Capitulo 14.
-Espero que a partir de ahora pensarás dos veces antes de hacer una locura – dijo Saki entrando a la habitación de Rapha.
Después de tres días, como había previsto Midori, Rapha mejoró notablemente, el dolor se había esfumado y los hematomas en su cuerpo ya casi desaparecían, lo único que quedaba por sanar, era su muñeca izquierda, la cual si movía con brusquedad, aún le dolía un poco, pero eso no le impedíría regresar a sus labores como guardaespaldas.
-No es mi fuerte pensar antes de actuar -le contestó Rapha sin apartar la vista del espejo, pues estaba peinándose un poco.
-Deberías trabajar en ello -replicó Saki al mismo tiempo que se sentaba en una silla. Rapha al ver sus gestos, supo de inmediato que su antiguo enemigo quería hablar. Por lo que se puso de espaldas hacía el espejo para encarar a Saki.
-¿Qué ocurre? - ahora fue el turno de Rapha de cuestionar al mayor. -Solo pones esa cara cuando hay algo importante.
Saki esbozó media sonrisa, era cierto que había entrado a la habitación de Rapha para hablar de un asunto serio. Ya llevaba desde hace tiempo posponiendo aquella conversación, y así hubiera sido, si Midori no lo hubiera presionado esa mañana para terminar con ello de una vez.
-Estos últimos meses has mejorado bastante con el entrenamiento de las mañanas. -empezó a decir Saki. - Y creo que es el momento ideal para pasar al siguiente nivel.
-¿Siguiente nivel? - Rapha enarcó una ceja.
-Si...umh, me refiero al ninjitsu.
-Saki yo…
-Entiendo que es difícil para ti, también lo es para mi, pero aún eres joven, y tienes bastante potencial para que sea desperdiciado. A lo que voy, es que sé que eres capaz de llegar muy lejos en el ninjitsu, puedes incluso llegar a ser un buen maestro, pero necesitas alguien que te guíe y...sé que no soy Splinter, y entiendo de que puede ser difícil tener un nuevo maestro, pero te prometo que nunca…
-Esta bien.
-¿Qué?
-Dije que esta bien.
-¿En serio? - Saki no estaba muy seguro de como reaccionar en ese momento. Se había imaginado un escenario distinto a ese, tenía preparado distintos argumentos para convencer a la ex-tortuga de continuar con su entrenamiento ninja en el dojo del Pie. Pensaba que no sería sencillo convencerlo y hacerlo ver otra cosa, pero que Rapha aceptara como si nada, sin poner ninguna objeción, no era la reacción que esperaba. "Supongo que exageré en las posibilidades".
-Me gustaría aprender más ninjitsu – dijo Rapha sacando a Saki de su debate mental. -Sé que soy lo bastante bueno con los conocimientos que tengo, pero siempre me han dicho que hay más por aprender.
-¿Pero...no tienes problema en que yo sea tu maestro? - le cuestionó Saki.
-¿Por qué debería? ¿Tú lo tienes? -respondió Rapha.
-No, claro que no.
-¿Cuándo empezaríamos?
-Mañana a primera hora.
-De acuerdo -Rapha miró el reloj de la pared e hizo una mueca de disgusto. -¡Demonios! Ya voy tarde.
Con eso último, Rapha cogió una mochila y salió de su habitación a paso apresurado, dejando a Saki un poco más tranquilo.
-Eso fue fácil – se dijo así mismo Destructor. -Pero, ¿por qué tengo la sensación de que me faltó decirle algo más?….¡Oh no! ¡Rapha espera!
Al llegar al Palacio Imperial, Rapha no pudo evitar sentir una ola de pesadez en el ambiente. El lugar estaba muy tranquilo, más de lo acostumbrado, los empleados, que normalmente iban apresurados de un lado al otro, parecían ahora ir con mucha parsimonia y sus caras alegres que solía ver, estaban remplazadas con una estoica o una de tristeza. Solo les hacía falta un poco para ponerse a llorar en medio del pasillo.
-Pero si que son raros. - murmuró la ex-tortuga al pasar al lado de unas empleadas que traían las caras tristes.
Sin prestarle mucha atención al comportamiento de los trabajadores, la ex-tortuga, siguió su camino hasta los vestidores. Al entrar, Rapha logró escuchar la conversación de dos empleados.
-Qué día más triste – dijo un hombre de unos cincuenta años.
-Todos los años es así – le respondió otro de la misma edad.
-Y los dioses lo saben que es un día triste, mira, el cielo está gris.
-Será mejor apresurarnos, hay que estar listos para la cena.
Los empleados abandonaron el vestidor, dejando a Rapha confundido. ¿Cómo que era un día triste? Si era apenas 20 de Octubre. ¿Acaso era un día de conmemoración para los japoneses? "¡Demonios! Debí prestarle atención a Saki cuando me mencionó los días festivos de Japón".
Sin darle más vueltas a ese asunto, Rapha abrió su casillero para ponerse su uniforme, pero se detuvo al ver que la ropa que estaba en el casillero no era su uniforme de diario, sino un traje negro.
-¿Me habré equivocado de casillero? - exclamó Rapha enarcando una ceja y al mismo tiempo revisando el número de la puerta del locker, el cual correspondía al suyo. - El casillero es mio, pero, ¿será que alguien se equivocó?
En eso, las puertas del vestidor se abrieron dando paso al jefe del personal del Palacio.
-¡Oroku! - dijo el hombre acercándose a él con prisa. - ¿Qué estas haciendo? ¿Qué no ves que ya es muy tarde? Deberías estar en tu puesto. ¿Y por qué no te has puesto tu traje?
-Yo...eeeh, creo que hubo una confusión. - contestó Rapha apresuradamente. - Mi traje no está…
-¡¿Pero qué estas diciendo?! Yo lo puedo ver perfectamente desde aquí. ¡Anda vístete! Ya deberías estar esperando a la familia real en la entrada del Palacio.
El jefe de los empleados se dio media vuelta y salió del vestidor mientras sacaba su móvil para contactar a alguien. En cambio, Rapha sin entender que demonios le pasaba a todo el mundo, saco el traje negro perfectamente planchado de su casillero y se percató de que había una nota.
Me encargué de pedir un traje a tu medida. Lo necesitarás este día.
Saki.
-¡¿A qué demonios se refieren?!- exclamó Rapha comenzando a sentirse molesto.
Sin tener otra opción, Rapha sacó el traje del plástico protector y se lo puso. Para su sorpresa, el traje era bastante bonito y en efecto, era de su talla. Solo había un problema, seguía sin saber como ponerse la corbata. Por lo que al final la dejó echa bola junto al plástico protector del traje, el cual tenía una leyenda que decía: Brioni, y cerró la puerta de su casillero.
Salió con rumbo a la entrada principal del Palacio y se topó con una fila de sirvientes, más una limusina con el sello de la familia real. Al acercarse al vehículo, los sirvientes hicieron una reverencia y de la entrada del Palacio salieron la emperatriz Aiko, junto con su nieta Kameko. Ambas vestían con ropas de color negro, la mayor en un estilo conservador a la antigua y la menor, con un estilo un poco más moderno, pero al igual conservador.
Cuando la emperatriz estuvo cerca de Rapha, ésta lo miró rápidamente de pies a cabezas e hizo un gesto reprobatorio antes de entrar a la limusina, mientras que Kameko le dedicaba una sonrisa pequeña y entraba al auto junto a su abuela.
Continuando sin saber que era lo que estaba pasando, Rapha subió de igual forma al vehículo, solo que en la parte delantera, en la sección del copiloto. Había una ventana oscura que separaba la sección del conductor y la de los pasajeros y que permitía privacidad a la emperatriz y a su nieta, por lo que Rapha no podía ni ver mi escuchar a las mujeres durante el camino.
-Oye, ¿a dónde nos dirigiros? - preguntó Rapha al chófer.
-A una ceremonia muy importante -le respondió este sin quitar la mirada del camino.
-¿Acaso se celebra algo?
-¿Qué no sabes que día es hoy? - le devolvió la pregunta el chófer en un tono ofendido.
-Eeeeh...¿20 de octubre?
-No puedo creer que te hagas llamar heredero de la familia Oroku.
-¡Oye! ¡Yo nunca me he hecho llamar de esa forma! - y cruzándose se brazos agregó. -Si no quieres no me digas que está pasando, lo averiguaré por mi cuenta.
-Buena suerte chico.
Rapha tuvo que aguantarse las ganas de propinarle un buen golpe al chófer. ¿Cómo se atrevía a ser de esa forma? Se las pagaría.
De hecho, no era la primera vez que los adultos de mayor edad se comportaban con esa actitud. La mayoría de los empleados del palacio se habían comportado con él como si fueran los conocedores de todo, cada vez que Rapha se atrevía a preguntar sobre algo que no entendía del protocolo, estos respondían como si les hubiesen ofendido y luego le daban un sermón de que los jóvenes de hoy en día eran unos ignorantes. Saki ya le había advertido que la mayoría de los adultos, en especial los ancianos, tendían a exigir respeto por parte de los jóvenes, y que era mejor darles la razón, sino habría graves consecuencias. Al principio, Rapha tomó aquello como una broma, o algo que solo había visto en los animes y dramas, pero al ver que era cierto, no podía evitar preguntarse que era lo que les pasaba por la cabeza cuando se comportaban así.
El vehículo amenguó su velocidad y Rapha enarcó una ceja al ver que se encontraban entrando a una zona boscosa con un cartel que decía: Cementerio Imperial Musashi.
Minutos más tarde, pararon frente a una gran escalera con un arco Yumi y tanto él como el chófer descendieron del vehículo para ayudar a bajar a la familia real.
-Tetsu – dijo la emperatriz una vez afuera del vehículo. -Por favor espera aquí.
-Si señora -respondió el Chófer haciendo una reverencia.
-Ryu... acompañanos.
La emperatriz subió las largas escaleras junto con su nieta, Rapha las estaba siguiendo un par de metros atrás. Al llegar al final de las escaleras, Rapha se sorprendió al ver varias hectáreas de zona verde, con varios edificios antiguos en su interior.
Después de caminar por un largo camino, la emperatriz dio vuelta en un pequeño camino y en un abrir y cerrar de ojos se hallaron frente a otro arco Yami, el cual era la entrada a un templo de un tamaño mediano, pero muy decorado.
A las puertas del templo se hallaban un hombre y dos mujeres de mediana edad vestidos a la usanza sacerdotal. Al ver a la emperatriz acercándose, hicieron una profunda reverencia y abrieron las puertas del templo. El interior tenía forma de hexágono, en cada esquina había columnas de madera, con tallados de animales, los colores rojo y dorado eran los dominantes, además de que se podía oler un fuerte aroma a incienso.
Para ese entonces Rapha pensaba que la emperatriz y su nieta estaban cumpliendo con un ritual religioso de los tantos que había escuchado, pero aquel pensamiento se esfumó cuando centró su vista al fondo del templo. Ahí, sobre la pared, había una placa de oro que decía lo siguiente:
Aquí yace el Emperador Akihito y su esposa, la Emperatriz Hanako
que la gracia de los dioses los cuide en el más allá.
El corazón de Rapha se detuvo abruptamente al leer la placa, y de inmediato entendió el porque el comportamiento y los comentarios de los sirvientes, el vestir de la familia real, y por supuesto, el traje que Saki le había dejado en su casillero. Ese día era el aniversario luctuoso de los padres de Kameko y como costumbre japonesa, habían ido al cementerio a rendir oraciones.
"Debí sospecharlo al ver que estábamos entrando a un cementerio" se regañó la ex-tortuga así mismo. "Pero aún así, ¿por qué Saki no me lo advirtió? Empiezo a creer que la edad ya le está afectando."
La emperatriz y su nieta se acercaron un poco más al nicho, y dejaron sobre una mesa finamente decorada un ramo de flores blancas, y encendieron unas velas, para acto seguido juntar las manos en inclinarse con respeto.
Ambas mujeres estuvieron así por unos cuantos minutos, Rapha las observaba con bastante detenimiento, en especial a Kameko, ella a diferencia de su abuela si expresaba una cara de tristeza, parecía que en cualquier momento estallaría en llanto, pero luchaba contra eso, quizá se aguantaba para parecer más fuerte delante de su abuela, la cual mantenía una cara estoica desde el comienzo.
Rapha no pudo evitar sentirse mal por la princesa, la entendía perfectamente, había perdido a sus padres a temprana edad, y era comprensible que la chica quisiera llorar para expresar su dolor.
Justo en ese momento, una campana resonó en el interior del templo, y Rapha , vio como la emperatriz y su nieta daban media vuelta para salir de ahí.
Al estar afuera, fueron sorprendidos por una pequeña muchedumbre de reporteros y fotógrafos, siendo controlados por personal de seguridad, todos ellos pedían una foto de la familia real.
La emperatriz hizo una señal discreta y Kameko automáticamente se plantó a un lado de su abuela y ambas fueron fotografiadas por las cámaras. Por su parte Rapha, no se le hacía para nada respetuoso que los reporteros estuvieran ahí, ¿Qué no entendían que era un día triste para la familia, para Kameko? ¿Qué no podían ver que detrás de la sonrisa falsa de la princesa había una cara de tristeza? Lamentablemente, la ex-tortuga tuvo que aguantarse las ganas de mandar a volar a los reporteros.
Después de diez minutos de fotografías, la emperatriz dio una señal a su personal de seguridad para que les hicieran paso entre la muchedumbre, pues ya iban de regreso al auto. No obstante, a medio camino de vuelta, un hombre bien vestido y que aparentaba estar en sus cuarenta, apareció e hizo una reverencia a la emperatriz y para sorpresa de Rapha, la matriarca parecía conocerlo.
-Emperatriz Aoyama – dijo el hombre. -Sabía que la encontraría aquí.
-Kimura – contestó la emperatriz sin mucha emoción. -Es obvio que sabías que me encontrarías aquí junto con mi nieta.
-¡Aaaah si! La pequeña Kameko – dijo el hombre de nombre Kimura dirigiéndose a la princesa. - Ha pasado mucho tiempo desde que te vi, veo que ahora te has convertido en una linda señorita. ¿Sabes? Mi hijo Mako no para de hablar de ti, y espera con ansias el volverte a ver.
Kameko solo se limitó a fruncir el ceño y a apartar la vista con molestia, cosa que la ex-tortuga no pasó por alto.
-¿Qué te trae aquí Kimura? - le cuestionó la emperatriz.
-Vine a presentar mis respeto a la familia real.
-¿Y?
-Y quería aprovechar la ocasión para hablar con usted de un asunto muy importante.
La emperatriz dejó escapar un suspiro de resignación y le concedió a Kimura tiempo para hablar en lo que iban camino al auto, por lo que ambos adultos tomaron la delantera, mientras que Kameko, quien no parecía contenta con la presencia del hombre se rezagó junto con Rapha.
-¿Te encuentras bien? - le preguntó Rapha, para a los pocos segundos darse una palmada mental. Era el aniversario luctuoso de sus padres y la princesa los extrañaba. Era más que obvio que no estaban bien.
-Si lo estoy – contestó Kameko no muy animada. -Es solo que los extraño mucho.
-Te entiendo.
-¿Tú extrañas a tu madre?
-Un poco – dijo Rapha tratando de sonar un poco melancólico, y pensando en la respuesta que ya tenía prevista para ese tipo de situación. - La verdad, no conviví mucho con ella, ya que estuve la mayor parte en el internado.
-Apuesto que te quería mucho. -dijo Kameko dedicándole una sonrisa de apoyo. -¿De las pocas veces que estuviste con ella, recuerdas algo bonito?
Rapha trató de pensar en las respuestas que había ensayado con Saki, pero sin previo aviso, comenzó a pensar en Splinter y en todos los momentos que pasó con sus hermanos cuando eran niños.
-Recuerdo que siempre me hacía levantarme a primera hora para hacer mis deberes -empezó a contar Rapha con una sonrisa nostálgica. - Y yo siempre buscaba la forma de no hacerlos, a tal grado que me escondí en la alacena por dos horas, al final dio conmigo y como castigo duplicó mis deberes. Siempre me la pasaba metiéndome en problemas. Tú entiendes, el rebelde de la familia.
-No me es difícil imaginar un pequeño Ryu rebelde.
-Una vez, terminé en problemas por algo muy estúpido si lo pienso ahora, pero cuando era niño nadie se podía meter con He-Man.
-¿Qué pasó?
-Bueno...la discusión finalizó en golpes, la cual yo gané, pero terminé ganándome el castigo de asear la casa todas las mañanas al estilo japones. Ese donde limpias el piso con un trapo y tus manos. Varias veces tuve que cumplir castigos como ese y Splin...es decir, mi madre, era muy paciente conmigo, tanto, que me cuestionaba en el porqué no me dejaba en otra alcantarilla, si tantos problemas le causaba.
-Así son los padres, siempre serán pacientes con nosotros, sin importar en todos los problemas en los que nos metamos.
Ambos se dedicaron una sonrisa mutua, y sin darse cuenta, los dos llegaron a las escaleras de piedra. La emperatriz y Kimura seguían hablando a varios metros de donde estaban. Rapha comenzó a bajar las escaleras a paso rápido para alcanzar a la emperatriz, pero se detuvo al darse cuenta de que Kameko no lo estaba siguiendo.
-¿Ocurre algo? -preguntó Rapha.
-Hablar de problemas me ha dado una idea. - contestó Kameko al mismo tiempo que hacía una sonrisa maliciosa, la cual Rapha identificó perfectamente.
-¡No! No te atrevas a…
Rapha no pudo terminar la frase, ya que la princesa ya se había echado a correr para el lado contrario de las escaleras. Rápidamente miró a la emperatriz y a su acompañante, para su alivio vio que estos estaban tan enfrascados en su conversación que no se percataron de la desaparición de la princesa. Así que sin tener otra opción, la ex-tortuga fue tras la princesa mientras pedía a los dioses salir ileso de eso.
