CAPITULO 12
Pasó un par de meses para que Saki viera con alegría los progresos de Rapha en los entrenamientos matutinos. Para su agrado, el muchacho había mostrado mucha determinación al respecto y cada vez que caía o fallaba en algo, éste se levantaba y lo volvía a intentar otra vez, hasta conseguirlo. Y aún para su asombro, se percató de que Rapha, aunque no lo dijera en voz alta, tenía una pinta de perfeccionista.
Ahora que lo meditaba bien, Rapha y él no eran tan distintos después de todo. Durante todo este tiempo que estuvieron conviviendo, Saki advirtió que muchos de los comportamientos de la ex-tortuga se asemejaban a los suyos cuando era joven. Su temperamento, sus bromas casuales, su osadía, su determinación y sobre todo su corazón. Rapha podía parecer indiferente ante ciertas situaciones, y de seguro se había ganado el reclamo de sus hermanos en varias ocasiones, pero lo que ellos no notaban y Saki si y, muy probable Splinter, era que, en realidad, Rapha no era indiferente a los problemas, al contrario, era consciente de ellos, solo que no le gustaba expresar su preocupación, pues era obvio que lo hacía sentir como un inútil.
Era justo en esos momentos cuando Saki se ponía a reflexionar sobre todo lo que tuvo que haber enfrentado Splinter al criar a sus hijos. ¿Cómo fueron sus primeros años? ¿Dónde se refugiaron? ¿Pasaron frío, hambre? Pero a pesar de ello, reconocía que Splinter había educado bien a sus niños, ya que de las tantas veces que llegó a verlos, se percató de que tenían sus valores muy arraigados y que para ellos la familia era primero.
No obstante, como toda familia normal, esta llegaba a tener diferencias, y era aquello que le hacía preguntarse ¿Qué fue lo que pasó para que Rapha actuara como lo hizo? Lo único que la ex-tortuga se había atrevido a contarle era que había discutido con su hermano Leonardo y que cegado por la ira, había hecho algo imperdonable.
Saki no se atrevía a indagar más en lo ocurrido, era bastante obvio que Rapha no quería hablar del tema y con asombro, vio que el muchacho, con el paso del tiempo iba sepultando el pasado atrás y optando por vivir una nueva vida. Pero, el ex-villano sabía que eso no era muy bueno del todo, tarde o temprano el pasado iba a cobrarle factura, tal como lo había hecho con él, solo que esperaba que al menos con Rapha, este fuera piadoso.
-¡En tu cara barra de equilibro! -dijo Rapha con triunfo al conseguir hacer una vuelta de espaldas sin caerse.
De hecho, la ex-tortuga ya había dominado el mantener el equilibro en la barra, e incluso, había logrado realizar unos cuantos trucos y movimientos de gimnasia sobre ella.
-Si la barra de equilibro no fuera exclusivo de mujeres podría darte una recomendación para los juegos olímpicos – bromeó Saki.
-Apuesto que ganaría la medalla de oro -dijo Rapha saliendo de la barra con una marometa, cuyo aterrizaje no fue tan perfecto, pero con buena presentación.
-Será mejor que te apresures, vas con tiempo justo para llegar al palacio.
Rapha sin decir más, cogió una toalla, se secó un poco el sudor de la cara y cuello y salió del dojo. Saki se quedó unos minutos en medio de la habitación.
Si, Rapha había mejorado en poco tiempo su equilibro, resistencia física, e incluso gracias a las lecciones particulares de la princesa, había progresado en el estudio del japonés. Todo parecía ir de maravilla, y eso solo le indicaba que la ex-tortuga estaba lista para la siguiente fase de su entrenamiento.
Ninjitsu.
Por mucho tiempo Saki trató de no abordar el tema, esperaba que Rapha tardará un poco en dominar los demás ejercicios antes de estar listo para el ninjitsu. En realidad, lo que Saki temía era poner al muchacho en una situación incómoda, pues, ¿cómo se sentiría recibiendo clases de su archienemigo? ¿Lo aceptaría? ¿Lo rechazaría? ¿Le daría igual?
Destructor no era ciego ante el orgullo que poseía Rapha, se notaba a leguas de que había crecido con la filosofía Hamato, con la cual ya estaba familiarizado, ya que él también había crecido con ella, y reconocía que era común para un alumno no sentirse a gusto con la idea de entrenar con otro maestro diferente al que ya conocía toda su vida.
Aun así, tarde o temprano debía proponérselo, puesto que tenía serios problemas para realizar ejercicios básicos de equilibro y no quería imaginarse como estaba su ninjitsu.
-Saki, Cariño, ¿estas aquí? – escuchó a Midori llamarlo desde la entrada al dojo. – El desayuno está listo.
-En seguida voy – contestó Saki al mismo tiempo que sonreía a Midori y se encaminaba fuera del dojo.
Estaba decidido, hablaría con Rapha esa noche apenas hubiese regresado del palacio.
Como de costumbre, Rapha salió del área de empleados vistiendo el hakama y el haori que indicaba que trabajaba en el palacio imperial. Y como todos los días desde que empezó a trabajar se dirigió al salón de clases de la princesa para acompañarla durante sus lecciones del día.
Durante el último mes, Rapha pudo notar que la relación que tenía con Kameko había pasado a una zona de una amistad temprana. Desde aquel día en que se ayudaron mutuamente con los deberes, la princesa, para asombro de él, había comenzado a tratarlo como un igual. Varias veces se descubrió así mismo teniendo largas charlas con ella, de distintos tópicos, ya sea de series, películas, videojuegos, cómics, hasta los que él no entendía del todo como cosas de historia, política, y de ese tipo, pero aún así disfrutaba el escucharla y Kameko, por su lado agradecía tener por fin algo de compañía.
Cuando Rapha llegó al salón de clases, se detuvo en seco al encontrar el sitio vacío, sin ninguna alma. Miró el reloj de su muñeca y vio que este marcaba las siete en punto, hora exacta a la que iniciaban las clases de la princesa.
Extrañado, regresó sobre sus pasos y esperó unos segundos fuera del aula a que llegara la princesa o su maestro.
Pero nadie llegó en los siguientes 10 minutos.
Cuando se dispuso a sacar su móvil para hacer una llamaba, Rapha se percató de que una sirvienta se acercaba a él corriendo a toda velocidad y una vez llegado hacia donde estaba él, le dijo entre jadeos que se requería de su presencia en el jardín sur.
La ex-tortuga agradeció a la sirvienta y pidiendo indicaciones de como llegar al jardín sur, ya que no sabía que existía, se encaminó hacia allá.
No tardó mucho en llegar al jardín sur, y para su sorpresa, advirtió que este era un campo de equitación pequeño, pero con todo lo necesario y que no muy lejos de donde estaba, podía ver a la princesa Kameko vestida con un traje de equitación parada junto a un hombre mayor y un caballo.
Rapha se aproximó a donde estaba ella y Kameko al verlo le dedicó una sonrisa y dijo:
-¡Vaya! Pensé que nunca llegarías.
-No me informaron de tú cambio de "actividades" – fue la respuesta de la ex-tortuga.
-Al parecer fue de ultimo minuto.
-¿Así que... equitación?
-Si, mi abuela cree que debo hacer más ejercicio para tener buena condición física.
Al pronunciar esas palabras, Kameko le dedicó un guiño y Rapha no tuvo problemas para identificar a lo que se refería.
-Princesa, es hora de empezar. -dijo un hombre mayor vestido de igual forma con traje de equitación.
En las siguientes dos horas, Rapha vio desde el otro lado de la valla de seguridad, como Kameko saltaba junto con su caballo, que por cierto era de color blanco y muy probablemente pura sangre, los distintos obstáculos.
-Lo ha hecho muy bien princesa – dijo el maestro de equitación. - Hemos terminado por hoy, puede retirarse.
Kameko aliviada, desmontó su caballo y se dirigió junto con él a donde estaba Rapha.
-¿No estuvo mal, eh? - dijo la princesa.
-Supongo que estuvo bien – dijo Rapha encogiéndose de hombros - No conozco mucho de esto.
-¿Alguna vez habías montado un caballo?
-Nunca he montado uno.
En ese momento Rapha se arrepintió de haber mencionado eso, pues la princesa lo estaba viendo con una sonrisa de desafío.
-Entonces es tu día de suerte.
Kameko acercó un poco más su caballo hacía la ex-tortuga y este se alejó del animal diciendo que no era necesaria tal oferta.
-¡Oh vamos! - dijo Kameko con diversión en su rostro. -Te gustará.
-Prefiero no hacerlo -dijo Rapha.
-Claro que si.
-Claro que no.
-Claro que si.
-¡Que no!
-¡Que si!
-¡Que no!
-¡Que no!
-¡Que si!….¡Espera!
Kameko se hechó a reír, mientras que Rapha se llevaba una mano a la cabeza al mismo tiempo que se auto regañaba por caer en uno de los viejos trucos de la historia. Y no era la primera vez que le pasada, ya en su haber poseía una lista de las tantas veces que caía en ese tipo de situaciones, la mayoría encabezadas por Mikey.
-Si monto el caballo, ¿me dejarás en paz? -le cuestionó Rapha.
-Prometido.
-¿Es seguro?
-Por supuesto que si. Ya me viste montar.
Rapha pasó por encima de la valla de seguridad y se acercó con cautela al caballo. La parte racional de su cerebro le decía que lo que iba a hacer era una locura, que debía de recordar todas las veces que no pensó bien las cosas y terminaron mal, como la vez que se estrelló con su motocicleta en el callejón al intentar saltar entre edificios, reto impuesto por Mikey y sus hermanos, y que le produjo una pierna rota, pero...en esta ocasión, el reto consistía en montar un caballo. ¿Qué podía fallar?
Con ese pensamiento, Rapha colocó el pie derecho sobre el estribo del caballo y con un salto consiguió subir al caballo. El animal lanzó un relinchido y se movió bruscamente al sentir al nuevo jinete, cosa que puso nervioso a la ex-tortuga, pero con unas cuantas palmadas tranquilizadoras por parte de Kameko, el caballo se calmó.
-¿Ves? No hay nada de que preocuparse – dijo la chica con triunfo. - Minako es una excelente yegua, criada y entrenada por los mejores.
Rapha no le estaba poniendo atención del todo a la princesa, ya que en ese momento estaba más que concentrado en la reciente emoción que le producía el estar montado en un caballo. De niño siempre se había preguntado como sería y ahora, solo podía decir que era increíble. Pasó una mano por la crin del caballo y sonrió al sentirla súper suavecita y supuso que sus cuidadores lo cepillaban a diario.
Kameko le propuso avanzar unos cuantos metros, a lo que Rapha aceptó con emoción. No obstante, al llevar unos cuantos pasos, un jardinero, que estaba conduciendo un carrito de cortar césped, perdió el control y se cruzó en el camino de Rapha y Kameko, provocando, para mala suerte del actual jinete, que el caballo se asustará y se echara a correr a toda velocidad.
-¡Oh no! - exclamó Kameko desde el suelo, pues se había caído ante lo sucedido. -¡Toma las riendas!
Rapha no pudo escuchar lo que le había gritado la princesa gracias al creciente miedo que le estaba invadiendo todo su ser. Lo único que impedía su muerte temprana, era el estar aferrado al cuello del caballo. Aún así, hizo todo su esfuerzo por concentrarse en buscar una salida al problema, una salida que no tuviera un final terrible.
"¿Qué se hace en este tipo de emergencias?" - se cuestionó Rapha tratando de recordar situaciones similares vistas en tv - "Nunca debí aceptar el reto." "Voy a morir siendo tan joven y guapo"…¡Espera un segundo! ¡Las riendas!
Levantando ligeramente su cabeza, Rapha vio que las riendas estaban enroscadas al pomo de la silla, por lo que con dificultad se incorporó y las cogió.
-¡DETENTE! -gritó Rapha al mismo tiempo que tiraba de las riendas y rezaba para que el caballo frenara de una maldita vez. Sin embargo, en vez de frenar, el caballo dio un relinchido y saltó un obstáculo de agua, que consistía en un pequeño estanque rodeado de postes. Al momento que el caballo saltaba el estanque, la ex-tortuga perdió el equilibro y cayó fuertemente sobre el agua, y para empeorar la situación, el estanque tenía muy poca profundidad, por lo que pudo sentir el cemento golpear su espalda.
-¡RYUUUUUU! -escuchó que alguien gritaba a lo lejos. - ¡Traigan un médico!
Rapha no estaba en sus cinco sentidos, su visión comenzó a hacerse borrosa, y solo podía escuchar un intenso zumbido.
Antes de que todo se pusiera oscuro, vio varias personas acercarse a él, entre ellos a la princesa y un único pensamiento se cruzó por su cabeza:
Nunca volvería a subirse a un caballo.
Horas más tarde Rapha despertó en el ala medica del Palacio Imperial totalmente confundido y por supuesto adolorido. Trató de sentarse, pero al mínimo movimiento una punzada de dolor le recorrió la espalda haciendo que desistiera de su intento. Y como de costumbre, los recuerdos del accidente en el campo de equitación le golpearon la cabeza haciéndolo fruncir el ceño.
Ahora si que lamentaba no tener su caparazón, de seguro le habría protegido de la caída.
En eso, Rapha volteó a su izquierda y su corazón se detuvo ante la imagen que estaba presenciando. La princesa Kameko yacía dormida en una silla junto a su cama. ¿Qué estaba ella haciendo ahí? ¿Acaso ella podía estar ahí? ¿Cuánto tiempo llevaba ahí?
Y como si sus pensamientos hubieran sido proyectado en voz alta, la princesa se movió un poco y abrió ligeramente los ojos para luego cerrarlos y continuar durmiendo. Sin embargo, a los pocos segundos, los volvió a abrir y saltó fuera de la silla.
-¡Ryu! - Kameko de un impulso abrazó a la ex-tortuga y empezó a hablar con rapidez -¡Cómo lo siento! ¡Jamás pensé que esto pasaría! ¡Fue culpa mía! ¡Mi abuela está más que furiosa con lo que pasó! ¡Por favor perdoname¡ ¡No volverá a pasar algo similar!
Rapha que por unos segundos se había quedado paralizado al ver tal muestra de afecto de la princesa, recuperó la movilidad al sentir nuevamente las olas de dolor en su cuerpo, especialmente producidas por el abrazo que le estaban dando.
-Eeeeh...princesa -trató de decir Rapha al mismo tiempo que palmeaba suavemente el brazo de la chica. -No pasa nada estoy bien.
-¡¿Cómo que estás bien?! -fue la respuesta de Kameko sin dejar de abrazarlo. -¡Caíste de una altura de casi dos metros! ¡Y todo porque te obligué a hacerlo!
-Tú no me obligaste a nada -dijo Rapha aguantándose el dolor. -Yo lo hice por mi propia cuenta.
-¡No! ¡Yo te presioné para que aceptarás!
-Princesa, ¿podría dejar de abrazar a mi paciente? - Rapha escuchó con alegría la voz de Midori. -Lo está lastimando.
-¡Perdón! - exclamó Kameko apartándose de golpe y encogiéndose de hombros al ver que en vez de ayudar, estaba empeorando las cosas.
-¿Cómo te sientes? - le preguntó Kameko a Rapha una vez colocándose a su lado para examinar los instrumentos médicos conectados al chico.
-Me duele todo el cuerpo – confesó Rapha y en eso vio como la princesa se encogía más de la culpa.
-Te inyectaré una dosis de morfina, eso te ayudará a lidiar con el dolor.
Midori sacó una aguja de entre los cajones de un mueble que estaba en la habitación, la reviso y después de darle un par de golpecitos de acercó a Rapha con ella. La ex-tortuga al ver la aguja, perdió todo el color de su cuerpo y sintió como su corazón se aceleraba a ritmos increíbles.
-¿No-no me puedes dar pastillas? - suplicó Rapha al ver con horror la aguja.
-No -fue la respuesta seca de Midori. -Vamos, ¿O acaso te mostrarás como un cobarde frente a la princesa?
Rapha comprendió lo que estaba tramando la doctora. Era más que obvio que Midori sabía de su recién adquirida fobia a las agujas, pero lo que planeaba era hacerlo quedar como un valiente frente a la princesa, aunque cuestionaba aquel método, pues no veía para nada valiente el estar convaleciente en una cama de hospital.
Sin poder hacer o decir nada, Rapha vio como Midori aproximaba la aguja hacia su hombro izquierdo y al momento que esta se encontraba cerca, Rapha no pudo evitar los recuerdo de cuando estuvo en la sala de investigaciones del Krang, por lo que comenzó a respirar con ansiedad. No obstante, lo que le distrajo de aquella terrible sensación, fue ver que Kameko le había sujetado la mano derecha y que con una sola mirada, esta le indicaba que todo iba a estar bien.
Y como por arte de magia, el pulso y la respiración de Rapha se normalizaron. Cosa que agradecía, pero que lo dejaba confundido pues había sido con tan solo mirar a Kameko a los ojos.
-¡Ya está! -dijo Midori desechando la aguja -Te dije que no era para tanto. Tienes mucha suerte de que no te rompieras nada….
Rapha no prestó atención a lo que decía la doctora, a causa de que toda su atención estaba fijada en los ojos color café de la princesa, los cuales para su sorpresa se le hacían hermosos.
-¡Ejem! -exclamó Midori atrayendo la atención de los jóvenes y provocando que estos se soltarán de manos al verse en esa situación. - Decía que de momento Ryu deberá descansar uno o tres días para que sane por completo. Así que, princesa Kameko será mejor retirarnos.
-¡Oh claro! - dijo Kameko levantándose de su silla y dirigiéndose hacía la puerta, pero antes de salir volteó para ver a Rapha decir. -Por favor mejorate. No quiero a otro guardaespaldas.
-Lo haré -contestó Rapha al mismo tiempo que alzaba una mano para despedirse.
Y antes de quedar completamente solo en la habitación, Midori le guiñó el ojo a la ex-tortuga y le dedicó una sonrisa que se podía leer como un: "Bien hecho".
Rapha solo rodó los ojos y optó por acomodarse para dormir, ya que la morfina comenzaba a hacerle efecto.
