fue a vestir y salió a la cocina a preparar el desayuno, encontrando que Itachi ya lo había preparado y ya estaba comiendo.

–Que madrugador, Itachi.– Se sentó en la mesa y empezó a comer luego de agradecer por los alimentos.

–Es que tengo que salir de misión.– Terminó su plato.– Tío Madara, ¿puedes ocuparte de lavar los platos? Siento no poder hacerlo yo…

–Tranquilo, pequeño. Ya has hecho el desayuno, yo me ocupo del resto.

Fue a dejarlo al fregadero. Ya había lavado lo usado para hacer la comida, pero faltaban sus utensilios usados por si mismo y los que estaba utilizando su tío.

– He sentido que tío Izuna sigue en casa… ¿Está bien?– Normalmente su otro tío, con el cual no había tenido trato a excepción de cuando iba a la torre Hokage junto a su equipo a buscar la misión que les iban a asignar, nunca estaba por casa… O no cuando él despertaba.

–Ah, si… Estaba cansado y por eso sigue durmiendo.

–Me alegro de que no sea nada.

Madara sonrió ante las palabras del joven, era tan atento.

–Que te vaya bien la misión y ojos bien atentos a cualquier peligro. Tal como practicamos.– Itachi era tan astuto y bueno. Adoraba a esos cachorros.

–Si, tío Madara. Gracias. Nos vemos a la vuelta.

Y agarrando sus útiles para la misión se marchó. No estaba preocupado por dejar a su hermanitos en casa, sabía que tío Madara no permitiría que les sucediera nada y además la nana que los cuidaba mientras su tío estaba realizando sus funciones, no tardaría en llegar.

Madara terminó de desayunar y lavó los platos para luego ir a ver como estaban los más pequeños de la casa, los hermanitos de Itachi. Los bebés estaban dormidos ajenos a cualquier preocupación o problema

–Hola Sasuke, hola Charasuke. – Habló en susurros para no despertarlos aún.– No se como alguien no podría no enamorarse al veros… Mi hermano solo necesita conoceros y caerá rendido ante vosotros.

Luego salió de la habitación yendo al salón para leer algunos documentos mientras esperaba a que llegara la niñera, solo así se iba tranquilo a la torre Hokage.

En cuanto la mujer, que era de su total confianza, llegó. Él se marchó a trabajar luego de darle la instrucción de no despertar a su hermano que estaba durmiendo en su cuarto.

Ese día su hermano no fue a la oficina, según supo se había quedado durmiendo todo el día de tan falto de descanso y sueño que estaba…

Después de eso, los horarios de Izuna fueron más normales. Aunque seguía sin tener ningún tipo de trato con ninguno de los cachorros, ni siquiera Itachi… Al menos cuando no estaba fungiendo de secretario en su despacho de la Torre.