CAPÍTULO IX
·
·
·
Hinata
—¡Alto!- Todos giramos asustados, quedando momentáneamente cegados por la linterna que uno de los...Muchos hombres que allí estaban portaban encima de su arma.- Somos el escuadrón de rescate, nos manda el comandante, Serpiente.- Informó relajándonos, pues pensábamos que nos iba a atracar para quitarnos nuestros víveres.
—¿Y dónde esta él?- Preguntó mi novio.
—Ahora mismo se encuentra regresando de un rescate, está a unos quince minutos de aquí.- Habló un hombre de pelo blanco y máscara.- Por cierto, me presento, soy Kakashi Hatake, oficial al mando.- Levantó dos de sus dedos en forma de saludo.
—Oficial...- Resonó una voz fuera del tumulto, la voz de un muchacho de no más de quince años. Este salió de entre el cúmulo de soldados posándose frente a Kakashi.- Deberíamos ir avanzando hasta volver al punto de encuentro, el comandante no tardará en interceptarnos.- El oficial asintió y empezó su marcha, siendo seguido inmediatamente por todos.
Naruto me agarró del brazo y siguió a la multitud, yo aún no superaba la pérdida de mi mejor amiga, no podía soportar el no verla...El no tener a alguien en quien confiar plenamente aparte de en mi novio.
Cada vez los pasillos malolientes se iban estrechando más, complicando la tarea de avanzar y rebajándose a dos personas en paralelo para pasar. Oí un chasquido molesto desde atrás y giré mi cabeza levemente.
Era esa pelirroja que no causaba buena impresión en Sakura...
·
·
·
Ino
Sai continuaba tenso a mi lado, hasta ahora nos habíamos mantenido muy reacios a involucrarnos con el grupo. Agarré su brazo y pareció sobresaltarle un poco, todo este asunto de los Zombis nos traía de cabeza.
—¿Estas bien, Sai?- Le pregunté.- Se que vamos a estar sometidos bajo mucha tensión de ahora en adelante, quiero que sepas que nos vamos a tener mutuamente.- Sostuve su brazo con más fuerza.- No quiero ver morir a más gente, Sai.
—Yo no quiero verte morir, Ino.- Por primera vez sus orbes negros hicieron contacto con los míos. Se me empañó la vista, él era lo mejor que había conocido en mucho tiempo.- Lo perdí todo una vez, no volveré a perderlo.- Quitó mi brazo del suyo y me afirmó contra él por mi cintura.- Ninguno de los dos se alejarán de mí.- Y acarició mi vientre...
Un ápice de luz en medio de tanta oscuridad...
·
·
·
Sakura
Contuve la respiración retrocediendo un par de pasos. Por primera vez en años volví a sentir el verdadero miedo plagando mi torrente sanguíneo. Aquello no era un Zombi, aquello era una masa deforme y monstruosa con ojos repletos de maldad...
Orbes completamente negros...
Sentí a Serpiente jalar mi brazo hacia atrás para empezar a correr con él, siendo perseguidos por aquel ser heterogéneo de aspecto mucoso... Daban ganas de vomitar...Era completamente asqueroso.
Ambos nos resguardamos en una pequeña tubería oculta y bien escondida tras un par de oxidadas rejas. El espacio era reducido, apenas cabíamos... Intentaba causar el menor contacto físico con él, pero la cosa era complicada.
Me resigné y abracé el torso de aquel que había sido mi salvador... Jamás nadie había arriesgado tanto por mí...Ni siquiera Hinata... Hinata, espero que esté a salvo, si este es mi fin...Al menos espero haber contribuido a la vida de otra persona.
—Serpiente...- Me separé un poco de él para mirar su rostro. Podía distinguir una minúscula cicatriz en su mentón, pero lejos de afearlo lo hacía más atractivo.- Voy a salir para distraer a esa cosa, quiero que tu hu...- Fui interrumpida por sus labios, abrí los ojos hasta casi sentir que se saldrían. Se separó de mi después de causarme un desconcierto descomunal.- ¿Por qué demonios lo has hecho?
—No te callabas, simplemente lo hice porque lo vi necesario.- Me dirigió una sonrisa de esas que me tenían fascinada.- Y deja de decir gilipolleces, no vas a distraer a ningún feto podrido de ahí fuera.- Su vocabulario era tan soez como el de cualquier militar.- Ahora, silencio.
Los siguientes minutos fueron los más aburridos y emocionantes de mi vida. Permanecíamos expectantes antes los sucesos de fuera en completo y absoluto silencio. Se escuchaban las respiraciones erráticas de aquella bola de grasa junto con las acompasadas nuestras.
—Probablemente sea una mutación del virus TEPM.- Yo lo miré sin entender las siglas.- Hemos llamado al virus TEPM, Trastorno Emocional de Personalidad Múltiple. Según nuestro equipo de científicos son las características que mejor describen a esos engendros.
—Interesante...- Mascullé...Pasaron unos segundos en los que retomamos nuestro silencio.- ¿Porqué...tu nombre...?- No sabía como formular la pregunta, más cuando la persona a la que se la estás haciendo la acabas de conocer.
—Tsk...- Giró la cabeza sacudiendo su cabello negro con su mano a la vez.- Me gusta olvidar malas épocas...Sakura.- Mi nombre en sus labios era como la más suave y dulces de las melodías.
—Joder, estamos en el puto fin del mundo...- Encaré acercándome más a él.- Puede que no nos quede mucho antes de que el bicho ese nos encuentre...¿Por qué no me lo dices?- Lo miré a los ojos fijamente, sentía que lo conocía...
—¿Cuántos años tienes?- Preguntó burlón.- ¿Catorce, quince quizás?- Golpeé su pecho enojada.
—Diecinueve, graciosito...- Abrió un poco más sus ojos de lo normal, se sorprendió.- ¿Y tú? No creo que seas mucho mayor que yo.- Sonrió de lado, mostrándome aquella perfecta dentadura sin dientes disparejos.
—Tengo veinticinco.- Contuve el aliento, no los aparentaba para nada.- Mi nombre no es algo importante realmente.- Bufé.- Además, no estamos en un sitio en el que me puedas dar lo que quiero a cambio de revelártelo.- Volví a golpearlo, era un imbécil.- Parece que al menos ya no estás tan tensa.
Así que era eso, el machito estaba intentando relajarme para hacer que olvidara el miedo...Pues quizá deberíamos enfrentarlo para poder superarlo y escapar. Contuve la respiración ante una idea macabra que mi mente sacó de la nada.
—Tengo una idea que podría funcionar.- Me miró con una ceja alzada.- Tú eres militar, ¿no? Entonces tendrás de las granadas esas para hacer que todo vuele por los aires.- Asintió entrecerrando lentamente los ojos.
—¿Acaso propones hacer explotar al engendro?
—Mejor que eso...- Sonreí auto suficiente.- Planeo meterle la granada por la boca para que la explosión no llame la atención de los otros caminantes.- Pude ver como realizaba una de esas sonrisas torcidas que revolvían mi estómago.
—Tienes una mente perversa, nena.- Quise reclamar ante esa nuevamente molesta palabra, pero me tapó la boca antes.- Sí salimos de esta, prometo hacerte mi derecha al mando.- Reí contra su palma.- La izquierda es mi hermano, es un gilipollas, así que no creo que cuente.- Volví a reír.
Él se descolgó la mochila militar que llevaba a la espalda y de ella sacó un par de granadas, las únicas que llevaba consigo. Me miró y me otorgó una a mi. La miré. Era verde, con rugosidades y una hebilla dorada en su parte superior.
—Dos intentos.- Susurré acariciando el nombre que esta llevaba grabado en su parte baja, el nombre del escuadrón. Serpiente asintió.
—Yo iré delante, tu detrás por si decide huir.- Asentí.- Habrá que darle una fuerte patada en el estómago para que se agache y abra la boca. Salgamos tratando de no llamar la atención.- Se tocó la oreja, donde llevaba un transmisor e intentó comunicarse con su equipo.- Mierda, está roto...
Salimos y divisamos al bicho a unos treinta metros de nuestra posición. Serpiente me indicó que me metiera por el atajo del que habíamos salido para llegar a la parte posterior del ser asqueroso cuando este se acercara.
—¡Eh!- Gritó mi compañero.- ¡Aquí, cabrón!- La bola de grasa deforme corrió hacia Serpiente, cuando quedó cerca me escabullí hasta su parte trasera. Me temblaba la mano.
Serpiente lo distrajo, pero de la nada se giró y me lanzó un zarpazo, me agaché esquivándolo. Trastabilló unos pasos hasta volver a equilibrarse y esa fue mi oportunidad. Una atada en su estómago y lancé la granada.
—¡Pero que coño haces!- Gritó Serpiente. Lo miré extrañada.- ¡Np le has quitado e seguro, estúpida!
Tragué horrorizada cuando en verdad el bicho no estaba explotando. Me quedé en Shock contemplando como mi compañero terminaba el trabajo por mi, repitiendo el proceso sin resultar herido.
La explosión me sorprendió y me sacó de mi ensoñación cuando Serpiente me protegió con su cuerpo de ella. Nos reincorporamos cuando todo hubo pasado y el buscó entre los desechos su granada buena -la que yo había lanzado- y entonces la realidad me volvió a golpear.
Habíamos hecho mucho ruido y ahora estábamos rodeados de cientos de Zombis, maldije nuestra maldita suerte. Él y yo nos miramos intranquilos, era nuestro fin. Sacó su espada y yo mis cuchillos, al menos lo internaríamos.
Una luz pasó por nuestros ojos, una linterna, pronto solo se oía e ruido ensordecedor de balas impactando y luego nada. Serpiente me sacudió al minuto y abrí los ojos encontrándome con todo su escuadrón y con Hinata lanzándose a mis brazos llorando.
Al final, todo había sido como una tormenta, después de ella, sale el Sol...
