¿Sin arrepentimientos?
Hessefan
Disclaimer: Shingeki no Kyojin es de Hajime Isayama.
Notas: ¡Este pedido es de Nikola y un regalo de su parte para Nicky! Espero que le guste a ella y a ustedes también. Esta es una de mis OTPs, pero siempre me costó horrores escribir sobre ellos. Es como que le tengo mucho respeto a la pareja (qué sé yo). ¡Muchas gracias por leer!
ONE SHOT
Apenas Erwin lo vio usando el equipo de maniobras tridimensional supo que era el hombre que estaba buscando. Su fin era atraparlo. No le importaba los métodos, sino los resultados. Levi se movía por los mundos subterráneos como si fuera un veterano. No obstante, aceptó unirse a la Legión con la idea clara de matar al rubio que lo había obligado a hacerlo.
Quería dejar ese basurero al que llamaban hogar, pero con sus propias leyes. En la primera expedición Erwin pudo ver que no se había equivocado. Arrastrar a Levi a la Legión había sido un acierto, eso pensó cuando lo vio matando al primer titán. Era un sujeto muy particular, extremadamente fuerte y bastante callado.
La primera vez que cruzaron palabras con contenido, fue cuando Farlan e Isabel se escabulleron en busca de los documentos. En esa ocasión Levi se percató que el más insano, en ese rejunte de insanos, era Erwin Smith. Este le había dicho que no importaban las pérdidas, sino lograr el objetivo de detener la amenaza que significaban los titanes.
Se estudiaron fijamente. Erwin ya sospechaba que algo se traía entre manos. Sentía que no podía confiar plenamente en él. Entendía que manejaba otros códigos por el estilo de vida que había tenido.
De hecho cuando Farlan e Isabel murieron, Levi se quitó la máscara ante el hombre que lo había arrastrado a toda esa locura; pero no tardó en comprender que sus amigos –a quienes consideraba hermanos- no habían muerto por haber tomado una mala decisión o por culpa de Erwin Smith.
La culpa de todo la tenían los titanes. No sabían nada de ellos, de dónde venían, qué buscaban de los humanos o siquiera qué eran. El capitán Smith estaba dispuesto a entregar su vida, como tantos otros, para develar esos interrogantes.
Cuando volvieron, Erwin encontró a Levi a un costado, en el refugio, con la mirada gacha, pensativo. La expresión de su rostro no indicaba nada, pero intuía que no estaba pasando por un buen momento.
—Ven conmigo. —Erwin le tendió la mano, en un sentido literal y metafórico.
—¿Para qué? —Lo miró con algo que parecía ser asco.
—Siempre, después de una expedición tan fallida como esta, tomo un trago de whisky —explicó, bajando la mano y dando la vuelta—. Te hará despejar la mente.
Levi lo siguió, porque en verdad necesitaba un buen trago de algún licor fuerte. Todavía le costaba creer que Farlan e Isabel ya no estaban a su lado. Entró a un despacho y sin pedir permiso se desplomó en el sillón llevándose los dedos al puente de la nariz. Suspiró, deseando despertar de esa pesadilla.
—¿En verdad sirven de algo las excursiones? —aceptó el vaso que le ofrecían—. Es una mierda. Todo es una mierda.
—Lo siento —dijo, sonó como algo fuera de lugar, pero continuó hablando—. Lamento la muerte de tus amigos. Imagino que eran importantes para ti.
—No quiero tu lástima —lo miró, perforándolo con los ojos—. No dejo de pensar que de no ser por tu existencia ellos estarían vivos.
—Oh, eso fue duro. —Se sentó al lado y acabó el contenido de su vaso de un sorbo largo—. He perdido a muchos camaradas, sé lo que se siente. Y no te tengo lástima.
—Me ofreces un trago y me dices que lo sientes. Es lástima.
—Puede ser, pero no te subestimo —suspiró—. Eres una persona muy fuerte. No necesitas la lástima de nadie.
—No me conoces —espetó un poco molesto—. No hables como si lo supieras todo.
—Soy bueno observando a la gente.
Levi nada dijo al respecto. Que hubiera estado un paso adelante, sabiendo que ellos tres iban tras los documentos sobre la malversación de fondos, le daba la pauta de que tenía algo de razón.
Se quedaron en silencio, bebiendo, más Levi que Erwin. Este se conformó con un trago, pero el otro tenía en mente bajarse la botella, a ver si de esa forma mitigaba un poco el dolor que le generaba la ausencia de los otros dos.
Erwin lo veía tomar de esa manera y supo que terminaría borracho, aunque le sorprendió notar que tenía una alta resistencia al alcohol. Recién cuando terminó la botella, que estaba casi entera, se dejó caer de costado en el sillón.
Erwin todavía seguía sentado, así que la situación fue extraña, porque ahora tenía la cabeza de Levi sobre su falda. Era como hacer dormir a un niño pequeño. No lo movió de lugar y dejó que dormitara en su borrachera y lo insultara un poco más. Incluso se animó a ser osado y a correrle algunos mechones de pelo que estaban en su frente.
Era verdad. Si él no hubiera insistido en reclutarlos para la Legión, lo más probable hubiera sido que Farlan e Isabel siguieran vivos. Pero no se sentía tan arrepentido de su decisión. Tener a Levi era como tener a mil soldados.
Y tenerlo en su regazo era como tener a mil amantes.
(…)
Un inoportuno rayo de sol le dio en la cara. Cuando Levi pudo enfocar la vista vio al hombre rubio con los ojos cerrados. Se habían quedado dormidos en posiciones muy incómodas, así que a él le dolía el cuello, mientras que a Erwin la espalda.
—¿Sueles dormir así con tus subordinados?
—Trato de no pasar la barrera —dijo un poco en broma, un poco en serio, mientras se desperezaba y estiraba los brazos.
Levi no se incorporó, así que Erwin aprovechó para tomarle la cara con las dos manos y dibujar líneas en ese rostro serio, cuyos ojos parecían irradiar recelo o rencor hacia él. Le levantó la cara y lo estudió mejor.
—¿Qué haces? —cuestionó Levi cuando pudo sentarse, el tipo ese no dejaba de acariciarlo de una manera extraña. Ya que alguien lo acariciara era sumamente extraño para él.
—Tus ojos —respondió Erwin—, están tristes.
—Perdí a las dos personas más importantes en mi vida, ¿quieres que esté de fiesta?
—Lo sé, no te lo estoy reprochando, solo…
—¿Qué? —murmuró contra su cara, algo expectante.
—Me preguntaba si… había alguna forma de borrarte esa tristeza —dijo, mientras cerraba los ojos y le rozaba delicadamente los labios con los suyos.
—¿Crees que un beso arreglará algo? —reprochó, pero aceptando de igual forma el contacto. Debía admitir que Erwin era muy apuesto—. Tienes mucho amor propio.
—Tener sexo después de una dura excursión puede hacerte sentir vivo.
—Solo sexo, ¿eh? —Sintió la lengua del otro dentro de la boca y, lejos de experimentar asco como pensó, experimentó cierto sosiego. Esta emoción se mezclaba con la adrenalina de estar experimentando algo viejo con alguien nuevo.
—Solo sexo —aclaró, sintiendo el aroma a alcohol que desprendía el aliento de Levi.
Más allá de que su aparato genital estaba dormido, y que creía difícil lograr una erección con la imagen de Farlan e Isabel muertos en su cabeza, su cerebro se activó cuando el sujeto rubio empezó a quitarse la ropa. Lo hacía con desesperación, como si temiera que Levi se arrepintiera de lo que iban a hacer.
Era muy sensual para el cadete ver a un tipo tan apuesto disponible para él. Era extraño, por lo general odiaba la suciedad, y el sexo -aunque no se quiera etiquetar así- era sucio. Pero era la clase de inmundicia que Levi disfrutaba.
Tuvo el impulso natural de agarrarle fuerte el pene, cuando este asomó enhiesto. Empezó a masturbarlo con fuerza, como si quisiera cobrarse alguna cuenta pendiente. Oh, vaya que la tenía. No dejaba de lado que ese sujeto lo había reclutado con artilugios escabrosos. Erwin se recostó sobre el sillón, dejándose hacer.
—¿Qué sucede? —cuestionó Levi cuando terminó de desnudarse y se sentó sobre el pene del capitán. Podía sentirlo entre las nalgas.
—No tengo lubricante aquí —aclaró, mientras descendía una mano por el pecho del otro hasta llegar al falo, al fin erecto.
—No te preocupes, va a entrar igual —avisó sin tapujos—. No me mires así. En los barrios bajos tienes que sobrevivir de cualquier forma. Y a veces en ese lugar no hay lubricante; es como tratar de encontrar azúcar o sal.
Luego de escuchar eso, poco a poco, Erwin inició la penetración. Al comienzo fue suave, jugueteó en el ano, tratando de acostumbrarlo a la irrupción. Cuando empezó a meterla, se dio cuenta de que estaba incómodo. Él era demasiado largo para un sillón tan pequeño, así que se sentó y puso a Levi a horcajadas sobre él.
Con lentitud el pene fue ingresando y cuando los testículos chocaron contra las nalgas abiertas de Levi, este comenzó a mecerse, primero de adelante hacia atrás, luego de arriba hacia abajo. Alocado. Era intenso. Brutal.
De golpe la penetración comenzó a ser más lenta. Levi trataba de refregar el miembro contra la pelvis del otro, quien no podía creer que ese sujeto, en apariencias insulso, fuera capaz de despertar en él su lado más salvaje. Quería ponerlo de rodillas en el sillón y se lo hizo saber.
Levi era tan lampiño que no tuvo reparos a la hora de pasarle la lengua por todo el cuerpo. Lo tenía con las rodillas en el sillón, tal como lo quería, y podía ver a la perfección como su propio pene se perdía entre medio de esas dos nalgas que se ocupó de morder antes de penetrar.
Eyaculó como una bestia, en un segundo. El encuentro había sido breve, pero así le gustaba el sexo a Erwin. Cuando Levi se sentó seguía duro, así que el otro se arrodilló y sin asco alguno engulló el falo con la misma desesperación con la cual lo había penetrado.
Levi era reacio a soltar gemidos, pero fue más fuerte que él y terminó soltando sonidos guturales mientras eyaculaba de lleno en la boca del rubio. Ese tipo sabía cómo volverlo loco. Oh, si supiera… ese solo era el comienzo.
Pasó el tiempo y aunque ellos se mentían diciendo que era solo sexo, había más tras sus encuentros. Siempre ocurría luego de una expedición, sí, como una manera de sentirse más vivos. Luego ocurrió lo que Levi vaticinaba: el suicidio de Erwin Smith todo en pos de conocer la verdad.
En ese momento, cuando Levi le juró matar al titán bestia, pudo ver a un Erwin diferente. No era ya más el comandante, sino el niño que alguna vez fue. El que abrió la boca de más ocasionando la muerte de su padre.
Luego la jeringa. La maldita jeringa y la maldita decisión recayendo sobre su persona. Supo que debía darlo por muerto y, en cambio, apostar por la juventud. ¿Pero qué hacer cuando tu corazón dicta una cosa y tu cerebro otra?
Por suerte Levi era una persona racional y no se dejó llevar por sus sentimientos, como sí lo hicieron Eren y Mikasa. Al final terminó salvando a Armin. Al final terminó apostando por lo mismo por lo que había apostado Erwin: el futuro.
(…)
Bajó del caballo y ajustó la tira a una de las ramas del árbol. Caminó esos metros que lo distanciaban de la tumba y bajo la lápida dejó las flores. Miró el nombre tallado: Erwin Smith, y lo maldijo en silencio.
—Con que solo sexo, ¿eh?
Si durante todo ese tiempo solo se dejaban llevar por pulsaciones bajas, ¿por qué mierda sentía tantas ganas de llorar frente a la tumba de Erwin? ¿Por qué le era tan difícil sobrellevar el día a día? ¿Por qué se sentía tan solo y vacío, como nunca antes se había sentido?
Ni la muerte de Farlan e Isabel le habían dejado una huella tan grande. Tiempo al tiempo, se decía. Algún día dejaría de dolerle tanto. Algún día podría decirle, al menos a la tumba de Erwin un sencillo, pero auténtico, te amo.
Quizás lo hizo desde el primer momento, cuando fue a consolarlo. Tal vez con el correr del tiempo, conociéndolo cada vez más íntimamente. Lo cierto es que en ese momento sentía que lo hacía, que lo había hecho y que nunca se lo había dicho. Todo por temor a la muerte. Recién comprendía, con infinita tristeza, que las palabras importantes debían decirse en vida.
Ahora Erwin estaba muerto, y por mucho que le dijera a la tumba que lo había amado, que seguía haciéndolo y que lo haría hasta el último suspiro de su vida, nada de eso tenía ya sentido.
FIN
13 de septiembre de 2021
Merlo Sur, Buenos Aires, Argentina.
