Era de noche. Bianca permanecía con su armadura, en el suelo de aquel buque marino. Sus párpados de largas y frondosas pestañas, comenzaban a separarse revelando una mirada de sorpresa cuando se percató que los marinas ya no estaban sobre aquel barco…

Miró a su alrededor y encontró el cuerpo del joven Shun aún inconsciente.

Corrió a socorrerlo, le tomó el pulso; su corazón latía.

—¿¡Shun, estás bien!?

—¿Qué fue lo que sucedió?

—¿No recuerdas nada?

—Sólo muy vagamente —Shun se tocaba la cabeza mientra hacía una mueca de dolor—

¿intentaron secuestrar el barco… Y a la señorita Raidne? ¿Raidne, dónde está, se la llevaron?

Bianca pudo notar que el muchacho no guardaba ningún registro de la batalla en su memoria, y le respondió con sinceridad.

—No lo sé, pero estoy segura que sea donde esté se encuentra bien.

—¿Cómo es posible? Los atacantes no eran demasiado amistosos

—La mujer que Raidne buscaba, vino a su encuentro primero. Su aparición fue muy oportuna, quedate tranquilo.

Bianca había vivido mucho tiempo sin conocer el paradero de Raidne, se había sentido responsable por haber perdido los estribos por un tema familiar y haberla dejado sola en el andén aquella vez. Si todos hubieran permanecido juntos, quizá habrían alcanzado aquella formación que pasó apenas unos instantes antes de que una flecha carmesí atravesara el pecho de Sorrento y le impidiese socorrerlo.

Luego de aquel incidente en la estación de tren, había vuelto al que fue su hogar, en Tarento,Italia; sola. Hasta ese momento, no había sido consciente de lo mucho que echaba de menos a su madre especialmente cuando llegó a aquella casa, y en un impulso casi automático fue hasta la que era su recámara y al no verla, se tiró en su cama y en posición fetal, recordó a su amado flautista siendo perforado por una saeta…

Consciente de la inmensa soledad que la rodeaba y dando por muertos a sus seres queridos, se quedó sollozando hasta que se quedó dormida.

Al día siguiente, cerca del mediodía, tocaron a su puerta una y otra vez. Y a pesar de que no quería ver a nadie, aquella insistencia le hizo dudar… La única que podía hacer eso era su madre. Así que su curiosidad la empujó hacia la entrada. Fue cuando finalmente abrió la puerta principal que se llevó una gran sorpresa, y descubrir del otro lado se encontraba su abuela Evanthia acompañada por una pequeña Saori.

Ese gesto le valió su lealtad incondicional a la familia Kido.

Luego de recordar esa visita, aquella reciprocidad de Saori en asegurarse que estaba bien, tal como como su madre y ella lo habían hecho siempre por su bienestar, terminó de decidir que el camino que debía tomar no era hacia India como tenía planeado hacer antes del ataque. Saori la necesitaba, y aún no era consciente del poder que tenía, mientras que de Raidne… No le cabían dudas que sabía cuidarse bien sola.

Necesitaba comunicarle a Saori algo importante, sin embargo… en su cabeza las palabras de Thetis resonaban.. Necesitaba esclarecer qué había sucedido con Sorrento ¿Qué era exactamente lo que Raidne le había dado de beber?

Anteriormente, la culpa le había hecho decidir en acompañarla a su encuentro con Maya, sin embargo, siendo que esta mujer había venido a buscarla por sus propios medios, quizá ya ni siquiera fuera necesaria su presencia…

Por otro lado, con las pistas nuevas que había recolectado en los diarios de su madre y los cabos sueltos que las conversaciones con Raidne le habían reportado. Creía que había descubierto algo… Recordó la carta que le había escrito a Saori unas horas atrás.

—Shun, ¿Todavía tienes aquella carta que te di para la Señorita Saori?

—Sí —Shun revisa sus bolsillos—, todavía la tengo conmigo…

—¿Me la devuelves, por favor?

Shun había notado como el semblante de Bianca ya no emanaba la misma alegría y jovialidad… Claramente, el golpe había afectado parcialmente su memoria.

Cuando bianca sostuvo aquella carta improvisada en sus manos, se alejó unos pasos mientras leía lo que había escrito allí:

"Creo que mi madre acertó: El hombre misterioso de la playa que hospedó mi abuela tenía una armadura no sólo diferente a la de Noctua, sino también a la de Sagitario. Principalmente por su composición. Podría especular que incluso fuese más antigua que éstas. Y hasta pertenezca al mismo hombre que se llevó a Raidne y a mi dilecto aquella vez. Me he encontrado con ella y con él, han logrado escapar de las manos de los marinas de Posiedón, sin embargo, Raidne desertó para ir tras una armadura consagrada por el propio Dios que se encuentra en Tiera Fierme. Mientras él... simplemente, ha regresado al lugar en el que estuvo estos años por voluntad propia. Voy a acompañarla a su aventura y ver qué más puedo descubrir. Se vienen tiempos de guerra"

Las palabras de Thetis volvían a resonar como un eco, y la sóla idea de que su amiga hubiese manipulado a Sorrento con alguna pócima, había sembrado una semilla de la discordia que sería en parte la responsable de que abandonara su idea inicial. Rompió aquella nota, sintió el deber de cumplir con Saori y acompañarla con todos los preparativos que tenían en mente. Todavía era demasiado pronto para asustarla con puras conjeturas de las que no tenía pruebas más que las notas de su madre. Tampoco quería revelar que la persona que más quería, en lugar de volver a tener la oportunidad de una vida normal, decidía seguir a su raptor en sus planes.

Y durante tres largas semanas, continúo su viaje hacia Japón, acompañada por Shun, quien saciaba su curiosidad, preguntándole sobre su relación con la fundación Graad, Raidne y la propia Saori. Cuando ambos llegaron a destino, un auto estaba esperando por ellos. (En realidad, por Shun). Y grande fue la sorpresa cuando vieron a la joven allí.

Al llegar a la mansión, una joven de cabello rubio y ondulado, vistiendo un traje de maid, los recibió en la entrada. BIanca reconoció a una compañera de la misma academia.

—¡Mii! qué sorpresa!

—¡Bianca, qué bueno que estás aquí! Llegaste en un momento de lo más oportuno: La señorita Saori está muy preocupada … Se trata de Kyōko y Kadja

—¿Equuleus y Corona Borealis? ¿Acaso no han llegado de la Academia?

—Kadja fue la primera en llegar. Saori le asignó una misión pero todavía no se ha reportado. Kyōko, por otro lado…

Mii no estaba segura si contarle toda la historia o esperar a que lo hiciera la señorita Saori, sin embargo, su pausa se hizo eterna para Bianca, quien replicó:

—¿Qué sucedió, Mii?

Mientras la Saintia de Dolphinus ponía al corriente a Bianca de lo acontecido ese último mes en el que ella estuvo a bordo de un Transpacífico, Shun observaba a los otros Santos que habían llegado previamente; contó a seis, entre ellos, reconoció a Jabu, el niño por el cual Raidne había intentado interpelar verbalmente a Saori, recibiendo una bofetada por mano de Tatsumi, evento que descubriría su identidad… Salvo por el tamaño, no había cambiado mucho: Se jactaba de haber sido el primero en llegar.

Volvió a contar a seis personas, pero ninguna era su hermano Ikki.

—Ya vendrá, no te preocupes—Le dijo Bianca a Shun quien a pesar de escuchar el relato de Mii, se había percatado de la desilusión del muchacho.

Luego de decir esto, cuando Shun se percató de quién era la voz, cuando se volteó, Bianca ya se había retirado con Mii al encuentro de la persona a quien había venido a asistir.

Su amiga Saori, a pesar de haber vivido como una niña consentida, estaba madurando rápidamente a causa de los acontecimientos. Sin embargo, un sentimiento ambivalente la dominaba. Mientras le urgía cumplir con el último mandato de su abuelo, no estaba segura de si convenía llevarlo a cabo luego del rapto de Kyōko, que de hecho la había desmoralizado y cada día se acrecentaba aquella duda.

—¡Qué alegría verte Bianca, Qué bueno que estés aquí! Todo éste tiempo te eché mucho de menos…

—Yo también, Saori

—Esperaba que regresaras, es importante que junto a Mii me ayudes con los preparativos del torneo galáctico, Kyōko estaba encargada en algunas tareas pero…—Saori sonaba como si algo oprimiera su pecho y su garganta para hablar… claramente, el acontecimiento la había impactado—.

—Tranquila, Mii me puso al tanto de todo.

—Ya están llegando los caballeros de sus lugares de entrenamiento. No pueden verme como una niña asustada. Pero tampoco puedo hacer como que nada pasara, no me lo perdonaría nunca.

Bianca quería comunicarle todo aquello que había registrado, sin embargo, no era el mejor momento, Saori ya tenía demasiadas cosas por procesar.

—Voy a ayudarte todo lo que esté en mi alcance, sólo quería comunicarte que una vez se concrete el primer combate, seguiré con nuestra misión original. He logrado recolectar más información que complementan dos de las notas de mi madre. Si me das permiso, me encargaré personalmente ni bien concretemos con los preparativos del torneo.

—Por su puesto Bianca. Si hay alguien capaz y confiable, esa eres tú, eres mi mochuelo, no lo olvides… Casualmente, estaba pensando en enviarte a una misión, pero Katja llegó antes, así que estoy segura que tu también los harás muy bien por tu cuenta cuando llegue el momento. ¡Confío en tí!