Capitulo 8.

Rapha abrió los ojos con pesadez, la oscuridad lo rodeaba por completo y por unos segundos no supo en donde se encontraba, hasta que la realidad le volvió a caer de golpe. ¡Cómo empezaba odiar que sucediese eso!

-Cierto, estoy en la casa de Destructor -dijo este al mismo tiempo que se incorporaba del futón con un bostezo.

Miró el reloj que estaba en la pared y vio que apenas eran las cinco de la mañana. Sin tener más sueño, al cual atribuyó al cambio de horario, Rapha se levantó y salió de su habitación.

Caminó por el pasillo y maldijo varias veces el que la madera crujiera debajo de sus pies. Por suerte ya era lo bastante grande para no creer en fantasmas, pero el caminar por una casa estilo feudal en la madrugada con poca luz, le hacían cuestionarse varias veces la probabilidad de que apareciera un yokai en medio del pasillo.

Después de recorrer por un rato los oscuros pasillos, Rapha se percató de que había una tenue luz que provenía de una habitación al fondo y guiado por la curiosidad se aproximó a ella lo más silencioso que pudo.

Al llegar a la habitación, Rapha observó que esta se trataba de un dojo muy bien equipado. El piso era de un color rojo vino bastante oscuro y a su alrededor había varios artefactos de entrenamiento, domi's de madera, sacos de box, barras fijas, paralelas, de equilibro entre otras cosas más que había visto en las olimpiadas de las cuales no se acordaba el nombre. No obstante, lo que llamó más su atención, fue ver a un hombre vestido con un uniforme kendo de color negro. Aquel hombre era Saki, quien sin percatarse de la presencia de Rapha, estaba realizando katas de un nivel muy avanzado.

Para asombro de Rapha, Saki realizaba los movimientos de una manera fluida, con un mínimo margen de error, daba patadas y golpes a una increíble velocidad que alguien no entrenado en el ninjitsu no sería capaz de ver. Jamás había visto tal muestra de destreza, bueno, si lo admitía, era muy semejante a la de Splinter, cosa que tenía sentido al recordar que tanto Splinter como Saki habían crecido y entrenado en el mismo dojo en su juventud.

Pero al ver las técnicas realizadas por Saki, pudo notar sin problemas las diferencias entre ambos hombres, aunque para mayor asombro de Rapha, Saki finalizó la kata con una patada doble giratoria. No podía creerlo, aquella patada solo la había visto una vez cuando era niño, y había sido ejecutada por Splinter, una vez que Rapha, en su arrogancia, lo retó a hacer un movimiento difícil de los que tanto hablaba.

-Debo admitir que eso fue increíble – dijo Rapha entrando al dojo.

Saki, quien tenía la respiración agitada por el ejercicio, solo se limitó a sonreír ante la muestra de adulación del muchacho.

-Solo es una simple kata avanzada. -contestó Saki mientras se quitaba el sudor con una pequeña toalla. – La aprendí cuando era más joven.

-Creí que a tu edad ya no entrenabas – dijo Rapha. -Pero al ver esa patada final... ¡Ouch!

Rapha de inmediato se llevó una mano a la cabeza para sobarse, Saki solo le limitó a dirigirle una mirada amenazadora y decir:

-La patada se llama Hamato Duburu. Fue desarrollada por el clan Hamato hace muchos años. Solo se enseñaba de padre a hijo, y por obvias razones, yo fui la excepción. ¿Sabes hacerla?

Cuando Rapha iba a responder, una sirvienta entró al dojo haciendo una reverencia y diciendo:

-Señor, disculpe la interrupción, pero el auto de la familia imperial lo está esperando en la entrada.

-¡Casi lo olvido! – exclamó Saki al mismo tiempo que se daba una palmada en la cabeza. -Diles que esperen unos minutos.

Saki se dirigió apresurado a la salida del dojo, pero antes de salir le dijo al empleado:

-Consiguele un traje al chico.


Veinte minutos más tarde, Rapha se encontraba viajando junto con Destructor en un auto con destino todavía desconocido para la ex-tortuga. Estaba usando un traje de color negro al igual que Saki, el cual le quedaba un poco grande ya que era unos de los tantos que tenía el mayor, pero gracias a una de las empleadas de la casa, le pudieron ajustar las mangas y los pantalones a su medida.

-Parezco un pingüino – dijo Rapha mientras trataba de aflojarse un poco el cuello, pues sentía como la corbata, puesta con ayuda de Destructor a las carreras, le impedía poder respirar. "¿Quién inventó estas cosas?", pensó.– Aun no me has dicho a donde vamos.

-¿En serio no te lo dije? – preguntó Saki apartando su vista de unos papeles que estaba leyendo y al ver la negación del menor agregó. -La edad está comenzando a afectarme... Tengo un citatorio con la familia imperial de Japón y nos estamos dirigiendo a su residencia principal ahora mismo.

-¿Vamos a ver a los emperadores de Japón? – exclamó Rapha con asombro.

-Emperatriz, iremos a ver a la Emperatriz de Japón. Aoyama Aiko. ¿Qué no te enseñaron sobre la historia de Japón?

-Digamos que no ponía realmente atención cuando Splinter…

Rapha calló al mencionar el nombre de su maestro, cada vez que lo evocaba, su mente de inmediato le traía el horrible recuerdo del incidente. Saki al notar su expresión abatida, optó por dirigir la conversación a algo que no tuviera que ver con la rata mutante, pero sabía que tarde o temprano, Rapha tenía que hablar a profundidad sobre lo que pasó, solo que no estaba seguro de si era mejor que se abriera con él o con algún psicólogo que sea capaz de guardar el secreto y que no lo tomara por un loco.

-El emperador Akihito y su esposa Hanako, eran los actuales gobernantes de Japón. -empezó a decir Saki captando la atención de Rapha. – Hace cinco años, cuando realizaban un viaje hacía una provincia cercana, tuvieron que tomar un camino por las montañas, pero una tormenta los sorprendió y hubo un deslave en la montaña. Ambos no salieron con vida y dejaron a su hija Kameko huérfana y a un país sin emperadores.

-¿Entonces, quién es la Aiko esa? – preguntó Rapha.

-La madre de Akihito. Apenas se supo de la muerte de los emperadores, el Parlamento tomó cartas en el asunto y buscó en el árbol genealógico el siguiente sucesor al trono. No obstante, Aiko les propuso tomar el trono de manera temporal hasta que su nieta tuviera la edad.

-¿Pero, no se suponía que los herederos deben ser hombres? Siempre es así, ¿no?

-Es lo que indica la tradición, por lo que el Parlamento aceptó la propuesta de Aiko con la condición de que su nieta accedería al trono cuando fuera mayor y contrajera nupcias con alguien de la familia real secundaria.

-Para que el poder se le transfiera a su esposo, dejando a ella con la responsabilidad de tener un varón como heredero y ya.

-Exacto.

-¡Caray! Si que se complican la vida.

Saki solo atinó a reírse ante el comentario y a decirle que las tradiciones mueven la mayoría de las cosas en este lugar, pero que a pesar de todo ello, empiezan haber cambios en beneficio de todos.

No pasó mucho tiempo después para que llegaran a la residencia principal imperial, la cual se encontraba en el centro de Tokio y rodeado por un sin fin de jardines bastante hermosos. Los dos fueron recibidos por otro hombre vestido de traje, que los condujo sin decir nada hacía el interior de la residencia. Para Rapha, la casa de Saki era bastante enorme, pero la de la familia imperial lo era aún más y mientras caminaban por otro sin fin de pasillos largos, se cuestionó el como es que la gente no se perdía en ese laberinto.

De repente, ambos pararon frente a una puerta grande de color rojo, con decoraciones y símbolos que solo Rapha pudo identificar como pertenecientes al periodo sengoku y agradeció al menos haber visto animes de la época feudal.

-En unos segundos estaremos frente a frente con la emperatriz. -le advirtió Saki. - Te inclinarás para mostrarle respeto, no le dirigirás la palabra hasta que ella te la dirija a ti y por favor no te le quedes mirando directamente. ¿Entendiste?

-¿Si no lo hago seré decapitado? - le respondió Rapha en un tonó burlón.

-Solo haz lo que yo haga. - ordenó en un tono serio.

Las puertas de madera se abrieron a la par dándoles la oportunidad de entrar al salón. El salón era bastante grande e iluminado, sostenido por columnas de madera a su izquierda y derecha, y decorados con varios motivos antiguos, además de que en el centro de la habitación se encontraba una pequeña mesa de madera, y al otro lado de la mesa de madera, había una mujer que no aparentaba más de 50 años, tenía el cabello amarrado en un perfecto chongo, su color era de un tono gris claro a causa de las múltiples canas que tenía y vestía un kimono tradicional de color rojo oscuro.

-Es un honor -dijo Saki en japonés al mismo tiempo que hacía una reverencia.

No obstante, Rapha olvidó por completo las advertencias de Destructor e hizo completamente lo opuesto a lo que le había advertido. La mujer, le lanzó una mirada reprobatoria y al sentir un golpe en las costillas por parte de Saki, Rapha de inmediato realizó una reverencia.

-Pueden sentarse – dijo Aiko reflejando seriedad en su voz

Sin querer recibir otra mirada amenazadora, la ex-tortuga se sentó sobre sus rodillas lo más rápido posible y dirigió su vista hacía la mesa.

-Oroku, solo por simple curiosidad -dijo Aiko. -¿Quién es este apuesto joven que te acompaña?

Rapha al escuchar aquello, pudo sentir como su cara enrojecía ante el comentario de la emperatriz, no había recibido un cumplido como ese en toda su vida, aunque no estaba seguro si realmente era un cumplido o solo era pura formalidad de la mujer. Sin embargo, eso le hizo plantearse la cuestión de si realmente era atractivo para los estándares humanos ahora que era uno. Porque como tortuga, sabía que era el más apuesto de los cuatro.

-Es mi hijo Ryu – dijo Saki sacando a Rapha de sus pensamientos.

-¡Vaya! No sabía que tenías un hijo. -dijo la emperatriz en un tono de asombro fingido que no era difícil de identificar. -Según yo tenías una hija. ¿Cómo es que es posible?

En ese momento, la ex-tortuga se preparó para escuchar la historia de fondo que Saki y él habían acordado. Si era sincero, sonaba realmente descabellada y sin sentido y lo ponía a él en una posición incomoda tomando en cuenta las tradiciones japonesas, pero era eso o decir que era una tortuga mutante criada en la alcantarillas por una rata gigante que lo instruyó el arte del ninjitsu.

-Ryu es mi primogénito – empezó a decir Saki. -Para serle sincero su alteza, yo no sabía de su existencia hasta hace tres años.

-¡Ju ju ju! - dijo Aiko con más curiosidad fingida. - ¿Así que es un hijo ilegitimo, eh?

-Yo no diría eso su alteza. Si hubiese sabido de la existencia de Ryu desde que nació lo hubiera reconocido desde el primer momento.

-Eso es muy tierno de tu parte Oroku. Y dime, ¿quién es su madre? ¿La conozco? ¿es parte de la nobleza?

-No su alteza, su madre era una antigua novia que tuve hace 18 años. Lamentablemente ya no se encuentra entre nosotros.

-¡Oh! Es una lástima. -comentó Aiko ahora fingiendo pesar, a lo que Rapha solo atinó a rodar los ojos y pensar lo extraña que era esa señora. -¿Y dónde estuvo todo este tiempo?

-Verá su alteza, Ryu nació en Japón, pero su madre se lo llevó a Estados Unidos a muy corta edad y estuvo en un internado en Nueva York hasta que me contactaron los de servicios sociales y me informaron acerca del fallecimiento de su madre. Fue entonces que decidí hacerme cargo de él y aquí esta.

-¡Qué interesante! - dijo Aiko mirando a Rapha. - ¿Y tú hija Karai?

-Ella...se encuentra en estos momentos en Nueva York estudiando y haciéndose cargo de la cede del Clan del Pie de allá.

-Me alegro por ella, siempre supe que tenía madera de líder. -hizo una pausa y se dirigió a Rapha. - Dime Ryu, ¿Qué opinas de Japón? ¿Te agrada el país?

Rapha alzó la vista hacía la emperatriz, y esforzándose por hacer su mejor acento dijo:

-Es un país hermoso y tranquilo.

-Veo que tienes oxidado tu japonés – dijo Aiko reprobándolo. - Pero apuesto que con el tiempo que pases aquí lo mejorarás. - Luego se dirigió nuevamente a Saki y comentó. -¿Está entrenado bajo las artes del ninjitsu?

-Si, me encargué yo mismo de entrenarlo desde que tomé su tutoría. -contestó Saki sin hacerle caso a la mirada recelosa de Rapha por su osadía al decir eso.

-¿Dirías que es bueno?

-Si.

-¿El mejor de tus alumnos?

-Si y no lo digo por ser su padre. Él realmente es muy bueno, su determinación es admirable y a pesar de tener uno que otra falla, no se rinde hasta conseguir su objetivo.

-Me alegra el escuchar eso, porque ese es el motivo por el que te he citado.

-¿Perdone?

-Te he llamado porque requiero de un servicio especial de parte del Clan del Pie.

-¿Qué clase de servicio especial? - ahora era el turno de Saki de mostrar auténtica curiosidad al respecto.

-De protección. - dijo Aiko en un tono serio, demostrando que era sumamente importante - Quiero que tu mejor hombre proteja a la princesa Kameko y ese será tu hijo Ryu.