Capitulo 11.
Rapha mentiría si dijera que tanto sus brazos como sus piernas no le dolían para nada esa mañana después de la primera rutina de entrenamiento de Saki. Así que cuando llegó al palacio Imperial a cumplir su jornada del día solo deseaba a los dioses que la princesa, por al menos en ese día, no se le ocurriera salir de paseo, pues no creía ser capaz de perseguirla.
Para su suerte, aquel día la chica parecía no tener oportunidad de salir, gracias a los montones de papeles y libros que había en su habitación, y es que, por lo que veía, sus tutores le habían dejado varias tareas como para el final de los tiempos.
Y debido a esto, Rapha, se encontraba parado a un costado de la habitación de la princesa, sin nada que hacer. Ya llevaba así unas dos o tres horas, y el aburrimiento y el cansancio, comenzaban a invadirle. De vez en cuando veía a la princesa realizar sus deberes, y curiosamente el verla detrás de un escritorio escribiendo sin apartar la vista del papel, le recordaba un poco a Donnie cuando se encerraba en su laboratorio y se abstraía de la realidad.
Ahora que la chica estaba quieta, Rapha pudo tomarse la libertad de observarla detenidamente. Esta vez traía su cabello amarrado en una coleta alta, vestía una blusa blanca y un short, y advirtió que Kameko usaban una ligera base de maquillaje en su rostro. En lo personal, Rapha no entendía porque la mayoría de las mujeres se obsesionaban con usar kilos y kilos de maquillaje en la cara, se le hacía poco atractivo el verlas con tanta pintura en su rostro. En vez de eso, prefería a las chicas que no abusaban de el, chicas que solo lo usaban para resaltar la belleza que ya poseían, tal como la princesa.
Le era cómico pensar, que tan solo 24 horas atrás, la princesa le había hecho pasar uno de los peores momentos de su vida y ahora, Kameko parecía ser una dulce y tierna princesa que no lastimaría a una mariposa, ni mucho menos escaparse del palacio e ir a comprar yogurt como si nada.
Hizo una nota mental, aquellas personas que aparentaban ser inofensivas, no lo eran.
En eso, Kameko levantó la vista y miró a Rapha, este último al verse dentro del contacto visual de la chica, volteó rápidamente a otro lado y fingió poner interés en otro punto de la habitación.
-¿Por qué no te sientas? - dijo Kameko atrayendo la atención del ex-quelonio. -Llevas parado tres horas, de seguro estas cansado.
-No creo que sea lo correcto -contestó Rapha.
-Estar dentro de la habitación de una dama no es correcto y a pesar de ello aquí estas.
-Tengo indicaciones de no quitarle el ojo de encima.
-Como ayer, ¿verdad? -dijo la princesa con una sonrisa divertida.
-Ese fue el primer día. -contestó Rapha sintiéndose ofendido. - Ya verá que no se volverá a repetir.
-Lo que tú digas– comentó la chica y cambiando el tema dijo -Veo que tu japones está oxidado.
-Mi idioma es el inglés.
-En ese caso, ¿me podrías ayudar a traducir este párrafo?
Rapha enarcó una ceja ante la petición de la chica, y viendo que no tenía nada mejor que hacer se acercó al escritorio y tomando cierta distancia, leyó en voz alta el texto que la princesa le señalaba:
-"During the spring of 1829, the autor of this work, whom curiosity had brought into Spain, made rambling expedition from Seville to Granada in company whith friend, a member of the Russian Embassy at Madrid."
-¿Y eso quiere decir? -preguntó Kameko.
Antes de traducir al japonés, Rapha meditó las palabras y dijo:
-Durante la primera de 1829, el creador de este trabajo, vino a España con curiosidad, realizando un viaje desde Sevilla a Granada, con un amigo, miembro de la embajada Rusa en Madrid.
-Si que necesitas ayuda con el japonés -dijo la princesa con una pequeña risa. - Conjugaste mal algunos verbos.
-Entonces traducelo tú -respondió Rapha cruzándose de brazos ofendido y dispuesto a regresar al lugar donde llevaba parado más de dos horas.
-¡Espera! - lo detuvo Kameko sujetándolo de la comisura de su ropa. -No era mi intención ofenderte. -Te propongo un trato. Si me ayudas a traducir estos textos, yo te ayudaré a mejorar tu japonés y así podremos terminar pronto, y quizá podamos ir por un helado de yogurt.
Rapha frunció una ceja ante el comentario de la princesa, y está última retiró lo dicho acerca del helado. Por otro lado, la ex-tortuga sabía que si Kameko terminaba de una vez con sus deberes por fin podría ser libre de su jornada de niñera, además, Saki siempre le recriminaba que debía practicar más japonés. Así que sin tener una posición en contra, aceptó el trato.
Kameko sonrió y le ofreció a la ex-tortuga un cojín rojo para que se sentará a su lado. Este aceptó el cojín y se sentó con las piernas cruzadas a una distancia prudencial de la chica, al sentarse, su cuerpo agradeció por fin el descanso, no obstante, Rapha se preguntaba como era que la chica llevaba horas sentada de rodillas frente al escritorio, pues la mesa eran de esas pequeñas en las que uno debía sentarse de rodillas o con las piernas cruzadas para usarlo.
-¿Qué significa está palabra? - preguntó Kameko señalándola en la hoja.
-"Imagination" -leyó Rapha y la princesa trató de imitar su pronunciación. -Significa "imaginación".
De ese modo, ambos se enfocaron en la ardua tarea de traducir textos. Y mientras pasaba las horas, la barrera que los dividía se fue desapareciendo y los dos comenzaron a relajarse, tanto, que incluso llegaron a reírse ante la pronunciación del otro.
Los dos hubieran seguido así durante horas con aquella labor, hasta que una mujer mayor entró a la habitación para anunciar que era la hora de la cena. Tanto Rapha como Kameko dieron un pequeño salto por el susto provocado de la mujer, la ex-tortuga se levantó de golpe y se alejó de la princesa. Kameko agradeció a la mujer, procedió a levantarse y estirar sus brazos y piernas, para acto seguido dirigirse al comedor.
Rapha la siguió tomando su respectiva distancia y cuando se aseguró que la chica entró al comedor, este dio se media vuelta fijando el rumbo al comedor de los empleados.
-¿A dónde vas? - preguntó Kameko.
-Al área de empleados – contestó Rapha enarcando una ceja, pues eso mismo había hecho el día anterior a la hora de la comida.
-Mejor quedate a comer conmigo.
Rapha al escuchar aquella petición, iba a comentar que debía seguir el protocolo que le habían dictado, pues una de las cosas que le había dejado muy en claro el jefe de los sirvientes, era el no intervenir en las actividades de la princesa, pero hacía unas horas atrás le había ayudado a estudiar, además, de que le era difícil el no notar la cara de suplica de la chica para que dijera que si. Por lo que al final, terminó cediendo.
-De acuerdo – dijo él resignado y entrando al comedor junto a la chica.
Kameko solo se limitó a sonreír y a pedirle a una de las mujeres que estaban ahí, que trajeran otro plato de comida para su guardaespaldas. La sirviente miró a Rapha de una forma amenazadora y sin decir más, hizo una reverencia para cumplir la orden de la princesa.
Rapha, a petición de Kameko se sentó al otro lado de la mesa, haciendo que quedarán ambos de cara a cara. A los pocos segundos regresó la sirvienta y le sirvió ambos varios platos de comida, para después retirarse, dejando a los chicos solos en el enorme comedor.
La situación era un poco incomoda para Rapha, ya que jamás se hubiera imaginado estar comiendo junto a la princesa de Japón. Está por su parte, parecía contenta por tener a alguien haciéndole compañía, aunque si la ex-tortuga lo pensaba bien, tampoco le gustaría si tuviera que comer solo todos los días.
-Y dime, eh...Ryu. - dijo Kameko tratando de abrir una conversación. - ¿Cómo es Nueva York? Escuché que eres de ahí.
Rapha, quien tenía la mirada fija en su plato de arroz en ese momento, miró a la princesa y respondió:
-Es como una ciudad cualquiera, hay gente por todos lados, edificios, autos, no es la gran cosa.
-¿Y haz ido a un musical de Broadway?
-Eh...vi Cats una vez – mintió Rapha, pues en realidad solo había visto la versión en DVD.
-¿Y que tal Central Park?
-Es grande – la verdad, solo había estado una vez ahí, y había sido solo por la noche durante una pelea contra el Krang.
-¡Oh vamos! Quiero detalles.
-Es que yo...eh...casi no salía a la ciudad, siempre estuve en el internado.
Rapha desvió la vista y la posó en otro lugar, lamentaba un poco el no poder contestarle las preguntas a la princesa, pues su vida había consistido en ocultarse y no ser visto por ojos ajenos. Tal vez no lo admitiría en voz alta, pero cada vez que Casey o Abril llegaban de visita a la guarida y platicaban acerca de los lugares que habían visitado, la ex-tortuga sentía envidia. Envidia de que ellos, pudieran salir de las alcantarillas y recorrer todas las maravillas de la Ciudad de Nueva York.
-¿Y no te escapabas? -preguntó Kameko con una sonrisa cómplice.
-A veces -confesó Rapha pensando en las veces que había salido de la guarida en la madrugada sin que nadie lo notara. En realidad no iba a ningún lugar en especial, si no que de vez en cuando le gustaba caminar por los tejados de las casas y disfrutar de un tiempo a solas.
-Me gustaría un día visitar Nueva York – dijo Kameko al mismo tiempo que tomaba un dumpling. - ¿Sabías que mi abuelo inauguró la sección japonesa que está en Central Park?
-No lo sabía. -dijo Rapha tratando de recordar aquella sección particular del parque sin éxito.
-Fue como por los cincuentas, antes de que falleciera solía contarme sobre los lugares a los que fue durante su visita, como el Empire State, los teatros de Broadway, Time Square, el Puente de Brooklyn.
-¿Nunca has salido de Japón?
-No, por obvias razones. Pero espero que un día pueda viajar por el mundo.
Rapha pudo percatarse de la mirada esperanzadora que la chica emitía al pronunciar esas palabras, y se dio cuenta que, al igual que él, había pasado la mayor parte de su vida dentro de unas paredes, aunque estas, a diferencia de él, estaban llena de lujos, pero aun así era la misma situación, no importase el material en que estuviera echo la jaula.
Pasaron unos minutos más y ambos terminaron de comer, los sirvientes se encargaron de recoger los platos, los chicos salieron del comedor y regresaron a la habitación de la chica a terminar los deberes faltantes.
-¿Qué tal tu día?- preguntó Saki. -¿No hubo problemas?
Rapha, quien esos momentos había regresado a la Mansión Oroku, se detuvo al ver que Saki y Midori lo miraban con una sonrisa.
-Estuvo tranquilo – contestó Rapha no haciendo caso a las miradas de ambos adultos que pedían por más información al respecto.
No obstante, Midori, no pudo más y terminó, para molestia de la ex-tortuga, impidiéndole el paso hasta obtener la respuesta que deseaba.
-¡Oh vamos! – dijo la doctora con una sonrisa pícara. -Nos hemos enterado de que hoy tuviste un buen día con la princesa. -¿Por qué no nos cuentas los detalles?
-Midori – dijo Saki colocándose a su lado en un intento de alejarla del chico. -¿Qué no ves que Rapha está cansado?
-No te hagas el desinteresado Saki, porque sabes bien que quieres saber lo que ocurrió.
Saki y Midori comenzaron a discutir, no era una discusión en el cual perduraba el enojo, más bien, era la típica discusión de pareja que buscaba saber quién tenía la razón. Rapha, viendo la oportunidad en que los adultos no parecían ponerle atención, se alejó de ellos, como todo un ninja y se dirigió a su habitación.
Después de un baño caliente, la ex-tortuga se puso su pijama, se tumbó en la cama y miró el techo de madera. Los recuerdos de ese día vinieron a su mente de golpe, y maldijo por lo bajo el atrevimiento de su cerebro a evocarlos justo cuando lo único que quería era descansar.
Aún así, debía admitir que aquel día, fue curioso e incluso, podría clasificarlo como entretenido. Y se preguntó si serían así los siguientes y para su sorpresa se descubrió deseándolo, pues no negaba que lo había disfrutado. A pesar de la mala primera impresión que la princesa Kameko le había dado, pudo ver, que, en realidad, la chica tenía un lado bueno. La forma en como lo trató ese día fue la prueba irrefutable.
Si era sincero consigo, no había convivido con otra chica a parte de Abril y Karai, aunque está última no contaba para él, pero también sabía que Kameko no era como su amiga y su "media hermana". No, ella era una princesa, una descendiente del Sol, como dictaba la tradición, y era más que obvio que no podía tratarla como una chica cualquiera. Pero a pesar de eso, Rapha había visto que la princesa no poseía ese típico carácter de niña consentida, que se sentía superior a los demás, de hecho, la chica se mostraba amable con todos, aunque al inicio, con él, le había hecho pasar un mal momento, parecía que, con el trato de esa mañana y la comida que compartieron juntos, era una forma de expresar de la princesa que ella no le deseaba algún mal, solo que buscaba divertirse y quizá comprobar que tan hábil era.
-Nunca entenderé a las mujeres – dijo Rapha al mismo tiempo que se llevaba las manos a la cara.
-Créeme, y nunca las entenderás.
Rapha se sentó de golpe al escuchar la voz de Saki provenir de la puerta.
-Ya en serio, ¿Qué no sabes tocar la puerta? – fue la respuesta de Rapha.
Saki solo dejó escapar una carcajada y procedió a tomar asiento junto a él en la cama.
-Cuéntame los detalles de tu comida con la princesa– soltó Saki.
Rapha frunció el ceño con molestia. Como lo esperaba, los rumores se habían esparcido tan rápido y lejos, que llegó incluso a los oídos de Destructor.
-¿Por qué tanto revuelo por una simple comida? -cuestionó Rapha.
-Ninguno de mis antiguos guardaespaldas había llegado tan lejos – comentó Saki con diversión. -¿Qué fue lo que hiciste para ganar un poco de su confianza?
-Solo la ayudé a traducir unos cuantos textos en inglés, no fue la gran cosa. -hizo una pausa. - Además yo…bueno...acepté su invitación a comer, ya que no se me hacía justo que comiera sola.
-Esperaba más. -comentó Saki encogiéndose de hombros y con un ligero desdén de decepción - Creo que Midori y yo fantaseamos más con lo ocurrido.
Rapha rodó los ojos al escuchar eso.
-¿Y cómo viste a la princesa este día? -preguntó Saki.
-Supongo que bien -contestó Rapha con un suspiro. -Solo que… no entiendo su extraña forma de ser. Ayer fue un demonio y hoy un ángel, ¿qué va a ser mañana?
Saki rió -Eso es parte del misterio de las mujeres. créeme que yo también tengo que lidiar con el cambio de humor de Midori. Tú solo dales la razón y vivirás por mucho tiempo.
-¡TE ESCUCHÉ!- se oyó el gritó de Midori a lo lejos.
-Tengo que cambiar las puertas de papel por algún material a prueba de sonido – dijo Saki en voz baja.
-Estaría agradecido, ya van un par de veces que me despierto por ruidos provenientes de tu cuarto. – dijo Rapha ahora disfrutando su oportunidad de molestar a Saki.
El mayor, solo se limitó a maldecir por lo bajo, para acto seguido soltar una carcajada.
-Ya quisieras tú – fue la respuesta de Destructor al mismo tiempo que cogía una almohada pequeña y la estrellaba contra la cara de la ex-tortuga, provocando que el menor se inclinara de lado. -Pero hablo en serio, tú no te preocupes por como se comportará la princesa, mejor deja que te sorprenda, te gustará.
Con eso último, Saki se levantó y deseándole una buena noche a la ex-tortuga y salió de la habitación.
"Mejor deja que te sorprenda" repitió Rapha las palabras en su mente. "Te gustará"
