Capitulo 15.

-No otra vez – exclamó Rapha al mismo tiempo que corría por el sendero en un intento de alcanzar a la princesa fugitiva.

Por suerte, la chica lo estaba esperando sentada en una banca de piedra.

-Ahora si no tardaste – dijo Kameko con una sonrisa.

-Basta de juegos – dijo Rapha en un tono autoritario. - Debemos volver antes de que tu abuela se entere de tu ausencia y me corte la cabeza.

-No va a pasar eso. Lo más probable es que te corte otra cosa.

-Eso no ocurrirá

Al pronunciar esas palabras, Rapha se acercó a la princesa y sujetó su muñeca con firmeza, pero sin lastimarla. En eso sus miradas se cruzaron y Rapha pudo observar los ojos café de Kameko, y nuevamente le parecieron hermosos, únicos, se atrevería a decir.

-¿Tú madre tenía los ojos verdes? -preguntó Kameko sacando a Rapha de su transe.

-¿Eeeh?

-Me refiero a que tú padre no los tiene, por lo que he de suponer que los heredaste de ella.

-Este… - empezó Rapha a titubear sintiéndose incómodo con la situación. -Si...ella los tenía de ese color, ahora volvamos...

-Son muy lindos.

Rapha se paralizó unos segundos al escuchar el cumplido de la princesa. No sabía exactamente como responder ante ese comentario. Si lo meditaba bien, siempre se había dicho así mismo que era una tortuga apuesta, lo reconocía, un poco narcisista de su parte, pero el escuchar que alguien ajeno a él le decía que sus ojos eran lindos, lo hacía sentirse extrañamente contento y especial.

-Vamos por algo de comer – dijo Kameko levantándose de la banca y aprovechando que la ex-tortuga estaba fuera de la realidad, deshizo el agarre con la que este la sujetaba y como si nada tomó su mano derecha y comenzó a caminar.

La ex-tortuga no tenía la menor idea, pero para cuando volvió a la realidad, ya se encontraba entrado a un pequeño restaurante de ramen junto a la princesa. Y para cuando iba a protestar, ya se hallaba sentado en una mesa frente a un delicioso plato de ramen calientito.

-Mmmmm, que delicioso – dijo Kameko al mismo tiempo que agradecía la comida y tomaba un buen bocado de pasta, en un estilo poco apto para una princesa. -¿No vas a comer? Se te enfriará. - agregó la chica con la boca llena de ramen.

-Me meteré en graves problemas -dijo Rapha cediendo al delicioso aroma que emanaba el plato de ramen. -¡Oye, esto está delicioso!

-¿Ves? Te lo dije. Siempre me gusta venir a este lugar.

-¿Ah si?

-Si, solía venir con mis padres.

Rapha pudo advertir la cara nostálgica de la chica, y para evitar traerle recuerdos amargos, optó por proponerle algo:

-¿Qué te parece hacer algo más antes de regresar al palacio?

-¿Qué ya no temes por tu cabeza? - le preguntó Kameko divertida.

-Ya no tengo más que perder. Anda, menciona un lugar y vamos. No pondré peros.

-¿Lo prometes?

-Lo prometo.


-Tienes que estar bromeando. - dijo Rapha sin poder apartar la vista de la enorme estructura de metal.

-Nop -contestó Kameko. -Tú dijiste que iríamos a dónde quisiera sin poner peros.

-Pero no creí que quisieras venir a un sitio como este.

-¡Oh vamos! Será divertido.

Después de comer el ramen, Kameko llevó a Rapha a un parque de diversiones al este de la ciudad, según la princesa era el más grande de la zona y el más divertido. Y justo en ese momento estaban parados frente a la imponente montaña rusa.

Al entrar al parque, Rapha pudo ver que estaba repleto de personas, tanto niños como adultos, que iban de un lado a otro esperando subir a una de las tantas atracciones que había ahí. El parque no era distinto a las ferias que había visto en películas o incluso en la vida real, solo que en esta última, había apreciado la feria desde los tejados de los edificios del barrio chino. En el lugar se encontraba de todo, puestos de comida, de juegos, atracciones mecánicas, de terror, de risa, etc. Y Rapha al ver todo eso, le constó bastante trabajo disimular su emoción.

-Vamos a la montaña Rusa. - dijo Kameko cogiéndolo del brazo y encaminándolo hacía la atracción.

Para asombro de Rapha, la chica contaba entre sus cosas un pase rápido que le permitía saltarse la fila, por lo que no tuvieron que formarse durante dos horas como indicaba el letrero de la entrada. Kameko subió con emoción al primer vagón del carro, mientras que Rapha se quedó parado a pocos metros de ella.

-¿Qué estás esperando? - preguntó Kameko al verlo indeciso.

-Yo...bueno, es que. -comenzó a balbucear la ex-tortuga.

-Ya sé, tienes miedo. Si quieres puedes esperarme en la salida.

-¿Y dejarte sola? Podrías huir como la ultima vez.

-Entonces súbete conmigo. Rápido, que ya va a comenzar el paseo.

Rapha miró la fila de carros, todos llenos de chicos y grandes esperando con emoción a que empezara el juego. Nunca se había subido a un juego como esos, y si era sincero, jamás esperaba encontrarse con la oportunidad. Una vez, Abril le contó a él y a sus hermanos su experiencia en ese tipo de atracciones, recordaba que ella les había dicho que al inicio podía sentir muchos nervios, pero a medida que avanzaba el juego era muy divertido.

Y en un abrir y cerrar de ojos, la ex-tortuga se encontraba en el asiento contiguo al de la princesa, gritando lo más fuerte que podía, cada vez que la montaña rusa tomaba con velocidad las bajadas. Cuando el juego terminó lo único que podía decir era: ¿Volvemos a subir?

Y no solo subieron varias veces a la montaña rusa, también fueron a otros juegos, como las sillas voladoras, el slingshot, la torre de caída libre, la canoa, entre otros, además de que visitaron la casa de los espejos, y la casa de los sustos, esta última con un suceso inesperado.

-¿Estará bien el payaso? - preguntó Rapha con preocupación.

-Si, el paramédico dijo que no le rompiste la mandíbula – contestó Kameko.

Ambos jóvenes estaban parados fuera de la atracción viendo como un equipo de paramédicos llevaba en camilla directo a la ambulancia a un hombre disfrazado de payaso asesino, quien no paraba de murmurar "me las pagarás chico". Segundos más tarde la ambulancia arrancó alejándose del parque y la gente que estaba curioseando regresó a disfrutar del día.

-¿Cómo iba a saber que aparecería de la nada? - se defendió Rapha comenzando a caminar.

-Es una casa de sustos, es normal que aparezcan de la nada. -respondió Kameko también caminando junto a él. -Ya me dio hambre, vayamos por algo, ¿qué se te antoja?

Rapha en esos momentos sabía cual era el perfecto remedio para el susto.

-Quiero dos...no, mejor tres rebanadas de peperoni con extra queso y una pepsi. -dijo Rapha al personal que atendía el puesto de pizzas de la feria. - ¿Y tú princesa?

-Una rebanada de champiñones con queso y un té frío. - respondió Kameko.

Una vez que su orden fue despachada, ambos se sentaron a comer en una de las tantas mesas del lugar.

-Es cierto lo que dicen – dijo Rapha atrayendo la atención de Kameko. - Las pizzas de feria son muy deliciosas.

Kameko soltó una carcajada al ver como su guardaespaldas devoraba muy augusto sus tres pedazos de pizza y dijo:

-Por lo que veo te gustan las pizzas.

-Creo que la palabra correcta es me FASCINAN. Podría ser feliz en un apocalipsis si solo hubiera pizzas para comer.

-Jajajajaja.

-No te rías, es en serio, mis hermanos y yo hacíamos competencias para ver quien podía comer más.

-¿Hermanos? No sabía que tenías.

Rapha se atragantó con un trozo de pizza, había hablado de más, por lo que una vez que hubo parado de toser agregó apresuradamente:

-Me refiero a mis amigos en el internado. Ya sabes, esos amigos que consideras hermanos.

-¡Oh, ya veo! - dijo Kameko exagerando una expresión de entendimiento. - ¿Y tú eras el ganador de esos concursos?

-No, era Mikey, ese chico se come las pizzas como si fuera un pozo sin fondo, jamás sabré como lo hace.

-Nunca me contaste sobre tú vida en el internado. - se aventuró a decir la princesa. -¿Cómo fue?

-Eeeeeh…..verás, era como cualquier otra escuela. - dijo Rapha, pero luego cayó en cuenta de que la princesa siempre había sido educada en casa por lo que no tenía experiencia en ese campo. Y para curiosidad de él, podía ver que era algo que tenían en común, pero obvio ella no debía saber, así que recurrió a su as bajo la manga, relatar la vida escolar según la tv. -Me levantaba temprano, me ponía un uniforme, iba a clases, hacía los deberes, me divertía con mis amigos. No era la gran cosa.

-¿Usabas uniforme?

-Si.

-¿Con corbata?

-Si.

-¿Y dónde esta la tuya justo ahora?

Rapha llevó su vista hacia su pecho, donde tenía la camisa desabotonada en el último botón y por supuesto, sin corbata.

-Por las prisas la olvidé – fue su respuesta, pero recordando perfectamente que la había dejado echa bola en su casillero. -¿Hay algún problema?

-Pues...yo no tengo problemas – dijo Kameko con una pequeña risa. - En mi opinión te ves bastante apuesto, pero créeme que mi abuela no estaba muy contenta al verte. Ella es una señora apegada a las costumbres antiguas y el buen vestir.

-Eso explica porque me miró con reprobación esta mañana – dijo Rapha al mismo tiempo que tomaba otro trozo de pizza, para segundos más tarde caer en cuenta de lo primero que la princesa le dijo. -¡Espera! ¿En verdad crees que soy apuesto?

-Si te colocas en un rango medio, podría decir que si. - respondió la princesa sin mucha importancia, pero sabiendo perfectamente que su guardaespaldas al igual que los demás hombres les gustaba escuchar sobre lo apuesto que son. - Tus ojos verdes te van un poco más de ventaja.

-¿Ah si? - dijo Rapha dejando salir su vanidad. -¿Y qué más podrías destacar de mi?

-Bueno – comenzó a decir la princesa mientras daba unos sorbos a su té frío. - Eres alto, tu tez es clara, y se nota que haces ejercicio.

-Todas las mañanas sin falta.

Kameko rodó los ojos, todos los hombres eran iguales.

Rapha, como tortuga sabía perfectamente que era él más guapetón de los cuatro, pero al ser humano tenía sus dudas al respecto, y no poseía el valor suficiente para manifestarlas a Saki o a Midori, pero al escucha a Kameko decir que se encontraba en un rango de hombres atractivos y que sus ojos le daban ventaja, solo hacía que se sintiera más orgulloso de si mismo.

-¿Y tú crees que soy hermosa? - preguntó Kameko de golpe.

Rapha al escuchar la pregunta salió de sus pensamientos, solo para hallarse en la incomoda situación de no saber que contestar. Pero antes de que se le ocurriera algo decente que decir, la risa de la princesa se hizo presente, dejando aún más confundido al antiguo quelonio.

-¡Sabía que reaccionarias así! - dijo Kameko con lagrimas en los ojos. -Nunca falla, todos los hombres caen con esa pregunta. -la princesa continuó riendo por unos segundos más, y cuando terminó, se secó las lagrimas, se levantó de su asiento y dijo -Vamos, todavía hay más juegos a los cuales subir.


Después de que los dos pasaron las últimas horas del día en distintas atracciones y comiendo una que otra chuchería de feria, había llegado la hora de regresar al Palacio Imperial. El viaje no duró mucho, apenas diez minutos en taxi, y para evitar dar explicaciones le pidieron al taxista que los dejara una cuadra antes del Palacio.

-¡Qué frío! - dijo Kameko al mismo tiempo que se abrazaba así misma al sentir el helado aire de la noche.

Rapha se quitó su sacó y se lo colocó a la princesa sobre sus hombros, ésta al inicio quiso rechazar el ofrecimiento de la ex-tortuga, pues no quería que éste también sintiera frío, pero al final tuvo que aceptar al ver que su guardaespaldas insistía en que ella lo necesitaba más que él.

-Gracias – dijo Kameko.

-No hay de que -le respondió su guardaespaldas para después desviar la vista hacía otro lado.

-Ryu, no permitiré que te corten la cabeza si es lo que estas pensando justo ahora.

-¿Qué?...No...no es eso, es solo que…

-¿Solo que? - insistió la princesa para saber la respuesta.

-Es solo que nunca me la había pasado tan bien como hoy. He de confesar que fue la primera vez que fui a una feria.

-Yo también me la pasé bien, quizá deberíamos repetirlo.

-No estaría mal, pero me gustaría que lo planeáramos con tiempo.

-¿Y perderme de la diversión de provocarte infartos con mis escapadas abruptas? - Rapha solo le dedicó una mirada seria. - Esta bien, te prometo que te avisaré con tiempo.

-Espero que así sea.

Minutos más tarde, ambos entraron al Palacio Imperial, Rapha esperaba recibir un regaño por parte de medio mundo ante los sucesos de ese día, pero para su sorpresa nadie le dijo nada, los sirvientes e incluso el jefe de estos, los recibieron como si nada. Al principio pensó que era debido a que la princesa estaba con él, pero aún cuando quedó solo después de que Kameko se despidió de él para dirigirse a sus aposentos, no recibió ninguna reprimenda.

Aprovechando ese pequeño momento de suerte, la ex-tortuga fue a su casillero a recoger unas pertenencias, entre ellas la corbata echa bola y salió del Palacio Imperial para tomar un taxi rumbo a la Mansión Oroku, pero al salir se topó con un auto Lexus lfa de color negro en la entrada, teniendo como conductor ni más ni menos que el mismísimo Saki.

Rapha esbozó una sonrisa, tenía que admitirlo, ese hombre si que sabía de autos.

Sin hacerlo esperar más, Rapha subió al vehículo del lado del copiloto y una vez que se hubo puesto el cinturón de seguridad, Saki dio marcha rumbo a la Mansión Oroku.

-¿Y qué tal tú día? - preguntó el ex-villano.

-Fantabuloso – contestó Rapha con media sonrisa.

-Me alegra saberlo, pero te advierto que Midori se muere por saber que ocurrió.

-Les contaré, pero…

-¿Si?

-¿Puedes enseñarme a atar una corbata?