Capitulo 7

-¿Me permiten sus pasaportes?

Saki le entregó a la mujer los cuadernillos, para que los examinara detenidamente. Los tres se encontraban en el aeropuerto y después de cruzar la interminable fila de documentación del equipaje, por fin se hallaban con la empleada de mostrador revisando que sus boletos y pasaportes estuvieran en orden.

-Midori Green – dijo la empleada mientras sostenía los pasaportes. -Oroku Saki y...Oroku Ryu.

-Es correcto – respondió Saki.

Rapha solo se limitó a asentir al escuchar aquel nombre, al cual tendría que acostumbrarse tarde o temprano. Al inicio se opuso rotundamente ante la sugerencia de Destructor de crearle una nueva identidad y se opuso muchísimo más ante la sugerencia de que este se hiciera pasar por su padre, pero tuvo que ceder al caer en cuenta de que al ser todavía menor de edad, no podría hacer mucho en el sistema legal. ¡Vaya! ahora si que lamentaba el no haber puesto atención al programa de la Ley y el orden que Splinter solía ver en las noches.

Después de que toda su documentación estuviera en orden, abordaron el avión y Rapha no pudo evitar abrir la boca al ver que viajarían en primera clase.

–Es mejor viajar con comodidad.- dijo Saki señalando los asientos que les tocaban. Dos juntos para él y Midori y un individual junto a la ventana para Rapha.

Minutos más tarde, el avión despegó y mientras sobrevolaban por el río Hudson, Rapha no pudo evitar preguntar lo que estarían haciendo sus hermanos en ese instante. Leo quizá estaría entrenando, Donnie estaría en su laboratorio, Mikey haciendo experimentos culinarios, y Splinter….

¿Estaba haciendo lo correcto? Splinter le había dicho que nunca debía huír de sus problemas que debía enfrentarlos. Y lo que estaba haciendo ahora, ¿era correr de ellos?

En esos momentos, un nuevo pensamiento se incrustó en su cabeza, y era acerca del lugar de reposo de su maestro. Era un pensamiento que jamás quiso llegar a formular, pero al final le fue inevitable.

Era más que obvio que sus hermanos ya se habrían encargado, quizá, ahora descansaba en las mediaciones de la casa de campo de Abril, pues la última vez que fueron a pasar el tiempo después de la gran batalla, Splinter había mencionado que el lugar le recordaba a su hogar en Japón. Además, no era como si pudieran llegar a una funeraria cualquiera y solicitar servicio para una rata gigante mutante.

-¿Todo bien? -le preguntó Saki desde su lugar al otro lado del pasillo, al notar la cara melancólica del chico.

-¿Eh?...Si…todo en orden. – se apresuró a decir Rapha. -Es la primera vez que viajo en avión, estoy un poco nervioso.

-No te preocupes, el viaje solo durará unas 15 a 17 horas, puede que una hora más o una menos.

-Genial – exclamó Rapha volviendo a mirar por la ventana y ver como la Ciudad de Nueva York se alejaba cada vez más.

Las primeras horas de vuelo no fueron las más placenteras para la ex-tortuga, pues estuvieron repletas de turbulencias fuertes, que lo llevaron al baño más de una ocasión. Y cuando el avión pasó por una tormenta con rayos, Rapha no pudo evitar rememorar todas las películas de accidentes de aviones que había visto junto con sus hermanos durante las noches de películas.

Saki trató de calmarlo y decirle que las probabilidades de que el avión fuera impactado por un rayo eran bajas y si llegase ocurrir, la corriente pasaría de la punta de las alas al fuselaje, actuando como conductor de electricidad, y saldría por la cola de la aeronave sin que el vuelo o la tripulación sean afectados. Aquella explicación lo tranquilizó un poco, pero aún así, con las turbulencias sin fin y aún más fuertes por la tormenta, Rapha no pudo conseguir la tranquilidad total.

Después de unas cuantas horas más tarde, el avión por fin dejó de tener turbulencias y el viaje se hizo más tranquilo.

-Toma esto, te ayudará a sentir mejor – dijo Saki extendiéndole un vaso a Rapha con un liquido color miel y gaseoso.

Rapha, sin tener más opción, aceptó la bebida y le dio un sorbo, el sabor era dulce, pero al tragarlo sintió como si le quemara su garganta y esto provocó que tosiera.

-¿Qué es esto? – preguntó Rapha arrugando la cara y viendo como Saki reía ante su reacción.

-Es ginger ale con un poco de whisky. -contestó el mayor. -Un buen remedio para el mareo y las náuseas.

Rodando los ojos, Rapha dejó el vaso sobre la mesilla de su lugar, procedió a colocarse los audífonos y cerró los ojos.

Mientras tanto, Saki, quien había estado leyendo un libro durante el viaje y platicando de diversos temas con Midori, no pudo evitar recordar que su hija Karai, había pasado exactamente lo mismo, la primera vez que viajó con ella en avión.

Al principió la niña había mostrado emoción ante la idea de viajar por primera vez, pero durante el viaje, al igual que Rapha, vomitó varias veces y se asustó cuando pasaron por una tormenta.

Saki, realmente lamentaba no poder estar con Karai en esos momentos, pero sabía que la chica, le había dejado en claro que no deseaba verlo de nuevo en su vida, y que era mejor para ambos rehacer sus caminos, aunque si algo le pasará, Saki no dudaría ni un segundo en cruzar medio mundo en su ayuda.

En eso, pudo escuchar que la respiración de Rapha se había hecho más lenta, dándole a entender que el chico, después de tantos horrores, por fin se había quedado dormido. Saki se levantó de su asiento y se dirigió al de Rapha, y haciendo el menor ruido posible cogió la cobija que había a su lado y lo cubrió con ella.

-Quién hubiera imaginado que después de intentar asesinarlo en varias ocasiones, ahora lo cuidas como a un hijo – dijo Midori con una sonrisa.

-Él necesitaba ayuda, no podía abandonarlo – le contestó Saki al mismo tiempo que regresaba a su asiento -Además…me recuerda a como era yo de joven.

-¿Alocado e impulsivo? Pues he de informarte que sigues siendo igual.

Saki frunció el ceño, rodó los ojos y dijo:

-Tendrá que aprender muchas cosas cuando lleguemos a Japón.

-Si, pero estoy segura de que sabrás manejarlo. -contestó Midori.

-¿Estas segura? Hace tiempo que no paso por la…eh…paternidad. Sé los aspectos básicos gracias a Karai, pero a ella la vi crecer y conozco sus formas de ser, pero Rapha…es diferente, él creció en otro entorno, con otras reglas, ni siquiera sé como Splinter se las arregló para cuidarlos por tantos años. Y he de admitir que fue una gran proeza de su parte, mientras yo luchaba por educar a una pequeña niña con el apoyo de niñeras, maestros y tutores, él consiguió criar por si solo a cuatro.

-Ya encontrarás la forma de hacerlo.

-Necesitaré leer libros más actualizados – dijo Saki al mismo tiempo que cogía un vaso con ginger ale en su interior. – Al menos creo que con Rapha será un poco más fácil por ser hombre. Con Karai me enfrenté a cosas más difíciles que el mismísimo jefe Krang.

-No olvidaré cuando me marcaste a las tres de la mañana porque no sabías que hacer cuando Karai llegó a la adolescencia. – dijo Midori entre risas.

-Era un asunto de vida o muerte – se defendió.

-Si claro, lo que tu digas. Pero en serio, no tienes de que preocuparte, todo irá bien.

-¿Cómo estás tan segura?

-Porque creo en ti.

Después de pronunciar aquellas palabras, Midori le dio un pequeño beso a Saki en los labios y como si nada, se acurrucó en su asiento dándole la espalda y dispuesta a dormir un rato.

Saki se quedó helado por unos segundo ante la muestra de afecto de su…amiga, y una vez que logró reaccionar, lo único que hizo fue esbozar media sonrisa y de igual forma acomodarse para dormir.


Ya era de noche cuando por fin aterrizaron en el aeropuerto internacional de Tokyo, Rapha estaba más que dispuesto a besar el piso y se juró no volver a subir a otro avión en su vida.

-No exageres, no estuvo tan mal. -dijo Saki palmeando la espalda del muchacho ante su mirada de "no juegues". -Andando, ya debe estar esperándonos la limo.

-¿Limo? - dijo Rapha enarcando una ceja y parando en seco al ver que a la salida del aeropuerto había una limo de color negro esperando por ellos.

-Señor Oroku no alegra verlo nuevamente en Japón – dijo un hombre al mismo tiempo que hacía una reverencia para después proceder a abrir la puerta de la limusina.

Una vez que sus maletas estuvieran en la cajuela y todos adentro. La limo partió rumbo a la residencia oficial de Saki. Durante el viaje, Rapha pudo advertir que en las calles de Tokyo abundaba todo tipo de gente, altos, bajos, unos con ropas formales, otros con cosplays, etc.

"¡Vaya!, los animes de vida cotidiana no tienen mucho margen de error" pensó Rapha sin parar de ver las calles.

No obstante, las personas y los locales luminosos quedaron atrás a la par que la limo entraba a una zona residencial repleta de casas enormes con un estilo antiguo Feudal. Y al llegar al final de la calle, el auto cruzó por unas puertas enormes de color rojo y se detuvo frente a una enorme casa.

-Bienvenidos a la residencia Oroku. -dijo Saki una vez que hubo salido de la limo.

A pesar de estar oscuro y tener una ligera iluminación gracias a las linternas que estaban esparcidas por la zona, Rapha puso advertir que la casa era de dos plantas, pero de estilo rectangular con un patio en el centro. Ya adentro, su asombro se multiplicó al ver que todo estaba decorado de una forma tradicional con uno que otro toque moderno.

-La casa tiene 500 años de antigüedad – dijo Saki. -Fue construida por mi tataratataratatara abuelo Oroku Han en la época de Nobunaga.

-¿Y qué hacía? Pues dudo que fuera un simple campesino - le cuestionó Rapha sin parar de observar a su alrededor.

-Al inicio si lo era, pero con las guerras se convirtió en un Samurai bajo las ordenes de Nobunaga. Un día le salvó la vida y el Daimyo le otorgó riquezas y honores, y de ahí fundó el Clan del Pie, quien actualmente se encarga de proteger a la familia imperial de Japón.

-¿Familia imperial? ¿Hablas en serio?...¡Wow! Y yo que creía que eras un villano obsesionado con el poder.

Saki ignoró ese comentario y encaminó a sus huéspedes al comedor, donde ya los estaban esperando los sirvientes con la cena ya lista. Midori apenas vio la comida, la devoró a gran velocidad, mientras que Rapha solo tomó unos cuantos bocados, ya que aún sentía su estómago revuelto por el viaje.

Cuando terminaron de comer, Midori se despidió de los chicos y salió del comedor rumbo a su habitación, cosa que le confirmaba a Rapha que para Saki, la mujer era algo más que su doctora-amiga.

Minutos más tarde, Saki condujo a Rapha por la casa hasta los dormitorios y le asignó una habitación un poco más grande que la que tenía en la mansión de Nueva York, además que poseía muebles tanto occidentales como orientales acomodados y decorados en perfecta armonía.

-Si necesitas algo, mi habitación está al fondo a la derecha. -dijo Saki.

-De acuerdo. -dijo Rapha.

-Descansa.

Una vez dicho esas palabras, Saki deslizó la puerta de papel y se alejó por el pasillo dejando a la ex-tortuga descansar de tan largo viaje.