Capítulo 4.

-¡Hice lo que tú siempre quisiste hacer! ¡MATÉ A SPLINTER!

Destructor parpadeó un par de veces al escuchar la confesión del muchacho. Aquello le resultaba inverosímil y se cuestionó seriamente si había oído bien, pues no era secreto que empezaba a sentir que su audición fallaba de vez en cuando, cosa que Midori lo atribuyó a la edad y como consecuencia de su accidente en Japón 20 años atrás.

Aún así, al ver a Rapha con lágrimas en los ojos, supo de inmediato que el chico iba en serio y que no era una especie de broma punk.

-¡Por Kami! – atinó a decir Destructor llevándose ambas manos a la cabeza con estupefacción.

El chico tenía razón, había logrado hacer lo que él siempre deseó desde que se enfrentó a Yoshi. Si le hubieran contado eso cinco años atrás, lo más probable es que hubiera saltado de la alegría, ya que al fin su enemigo habría sucumbido y por supuesto recompensaría muy bien al responsable de tal hazaña.

Pero alegría no era lo que estaba sintiendo.

Desde la última pelea, Destructor se dio cuenta que había sido un completo tonto al anteponer su venganza por sobre todas las cosas. Su irá, su odio, su miedo, lo llevaron a realizar atrocidades de las que hoy en día no estaba orgulloso. Lamentó el ser tan ciego y no darse cuenta de que, si olvidaba su venganza, podía haber tenido una mejor vida…junto con su hija.

El perderla le abrió los ojos, y no importaba cuanto lo intentase, sabía perfectamente que ella no volvería a su lado, pues ella jamás perdonaría a un monstruo como él. Y era debido a eso, que apenas hubo logrado escapar con vida de la batalla final, que se juró así mismo no volver a perseguir su venganza, que viviría el resto de su vida en paz y tranquilidad, lejos de todo mal y odio.

Era por eso que no sentía para nada alegría, sino al contrario, sentía tristeza, pero no solo por la muerte del hombre que alguna vez llamó hermano, sino porque había sido uno de sus hijos quien lo hizo. No obstante, al ver la reacción de Rapha, supo que sus acciones no habían sido con intensión.

-¿Fue un accidente? – preguntó Destructor siendo condescendiente.

-Estaba furioso…Leo me provocó…dejé que mi irá me controlase…Splinter intentó separarnos. ¡No quise hacerlo! – con esas palabras Rapha no pudo aguantar más y rompió a llorar.

Destructor no pudo evitar sentir pena por el muchacho, desde que lo había conocido, se había percatado de que era muy impulsivo y que siempre se dejaba guiar por sus emociones, especialmente por la ira. Como maestro ninja, sabía que, si no se ponía a trabajar en eso, terminaría pagando consecuencias terribles.

Pero no iba a restregarle eso en la cara, era más que obvio que Rapha sabía aquello y el sufrimiento que sentía justo ahora, era castigo suficiente. Lo que necesitaba el muchacho en ese instante, no era un sermón por su falta de autocontrol, sino alguien en quien apoyarse.

El problema era si la ex-tortuga le dejaría ayudarlo. Y solo había una forma de averiguarlo.

-Si quieres…puedes quedarte aquí – dijo Destructor. – El tiempo que necesites.

Rapha miró a su mayor enemigo parado frente a él, sin armas, sin armadura, con una mascara negra que solo cubría la mitad inferior de su cara, y al ver que no tenía nada más que perder, aceptó la oferta.

-Bien -dijo Destructor juntando las manos. -Te dejaré descansar un poco y pediré a la señora Yumiko que te traiga algo de comer.

El chico solo asintió con la cabeza en forma de agradecimiento.

-¡Ah! Y una cosa más. -dijo Destructor antes de salir de la habitación. – Ya no uso el nombre "Destructor", mi nombre es Saki.

Sin decir más, Saki salió de la habitación y dejó al chico descansar, pues había sido un día largo y lo necesitaba. Bajó las escaleras y se dirigió a la cocina, donde se encontró sentada en la barra a Midori, quien estaba siendo atendida por Yumiko, su vieja ama de llaves.

-Arigato Yumiko – dijo Midori al mismo tiempo que la ama de llaves le servía más té en una taza.

Saki le pidió a la ama de llaves en perfecto japonés, que le llevara algo de comer a su huésped y está sin oponerse, puso en una charola unos onigiris con huevo, una taza de té y salió de la cocina con rumbo al primer piso, dándole la oportunidad al antiguo villano de hablar a solas con la doctora.

-¿Cómo está el chico? – preguntó Midori.

-Bien, podríamos decir. -dijo Saki encogiéndose de hombros.

-¿Ya sabes quién es y por qué te conoce?

En la siguiente media hora, Saki le resumió todo el historial que tenía con la familia Hamato hasta lo que ocurrió esa mañana que fue a averiguar la identidad del muchacho. Y como lo esperaba, la mujer, se quedó con los ojos muy abiertos al escuchar semejante relato.

No era que Midori no supiera acerca de la existencia de los mutantes y de la mayoría de las fechorías del hombre que estaba sentado a su lado. Al contrario, como su doctora personal, sabía muy bien en lo que su paciente estaba metido, sin olvidar que sentía una terrible culpa por ser tan ingenua al confiar la muestra de sangre de él en el hospital y perderla. Y ahora el chico que se hallaba en el primer piso era el resultado de su novatada.

No obstante, eso no era lo que le sorprendía, sino que el Krang había logrado crear una formula que eliminaba parte del mutageno en el ADN de un mutante y que la habían remplazado con ADN humano para transformarlo en uno.

-Esos Krang si que fueron listos. – dijo Midori al final. -Me gustaría saber que clase de formula usaron.

-Pues sea lo que sea, usaron mi ADN sin mi consentimiento. – dijo Saki aún molesto.

-Si, es lo que noté en el examen de sangre que le hice al chico.

-¡Qué! ¿Cuándo le hiciste un examen?

-Después de ponerle el tranquilizante aproveché para sacarle una muestra. Tranquilo, yo misma hice el análisis, y los resultados indicaron que tiene 50% ADN de un Trachemys scripta elegans y 50% ADN de un homo sapiens sapiens, "TÚ ADN". Todo en un perfecto equilibro.

Saki la miró enarcando una ceja, a veces no entendía como ella se emocionaba por cosas de ese tipo, si reconocía que ella a parte de ser doctora, también era una neuróloga y química reconocida en su campo, especialmente por sus artículos sobre estudios sobre cerebro humano.

-Perdona, a veces me dejo llevar. – dijo Midori mientras tomaba un sorbo a su té. -Es que es fascinante.

-Te comprendo – dijo Saki. -Pero será mejor que te abstengas de hacerle más estudios, el chico ha pasado por mucho con el Krang, y los dos somos testigos de como reaccionó ante la aguja.

-Si es cierto, le daré su espacio.

-Gracias.

-Mañana le haré los estudios.

Sin darle oportunidad a Saki de contestar, Midori terminó su té, se despidió del hombre con un beso en la mejilla y salió de la cocina.


A la mañana siguiente, Rapha ya se encontraba más relajado, había tomado un baño, y se vistió con otras ropas que le había proporcionado la ama de llaves, que también eran igual de grandes que las anteriores.

Ya un poco más animado, decidió explorar la casa, pues no iba a negar que se moría de la curiosidad por saber en que clase de lugar vivía su enemigo número uno.

Siempre se imaginó que la guarida de Destructor sería oscura, como un calabozo lleno de máquinas de tortura, humedad, con falta de luz y lleno de goteras, pero se llevó una decepción al ver que el hombre vivía en una casa de campo que no tenía nada que ver con lo que había imaginado, pues está por lo que vio, era una mansión, con varias habitaciones, un comedor grande, una sala de estar, una biblioteca, cuarto de juegos, un dojo, y un mirador con piscina y yacusi. Al ver todo eso se preguntó si Saki era un especie de millonario.

Mientras exploraba la sala, se percató de que en una pared había varios cuadros con fotos de una niña pequeña sonriendo. Había una donde la niña tenía un vestido blanco y una corona de flores, otra donde tenía un kimono tradicional y sostenía una lampara de papel y también había una donde la niña aparecía sobre los hombros de Saki, y ambos sonreían.

Rapha supo de inmediato que esa niña era Karai, y no pudo evitar sorprenderse al verla en su faceta de niña, al parecer si tuvo una infancia relativamente feliz, cosa en anteriormente dudaba, pues desde que la conoció, ésta siempre se mostraba hostil. No la culpaba, era obvio que al crecer junto a Destructor esta adoptara un comportamiento agresivo, pero al ver las fotos, de ella y Destructor juntos, se dio cuenta de que quizá su vida no había sido tan dura como llegó a creer en un principio, si pudo ser un poco rígida con lo del entrenamiento ninja y eso, pero al final, no parecía que haya sido un infierno.

En eso, sus pensamientos fueron interrumpidos a causa de un olor delicioso que provenía de la cocina. Guiado por ese olor, Rapha fue directo a la cocina y al entrar se encontró a Midori devorando un omelet de huevo.

-¡Hola! - dijo ella con una sonrisa al verlo entrar. -¿Cómo te sientes?

-Creo que bien. -dijo Rapha tratando de no hacer contacto visual con ella, aún no estaba del todo seguro si podía confiar en ella.

-¿Tienes hambre? Yumiko, ¿puedes servirle al chico algo de desayunar?

-¿Nani? - dijo la ama de llaves.

-Al-go pa-ra de-sa-yu-nar – dijo lentamente Midori.

-¿Nani?

Al ver que Midori se llevaba una mano con desesperación a la cara, Rapha dijo con un poco de dificultad:

-¿A-sa gohan?

-¡Hai! - contestó la ama de llaves con una sonrisa y asintiendo antes darse la vuelta y coger un sartén.

-¡Vaya! - exclamó Midori con sorpresa. -Sabes japonés.

-Solo un poco – contestó este mientras se sentaba en la barra de la cocina.

-Yumiko no habla inglés es por eso que me cuesta comunicarme con ella. Normalmente es Saki quien traduce.

-¿Tú y Des..es decir, Saki son...algo? - preguntó Rapha, pues al ver como la mujer se dirigía al antiguo villano en una forma de compañerismo, le hizo suponer que eran algo más que conocidos.

-Podría decirse que somos algo. – dijo ella con una sonrisa picara.

-¿Cómo lo conociste? - se aventuró a preguntarle, ya que a esa altura, no podía reprimir su curiosidad.

-Lo conocí hace 20 años, cuando...tuvo el accidente. ¿Si sabes lo que le pasó?

-Eeeh...si, bueno, no conozco los detalles, pero sé que hubo un incendio en su hogar en Japón.

Rapha se mordió la lengua al recordar el extraño viaje en el tiempo que había hecho con sus hermanos, el cual los hizo toparse con los viejos clanes Hamato y del Pie, y conocer el origen del odio entre los dos.

-Yo atendí sus heridas. -prosiguió Midori. -Y posteriormente me encargué del control de salud de su hija cuando era una bebé. - la mujer dejó escapar una pequeña carcajada. - De hecho, recuerdo que una vez me hizo ir a su casa en japón a las tres de la mañana diciéndome que Karai estaba muy grave. Sonaba muy asustado y parecía que en cualquier momento sufriría un infarto, pero la niña no estaba grave, al contrario, solo se sentía mal del estómago por comer muchos dulces. Y créeme no fue la única vez que me hizo cruzar medio Japón a altas horas de la noche.

Escuchar sobre la faceta paternal de Destructor era muy raro, ya que nunca se imaginó verlo de esa forma, pero al final reconoció que era un ser humano y que esa reacción era propia de un padre primerizo. Sin embargo aún le costaba procesar la idea de un Destructor amable, pues la imagen de un Destructor con sed de sangre se interponía.

-Solo te hice venir un par de veces – dijo Saki entrando a la cocina. Rapha se volteó y se percató de que el mayor traía puesta un pants y una camisa similares a las que traía él, lo que le daba a entender que era su ropa la que estaba usando. Aunque eso no era lo que le llamó su atención, sino que, esta vez, Saki no traía puesta su máscara, y sin problemas pudo observar a detalle la cicatriz de su cara al igual que sus quemaduras.

A Saki pareció no importarle que el chico se le quedara viendo fijamente en lo que se les unía a la barra y pedía algo para desayunar a Yumiko. Un silencio se produjo en la cocina, exceptuando el sonido de los cubiertos golpeando los platos y el sartén en la estufa.

-Rapha – dijo Saki en un tono serio. -Si necesitas hablar con alguien acerca de lo que pasó...puedes contar conmigo. - hizo una pausa para tomar aire y luego prosiguió. -He estado en tu posición y conozco de primera mano lo difícil que puede llegar a ser.

-Así estoy bien, gracias – contestó Rapha al mismo tiempo que trababa de cortar un pedazo de omelet con los palillos, fracasando en el intento.

Saki dejó escapar un suspiro al escuchar la respuesta del joven, desde anoche que había practicado la mejor manera de expresarle que él estaba dispuesto a ser su confidente y recibía como respuesta un "así estoy bien, gracias". Era obvio que el chico no estaba bien y que era necesario que exteriorizara todo lo que sentía, dado que no era bueno que se reprimiera. Sin embargo, sabía que era mejor no presionarlo o podría terminar bastante mal.

-Dejame enseñarte – dijo Saki al ver como el chico volvía a fallar en la forma de sujetar los palillos. - Debes sostenerlos entre tu pulgar, índice, y el dedo medio. Coloca el final de tu palillo en la base de tu pulgar y déjalo descansar en tu dedo anular, así podrás tener un mejor agarre.

Rapha siguió las indicaciones sin oponerse y para su satisfacción, vio que aquella forma dio buenos resultados, solo que aún le era difícil.

-Esto será complicado – expresó la ex-tortuga.

-Y lo que te falta – agregó Midori.

-Este...¿qué te parece si salimos a la ciudad? - preguntó Saki. -A puesto que te hará bien respirar un poco de aire, además me parece que necesitarás algo de ropa que te quede.

-¡Siiii!, ¡vamos de compras! - expresó Midori emocionada. - Hay una nueva tienda a la que he querido ir, dicen que tienen los mejores vestidos de toda la ciudad.

-¿Qué opinas? - dijo Saki mirando a Rapha. - ¿Te apetece ir?

-Creo...que esta...bien. -respondió Rapha no muy convencido.

-¡Estupendo! - dijo Midori levantándose de la mesa y dirigiéndose hacía la puerta.-Los veo en el auto en cinco minutos.