Capitulo 6.

Después del alocado día de compras, todos regresaron a la mansión de Saki a las afueras de la ciudad al atardecer.

-¡Qué hambre tengo! - dijo Midori apenas hubieron entrado a la residencia. -¿Qué tal si pido pizza?

-Pero si acabas de comer tres hamburguesas con queso. - le respondió Saki al mismo tiempo que se quitaba su chaqueta y la colocaba en una perchera.

-¿La quieres con piña o peperoní?

Para cuando Saki se percató, Midori ya se encontraba sujetando el teléfono y marcando el número de la pizzería lo más rápido posible. Al hombre no le causó impresión, pues sabía que si le preguntaban a la doctora un número de contacto en caso de emergencias, el primero que daría sería el de la pizzería.

-Pide una de piña y jamón para mi. -dijo Saki al final y dirigiéndose a Rapha agregó.- ¿Tú de que quieres?

-¿Eh? - dijo Rapha sobresaltado. -No gracias, así estoy bien.

Con eso, la ex-tortuga se excusó de los mayores y subió las escaleras hacía el segundo piso.

Durante el viaje de regreso y después de recibir una regañadiza por parte de Midori por escapar del salón de belleza, Rapha permaneció callado, o más bien pensativo y eso era algo que a Saki no se le había pasado por alto.

Esperaba que el salir a dar una vuelta a la ciudad de día, visitar un par de tiendas, comer hamburguesas en la gran "M", sería algo que le fascinaría al chico, en especial por haber pasado toda su vida preocupándose de no ser visto. Pero la reacción que vio de la ex-tortuga no fue de emoción, quizá si de curiosidad al salir de la mansión, pero esa emoción se transformó en silencio justo después de que estuviera en el salón con Midori. Por lo que suponía algo había pasado ahí, algo que tuviera la fuerza suficiente para ponerlo en ese estado.

En eso, Saki se descubrió así mismo poniendo un pie en el primer escalón con la intensión de subir y hablar con el chico. No sabía exactamente que era lo que le impulsaba a hacer eso, o más bien, aún no sabía porqué había decidido ayudarlo desde un principio. Si, admitía que al verlo atado a la mesa de operaciones del Krang le hizo no querer dejarlo a su merced, pero no contaba que él chico secuestrado por el krang fuera el hijo de su rival, aunque esta revelación no le fue un obstáculo, al contrario, por algún extraño motivo, esto, le impulsaba a ayudarlo aún más.

Cuando se dispuso a subir las escaleras, Saki fue detenido por su ama de llaves, quien le entregó una carta. El mayor, desconcertado, pues no esperaba correo ese día, observó el sobre y se percató de que traían los datos del remitente escritos en japonés, dándole a entender que la carta venía de Japón. Rápidamente la abrió para leer su contenido y al hacerlo no pudo evitar abrir los ojos de la sorpresa.


Mientras tanto, ajeno del ajetreó de la planta baja, Rapha había optado por encerrarse en la habitación que Destructor le había asignado. Necesitaba calmar sus pensamientos, que no paraban de rondarle la cabeza desde esa mañana. Creyó que el salir a la ciudad lo distraería de sus problemas, y en efecto, lo hizo, pero como Splinter le había dicho hacía mucho tiempo: "puedes olvidarte de los problemas un rato, pero estos tarde o temprano volverán a atormentarte".

No fue hasta poco después de visitar la tienda de ropa, que no había caído en cuenta de que al ser humano, no solo tenía la libertad de hacer e ir a donde quisiera, sino que también lo conllevaban a nuevas responsabilidades a considerar. Primero empezó a cuestionarse dónde viviría, pese a que de momento estaba instalado en el hogar de Saki, sabía que tarde o temprano tendría que irse de ahí, tampoco podía darse el lujo de buscar un lugar para vivir, no tenía dinero y para conseguirlo necesitaba un empleo y para aplicar para un empleo, requería de un currículum, un título, estudios, y no tenía nada de eso. Simplemente no podía llegar a la entrevista y decir que era un experto en artes marciales y patea calamardos.

No, eso no servía de nada en el mundo real.

Lo sabía perfectamente, Splinter les había contado lo que los humanos tenían que enfrentarse día a día para sobrevivir a la gran manzana, en especial, lo que él hizo cuando llegó a la ciudad. Eso sumado a las incontables veces que Abril les contaba que la escuela era horrible y las tareas que dejaban sus maestros eran peor que pelear contra el krang. Por no le daba buena espina ir a un instituto.

-¿Qué voy a hacer? - dijo Rapha en voz alta al mismo tiempo que se dejaba caer boca abajo en la cama.


-¿Ocurre algo Saki? -preguntó Midori acercándose por detrás de él y sujetando su brazo para poder leer la carta que traía el villano.

-Nada – dijo Destructor frunciendo el ceño mientras formaba una bola de papel con la carta.

-Eso solo prueba lo contrario, ¿sabes?

Saki miró a Midori por unos segundos, esta le sonreía tranquilamente, diciéndole de alguna manera de que podía confiar en ella, cosa que agradecía Saki, a pesar de no atreverse a decirlo en voz alta. De hecho y ahora que lo pensaba bien, desde que conocía a Midori, esta siempre le había demostrado ser una estupenda amiga y confidente. Cada vez que se sentía frustrado y necesitaba hablar con alguien, Midori estaba ahí, sin importar contestar el móvil a las tres de la mañana o recorrer miles de kilómetros para verlo.

Para compensarle todo el apoyo que le brindaba, le daba regalos bastantes caros, como anillos, bolsos, ropa, o libros y revistas científicas difíciles de conseguir, siendo estos últimos los que la doctora más adoraba. Ella siempre le decía que no era necesario que gastará tanto, que no era necesario tales obsequios, que estaría satisfecha con un delicioso helado, pero al ver la insistencia de Saki, la doctora terminaba aceptándolos y apreciándolos con mucho cariño.

Y ahora estaba allí abrazándole y brindándole como siempre su apoyo.

-Necesitan de mi presencia en la sede del Clan del Pie de Japón – dijo Saki al fin.

-¿Te dijeron por qué? – preguntó Midori.

-He estado mucho tiempo lejos de Japón, es obvio que quieren a su líder de vuelta.

-¿Y vas a volver?

-No tengo otra opción.

-¿Pero qué pasará con Rapha?

¡Cierto! ¿Cómo se le había pasado ese detalle por alto? No podía dejarlo por su cuenta en Nueva York, sin amigos, sin un lugar en dónde estar, sin alguien en quien apoyarse. Él tenía a Midori, pero Rapha no tenía a nadie, hasta el momento en que lo rescató del Krang. En eso, una idea se le vino a la cabeza, quizá era muy loca, pero bajo su perspectiva era eso o nada.

-¿Qué tienes en mente? – le cuestionó Midori al ver como el ex-villano traía algo en mente.

-¿Crees que Rapha quiera venir conmigo a Japón?

-Creo que solo hay una forma de averiguarlo.

Sin perder el tiempo, Saki subió por las escaleras y en menos de cinco minutos ya se encontraba entrando en la habitación de Rapha.

-¿Qué todos los adultos no saben tocar la puerta? – le reclamó Rapha, quien se encontraba acostado en la cama.

-Tenemos que hablar – dijo Saki sin importarle la cara de molestia de Rapha y sentándose en la silla que estaba junto a la cama.

-¿No puede ser en otro momento?

-¡No!

Rapha se tensó al escuchar el tono serio de Destructor, y por unos segundos, evocó los recuerdos de cuando se enfrentó por primera vez con él. Quizá no lo pareciera en aquel entonces, pero debajo de la fachada de chico valiente, había una tortuga aterrorizada ante la muestra de poder del villano.

Saki al percatarse de que se había sido un poco rudo, aclaró su garganta, y trató de entonar la voz más calmada que tenía.

-Es algo realmente importante. -prosiguió el mayor. -Yo…eh, bueno, he recibido una carta del Clan del Pie en Japón…

-¿Qué no se suponía que ya no existía? – interrumpió Rapha, pero calló al notar la mirada seria de Destructor.

-Las tortugas acabaron con mi cede en Nueva York. -aclaró Saki. -Pero la cede principal se encuentra en Japón y como bien sabrás, yo soy el líder.

"He estado mucho tiempo fuera de Japón que requieren de mi presencia para resolver ciertos asuntos. Por lo que deberé partir lo más antes posible."

Rapha abrió los ojos con sorpresa, y de inmediato todos los pensamientos y preocupaciones de hace unos momentos atrás regresaron a su cabeza golpeándole muy duro. ¿Qué iba a hacer ahora? Ni siquiera había podido sentarse a pensar en que poner en su curriculum, pero lo siguiente que dijo el ex-villano le hizo detener el tren de pensamientos.

-Yo me preguntaba – prosiguió el mayor. -Si te gustaría venir a Japón conmigo.

-¡¿Qué?! -exclamó Rapha estupefacto. -¿Hablas en serio?

-Por supuesto.

-Yo…no sé.

-Entiendo que quieres a tú familia y no me opondré si deseas quedarte aquí. Podría arreglarlo todo para que puedas vivir en mi casa de campo sin problemas, nada te haría falta. -hizo una pausa para tomar aire. - Pero… quizá esta es la oportunidad que necesitas para dejar el pasado atrás y empezar de nuevo. La oportunidad de tener una nueva vida.

Rapha bajó la vista, sin poder creer que estaba recibiendo tal oferta del que fue su enemigo número uno, bueno, si lo consideraba bien, aún seguía sin poder creer todo lo que había hecho por él en los últimos días.

Irse de Nueva York y empezar una nueva vida, pensó Rapha, desde pequeño siempre había soñado que algún día podría ir a explorar el mundo, visitar otros países, comer todo tipo de comidas y dulces, pero con el pasar del tiempo y aprendiendo sobre su realidad, aquel sueño había sido abandonado junto los cientos de dibujos de él en distintos lugares, en una caja debajo de su cama.

Solo de vez en cuando, en especial cuando se peleaba con sus hermanos, aquella idea de escapar de Nueva York se le hacía la mejor opción.

Y ahora, por primera vez en su vida, la oportunidad estaba a su alcance.

Quería decir que "SI", pero la sensación de culpa le impedía decirlo.

Saki tenía razón, a pesar de todo quería a sus hermanos, y una parte de él, le decía que sería muy egoísta de su parte irse y dejarlos abandonados a su suerte. Tal vez por las circunstancias recientes, ellos no desearán por ningún motivo saber de él, pero eran su única familia después de todo.

No obstante, quizá, lo mejor era dejar que ellos hicieran su vida y él la suya, en especial ahora que podía.

-¿Por qué no lo piensas un rato? – le sugirió Saki al ver como el chico tenía un gran debate interior. Así que sin decir más, se levantó de la silla con rumbo a la puerta.

-Espera – dijo Rapha en voz baja, haciendo que el mayor se detuviera y se diera la vuelta. Mirando Destructor con determinación dijo en voz firme. – ¡Quiero ir a Japón!