Capitulo 21

Después del incidente de la cocina, y de haber recibido otro regaño por parte de su abuela, Kameko tuvo que pasar los siguientes tres días en su habitación copiando en diez tantos, las obras de Confucio, en cuaderno y pintura tradicional. Así que cuando terminó la última copia, su mano derecha estaba más que adolorida y su cerebro estaba cansado de tanto proverbio chino. Si volvía a leer o a escuchar algo de Confucio, juraba que saltaría de un barranco cuando tuviese la oportunidad.

Sin embargo, eso no era lo que más le molestaba, sino que, hubiesen suspendido a su guardaespaldas por tres días. Ella era la culpable de tanto alboroto, en ella caía la responsabilidad de lo ocurrido, Ryu no tenía que haber sido castigado y se prometió que en cuanto regresara al palacio le pediría una enorme disculpa.

Ryu era el mejor guardaespaldas que hubiese podido tener, lo admitía, le agradaba tenerlo a su lado, era lindo, amable, atento y sabía escuchar cuando el momento lo ameritaba. Aunque no pareciese que supiera mucho del tema de cómo ser un guardaespaldas, siempre mostraba determinación en su trabajo. Jamás creyó que algún día formaría una relación estrecha con su guardaespaldas y a veces dejaba escapar una carcajada al pensar lo que diría la Kameko del pasado si pudiera ver como se desarrollaron las cosas.

Su guardaespaldas se había vuelto su mejor amigo y si lo pensaba detenidamente, Kameko nunca había considerado a alguien un amigo.

Desde pequeña siempre estuvo la mayoría del tiempo estudiando o rodeada de adultos. En las reuniones familiares no había niños con quien pudiera pasar el tiempo, tenía primos lejanos que de vez en cuando hacían su aparición en el palacio para una que otra fiesta formal, pero sus padres, (cuando todavía seguían vivos) nunca le permitían ir a jugar con ellos, ya que le ponían de excusa de que una princesa no juega con niños.

Con el pasar de los años, al cumplir los doce, conoció a chicas de su edad, hijas de familias ricas y nobles, que también visitaban el palacio en época de fiestas. En esta ocasión, sus padres no pusieron pretextos cuando les preguntó si podía ir a hablar con ellas. Kameko no podía olvidar la emoción combinada con nervios cuando se acercó al círculo de chicas y se presentó. Al principió los chicas la miraron fijamente para juzgarla y la invitaron a pasar el resto de la fiesta con ellas.

La princesa estaba más que feliz, por fin podía convivir con chicas de su edad, hablar de caricaturas, videojuegos, quizá alguno que otro chisme, comer algo delicioso y cubierto de azúcar. Ya se había imaginado un mundo de posibilidades, en el que esperaba que sus padres no se opusieran, puesto que eran niñas nobles.

Pero su mundo se hizo pedazos cuando recibió un retundo "NO" cuando ella las invitó a jugar. Kameko les había preguntado si querían jugar algún juego de mesa, o jugar con la pelota, o el frisbee, incluso les dijo que podía prestarles unas espadas de hule y fingir que eran piratas.

-¿Y por qué querríamos hacer eso? - preguntó una niña

-Porque sería divertido -contestó Kameko.

-Esos son juegos de niños – dijo otra niña. - Ya estamos grandes para eso.

-Entonces, ¿que les gustaría hacer? - preguntó Kameko empezando a sentirse incomoda ante ellas.

-Hablar– sugirió otra niña.

Kameko no insistió más con su idea de hacer algo divertido, y optó por estar allí escuchándolas hablar sobre ropa, maquillaje, y cantantes que ella no conocía para nada. Aunque no le importó mucho, ya que era más su emoción de estar por fin con alguien de su edad. Todo iba relativamente bien hasta se excusó para ir por más jugo, al volver, las chicas no se percataron de su presencia y comenzaron a hablar de ella a sus espaldas.

-¿Viste su ropa? -dijo una.

-Si, ¿de qué tienda de antigüedades la habrá sacado? - le contestó otra.

-Y su peinado, ¿quién es su estilista?

-Y su rostro, necesita urgentemente maquillaje que cubra su fealdad.

Las niñas comenzaron a reírse, y Kameko, ya enojada por las ofensas sobre su aspecto no pudo contenerse más y terminó lanzándose sobre la primera niña que empezó con los comentarios hacia su persona. No recordaba mucho sobre lo que pasó después de eso, pero si podía evocar sin problemas, la cara moreteada y llorosa de la niña grosera, sumándole un vestido caro manchado por pastel y refresco.

Después de eso, Kameko se había resignado a ya no tener amigos verdaderos, y en los siguientes años, si conocía a una persona de su edad dentro de su circulo social, solo se limitaba a fingir una cara amable, puesto que al final, descubría que todos eran unos mimados, falsos y odiosos. Por mucho tiempo creyó que así sería su vida, que no tendría a nadie con quien platicar y ser ella misma.

Hasta que llegó Ryu y puso su mundo de cabeza, o más bien dicho, ella puso el mundo de Ryu de cabeza. Y a pesar de las diferencias que tuvo con él en un inicio, al final, le sorprendía ver que podía llamarlo su amigo.

Así que cuando llegó la mañana del cuarto día, el día en que volvería a ver a Ryu, no pudo hacer otra cosa más que ponerse feliz y contar las horas para verle.

Sin embargo, su felicidad se iría al caño cuando una de las sirvientas entró a su habitación para entregarle un vestido de color rosa, bajo el mensaje de que su abuela quería que lo usara hoy. Ella cuestionó a la sirvienta si había una reunión a la cual debía asistir, pero la respuesta de la empleada la dejó helada.

Satoshi Mako vendría a verla al Palacio.

Él era el hijo de el dueño de la empresas de Inversiones Satoshi, y por supuesto, era el hombre a quien el Parlamento y su abuela habían escogido para desposarla cuando llegara la ocasión.

Kameko solo había convivido con Mako unas pocas veces, pero con solo esas ocasiones le bastaron para no querer nada con él. Él se había mostrado como un chico bueno y amable, pero en el fondo, ella sabía como era, un idiota, que le habían entregado todo en bandeja de plata y que no sabría valirse por si solo en el mundo. En pocas palabras, era un hijo de papi.

No tenían nada en común, no podían hablar de algún tema que les gustase y él siempre se mostraba como un ser superior ante otras personas. ¿Cuántos restaurantes terminaron cerrando debido a que a él no le gustó la comida? ¿Cuántos empleados terminaron perdiendo su trabajo? La respuesta, muchos.

¿Y ese era el futuro Emperador de Japón? ¡Por Kami! Como deseaba que solo fuera una broma cruel.

Pero la realidad estaba ahí presente para darle una cachetada en la cara, le gustase o no. Estaba destinada a ser su esposa, y cuando ocurriese, solo le quedaría esperar a que sus hijos no fueran como él.

Sin estar para nada contenta, se arregló y fue a recibirlo al salón del té. Apenas lo vio, éste tomo su actitud de caballero fingido frente a ella y empezó a hablar acerca de su último viaje a China, o eso recordaba, pues no le había puesto mucha atención.

Cuando entró Ryu al cuarto de té sintió como su felicidad volvía a surgir y sin importarle para nada el que Mako estuviera hablando, ella se levantó y fue a abrazarlo. Le agradaba verlo y aunque éste no lo dijera en voz alta, ella estaba segura de que él pensaba lo mismo.

Pero Mako no se conformó con que lo hicieran a un lado, y después de insultar a Ryu, éste le informó de su día planeado para ellos solitos. Kameko no deseaba eso, preferiría saltar a las vías del tren bala, a pasar otra velada con él, de modo que, sin ver otra salida, insistió en que Ryu los acompañara por su seguridad y sintió un enorme alivio al ver como Mako cedía no muy contento con la petición.

El resto del día había sido como Kameko lo intuyó, horrible, horrible, y más horrible. Empezando con el restaurante de comida francesa, que aunque no resultó con su cierre o despidos injustos, si fue toda una decepción al ver las porciones de comida, que solo la dejaron con más hambre de la que tenía. Después de el restaurante fue el documental aburrido, ¿trataba de telas y la época sengoku? La verdad no recordaba, porque se había quedado dormida apenas hubo iniciado la función, lamentablemente no durmió más allá de unos minutos debido a que fue despertada por los gritos de Mako proliferaba en toda la sala de cine. Al parecer alguien le había tirado un vaso con soda, y aunque no lo admitiese en el momento, era algo que le habría gustado ver.

Sin querer escuchar a Mako quejarse por su traje Armani a la medida, Kameko optó por ir al baño de damas, donde al menos podría disfrutar de un tiempo a solas, o eso creía, puesto que Ryu, sin preocuparle que los de seguridad del cine lo descubriesen en el baño de mujeres, éste se atrevió a entrar para darle un detalle.

Eso se le había hecho tierno de su parte, ¿y cómo se lo agradeció? Devorando el chocolate frente a él en una forma para nada propio de una dama, en aquel momento no le importó, pues era más su hambre, pero ahora que evocaba ese momento, podía sentir como su cara se enrojecía de la vergüenza.

A continuación, fueron al templo y ya para ese punto estaba harta de la presencia de Mako, deseaba con todas sus ganas llevarlo al mirador y empujarlo con la esperanza de que se le cumpliera su deseo. Por suerte, consiguió librarse de él dejándolo en la sala de proyecciones surrealistas, esperando obtener unos minutos para ella. in embargo, en su huida se encontró a Ryu con una cara de desconcierto mientras veía una escultura para nada inocente de la artista a la que fueron a ver. De modo que optó por alejarlo de la escultura y llevarlo al mirador, donde le fue frustrado su "intento" de suicidio.

Lo que ella había planeado con bromas, terminó de una forma que nunca creyó imaginar, pues en un abrir y cerrar de ojos, se hallaba siendo abrazada por Ryu. Si hubiera sido otra persona la que se hubiese atrevido a realizar semejante acción, lo más probable es que estuviera camino al hospital con un pronóstico de esterilidad para el resto de su vida. Pero se descubrió así misma disfrutando de ese gesto, el que Ryu la abrazara la hacía sentirse protegida, y deseó que ese momento no terminara.

Pero Mako como siempre metió su nariz en donde no le incumbía.

Ya cansada del horrible día, Kameko pidió regresar a casa, a lo que Mako no se opuso, y cuando fueron al auto lo que pasó a continuación nunca lo vio en sus peores pesadillas.

Un grupo de cinco hombres con intenciones claramente no buenas se acercaron a ellos, Ryu, por instinto, hizo que entrara al auto, mientras él se quedaba afuera junto con Mako para enfrentarlos. Todo había pasado muy rápido después de eso, primero vio a Mako ser golpeado y derribado rápidamente, aquello no le sorprendió, ya que desde a leguas se podía notar que Mako no era de los que peleaban con sus puños.

Y luego vio a Ryu enfrentar solo a los gamberros.

Al comienzo se preocupó por la seguridad de su guardaespaldas y quiso salir en su ayuda, pero a los pocos segundos, vio como los gamberros terminaron siendo los que necesitaban ayuda. Ryu los había derrotado a cada uno sin problemas, demostrando que los ninjas del Clan del Pie no era para tomarse a la ligera. Tal vez debió mencionar eso desde un principio para ahorrarse el combate, pero le sorprendió ver que Ryu durante la pelea, se vio muy contento de golpear a alguien.

Cuando los gamberros huyeron con la cola entre las piernas, Ryu fue a ver si se encontraba bien, ella solo atinó a decir que si, pero en realidad, tenía muchas ganas de darle un sin fin de ovaciones por tal muestra de destreza.

El regresó a casa fue mucho mejor para alivio de ella, el auto de Mako salió seriamente dañado impidiendo su uso y Ryu tuvo que pedir un taxi para llevarla al palacio sin importarle abandonar a Mako en el estacionamiento en espera del seguro. Y como todas las noches, su guardaespaldas se aseguro de que entrase al palacio y se despidió de ella, para acto seguido retirarse a su hogar.

Kameko en un inicio se había preguntado el porqué Ryu no había aceptado una de las habitaciones de sirvientes del palacio, para así no tener que ir y venir de la Mansión Oroku, pero al final llegó a la conclusión de que le gustaba pasar tiempo con su padre, no lo culpaba, si ella estuviera en su lugar también escogería a su padre. Aunque lo malo de que Ryu no viviese en el palacio, era que ella no podría escabullirse en la noche para invitarlo a una trasnochada de películas de terror. Quizá en otra ocasión podría proponerselo.

Y ahora mismo, ella se encontraba en su habitación redactando en su diario el día que había tenido, podían decirle que era infantil tener un diario, pero a ella no le importaba, además los sucesos de ese día eran dignos de recordarse.

Suspiró al mismo tiempo que dejaba la pluma de lado y cerraba su diario ya habiendo concluido su trabajo. Lo guardó en su escondite debajo de la cama y se preparó para irse a dormir. Sin embargo el sueño nunca llegó y se quedó un buen rato mirando el techo de su cuarto.

Una vieja preocupación volvió a su mente y era que hiciese lo que hiciese, su abuela ya había dado luz verde a las preparaciones de su boda con Mako, tal vez no le habría dicho aún la fecha en la que sería, pero si que recordaba como su abuela le había dicho que sería cuando cumpliese los 18 años, lo cual ya había pasado.

¿Por qué tenían que ser las cosas así? ¿Por qué la obligaban a casarse con alguien a quien para nada quería? ¿Por qué tenía que seguir las estúpidas tradiciones? ¿Acaso el parlamento y su abuela estaban ciegos? Mako era el peor candidato posible, estarían condenando al país...y a ella también.

Si tan solo Mako fuera distinto, si tan solo realmente demostrara quererla a ella como es, no por su título, de seguro ella no se sentiría desdichada. Pero la realidad es otra, y no había forma de cambiarla.

¿Por qué Mako no podía ser más como Ryu?

Si le dieran a escoger entre Mako y Ryu, definitivamente escogería a Ryu. Con él si podía ser ella misma, y lo había comprobado durante la visita al parque de diversiones. Mako ya habría puesto el grito en el cielo y no la habría dejado divertirse en la feria, mientras que Ryu era el perfecto compañero de juegos.

Si, Ryu tenía muchas cualidades que ella admiraba, y aquellas palabras que le dijo en la feria eran ciertas, aunque no lo dijese de forma directa, para ella, Ryu era un chico atractivo de pies a cabeza, y sus ojos verdes, le daban una puntuación alta. Y varias veces se cuestionaban el porqué con esos atributos, las chicas no corrían detrás de él, o quizá si lo habían hecho cuando estaba en ese internado en América.

Kameko frunció el ceño, aquel pensamiento de un Ryu en la escuela siendo perseguido por chicas no le agradó para nada, y de inmediato se imaginó a ella misma, pateando el trasero de las admiradoras americanas y diciendo que Ryu era suyo y de nadie más.

Una sonrisa se le formó en los labios, y mientras conciliaba el sueño se imaginó un escenario en donde ella y Ryu estaban juntos.