El camino del shinobi- parte 4
Los días siguieron pasando y la situación no cambiaba demasiado. Lo que si ocurrió fue que Madara consiguió que su hermano menor durmiera de forma más adecuada, aunque seguía siendo el primero en levantarse para ir al despacho y así, no tener que soportar a ninguno de los cachorros, también volvía tarde; pero al menos se aseguraba de que comiera de forma adecuada con lo cual algo mejoró.
Ese día Izuna no fue el primero en levantarse, cosa extraña, y así mostró su asombro al llegar a la cocina y ver a su hermano terminando de desayunar.
–Buenos días, hermano. Tengo que irme ya a la oficina, quédate hasta que la niñera llegue.
–No estarás habland…
–Nada de réplicas. Hazlo. Y come lo que he preparado. Todo, sin dejar nada.– Y salió por la puerta sin dejarle alegar que tenía algo por hacer y no podía quedarse.
Soltó un siseo bajo y se sentó en la mesa a comer, de mala gana, lo preparado por su mayor. Madara sabía que no quería a los cachorros, pero los toleraba en ese mismo espacio… Vale no era cierto, pero no hacía nada para molestarles ni para echarlos, simplemente los ignoraba. Y va y a su hermano no se le ocurre nada más que dejarlos a su cuidado. Aunque bien, bien no era así la cosa… Él solo tenía que quedarse allí, ajeno al cuarto donde estaban esos dos bebés y irse en cuanto llegara la mujer que se ocupaba de ellos.
Resopló mientras lavaba los cacharros del desayuno… ¿Cuánto tiempo más tendría que estar esperando a esa mujer? ¿Qué no veía que ya estaba perdiendo demasiado tiempo por unas jodidas crías? Y encima su hermano mayor, el niño de la coleta… Itachi creía que se llamaba… Se había ido de misión el día anterior y tampoco podría hacerle venir de donde narices estuviera y que fuera él quien se ocupara de sus hermanitos.
Y sucedió lo que más temía… Las dos molestas crías se pusieron a llorar y a berrear como sino hubiera un mañana. Que incordio… Y él ahí intentando leer esos documentos de la anterior junta entre clanes.
–Malditos mocosos… Y maldita la inútil de la nana… ¿No podría llegar ahora?
Decidió hacer oídos sordos y que siguieran llorando, ya se cansarían. Pero tras largos minutos esos llantos se volvían más y más intensos, con mayor sentimiento. Resopló y siseó de nuevo mientras se cubría los oídos. Se podría marchar… La niñera ya llegaría en algún momento… Y no era su problema.
Recogiendo todo fue hacía la puerta para calzarse sus sandalias e irse, pero… ¿Y si les había ocurrido algo a los críos? A él no le importaban, pero a Madara… Sabía que su hermano les tenía mucho cariño a esos tres cachorros, él no entendía el motivo, pero sabía que así era para Madara. Llevó sus manos a la cara y se la frotó frustrado y más al escuchar los chillidos que metían los dos bebés.
–¡Mierda!
A pasos lentos se dirige hacía el cuarto de los cachorros y ya estando en la puerta se asoma con cautela, vuelve a esconderse detrás de la pared al ver como los niños le observan y aun lloran con mayor ahínco. Su corazón late con fuerza.
–¿Qué hago?– Musita para si.
Tendrá que entrar y ver que les pasa. Da un nuevo paso cauteloso y algo agachado hacia dentro del cuarto. Observa la cuna y a los dos críos dentro y olfatea. Arrufa la nariz al percibir el nauseabundo olor. Uno de los cachorros se ha cagado. Pero son los dos los que lloran… ¿Lo hacen por solidaridad o por empatía? No lo entiende.
Se mira a los cachorros con el ceño fruncido, mirándolos con reserva y sin detallarles mucho… Pelo negro, piel blanca que enrojece tras los minutos de llanto y ojos negros, que ahora están llenos de lágrimas que caen por sus regordetas mejillas. Está claro que son Uchiha, y no lo piensa solo por el físico, sino por la terquedad que muestran al llorar y llorar sin detenerse, también parece que tienen un fuerte carácter.
Pues no le quedaba más remedio que cambiar al bebé cagón…
¿Por qué le tocaba hacer eso?
Ah, si… Porque la jodida niñera no estaba allí para hacer su trabajo. Y encima no podía dejar al crio con el pañal lleno de mierda porque se le podría irritar la piel y eso no le gustaría a Madara, además de por la peste que estaba esparciendo.
Se acercó con renuencia y los miró de más cerca, hallando al que se había ensuciado. Lo agarró por la ropa en la zona de la nuca y el bebé se calmó y recogió sus piernas. El instinto en su cuerpo de cuando la madre los cargaba cuando estaban en forma animal.
Ya con el crio a cuestas fue hacía el cambiador, que era tradicional lo que significaba que tendría que estar arrodillado para quitarle lo sucio. Pero antes, buscó otro recambio de pañal, las toallitas para limpiarle y todas esas cosas necesarias, como cremas hidratantes… No había visto como se cambiaba un niño, pero no creía que tuviera mucho misterio. Cualquiera podría hacerlo.
Fue por quitarle el pijama de cuerpo entero que llevaba, fijándose que en el pecho había un bordado que ponía "Sasuke". Así que ese era el nombre del bebé cagón. Un cachorro que le observaba con descaro, sin llorar, después de todo ya tenía lo que quería… La atención de un adulto que iba a lavarle.
–Así que tu eres Sasuke… –Ahora ya podía ponerle cara a los nombres que siempre escuchaba de Madara y otros a su alrededor, cuando su mayor contaba cosas de esos críos a quien quisiera escucharle. Y si se fijaba bien… Se parecía a él, bueno los dos se parecían a él si eran gemelos.
"Casi como si los hubiera tenido yo…".
Negó mientras liberaba un siseó para quitarse ese pensamiento de la cabeza. Él no iba a parir nada… Ya no era omega. Y bien satisfecho que estaba de no serlo.
Pero, además del problema de quitarle esa pieza de ropa, había otro que le estaba provocando dolor de cabeza… El cachorro que quedaba en la cuna no dejaba de llorar.
"Charasuke…"
Pensó al mirar en dirección a la cuna. Soltó un sonido para ver si cerraba la boca y dejaba esos berridos… Pero parecía que no funcionaba.
Suspirando, y pensando que su mañana no podría estar yendo peor por culpa de esos mini Uchihas, se levantó dejando a Sasuke en el cambiador y agarró al cachorro llorón sin muchos miramientos para llevarlo donde su hermano y dejarlo a su lado. Y parece que funcionó pues los berridos disminuyeron hasta terminar del todo.
–Maldito crio caprichoso –Masculló al ver que había estado llorando por ir con su gemelo y no por nada serio.
Siguió quitándole los pantalones de pijama al que se había cagado, por fin le había sacado la parte de arriba, seguía tironeando de la tela… Era más difícil de lo que parecía.
"Definitivamente no volveré a ponerle esta ropa… Que se quede con el pañal y punto. No se en que pensaban al vestirle con esta cosa…"
Soltó un gruñido de advertencia… Que fue ignorado.
¿El motivo?
El caprichoso de Charasuke, era un cachorro más 'movido e inquieto' que Sasuke y, le había empezado a tirar del pelo.
"Maldito mocoso… ¿Cómo se atrevía a hacerle eso? ¡Que falta de respeto! Tocarle sin su permiso… Y dándole esos tirones a su pelo."
Y encima no atendía a sus siseos y gruñidos.
"No tendría que haber entrado en este cuarto".
Liberó su pelo y mirando a la pequeña cría traviesa con el ceño fruncido, siendo contestado con una sonrisa divertida por parte del pequeño y como volvía a estirar esas pequeñas manitas, que más bien parecían tenazas, hacía él.
–PARA YA, MALDITO CRÍO–Le gritó. Él no quería tener nada que ver con esas cosas pequeñas y molestas. No sentía ni la necesidad, ni el deseo de compartir con ellos. Y en cambio ahí estaba teniéndole que limpiar el culo a una de esas bolas de carne que solo sabían llorar, comer, cagar y dormir.
Y el bebé le miró asustado antes de que su labio empezase a temblar y sus ojos a mojarse. Y… El llanto desconsolado se desató.
"¿Qué he hecho yo para merecer esto?"
Y el maldito crío aumentó el volumen… ¿Es que quería dejarle sordo? Pues parecía que si.
–Que no llores más, niño.– Pero era ignorado.
Suspiró y agarrando su largo pelo la movió ante el impertinente y caprichoso bebé. Que dejó de llorar, de nuevo, al conseguir lo que deseaba. Y así agarró su cabello entre los dedos y volvió a reír por volver a tener el juguete que deseaba.
–¡Nooo! No te lo pongas en la boca… ¡Ucs! –Demasiado tarde… Pues Charasuke estaba chupeteándole el pelo ignorando su orden.
Mejor lo dejaba hacer, luego ya pasaría por la ducha, de nuevo y, así terminaba con el gemelo que se había cagado en el pañal. Pañal que ya le había quitado y le estaba limpiando con una toallita, tapándose su nariz con la otra mano, cuando…
–¿En serio?– Mientras gruñía asqueado pues Sasuke se había meado encima suyo... Menuda puntería tenía ese crío ¿Qué más podía pasarle?
Con un siseo y mueca de asco por estar meado, mira al mocoso que parece burlarse de él.
–Quédate quieto.– Le ordena al crío. Que parece el más tranquilo de los cachorros.
Se levanta para quitarse el haori meado, que asco... No pensaba explicarle esto a nadie.
¡PAM!
Se queda quieto como estatua al escuchar tremendo batacazo, a eso le sigue un potente llanto que estalla rompiendo el silencio anterior, llanto que ya empieza a conocer…
"Charasuke".
Se gira y lo ve en el suelo, de cabeza, aunque usa sus bracitos para levantar la cara y es allí donde ve una zona más enrojecida que las demás. Y es cuando recuerda que el cachorro había estado agarrado a su pelo y, seguramente al levantarse se lo ha llevado con él, haciendo que cayera del cambiador.
–Oh… Oh…
Se acerca y se agacha ante el bebé, que parece mirarle acusador y no se calla.
–Ha sido tu culpa… Sino te hubieras enganchado a mi pelo no te abrías caído. Ahora afróntalo y deja de llorar.
Intenta razonar con él… Pero es un cachorro… ¿Cómo espera que sea capaz de razonar como un crío más adulto?
–Vale… Vale… Shh, niño. No llores más venga… Ya ha pasado todo.– El golpe ya se lo había dado, ahora con llorar no sacaría nada.
El bebé le mira y estira su manita hacía él sin dejar su dolido llanto.
-Por favor… Deja de llorar.
Pero el pequeño no se callaba. Y de su frente estaba creciendo un pequeño chichón tras tremendo golpe, se mordió los labios para no reírse al ver el pequeño montículo que se le estaba formando. Hacía tiempo que no tenía ganas de reír y ahora el accidente del pequeño le hacía sacar un sonrisa. Le miró suspirando y estiró sus brazos para cargar al bebé por debajo de las axilas.
–Maldito niño… Al final has conseguido tu objetivo.
Como seguía llorando lo terminó acunando contra su corazón, sintiendo como el bebé parecía querer sujetarse a él, como si necesitase ese contacto y, se iba calmando mientras le mantenía sujeto de esa manera. Un extraño pero agradable calor empezó a extenderse desde donde el cuerpo del bebé hacía contacto con el suyo.
Observó que el otro hermano se mantenía en el cambiador entretenido con el pijama que le había quitado para poder cambiarle, solo faltaría que ese también se cayera de ese lugar por despistarse.
Al sentir a Charasuke más calmado, tras largos minutos, le separa un poco y le mira, y el bebé le mira a su vez, una mirada algo acuosa, por las lágrimas liberadas, de brillantes ojitos negros llenos de inocencia. Charasuke sonríe y se da cuenta que él también esta sonriendo con suavidad al cachorro.
¿Por qué los había odiado tanto y los evitaba y repudiaba?
Con ese agradable calor extendiéndose lentamente por su pecho no entiende su frío comportamiento posterior.
– Señor Izuna– Estaba tan distraído con el pequeño abrazado a su pecho que no escucha que la nana ya ha llegado hasta que no aparece por la habitación y le habla.– Siento haber llegad…
¡PAM!
Si, ahora ha sido la niñera quien ha caído… Bajo el genjutsu que le ha aplicado.
Es que estaba muy sorprendido de ser pillado con un bebé en brazos… Un bebé del cual no había querido saber nada en laaaargos meses y ahora ahí le pillaban, abrazando a uno de los gemelos mientras le sonreía tiernamente.
–¡Mierda! Pero otro día aprenderás a no querer sorprender a un Uchiha.– Vale no es cierto, no ha sido culpa de la pobre mujer… Él es un gran guerrero y una pobre civil no tendría que ser capaz de pillarle in fraganti. Estaba demasiado distraído, mira al bebé.– Esto es culpa tuya, ¿Sabes?
Y el pequeño Charasuke levantó las manos y las posó en sus mejillas y el calor se extendió aun más por su cuerpo. Era tan adorable, su corazón latía emocionado por el cachorro y lo que le hacía sentir.
–Bueno… Esta claro que ahora me tendré que ocupar de vosotros.– Y suspira por el trabajo que no podría realizar.– Bah, como si me gustara ese trabajo que me da Madara.
Si, quedarse a cuidar los cachorros tampoco era tan malo comparándolo con la basura que tenía que aguantar en el despacho, además… Se sentía muy bien con esos bebés.
– Vamos a vestir a Sasuke… Que está ahí tal como el día que fue traído al mundo.
Dejó a Charasuke en el cambiador y como no, el pequeño volvió a ponerse a jugar con su pelo, dándole suaves tirones y babeándolo… No le importó. Y menos le importo cuando empezó a pelearse con ese objeto maldito que era el pañal, demasiado concentrado en esa cosa y en poder ponerla correctamente. El jodido pañal ese se le rompió y tuvo que usar otro… Que no conseguía que se le aguantara. Suerte que el pequeño Sasuke le ponía paciencia y no se movía mucho, aunque seguía siendo frustrante… Hasta donde sabía cualquier inútil podía poner esa cosa y en cambio a él se le resistían… ¡Seguro que esos estaban defectuosos! Al final se lo puso como pudo y encima le puso esa especie de mono-pijama. Se lo tuvo que poner para que se le mantuviera el pañal en su lugar.
– ¿Y ahora que sigue? –Ve que Sasuke empieza a chupetearse la mano y a hacer muecas como que va a llorar. –Ni te atrevas a volver a ensuciarte el pañal… Esa cosa me ha costado demasiado de poner.
Pero parece que no es eso, también nota que Charasuke chupa su pelo con mayor insistencia y también hace muecas con su cara. Y ahí lo capta… Tienen hambre.
Les lleva a la cocina y les deja a cada uno en sus sillitas… Esta vez bien sujetados, pues no quiere que Charasuke vuelva a besar el suelo. Una pequeña risita divertida se le escapa al recordar la caída del cachorro, no es que sea alguien cruel pero le ha parecido un poco divertido, sobretodo al ver que lo único que le ha pasado es ese chichón que adorna su frente… Como un pequeño unicornio.
Cuando ya tiene las papillas listas… No es que tengan muy buen aspecto, pero huelen bien y no saben mal. Se sienta ante ambos bebés y empieza a darles de comer.
Sasuke come de forma tranquila y lo hace sin causarle problemas. No puede decir lo mismo de Charasuke, no mientras su pelo tiene un algo asqueroso y de consistencia pastosa resbalando y… Vale, ahora esta en su ropa. Revira los ojos pues el bebé sigue lanzando comida a diestra y siniestra, ensuciándole a él y a su gemelo.
–Perfecto… Con lo que me ha costado de ponerle el pañal y el jodido pijama y ahora tendré que cambiarle y bañarle.– Mira a Charasuke ofendido, sobretodo cuando un trozo de papilla va a su frente, pasa por encima de uno de sus ojos, el cual tiene que cerrar, y cae por su barbilla hacia su ropa.– Muy bonito… Eres un cochino, Chara.
Y el pequeño se ríe con mayor fuerza. Vale, escucharle reír disipa su enfado, pero el cachorro tiene que comer algo y no estar jugando con la comida y ensuciándolo todo.
–Quizás si…– Recuerda un pequeño y tonto truco que aprendió para despistar usando kunais… Aunque con un cachorro tan movidito como Charasuke mejor no usar armas afiladas. Busca que puede usar y lo encuentra.– Charasuke, mira aquí.
Y de su mano desnuda unas milésimas de segundo antes, hace aparecer una flor. Y eso le sirve pues el pequeño cachorro sonríe emocionado y aplaude. Y así haciendo aparecer flores ante unos entretenidos cachorros, consigue que ambos coman sin mayores contratiempos e incidencias.
El resto del día lo pasaron muy bien, aunque si, antes tuvo que lavar a Sasuke y lavarse a si mismo, pero luego los pequeños exploraron la casa y el jardín, jugaron con unas pelotas y con sus cubos de aprendizaje mientras él no los perdía de vista y finalmente se acostaron a dormir. Y él aprovechó para adelantar su trabajo.
–Señor Izuna, no se qué ha sucedido… Me he quedado dormida, lo siento. Esto… Esto es imperdonable.– Mientras se disculpaba la niñera ante él.
–No te preocupes, puedes irte a casa. Pero que no vuelva a suceder.– Mejor que no supiera que le había sucedido realmente. Nadie tenía que saber sobre su fallo.
Por la noche llegó su hermano y se asombró al saber que él se había quedado cuidando a los cachorros. Incluso fue a comprobarlos cuando creía que no le veía… Como si no pudiera hacer algo tan sencillo como cuidarlos. Se ofendió ante el comportamiento y desconfianza de Madara… También era mejor que no supiera lo que realmente había ocurrido en esa casa. Y así su hermano mayor tuvo que disculparse con él, lo que le hizo sonreír arrogante. Aunque le molestó verlo tan feliz y le siseó. Estaba claro que Madara se alegraba mucho de que ya aceptara a esos cachorros.
–Que remedio me dejaste…– Quiso mostrarse altivo y digno.
A la mañana siguiente la niñera llegó a tiempo y él tuvo que irse, como siempre, a la oficina… Estuvo tentado de volver a meterla en una ilusión para tener un motivo de quedarse él y así no tener que ir a la jodida oficina de la torre… También porque le había gustado estar con los pequeños Sasuke y Charasuke, le hacían sentir tan bien, tan cálido y si, feliz… Tan vivo de nuevo.
La sorpresa fue a media mañana cuando estaba con su hermano en el despacho discutiendo unos presupuestos y, se presentó la niñera con el cochecito y los dos bebés llorando de forma muy sentida.
–No se que les sucede señor Madara… No dejan de llorar. Y cuando los cargo me empujan. No quieren ir conmigo.– Decía la pobre mujer toda preocupada.– En el médico me han dicho que están sanos y no tienen nada.
Madara se acercó a los cachorros y él le siguió, estaba preocupado por Sasuke y Charasuke. No era normal que ambos berrearan de esa forma, según había oído eran bastante tranquilos en eso de llorar y ayer lo comprobó… Solo cuando tuvo el pañal sucio, Sasuke lloró. Y Charasuke por quedarse solo, aunque eso fue para conseguir su propósito y luego, cuando se cayó y se hizo daño.
Y los pequeños al verle dejaron de llorar y estiraron sus bracitos hacía él.
Madara le miró asombrado. Era claro que los pequeños Uchiha veían a su hermano menor como una figura… ¿Materna?
–Te han tomado por su madre… O te han agarrado mucho cariño, Izuna.
Sonrió, una pequeña sonrisa cariñosa, mientras se agachaba ante los dos bebés y acariciaba sus caritas regordetas.
–Creo que mis servicios ya no van a ser necesarios, Madara-sama.
–No, me temo que no, Kaori-san. Muchas gracias por tu impecable trabajo hasta ahora.
La mujer tras dejar la bolsa con las cosas de los pequeños, se retiró del despacho.
–Me los llevo al parque, hoy hace un magnifico día y ellos disfrutaran de ver lo que les rodea.
–Si, tienes razón, hermano.– Estaba feliz. Eso era un gran avance… Izuna no se había quitado el collar aun, pero su instinto estaba resurgiendo.– Tendré que buscar otro secretario. Aunque será complicado encontrar a alguien tan eficiente como tu.
–Si, lo que digas.– Su puesto en la oficina le importaba una mierda. Nunca le había gustado. Además de que ya estaba saliendo por la puerta con los pequeños.– Nos vemos en casa esta noche. No hace falta que compres nada, ya tendré la cena preparada.
Y desde ese día, y mientras los cachorros fueron pequeños, Izuna se dedicó a cuidarles, enseñarles, entrenarles ya fuera con su forma humana como la animal. Y disfrutó de esa etapa y de cuidar a sus sobrinos, hasta que estos fueron lo bastante mayores como para no necesitarle.
