Disclaimer 1: Fanfic sin ánimos de lucro. The Loud House es creación de Chris Savino, propiedad material de Nickelodeon Intl, y está bajo licencia de Viacom International Media y Jam Filled Entertainment.
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Al calor de la hoguera
Royal Woods, Michigan
29 de diciembre de 2037
4:15 pm
Centro comercial
Una muy feliz Navidad
Y un feliz año Nuevo
Esperemos que sea bueno
Sin ningún miedo.
-John Winston Lennon, cantautor inglés
Muchas veces, la vida da giros por demás interesantes, y algunos de los hermanos Loud no son precisamente la excepción.
¿Cómo puede uno decir esto? Simple. Lori, que ambicionaba tener una numerosa familia como la que formaron sus padres, se encuentra en estos momentos sola y con una crisis existencial en un despacho administrativo de un corporativo en Los Angeles, soltera y amargada porque su exesposo tiene la custodia de sus hijos. O Lola, que en vez de la reina de belleza que daría el salto al modelaje y la actuación se volvió una abnegada madre de cinco y ama de casa que, como muchas mujeres, piden un respiro.
¿O qué podemos decir de Luan? De una chispeante adolescente que vivía la comedia ahora lo que queda es una maestra de primaria bastante severa con medio mundo en una escuela privada de Nueva Jersey. ¿O qué hay de Leni, que por la imprudencia de un completo inepto al volante está usando un bastón y se ha vuelto una diseñadora de modas bastante cínica, mordaz y resentida por los analgésicos que se ve obligada a tomar para soportar un dolor constante en un departamento de dos pisos en Nueva York?
El cambio más drástico lo tuvo el único chico de la familia, Lincoln. Desde un incidente en el autobús durante su tercer año en la secundaria, la chica de una pandilla de matones puso sus ojos en él. Tal vez no con la mejor de las intenciones, pero una noche, cuando él estaba a nada de cumplir ya los diecisiete, se quedaron solos en el remolque donde esta vivía con su madre a las afueras, y para no hacerla larga, tuvieron un par de encuentros íntimos. Esto no habría sido problema, de no ser porque la madre de la chica realmente quería que él se hiciera cargo de los tres por completo. En otras palabras, aquella mujer vio la oportunidad de jubilarse temprano y vivir a costa de su eventual yerno.
Si. Las cosas para Lincoln Loud no se hicieron esperar para cambiar en mucho más de un sentido. De entrada, su entonces novia, Mollie, buscaba una excusa para mandarlo al diablo y salir (abiertamente) con un maestro de la universidad comunitaria. Sus amigos, que habían dejado de hablarle un tiempo, volvieron a hacerlo cada uno por su cuenta, excepto por un par. Clyde porque se vio obligado a enrolarse al Ejército, mientras que a Rusty sencillamente se le hizo fácil, demasiado, acusarlo de traidor.
Y, no podía ser mejor, las cosas con sus hermanas, a raíz de su inesperada paternidad, se pusieron bastante serias. Así, Lori y Leni apenas y le cuentan algo, Luna le consiguió trabajo en una oficina de la alcaldía, Luan, las gemelas y Lily ni siquiera le dirigen la palabra, apenas intercambia palabras con el resto y las cosas con sus padres, bueno… no podían estar mejor.
-¡Jamie Loud! ¿Ahora qué hiciste? -preguntó Rita, furiosa.
Si, fue sarcasmo.
No es que Lynn y Rita Loud se molestaran con que su hijo fuera padre a nada de entrar a la universidad, cosa a la que renunció a pesar de tener una beca completa por parte de un programa de internado de un estudio en Burbank en el ramo de animación. Más bien, están molestos con él porque, pese a sus intentos por demostrar que puede ser un buen padre, lo cierto es que Jamie -nombre de la chica de tez morena y cabello castaño corto de camiseta blanca y camisa roja de franela a la que Rita sentó en una banca-, sencillamente, es un desastre de crianza.
-No tuve nada que ver esta vez con la señorita Zhau, ¡lo juro! -dijo Jamie, a la defensiva.
-¿Y cómo le llamas a eso, jovencita? -cuestionó Lynn sr, mirando a la docente, una mujer de piel bronceada, cabello negro y vestido tangerina levantándose apenas de la fuente.
-Esa mujer la tiene contra mi.
-¡Lo mismo decía tu tía Lynn del señor Budden a tu edad! -cortó Rita.
-O tu tía Luna con la señora Bernardo, tu papá con Bolhofner y tu tía Lisa con la maestra Johnson -enlistó rápido Lynn.
-¿Algo que tengas que decir? -cuestionó Lincoln, cruzado de brazos e iniciando un duelo de miradas.
-No, señor -contestó Jamie en voz baja, bajando la vista y perdiendo.
-Hablaré con tu maestra, y después lo haremos en privado.
Decepcionado, Lincoln se dirige hacia donde aquella mujer se quita parte de la ropa mojada y le tiende su abrigo.
Horas más tarde, poco antes de servir la cena, Lincoln recibe a Taylor, cansada por su trabajo en una sucursal de Amazon. Si las cosas entre ambos al terminar la preparatoria eran de tensas a corteses, hoy están un poco mejor. En parte porque tuvieron que aprender a cohabitar y en parte porque ya llevan trece años de casados. Los mismos que Jamie de edad. No eran entre sí los más afectivos, pero lo poco que tuvieran en común es lo que, amén de otras cosas menos agradables y ya explicadas, los mantiene como pareja.
-No irás a decirme que cenaremos pavo otra vez -dijo Taylor, botando su uniforme y su bolso sobre la mesa.
-No -respondió Lincoln riendo, al tiempo que saludó a su cónyuge de beso-. Aproveché que fue mi descanso y llevé a Jay a comprarle ropa. Papá me ayudó con las compras -añade, señalando un jamón cocido y un pollo asado fuera de las bolsas del supermercado.
-Creí que le compramos ropa la semana pasada -replicó Taylor.
-Mis papás, ya sabes -dijo Lincoln, bajando un poco la mirada por vergüenza-. Creen que no hago un buen trabajo.
-Bueno, no es como si mamá hubiera hecho algo mejor en la fábrica antes de casarnos.
-Siempre sacando lo de la fábrica, ¿verdad?
-Ella casi no estaba. Vivía más allí o viendo esa estúpida novela de luchadores antes que en casa, ¿cuántas veces tengo que decirlo?
Razón no le faltó a Taylor. Con una juventud difícil, a sus nueve sus padres se separaron. Al cumplir diez, conoció a Pablo y a Anderson, que hicieron de las suyas con ella hasta esa tarde que cierto grupo de sexto les puso un alto. Desde entonces, las cosas entre ellos iban mal, y a los quince empezó a ensañarse por su cuenta sobre su hoy marido, Anderson se mudó a Bismarck y tuvo que pasar por el divorcio de sus padres, quedando su madre con la custodia total.
A pesar de su embarazo y maternidad, Taylor no perdió su figura. De hecho, en los ocho meses de gestación siguió con su vida casi como si nada. Varias estudiantes la odiaron primero por actuar como una perra implacable y después por abusar de su condición para sacar ventajas. Apenas naciera Jamie, pidieron una prueba que sentenció a Lincoln. Muchas lo habrían aceptado si fuera Mollie, Jordan o en especial Ronnie Anne, pero con alguien de carácter más fuerte que Rita, no le quedó de otra a ambos adolescentes que contraer matrimonio en cuanto el chico cumplió los dieciocho.
-Mira, tú y yo no tenemos tiempo para esas cosas, ¿si? -dijo Lincoln, conciliador, antes de cambiar de tema- ¿Qué tal tu día?
-Horrible -respondió Taylor, dejándose caer sobre el sofá-. Por tu llamada y la de Rita se colaron a robar al menos dos botellas de Jack Daniel's de 18 años y Hannah casi hace que me las descuenten.
-Ese "casi" suena a que lo hicieron.
-No, pero me quitaron mi lugar en el estacionamiento -bufó la latina, sacándose los zapatos y dando un ligero masaje a sus pies.
No era tanto que Lincoln no la amara. Más bien tuvo que aprender a hacerlo desde que él tuvo que atenerse a las consecuencias de engañar a su ya de por sí infiel novia. Entre el hecho de tener que soportar a su suegra hasta que pudieron hacerse de una casa -de interés social, pero casa al final- y soportarla a ella, prefiere una ocasional nalgada bien dada a una sangría a la cartera.
.
Dentro de su habitación, Jamie está acostada. Intentando leer un cómic con una historia que su padre quiso vender hace años a espaldas de la abuela Ortega, definitivamente deseó explicar todo en el momento, pero tuvo que aguantar y tragarse el orgullo para soportar primero un regaño como pocos antes de entrar a intentar dormir hasta la cena.
Sabe que las cosas entre ella y la maestra Zhau son muy complicadas. Una cosa es que su padre y esa "estirada insípida" se conozcan de años y se vean a escondidas para beber algo o con su madre bajo fuertes reservas en la escuela, y una muy diferente es el trato que esta le tiene. La ve como la causante de sus desgracias, y por la misma razón es que apenas y puede calificar con alguna nota aprobatoria.
Escuchando la discusión entre sus padres, le queda claro una vez más que tal vez su familia está algo rota. Todas sus tías la ven si acaso con indiferencia, sus abuelos la quieren pero ella lo hace difícil, y los amigos de sus padres en serio parece que se quieren matar entre sí.
Intentando estar concentrada en su lectura, Jamie se queda dormida al poco rato, imaginando cómo serían las cosas si ella no existiera. Ignorante de sus padres al entrar estos a su habitación, cae en un sueño profundo.
En sus sueños, ve que su padre es bastante más exitoso que varias de sus tías. Lo imagina trabajando en alguna serie animada de Disney o Nickelodeon como artista de storyboard, dibujando quizás los libretos que le llegan y agitándose por no cumplir con la fecha límite. No ve bien con quién podría estar, pero en lo que toca a su madre… tal vez estaría en cadena perpetua por algo que podría haber cometido, o incluso muerta por algo que sigue sin entender.
No tiene idea de cómo desea que sus padres estén mejor sin ella.
-Jamie… -llamó Taylor, tan cansada como su hija- ¿podemos hablar?
Solo hubo un ronquido como respuesta.
-Oye, yo solo quiero que no te pase lo que a mi, ¿me escuchas? -continuó Taylor- Supe de tu problema con tu maestra, y la verdad quiero que me digas qué fue lo que pasó para que te pusieras tan agresiva.
Otro ronquido, más un giro para acomodarse un poco más.
-Mañana empiezan mis vacaciones, y quiero que estemos solo los tres. Al diablo con mi mamá y su estúpido amante. Tu papá no lo sabe, pero sé que ella se gasta su dinero en un hombre que podría ser mi hermano. El de su "pensión" y el de la compensación que según le tiene que pagar por tenerte.
Acariciando su cabeza, Taylor se siente bastante mal. Desde que dejaron el remolque, no siente que esté haciendo un trabajo mejor que sus padres con ella, y menos sabiendo que los tres viven con su sueldo, que dependen a finales de año de sus suegros y lo que él gana va por completo para su madre. No es un mal dinero en lo tocante a cantidad. Sin embargo, esta quería una "justa compensación" a pesar de que Taylor tuvo algunos empleos antes de un incidente que la condenó a un supermercado.
Por lo menos, sus vacaciones no podrían estar mejor. Mañana empiezan las suyas y el 31 las de Lincoln. Si todo sale bien, y espera que sí, tendrán toda una semana para estar los tres y, por lo menos, ese tiempo lo ocuparán para intentar pasarlo como familia… o al menos como una familia que vendían en las películas viejas de la televisión.
La mañana siguiente, padre e hija visitaron a Stella. Era evidente que, para una relación de años, Lincoln sencillamente lo haya dejado por la paz para mantener a la ahora maestra de secundaria después de un altercado por su paternidad, lo que -según Jamie- hizo que enfilara todos sus cañones hacia ella.
Como compensación por el incidente de la tarde anterior, ambos están paleando la nieve de la entrada. Aunque esa es una tarea que a la chica le gusta, Lincoln no puede decir lo mismo, después de haber cenado solo y pasar la noche en el sofá.
Habiendo limpiado ya la vereda de la entrada, Jamie se sorprendió de ver que su maestra se la pasa en casa de sus padres. Si tiene tiempo de recordarlo, buscará la forma de cómo cobrarse el trabajo de esta mañana.
Una vez que acabaron, Lincoln decidió que podría ser una de las pocas veces que aplicará el "día de llevar a tu hijo al trabajo", y se la pasó en la oficina. Si Jamie esperaba que fuera tan aburrido antes del final de la jornada como le contó que fue su única experiencia con su madre cuando esta trabajó en el consultorio del doctor Feinstein, acertó de lleno.
-¿Ves? Te lo dije -dijo resignado Lincoln-. Fue tan aburrido como antes de dejar el cuaderno de tu abuela.
-Ni me lo digas -suspiró Jamie, algo decepcionada mientras engrapaba por enésima vez un documento físico ya sin utilidad que pesaba más por las grapas que por sí solo.
-Y lo peor es que a tus tías les fue mucho mejor cuando ellas iban. Tirolesa, cañón de donas, juegos de disparos… -recordó Lincoln con un poco de envidia-… y ahora ¡mírame! En un empleo que odio, con gente que no me tiene muchas simpatías y con un salario que es una burla para el sector privado.
-Pues más te vale que entregues estos reportes de la tesorería, Loud -interrumpe un sujeto bastante mayor que él, latino con lentes, de cabello a la cintura atado con ligas y vestido de suéter azul y pantalón negro-. Te quieren ver mañana los del comité de los festejos de Año Nuevo.
-Pero tengo mis vacaciones y…
-¡Cancela tus planes! -espetó el latino- Es lo que siempre haces, ¿no?
-Es que… -empezó a externar Lincoln, antes de ver gesto que tradujo como "no quiero quejas"-… si, señor Rodríguez.
-¿Es tu hija?
-Si, señor.
-Hum… no se ve tan insolente como tú, Loud.
-Hago lo que puedo.
-Mientras antes sepas cuál es tu sitio -dijo Rodríguez, dirigiéndose a Jamie-, mejor, eh…
-Jamie.
-Si, eso, Jeanie -degradó Rodríguez-. Bueno, disfruta tu trabajo, Loud.
Mirando al jefe directo de su padre, Jamie no evitó molestarse. Ese hombre debía saber que había planes de pasar Nochevieja en casa de la hermana del tío Roberto, que serían al menos dos semanas con él y otra con su madre en casa después de las fiestas, que sería un tiempo con su familia. Todo ello, a la basura por un oficinista de segunda, prepotente e incompetente.
-Infeliz panzón… -maldijo Lincoln por lo bajo.
-A mamá no le va a gustar saber eso -dijo abatida Jamie.
-Y tenían que ser esos cretinos del comité de fin de año -jadeó Lincoln-. Incluso en fin de año son unos desgraciados, y todavía no saben qué hacer con la basura que deja la gente.
-¿Puedo ir al baño?
-Ya sabes dónde está, Jay -señala el peliblanco, dándole una llave antes de meterse de lleno al trabajo que le echaron en cara.
Pocos minutos más tarde, sentada en el retrete, Jamie digiere la noticia que recibe de golpe. No solo no tendría unas vacaciones casi soñadas, sino que incluso podría pasarla peor. Haciendo cuentas, ni pasarán lo que queda de las fiestas en familia ni tendrán mucho tiempo… bueno, menos del que habría querido.
No tuvo mucho tiempo para pensar. Saliendo al cubículo donde estaba, cambió de opinión y decidió seguir al "infeliz panzón" hasta el estacionamiento, donde le vio sacar un cigarrillo. No tiene nada que perder, y menos ahora que lo único que le queda a su padre es su empleo y una familia al borde de la ruptura.
Ya se imagina cómo sería la vida de ese desgraciado. Seguro tendría uno o más hijos con la vida resuelta, una esposa trofeo a la que le puede ser infiel y, pese a todo, tenerla en un altar, una casa hermosa con jardines amplios, incluso una mascota. Siempre ha querido un perro, aunque sus padres le decían que era muy costoso mantenerlo, incluso si es pequeño. Podría tener a su amante en un departamento, e incluso una familia secreta como aquellas estrellas de Netflix. Una familia que tal vez no lo tenga resuelto pero por la que al menos tienen el descaro de velar a espaldas de la legitima.
Odió eso. Que otros tengan lo que ella desea para los suyos.
Estuvo a nada de irse por aburrimiento, cuando lo vio colapsar.
Viendo cómo caía, por unos segundos se divirtió pensando en qué pasaría si, por el contrario, no tenía a nadie esperando por él en casa. Si lo más que tenía era un animalejo tan feo y horrible que ni él lo quiera. Idea que se obliga a descartar.
Tentada, se acercó cautelosa hasta tenerlo al alcance.
"No se ve tan importante ahora, ¿verdad?", pensó. "¡Vamos! ¿Por qué no respira un poco y se larga con su familia, gordo?"
Ni siquiera sabe si le está prestando atención. Por lo mismo, decide que tal vez un codazo como los que viera en la lucha en el vientre le haría bien para recordar que la vida no es nada justa con nadie.
Cayendo con todo su peso sobre el codo, el golpe dio de lleno en el estómago. Acto seguido, escucha una fuerte tos y se da cuenta de algo que jamás notó y con lo que, siendo realistas, jamás le enseñaron en ninguna parte.
Un rostro amoratado y un patético esfuerzo por respirar que, por poco, se vio bastante recompensado.
En medio de un fuerte ataque de tos, el obeso jefe de su padre empieza a vomitar flemas y algo de sangre. No quiere quedarse a ver más de ese grotesco espectáculo, por lo que echa a correr en dirección al interior del edificio.
.
Hace un rato que le llamó. Puede que los teléfonos de hace cinco años ya estuvieran descontinuados, pero cabe agradecerle a Stella que pudiera encontrar procesadores y sistemas recientes de modelos desechados por descomposturas para armar algo funcional.
-¿Dónde estás, Jamie? -preguntó ansioso, habiendo dejado de lado los reportes que le encargaron.
"Solo ibas al baño, ¿qué pasó?"
Tentado de fumarse un cigarrillo por la ansiedad que la ausencia de Jamie le provocó, se contiene ya con el pitillo en la boca. Le importa un comino que Taylor le haya pedido que lo dejara o que está en área donde está prohibido hacerlo, siente que lo necesita. Ese suave, terso perfume de mentolado con el ahumado olor del tabaco quemado lo relaja, y más desde su pleito con Luan por faltar al cumpleaños de Leona, la hija de esta, hace tres años.
Determinado a no volverse a descuidar por algo así, sale de su cubículo y la chica que buscaría termina por derribarlo.
-¡Lo siento, papá! -dijo Jamie, aterrada y deshecha en llanto- ¡Perdóname! ¡No lo volveré a hacer, lo juro! ¡Lo juro!
-¿Ahora qué hiciste? -dijo tranquilizante el peliblanco.
-Y-yo…
-Lincoln, Mar quiere verte -llamó una mujer por el interfón, dando fin a la charla.
-¿Qué quiere esa loca? -preguntó Lincoln como respuesta.
-Dijo algo de tu hija atacando a Julius en el estacionamiento.
-Terminaremos luego, ¿quieres?
Mirando a su hija, debía de ser algo más que serio. Muy pocas cosas aterraban a Jamie, y algo así solo dejaba lugar a que ella fue agredida. No así la desde el punto de vista del tesorero.
La persona que ocupa dicho cargo era nada menos que una persona llamada Mar Smith. Aunque naciera como mujer, era evidente que ella se ostentaba como persona de género fluido, y el día de hoy había acudido vestida de forma varonil escandalosamente arreglada, con un saco rojo y pantalón gris, el cabello recortado y un enorme bulto en la entrepierna sobre el que, por educación, jamás hace comentarios.
-¿Cómo se llama el chico? -preguntó Mar, visiblemente molesta.
-Jamie, señora… ¡señor! -respondió Lincoln, corrigiéndose ante el rígido protocolo en su trato que la funcionaria implementó-, y es mi hija.
-¿Perdón?
-Mi… hije -corrigió de nuevo Lincoln, bastante mortificado por usar lenguaje inclusivo.
-Prefiero identificarme como una chica -intervino Jamie, en voz baja. Por suerte, no la escucharon.
-Loud, temo decirte que tu hije agredió a Rodríguez en el estacionamiento -dijo Mar, agravando su voz para sonar bastante más varonil que su voz normal-. Hay videos que lo prueban.
Mostrando una pantalla, es patente que Jamie ha tenido tan poco tacto como para aplicarle un movimiento de lucha. Una vez que esta se levantó en la grabación, la detuvieron y volvieron a dirigirle la atención.
-Por un lado, se le agradece por poner a un acosador en su lugar -retomó Mar-. ¿Tienes idea de lo despreciable que es con la secretaria del alcalde McCann?
-Si le soy sincero, no votaría por él -masculló Lincoln.
-Pero por el otro… tu hije atacó a un funcionario en horas de servicio -dijo contundente Mar-. Lo siento, no me gusta hacer esto en fin de año, pero recoge tus cosas y vete.
-¿Irme? -dijo sorprendido el peliblanco.
-Si, irte. Adios, hasta luego, auf wiedersehem, arrivederci, maldito sayonara. ¿En qué idioma lo entiendes? -preguntó Mar con un tono despectivo- ¿Cómo decirlo?
-¡Por lo menos pudo esperar a que iniciara el año fiscal!
-Adiós, Loud -añadió Mar como remate, en forma insultante.
-Si, señor.
-Y algo más -añade la persona fluida-. No habrá gratificación de fin de año. Ha sido un año fiscal bastante malo, en especial por la falta de multas de tránsito y fianzas impagas. Lo usual, ya…
-Si, si, lo usual -cortó Lincoln, visiblemente decepcionado-. Lo de siempre.
.
Mientras recogía sus cosas, Jamie siente que ahora sí lo echó a perder.
De por sí, es consciente de que su calidad de vida no es precisamente buena como para permitirse causar que su padre ahora se quede sin trabajo. Se toma una represalia, y es lo primero que pasa.
Odia ver que sus padres discutan por eso. La tía Luna hizo lo que creyó conveniente, solo para que ella lo arruine. Realmente no quiere saber cómo se las puede gastar su madre por semejante idiotez.
Mirando al peliblanco, no lo ve infeliz. No se puede explicar por qué, pero luce bastante feliz de haber sido despedido. No solo eso, sino que inclusive estaba tarareando una vieja tonada de cuando ni siquiera existía. Es la primera vez que lo ve vivo, sin concesión a una sonrisa forzada para sus hasta hoy compañeros y superiores, y todavía más. Es la primera sonrisa franca que le ha visto en toda su vida.
Estando ya fuera, padre e hija emprenden, en medio de la creciente cellisca, el camino a casa. Por mucho que quisiera hablar, sencillamente no tiene ganas de hacerlo.
Lincoln no es precisamente un buen mentiroso. La única vez que le salió bien, lo terminó estropeando en grande, costando que sus hermanas lo mandaran al cuerno y empezara a salir con Mollie, y las veces que su cónyuge le hizo hacerlo una vez que la primera se estaba aburriendo con lo hipócrita que era terminaban en algún robo al inicio o una discusión una vez que ella salió del reformatorio luego de un pleito con Pablo y le dio un giro a su vida. Ella podría conocer todos los trucos y posibles planes desde que empezó su vida de pareja, y para su desgracia eso significa que está un paso delante.
Jamie, por su lado, se siente bastante mal. No quiere admitirlo, pero aquél hombre le era despreciable, sobre todo porque su padre llegaba a casa cansado incluso de un doble turno en la temporada de graduaciones. Además, por lo que escuchó, nadie que trabaja para el gobierno gana tan poco como para estar en condiciones que, siente, suenan a que la vida no los ha tratado con justicia. Entre las escasas y frías visitas a la abuela Ortega -a la que siempre ha visto como una mujer un tanto amargada para vivir en una casa cómoda pero bastante reducida como la suya-, los pocos y por decir lo menos baratos regalos que esta le hacía y la única ocasión que vio a sus tres abuelos hablar terminó viendo una serie de insultos nada disimulados sobre "la fábrica de zorras" o "el pocos huevos Loud". Hasta sus primos huían de ella. Casi todos estaban en alguna escuela privada o eran destacados en algún área, pero ella ni está aventajada ni mucho menos, sino todo lo contrario. Para rematar, la única tía que le daba algo de respeto, Lynn, mira y trata a su padre con algo de decencia, lo que muy pocas han hecho.
Se detuvieron poco antes de entrar a la casa, y la sonrisa en la cara de Lincoln se borró.
-Mejor… -musitó Jamie, apretando los puños-… que se entere de una vez.
-Cariño, a veces hay cosas que es mejor pensarlas antes de decirlas o hacerlas -razonó Lincoln, tragando saliva-, y créeme. Estás tan en problemas como yo, pero en tu defensa hiciste lo que creíste correcto.
-Quien sabe si golpear a alguien lo es cuando lo quieres.
-Solo cuando haces lo correcto. ¿Entramos?
Ni siquiera abrieron la puerta, y encontraron que Taylor ya lo hacía. Por su aspecto, daba la impresión de que había muy buenas noticias en el medio. Pasando de ella, aquél desagradable sujeto que solo minutos antes era su jefe, con una sonrisa en la cara y, cosa que le resultó extraña, algo de sangre sobre la camisa. Desconcertados, solo lo vieron pasar frente a ellos antes de subir a su auto, un Alfa Romeo Giulia del año que apestaba de lo nuevo y ostentoso que luce en un barrio tan abandonado.
-¿Por qué no me llamaron? -cuestionó Taylor, sonando molesta pese a su sonrisa y con el puño chocando contra su mano izquierda.
-No voy a mentirte -empezó a responder Lincoln-. Verás, resulta que me dejaron trabajo extra cuando iba a salir, y…
-Creí que el jefe de papá estaba muerto sobre la nieve -contestó Jamie, no menos alarmada y con una palidez casi cadavérica-. C-creí que él…
-¡Basta! -ordenó Taylor, callando los dos en un momento-. ¿Por qué mejor esperan a que el otro termine de hablar… Lincoln
Temeroso de lo que su mujer pueda hacerle, Lincoln dio los pormenores de su día. Entre el ceño fruncido por Jamie y el que por ella ambos se vieran obligados a palear la nieve de las entradas de los Zhau, el que a un perfecto extraño se subiera a asaltar el autobús y su último día de trabajo, con sus desagradables incidencias.
En cuanto a Jamie, esta no tuvo muchas diferencias respecto al relato de su padre, salvo que cuando dijo que salió al baño lo que siguió fue, cosa que no pudo evitar sincerarse, confesando su crimen y sintiéndose mal por recordar esa cara amoratada vomitando flema y sangre sobre el suelo.
-Así que por eso su ropa estaba manchada de sangre -pudo confirmar Taylor-. Ve a tu cuarto. Ya hablaré contigo después.
Obedeciendo, Jamie no pudo evitar sentir vergüenza. Era la última noche del año, y todo apunta a que sus padres van a discutir de nuevo. Le enferma que lo hagan, y más en una época en que se supone que la gente es feliz, incluso la más miserable y mezquina que pudiera imaginar.
Acostada, con unos audífonos puestos y con una canción de Cassandra Barela sonando, piensa un poco en lo que pasó la tarde anterior con los abuelos, el asunto del baño de la maestra Zhau en la fuente.
Realmente no fue su culpa. El imbécil de Zayn McCann, clásico de él, se metía con una chica de sexto año demasiado noble para meter las manos, y todavía le volcó su Flippee antes de llamarla "Shelby Dick". No le gusta la idea de hacer "esos trabajos" gratis, pero siendo que tiene un sentido de bien y mal lo suficientemente claro para poder discernir su intervención, apeló al dicho de que la nobleza obliga. Empezó a perseguir al pelirrojo, pero en un descuido junto a la fuente el chico la hizo caer, chocando con su dolor de cabeza y viendo como ese infeliz se hacía la víctima.
Tomando su teléfono, mira las pocas fotos que tiene de sí misma con su familia. Para su desgracia, todas salían mal por alguna razón. Ya sea porque Taylor tosió y puso una cara extraña, a ella la golpeaba una rama en un juego de la feria del condado la única vez que fueron los tres o a Lincoln lo picó un abejorro, entre otras cosas, todas las fotos que ella tiene son de forma simple y llana un desastre.
.
No discutieron. De hecho, fue un par de cosas que lo pusieron de mejor ánimo, si cabe la expresión para un día tan desastroso.
Taylor le dijo que, de entrada, Jamie no había hecho nada malo. Más allá, le salvó la vida a su jefe porque, de forma apresurada, se quiso meter varias tiras de goma de mascar a la boca para quitarse el sabor a cigarrillo de la boca con tan buena fortuna que se tragó y atoró sin querer la colilla de su último gusto.
Tocante a lo derivado de eso, la noticia de que fue despedido fue el principal interés de su esposa. Resulta que alguien en tesorería habló de más en la fiesta de fin de año de dicha oficina sobre Mar, quien estuvo desviando ciertos fondos para su beneficio y cubriendo de tal forma que a fin de año "seleccionaban" a varios empleados al azar, por lo general despedidos o Lincoln mismo, para negar gratificaciones y compensar un amplio déficit con triangulaciones dignas de un político especialmente corrupto.
Las opciones eran más que claras. Según Taylor, a quien su jefe vio mientras a él se lo comían vivo, podía volver hasta el día de Martin Luther King o renunciar con una amplia recomendación al sector privado. Lo que sí es un hecho es que le va a tocar aguantar a su suegra esas dos semanas.
Para variar, el plan original -ver el evento de Nochevieja en Times Squate por internet- se mantiene. Taylor iba a salir con los hijos de Lynn, pero con todo esto es un hecho que la pasarán todos en pijama.
Tocando a la puerta, Lincoln entró a la habitación de su hija.
-Ahora no, viejo -contestó Jamie, mirando al techo.
-No vas a negarle una charla a tu viejo, ¿o sí?
-Hablas como en película antigua.
-Algún día te pasará lo mismo si tienes hijos -alegó Lincoln, acostándose con su hija al lado.
-Pues tendrás suerte si algún gusano llega a gustarme -dijo irónica Jamie.
-O gusana -devolvió Lincoln-. No es que sepa si te llegue a gustar un chico o una chica, puedo vivir con eso. No tengo problemas con eso. Y además podría ser alguien que quiera adoptar. Ya sabes, para…
-¡Papá!
-Lo siento, no vine a eso -se disculpó Lincoln, mirando también al techo-. Estaba pensando. ¿Qué tal si nos olvidamos de esta tarde y pasamos la noche en casa de tu tía Lynn?
-La entrenadora dijo que se irá a un bar con unas amigas y la tía Lana.
-¿Y qué hay de tu tía Luna o los abuelos?
-Se acaba de enterar y ella no te quiere cerca. ¿Y los abuelos? La tía Lily está con ellos.
-Entonces no tengo más ideas -resolvió Lincoln-. Solo nos queda acampar mañana en el patio, ver los fuegos artificiales… asar alguna salchicha…
-Eso suena…
-¿Improvisado?
-Iba a decir… am, ¿cómo decirlo?
-¿Jodido?
-Jodido.
Tras la puerta, Taylor soltó una risita que a duras penas contuvo. Hasta donde puede recordar, hubo un tiempo en que Jamie no dejaba de pedirle salchichas por mucho que a ella misma le asquearan. Ahora no tanto, pero admite que la idea que tuvo Lincoln no es tan mala. Incluso empieza a considerar que, apenas Taylor entre a la preparatoria, un poco más de ruido en la casa no vendría nada mal. No le importa si están algo más apretados, siempre que sepa cuándo decir basta muy a diferencia de su suegra.
-¿Qué te he dicho sobre ese lenguaje, Jay? -cuestionó Lincoln, picoteando las costillas de su hija.
-¿Qué te ha dicho mamá cuando olvidas bajar el asiento del retrete? -replicó Jamie, devolviendo el ataque.
-Touché…
-Entonces… ¿cuál es el plan, viejo?
.
Con Jamie dormida en su bolsa, Taylor sacó un paquete de cerveza. Podrá odiar el olor de tabaco, pero como ella misma dice, ¿quién no se resiste a unas "bien muertas"? En especial porque, para vivir entre la carretera y la zona rural, la vista que tienen es inmejorable de noche, con una buena vista al estar en un terreno más o menos elevado.
Hacía ya cuatro horas que el espectáculo de pirotecnia había terminado, y la charla entre Lincoln y Taylor pasó por temas variados, incluyendo uno que a muchos les toma bastante repelús tratar pero que para ellos es moneda corriente.
-Solo fue cosa de una tarde -replicó Lincoln, un poco aturdido por la bebida al dar un trago a su tercera lata-. ¿O qué?
-Es usted un desastre, señor Loud -dijo burlona Taylor, entonada y remedando un tono que cree pomposo-. ¿Meterse con una maestra de pueblo?
-En su defensa, tenía que pagar una multa antes de septiembre -alegó Lincoln-. No por nada saberle cosas a las amigas de Lynn me sirve a veces.
-¿Seguro?
-Era eso o explicar por qué apestaba a sudor y violetas -añadió el peliblanco-. ¿Y qué hay de ti? ¿Pablo va tras de ti de nuevo?
-El que sea mi amigo no quiere decir que sea su amante -dijo Taylor, lanzando a la fogata que hicieron en el patio la lata de la que bebía-. ¡Dios! Ese tarado tiene casi treinta y cuatro, pero sigue siendo virgen.
-¿En serio sigue siendo virgen? -rió Lincoln, ignorando a los vecinos que apenas iban regresando a casa de celebrar con sus parientes y amigos- ¿No que se fue con una maestra de esa escuela de modelaje?
-Ella lo echó cuando…
-Ya, maduren y dejen dormir -protesta Jamie en sueños.
-Aguafiestas -masculló Taylor, arropando un poco a Jamie-. Duerme bien.
-¿Quieres que traiga otra cobija? -preguntó Lincoln, notando que el aire del norte empezó a helar.
-Mejor trae tu trasero aquí y pruébame lo que dijo de ti Shannon hace un mes.
Obedeciendo, Lincoln se sentó a la izquierda y
-¿Y ustedes qué ven? -dijo dirigiéndose a los lectores.
-¿Con quién hablas? -preguntó Taylor.
-Te explico después -respondió el peliblanco, como si buscara cubrir una pantalla.
Y es mejor dejarlo así. Después de todo, hay pocas personas que les gusta tener testigos cuando están en pareja y se dan sus cariñitos…
-¡Basta! -dijeron ambos, burlones.
… por los que igual podrían tener más hijos si quisieran.
~o~
La verdad, quería que esto fuera la apertura para este año. Sin embargo, entre lo que el tiempo me comió y Vínculos y otro proyecto me tienen en la lona, pues me deja sin excusas. Ojalá que se la sigan pasando bien pese a ese pequeño bastardo que hace dos años nos empezó a azotar.
Si. Siento que el final fue muy apresurado y al vapor. Es lo que siento, pero con el tiempo que buscaba, ¿creen que haya sido posible algo más elaborado? Yo digo que si.
En cuanto a Taylor... sé que fue creada por un tal Midgar. Como mayor referencia, me basé en el arte de ella que hay por Green Skull 34. No espero hacer más de ella en el futuro, pero la puerta está abierta a posibilidades... si mis otros trabajos me dejan espacio.
Los leo luego, señores.
See you in the next fiction
Sam the Stormbringer
