Capitulo 5.

-¡Pero miren quien salió de su cueva!

Rapha miró con desconfianza al hombre que estaba parado a unos cuantos metros de él. Tenía la piel bronceada, cabello oscuro y largo sujetado por una cola de caballo y por su tono de voz y la ropa ajustada que traía, no le fue difícil adivinar que era gay.

-Siempre diciendo cosas lindas Manolo – contestó Saki cruzándose de brazos.

Para Rapha era curioso ver a Destructor vistiendo ropas casuales, se había acostumbrado tanto a verle con su armadura puesta, que le resultaba extraño verlo usar un pantalón oscuro, una chaqueta de piel negra y por supuesto una bufanda y un sombrero tipo fedora que ocultaba parte de su rostro.

-¿Qué te trae a mi humilde tienda de ropa? - dijo Manolo con una sonrisa.

"¿Humilde tienda de ropa?" pensó Rapha enarcando una ceja, observando el gigantesco local repleto de estantes y estantes de ropa, que por los nombres extraños, supuso que eran de marca.

-Necesito algo de ropa para el muchacho. - dijo Saki señalando a la ex-tortuga.

-¡Por la reina de la moda! - exclamó Manolo al mismo tiempo que se acercaba a Rapha y lo miraba de arriba a abajo. - ¿Quién te prestó esos harapos?

Rapha esbozó una media sonrisa al ver como Destructor fruncía el ceño ante el comentario de Manolo.

-Solo dale algo que le quedé al chico – fue la respuesta de Saki.

-¡Oki doki! - contestó Manolo al mismo tiempo que le señalaba el camino a la ex-tortuga.

Rapha miró a Saki, casi implorándole que no lo dejara solo con ese hombre de dudoso género, pero Destructor nada más procedió a sentarse en una silla para maridos y coger una revista para hojearla. Así que sin tener opción, siguió a Manolo.


Media hora más tarde, Rapha regresó junto con Manolo a dónde estaba Saki esperándolos. Ahora fue el turno del antiguo villano en sonreír al ver que la ex-tortuga usaba ropa que por fin le sintieran bien, aunque solo era un pantalón de mezclilla, una camisa roja y tenis.

-Sabía que no me decepcionarías Manolo – dijo Saki haciendo la revista a un lado y levantándose.

-Ya sabes que mi tienda es la mejor en toda Nueva York – contestó Manolo. - Pero este no es el único conjunto, me tomé la libertad de seleccionar muchos más. Tanto de diario como formales.

-Me parece bien, por favor cargalo a mi tarjeta. - Saki sacó de su chaqueta una tarjeta de crédito negra y se la entregó al vendedor, quien al tenerla en sus manos se dirigió a la caja a procesar el pago.

-¿Por qué estás siendo tan amable conmigo? - le cuestionó Rapha una vez que se encontraron solos.

-Porque reconozco a alguien que necesita ayuda y no me quedaré de brazos cruzados.

Rapha miró a Destructor directamente a los ojos, le costaba trabajo creer que el hombre parado frente a él, había sido la misma persona que trató de acabar son su existencia desde hacía cinco años. Recordó que una vez Splinter le dijo que las personas eran capaces de cambiar si se enfrentaban a algo que los hiciera replantarse su presente, y al parecer Saki era el ejemplo perfecto de ello. El que Karai se fuera de su lado, hizo que se diera cuenta de que su vida estaba tomando un rumbo no deseado y de inmediato lo corrigió.

Y Rapha lo pudo comprobar al ver que Saki le estaba ofreciendo ayuda sin nada a cambio, y en ese momento solo podía sentirse más que agradecido con él, cosa graciosa, ya que jamás se imaginó sentirse en deuda con Destructor.

Las cosas si que estaban dando un giro de 180 grados.

-Gracias – dijo Rapha desviando la vista y en voz baja. -P-por lo que has hecho por mi. Si no fuera por tu ayuda yo quizá...

-No te preocupes por eso. -respondió Saki sonriéndole y colocando una mano en su hombro. -Tómalo como una disculpa por todo lo que hice. Además, creo que te vendrá bien un cambio de escenario, ¿no crees?

Saki tenía razón, ya que desde hacía tiempo que Rapha se había cuestionado el rumbo de su vida. Si lo meditaba profundamente, llegaba a la conclusión, de lo único que había hecho, era entrenar, golpear cosas, jugar pinball, videojuegos, ver tv, leer cómics, comer, pelear contra villanos y ya. Esto último era lo que más ocupaba su tiempo, pero ahora que ya no había villanos, las otras actividades habían tomado la delantera.

Y esto no mejoraba cuando prestaba atención a las actividades que sus hermanos hacían. Donnie recientemente había comenzado un curso en línea sobre programación que impartía la universidad de Harvard y por lo que decía, era el primero de su clase, sin olvidar que había mejorado la formula del antimutageno.

Mikey, era un caso extraño, bueno, en realidad, él siempre había sido un caso extraño, pero él había aprovechado su tiempo libre para mejorar sus habilidades en la cocina, y para sorpresa de todos, se había convertido en un experto. Ya no hacía platillos raros con frecuencia, y si los llegaba a hacer, estos resultaban ser muy deliciosos. Seguía todas las redes sociales de varios chef reconocidos en todo el mundo, siendo el chef Gordon Ramsey su ídolo, del cual sacaba la mayoría de sus recetas.

Y Leonardo, había optado por mejorar en las artes marciales y en las artes japonesas. Todos los días él y Splinter practicaban caligrafía japonesa, cultivaban bonsais, preparaban té a la manera antigua, hacían origami, etc. Y siempre que realizaban esas actividades, los dos hablaban japonés fluido, lo que demostraba que Leo se había propuesto a mejorar en su japonés.

No era que los cuatro hermanos no supieran hablar japonés, al contrario, Splinter les había enseñado desde muy pequeños lo básico del idioma, pero al final, todos terminaban hablando en inglés, haciendo que su japonés se fuera oxidando lentamente.

Si se comparaba sus actividades con las que hacían sus hermanos, Rapha podía notar una enorme brecha entre ellos, pues mientras que sus hermanos hacían algo provechoso, él solo dejaba que los días se desperdiciaran uno tras otro.

Y justo en ese momento, Rapha se percató de que se hallaba parado en medio de una tienda enorme de ropa, con varias personas a su alrededor que no le prestaban atención. Pues ya no era un mutante, era un chico normal, que podía hacer lo que le diera gana, sin temor a que los demás lo rechazaran.

¿Cómo no se había dado cuenta antes?

Ahora era normal.

Ya no tendría que ocultarse de los humanos, porque ya era uno.

Ya no solo saldría de noche, sino también de día.

Ahora podría visitar cualquier sitió, un parque, un cine, una feria, o una tienda de abarrotes. ¡Por los dioses! Podía ir a una tienda de abarrotes y comprar cosas como cualquier persona normal. Se había pasado tanto tiempo lamentando su situación, que no había visto el lado bueno que le traía y lo admitía, se veía genial.

Saki vio como la ex-tortuga esbozaba una enorme sonrisa y de inmediato supo, que se había dado cuenta de las nuevas puertas que se le abrían.

-Bueno – dijo Destructor. -Será mejor que nos retiremos. Quisiera evitar el tráfico y….¿Dónde está Midori?

-¿Qué te parece este vestido Saki? - dijo Midori detrás de él.

Saki y Rapha se dieron la vuelta y se toparon con Midori que caminaba hacía ellos al mismo tiempo que modelaba un vestido corto de color amarillo claro.

-No sé si decidirme por el amarillo o el azul – dijo Midori.

Rapha observó a Saki tensarse un poco y no pudo hacer otra cosa que reprimir una risa.

-¿Sabes? Me llevaré ambos – dijo al final la doctora. - Y también los otros que me probé.

-Buena elección – dijo Manolo apareciendo de la nada. -¿También lo cargó a tu tarjeta Saki?

Saki asintió con la cabeza no muy contento, siempre era lo mismo con esa mujer, cada vez que iban a algún lado, ella lograba hacer que le comprara algo bonito y a pesar de su "entrenamiento ninja" para no ceder ante nada, le sorprendía de sobremanera que una simple doctora pudiera doblegarlo. Aunque por otro lado, si lo pensaba bien, no era para tomarle mucha importancia y, además, no iba negar que el amarillo le sentaba bien.

-Midori me dijo que son algo – dijo Rapha sacando al mayor de sus pensamientos.

-No es de tu incumbencia – le respondió Saki en un tono grave y amenazador.

-¡Oh vamos! ¿Ambos están colados verdad?

-¿Y tú que sabes de eso?

-Lo suficiente, he visto como reacciona Donnie ante Abril y créeme que actuás como él, pero menos obvio – respondió Rapha esbozando una media sonrisa picara.

Saki enarcó una ceja, sabiendo perfectamente que ese niño no sabía nada al respecto de salir con mujeres y que solo buscaba provocarlo. En un pasado lo hubiera destajado de un solo golpe, pero ahora se contentaría con lo que tenía en mente hacer.

-¡Oye Midori! - gritó Saki. -¿Por qué no llevas a Raphita al salón de belleza? A puesto que le vendrá bien un corte.

-¡Espera qué! - exclamó Rapha deshaciendo su sonrisa y poniendo una cara de susto ante la sugerencia de Saki.

-¡En ese caso no perdamos tiempo! - dijo Midori enganchándose a un brazo de la ex-tortuga y jalándolo fuera de la tienda de ropa. Lo último que pudo ver Rapha fue a sonrisa de venganza que le dedicó Saki.

Pagará por esto, pensó Rapha.


Diez minutos más tarde, Midori y Rapha entraron a un salón de belleza bastante grande y lleno de mujeres yendo de un lado al otro.

Midori lo llevó a rastras hasta que llegaron a un mostrador, y mientras la doctora le decía a la recepcionista que era lo que tratamientos deseaba para ella y para él, Rapha, aprovechó para examinar el lugar en busca de una ruta de escape. No planeaba quedarse ahí y mucho menos recibir tratamientos extraños, pues recordaba perfectamente cuando Casey le contó la vez que había acompañado a su madre al salón, el cual resultó ser una tortura para él.

Así que apenas Midori lo hubo soltado para dirigirse a quien sabe donde, la ex-tortuga aprovechó para deslizarse sigilosamente a la puerta. Sin embargo a escasos metros para conseguir su anhelada libertad, terminó chocando con alguien a mitad del salón.

-¡Pero qué demonios te pasa! - exclamó furioso la ex-tortuga hacía la persona que de igual forma estaba sobándose la cara. - ¡¿Acaso eres cie...

Rapha no pudo terminar esa frase, pues se había paralizado al reconocer a la persona que estaba frente a él.

Abril.

-¡Oye! - escuchó otra voz familiar y en un abrir y cerrar de ojos se vio sujetado de la camisa por Casey -¡¿Qué le hiciste a mi chica?!

-Casey no es necesario que te pongas así – dijo Abril viendo que la situación podía ponerse peor.

-¡Anda responde!

Rapha no sabía que decir, sentía unas terribles ganas de abrazar a ese par de chicos y decirles que era él, pero la realidad pudo más que sus ganas y se convenció de inmediato que si decía algo al respecto, lo tomarían como un loco o peor, lo harían enfrentarse a su sentencia.

-¡Rapha, vuelve acá! - escuchó la voz de Midori a lo lejos. La señal para salir de ahí lo más rápido posible.

Por lo que, sin tener otra opción, empujó a Casey lo bastante fuerte para quedar libre de su agarre y salir corriendo del salón de belleza. El deportista al ver aquello, quiso ir tras él, pero le fue impedido por Abril, quien lo regañó y le dijo que no hiciera una escena.

-No tenías que ponerte así– dijo Abril dirigiéndole una mirada reprobatoria a su compañero.

-Pero te lastimó. - se defendió Casey. -No iba a dejar que se saliera con la suya.

-Fue un accidente, ya olvidalo. Además ya es hora de que me atiendan, esperame en la silla.

-¡Ah sí! Lo olvidaba, estamos en este salón de tortura para que te corten el cabello, ya te dije que te ves bien tal cual como estas.

-Y yo te dije que quiero un cambio de imagen antes de irme a la universidad.

Sin decir más, Abril fue hacía dónde estaban las estilistas esperándola y mientras se sentaba en una silla, pudo ver como la mujer que estaba en la silla continua exclamaba molesta:

-¿Cómo se atreve Rapha a escapar de esa manera? Con lo que es complicado conseguir cita en este lugar.