Capitulo 10
-¿Por qué nadie me advirtió de que la princesa era excelente en el parkour? - le reclamó Rapha a Saki.
-La verdad, quería ver como te las arreglabas tú solo -respondió Saki con una sonrisa. -Además me haz hecho ganar 10 mil yenes.
Después de la jornada de Rapha, este se reunió con Saki y Midori para cenar en la Mansión Oroku. Si era sincero consigo mismo, en esos momentos, la ex-tortuga solo deseaba irse a la cama, pues la persecución de ese día lo había dejado agotado y algo le decía que no sería la única.
-Ya le tomarás al ritmo -dijo Saki al mismo tiempo que bebía un poco de sake.
-¿El ritmo? - le cuestionó Rapha ofendido. -Si para cuando la alcancé en el tejado de la casa apenas podía respirar.
En ese momento, la sonrisa de Saki se esfumó de su rostro dando paso a una mirada seria y de interrogación.
-¿Dices que no podías respirar?-le cuestionó el ex-villano. - Dime exactamente que pasó.
-Ya te lo dije, la perseguí por un par de calles y luego trepó con una increíble agilidad hasta el techo de una casa pequeña. - respondió Rapha sin entender el interés del mayor-¿Qué materia le enseña a una princesa a escalar de semejante forma?
Midori, que se encontraba comiendo junto con ellos, sin decir absolutamente nada, captó el significado de la mirada que Saki le había hecho y dejando su plato de comida en la mesa salió a paso rápido del comedor. Rapha extrañado por el cambio súbito del ambiente estuvo a punto de preguntar lo qué pasaba, pero no tuvo oportunidad al ver a la doctora regresar con una pequeña mochila.
-¿Pero qué demo...? - dijo Rapha antes de que Midori le metiera a la boca un termómetro.
-¿Qué otros síntomas sentiste cuando estabas corriendo? - preguntó la doctora al mismo tiempo que sacaba un estetoscopio de la mochila y deshacía el haori de dormir que traía puesta la ex-tortuga.
-¿Síntomas?
-¿Te dolió el pecho? ¿Te sentiste mareado o con nauseas? - le cuestionó mientras colocaba el estetoscopio a Rapha. - ¿Desde cuando tienes esa cicatriz?
Rapha llevó la vista a su pecho y dijo:
-Me la hice cuando era pequeño, al parecer caí desde unas escaleras o eso fue lo que me dijeron.
-Es increíble que aquella marca halla permanecido a pesar de tú transformación. -dijo Midori con sorpresa. Luego quitó el estetoscopio y agregó.- Su corazón no suena anormal, la diástole y sístole parecen funcionar sin problemas. Te tomaré la presión.
Midori guardó el estetoscopio en su mochila, para acto seguido sacar un baumanometro y ponerlo en el brazo de la ex-tortuga. Segundos más tarde, los resultados indicaban que su presión estaba en el rango normal, al igual que su oxigenación en la sangre y la temperatura de su cuerpo.
-Todo me indica que te encuentras bien de salud – dijo al final la doctora con un suspiro.
-Pero si no me siento mal. - dijo Rapha mientras se ajustaba de nuevo su haori. -No entiendo porque se alborotaron.
-Rapha, ¿alguna vez te había faltado el aire cuando patrullabas Nueva York o te enfrentabas a los mutantes? -preguntó Saki en un tono serio.
-No -contestó la ex-tortuga, pero a los pocos segundos cayó en cuenta de que era lo que pasaba.
De entre todos sus hermanos, él era el único que podía jactarse de tener la mejor condición física, pero el desempeño tan vergonzoso como el que había transcurrido pocas horas atrás jamás le había ocurrido en toda su vida como ninja. Admitía que había dejado de entrenar rigurosamente, y que también había cedido a los experimentos culinarios de Mikey, que por cierto, cada vez eran más deliciosos, pero le costaba trabajo creer que aquello era causa de su falta de condición física.
¿O si lo era?
En eso los pensamientos de Rapha fueron interrumpidos por la risa de Midori y tanto él como Saki la miraron sin comprender el motivo de ella.
-¿Cómo es que no se me ocurrió antes? - dijo la doctora.
-¿Qué? - dijeron Rapha y Saki al mismo tiempo.
-Tú eras un quelonio y ahora eres un homo sapien sapiens.
-Ve al grano.
-Las tortugas y los humanos son distintos anatómicamente, por lo que cada uno tiene distintas capacidades físicas. Como tortuga estabas ya habituado a tú físico, pero ahora como humano tienes que acostumbrarte.
-Tiene sentido – dijo Saki llevándose una mano a la barbilla para meditar aquello. - Las tortugas tienen mejor capacidad pulmonar por ser anfibias, por lo que al ser humano esa capacidad se reduce y eso explicaría tu falta de aire de esta tarde. ¡¿Cómo no lo pensé antes?!
Rapha miró a Saki y a Midori, quienes estaban discutiendo entre ellos las distintas habilidades de ambas especies. Parecía que lo que decían tenía sentido, sin embargo, el escuchar que su potencial al ser humano se reducía considerablemente, no le agradaba para nada, era como si le dijeran que tenía una enfermedad crónica.
Sin decir o escuchar más, Rapha se levantó y como el ninja que era, se escabulló fuera del comedor y se dirigió a su habitación, ahora lo único que quería era descansar para poder enfrentarse otro día con la princesa de Japón.
-¡Es hora de levantarse!
-Cinco minutos más – dijo Rapha al mismo tiempo que se acurrucaba más en las cobijas.
Saki, quien estaba a un lado de la cama de Rapha, no tomó con agrado esa respuesta y procedió a vertirle un vaso con agua fría en su cabeza, provocando que la ex-tortuga brincara fuera de la cama.
-¡¿Pero que demonios?! -exclamó Rapha molesto.
-Te dije que era hora de levantarse -respondió Saki encogiéndose de hombros.
Rapha desconcertado, miró el reloj que estaba en su cómoda y dijo:
-Apenas son las cuatro de la mañana, aún falta tiempo para que vaya a serle de niñero a la princesa.
-Lo sé -respondió Saki. -Pero derivado de la situación de ayer, me quedé hasta tarde y creé un horario de entrenamiento para ti.
De entre sus ropas, el antiguo villano extrajo un rectángulo de papel enmicado, el cual tenía escrito en japonés una lista de actividades.
-La traducción en inglés está al reverso – dijo Saki viendo como la ex-tortuga luchaba por entender algunos caracteres. -De hecho la clase de lectura y aprendizaje de kanjis está programada para este viernes.
Rapha miró el horario el cual marcaba que todos los días de la semana debía hacer ejercicios de calentamiento seguidos de practica de katas, también, como lo había mencionado Saki, marcaba los días que debía tomar clases de japonés, frunció el ceño ante eso, pero sabía que era necesario si iba a vivir en Japón.
-Si ya te familiarizaste con el horario, es momento de ir a entrenar -dijo Saki.
Minutos más tarde, ambos hombres se encontraban corriendo por las parcialmente iluminadas calles de Tokyo. Los dos estaban vistiendo pants de color negro con el símbolo del Clan del Pie impreso en la espalda. Curiosamente Rapha se sentía un incómodo al usar el logo del enemigo, siempre había estado orgulloso de pertenecer al clan Hamato y el estar ahora del lado del Clan del Pie como un especie de refugiado, lo hacía sentirse como un traidor, pero al final solo era un logo, no era como si hubiera firmado un contrato del diablo en donde entregaba su lealtad al Pie.
Y por otra parte, si lo pensaba bien, Saki, en ningún momento le había obligado a jurar fidelidad a su Clan, o le había lanzado indirectas, por el contrario, él le había dicho que lo apoyaría no importase el camino que tomara.
De hecho, le era inverosímil la relación que tenían en esos momentos, tiempo atrás se habían jurado acabar el uno al otro, y ahora, se trataban con familiaridad, bueno, ya había familiaridad desde la primera vez que se conocieron en el campo de batalla, pero aquella, era del tipo, villano-héroe y la actual, se le podía clasificar como tipo tío-sobrino.
¿Tío Saki? Pensó Rapha sin poder evitar dejar escapar una carcajada, le era gracioso evocarlo y aún así, no estaba tan lejos de la realidad tomando en cuenta de que Saki y Splinter eran "hermanos".
-¡Vamos Rapha! - gritó Saki quien se encontraba a unos cuantos metros adelante. -Aún nos faltan 10 kilómetros.
Rapha tomó aire y apretó el paso.
Quizá las cosas no habían empezado como él hubiese deseado, y admitía que jamás en su vida se le hubiese cruzado por la cabeza la idea de recibir la ayuda de su archienemigo, pero después de todo, estaba agradecido por su ayuda.
Y después de convivir este tiempo con él, la ex-tortuga pudo comprobar de primera mano, que las personas tienen un lado bueno y que pueden cambiar a mejor. Y si Saki era el ejemplo perfecto, nada le decía que él no podía hacer lo mismo.
Eso haría, cambiaría el rumbo de su vida a mejor, y quizá, esta le llevaría a un mejor futuro.
Después de correr varios kilómetros, Saki vio que era mejor acortar el recorrido al ver como Rapha clamaba por aire a los 4.5 kilómetros, y optó por pasar al siguiente entrenamiento programado, el cual consistía en ejercicios de gimnasia, por lo cual regresaron al dojo.
-Necesito comprobar tu equilibro -dijo Saki conduciendo a la ex-tortuga al área de los aparatos de gimnasia. -súbete a la barra de equilibro y camina de un extremo a otro.
-Eso es pan comido – dijo Rapha subiéndose a la barra. No obstante, al ponerse de pie por completo, no pudo evitar tambalearse a los lados, por lo que tuvo que extender los brazos para lograr equilibrarse un poco.
Dio una fugaz mirada a Saki, quien lo veía con una mirada estoica y esperaba a que realizara lo que le pidió, por lo que la ex-tortuga se preparó para dar el primer paso. Aquello era un ejercicio fácil, Rapha lo sabía a la perfección, pues ya tenía años de experiencia al caminar por las cornisas de varios edificios altos, pero lo que pasó a continuación nunca lo vio venir.
Rapha apenas avanzó un par de pasos y sintió como el poco equilibro que tenía de esfumaba, empezó a tambalearse de un lado al otro, trató de agitar los brazos para recuperar la postura, pero de nada sirvió y terminó cayendo de la barra golpeándose la espalda con la colchoneta que por suerte estaba en el suelo por seguridad.
-Necesitamos trabajar en tu equilibro – dijo Saki mientras anotaba algo en una tabla que sacó de la nada.
-No lo entiendo – dijo Rapha levantándose de golpe. -He caminado sin problemas por lugares más peligrosos que esta barra…
-Te recuerdo que ahora eres un humano, tu masa corporal es distinta a la de una tortuga humanoide. O dime, ¿no te sientes más ligero?
Rapha cruzó los brazos y le dio la razón a Saki sin decir nada, era cierto que ahora como humano, se sentía más ligero, pero además, se sentía un poco torpe al internar realizar los movimientos básicos de una kata. En esos momentos, agradecía que el ex-villano entendiera su malestar, ya que no se atrevía a decirlo en voz alta.
-Empezaremos con la barra de equilibro – dijo Saki – Luego iremos a los ejercicios básicos de piso y para cuando terminemos el programa completo, serás tan bueno, que incluso podrás rivalizar a los gimnastas olímpicos.
-No hablas en serio. -dijo Rapha con media sonrisa.
-Claro que hablo de en serio. De hecho, tres de las medallistas de la selección de gimnasia artística de Japón, son pertenecientes al Clan del Pie. Entrenadas en la sede principal a las a fueras de Tokio.
La ex-tortuga reprimió una exclamación de asombro, se acordaba muy bien que en los últimos juegos olímpicos, destacaron tres chicas japonesas en gimasia y recordaba perfectamente el haber confesado su admiración por la excelente destreza de ellas a la hora de ejecutar sus movimientos. Incluso sus hermanos se atrevieron a bromear de que aquellas chicas habían sido entrenadas por una organización secreta tipo CIA o KGB, que explotaba a sus competidores. No obstante, Splinter les había dicho que la presentación de las chicas, era el claro ejemplo de la dedicación que debían poner en sus entrenamientos y que esperaba eso de los cuatro quelonios.
-Quiero que hagas pequeños saltos hasta que logres dominar tu equilibro – dijo Saki quien se encontraba arriba de la barra.
Rapha dejó escapar un suspiro y con ayuda del mayor volvió a subir en la barra.
-Empieza con saltos pequeños – dijo Saki poniendo el ejemplo.
La extortuga con dificultad intentó dar los saltos, pero la barra era tan delgada que varias veces perdió el equilibro y cayó a la colchoneta.
-Pensé que lo agarrarías muy rápido – dijo Saki viendo como Rapha se incorporaba frustrado por décima vez del suelo. – Pero no te preocupes con tiempo y práctica podrás hacer esto.
Apenas las palabras abandonaron la boca de Destructor, este realizó una marometa hacía atrás, apoyando las manos en la barra e impulsándose a su vez para realizar una mortal hacía atrás y caer impecablemente sobre sus dos piernas y brazos extendidos hacía el cielo.
Rapha abrió la boca con asombro, ¿Cómo era posible que, a su edad, Saki pudiera hacer eso? Ni a Splinter lo había visto realizar semejante acrobacia. No obstante, aquella muestra de habilidad, en vez de animarlo, lo hizo sentirse más frustrado y molesto, cosa que Saki no pasó por alto.
-Oye, tranquilo – dijo el ex-villano. -Uno no aprende de la noche a la mañana. Estas cosas toman tiempo. ¿O acaso pudiste hacer acrobacias en tu primer intento?
Rapha frunció el ceño molesto. De los cuatro, él resultó ser al que más trabajo le tomó el realizar una marometa hacia atrás. Tenía en aquel entonces 7 años y Splinter les había empezado a enseñar las artes del ninjitsu y sus primeros ejercicios consistían en acrobacias básicas, para ejercitar el equilibro y la capacidad motriz.
Recordaba como después de las primeras semanas de entrenamiento, sus hermanos ya habían consigo hacer volteretas y vueltas de carro, mientras que él, aún no conseguía hacer una. También recordaba como había sido tanto su enojo y frustración al ver a sus hermanos progresar y él quedarse atrás, que terminó golpeando a Mikey por presumirle él que podía pararse de manos. Y por supuesto recordaba el castigo de Splinter por sus actos, pero lo que más recordaba era la lección que le había dado ese día.
"Puede que de momento no puedas lograr lo que otros hagan con facilidad, pero recuerda que con paciencia y tiempo tú también podrás conseguirlo y cuando lo hagas verás que la recompensa será maravillosa"
Rapha hizo caso de ese consejo y cuando por fin consiguió hacer una vuelta de carro simple, sintió una enorme satisfacción y no le importó que sus hermanos ya estuvieran practicando acrobacias más complicadas. Al contrario, se impuso la meta de que a pesar de dominar las acrobacias un poco después que sus hermanos, las suyas serían ejecutadas perfectamente. Y así fue, ya que de después de un tiempo, Splinter llegó a mencionar que las piruetas de Rapha eran las mejores de los cuatro hasta entonces.
-Paciencia y tiempo – dijo Rapha en voz baja. -Y la recompensa será maravillosa.
-¿Entonces? ¿Lo intentarás otra vez? – preguntó Saki.
-No lo intentaré…¡Lo haré!
