Capitulo 19

Satoshi Mako.

Ese era el nombre del hombre que se encontraba justo ahora conversando con la princesa.

Esa mañana, y después de cumplir los tres días de suspensión, Rapha llegó al Palacio Imperial como siempre, se vistió con su uniforme y después de dirigió a su encuentro con la princesa.

Solo que en esta ocasión, en vez de encontrarla en su habitación como de costumbre, la halló en el salón del té, junto a un chico que parecía estar a mediados de sus veinte, de piel clara, ojos oscuros, cabello negro peinado de lado, y con un traje formal, y aunque estuviera sentado, no era difícil suponer que era alto, quizá un poquito más que Rapha.

Apenas hubo entrado al salón del té, Kameko, quien parecía no estar muy contenta con la compañía del hombre, se le iluminaron los ojos al ver a la ex-tortuga.

-¡Ryu!, me alegra que hayas llegado – dijo Kameko sin importar haber interrumpido al invitado.

Y sin poder preverlo, la princesa le dio un fuerte abrazó, lo cual solo provocó que la ex-tortuga se paralizara unos segundos.

-Estos tres días sin ti han sido los más aburridos – dijo la princesa rompiendo el abrazo – Me han dejado infinidad de deberes, pero ya que estas aquí nos vamos a divertir.

Rapha se había quedado mudo, jamás se habría imaginado recibir tal muestra de afecto de la chica y curiosamente, se halló así mismo deseando que el abrazo no hubiera terminado. Pero eso no era todo, la princesa, ese día en particular, se veía de una forma distinta, y con tan solo pocos pocos segundos, la ex-tortuga vio que esta vez, vestía de una forma elegante. Usaba un vestido rosa pastel de manga larga el cual le llegaba ligeramente arriba de las rodillas, su cabello estaba amarrado en un chongo y por supuesto traía un poco de maquillaje, no mucho, pero que la hacían resaltar lo linda que era.

-¡Ejem! - carraspeó el invitado levantándose se su asiento y colocándose cerca de ellos. -Kameko, ¿podría saber quién es este sujeto?

-¡Oh si! - dijo ella recordando súbitamente que no estaban solos. -Mako, él es Ryu, mi guardaespaldas.

Rapha no sabía cómo, pero con tan solo ver aquel hombre, supo que no le iba a caer bien.

-¿Tú guardaespaldas? - dijo el hombre fingiendo sorpresa. -¿Ya tienes otro? ¡Vaya! Si que no te duran, jajajaja. - y luego haciendo una corta reverencia a Rapha dijo – Soy Satoshi Mako.

-Hama- es decir Oroku Ryu – dijo Rapha respondiendo a la presentación del otro.

-¿Oroku Ryu?, ¡Espera un segundo! ¡Tú eres el bastardo del maestro Saki! He escuchado mucho de ti. El chico del que no se sabía nada y que viene de América.

-Nueva York para ser específico – dijo Rapha frunciendo el ceño y sintiendo las ganas de darle un puñetazo en la cara a ese chico estirado.

-¡Nueva York! ¡Increíble! Yo también he estado ahí un par de veces, tal vez luego podamos platicar un rato, pero de momento, vine aquí a ver a la dulce princesa Kameko.

Mako sujetó la mano de la princesa en un intento de besarla, y ésta, para alegría de la ex-tortuga, la apartó dejando al hombre mal parado.

-Mako – dijo Kameko tratando de sonar amable -Agradezco mucho que hayas venido a visitarme, pero tengo muchos deberes que hacer. Ya sabes que ser la princesa heredera de Japón no es trabajo fácil.

-Lo sé mi caramelo – contestó Mako. -Pero no tienes de que preocuparte. Justo acabo de arreglar que tus deberes sean pospuestos hasta mañana, con el fin de que puedas pasar el día conmigo.

-¡¿Qué?! - dijeron Rapha y Kameko al mismo tiempo.

-¡Sorpresa! - dijo el hombre agitando las manos -Te tengo planeado un día el cual nunca olvidarás.

-Pe-pero mi abuela… – balbuceó Kameko buscando un pretexto.

-No hay nada de qué preocuparse. Tengo permiso por parte de ella. De hecho, me pidió que te llevara a un lugar bonito.

-¿En serio? - dijo Kameko con una sonrisa fingida con desagrado en el fondo y rápidamente empezó a mirar a todos lados en busca de algo para salir de eso y sus ojos se posaron en Rapha. -Me parece estupendo, pero Ryu tendrá que acompañarnos.

-¿Acompañarnos? - exclamó Mako disgustado ante ese comentario. -Caramelo, no es necesario, puedo hacerme cargo de tú seguridad.

-"Ya quisiera verte persiguiéndola por todo Tokio" – pensó Rapha molesto. -"No aguantarías la primera cuadra".

-No es que dude de tus...habilidades – empezó a decir Kameko buscando las palabras correctas. - Es solo que es el protocolo. Lo sabes bien. Debo tener cerca a mi guardaespaldas por si ocurre algo.

Mako miró a Rapha no muy contento. Si fuera un anime, de seguro se habría podido ver como el cruce de miradas producía un relámpago de odio. Al final, Mako tuvo que ceder ante la petición de la princesa.

-De acuerdo – dijo él. -Pero es por tú seguridad mi caramelo.

-¿Para que otra cosa sería? - contestó ella aliviada de no tener que ir sola con Mako. - Solo permiteme ir por mis cosas y te veo en la entrada.


Diez minutos más tarde, ambos hombres se encontraban esperando a Kameko, en la entrada del Palacio Imperial, frente a un automóvil convertible de lujo de cuatro asientos. A Rapha le costó trabajo ocultar su asombro ante tal vehículo, y para su mala suerte Mako lo notó.

-Bonito, ¿no crees? - dijo el hombre. -Solo hay tres en el mundo. Uno lo tiene el dueño de Playboy, el otro Bill Gates y el tercero es el que estas apreciando.

Rapha no dijo nada, solo se limitó a cruzarse de brazos y apartar la vista molesto.

-"Tenía que tocarme un presumido" - pensó la ex-tortuga.

-Estoy lista – Kameko apareció en la entrada, se había puesto un suéter blanco y traía consigo una pequeña bolsa de mano de color rosa claro.

-Hoy te ves muy hermosa princesa – dijo Mako al mismo tiempo que le habría la puerta del copiloto a la chica.

-"Siempre se ve hermosa idiota"

-Oroku – dijo Mako dirigiéndose a Rapha. - Espero que no te importe ir en el asiento de atrás. Verás, solo yo puedo manejar este auto, lo haz de entender bien, ¿no? Un hombre y su auto…

-Lo entiendo – dijo Rapha tratando de que su voz fuera neutral y para acto seguido subir al asiento trasero del auto.

Durante el camino, Rapha no pudo evitar sentir el ambiente de un típico del mal tercio, solo que él no era la tercera rueda extra, sino más bien, él que estaba demás era Mako. Todo el viaje se la pasó hablando de su trabajo. Al parecer, por lo que entendió Rapha, el hombre, era hijo del dueño de una empresa de inversiones reconocida en Japón, y que últimamente estaban trabajando en un proyecto con China y Rusia.

Kameko fingía mostrar interés ante la plática de Mako, pero para la ex-tortuga no le era difícil notar, que la chica no le estaba prestando ni un mínimo de atención. De hecho estaba poniendo la misma cara que hacía cuando presenciaba una clase que le aburría.

-Y dime Ryu – dijo Mako para llamar su atención. -¿Qué impresión tienes de Japón? ¿No te sentiste extraño con el choque cultural?

-La verdad no – contestó Rapha. -Muchas de las costumbres que tienen aquí ya las practicaba en Nueva York.

-¿En serio? Como me habían contado que estuviste en un internado por eso supuse...

-Mi madre era muy estricta con las tradiciones de su tierra natal.

-Es bueno oír eso, siempre he valorado el seguir las costumbres.

Después de eso, un momento de silencio se produjo en el auto, el cual era bastante incomodo.

-¿Por qué no escuchamos música? - propuso Kameko haciendo el gesto de querer tocar la el estéreo, pero le fue impedido por Mako.

-Es una gran idea caramelo – dijo éste. -De hecho me gustaría que escucharás Pressure Point de Ducan Lamont, es jazz improvisado.

Mako a través de un comando de voz, hizo que la música se reprodujera, y lo primero que pensó Rapha al escuchar semejante canción, fue preguntarse si realmente era "jazz improvisado", pues sonaba como si estuvieran ahorcando a un elefante. Por otro lado, Kameko lamentó haber sugerido poner una canción.

Por suerte, la tortura musical no duraría mucho, pues en menos de cinco minutos llegaron a su destino.

Un restaurante de cinco estrellas.

-Le Antonie – dijo Mako al mismo tiempo que ayudaba a Kameko a salir del auto – El mejor restaurante de comida francesa de Japón. La verdad, pensaba llevarte a Francia a comer, pero tú abuela no me lo autorizó. Espero que el lugar sea de tu agrado.

-Que amable – respondió Kameko nuevamente fingiendo una sonrisa.

-Por aquí.

Mako le ofreció su brazo a la princesa para conducirla al interior del restaurante, ésta viendo que no tenía otra opción, aceptó su oferta y dejó que la guiara por el lugar.

-¡Oh Ryu! - dijo Mako parando de improviso. -No te preocupes, me tomé la libertad de que te dieran una mesa cercana para que pudieras vigilar a la princesa, pero recuerda que ella está a salvo conmigo.


Media hora más tarde, Rapha se encontraba sentado en la mesa más lejana posible de donde estaban el estirado de Mako y Kameko. Durante todo ese tiempo, la ex-tortuga se la había pasado frunciendo el ceño y maldiciendo a Mako un millón de veces.

Claramente podía ver que Kameko no estaba contenta con su compañía y que solo estaba ahí por obligación. Además, el ver su rostro desilusionado por la mínima cantidad de comida que le habían servido en su plato, le confirmaba que deseaba escapar de ahí lo más antes posible.

-Yo la hubiera llevado a comer helado de yogurt – dijo Rapha para si mismo. -Ella preferiría eso en lugar de esa porción insípida de comida. Hasta Mikey cocina mejor que el chef principal.

Después de un par de horas, Mako y Kameko terminaron de comer, ésta última parecía aún tener hambre, pero no dijo nada. Rapha, se hizo una nota mental de comprar un chocolate y dárselo a la chica, pues no le gustaría que por falta de alimento, la chica se desmayara.

Al salir del restaurante, Mako comentó que tenía boletos para ir al cine. A Kameko se le iluminaron los ojos, y agradeció que al menos, el día no sería tan malo. Sin embargo, Mako la llevó a la cineteca de Tokio a ver un documental sobre el teñido de telas en la época feudal.

Ya estando en la sala del cine, Rapha se tuvo que sentar varios lugares hasta atrás, pero al menos podía ver a la princesa y a Mako, quienes estaban sentados juntos, cosa que no le agradaba a la ex-tortuga.

El documental no llevaba más de diez minutos de empezado y Rapha pudo advertir como Kameko comenzaba a cabecear. A los veinte minutos, está había caído dormida, y Mako, no muy contento, pues esperaba que la chica disfrutara del documental tanto como a él, aprovechó la ocasión para hacer que Kameko recargará su cabeza en su hombro aplicando la técnica del bostezo, pero antes de que la completara, un vaso medio lleno de gaseosa cayó en su cabeza, despertando a la princesa de golpe.

Rapha se acercó rápidamente hacía la pareja y dijo en un tono fingido de preocupación:

-¿Se encuentra bien princesa?

-Eh si – respondió ella desconcertada. -Estoy bien.

-¡¿Pero quién fue el bastardo que me lanzó un vaso a la cabeza?! - exclamó Mako molestó y levantándose de su lugar para buscar al culpable.

-Vi a un niño salir corriendo de la sala al mismo tiempo que – dijo Rapha. -Si me lo ordenas, puedo interceptarlo.

-¡¿Entonces por qué no lo ha…?!

-No es necesario Ryu – lo interrumpió Kameko. -De seguro estaba jugando.

-¡Jugando! - ese niño casi arruina mi traje Armani a la medida. -¡Ojala se pudra en el infierno!

-Necesito ir al tocador de damas– dijo la princesa levantándose de su asiento.

-Permítame escoltarla- dijo Rapha caminando detrás de ella, pero para su mala suerte, se les unió Mako, bajo el pretexto de que iría a lavarse la bebida del traje.

Rapha vio como Mako y Kameko entraban a sus baños correspondientes y esperó unos segundos antes de mirar a su alrededor por si no había gente y al no ver moros en la costa, entró al baño de mujeres discretamente.

-¿Kameko? - preguntó Rapha en voz baja y deseando que no hubiera más mujeres en el baño a parte de la princesa.

-¿Sabes que estas en el baño de mujeres verdad? - le cuestionó la chica desde una caseta en el fondo.

-¿Sabes? No me había percatado – dijo Rapha fingiendo no darse cuenta. -Debí suponerlo al ver que el baño huele muy limpio, que hay jabón de color rosa y que hay un dispensador de productos femeninos al fondo.

El sonido de la cadena del retrete se hizo sonar, Kameko salió de la caseta y procedió a lavarse las manos en uno de los tantos lavabos.

-Este día ha sido horrible – dijo Kameko mientras se secaba las manos con una toalla desechable.- ¿Viste las porciones de comida en el restaurante?

-¿Acaso era para alimentar a una colonia de hormigas? - respondió Rapha con mofa en su voz.

-No lo sé, pero tengo hambre y créeme Ryu, no es bueno que una chica esté hambrienta.

-Lo supuse, por eso te traje esto.

De un bolsillo interior su haori, Rapha sacó una barra de chocolate Hershey con nueces. Apenas Kameko la hubo visto, se la arrebató de la mano, rasgó su envoltura y devoró la barra en cuestión de segundos. Aquel gesto solo provocó que la ex-tortuga sonriera.

-Por fin algo de comida – dijo ella chupándose los dedos con satisfacción.

-Tienes...chocolate embarrado en la boca – dijo Rapha tratando de no reírse.

Kameko abrió los ojos y se miró al espejo, en efecto, tenía la boca manchada de dulce, por lo que procedió a limpiárselo con con un poco de agua.

-Por favor dime que la visita al cine es lo último de la lista de planes de Mako – dijo Rapha mientras le ofrecía una toalla de papel para secarse.

-No, todavía queda un lugar más al que me quiere llevar – respondió la princesa aceptando la toalla.


-¿Una exposición de arte moderno? - dijo Rapha al ver el anuncio afuera del edificio al que iban a entrar.

-De seguro ya viste muchas en Nueva York Ryu – contestó Mako y con emoción agregó – Pero está es súper especial, porque es una exposición de Yayoi Kuzama.

-¿Yaoi que?

-Yeiii – interrumpió Kameko volviendo a fingir emoción. Si le dieran cien yenes por cada vez que tenía que fingir que le gustaba algo de ese día, ya se habría vuelto millonaria, más de lo que ya era.

La exposición de la artista, era en el Templo Kiyomizudera, un edificio que se encontraba al sur de la capital, el cual se destacaba por estar construido completamente de madera y ubicado en lo más alto de una colina.

-De seguro haz de saber caramelo – empezó a decir Mako mientras realizaban el recorrido de la exposición. -El Kiyomizu-dera fue fundado a comienzos del Periodo Heian. El templo data del año 778, aunque los edificios actuales fueron construidos en 1633. El templo toma su nombre de las cascadas que existen en el complejo, las cuales bajan de las colinas cercanas. Kiyomizu literalmente significa agua pura.

"Originalmente estaba afiliada a la antigua e influyente secta Hossō, que procedía desde los tiempos del Periodo Nara. Sin embargo, en 1965 se rompió esa afiliación y sus custodios actuales se denominan a sí mismos los miembros de la secta "Kitahossō"".

-"Y yo decía que Donnie era horrible" – pensó Rapha al escuchar, obviamente desde una distancia prudencial, como Mako no paraba de hablar acerca de la historia del lugar y de la artista, lo cual solo tenía a Kameko aburrida hasta la mollera.

Mientras seguía a la pareja, Rapha pudo observar las distintas pinturas y esculturas de la artista Yayoi Kuzama, las cuales le hizo cuestionarse seriamente si la mujer había estado bajo la influencia de un estimulante al realizarlas, ya que algunas, podría decirse que eran decentes, pero otras eran todo lo contrario, de hecho, no entendía por que había sillones con protuberancias extrañas.

La verdad, Rapha no comprendía, porque el estirado de Mako, había llevado a Kameko a semejantes lugares, si claramente se podía ver que ella no estaba disfrutando ninguno de ellos. Si él estuviera en su lugar, quizá si la habría llevado al cine, pero a ver la última pelí de Harry Potter y la habría llevado a comer a un buffete de lo que ella quisiera. Eso era lo que quería la princesa, no lugares de ricos aburridos. ¿Acaso era muy difícil de notar?

-Será mejor que dejes de cuestionarte que quería decir la artista con esa escultura – dijo Kameko a su espalda, causando que éste brincara de la impresión. -Por tú bien.

-Kameko -dijo Rapha encarándola. -¿No sé supone que estabas con el idio...es decir, con el "señor" Satoshi?.

-Me escabullí de él cuando entramos a la sala de vídeos surrealistas, tardará un tiempo. Ven, quiero enseñarte algo.

Kameko sujetó la mano de Rapha y lo condujo por el templo hasta llegar a un mirador, el cual tenía una vista increíble de la ciudad y cómo ya se había hecho de noche, las luces estaban a su máximo esplendor.

-¡Es increíble! - dijo Rapha sin poder apartar la vista del paisaje.

-Si, es hermoso – dijo Kameko a su lado. -Dice la leyenda que si te lanzas de aquí y sobrevives se te cumplirá un deseo.

-¿En verdad? - cuestionó Rapha llevando su vista a los metro y metros de precipicio que había por debajo de ellos.

-¿Me pregunto si una caída de esta altura bastará para matarme?

Rapha regresó su vista hacía la princesa y abrió los ojos como platos al ver que esta estaba comenzando a trepar por el barandal. Rápidamente la sujetó de la cintura y la alejó un par de metros de la línea de seguridad.

-Solo estaba bromeando – dijo Kameko entre risas.

-Prefiero no arriesgarme – contestó Rapha aún sin soltarla.

Al tenerla abrazada de esa forma, Rapha no pudo evitar sentir una extraña ola de emociones, pues al sujetarla de esa forma, la hacía parecer diminuta y que necesitaba de protección, de SU protección, pero sabía perfectamente que Kameko no era una princesa débil e inútil. No, ella era lista, muy lista y ágil, cosa que admiraba, pero aún así, el instinto de hermano mayor sobre protector se activaba al estar cerca de ella.

-Kameko, Caramelo, ¿Qué estás haciendo?

Para molestia de ambos, la voz de Mako se hizo presente detrás de ellos. La princesa se zafó del agarre de la ex-tortuga y un poco apenada comentó que necesitaba un poco de aire, que por eso había salido al mirador. Aunque por su lado, Rapha se limitó a cruzar los brazos y sonreír de forma triunfal al ver como Mako no mostraba signos de desagrado al encontrárselos de tal forma.

-¿Por qué no me dijiste que necesitabas aire? - dijo Mako en una sobre actuada preocupación. -Te hubiera acompañado para que no te pasara nada.

-No quería molestarte – dijo Kameko – Además tengo a Ryu para protegerme.

-Si, ya vi – dijo este lanzándole una mirada de odio a la ex-tortuga. -Me alegra que sea tu guardaespaldas. - ¿Seguimos con el recorrido?

-En realidad quisiera ir a casa, este día ha sido estupendo, pero me siento cansada.

-Entiendo, te llevaré a casa mi Caramelo.


Minutos más tarde, los tres se encontraban abordando el auto en el estacionamiento, el cual para descontento de todos, estaba poco iluminado y no había ningún alma cerca.

-Después de ti Caramelo – dijo Mako mientras abría la puerta del copiloto.

-¡Pero mira esa chulada!

-¿Te refieres al auto o a la chica?

Los tres chicos, se voltearon de inmediato al escuchar las voces desconocidas, y en menos de cinco minutos, un grupo de cinco hombres con apariencia informal y miradas amenazadoras los rodearon. Y no hay que olvidar mencionar que todos traían palancas, bates de baseball o navajas.

-Buenas noches caballeros – dijo Mako tratando de ocultar nerviosismo en su voz. - ¿En qué puedo ayudarles?

-Tienes un bonito auto – dijo uno de los desconocidos.

-Gracias, solo existen tres en el mundo.

Los hombres cada vez se acercaron más a Rapha, a Kameko y a Mako, la ex-tortuga por instinto, hizo que la princesa entrara al auto por seguridad y encaró a los gamberros. Por su apariencia se veían que no eran rival para él. No obstante, los tantos años peleando contra mutantes, le habían enseñado a no juzgar a su oponente antes de tiempo.

-¿Nos dejarías echarle un vistazo? - dijo otro hombre.

-Temo que será en otra ocasión caballeros – respondió Mako con miedo en su voz. -Ahora tengo que llevar a la princesa a su hogar.

-¿Princesa, eh? - dijo el hombre y luego mirando hacía la chica dijo - ¿No te gustaría ir a mi casa bombón?

-¡No-no pe-permitiré que le hablen de de esa fo-forma! - exclamó Mako ahora más aterrado que nunca -Si no te-tendrán que ve-vérselas conmi…

Mako no pudo terminar esa oración, puesto que uno de los gamberros que estaba más cerca de él, lo derribó de un golpe a la cara. Rapha al ver aquello, sintió una enorme ola de satisfacción, hubiese querido mofarse del estirado en ese momento, pero sabía que no había tiempo para eso. Ahora debía deshacerse de los desconocidos, puesto que representaban una amenaza para la princesa de Japón.

-Uno menos – dijo el gamberro – Nos queda otro.

-¿Por qué vistes de esa forma? - le cuestionó uno de ellos. -¿Acaso eres un monje?

-No soy un monje – respondió Rapha con media sonrisa.

-¿Entonces quién eres?

-Tú peor pesadilla.

Y en un abrir y cerrar de ojos, Rapha le asestó una patada al gamberro que tenía cerca, logrando desequilibrarlo.

-¡A él! - gritó otro de ellos.

Todos los hombres corrieron hacía Rapha dispuestos a hacerle el mayor daño posible, solo que para su mala suerte, la ex-tortuga, sin esfuerzo alguno, pudo esquivar sus golpes. Eso si, tuvo que tener mucho cuidado con los que traían navajas.

Uno de ellos consiguió abrazarlo fuertemente por la espalda, y otro aprovechó para golpearlo, pero lo que no se imaginó, fue que Rapha se las arregló para realizar una marometa de frente y hacer que el hombre que lo estaba sujetando recibiera los golpes por parte de su compañero, dejándolo fuera de combate.

-¿Quién sigue? – dijo Rapha realizando una pose de ataque y moviendo los cuatro dedos de su manos derecha en una invitación para que lo atacarán.

-¡Hijo de perra! – gritó un gamberro que corrió hacía el con un bate y trató de golpearlo en repetidas ocasiones, pero su puntería era tan mala que en vez de darle a Rapha, le dio al auto de Mako, dañando el cofre.

Al final, Rapha bloqueó con su brazo izquierdo un golpe con el bate del hombre y con el codo de su brazo derecho golpeó fuertemente su pecho, provocando que el aire se le escapara y cayera al suelo sin poder gritar de dolor.

Otro no tuvo mejor suerte, pues con dos patadas y dos golpes, también había sido eliminado. Rapha miró a los dos restantes, los cuales se habían paralizado al ver como sus compañeros eran molidos a golpes.

-¿Quieren seguir jugando? - preguntó Rapha a los restantes.

-No – dijo uno de ellos recuperando la movilidad y saliendo corriendo del lugar, seguido poco después del otro.

-Eso pensé – Rapha se sacudió las manos y se volvió al auto donde había una asombrada Kameko, abrió la puerta y dijo -¿Te encuentras bien?

-Si – dijo ella con una sonrisa -Gracias, guardaespaldas.

-Es mi trabajo.

-¿Pero que ocurrió? - dijo Mako incorporándose del suelo con dolor, luego miró su auto "ligeramente abollado" - ¡¿Pero qué le hicieron a mi auto?!

-Solo unas cuantas mejoras – respondió Rapha feliz de que al menos pudo divertirse ese día.