20-Memorias El cazador de Corazones
El último tiempo que Raidne estuvo en aquel santuario submarino, luego que Phoebe le mencionara haber conocido a su madre, la semilla de la curiosidad ya había brotado en el espíritu indómito de Raidne. No importaba si los detalles eran positivos o negativos, necesitaba conocer a su madre, aunque sea por medio de relatos de la boca de otra persona que la hubiera conocido al menos un poco. Así fue como comenzó a ausentarse o bien buscar cualquier excusa para retirarse de sus entrenamientos, para así tener al menos un ápice de tiempo para visitar a la anciana Phoebe y obtener uno o dos detalles.
Todo parecía funcionar según los precavidos planes de la pequeña, excepto a que se le olvidó un detalle: Dragón de Mar, que además de un guerrero excepcional, también se caracterizaba por su astucia. No tardó en sospechar de aquel extraño comportamiento desde aquel día en que Raidne "desapareció" por primera vez y salió el mismo en su búsqueda.
Adelantándose a los hechos, Dragón de Mar decidió jugar su último naipe y narrar a Raidne, parte de la historia que los vinculaba.
—Raidne, mañana te quedas después del entrenamiento, tengo algo importante que comunicarte.
—Mañana? Oh… Está bien.
Raidne estaba algo preocupada, no quería llegar tarde a lo de la anciana porque ese día le revelaría parte de la historia de su madre que le había prometido…
No obstante, Dragón de Mar había sido cauto, y antes de dejar a Raiden salirse con la suya, había decidido enviar a uno de sus estudiantes a vigilar y reportar todo aquello que la chiquilla hacía.
Para dicha tarea, había escogido, según su criterio, al candidato indicado.
Un muchacho de aspecto carente de toda belleza, se hizo visible en aquel momento, el mismo respondía al nombre de Caça.
Dicho sujeto no era un guerrero muy sobresaliente en combate, tampoco se caracterizaba por poseer un comportamiento ejemplar, en definitiva, cualquier otra persona en el rango de Dragón de Mar podría haber puesto alguna objeción a asignarle algún tipo de responsabilidad o ben, ni haber pensado en él en absoluto.
Pero Dragon Marino no elegía a su espía por sus dotes de aprendiz, conocía mucho más a aquel muchacho, y la cualidad que lo destacaba y lo convertía en "meritorio" para dicha misión era simplemente una: Podía leer las emociones de las personas como así también emularlas en movimientos, voz y en apariencia. Aquella capacidad de reproducir a otra persona tan fidedignamente, solía funcionar muy bien en sus "víctimas", de manera tal que era imposible detectar a tiempo que se trataba de un impostor.
—¿Me buscaba, mi General?
Tampoco había que ser muy intuitivo para percibir que las motivaciones de Caça eran más que personales y que actuaba según sus propios intereses. El general del Atlántico Norte estaba al tanto de ello, y por eso sabía cómo incentivarlo para que no se negara y le brindara la información que estaba buscando:
—Así es, "Caça debes seguir a Raidne como si fueras su sombra. Sólo te reportarás ante mí para mantenerme informado a dónde va y qué planea hacer. Si la información es certera, sabrás que te compensaré nombrándote General de Lymnades del Océano Antártico".
—Me siento honrado con dicha distinción. Deje la misión en manos de Caça, no se arrepentirá.
Fue así cómo la ambición de Caça lo obligó a seguir a Raidne, haciéndose pasar por cualquier otra cosa menos, en él mismo y sin levantar ningún tipo de sospecha, ni de ella, ni de su entorno.
