El Sol ya se había ocultado y la luz de la luna se asomaba tímidamente entre las palmeras de aquel sitio. El viento había comenzado a soplar y entre la penumbra, las invitaba a danzar suavemente. Sin embargo, dicho espectáculo no era apreciado en todo su esplendor.

Urvashi, observaba a Maya, quien luego de aquella metamorfosis, se veía apenas algo mayor que ella. Raidne, por otra parte, había cerrado sus ojos para concentrarse en su demostración.

Al igual que en aquel barco, removió el broche de su cabello extendiendo el brazo en que lo sujetaba para abrir un portal como aquella oportunidad.

Al cabo de algunos segundos, grande fue su sorpresa al notar que nada ocurría. Abrió sus ojos, para ver la desilusión en el rostro de la mujer a quien quería sorprender.

—Es inutil… —Reclamó Maya, mientras se daba la vuelta como para retirarse. —Te pedí que me demostraras las técnicas que derivaron de las mías. Lamento desilusionarte, pero jamás he enseñado a alguien a que dependa de un objeto para realizar un poder. Creo que ambas hemos perdido nuestro tiempo.

Raidne, la siguió sin pensar, y como queriendo frenarla con su mano extendida, exclamó:

—¡Espere! ¡regrese! Puedo demostrar que he aprendido otras cosas.

—Mejor aprovecha éste tiempo para descansar. Mañana será un largo día.

Urvashi saludó a Raidne y se retiró tras Maya.

Luego de que ambas se alejaron, la aspirante de pupila, presa de la frustración, comenzó a desquitar su ira pateando unas palmeras, recibiendo a cambio, una poco agradable lluvia de cocos.

A una distancia prudencial de aquel escándalo y totalmente ajenas a él, Urvashi extendió su mano hacia las de Maya haciéndole entrega del broche de cabello que Raidne solía llevar siempre con ella. Ambas se miraron a los ojos, mientras Urvashi cubría con la otra mano aquel objeto, Maya le menciona:

—Tal parece que no se percató del cambio —Y devolviendo dicho objeto a Urvashi, le advierte—Debes esconderlo tú, de manera que nunca lo encuentre...

—¿Pero qué tiene de especial un simple broche?

—No te confundas, este es un talismán muy peculiar, la roca que está incrustada como una simple incrustación de adorno, es moldavita... la "roca del cielo", antiguamente se la consideraba como rocas enviadas por Zeus. Quien la lleve consigo y logre amplificar su cosmos a cierto límite, para alguien capaz de percibir este tipo de poder, es fácil localizar la fuente de procedencia.

—Ahora comprendo cómo la encontró tan rápidamente… Si llevaba esto consigo, ¿era prácticamente como un sistema de posicionamiento?

—Buena analogía, Urvashi.

La joven de cabellera anaranjada, comenzó a sentir algo de culpa.. e incómoda por la situación que vivía la aspirante a pupila (sin estar al tanto de ello), intentó persuadir a Maya.

Am'mūm'ma... respecto al bindi que le colocó; si su intención es sellar parcialmente su Ājñā cakra para evitar que se expanda su cosmoenergía...

Maya la interrumpió antes de que la joven pudiera formular alguna pregunta.

—Mientras siga intacto, nadie corre peligro, ni ella ni nosotras...

—Disculpe, pero no lo comprendo.

—Todavía eres muy joven, niña

—Me refiero a que aquello que la trajo hasta aquí, ha sido su deseo de hacerse más fuerte y proteger a otros. Por eso la ha escogido a usted como maestra. Y si usted la trajo hasta aquí, estoy segura de que es porque ha logrado ver lo mismo que veo de ella; su nobleza de espíritu.

Cuando Urvashi pronunció la palabra "Deseo", Maya no pudo evitar sonreír en una mueca de complicidad de quien conoce algo escondido y respondió:

—Hace algunos años una sabia amiga me advirtió sobre los deseos. Ya que de ellos nacen los conflictos, los deseos pueden volverse dañinos y envenenar nuestro espíritu. Una vez entrené a un muchacho con mucho potencial, sin embargo, a medida se destacaba frente a los demás, también lo hacía su ambición, a quien intentaba mantener oculta, pero lentamente lo estaba llevando al lugar más oscuro de su ser...

—Sigo sin comprender... Am'mūm'ma, Si tanto duda de ella ¿por qué ha salido en su búsqueda luego de sentir que su cosmos la llamaba? o ¿por qué la condiciona a que use su poder sin informarle que usted lo selló previamente?

—Urvashi, no encontré otra solución.

—Sin intención de faltarle el respeto, sea sincera con ella, o al menos bríndele una oportunidad para creer en ella.

Luego de dichas palabras, Urvashi dejó el broche delante de Maya y luego de una reverencia, se retiró.

Maya todavía intentaba comprender lo acontecido...

Una joven desconocida, con un gran poder dormido estaba siendo buscada por enemigos de su antiguo mundo; el santuario marino...

Las palabras de Raidne la habían puesto en alerta: "Debo detener a uno de sus ex alumnos".

Recordaba muy bien a aquellos que habían sido sus discípulos, especialmente a los más destacados. Entre ellos, había uno en particular que le había generado una gran inquietud; poseía una gran ambición y era capaz de manipular a las personas con el manejo de las palabras. Si Raidne, estaba tan convencida cuando le aseguró que Dragón Marino era un ex pupilo suyo que conocía sus técnicas, quizá no fuera descabellado pensar que esa identidad no fuera otra cosa más que una farsa montada por esta persona. Al fin y al cabo, ella se fue del santuario, un tiempo antes de la llegada de Athena.

Al principio, intentó abandonar aquella conjetura pero la duda fue más persistente.

Estaba claro para ella, que lo que había tomado control del cuerpo de Raidne, cuando la encontró, no era algo humano. Pero tampoco la niña parecía consciente del verdadero poder que poseía, especialmente si "dependía" de aquel broche/talismán para demostrar una simple técnica.

Si aquel ex pupilo del que sospechaba, ya conocía esta peculiaridad de la muchacha, podría estar aprovechándose de la situación para utilizarla y así alcanzar algún oscuro propósito... Y lo que le generaba aún más sospechas: Raidne estaba escapando de él, y buscaba entrenarse para confrontarlo. No era ilógico suponer que habría descubierto algo más.

El viento comenzaba a soplar con mayor intensidad... Luego sintió un pequeño piquete en su muñeca, lo cual llamó su atención.

—¿Serán éstas las semillas del manzano de la Diosa de la discordia?

Hipótesis... sin prueba alguna no podía hacer más que especulaciones... Pero si sus sospechas eran correctas, lo más recomendable sería alejar a la niña de la costa marina y llevarla por los remansos tierra adentro.