Capitulo 13
Desde que Kameko vio por primera vez a Oroku Ryu, supo que era diferente.
Un día antes había sido convocada por su abuela para informarle que le había conseguido un nuevo guardaespaldas y que, si no quería meterse en problemas, debía durarle, pues ya había perdido la cuenta de los cientos de guardaespaldas que llegó a tener, de los cuales, la mayoría renunciaba a los pocos días y otros tenían que retirarse por heridas causadas durante el trabajo.
Ya eran incontables las veces que Kameko le había dicho a su abuela que no necesitaba de un guardaespaldas, que al ser entrenada por su padre en lo básico del ninjitsu, está podía arreglárselas sola. Sin embargo, la testarudez combinada con la paranoia de su abuela, le obligaban a aguantarse a los idiotas que la seguían a todos lados.
Era por eso, que de cualquier forma buscaba liberarse de ellos, y en todos había tenido éxito. No importaba que tan experimentado estaba el hombre asignado a su protección, todos al final, salían huyendo como unos cobardes.
Hasta que llegó Ryu.
Si era sincera, ya había perdido la cuenta del número de guardaespaldas que llegó a tener, así que cuanto el chico, presuntamente hijo del líder del Clan del Pie, apareció a su puerta, supo que él era diferente.
Primero que nada, el chico, era joven, dos años mayor que ella, cosa curiosa, ya que todos los anteriores guardaespaldas eran hombres que oscilaban de los 30 a 40 años, todos, ninjas de alto nivel del Clan del Pie. Así que, cuando vio al muchacho, no pudo llegar a otra conclusión más que a su abuela ya se le estaban acabando las opciones.
Pero no iba a dejar que eso fuera un obstáculo, por lo que al igual que los otros, lo amenazó discretamente, y para su alegría, vio que el muchacho había mordido el anzuelo. Al día siguiente como esperaba, este se presentó para escoltarla a sus distintas actividades, y para su sorpresa, Kameko vio que Ryu, no ocultaba para nada su desagrado ante la labor, que obviamente le habían impuesto.
Por lo que esa tarde, cuando por fin terminaron sus actividades del día, Kameko, decidió poner en marcha el plan para deshacerse de él de una vez por todas. Caminaría como si nada por los jardines públicos del Palacio, lugar perfecto para perderse entre los visitantes, para acto seguido, escabullirse del guardaespaldas.
Y así lo hizo.
Con diversión reflejada en su rostro, pudo ver como Ryu se angustiaba al ver que había perdido a la princesa y como a su vez comenzaba una persecución en su búsqueda. Ella sabía que el guardaespaldas no pediría apoyo de inmediato, pues quedaría como un completo inútil en su primer día, así que por lo menos, eso le daba a ella, una hora o dos de libertad antes de que la encontrara, eso si es que lo hacía.
De modo que sin preocuparse por el muchacho, Kameko se dirigió a su tienda de helado favorita y pidió su clásico de Taro con moras, y se sentó en una de las tantas mesas a disfrutarlo. Pero, mientras disfrutaba de su helado, no contó con que Ryu apareciera a los pocos minutos, dejándola sorprendida, ya que solo había tardado media hora en hallarla. Era más que obvio que alguien le había dicho donde podía encontrarla.
Pero no mostró su sorpresa.
No.
El juego seguía.
Y apenas era el comienzo.
Quiso distraer al guardaespaldas ofreciéndole helado, esperando que cayera como los anteriores. Era un viejo truco, ofrecerle helado a los hombres para luego escapar de su vista nuevamente. Sin embargo, Ryu rechazó la oferta.
Kameko un poco molesta, optó por pasar al plan B. Terminó su helado con calma, sintiendo mirada molesta del chico y una vez acabado le dijo que volvería con él al palacio.
O eso le hizo creer.
Cuando tuvo oportunidad, salió corriendo de la tienda, logrando escuchar la fuerte maldición que profería Ryu. Pero lo que no esperaba, era que el chico, consiguiera seguirle el paso, al menos los primeros minutos.
Después de correr un rato, vio que no podía deshacerse de él entre la gente de la ciudad, por lo que sin tener otra opción, optó por entrar en un callejón y usar su truco de escapar por los tejados, cosa que también le había dado excelentes resultados con los otros.
Sin embargo, al llegar al tejado se percató de que Ryu ya no podía seguirle el paso. Vio la oportunidad perfecta para escabullirsele, pero su curiosidad pudo más y decidió quedarse esperando en el techo a por él. Y después de cinco minutos, el muchacho consiguió llegar con mucho esfuerzo.
Esto último, puso realmente a Kameko a cuestionar sobre la actual calidad de entrenamiento de los ninjas del Pie. ¿Realmente era un ninja entrenado? ¿Se suponía que al ser hijo del famoso Oroku Saki sería un experto ninja, no? ¿Entonces porque yacía a escasos metros de ella, pidiendo por un tanque de oxigeno?
"De seguro ya no tenían a quién mandar" pensó Kameko al ver como Ryu luchaba por no tener un ataque cardíaco en ese instante.
En ese momento pensó en saltar del edificio y salir corriendo a otro lugar, pero al final y viendo la condición del chico, supo que ya había sido suficiente, de modo que si saltó del edificio y corrió nuevamente, pero esta vez de vuelta al palacio.
Y una vez llegado al palacio, tuvo que hacer su mayor esfuerzo para no burlarse en la cara del guardaespaldas al ver que solo lo había hecho dar una vuelta enorme a la manzana.
Si, ese día había sido divertido para ella, pero sabía que con esa vuelta, el muchacho de seguro dejaría el trabajo de guardaespaldas.
O eso creyó.
Porque regresó al día siguiente.
Un poco molesta por no lograr que huyera, Kameko dedicó parte de su mañana en pensar en alguna forma de hacer que jamás volviese. Pero su planes diabólicos fueron interrumpidos ante los kilos y kilos de tarea que sus maestros le habían asignado ese día, bajo la amenaza de que si no los terminaba, su abuela se enteraría.
Kameko quería mucho a su abuela, después del terrible accidente donde perdió a sus padres, ella fue la única persona en quien pudo refugiarse. Pero el problema era que su abuela, era una mujer de la vieja escuela, siempre siguiendo las tradiciones y estricta de pies a cabeza. Todo el tiempo desaprobaba su comportamiento, el como vestía o se expresaba y siempre le decía. "una princesa no se comporta de esa forma".
De hecho, lo del guardaespaldas empezó poco después del accidente, y a petición de su abuela, pues una noche, a escondidas, escuchó la conversación que tenía con uno de los hombres del Clan del Pie, en donde solicitaba a su mejor hombre para protección de la princesa. Al principio, ella creyó que era por cuestiones de tradición y esas cosas, pero poco después de enteró que era debido a que su abuela tenía miedo de que algo malo le pasara o mejor dicho que alguien le hiciera daño.
Aunque al final atribuía eso a la paranoia de la mujer mayor.
Así que, ese día y no queriendo meterse en problemas decidió poner temporalmente de lado sus planes malévolos para eliminar a Ryu y se enfocó en los deberes pendientes. Tardó horas, pero al final ya estaba en la recta final, el único problema era que la tarea era de lengua, la materia que no dominaba al cien, en especial el idioma inglés.
Pero por suerte, su guardaespaldas estaba ahí, y por lo que había escuchado entre los sirvientes, él venía de Nueva York.
Para su alivio, Ryu aceptó ayudarla, y sin tenerlo previsto, ambos comenzaron a llevarse bien de ahí en adelante.
Kameko no entendía cómo una simple tarea de inglés era responsable de que su relación con el guardaespaldas mejorara con el tiempo. Al principio empezaron a dirigirse unas cuantas palabras respetuosas, pero con el paso del tiempo y las varias comidas que compartieron, la barrera que los dividía se empezó a desmoronar, dando paso a la base de una buena amistad.
Varias veces se encontró así misma disfrutando de algunas conservaciones que llegaban a tener en sus tiempos libres. ¿Y cómo no lo iba a gustarle? Ya que siempre se la pasaba sola y los sirvientes, siguiendo el estúpido protocolo solo le dirigían la palabra si era necesario. Marcando cada vez más la línea que la separaba de la gente normal. Pero Ryu, era diferente, para su fascinación, este llegaba a pasarse el protocolo por el arco del triunfo, aunque de forma discreta, cosa que le divertía.
Así que cuando descubrió que a él le gustaban varias cosas de las que ella también le gustaba, se sintió muy feliz y por primera vez, decidió que no estaba del todo mal tenerlo como su guardaespaldas.
Y seguiría disfrutando de su compañía si no hubiera pasado lo de esa tarde.
Kameko regresó a su habitación poco después de agradecerle a la doctora Midori el que le permitiera esperar en ala médica a que su guardaespaldas por fin despertara.
No podía creer lo impulsiva y lo irresponsable que había sido al retarlo a semejante locura. Había visto como su guardaespaldas dudaba al subir al caballo y claramente, debió haberle hecho caso a esa señal para retractarse del reto. Pero no, al contrario, no le prestó mucha atención y pasó lo que pasó.
Apenas vio como Ryu cayó del caballo, su corazón se detuvo del terror y corrió lo más rápido posible hacía él, mientras gritaba por ayuda. Lamentablemente cuando llegó, el guardaespaldas había quedado inconsciente y los sirvientes se lo llevaron al área médica del Palacio.
A los veinte minutos, una mujer de cabello negro que aparentaba estar a mediados de sus treinta, llegó al ala médica clamando ver al chico, y junto a la mujer venía Oroku Saki.
Kameko, quien estaba afuera de la habitación del guardaespaldas esperando a que los médicos del palacio le dieran noticias de su guardaespaldas, se preocupó mucho al ver al líder del Clan del Pie. Era obvio que había venido por su hijo y por su mirada amenazadora, no le era difícil notar que buscaba al responsable del accidente sin importarle quien sea.
Oroku al percatarse de la presencia de la princesa, hizo una reverencia de cortesía, y procedió a preguntarle al doctor en turno los detalles del accidente.
Kameko no pudo aguantar la culpa y terminó explotando frente al Líder del Clan del Pie. Le relató apresuradamente todo lo ocurrido, y le dejó en claro que era ella la responsable.
Con temor, esperó el regañó por parte del Líder del Clan del Pie. Sabía que en ese momento su título no importaba, que ahora era una simple chica de 18 años que había cometido una estupidez y que merecía ser amonestada por su comportamiento irresponsable.
Había escuchado un sin fin de veces lo duro que podía llegar a ser el Líder del Clan del Pie, había escuchado de sus horrendos castigos que llegaban a imponer a los miembros del Clan que se atrevían a desobedecer las ordenes y por supuesto había escuchado, que la mayoría de ellos no volvían a ser los mismos desde entonces.
Su abuela, de igual forma estaba furiosa con lo ocurrido y sabía que para ella no sería suficiente el castigo impuesto por el señor Oroku, al contrario, de seguro le pediría dobletear la reprimenda.
Pero el regaño no llegó.
En vez de eso, escuchó la risa del Líder del Clan del Pie.
-¿En serio eso pasó? - dijo Saki entre risas a lo cual Kameko solo asintió -¿Por qué no estuve ahí? ¿Sabes si alguien lo grabó?
Kameko estaba realmente confundida. ¿Acaso era una técnica en dónde hacías creer a la victima que nada pasaría para segundos más tarde apuñalarlo?
Pero Oroku siguió riendo para la estupefacción de la chica.
-¡Saki ten más respeto! - escuchó Kameko decir a la doctora Midori desde la habitación de Ryu. -¿Qué no ves que la chica tiene los nervios hasta el tope?
-Lo siento – respondió Saki secándose las lagrimas producto de su risa y regresando a su postura imponente. -¿Cómo está el chico?
Aquello era algo que Kameko deseaba saber.
-Se encuentra bien – respondió Midori acercándose al Líder del Clan del Pie. - Por suerte no tiene nada roto.
-Caerse de un caballo en movimiento no es nada comparado a lo que se ha enfrentado – dijo Saki con orgullo. -Debiste verlo caer de una nave Kra...
Una mirada seria de Midori bastó para que Saki callara, pues recordó en ese momento que no estaban solos.
-¿Entonces no tiene nada? -preguntó Kameko
-Solo unos hematomas en la espalda y se torció ligeramente la muñeca izquierda, de seguro cayó sobre ella.- hizo una pausa para ver la hoja de datos que tenía sobre una tabla -De momento sigue inconsciente, la impresión y la adrenalina debieron estar al tope cuando ocurrió el accidente. Así que solo queda esperar a que despierte para ver si no tiene algún otro problema.
-La emperatriz me pidió que fuera a verla a penas hubiese sabido el estado de Ryu. - dijo Saki -No tardaré, cualquier cosa que ocurra me llamas por favor.
Con eso último, el líder del Clan del Pie se despidió de la doctora con un beso y haciendo una reverencia a la princesa, salió del área médica rumbo a su encuentro con la emperatriz.
Kameko no necesitaba ser adivina para saber de que hablarían. Así que terminó resignándose a su destino. Sin embargo, aún estaba preocupada por su guardaespaldas, por lo que se armó de valor y le pidió a la doctora que le permitiera acompañarlo hasta que se despertara y para su alivio, la doctora accedió con una sonrisa.
Después de esperar un par de horas, y ver que aún su guardaespaldas aún no despertaba, Kameko comenzó a preocuparse y a imaginarse las peores cosas. Empezó a creer que Ryu jamás despertaría, que la caída podría haberle provocado una hemorragia interna que los doctores aún no habían notado, o que el golpe le haya provocado una contusión en el cerebro o que había quedado invalido, entre muchas otras cosas más.
Al final, la adrenalina de ese día se había esfumado de su sistema, provocándole una fuerte ola de sueño. No sabía por cuanto tiempo durmió en esa silla incomoda del ala médica, pero aquello no le importó al ver que pasado un rato, su guardaespaldas la miraba sorprendido.
En un abrir y cerrar de ojos, se halló así misma abrazándolo con fuerza y profiriendo una enorme disculpa, la cual no duró mucho, pues un par de minutos más tarde, la doctora había indicado que Ryu debía descansar, por lo que tuvo que abandonar la habitación.
Y ahora se encontraba sola en su habitación, rezando a Kami por la salud del guardaespaldas y que su abuela no fuera tan dura con ella. Aunque sus rezos no sirvieron de mucho, pues la puerta de su habitación se abrió dejando entrar a su abuela, quien tenía una mirada sumamente molesta.
-Abuela puedo explicarlo. - empezó a decir Kameko, pero fue interrumpida.
-¡¿Es así como te he educado?! - exclamó la emperatriz enojada. -¡¿Es así cómo se debe comportar una princesa?!
-No, pero…
-Tú comportamiento de esta tarde fue inaceptable, impulsivo e irresponsable.
-Lo sé. -dijo la princesa bajando la cabeza con arrepentimiento.
-¡¿Cómo crees que hablará el parlamento de ti los siguientes días?! - Kameko no se atrevió a responder y la emperatriz continuó. -Dirán que a pesar de tener 18 años no has madurado y que te comportas como una niña de 5 años. Dirán que no eres apta para heredar la corona y buscarán a otro sucesor. ¡¿Eso es lo qué quieres?! Deshonrar a tus padres, a mi. ¡¿Qué no eres consciente de todo lo que hice para mantenerte en la línea de sucesión?! ¡Tu padre siempre quiso lo mejor para ti, pero parece que no te importa todo su esfuerzo!.
-Claro que lo sé abuela – dijo Kameko tomando un poco de valor.
-¿Entonces por qué te comportas como una niña? - hizo una pausa para tomar aire. - Te haz deshecho de todos los guardaespaldas que te han sido asignados, y cuando por fin, creo que al menos uno conservará el puesto por bastante tiempo, le haces una mala pasada y termina herido en el ala médica como muchos otros. Ahora deberé de buscar otro guardaespaldas que esté dispuesto a protegerte. Y no quiero que te atrevas a hacer de las tuyas para deshacerte de él, ¿entendido?.
-Si -dijo Kameko en voz baja y con la mirada en el suelo.
-Ahora te diré cual será tu castigo. - al oír eso, la princesa cerró los ojos y rezó a Kami por piedad. - En mis tiempos, una falta como la tuya te habría otorgado cincuenta azotes con la tabla, quizá cien, pero sabes bien que desapruebo esos métodos. Por lo que te confinarás en tu habitación hasta que yo lo diga y le pediré a tus maestros que dupliquen, no, tripliquen tus deberes, en especial la asignatura de filosofía, esperando a que con eso, sepas comportarte mejor. Y no quiero reclamos, ¿Está claro?
-Si -dijo Kameko.
-Más te vale que así sea.
Con eso último, la emperatriz abandonó la habitación de la princesa, dejando a esta última completamente solo y arrepentida de sus actos.
Al final, dejó que las lagrimas fluyeran por sus ojos mientras rezaba a Kami que su guardaespaldas no abandonara su trabajo, pues no deseaban tener otro.
