Capitulo 16.

El reporte del clima había previsto para ese día fuertes lluvias con granizo. No era para sorprenderse, pues se sabía perfectamente que las lluvias eran signo de que el invierno se aproximaba. Aún así, esa mañana, con todo y lluvia, Rapha había asistido puntualmente a la cita que tenía con Saki en el dojo, ya que allí se daría a lugar su primera clase de ninjitsu a un nivel avanzado.

Rapha no podía negar que se sentía emocionado al poder aprender nuevas técnicas ninjas, aunque una parte de él, le decía que era una completa locura ser entrenado por el mismo hombre que juró la destrucción de él y su familia, tiempo atrás, pero, ¡Hey! ¿Qué no había un dicho que decía que hay que aprender de tus enemigos?

O algo así.

Al llegar al dojo privado de la Mansión Oroku, Rapha se encontró con Saki, quién se hallaba entre emocionado y nervioso, pero lo disimulaba muy bien.

-¿Estas listo para tu primera clase? -preguntó poniendo los brazos en jarra.

-¿Me enseñarás la patada doble de ese día? -cuestionó Rapha.

-No, todavía te falta mucho para poder hacer una patada como esa. Lo que tengo en mente es que hagamos un simple combate para ver tú nivel.

-¿Mi nivel? - exclamó Rapha cruzándose de brazos -Saki, ¿acaso la edad te ha hecho olvidar la batalla en el Empire State? Es más que obvio que tengo un buen nivel.

-No lo dudo, pero ¿acaso olvidas la vez que logré derribarte durante esa batalla?

Rapha tuvo que tragarse sus palabras, recordaba perfectamente lo que ocurrió ese día. Destructor se encontraba en el último piso del Empire State, riendo como villano deschavetado junto a su bomba de mutageno. Él y sus hermanos habían logrado subir al edificio y cuando se encontraron cara a cara, comenzó la pelea.

El plan era simple, distraer a Destructor y al Krang para que Donnie pudiera acercarse a la bomba y desactivarla. Sin embargó, cuando su hermano "el cerebrito" estaba apunto de lograrlo, Destructor apareció justo detrás de él para impedírselo, pero Rapha había sido más rápido y se interpuso entre el villano y su hermano, y comenzó a pelear con Destructor para darle más tiempo a Donnie. Durante su combate, Rapha, para asombro del villano, demostró resistencia, pero eso no le sirvió de mucho al quelonio, pues Destructor había conseguido derribarlo con una patada doble muy potente.

Pero a pesar, de ello, el tiempo ganado había cosechado frutos al escuchar al Donnie gritar de la emoción que había conseguido desactivar la bomba. Lo que ocurrió poco después es historia vieja.

-Basta de distracciones – dijo Saki con energía. -¡Empecemos!

Ambos hombres se colocaron frente a frente con un espacio considerable de separación. Los dos hicieron reverencia y se colocaron en posición de ataque.

-¡Tú puedes Rapha! - gritó Midori, que para sorpresa de la ex-tortuga se encontraba al otro lado de la habitación sentada en una silla junto a un botiquín de primeros auxilios. -¡Rompele su mandarina en gajos!

-¿De qué lado estás Midori? - dijo Saki volteando ligeramente hacía ella.

-¡En ninguno! ¡Vamos Rapha! ¡Enseñale de lo que eres capaz a ese viejo!

Rapha dejó escapar una pequeña risa, sin importarle para nada la mirada amenazadora de Saki.

-¡No te preocupes! - le gritó la ex-tortuga a la doctora. - ¡Tendré cuidado con el anciano!

Apenas Rapha pronunció esas palabras, vio como un golpe se dirigía directo a su cara, y por escasos segundos consiguió esquivarlo.

-¡¿Pero qué?! - exclamó sorprendido.

-Menos charla y más acción – respondió Saki lanzando más golpes.

La ex-tortuga al ver semejante cantidad de golpes, tuvo que hacer uso de todas sus facultades para bloquearlos, pero al ser demasiados, varios terminaron en su pecho, provocando su caída.

-¡Vamos levantate! – le exigió Saki mientras daba pequeños saltos al rededor de él. -Esto apenas es el comienzo.

Es de ese modo, que los dos comenzaron a pelear por los siguientes treinta minutos. Rapha, no podía salir de su estado de defensa, los golpes que Saki le lanzaba apenas lograba esquivarlos con éxito y los que no, pues, terminaban siendo muy dolorosos. Varias veces intentó acertarle un golpe a Destructor y cada vez que lo hacía, terminaba de bruces contra el suelo.

-¡No puede ser! - exclamó Rapha con furia en su voz y golpeando el suelo con ira antes de levantarse y encarar a Saki otra vez.

Nuevamente Rapha abrió el combate, no obstante, Saki pudo notar sin problemas que la ex-tortuga ya mostraba signos de desesperación, cosa que no era buena. Rapha volvió a dar golpes y patadas contra Saki, y éste último, las bloqueaba como si no fueran la gran cosa, pero esto solo ponía más furioso a Rapha.

-Rapha debes evitar enojarte – dijo Saki al mismo tiempo que bloqueaba un ataque. -Tus golpes se vuelven muy predecibles.

Y en un abrir y cerrar de ojos, Saki desvió un golpe de Rapha y lo respondió con un fuerte puñetazo a la cara, lo cual fue suficientemente fuerte para que el joven ninja cayera de espaldas contra el suelo y se llevara las manos a la cara profiriendo un grito de dolor.

-Escuchame bien Rapha -dijo Saki en un tono firme y autoritario- Cada vez que te enojas pierdes el juicio, y no puedes pensar las cosas con claridad. Actuás bajo la influencia de ésta y terminas realizando actos, cuyas consecuencias son terribles. ¡Y lo sabes muy bien! ¡Yo lo sé muy bien! - hizo una pequeña pausa para tomar aire – Es por eso que debes trabajar para dejar ir tú ira, ya no solo para mantenerla a raya. ¡No! ¡Eso se acabó! Debes jurarte a ti mismo que jamás volverás a actuar bajo su influencia, sino, nunca podrás cambiar a mejor.

Rapha escuchó las palabras de Saki sin decir nada, cada palabra proliferada por su antiguo adversario eran signo de verdad pura. Splinter también le había dicho lo mismo tiempo atrás, cada vez que terminaba discutiendo con sus hermanos por cosas sin sentido. Pero siempre le hacía caso omiso, excusándose de que los demás tenían la culpa de su reacción y que si sus hermanos, en especial Mikey, no lo provocaran a cada rato, no sería tan temperamental.

Siempre le había echado la culpa a los demás…

Pero en realidad, quien tenía la culpa era él…

Solo que nunca había querido admitirlo…

-¡Por los dioses Saki! - gritó Midori al mismo tiempo que se sentaba frente a la ex-tortuga y le sujetaba la cara con brusquedad. -¡Pudiste romperle la nariz!

-Créeme si hubiera querido romperle la nariz ya lo habría hecho desde la primera oportunidad.– se defendió Saki poniendo un brazo en jarra.

-¿Del 1 al 10 que tanto te duele? - le preguntó Midori ejerciendo presión en la parte superior de la nariz de la ex-tortuga, provocando que dejara escapar un quejido.

-¿Seis? -respondió Rapha con dolor. Se llevó la vista a las manos y se percató de que estaban manchadas de sangre, y no solo eso, la parte superior de su uniforme de combate estaba cubierta con un poco del líquido rojo.

Ahora entendía porque Midori estaba en el dojo junto a la caja de primeros auxilios, pero la pregunta que solo podía formular en ese momento era, ¿Si la asistencia médica de Midori estaba designada desde un inicio para él o para Saki? Jamás lo sabría.

-Rapha cariño, mantén sujeto esto contra tu nariz, para que se detenga el sangrado. -dijo Midori entregándole una gaza blanca.

Unos segundos más tarde, para alivio de la ex-tortuga, la hemorragia se detuvo, pero eso solo dio paso para que el dolor cobrara más fuerza.

-Será mejor que te laves – dijo Midori examinando la cara de Rapha por última vez. Cuando estés limpio te pondré una pequeña venda y ungüentos. Acto seguido se dirigió a Destructor molesta. -¡Saki! ¿Cómo te atrevés a ser tan brusco? ¡Mira al pobre, ahora tendrá que presentarse ante la princesa Kameko con una cara llena de moretones! ¿Cómo va a conquistarla de esa forma?

-Aún le queda su personalidad -respondió Saki encogiéndose de hombros.

-¿Personalidad? Eso es el último recurso que tienen ustedes los hombres. Las mujeres nos guiamos principalmente por el físico.

-¿Entonces cómo fue en mi caso?

-Tú tuviste suerte.

-Eso dolió – dijo Saki aparentando sentirse ofendido.

-Pero el punto es que Rapha depende principalmente de su físico para atraer a las chicas, en especial a la princesa. Debes tener mucho cuidado la próxima vez.

-Si claro, lo que tú digas.

-No te preocupes Rapha, te podre maquilla...¿Eh? ¿En dónde está?

Rapha apenas hubo escuchado la frase "conquistar a la princesa" salió corriendo del dojo lo más rápido posible, sin tener las ganas de presenciar a donde se dirigía la conversación. Ahora se encontraba a salvo en la seguridad de su regadera, lugar al que, por suerte, Midori no podía acceder.

-¿Qué diablos le pasa a esa mujer? - se preguntó así mismo mientras se colocaba debajo del chorro de agua para limpiarse los restos de sangre. -¿Conquistar a la princesa? Eso es una locura.

"¿O no lo era?" le preguntó su subconsciente para su mala suerte.

-Si lo es – afirmó Rapha en su mente.

"La chica es linda y ella misma dijo que eras un buen partido, ¿Qué te detiene?"

- Admito que Kameko es una mujer linda, pero eso es todo.

"¿Cómo definirías tu relación con ella?"

-Soy su guardaespaldas y ya.

"¿Estas seguro?"

-Bueno...quizá... nuestro tiempo juntos nos haya hecho formar una amistad, pero eso es todo.

"Así que una amistad, ¿Eh? ¿Considerarías esa amistad como la que tenías con Abril?"

-¡Si!... Aunque…¡No! ...¡Si! Kameko es como una amiga, nos llevamos bien.

"Veo que titubeaste, eso quiere decir que no estás muy seguro de ello".

-¿Tú cómo puedes saberlo?

"Soy tu conciencia idiota, y créeme que sé perfectamente que hay algo en el fondo que has sepultado, pero que tarde o temprano saldrá inevitablemente a la luz"

-¿Sabes qué? ¡Mejor callate! ¡No quiero escuchar ni una palabra más de ti!

Con esa última frase, Rapha salió de la regadera y se colocó una bata, a la par que iba maldiciendo la capacidad de la ducha de hacer que las personas se internarán en lo más profundo de sus pensamientos con mucho más éxito que una sesión de meditación o visita a un psicologo.

Sacudiéndose la cabeza para alejar todos esos pensamientos, Rapha se dirigió al espejo y limpió con su mano lo empañado de la superficie para poder verse mejor. Y en efecto, Midori tenía razón, aquel golpe que Saki le propinó, le dejó la parte superior de la nariz ligeramente hinchada y debajo de su ojo izquierdo podía verse claramente signos de enrojecimiento en la piel, lo cual, sin duda, en las siguientes horas se tornaría de color morado.

-¿Este día no puede empeorar más? - se quejó Rapha mirando hacía el techo.

Sin previó aviso la puerta del baño se abrió de golpe dando paso a Midori, quien llevaba en su mano una enorme bolsa, que no era difícil suponer, que se trababa de un estuche de maquillaje, de esos que solían aparecer en las películas cuyas protagonistas eran todas unas divas de la moda.

-He escogido el perfecto tono para ti – dijo Midori al momento que sacaba de su bolsa productos de varios colores al igual que formas. -Te ocultaré el moretón en segundos y parecerá que nada te pasó.

Y para agregarle más diversión a la fiesta, Saki también apareció al umbral de su baño, mostrando signos de agitación por correr mucho.

-Lo siento - dijo Saki tratando de recobrar el aliento. - Fue muy rápida. Traté de detenerla, pero para cuando me di cuenta ya iba a medio camino. ¡Midori por los dioses ten respeto!

-¿Respeto? Si no estoy haciendo nada malo, al contrario, ¿qué no ves que necesita ayuda?

-Él puede arreglárselas solo.

-Si, pero solo requiere de un empujoncito. Además, estamos en el siglo XXI, no hay nada de malo que un hombre use maquillaje para verse bien. ¿O me vas a negar que tú no usas los productos que te recomendé?

-¡Midoriiiiiiiii!

-¡Sakiiiiiiiiii!

-¡YA ESTÁ, SE ACABÓ! - explotó Rapha. -¡LÁRGUENSE DE MI BAÑO! ¡NO! Mejor dicho, ¡DE MI HABITACIÓN!

-Pero… -dijo Midori, pero fue interrumpida por los gritos de la ex-tortuga.

-¡FUERAAAAAAAAAA!

-Enseguida -dijo Saki, quien entendía perfectamente que el muchacho se sentía abrumado, ¿y cómo no estarlo después de todo lo que pasó esa mañana? Lo mejor era darle un tiempo. Así que, haciendo caso omiso a las protestas de Midori, este la cargó cual costal de papas y salió de la habitación de Rapha lo más rápido que pudo.

Rapha, hallándose por fin completamente solo, tomó una almohada de su cama, y se cubrió la cara para amortiguar el grito que llevaba mucho tiempo conteniendo.


" Debes trabajar para dejar ir tú ira, ya no solo para mantenerla a raya. ¡No! ¡Eso se acabó! Debes jurarte a ti mismo que jamás volverás a actuar bajo su influencia, sino, nunca podrás cambiar a mejor."

Las palabras de Saki aun resonaban en su cabeza. Rapha sabía que tenía razón, pero ¿Qué tenía que hacer para dar el primer paso? La meditación no había dado un buen resultado tiempo atrás, y dudaba que esta le sirviera, pues después de cada sesión que tomaba junto con sus hermanos, solo se sentía cada vez más molesto y frustrado por no alcanzar esa paz que los demás presumían haber tenido.

Si la meditación no era la respuesta para su problema, ¿entonces qué lo era? ¿Terapia? ¿Medicamentos? ¿Ambos? Por alguna extraña razón, esto último provocó que esbozara una sonrisa por la ironía, ya que en el pasado, cada vez que se enojaba con Mikey, siempre le decía que lo volvía loco a tal grado de necesitar ir a un manicomio.

-¿Qué es tan gracioso? -preguntó Kameko quien se encontraba a unos cuantos metros de él, sentada frente a su escritorio y con una pila de papeles.

-¿Eh? No es nada, solo recordé algo del pasado – le respondió Rapha tranquilamente.

La ex-tortuga se encontraba en la habitación de Kameko, haciéndole compañía como las tantas veces que esta tenía muchos deberes por parte de sus maestros. Estaba sentado en un cojín junto a una de las ventanas que había en la habitación, y lo único que había hecho en ese tiempo era mirar la fuerte lluvia que golpeaba contra el cristal.

Cuando Rapha se presentó a trabajar ese día en el Palacio Imperial, los murmullos por parte de personal de servicio hacía su persona no faltaron. Era bastante obvio que habían notado los moretones de su cara y mientras se cambiaba de ropa en los vestidores, pudo oír las conversaciones de los empleados acerca de su aspecto y se arrepintió de no haber aceptado la ayuda de Midori con respecto al maquillaje.

-Lo más probable es que se metió con unos gamberros en la calle. - dijo un hombre.

-Yo digo que por sentirse el heredero del Clan del Pie anda en malas compañías. -dijo otro.

-Pues yo escuché que lo vieron en un bar yakuza anoche y que terminó peleándose con ellos. - comentó un tercero.

Rapha tuvo que aguantarse las ganas de cruzar el vestidor e ir a darles su merecido para que ahora si tuvieran algo de que hablar, pero sabía que eso solo lo metería en problemas y en ese momento ya estaba bajo la mira de la Emperatriz, quien no estaba muy contenta con él después de que permitiera ir a Kameko a la feria la otra vez. La princesa le había dicho, que en realidad su abuela no estaba molesta, bueno, quizá un poquito, pero no era para que Rapha fuera echado del palacio por ceder a los caprichos de una niña.

Resignándose, terminó de vestirse y se dirigió a su encuentro con la chica, que al igual que los otros se sorprendió por su apariencia. Solo que a diferencia de los sirvientes, ella si se atrevió a preguntar lo que ocurrió, a lo que Rapha atinó a responder:

-Fui rodeado por cinco ninjas esta mañana. Fue bastante complicado, pero pude derrotarlos a cada uno, solo que el último consiguió lastimarme.

-¿En serio? - dijo Kameko sin poder tragarse esa historia.

-Si, fue una pelea bastante dispareja para ellos.

-Si tú lo dices.

Después de eso, la princesa no volvió a preguntar más, a lo que Rapha no podía atinar si era porque se había creído su mentira o porque entendía que su mentira ocultaba una verdad vergonzosa.

Y ahora mismo se encontraba sentado junto a la ventana muerto del aburrimiento mientras la princesa terminaba sus deberes.

-¡Ya estoy cansada de este tema! - exclamó Kameko estirando los brazos con agotamiento.

-No ha de ser tan difícil – comentó Rapha apartando su vista de la ventana y posandola sobre la princesa.

-Es política.

-Retiro lo dicho. ¿De verdad tienes que aprender tanto?

-Pues es más que obvio, si no lo haz notado, soy la próxima gobernarte de este país. Mi educación tiene que ser la mejor. ¿Tú que harías en mi lugar?

-Probablemente ya hubiera cometido sempukku al ver semejantes libros.

-Ja-ja qué gracioso, pero a diferencia de ti, yo no puedo darme el lujo de un suicidio tradicional -y casi en murmuro agregó - O al menos no hasta que me case y vea que mi vida trasformarse en un infierno.

-¿Acaso planeas suicidarte apenas contraigas matrimonio? - preguntó Rapha arrepentimiento al momento que pronunciaba las últimas palabras. Por suerte, la princesa no pareció ofenderse con su duda.

-Tú lo harías si estuvieras en mi lugar. ¿O realmente te gustaría casarte por un arreglo hecho por viejos que no consideraron tu opinión?

-No

-Exacto. Así que hagamos de lado esta aburrida conversación y realicemos una actividad más divertida.

Con esas palabras, la princesa hizo a un lado las cosas de su escrito, se levantó de su lugar y para desconcierto de Rapha se dirigió a la puerta y salió de la habitación.

-¡Espera! - dijo la ex-tortuga alcanzándola a mitad del pasillo. -¿A dónde vas y qué planeas?

-Ryu te prometo que no haré nada malo – fue la respuesta de la chica.

Segundos más tarde, Kameko condujo a Rapha a un área que nunca había visitado: La cocina del Palacio Imperial.

La ex-tortuga abrió la boca con sorpresa al ver el tamaño de esta, no podía calcularlo con exactitud, pero sin duda era enorme. Además estaba equipada con la última tecnología y artículos del momento. Sin embargo, algo más llamó su atención.

Estaba vacía.

No había ningún empleado.

-¿Y los empleados? -preguntó Rapha mirando a todos lados en busca de alguno.

-Están en junta en su área común -respondió Kameko mientras abría el refrigerador y veía su contenido. - El señor Tanaka una vez al mes los reúne a todos para discutir cosas de trabajo.

-No me avisaron de esa junta.

-Tienes suerte, han de ser súper aburridas, duran como cinco horas o algo si. Lo que nos da tiempo perfecto para cocinar.

-¡¿Qué?!¡¿Cocinar?!

-Si mi querido Ryu, vas a ayudarme a preparar unos deliciosos Takoyakis.

-¿Y-y por qué no se los pides al chef? - dijo Rapha preocupándose al ver como la princesa ponía sobre una de las mesas de preparación platos, utensilios e ingredientes.

-Ya te dije que están en junta. Además es muy fácil y divertido de preparar.

-Tengo un mal presentimiento de esto.

-¡Oh vamos! ¿qué malo puede pasar?

Veinte minutos más tarde, ambos chicos se hallaban cubiertos de harina de pies a cabeza, la sección de la cocina en la que se encontraba estaba echa un caos. Había platos y cubiertos dispersados por todas partes, al igual que los restos de comida, incluyendo el techo.

Al inicio todo había ido relativamente bien, los dos limpiaron las verduras y prepararon sin problema la masa con la cual harían los takoyakis. Solo un descuido hizo que todo fuera relativamente mal. El haber olvidado poner la tapa a la licuadora, sumándole que los trozos de verduras eran bastante grandes, provocó que la licuadora fallara creando un corto circuito, ésta se volcó mandando a volar todo su contenido hacía las paredes y al techo y los que no tuvieron suerte de aterrizar en esos lugares, lo hicieron cerca de la estufa, donde se hallaba un pequeña sartén cocinando las primeras bolitas de takoyaki en aceite hirviendo.

Por suerte Rapha pudo anticipar la trayectoria del contenido de la licuadora con tiempo, pues por un pelo había jalado a Kameko hacía él, antes de que el sartén con aceite saliera desprendido por los aires y aterrizara sobre la licuadora, agravando más su corto circuito y causando que se prendiera en llamas.

Al ver eso, Rapha maldijo en inglés y corrió por la cocina en busca de un extintor.

-¿Le echo agua? - preguntó Kameko mientras trataba de apagar las llamas por medio de espatulazos.

-¡No! - dijo Rapha acercándose hacía la princesa con el extintor en manos. - Eso solo lo empeorará. ¡Apartate!

La ex-tortuga activó el extintor y en menos de cinco segundos el fuego de la licuadora había sido apagado, dejando al electrodoméstico achicharrado y con una capa del químico contra incendios sobre el.

-Bueno, eso no resultó como esperaba. -dijo Kameko encogiéndose de hombros.

Y para agregarle más problemas al asunto, una bolsa de harina que estaba en un estante superior cayó derramando todo su contenido en las cabezas y cuerpos de los jóvenes. Ambos se miraron por unos momentos sin decir nada y se echaron a reír descontroladamente.

-¡Oye mira! -dijo Kameko señalando unas bolitas negras en la mesa. - Sobrevivieron algunos takoyakis.

-Eso me parece una bola de carbón -comentó Rapha por encima del hombro de la chica.

Kameko cogió una de las bolitas negras, las cuales estaban completamente calientes y duras al tacto, como una piedra.

-Pruebalas – dijo la princesa con ojitos tiernos y extendiendo una bolita hacía la cara de Rapha, este último se apartó y rechazó la petición.

-Ni loco comería eso – dijo Rapha esquivando los intentos de la princesa por querer meter la bolita negra en su boca. -Y créeme que he comido cosas con mejor aspecto que eso.

Rapha no mentía en esa afirmación. ¿Cuántas veces le había tocado ser el conejillo de indias de los experimentos culinarios de Mikey? ¿Cuántas veces había perdido en piedra, papel o tijeras con sus hermanos para ver quien sería el ayudante de Mikey durante la preparación de alimentos? Porque después del incendio que Mikey provocó en la cocina de la guarida, Splinter le prohibió cocinar sin supervisión. ¡Ah! ¿Y cuántas veces le tocó apagar los incendios y probar la comida calcinada de su hermano para que este no se sintiera mal?

Pero esta vez, no iba a ceder a ojitos tiernos. No, esta vez no deseaba yacer en cama por dos días por malestar estomacal.

No, No y No.

-Solo un pedacito – insistió Kameko.

-Ni muerto -respondió Rapha firmemente.

-Anda.

-¿Y por qué tú no la pruebas?

Sin previo aviso, la ex-tortuga le arrebató la bolita calcinada a la princesa y revirtió el juego, ahora era él quien le insistía en probarlas, pero Kameko, se echó a correr lejos de él, lo dio inicio a una pequeña persecución en la cocina, la cual no duró mucho, pues Rapha, haciendo uso de sus habilidades ninja, saltó a través de una de las mesas y le bloqueó el paso a la chica, atrapándola en su intento de huida.

-Anda pruebala – dijo Rapha mientras tenía sujeta a la princesa con un brazo alrededor de su cintura y con la otra mano trataba de acercar la bolita negra a su boca.

-Nunca comeré eso– dijo Kameko entre risas y forcejeando para poder liberarse.

-Solo un trocito.

Y justo en ese momento, las puertas de la cocina se abrieron dando paso a los trabajadores, quien al ver a la princesa y su guardaespaldas y al lugar de semejante forma, se quedaron petrificados.

-¡¿QUÉ LE HICIERON A MI COCINA?! -gritó Tanaka, el jefe de los empleados.

-Estamos muertos – dijeron Rapha y Kameko al mismo tiempo.