Todo por Culpa del Armario
Summary: De no ser porque en parte les molestaba ser el centro de atención no estaría mal lo que paso. Algo muy malo debió haber hecho en su otra vida aunque si era honesto, muy dentro de su inconsciente deseaba que pasará eso, el mal entendido era gratificante. Algo muy malo debió haber hecho en su otra vida aunque muy dentro de su inconsciente, ella estaba feliz por aquel mal entendido.
Disclaimer: Los personajes de esta historia no me pertenecen, los personajes de Inuyasha son parte de la obra y creación de Rumiko-sensei (Persona a la cual le debo una etapa muy feliz de mi vida y de sufrimiento por Inuyasha y Hanyo no yashahime) por favor sus créditos respectivos a ella, ademas de que la imagen de portada es trabajo de la hermosa Len Aquaspirits, vayan a Twitter, Facebook e Instagram a reconocer la belleza de artista que es.
Estaban más rojos que un tomate, incluso más rojos que el arrebol que se formaba en el cielo de Tokio, el arrebol de la tarde era magnifico a la vista de toda la ciudad oriental y era el único que se apiadaba de ellos.
Ambos jóvenes esperaban que la reunión del Decano terminará, para que fuera su turno de ser atendidos y esperaban no morir en el intento, en verdad estaban avergonzados.
No había sido su culpa pero tampoco es que tuvieran las pruebas para demostrar lo contrario. Ninguna prueba a decir verdad, la culpabilidad se podía leer solamente viéndolos, así se podría concluir sin saber los antecedentes de la pareja de culpables.
Por una parte no ayudaba que la camisa de InuYasha estuviera arrugada y que su cabello también lo estuviera conjunto, por otro lado, tampoco ayudaba que las medias de Kagome estuvieran rajadas y que su cuello estuviera sonrojado.
Todo era un maldito mal entendido y nadie les creía, estaban más que molestos y avergonzados.
Tanto InuYasha estaba molesto con Kagome y viceversa, creían que era su culpa que estuvieran en esa situación, aunque en el fondo se reían por lo aquí había pasado.
¡No era lo que estaban pensado!
Maldito y bendito malentendido.
Pero no, la culpa no había sido de ellos, sino de un maldito mujeriego amigo de InuYasha y una quisquillosa deportista amiga de Kagome.
Sango y Miroku.
Los odiaban pero los amaban a la vez.
Ambos les habían tendido una trampa en la cual ambos habían caído como ratones que corrían de manera directa a una trampa.
— ¡¿Se puede saber qué haces aquí?! —se gritaron ambos chicos.
—Sango dijo que viniera por unos bumeranes medianos —contestó la dama de cabellera negra con ojos encantadores de chocolate.
—Miroku dijo que viniera por espadas. —dijo el caballero de cabellera rubia blanquecina con ojos ámbar bañados de oro.
Ambos se miraron dándose cuenta del error que habían cometido.
Pero ya era muy tarde.
La puerta estaba cerrada por fuera y estaban ahí, encerrados, encerrados en el armario estrecho de la Universidad, en un ambiente casi oscuro y muy pegados. Sólo podían moverse para atrás con temor de que se les cayera alguna escoba u objeto del lugar.
—Esperamos que arreglen sus diferencias, se llevarán bien, regresamos en la tarde —escucharon como aquella pareja de desgraciados amigos suyos los habían dejado ahí encerrados mientras ellos se reían y se iban.
Los gritos y suplicas se fueron al caño cuando ya no escucharon nada en aquel pasillo.
—Me las vas a pagar Sango —dijo Kagome mientras se mencionaba un poco había el estante atrás de ella.
— ¿Por qué te quejas? Tú has de ver estado de acuerdo tonta —comentó InuYasha molesto; y si hubiera luz cerca, sonrojado.
— ¡¿A quién llamas tonta, debilucho?!
— ¡No me digas debilucho tonta!
— ¡Pues lo eres debilucho!
Ambos se miraron con ganas de matarse. Ambos se habían conocido con el pie izquierdo, muy mal, muy mal.
¡Muy mal!
Pero ahí estaban de frente y cruzados de brazos, esperaban a que algún alma los salvara de lo que habían planeado sus amigos. Con esos amigos para que enemigos
Ya les darían unos buenos golpes a la pareja.
InuYasha por su parte estaba molesto y nervioso ¿Qué pasaba por la mente de Miroku? Dejarlo encerrado con ella ¡con ella, maldita sea! Él sabía cómo se sentía cerca de la pelinegra que se le había metido en el corazón y por su orgullo no lo aceptaría jamás.
Y el sentimiento era mutuo, pues Kagome se negaba a aceptar que su corazón había sido conquistado sin darse cuenta por el rubio, a pesar de que pensara que era un pervertido y la mujer era orgullosa.
Ambos se habían conocido mal cuando salieron los cuatro y la joven azabache llevaba una bella falta que se le había alzado en el camino y como gesto caballeroso el joven se lo intento arreglar de manera sutil. Lo cual no resultó bien cuando Kagome se dio cuenta y molesta termino llamándolo pervertido y dándole una bofetada.
Y ahí comenzó todo, muestras de odio por aquí, escenas de celos por allá y poniendo de escusa que no querían que esas persona sufriera la desdicha de tener a los jóvenes ahora encerrados.
—Es inútil, de aquí no abrirán hasta la tarde que regresa el conserje.
—Qué apoyo Higurashi —comentó con sarcasmo el joven de ojos ámbar.
—Solo realista Taisho —respondió la dama de ojos chocolate.
Ambos se miraron y por alguna razón ambos habían pensado en cómo habían caído en las tretas de sus amigos y comenzaron a reír.
Era humillante la manera en como habían caído por sus amigos y básicamente comenzaron a pasar los minutos como gotas de agua. Rápido y sin consideración.
—Esperemos que no nos caigan arañas encima —dijo InuYasha al aire sin esperarse mientras veía como la joven palidecía repentinamente asustando al joven— ¿Qué pasa? ¿La valiente Kagome le teme a ese pobre animal?
—No hagas bromas con eso —pidió en susurro la joven pelinegra.
—No lo hago —respondió— de hecho hay muchas telarañas detrás de ti.
Y eso fue el detonante, la palidez de la joven y el hecho de que se fuera hacia atrás siendo tomaba por el joven al ver que esta se desmaya la jalo hacía él, sin embargo no se percató que la joven al momento de caer hacia tras sus medias se engancharon a unos fierros que rasgaron de manera gatuna las medias.
Poco a poco la joven la joven se recuperó y se sujetó del joven que la sostenía, de sus ojos comenzaban a salir lágrimas y comenzó a templar.
InuYasha se preocupó al ver el cuerpo de Kagome temblaba, podía estar molesto y no llevarse con ella, pero si la veía en peligro sabía que no sería capaz de dejarla ahí.
Su intención había sido molestarla, no que se asustara y se desvaneciera ahí.
—A-rac-aracnofobia —dijo Kagome entre palabras mientras se sujetaba aún más del muchacho tomando su camisa y estrechándola y tratando de fundirse con él para no salir herida.
InuYasha mentalmente se golpeó la cara y se sorprendió de lo que escuchaba, no pensó que esa joven con aura de amazona tuviera miedo a un ser pequeño.
—Perdóname Kagome —dijo estrechándola aún más en sus brazos tratando de consolarla, se reprendió mentalmente, debía sacar a la joven, si era cierto ella no podía mirar hacia arriba sin ningún motivo—, escúchame si, veremos hacia el piso y nos veremos a los ojos no mas ¿sí?, estarás bien si haces eso sí.
—Si.
Por una vez se olvidaban de esa rivalidad que se tenían y ahí estaban esos dos jóvenes que se negaban a aceptar sus sentimientos, ella se sintió protegida ante tales palabras y él sintió el deseo de protegerla que de sacarla de sus casillas.
Paso un tiempo cuando la joven se separó despacio y llevo sus manos a su cuello y comenzó a rascarse frenéticamente asustando al joven rubio.
— ¿Estás bien?
—Es un tic que tengo luego de una crisis —comentó despacio y en susurró y comenzando a recuperarse.
—De acuerdo —comentó más relajado—, perdón Kagome, no... No era mí... No era mi intención asustarte así.
—Descuida, ya me voy recuperando, solo… no vuelvas a hacerlo.
— ¿Cómo es posible que le temas a las arañas?
—Es irónico cuando tu amiga es fan número uno de las mismas.
Kagome miro al joven que tenía en frente ¿en verdad ese el joven que mujeriego y pervertido del que extremadamente estaba enamorada? Él jamás pedía perdón y por algún motivo le alegro a la joven.
—No puedes ser así —pensó en voz alta.
— ¿Qué?
—Eres dulce cuando gustas, no eres pervertido como la vez que te conocí.
Ah sí, la vez que se conocieron no paso de miradas frías y comentarios a diestra y siniestra.
—Si me hubieras dejado explicarte sabrías que tu tenías la falda enganchar a con tu cartera tonta.
Kagome abrió los ojos ante ello, recordaba que su incidente primerizo fue porque lo agarro mientras "subía" su falda para verle las bragas.
Y ahora todo combinaba a la perfección, entendía el por qué Sango decía que era un caballero cuando en realidad era un joven tierno al conocerse.
Ambos se miraron esperando ver más allá de los que sus ojos mostraban, la tensión era permanente entre ellos y está vez; por alguna razón, se había esfumado como espuma de ola.
—Perdón InuYasha —dijo Kagome mientras miraba al piso—, no es bonito darse cuenta de que alguien le está sosteniendo la falda.
InuYasha sonrió de manera tierna, veía como Kagome movía sus manos divertidamente, ahora entendía a Miroku cuando decía que Kagome era dulce y angelical, por algo era quería por muchas personas.
Era lindo hablar con ella sin que lo tachara de pervertido a la primera palabra.
—No hay de qué.
Ambos se miraron esperando decir algo, InuYasha por su parte parecía que su corazón se iba a salir, la dama que tenía al frente por algún motivo lo atraía y estaba feliz de que puedan hablar.
Y el sentimiento era mutuo, amaba hablar con InuYasha y sentirse tranquila de que no se iban a herir.
— ¿Sabes Kagome?
—Eh
—Entiendo porque me atraes tanto, eres una caja de sorpresas.
La cara de Kagome se puso roja, como se le ocurría decir esas cosas y en un momento así donde se decían sus verdades y arreglaban malos entendidos
— ¡¿Q-que dices?! —estaba muy nerviosa.
InuYasha aprovechó la oportunidad para acercarse más a ella y tomarla por la cintura y acercar la a su cuerpo delicadamente, él tenía el sentido del olfato muy avanzado y pudo distinguir la vainilla que desprendía la dama.
—Inu... InuYasha.
—Kagome agradezco que esos tórtolos nos hayan dejado aquí por una vez... M-me gustaría que comenzaremos sin...
—Insultarnos al vernos —comentó despacio sintiéndose protegía en los brazos de aquel hombre.
—Sería muy razonable —dijo alzándole su rostro—, al parecer el shock se acabó.
Kagome sólo rio ante ello.
—Eres la primera pero a que sabe de mi miedo.
— ¿En serio?
—Si.
Ambos rieron. Estaban nerviosos y por alguna razón el lugar se devolvió más cálido de lo habitual, la atmósfera daba calidez bella para la pareja que se había quedado encerrada, pero por alguna razón ya no se sentía como perros y gatos y era una emoción.
Y eso era agradable, después de todo, todo era culpa del armario, culpa de sus amigos y culpa de ellos por no escuchar y ser orgullosos.
—Kagome... creo que me volverás a llamar pervertido si sigo teniéndote cerca de mí.
—Tal vez no sea mala idea si es con consentimiento —dijo una sonrojada dama.
Poco a poco comenzaron a acercarse, frente con frente, palma con palma, sólo faltaban labios con labios.
Sin embargo la luz cegadora los hizo mirar levemente a quien los había encontrado.
—Por lo que veo las pasiones abundan en el lugar.
La pareja se sonrojo y se separaron esperando a que les dijeran algo, más la sorpresa que se llevaron fue la que los tenía ahí esperando al decano.
Sus fachas eran atroces y ahora ahí estaban.
¡Demonios!
Vieron como un profesor salió y detrás de él estaban el decano Jimenji que los regreso a ver y agrando sus ojos ante la sorpresa haciendo sentir más bochorno a los jóvenes.
—Señores, las faltas a la moral son prohibidas y con castigo grave a quienes osan darse al deseo carnal aquí.
—En verdad decano no tenemos nada que ver eso —contestaron los muchachos.
—Unos compañeros nos pidieron que fueras por algo y de la nada la puerta ya estaba cerrada —explicó Kagome.
—Señorita Kagome, en otras circunstancias le hubiera creído pero —dijo este señalándolos—, las pruebas dan contra ustedes.
—Decano Jimenji por favor tienen que creernos —pidió InuYasha.
El anciano Jimenji pareció razonar, sin embargo ver a esos jóvenes de excelencia en esas condiciones lo hacían dudar en verdad que intentaba creerles.
Los jóvenes notaron como este los miraba de arriba hacia abajo y sabían que como estaban solo los hacia parecer más culpables. En verdad parecía que estos dos tenía una gran atracción para los malos entendidos.
El decano Jimenji los miro y suspiro, podría pasara ese "accidente" por alto.
—Por favor, jóvenes les pido que no se vuelva a dar este tipo de situación, no importa que fuera un mal entendido o en verdad lo hayan hecho.
—Fue un mal entendido.
Estos tenían una atracción para los mismos al parecer.
—Solo arréglense y salgan de aquí, sus clases acabaron y siguen los jóvenes de la tarde. Buena tarde.
Este siguió su camino y los jóvenes corrieron hacia el pasillo a respirar.
¡Que bochorno!
Ambos se miraron y rieron caminado mientras InuYasha terminaba de acomodar correctamente su camisa la joven le pidió que la acompañara al tocador de mujeres, y así fueron mientras este la esperaba afuera ella se quitaba sus medias y las botaba mientras tomaban su mochila que habían ido a recoger.
Poco a poco salieron de la instalación y rieron.
En verdad que estos tenían una atracción para los malos entendidos, por uno se habían conocido y se llevaban peor que perros y gatos y ahora gracias a uno habían comenzado a llevarse mejor y podían hablar normalmente, hasta incluso bromear.
Ambos llevaron al templo Higurashi, InuYasha como un caballero dejo a la dama en su casa y a las puertas de este hablaron mientras se despedían, se podía ver como en sus ojos había un mar de emociones, cariño y comprensión, algo de felicidad y tristeza al despedirse.
—Bueno, aquí termina —dijo Kagome.
— ¿De qué hablas? —Dijo InuYasha tomándola entre sus brazos y abrazándola pegando sus frentes—, esto apenas comienza pequeña.
Sin más le robo un beso a la pelinegra, beso el cual estaba cargado de emociones que escondían ambas partes pues cada una le daba un toque a ese beso, lo armaban de tal manera que fuera inolvidable para cada uno.
Poco a poco se separaron por falta de aire, se miraron y unieron sus manos y frentes.
—Deberíamos tener más malos entendidos ¿sabes? —Dijo InuYasha ganándose una negativa de la joven — ¿Por qué? Somos buenos para ellos, si los hacemos bien tal vez nos sorprendamos.
—Eres un torpe.
InuYasha la volvía a besar y subieron las escaleras al templo, así como se esperaba que fueran subiendo en su relación, siempre juntos a pesar de los buenos o malos entendidos que existieran el camino.
Pero lo que si era un hecho es que jamás se olvidarían del pequeño mal entendido que les regalo un nuevo toque de luz, después de todo.
Todo fue por culpa del armario.
Armario que les dio protección, vida, alegría, y hermosos momentos en los días que siguieron y con ello nuevos malos entendidos que se quedaron entre las paredes de esa bodega en los años de su carrera.
Bueno, bueno, me di una vuelta por acá y revise mis historias (por alguna razón me dio tiempo para revisar y en ello me encontré la particularidad que todo el texto de (Por culpa del Armario y La terrorífica zona de Amistad están en código. Con todo les agradezco por avisarme Milusama (Pequeña aquí tienes esta bella historia ya corregida) y espero que pueda recibir cariño esta pequeña historia que tenia desde hace tiempo, en seguida corrijo La terrorífica zona de Amistad)
Cualquier duda, queja, lloro o lamento vayan a mis redes linxy_28_rouse en Instagram/ Linxy_Eveline22 en Wattpad. (Ahí escribo sobre Miraculous Ladybug y varios fandom que iniciare aquí próximamente (sepa la bola cuando pero de que lo hago lo hago)
Pase buenas fiestas y cuídense mucho.
Nos vemos en las tiras cómicas.
