Capitulo 2.

Habían pasado varios días desde la última vez que salió de su casa.

Habían pasado varios días desde la última vez que había respirado el aire de la ciudad de Nueva York.

Habían pasado varios días desde la última vez que corrió por los techos de las casas.

Y por supuesto habían pasado varios días desde su última batalla.

Para Destructor, aquellos recuerdos no solo se habían vuelto una memoria amarga, sino que, para él, se convirtieron en un capítulo de su vida que, a pesar de desear que no hubiera pasado, estaba escrito en letras rojas.

Justo ahora se encontraba saltando entre los tejados de los edificios. No traía puesta su característica armadura plateada, en vez de eso, había optado por usar un traje negro de ninja tradicional y sustituyendo su típico casco, con una máscara de color negro que cubría la parte inferior de su cara.

Esa noche debía pasar inadvertido, si es que quería que su misión diera frutos y por supuesto, no deseaba toparse por ningún motivo con los hermanos Hamato, o sino todos los días que había invertido en la planeación de esa misión, se irían al diablo.

La misión de esa noche era relativamente fácil, si es que no surgía algo que lo pusiera en peligro. Su plan consistía en infiltrarse en el laboratorio Krang y recuperar algo que era suyo y que los malditos robots, habían cogido sin su consentimiento.

Sabía que no debía haber confiado en los Krang, pero en su afán por buscar una forma de destruir al Clan Hamato, lo llevó a tomar medidas desesperadas. Y ahora estaba pagando las consecuencias.

-Sensei – escuchó que alguien lo llamaba. Destructor, se detuvo y vio como un ninja del clan del pie se aproximaba hacía él.

Había olvidado mencionar, que la misión de esa noche, no lo estaba realizando completamente solo. Junto con él, se encontraban cinco de sus más leales ninjas, los únicos humanos que habían jurado seguir a su lado después de que Karai se coronara como la líder del Clan del Pie de Nueva York.

-¿Hay señales de algún entrometido cerca? – le cuestionó Destructor.

-No estamos seguros -contestó el ninja. -Encontramos esto en el perímetro.

El ninja le entregó un artefacto completamente destruido. Destructor al cogerlo, pudo notar que el objeto tenía forma de un caparazón de tortuga, y que poseía una pantalla hecha añicos, pero el estado del dispositivo estaba en tan malas condiciones que hizo que se preguntara cuantos días llevaba abandonado. Aun así, no había duda de que el objeto debía pertenecer a las tortugas y que, por ende, debían estar cerca.

-Depositalo en el lugar más alejado del objetivo – ordenó Destructor al devolverle el artefacto al ninja. – No podemos permitir que haya interrupciones.

-En seguida – contestó el ninja con una reverencia y partió a cumplir la orden.

Después de eso, Destructor procedió a continuar con su marcha y después de unos cuantos minutos, se detuvo en un tejado que estaba frente a una bodega abandona junto al mar.

A los pocos segundos se colocaron junto a él los cinco ninjas y con una señal, los seis saltaron hacía la bodega y entraron por una ventana rota. Una vez en el interior, cuatro de los cinco ninjas se separaron para explorar el perímetro, mientras que el quinto, permaneció junto a su sensei.

Los dos se movieron por las escaleras de metal, hasta llegar al centro del lugar, donde se detuvieron por unos segundos.

-No hay señales de alguien habitando este lugar – dijo un ninja por el comunicador.

-¿Están seguros que esta es la bodega correcta? – preguntó el ninja que estaba con Destructor.

-¡Por supuesto que si! – dijo otro. -¡Yo vi como un camión de cargo sospechoso entraba a este lugar hace dos semanas!

-Baja la voz o harás que nos descubran – lo regañó otro.

Destructor sin hacer caso a la conversación de su equipo, siguió recorriendo el lugar. La bodega parecía completamente abandonada, pero sabía que el Krang era inteligente y que de seguro habían escondido la entrada a su laboratorio en algún sitio. ¿Pero dónde?

En eso, escucharon como una especie de puerta presurizada de abría y con una señal de Destructor, los ninjas se ocultaron detrás de las cajas y barriles que se hallaban esparcidos por todo el lugar.

Todos observaron como la pared que estaba al fondo de la habitación se recorría, mostrando que en realidad se trataba de una entrada secreta. Y como de esa entrada salían dos robots Krang con apariencia humana.

-Acábenlos – ordenó Destructor.

Dos de sus ninjas salieron de su escondite y atacaron a los robots, mientras estos peleaban, Destructor junto con los tres ninjas restantes, corrieron sin ser vistos y se colaron por la puerta secreta, segundos antes de que de ésta se cerrara.

Una vez dentro se percataron de que se trataba de un elevador y que sin presionar un botón comenzó a descender rápidamente hasta detenerse en lo que parecía ser el último piso.

Al abrirse las puertas, los ninjas se encontraron con dos robots, que ni siquiera tuvieron tiempo de alertar a los demás, pues habían sido eliminados en un abrir y cerrar de ojos.

Los cuatro procedieron a moverse sobre un largo pasillo que llegaba hasta una habitación más grande. Con sigilo accedieron y descubrieron que se hallaban en la parte superior del laboratorio Krang que tanto buscaban.

-Preparen las bombas – les dijo Destructor.

Destructor recorrió con la vista todo el lugar y para su confusión, vio que no había más de 10 Krang en el sitio. Pero lo que más llamó su atención, fue ver que en el centro de esta, había una especie de mesa de operaciones y que sobre esa mesa se hallaba un muchacho inconsciente.

-¿Seguimos con el plan sensei?– preguntó el ninja que acompañaba a Destructor.

Al ver al chico en ese lugar, conectado a varios cables, hizo que Destructor maldijera por lo bajo, pues aquello no estaba previsto y por supuesto ponía en peligro toda su operación. Por un segundo, pensó en continuar con el plan, pero su consciencia le decía que no podía abandonar a ese muchacho a su suerte, a otra víctima del Krang.

-Sato y yo sacaremos al chico de aquí – dijo al final Destructor. – Los demás sigan el plan.

-Si sensei – dijeron los ninjas antes de separarse.

-¿Está seguro de esto sensei? -preguntó el ninja de nombre Sato.

-No – contestó. -Pero no tengo otra opción.

Apenas terminó de decir aquellas palabras, una bomba de humo explotó en medio de la habitación, provocando que los robots comenzaran a emitir señales de alerta.

-¡INTRUSOS, INTRUSOS! – exclamaban los Krang al mismo tiempo que disparaban sus armas láser a diestra y siniestra.

Destructor y Sato de un salto llegaron hasta la planta baja del laboratorio y aprovechando la confusión del humo, ambos se aproximaron sin dificultad hasta donde se hallaba el chico. Ya estando frente al él, Destructor lo examinó rápidamente y pudo advertir que el chico parecía estar en sus veinte, que tenía piel clara y cabello castaño oscuro. Curiosamente algo le parecía muy familiar, pero no podía dar con la razón, además de que aquel no era el momento adecuado para hacerlo. Primero lo sacaría de ahí, haría volar el edificio y ya después de eso, podría indagar en la identidad del chico con más calma.

Sin perder el tiempo, ambos ninjas desataron al joven inconsciente y le retiraron los cables que estaban conectados a su cuerpo. Al hacer eso, una alarma en una pantalla se activó y en un abrir y cerrar de ojos los Krang los tenían rodeados.

-Krang no permitirá que se lleven al sujeto T1-H1 – dijo un Krang mientras les apuntaba con un arma.

-No permitiré que sigan haciendo sufrir a la gente – respondió Destructor mientras se colocaba en posición de ataque.

-Krang no renunciará tan fácil al éxito de su experimento.

-¿Éxito? Yo diría fracaso.

En ese instante, varias shuriken se clavaron en algunos Krang y detrás de ellos aparecieron los demás ninjas del pie, quienes atacaron a los robots para dar paso libre a su líder.

Destructor aprovechó esta oportunidad para cargar al muchacho de modo bombero y procedió a retirarse del lugar junto con sus ninjas.

Justo después de que todos los del Clan del Pie consiguieron salir de la bodega, una enorme explosión se produjo a sus espaldas, haciendo añicos todas las instalaciones del Krang, incluyendo a todo Krang que se encontrara todavía adentro.

-Creo que me pasé con los explosivos- dijo uno de los ninjas.

-¡Nah! Estuvo bien -le contestó otro mientras observaban el humo de la explosión ascender al cielo.

-¡Vámonos! - dijo Destructor. -Pronto llegará la policía y los bomberos.

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Rapha jamás había sentido en su vida su cuerpo doler tanto como en ese momento, desde la punta de su cabeza hasta los pies y si se movía un poco, sentía una terrible punzada recorrerle por completo.

Deseó de nuevo estar inconsciente, pues sabía que el Krang en cualquier momento volvería a introducirle más agujas y a propinarle más descargas eléctricas que le causarían muchísimo dolor.

-¿Cómo está el chico? - escuchó a un hombre decir.

Rapha aún sin abrir los ojos se preguntó quien era el propietario de esa voz, pues no sonaba como la de los Krang.

-Físicamente parece estar bien. -escuchó ahora decir a una mujer. -Solo tiene hematomas donde le introdujeron las agujas, pero como veo, estas se curarán sin dejar marca. Lo que me preocupa es su estado psicológico, tengo los resultados de las tomografías y su cerebro presente altos niveles de estrés.

-¿Cuántos días crees que estuvo allí atrapado?

-No estoy segura, pero por las heridas, puedo suponer que más de una semana

Sin poder contenerse más y llevado por la curiosidad por saber quien eran aquellos sujetos, Rapha abrió lentamente los ojos y lo que vio no fue para nada satisfactorio.

-¡Destructor! - exclamó Rapha al mismo tiempo que se sentaba de golpe y trataba de alejarse de él, pero el dolor de su cuerpo provocó que solo cayera por el borde de la cama.

Inmediatamente la mujer que estaba ahí fue en su ayuda, pero fue rechazada.

-¡Alejate de mi! - exclamó Rapha asustado mientras trataba de ponerse de pie y para su extrañeza, sentía su cuerpo menos pesado de lo acostumbrado.

-Tranquilo no vamos a lastimarte – dijo la mujer en un tono maternal. - Me llamo Midori Green, soy doctora y voy a ayudarte.

Rapha analizó a la mujer que estaba arrodillada frente a él. Esta tenía el cabello negro peinado en una cola de caballo, tez blanca y ojos color miel. Por como lo veía, esta parecía emitir confianza, así que sin oponerse, dejó que ella lo ayudara a reponerse. Sin embargo, al momento que Rapha sujetaba la mano de la doctora para apoyarse, descubrió algo que lo dejó completamente helado.

En vez de su peculiar mano de color verde, había una mano humana. Y eso no era todo, horrorizado alzó su otra mano para descubrir lo mismo, al igual que su piernas. Llevó ambas manos hacía su espada y se percató que ya no tenía su caparazón, después se las llevó a la cabeza y para aumentar el shock, sintió una mata de pelo.

-¡Esto debe ser un sueño! - dijo Rapha sintiendo como el aire le hacía falta.

-¡Oh no! - dijo Midori preocupada.- Esta sufriendo un episodio de ansiedad.

-¡¿Qué?! - exclamó Destructor con sorpresa.

-Necesitaré un tranquilizante. Saki por favor, ayúdalo a respirar.

Destructor sin saber exactamente que hacer, se acercó a Rapha con la intensión de sujetarle los hombros y ayudarlo a respirar, pero al momento que la ex-tortuga vio las intenciones del hombre, automáticamente trató de alejarse, lo que empeoró más su condición.

-Creo que no fue una buena idea- dijo Midori al ver la reacción del chico ante Destructor. -Hazte aun lado Saki.

Destructor sin oponerse, hizo lo que le pidieron y dejó que Midori se acercará a Rapha con el tranquilizante, pero esto solo provocó que Rapha gritará de terror al ver la aguja.

-¿Y eso no es peor?– le recriminó Destructor a la mujer.

-Pues no hay opción – contestó ella. -Sujetalo.

Sin ver otra salida a esa circunstancia, Destructor abrazó a Rapha por la espalda y sujetó sus brazos para evitar que este se moviera bruscamente. Midori aprovechó la oportunidad y le inyectó el tranquilizante a una velocidad innata.

-Todo estará bien – atinó a decir Destructor sin saber muy bien que hacer a continuación.

El efecto del tranquilizante fue instantáneo y en tan solo pocos segundos, Rapha dejó de forcejear y como lo esperaba la doctora, se quedó dormido. Destructor, con mucho cuidado colocó con cuidado al chico de vuelta en la cama.

-Eso responde a mi preocupación por su estado psicológico – dijo Midori al mismo tiempo que tomaba el pulso de Rapha para asegurarse de que se encontraba bien. -¿Hay algún problema Saki?

-Me llamó Destructor – dijo él sin apartar la vista del chico. - Me conoce.