La mañana siguiente a aquellos sucesos, ninguna de las dos jóvenes abandonó el camarote. Shun se percató de esto y por las dudas, se dirigió a la cocina del buque y le pidió a su encargado, un cocinero entrado en años, si no podía prepararle una bandeja con dos desayunos. El hombre de prominentes canas, no estaba al tanto de la nueva tripulante, pero recordaba bastante bien a aquella que había subido con el muchacho. La imaginación del cincuentón reprodujo fugazmente escenas lascivas y lanzando una mirada de complicidad masculina, colocó pétalos de colores sobre una bandeja, una jarra de bronce a modo de cafetera, dos tazas y un par de panes planos con una pasta que bien podría haber sido ser yogurt sobre estos. Shun no pudo registrar del todo lo que el hombre le había querido insinuar con su mirada, pues estaba más atento a que la bandeja estuviera lo suficientemente repleta de comida.

Mientras tanto, puertas adentro de la cabina, las dos muchachas se ponían al día. Bianca revisaba las heridas de Raidne, que llevaba cubiertas por vendas de asepsia dudosa.

Raidne, no creo que debas abandonar este camarote durante el día... por lo que me haz contado, sospecho que Thetis pueda dar la alarma a Dragón de Mar... Tal como ocurrió aquella vez...

Ni durante el día, ni durante la noche... Si no es Dragon de Mar, seré la presa de Lascoumoune, al fin y al cabo parece que no tendré manera de escapar de ninguno de ellos... No creo que la solución sea ocultarme todo el tiempo, necesito esa scale para poder hacerles frente de manera justa.

Esa palabra puso a Bianca en alerta... Porque significaba algo más serio de lo que imaginaba, sin rodeos, le preguntó

¿Scale... ? ¿Acaso tienes un ropaje sagrado del ejército de Poseidón?

Antes que Raidne pudiera responder, Shun golpeó y esperando la respuesta de Bianca, se quedó allí, mientras esperaba respuesta, pasó la bandeja a su todo su brazo izquierdo, para liberar el mano derecha y poder peinarse con sus dedos, su cabellera le pasaba los hombros, y a veces se le enredaba un poco, sus dedos quedaban atrapados poco antes de llegar a las puntas, indicando de que no había logrado sacar la mayoría de los nudos.

Ese debe ser Shun...

¿Confías en el muchacho?

Es buen chico ─ Respondió Bianca mientras observaba a través de la mirilla de la puerta─ trajo una bandeja de comida para las dos... le diré que la deje en el suelo.

Eres desagradecida Bianca, Ábrele, ¿qué esperas? claramente está preocupado por tí.

No soy tan confiada como tú, Raidne... que no sea mala persona, no significa que su inocencia no nos involucre en problemas en el futuro.

Raidne salta de la cama con dirección a la entrada, Bianca se interpuso en le medio y le dijo:

Antes de hacer cualquier cosa que tengas en mente, tómate un segundo y evalúa cómo te metiste en el lío en el que Sorrento y yo te estamos ayudando a salir.

Raidne esquivó a su interlocutora, y mientras miraba a su amiga por sobre su hombro expresando que aquello le resultaba era un tanto exagerado, finalmente destrabó el cerrojo y abrió el picaporte para dejar pasar a quien las estaba esperando del otro lado.

Cuando abrió la puerta encontró a Shun muy concentrado intentando desenredar una maraña del pelo con su mano y haciendo la fuerza opuesta con su cabeza. Raidne se lo quedó observando intentando contener la risa y Shun al verla esconder sus labios, entendió que su impresión no era la adecuada e interrumpió su empresa. Ambos se quedaron un momento en silencio pensativos, compartían la sensación de haberse visto previamente… Shun, lo recordó primero

¿… Shōri?

¡GATITO!Y saltó sobre el muchacho, abrazándolo como si fueran amigos de toda la vida.

¿Alguno me puede explicar qué está pasando aquí? preguntó Bianca.

Para entender un poco aquella historia, debemos remontarnos unos siete años atrás.

Cuando Raidne era pequeña, pasó un tiempo muy breve en la mansión Kido asistiendo y acompañando a Saori, un día, la nieta del magnate se puso un poco caprichosa, y esto obligó a Raidne a escaparse de allí. Vestida de varón y ocultando su cabello bajo un gorro, se escabulló en el dojo de entrenamiento con los demás niños de la fundación Graad, su "plan" era hacerse fuerte para defenderse de los abusivos.

Mientras estaba por los alrededores, escuchó el llanto de un gatito muy joven que no podía bajar de un árbol y los gritos de unos niños que le arrojaban piedras desde el suelo.

Tomó una rama del pasto, y comenzó a correr en dirección a ellos, para espantarlos Gritando:

¡Cobardes! ¿Por qué no se meten con alguien de su tamaño?

Cuando volvió al árbol, observó que allí arriba ya había trepado otro niño pero a diferencia de los anteriores, tenía la intención de rescatar al felino.

Momentos después de que el jovencito logró asirlo, el animalito entró en pánico y comenzó a rasguñar el pecho y el rostro de su "salvador" haciéndole perder el equilibrio y consecuentemente caer del árbol. Cuando el niño ya estaba en el suelo, el gatito rebotó sobre su cabeza y comenzó a correr despavorido.

El pequeño rompió en llanto desconsolado y Raidne, que había atestiguado toda la escena, a pesar de sentirse motivada de ayudarlo, no pudo evitar lanzar una carcajada. Un sentimiento de culpa la invadía, pero la risa la superaba.

Perdona, no me río de tí. Es que no puedo parar.

El niño arañado y golpeado, al ver a Raidne reír sin burlarse de él, siente impotencia pero algo de eso lo invita a reírse de sí mismo, su boca deja de hacer una expresión de lamento para convertirse en una tímida sonrisa.

La niña se acercó a Shun, y para no levantar sospechas sobre su identidad, eligió un nombre masculino que sentía que iba muy bien con ella:

Mucho gusto salvador de gatitos, me llamo Shōri.

Eh… Shun, me llamo Shun

Vamos a limpiarte esas heridas antes de que se infecten.

Shōri lavó el rostro y los brazos de Shun con agua y jabón.

Allí el niño le contó que quienes tiraban piedras tenían una cuestión personal con él; que tenía un hermano mayor llamado Ikki, quien era muy fuerte y según el pequeño, le daba muchos problemas.

El pequeño Shun tenía el rostro que podía pasar por niña bonita, era demasiado sensible y detestaba pelear, daba la apariencia de ser muy frágil, todo lo contrario a Ikki. Ese gran contraste entre ambos, solía ser motivo para que los demás niños se burlaran de él, cosa que su hermano no soportaba, involucrándose en absurdas peleas por salir en su defensa.

Cuando salieron del toilette, Shōri volvió a ver a Saori en esa actitud de soberbia que no soportaba. La niña consentida justificaba su aburrimiento o ausencia de compañía con quién jugar, descargando sus frustraciones, esta vez había decidido jugar al caballito, usando como montura humana a uno de los niños huérfanos. Tras ver la escena y no pudiendo dominar su temperamento, Shōri salió inmediatamente en auxilio del caballo humano, gritando a quien debía asistir y acompañar; una serie de improperios irrepetibles.

Tatsumi irrumpió en la escena deteniendo a Shōri con una bofetada en el momento en que intentaba empujar a la nieta de su maestro. El impacto fue tan duro que, no sólo la hizo caer al suelo, sino que además, despidió por los aires aquel gorro que ocultaba su largo cabello. Exponiendo ante todos los niños la verdadera identidad de Shōri, quienes luego de aquel evento, no volvieron a ver ni a Shōri ni a Raidne de regreso por allí.

A pesar de su fugaz encuentro, Shun todavía recordaba a la niña que había logrado espantar en una oportunidad, a quienes lo hostigaban cuando su hermano mayor no estaba presente. Pero le guardaba especial aprecio por haber sido la única persona que intentó reprender a Saori en un acto injustificado; usar a Jabu como un pony, a pesar de las despóticas consecuencias.

Raidne y Shun le contaron a Bianca en sus palabras el recuerdo compartido.

Shun quería saber qué le aconteció.

Tenemos por delante unos 6 días de viaje hasta que llegue a mi destino… Tendré tiempo de ponerte al día.